Dime de qué presumes y te diré de qué careces en Ceuta

<p>Pedro Sánchez, durante la sesión plenaria del Congreso del 3 de septiembre de 2026. / <strong>Congreso de los Diputados</strong></p>ctxt (CONTEXTO Y ACCIÓN)

El Gobierno no falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar

Hay dos clases de problemas en la vida de las personas y en la de las sociedades: los que tienen solución y los que no. Los primeros desaparecen si se encuentra la respuesta adecuada y se aplica con acierto. Los segundos no tienen remedio que los haga desaparecer, y empeñarse en buscárselo conduce a la frustración, primero, y después a la parálisis. Con ellos no cabe resolver, sino evitarlos mientras se pueda, paliar el daño, frenarlos, retrasarlos, pasarlos a otro tiempo o a otras manos… y, sobre todo, cuidar en todos los sentidos a quien los padece, sea una persona, un territorio, un animal o un patrimonio que no queremos perder.

Mi tesis es que el problema de Ceuta (y Melilla) pertenece a esta segunda clase en el plano político, geoestratégico e incluso humanitario, al menos a corto y medio plazo, y las razones de que no tenga solución me parecen claras. Son dos territorios que pertenecen a España antes de que existiera el Marruecos actual, pero que este país reclama sin descanso porque esa reivindicación forma parte de su identidad nacional y del cemento de su monarquía. Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos (fronteras, comercio, migración, seguridad, energía…) y de los cuales uno es una autocracia que sabe usar esa imbricación como palanca sibilina para agredir y hacer chantaje, incluso permitiendo –por ejemplo– que miles de personas violen una frontera como munición, aun a costa de sus vidas. Hay una población autóctona, la ceutí y melillense, con intereses propios y legítimos para la que seguramente no hay más “solución” imaginable que mantener el statu quo del que depende su vida. Leer más… (Juan Torres López)