PASCUA (A) – Fray Marcos

(Jn 20,1-9)

No hay argumentos para la resurrección. Solo descubrir esa Vida en nosotros.

Estamos ante el misterio más profundo de nuestra religión, imposible de desvelar a través de conceptos. Es una osadía intentar explicarlo, sabiendo de antemano que la tarea es imposible. Lo más que puedo hacer es ayudaros a evitar errores.

Los relatos de apariciones de los evangelios pueden ser una trampa en la que, con gran facilidad caemos. No hablar de hechos reales, porque nada de lo que acontece puede llevar al sobrenatural. Lo que puedo ver no puede llevarme a lo trascendente.

Hoy la exégesis explica como debemos entender esos relatos. Nunca intentan decirnos que lo que vieron fue lo que cambió su visión de Jesús, al contrario, todos los textos nos quieren llevar a la vivencia interna que es donde descubrirás la Realidad.

Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir. Y él fue consciente de ello. Él era el agua viva, dice a la Samaritana, Él había nacido del Espíritu, como pidió a Nicodemo; él vive por el Padre; él es la resurrección y la Vida. Ya en ese momento cuando habla con sus interlocutores, está en posesión de la verdadera Vida.

Salgamos de la trampa de entender la resurrección como la reanimación de un cadáver. Un instante después de la muerte, el cuerpo no es más que estiércol. La muerte devuelve al cuerpo al universo de la materia de una manera irreversible.

Jesús resucitó antes de morir, porque hizo suya la misma Vida de Dios mientras vivía esta vida biológica. Debo descubrir que estoy llamado a esa misma Vida. No tengo que esperar nada. Todo lo que necesito está dentro de mí y no me faltará nunca. Ni creencias ni ritos ni conducta moral pueden suplir esta actitud vital que se me exige.

A la Samaritana: el agua que yo le daré se convertirá en un surtidor que salta hasta la Vida eterna. A Nicodemo: Hay que nacer de nuevo; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es Espíritu. También: El Padre vive y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me asimile, vivirá por mí. Yo soy la resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. Jesús no habla del más allá, sino en presente.

La liturgia de Pascua no está diciendo que, en cada uno de nosotros, hay zonas muertas que tenemos que resucitar. Debemos preocuparnos por la vida biológica, pero no olvidemos la verdadera Vida. Tenemos que estar muriendo todos los días y al mismo tiempo pasando de la muerte a la Vida. Si al celebrar la resurrección de Jesús no experimentamos una nueva Vida, es que nuestra celebración ha sido folclore.

La experiencia pascual de sus inmediatos seguidores consistió en darse cuenta de esta Vida de Jesús, descubriéndola en ellos mismos. Es inútil tratar de descubrir a Jesús resucitado y viviendo, si antes no descubrimos en nosotros esa misma Vida.

Esa toma de conciencia no puede llegar a través de explicaciones o argumentos teológicos. La razón no puede tener arte ni parte en este proceso. Para lo que nos puede servir la inteligencia es para superar los errores que nos impiden descubrirla.

En la medida que haga mía esa Vida, estoy garantizando mi resurrección. Por olvidar una cosa tan ovia, la religión nos ha metido en un enredo. Nadie me tiene que dar nada porque lo tengo todo. Descubrirlo y vivirlo es cosa mía. Si me dejo llevar por la corriente, nada conseguiré y el hedonismo me arrastrará en sus olas.

No te preocupes de lo que va a ser de ti cuando te mueras. Lo importante es vivir aquí y ahora esa VIDA. Todo lo que no sea trabajar en esa dirección será perder el tiempo. Solo permanecerá lo que en esta vida despliegue desde mi ser profundo.

                                           Para profundizar

Cómo puede resucitar el que está vivo.

Jesús no estuvo muerto ni un instante.

Cambiemos el concepto de esa VIDA

Y cambiará la idea de la Pascua.

No hay sombra en un objeto si no le da la luz.

Podemos vivir en la sombra sin descubrir la luz.

Podemos vivir en la luz, sabiendo que la sobra está a la vuelta.

No podemos separar la muerte de la Vida,

Pero podemos olvidarnos de una de ellas.

No hay que pasar la muerte para vivir la Vida

Como nos han contado tantas veces.

La Vida es ya mi ámbito, aunque no la descubra.

La pascua no es un tiempo, es un estado,

En el que todos permanecemos siempre.

Muerte y resurrección caminan de la mano

Y nunca pueden separarse del todo.

Jesús había resucitado antes de muerto,

Pero no lo pudieron sospechar sus seguidores.

La experiencia pascual obró el milagro

Y fue una bendición para nosotros.

Gracias a ellos sabemos que está vivo

Y que esa misma Vida está en nosotros.

Si solo nos fijamos en él, seguimos muertos.

La Pascua atañe a cada uno en lo más hondo.

No hay nada que esperar cuando lo tienes todo.

Busca dentro de ti lo que celebras

Y todo cambiará radicalmente

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