El final (ordenado) de ETA provoca ansiedad

por Jonan Fernández, director de Baketik
DIARIO DE NOTICIAS 

Un buen final. Estamos ante el final de la violencia de ETA. Es una gran noticia. Pero es mejor noticia todavía porque es un buen final. Es un final sin contrapartidas y con memoria. Y sobre todo es un final ordenado. Es el final que necesitábamos para encarar de otro modo los desafíos de la convivencia que tenemos por delante. No tenía precio; pero necesitaba un camino. Un final desordenado habría hecho muy difícilmente viable el proceso de reconciliación de la convivencia que ahora podemos desplegar. El llamado modelo de derrota equivalía a un final desordenado. El final de la violencia no implicaba, como algunos auguraban, un precio político; pero necesitaba un camino ordenado y dialogado que lo facilitase. Era necesario crear condiciones favorables para ello. Felicitaciones a todos los que han contribuido a hacer posible ese camino. 

Reacciones ansiosas entre las celebraciones. Después de cinco décadas, hoy es tiempo de celebrar un hecho realmente histórico. Pero hay que estar también pendiente de las corrientes y tendencias para observar por dónde y cómo se quiere encauzar este momento. Curiosamente y a pesar de que estamos ante un muy buen final, en muchas de las reacciones se observan dos tipos de ansiedad que conviene cuidar: la medalla y el relato.

 

La ansiedad por la medalla partidaria. Entre algunos, hay una carrera bastante desenfrenada por demostrar que el artífice principal del final de ETA han sido "los míos y la estrategia de los nuestros". Se trata de la búsqueda ansiosa de la medalla partidaria. Esta argumentación es demasiado evidente, predecible y pueril, sobre todo, ante una sociedad madura que sabe discernir. Ante este tipo de ansiedad, es recomendable tranquilidad, humildad y un poco de seriedad. El fin de la violencia es el resultado de la suma de un conjunto de factores diversos que en rigor nadie puede atribuirse en exclusiva. La ansiedad por el relato de parte.

La otra ansiedad es la del relato rápido, corto y sin matices. Algunos parecen precipitados, no lo disimulan, a confeccionar y facturar en el plazo de unos pocos días todo lo ocurrido en cinco décadas con una versión prefabricada y cerrada. (Para no hacer demasiado largo este comentario dejo para dentro de unos días una reflexión específica sobre el tema "vencedores y vencidos" que también se encuentra dentro de la batalla por el relato.) En cualquier caso, se trata de encofrar cuanto antes una historia de parte que no incomode la propia posición. En cuestiones de memoria y reconciliación, la precipitación está contraindicada. El tratamiento nuevamente es tranquilidad, tiempo, perspectiva y puesta en común. La característica "puñetera" de la reconciliación. La memoria crítica del pasado tiene que incluir todas las vulneraciones de derechos humanos, sin olvidos ni excepciones, para no dejar abierta la puerta a ninguna impunidad.

El relato tendrá que aceptar que haya interpretaciones diversas sobre el diagnóstico de lo ocurrido; pero ese relato tiene que conllevar una valoración ética compartida. Este es el reto. El diagnóstico, no necesariamente; pero la descripción de lo ocurrido y su valoración ética deben ser compartidas. Este desafío necesita tiempo y necesita ser compartido. Esa es la característica "puñetera" de la reconciliación: o es compartida o no es. Más allá de ansiedades y urgencias interesadas, esto es lo que tenemos por delante.