Otra manera de hablar ante las elecciones:
Arquidiócesis de Santiago de Guatemala
“Bienaventurados los que trabajan por la paz”(Mt 5,9)
Al acercarse el día de la “elección presidencial” para los próximos cuatro años, queremos expresar brevemente unos puntos de reflexión que iluminen la decisión para emitir el voto como ciudadanos guatemaltecos y cristianos:
· Lamentamos, en primer lugar, el desarrollo de la segunda vuelta entre los dos candidatos a la presidencia. No exageramos al afirmar que estuvo teñida de fuertes enfrentamientos, carente de respeto mutuo y además, sin ninguna propuesta política seria y válida que contribuya a un futuro de desarrollo y paz.
· Volvemos a reafirmar nuestro compromiso y preocupación ante este momento histórico. No podemos permanecer indiferentes y al margen de la historia, “nada hay verdaderamente humano que no encuentre en el corazón de la Iglesia”, afirmó el Vaticano II, y por ello, nos alarma la superficialidad de la campaña sin propuestas políticas, el escandaloso derroche económico de la campaña en un país donde las mayorías pasan hambre y crece la desnutrición infantil. Esto hace que la población se mantenga indiferente y desinteresada por participar en la votación. Una vez más, hacemos un llamado a cumplir con nuestra responsabilidad política acudiendo a las urnas.
· La atención prioritaria a las mayorías pobres y excluidas es una exigencia esencial, no negociable, en cualquier programa político que busque dar respuesta a la situación vergonzosa que vive el país. ¿Cómo construir un país distinto mientras las grandes mayorías no tienen acceso a la satisfacción mínima de necesidades? ¿Cuál de los candidatos ha tomado en cuenta el grito hambriento de las multitudes? ¿Con cuál de los dos candidatos existe la posibilidad de una participación real de todos los sectores de la sociedad sin exclusión de nadie? ¿Cuál de los candidatos dará respuesta a los problemas de tierra, salud, educación, techo, trabajo?
· Nos duele la impunidad imperante, que niega la aplicación de la justicia y es continuidad de la violencia del pasado conflicto armado. Somos un país donde la cultura de la violencia forma parte del diario vivir, genera pasividad y anula las personas. Ratificamos nuestro compromiso por la vida y la paz en el momento actual. No queremos que se olvide la memoria viva de miles de personas victimadas, expresamos el anhelo de una vida mejor para todos y todas y demandamos el cumplimiento de la justicia.
· Invitamos a toda la población a que asuma su compromiso de construir una ciudadanía participativa para cambiar la realidad, fortaleciendo el poder local y auditando la administración pública. Nuestra vocación y acción política no termina en la emisión del voto, sino que estamos llamados a fiscalizar a quienes ejercen el poder exigiendo transparencia y justicia.
· La democracia no se ejerce con demagogias ligeras ni por decreto autoritario, que ahoguen los pocos avances logrados en materia de institucionalidad y del entramado social. El aprendizaje y la práctica democrática implican espacios de diálogo con todos los sectores de la población, respeto a los derechos humanos y a la libertad de expresión, capacidad de negociación y un compromiso real por el desarrollo de los más pobres y olvidados.
Pedimos al Dios de la vida, la verdad y la justicia que nos ilumine y nos guíe por el camino recto para que nos organicemos y afrontemos juntos los desafíos que nos platearán los próximos años. “La verdad nos hará libres”.
Nueva Guatemala de la Asunción 30 de octubre de 2011