Sacerdotes y laicos del ”Curso de Teologí­a” manifiestan:

Sacerdotes y laicos del “Curso de Teología “manifiestan su preocupación por el futuro de la fe en Navarra y por nuestra
situación como iglesia diocesana.

Somos un grupo de sacerdotes diocesanos, religiosos/as, y laicos, que trabajamos  pastoralmente en la diócesis de Pamplona. Desde el Concilio Vaticano II y durante más de cuarenta años nos hemos reunido una vez al mes, en el llamado “Curso de Teología”, para actualizar nuestra fe y revisar nuestra pastoral a la luz de las grandes líneas del Concilio. Ello nos ha ayudado en gran parte a poner ilusión y esfuerzo en la evangelización y renovación de nuestras parroquias, comunidades y grupos; y así seguimos.
Buscamos que se vaya construyendo el Reino de Dios en nuestra tierra, siguiendo a Jesús que nos atrae, nos entusiasma y nos impulsa a anunciar el Evangelio según aquellas directrices eclesiales.
El grupo que hace esta reflexión lo constituimos unas 70 personas, la mayoría sacerdotes diocesanos,  junto a  algunos religiosos, religiosas y laicos. En estos meses hemos querido tomar el pulso al sector de clero y de iglesia navarra con el que nos sentimos más cercanos para ver nuestra situación  y aportar algunos elementos a un plan pastoral de mínimos donde pudiéramos trabajar juntos.  

En las respuestas aportadas por escrito por miembros del grupo y algunos pocos cercanos que se adhirieron, se descubren dos fuentes de dificultades y sufrimientos para la evangelización y para la tarea pastoral: las provenientes de la sociedad actual y las provenientes de la situación  de la iglesia.

Mirando la situación actual de la Iglesia nuestra visión es negativa en muchos aspectos. Ante ella nos encontramos preocupados. Nos preocupa la posición de una gran parte de la Jerarquía de la Iglesia, también de nuestra Conferencia Episcopal española, en las que descubrimos: involución doctrinal, olvido consciente de muchos elementos del Concilio Vaticano II, obsesión por la ortodoxia de la doctrina y de la moral, reduciendo al silencio a teólogos que buscan más autenticidad y actualización del mensaje cristiano. También descubrimos que los  apoyos políticos de personajes de iglesia  van solo en un sentido: el de la derecha.
Nos preocupa el restauracionismo preconciliar de una iglesia piadosa, pero enfrentada y beligerante con algunos  aspectos de la cultura moderna.
Nos preocupa que se esté potenciando más la “iglesia piramidal”, con cierto autoritarismo por parte   de la jerarquía, que exige una obediencia acrítica  y que anula y margina más y más a los laicos, especialmente a las mujeres. 

Y, con referencia a nuestra Diócesis de Pamplona, vemos un desaliento y una decepción que viene creciendo en esta última década en bastantes sacerdotes y agentes de pastoral. Indicamos algunos hechos que causan desconcierto: sacerdotes muy válidos para cristianos y comunidades del pos-concilio son marginados; se prescinde de cristianos  de espíritu conciliar y renovador que estaban prestando valiosos servicios pastorales; los sacerdotes diocesanos son infravalorados y en cambio sacerdotes pertenecientes a los  movimientos supradiocesanos, están supervalorados.
No tenemos Consejo Pastoral Diocesano, el principal cauce de corresponsabilidad y participación de los seglares. No se impulsan los Consejos Pastorales Parroquiales Se está potenciando una iglesia “vertical” y clerical “en todos los planos. La pastoral que se propone desde la Curia y llevan a cabo  muchos de los sacerdotes jóvenes es casi exclusivamente de piedad. 
No se afronta la iluminación cristiana de las situaciones y los problemas sociales y políticos. No existen la Comisión de Justicia y Paz  ni el Secretariado Social que tan acertadamente actuaron en décadas anteriores en coordinación  con las demás diócesis vascas.
La “pastoral vasca” ha ido en retroceso en estos años y está en mínimos, así como la relación con las otras diócesis vascas. No se toman en serio el componente euskérico de nuestro patrimonio cultural, y el euskera que también es lengua oficial de la Diócesis. Los euskaldunes de la zona de Pamplona y de otras zonas no vascófonas están desatendidos. No hay un planteamiento pastoral desde la diócesis para acompañar el proceso de paz y la reconciliación en nuestro pueblo.               

Vemos necesario un  “Proyecto Pastoral” consensuado entre todos, en  el que pudiéramos trabajar unidos; pero muchos de nosotros  vemos difícil el poder realizarlo eficazmente en esta situación. Haría falta un cambio importante y que se dieran unas condiciones nuevas como serían: que se aceptara  un  legítimo pluralismo teológico y pastoral y que hubiera un  verdadero diálogo entre las diversas mentalidades y tendencias. Ojalá a impulsos del Espíritu caminemos hacia ello. 
Como lo hemos señalado  antes, somos conscientes de que el apartamiento de la iglesia, y también de la fe de tantos cristianos de nuestras parroquias se debe  en gran parte al cambio cultural, a la secularización excesiva y al laicismo en muchos sectores de la sociedad. También el materialismo,  la sociedad de consumo,  y el hedonismo dificultan una verdadera experiencia religiosa, incluso de interioridad y por tanto la evangelización. Pensamos que, aún con obispos más conciliares, tendríamos serias dificultades para la evangelización en nuestra sociedad.
Este convencimiento no elimina la otra afirmación de que  también las posturas de la iglesia a distintos niveles han contribuido y están contribuyendo a la indiferencia religiosa generalizada que tanto nos preocupa, y al desaliento de sacerdotes y seglares muy comprometidos y muy eclesiales que han vivido la fe gozosamente  y ahora sufren al verse no valorados ni estimulados por los  representantes de la institución eclesial.

Reconocemos que en esta reflexión hemos remarcado  las dificultades para la evangelización y los aspectos negativos de nuestra iglesia. Ello se debe a que  este ha sido el objeto de nuestra reflexión en estos meses, como queda dicho anteriormente. Pero somos conscientes, y esto nos anima, de la gran riqueza espiritual de la iglesia y  de sus pastores en todas las naciones del mundo, del gran testimonio de los misioneros, de los agentes y colaboradores de Caritas, de Manos Unidas y otras instituciones  humanitarias  de Iglesia,  de la lucha de tantos creyentes junto a otros  no creyentes por defender los derechos humanos de las personas y de los pueblos, por impulsar la justicia, la libertad, la paz.
Muchos de nosotros hemos afirmado que trabajamos a gusto en nuestras parroquias y comunidades, donde experimentamos muchos testimonios  y  ejemplos admirables y  callados de gente sencilla y anónima, de muchos santos, que no necesitan   reconocimientos ni honores en la iglesia  y en el mundo, y que nos estimulan y nos animan. Sobre todo creemos en la presencia del Espíritu que actúa donde quiere y es fuente de esperanza. 
Concretando el ACTUAR de nuestra revisión, nuestro compromiso es seguir reuniéndonos en el “Curso de Teología” todos los meses, porque nos enriquece pastoral y espiritualmente. Queremos insistir en los documentos conciliares para revisarnos y ahondar en sus inspiraciones fundamentales.
Queremos que nuestra prioridad sea la evangelización integral, cuidando mucho a atención a los pobres, los parados, los emigrantes, los marginados en la sociedad y en la iglesia. Que nuestra prioridad sea el Reino de Dios, impulsando una iglesia que esté al servicio de ese Reino.
Nos parece importante que se reconozca el pluralismo cultural, teológico y pastoral de la Diócesis, también por nuestra parte.
Queremos urgir todo lo referente a la pastoral euskaldún en la Diócesis e impulsar iniciativas para  curar las heridas que en diversos sectores de la sociedad ha producido el llamado “conflicto vasco”.
Modestamente queremos ser un puente para posibilitar la permanencia en la fe a los decepcionados de la institución eclesial. Y estamos abiertos a  un verdadero diálogo con los responsables de la pastoral diocesana, con sacerdotes jóvenes y  de otra mentalidad.
Queremos contribuir al funcionamiento de la Diócesis como comunidad corresponsable  a través de un trabajo  eficaz de los Consejos Diocesanos y Parroquiales. Pensamos que hay que dar prioridad a lo diocesano, a lo común al Pueblo de Dios, a lo bautismal, por encima de espiritualidades específicas de  grupos eclesiales.
Que todos tomemos en serio la promoción de los laicos, caminando hacia una iglesia menos clerical. No solo porque vaya a haber menos clérigos sino porque lo exige la naturaleza de la Iglesia Pueblo de Dios.
En nuestra vida personal y en nuestra pastoral queremos seguir centrándonos en la persona de Jesús y en su Evangelio.                

 Terminamos afirmando  sincera y modestamente que esta es nuestra visión del momento eclesial en que vivimos y que estamos motivados por   el amor a la Iglesia que queremos que sea lúcido y adulto.  Reconocemos también  que puede haber otras visiones de Iglesia  con las que  quisiéramos dialogar fraternalmente.
Y sobre todo que, por encima de expectativas y análisis parciales, estamos abiertos a la esperanza  y al Espíritu de Dios que no abandona ni a la Humanidad ni a la Iglesia y que por caminos insospechados nos puede llevar a una renovación profunda y radical que desborde nuestras previsiones.

Pamplona Marzo de 2011.

“El Curso de Teología”