Hace ocho años, Marta Ruedas, entonces Coordinadora Residente y Humanitaria de Naciones Unidas para Sudán, advertía sobre el creciente cansancio de los donantes frente a una de las crisis más prolongadas del mundo: Darfur. En abril de 2026, Denise Brown, actual Coordinadora Humanitaria para Sudán, sigue alertando de que el país enfrenta la peor crisis humanitaria del mundo, agravada por la falta de recursos y el insuficiente apoyo internacional.
La protección de la población civil en Darfur ha sido un problema constante desde el inicio del conflicto. Entre 2003 y 2005, la campaña genocida dejó entre 200.000 y 300.000 muertos y más de 2,5 millones de desplazados. Años después, nuevas ofensivas provocaron cientos de miles de desplazamientos adicionales y, desde el inicio de la guerra en 2023, la situación ha empeorado dramáticamente, con decenas de miles de muertos y cerca de 14 millones de desplazados.
Human Rights Watch denunció en 2023 la masacre y limpieza étnica de la población masalit en El Geneina. En octubre de 2025, tras dieciocho meses de asedio, la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU para Sudan señaló indicios de genocidio[1], con asesinatos masivos y violencia sexual generalizada durante la toma de Darfur por parte de grupos armados. La violencia se ha extendido a otras regiones, como Kordofán y Nilo Azul, ampliando el conflicto más allá de Darfur. A pesar de estas advertencias, las organizaciones humanitarias siguen denunciando una grave falta de respuesta, que alimenta la sensación de abandono. Ante este escenario, surge una pregunta inevitable: ¿dónde está Dios?… Leer más (Álvaro Mellado Domínguez)
