Domingo 30 de noviembre – I de Adviento

Lecturas
Is 63, 16-17.19b. 64,2b-7.
Sal 79.
1Cor, 1, 3-9.
Ev Mc 13, 33-37
 

COMENTARIOS AL INICIO DEL AÑO LITÚRGICO

Comenzamos el ciclo B. El evangelio utilizado en el año es el de S. Marcos, el más corto de los cuatro. Por eso, a lo largo del año, se usa con alguna frecuencia el de S. Juan para completar el ciclo. Así sucede en Adviento mismo. Un buen año para el estudio más detallado del evangelio de S. Marcos, el primero, más breve y más original (?) de los cuatro.

¿Es posible la novedad de gestos, actitudes, símbolos y cantos para anunciar un tiempo nuevo? No sólo palabras que suenen nuevas, sino gestos y signos nuevos también, que acompañen a las palabras. Que se perciban desde el inicio de la celebración. Contar con nuestra propia experiencia: ¿es mejor cantar cantos diferentes cada domingo o cantar los mismos todos los de adviento? Recordamos también que desde el día 17 de diciembre al 23, con las llamadas antífonas de la O, se ha de intensificar la preparación de la Navidad.Son figuras características de este tiempo las de Isaías, Juan Bautista y María. Las lecturas primeras son de “los Isaías” (1 y 3), menos el domingo 4º que es del 2º libro de Samuel. Todos los salmos son característicos del adviento 79, 84, 88, todos ellos dignos de una explicación más detallada y base de oración para este tiempo. Las segundas lecturas, diversas entre sí, son de Pablo y Pedro. Todas hablan de la vuelta del Señor y de la forma de esperarlo. Los evangelios, dos de Mc (el discurso escatológico de 13 y el comienzo de este evangelio), otro de Jn y el cuarto de Lc. La figura de los domingos 2 y 3 es la de Juan Bautista. La del 4º, María en el relato que llamamos de la Anunciación. ¿Interesa para la mejor celebración, unificar los domingos en un único tema, o es más auténtico dejar a cada domingo su propia dinámica de lecturas?

Hay algunos temas que parecen inseparables del adviento: el futuro, la crisis, la espera y la esperanza, la salvación, la venida del Señor. ¿Estarán ya desgastados tras tanto adviento y será preferible hablar de cualquier tema que sea actual? ¿Serán siempre actuales con la necesaria adaptación al momento, al fin y balance de año?Hoy hablamos mucho de crisis. Ya antes lo hacíamos a propósito de los valores, de la ecología, del sentido comunitario o de la iglesia en Europa. Ahora la crisis económica, tan fuerte, ha servido para dejar todas al descubierto, sin abandonar ella su protagonismo.  Ha dejado evidencia de la vinculación entre todas. Los discursos de economistas suenan hoy a moralina hablando de la ambición desmedida individual, de la justa  y mesurada proporción de los beneficios y su reparto. Se venden cosechas y pisos cuando no existen. El paro vuelve a ser real, se apega a los más débiles y las perspectivas son de su aumento. Se vuelcan millones de millones para asegurar un sistema bancario y unos paraísos fiscales más que discutibles, cuando una mínima parte de esas cantidades bastaría para terminar con el hambre o para dar medicación a todos los millones afectados de sida. Debe ser cosa de prioridades, y entre ellas no figuran ni la justicia ni los pobres. Hablamos de crisis, pero ¿desde cuándo hay crisis? ¿Forman las crisis parte del sistema para liberarse de pesos acumulados y seguir con nuevos bríos? Crisis, del griego, es momento decisivo que se resuelve para bien o para mal en asuntos graves e importantes. Crisis, según esto, es la venida del Señor; mejor, ella provoca la crisis, la crisis de todo y de todos. Estamos en crisis, es adviento, esperamos la venida del Señor. 

1ª lec del tercer Isaías. Su texto dará lugar a uno de los cantos más célebres del gregoriano, el “Rorate, coeli desuper”. Que irrumpa el Salvador en nuestra situación menesterosa. El Señor es nuestro padre, alfarero, y nosotros, su arcilla y su obra; imposible que nos abandone.

2ª lec del comienzo de la 1ª carta a los de Corinto. Saludo y acción de gracias en la perspectiva de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, tan de adviento.

3ª lec del Ev de Mc. Todo el capítulo 13 parece una unidad autónoma en el conjunto del evangelio, un discurso escatológico en boca de Jesús, un discurso de crisis. Se aleja Jesús definitivamente de Jerusalén y su templo; volverá para ser condenado. Hay que desconfiar de los falsos profetas y del templo, hay que recordar que serán tiempos de crisis y de persecución, y siempre hay que estar en vela. Para aclararlo, una breve parábola, en la que  el señor transmite el encargo de vigilar sólo al portero; pronto se extiende el encargo a todos los criados y finalmente a todo el que escucha. ¡Velad! Es interesante relacionar este pasaje con el de Getsemaní (Mc 14, 32-38). Coinciden frases y situaciones, la seriedad del momento de angustia, persecución y soledad. Los tres discípulos duermen. Velad conmigo. 

 

PARA UNA POSIBLE HOMILÍA

Tiempos de crisis, tiempos de esperanza, tiempos de vigilancia. Y ¿cuáles no lo son? Muchos acentuarán los peligros de toda clase que nos rodean. Pueden convertirse en “profetas de calamidades”. Catástrofes naturales, guerras, enfrentamientos entre pueblos y familias, falta de trabajo y de sustento. Y a estos apartados sabemos adjudicarles nombres propios, cercanos y concretos. Pero no es el final, no nos engañemos; es más bien lo de en medio, el presente. Y sus profetas y anunciadores no merecen ser seguidos como si dependiera de ellos la salvación.

Otros, muchos más, se reirán de todo lo anterior: la vida es sólo para divertirse, y ser divertido es una cualidad importante. Todos nos reímos mucho, nos lo pasamos de miedo y huimos de todo lo negativo o triste. El sufrimiento y las penas son puras anomalías del ser humano. Esto nos suministran los medios de comunicación: datos incontables, cuentos, morbo, modelos de nada si no es de delincuencia, falsas caridades publicitadas, anestésicos generales para que no pensemos. Y no pensamos. Es más cómodo dar todo por evidente y no cuestionar nada. Es la nueva consigna global: no pensar, no cuestionar. ¡Viva la caridad hecha espectáculo y diversión! Hasta las misas han de entretener y ser divertidas.

Son tiempos de crisis, al menos como siempre, y requieren mayor atención y vigilancia.Caen templos y bancos, empresas grandes y menores, quedan aplastados, más aplastados, los de siempre. Pero mientras no nos toca a nosotros, mejor no pensar y seguir disfrutando. Somos los porteros, el paso principal a la creación, al universo: somos responsables. Y hoy abruma a todo el mundo saberse responsable. Pero hay que pensarlo y acordarnos, no vivir en la inconsciencia, estar atentos a todo.

Vigilar. Sigue habiendo falsos profetas de gran cartel: el bien vivir, el disfrute, la salud, la comodidad, el espectáculo global. Siguen los grandes monumentos al dinero, al éxito personal, a la ambición desmesurada. Hay que estar más atentos y vigilarlo todo. Nos jugamos cosas demasiado importantes para nosotros y para el futuro de los humanos. Todo tiempo, cualquier tiempo, es tiempo de crisis, es oportunidad de algo nuevo. Nos puede visitar la novedad, esa que algunos sospechamos que sólo puede ya venir de Dios por nosotros. Se trata de orientar la vida en una dirección o en otra. En la dirección tonta de esto que se lleva y aparece por todas partes o en la dirección de la profundidad, de la dignidad humana, de la apertura y entrega a los demás. La dirección de amar tanto la vida que ni se teme a la muerte (Ap 12, 11). La dirección que marca el Dios que viene a nosotros en Adviento, ahora mismo, en Navidad, en cualquier momento. Hay que estar atento y vigilar. Que sí que viene. 

J. Javier Lizaur