Domingo 19 de octubre – XXIX del ordinario

Lecturas:
Is 45, 1. 4-6.
Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-10.
1Tes 1, 1-5b.
Mt 22, 15-21. 

IDEAS SUELTAS

            Hoy se celebra el domingo del Domund. Pueden hacerse las oraciones  de la celebración  por ‘la evangelización de los pueblos’ con las lecturas de este domingo. Los cantos y el ambiente general de la celebración pueden subrayar el tema misionero. Entre las misiones y la misión se dan coincidencias y diferencias que suelen ser manipuladas. Por ‘las misiones’ se solía entender el anuncio del evangelio a paganos o no cristianos. Por ‘misión’, el anuncio a todos, incluidos los bautizados.

              Eran los años 50 del siglo pasado, cuando se publicaba aquel libro ‘Francia, país de misión’. Una primera alarma sobre eso que llamamos hoy descristianización. Planteaba que era ya igual de urgente el anuncio del evangelio en el centro de África que en Francia. Han pasado años, la descolonización casi completa, el concilio, las migraciones, la pérdida de lo cristiano en nuestras sociedades, y, en consecuencia, la realidad y los nombres que demos al tema misionero son ya muchísimo más complejos. Puede que el punto más difícil y polémico de la teología actual sea cómo mantener la centralidad y mediación universal de Cristo Jesús (algo que parece irrenunciable para la fe cristiana) con la validez autónoma de otras religiones. Este punto lleva consigo reconsiderar el por qué y para qué de las misiones en pueblos que tienen las suyas. (Y recordemos que el ecumenismo surgió como producto del escándalo de cristianos divididos, anunciando el mismo evangelio en los mismos pueblos de misiones, pero en competencia y enfrentamiento de unos contra otros.) Este de las misiones es un tema al que ni se le da cara, ni se plantea con claridad, por miedo a que muchos se sientan mal. Mientras, se continúa como si nada con las acciones y predicaciones de siempre. La misión, tan socorrida hoy, suena para muchos como llamada a recristianizar los ambientes en los viejos valores. ¿Es misión para el anuncio escueto del evangelio o para retornar el estilo de cristiandad, con el que el tiempo nos ha identificado? Porque sigue viéndose como unos que envían a otros que son enviados, como un esfuerzo de recuperación de la influencia social de la Iglesia, como justificación de una Iglesia en movimiento perpetuo sin necesidad de reflexión anterior o de crítica y cuestionamiento previos. Por misión hoy se puede entender desde clases de religión hasta la limpieza de la parroquia. Entre misión y misiones, asusta vislumbrar siluetas de la vieja cristiandad como si se tratara de situación deseable. Claro que el evangelio tiende a convertirse en cultura. Pero, cuando lo haya logrado, ya no será evangelio sino cristiandad, y por tanto cuestionable y criticable.

            Con todo, la parte más atractiva y fascinante, a la vez que callada, del rostro de la Iglesia sigue estando precisamente en esa línea de frontera en que se desenvuelven las misiones. La generosidad sin medida, la pobreza solidaria, la encarnación en estilos y culturas, el testimonio hasta la muerte, es en esas fronteras donde resaltan y donde logran admiración. Allí donde es imposible la puesta en escena y la publicidad convertida en misión.

             La 1ª lec, del 2º Is, incluye la osadía profética de dar título de ‘Ungido, Cristo’, al rey de los persas Ciro, “que no le (al Señor) conoce”, pero proporciona al pueblo cautivo libertad para el retorno a su tierra. El Señor, por encima de todos los poderes y reyes, sean de la religión que sean.La 2ª lec comienza la carta 1ª a los de Tesalónica. Es el escrito más antiguo de todo el 2º testamento. Saludo, acción de gracias y alabanza por la actitud de esa comunidad.

            El Ev se sitúa en Jerusalén, donde Jesús con sus acciones, con las parábolas que narra y los enfrentamientos a diversos grupos de poder, provoca una conjura ya definitiva contra él. Se ha enfrentado, en las parábolas de domingos anteriores, con los sumos sacerdotes y ancianos, hoy lo hará con los herodianos, más tarde con los saduceos y finalmente con los fariseos. Todos con matices diferentes, pero todos llegan a la conclusión de que urge buscar una prueba para poder condenarlo.

 

POSIBLES PROPUESTAS PARA UNA HOMILÍA

            Hemos comenzado con una lectura del 2º Is, llamativa: Dios se sirve de un tirano, al que declara “ungido, mesías”, para liberar de nuevo a su pueblo, esta vez de la cautividad en Babilonia. Este título y esta acción de Dios para nada legitima las atrocidades y formas absolutistas de actuar de Ciro. En un momento concreto de su reinado, sus intereses políticos coinciden con el plan de Dios sobre su pueblo, y en ese punto y proyecto, se convierte en verdadero mesías y ungido del Dios de Israel. ¿De quién viene al pueblo la liberación, de Dios o del rey Ciro? Dad a Dios lo que es de Dios y al César-Ciro lo que es del César.

            Tientan a Jesús los herodianos y los fariseos. Comienzan por halagarle, cosa que Jesús descubre, y les devuelve un insulto y un argumento, que más pretende callar al adversario que formular doctrina. Pero trata un tema tan candente y actual siempre que de él se han deducido doctrina y doctrinas. Pretenden algunos que la división es clara y nítida: hay cosas que corresponden a Dios y la religión, y otras que corresponden al César y el poder político y económico. Cada uno a lo suyo. Dios queda con lo interior y El Poder queda con lo exterior y público del hombre, de la sociedad, de sus expresiones y leyes. Todo claro, incluidas las posibles intromisiones. Otros resuelven la tensión, al afirmar el señorío absoluto de Dios: todo es suyo, todo está sometido a su óptica que somete a juicio el universo. El César, los contribuyentes y el dinero, todo es de Dios; hay que mirarle a él y en él se halla la respuesta. Resuelven el problema saltando por encima de él y negándolo en realidad. Quienes afirman que nada de lo de Dios es real, lo tienen por redundante: es el César, el poder político que domina, y sólo acepta frente a él la conciencia y la libertad de la persona. En las Escrituras habría argumentos para cualquiera de las dos primeras posturas. En medio, nosotros, tironeados por las tres partes. Pero la persona es indivisible, no son válidos aquellos esquemas de cuerpo y alma, y lo interior se manifiesta siempre de alguna forma en lo exterior y lo de fuera va modelando pacientemente nuestra intimidad misma. Cada vez resulta más evidente que hemos de renunciar a límites precisos, campos separados, en la persona, y aceptar un complejo nudo de relaciones que se necesitan y se interfieren de continuo. Poder darles nombre no facilita las simplificaciones forzadas. Y se trata de nosotros.

            La experiencia continua de cómo somos y cómo nos comprendemos, junto con la de cómo se han manipulado estas cuestiones por ambas partes a lo largo de la historia, nos lleva a responderle a Jesús nosotros mismos de manera más escéptica y menos impaciente. La moneda es del César, pero la avalamos nosotros con nuestro trabajo y nuestro dinero; así que es más bien nuestra y se la dejamos. Nosotros nos sabemos y nos sentimos totalmente de Dios. Estamos y queremos muy sinceramente estar a su disposición y su servicio. Pero es un exceso creer que estos planteamientos resuelven las fluctuaciones continuas y concretas de la economía, los derechos individuales y la primacía del común, las tensiones de la ley y la conciencia.

            La evangelización y el desarrollo de los pueblos ¿son de Dios o de los césares? ¿Las reducciones de Paraguay eran de los jesuitas (Dios) o de los césares (Carlos III)? Muchas misiones de quién han sido y a quién han servido, ¿a Dios o a los césares?

            La Iglesia y las comunidades, por evangélicas que sean, no podrán tener resuelto para siempre este problema. Podemos (y debemos) apelar y orar al Espíritu. La resolución de los casos concretos será tarea siempre nuestra y nunca logrará soluciones definitivas para el mundo de los humanos y su inherente ambigüedad.Pero, ¿es todo esto evangelio, buena noticia? Es desde luego esfuerzo de libertad. Por tanto evangelio. 

José Javier Lizaur