Lecturas
Jer 17, 5-8
Sal 1, 1-6
1Cor 15, 12. 16-20
Lc 6, 17. 20-26
PRIMERAS REFLEXIONES
Comenzamos por la cuaresma, que comienza este año el próximo miércoles, 17. Es ya el momento de prepararlo todo, desconfiando de la improvisación. Importa conseguir un conjunto expresivo de celebraciones, actitudes, decoraciones, propósitos y propuestas. Que sea toda ella coherente. Que señale y anticipe la primacía del tiempo pascual. Que sea realista para predicar la conversión en este tiempo de crisis general de economía y de esperanza. En las Eucaristías, aunar cantos, liberar la sobriedad, potenciar los silencios, cuidar un ambiente de plegaria. Todos los domingos, los seis, debieran de dejar claro, sin explicaciones, que forman una unidad y que justifican una diferencia respecto a otros.
Con frecuencia, en todo el ámbito de la educación, se plantea el tema de la memoria. Parece que periódicamente se la desprestigia o se la ensalza. Vale plantear lo mismo para la catequesis. Incluso, con visión más total, para su uso y presencia en la construcción progresiva del creyente. ¿Es conveniente, o más bien quizá necesario, que el cristiano sepa el padrenuestro, los mandamientos de la ley antigua, el credo, textos y aclamaciones para la liturgia, las bienaventuranzas?
Las llamadas bienaventuranzas, en su profunda sencillez, han de formar parte de la caja de herramientas más básica de todo bautizado. Y no son fáciles o ligeras de entender, sino lo contrario. Y, sin embargo, sí son imprescindibles. Véanse, justificando lo dicho, la variedad y diferencia en sus diversas traducciones, comenzando por el sencillo “bienaventurados”. ¿Felices, dichosos, Dios está con, Dios bendice a, el Reino llega en, porque el reino está ya, bienaventurados…? ¿Buena ventura es suerte? El reino es gratuito y desmesurado, ¿vale forzarlo, sólo esperarlo, es exclusivo al completo del futuro? Bienaventuranzas como caricias en una amena llanura de hierba verde y fresca, bienaventuranzas como disparos, lanzadas al paso por un erial, a gran velocidad. Sal sobre nuestras llagas, aceite en las heridas, ¿qué son realmente las bienaventuranzas? ¿Qué fueron y cómo en boca de Jesús, que también proclamó otras muchas bienaventuranzas (vg Mt 24, 46. 25, 34)?
Otro tema importante puede ser el que plantea la 1ª lectura. Confianza en el Señor, frente a confianza en las personas. Me he resistido mucho tiempo al planteamiento antitético en lo religioso, que en su formulación más simplista equivaldría a “a más Dios, menos hombre y a más hombre, menos Dios”. Lecturas como la de hoy de Jeremías creo que avalan este planteamiento. ¿No será más exacto afirmar que la confianza es un todo único, y que quien confía en las personas confía mejor y más en Dios? Es difícil confiar, sobre todo para algunos caracteres o con algunas experiencias. Confiar en la gente, darle como un voto de buena voluntad, no creo se oponga a confiar en Dios. Por el contrario, puede que sea el único entrenamiento posible para una actitud no siempre fácil. Si no he aprendido a confiar en los hombres -con la fe previa que exige- careceré de base para confiar en otro, aunque le llame Dios. Confiar será siempre y lo mismo, entregarse, rendirse, ponerse a disposición de otro al no esperar nada malo de él, sólo cosas buenas. El fondo teológico de todo esto es la aceptación o no de la bondad de la creación, la fe en la palabra de que “y vio Dios que eran (las cosas) muy buenas”. No me gusta que para confiar en Dios haya que desconfiar de la gente, ni que para confiar en la gente haya que prescindir de Dios. Y, sin embargo, la experiencia obliga a replantear todo lo que parece claro y retomar los hilos de la confianza para que nos guíen a espacios garantizados de ella.
LOS TEXTOS Y SUS CONTEXTOS
1ª lec del profeta Jer. Forma parte de unos textos que tratan de recoger en bloque las dificultades enormes de Jeremías en su tarea (11-20). Probablemente responden a su experiencia de abandono por parte de los más próximos. El final del texto (no recogido en la lectura) es muy expresivo (9-10): “nada más falso y enfermo que el corazón humano, ¿quién lo entenderá?
2ª lec, continuación del cap 15 de la 1Cor con la explicitación del tema del domingo pasado: nadie puede sostener que no resucitamos, si afirma la resurrección de Jesucristo. Concluye en la afirmación rotunda de que sí, Cristo ha resucitado, como el primero. Y queda como conclusión si primero, luego todos.
3ª lec, las “bienaventuranzas” de Lucas. Varios detalles difieren de Mt en su localización y presentación. En Mt sucede en el monte, aquí en el llano; en el primero se le acercan los discípulos y en el segundo Jesús levanta los ojos hacia los discípulos; Mt coloca las bienaventuranzas en el contexto de tensión entre Ley y Evangelio, Lc más bien sobre un fondo de amor al prójimo y al enemigo; en Mt, 9 dichos, en Lc 4 y 4 contrapuestos. Y Jesús, ¿qué diría? Probablemente algo más cercano a los dichos de Lc que a los de Mt que parecen más elaborados y más atentos a actitudes. El núcleo principal de la predicación se asienta en dos términos: la dicha y suerte de los pobres por un lado y la de los perseguidos a causa del Hijo del Hombre por otro. La forma concreta de bendición y maldición es más primitiva (Dt 30, 19), más clara y más fácil de retener en la memoria. Es la que adopta Lucas. Acostumbrados nosotros a que nos chirríe todo lo “políticamente incorrecto”, la formulación de hoy nos resulta dura, pero es clarísima y difícil de tergiversar en su sencillez. Los pobres son dichosos, no por pobres, ni por pobres son mejores; lo son solamente porque ya está aquí el reino de Dios y la situación nueva, creación nueva, que establece. Y ahí, sí les va a ir muy bien a los pobres.
PARA UNA POSIBLE HOMILÍA
Qué suerte la nuestra de contar con palabras tan claras y precisas de Jesús. Tan bellas y sobriamente expresadas. En forma casi de reto lo explica el Dt: ¿qué pueblo cuenta con un Dios tan cercano y que le exprese su ley con tanta claridad? (vd Dt 4, 7) Claridad e incluso dureza. Hoy, en el evangelio, hemos recibido la nueva ley de Jesús, que no es ley, pues no puede ni pretende serlo, pero que sí lo es al presentar lo más hondo de su mensaje sobre el reino, sobre Dios y sobre los hombres.
Jesús baja del monte, como un profeta que llega de Dios con su mensaje, busca con la mirada a sus discípulos, y les va desgranando unas felicitaciones y unos dicterios. A ellos: les habla de “vosotros”. Son los discípulos quienes son felicitados y cuestionados. Son ellos, quienes de fondo, reciben título y tarea de profetas. Vosotros, los pobres y hambrientos y apenados, recibid todo mi apoyo y felicitación: sois de Dios, él os toma como cosa suya, su mejor posesión. Os protege, porque os van a perseguir y despreciar, en la más completa incomprensión, como a los profetas siempre. Enhorabuena, tenéis a mano la felicidad regalada.
Ojo si os tiran y atan las riquezas, si siempre reís, si todo son parabienes, si estáis orondos y satisfechos. Algo así les pasaba a los falsos profetas.
O profetas de Dios o falsos profetas. Vosotros, que me seguís, no tenéis salida. Sois profetas o del Dios de los pobres y de los perdedores, de los marginados y empobrecidos, o sois profetas de nada, del más completo vacío. Que tras las riquezas y la hartura y la alegría no hay otra cosa que ellas mismas. Que ya os lo advertía Qohelet. Que tras los que sobran y nada cuentan está Dios, ese que con tanta frecuencia sobra. Los pobres, toda clase de pobres, hambrientos y desgraciados en concreto, tienen a Dios entre ellos, está por ellos, son los que le necesitan de verdad. Los que tiene de todo, contentos hasta de ellos mismos, ya tiene todo lo creen precisar para vivir. Y si no estorbáis en medio de la superficialidad, ni desentonáis en la vida convertida en farsa, quedaos a gusto, pero Dios está en el otro lado.
Profetas todos, con Jesús profeta. Buscando y señalando algún sitio donde Dios se encuentra. Sabemos de antemano dónde está. Donde no está precisamente muy presentable, donde a muchos nos disgustaría estar. Si como profetas nos dirigimos hacia ese sitio, si nos movemos cómodos entre basura y desechos humanos, dichosos vosotros. Que ahí está Dios, porque desde ahí le llaman de continuo, ahí le encontraréis con seguridad, dichosos.
¿Cuál es mi fondo de apoyo, mi roca de sustentación? Poca solidez, poca cimentación entre escombros y sobras de esta sociedad que tantos genera. Pero, dichosos -los más acertados-, que por ahí se perdió Dios y su Profeta, pobre y muerto y sepultado. Dichosos si confiáis en ese Dios tan poco de fiar en apariencias que da impresión de abandonar a los pobres, de olvidar a su Hijo predilecto en el suplicio, pero que no es así: a ninguno de ellos abandona, y en Jesús entre los muertos, a todos llena de dicha y bienaventuranza. Dichosos vosotros los pobres. Ya está aquí el reino que os llenará de satisfacción y plenitud. Dichosos vosotros por el Dios que se pierde entre vosotros. Con él trae el rescate, la justicia y la dicha. Dichosos vosotros, los pobres, porque vuestro es el futuro de Dios.
J. Javier Lizaur