¿Comulgando con ruedas de molino?

Eloy Isorna,

ATRIO

En esta tarde en que como ayer está saliendo la gente a la calle porque no puede más de indignación, cuando nos estamos pareciendo cada vez a Grecia (el presidente del Bundesbank aconseja pedir rescate total, no solo de la banca), cuando alguna persona en el perlamento insulta a los parados, Eloy Isorna nos ofrece una vez más una reflexión llena de conocimientos y de sensatez.

I

Hay actos y actitudes que, producidas en determinadas circunstancias, se erigen, aún sin pretenderlo, en todo un símbolo. Suponen en ocasiones la gota que rebasa el vaso y/o la clave para la compresión diáfana, de lo que hasta ese momento se nos mostraba oculto o de confusa y difícil interpretación.

Pero, en estos últimos meses, tengo la impresión, de que las gotas que rebasan al agua, más que producir indignación (como debieran) producen tristeza; y que las claves de interpretación que clarifican la realidad o muestran lo que estaba oculto, más que asombro y propósitos de acción, refuerzan en muchos la sensación de impotencia.

No tenemos ya esperanza de que el puntual descubrimiento y detección de comportamientos deshonestos en el ámbito de la política, la economía y finanzas, la justicia o cualquier otro ámbito social de relevancia, contribuya a erradicarlos definitivamente saneando nuestro entramado institucional.

Por el contrario, mantener la apariencia y seguir como si nada hubiese sucedido, como si ninguna gota hubiese rebasado el vaso, como si ninguna clave hubiese sido descifrada y esclarecida, es la norma de conducta de la mayoría de nuestros dirigentes políticos e institucionales en distintos ámbitos.

Y siendo así, se busca en la propaganda y en las técnicas de mercadotecnia, en la mistificación del lenguaje y en consignas simplistas repetidas “ad nauseam”, paralizar todo tipo de análisis y juicio, todo tipo de reacción positiva, en definitiva, hacernos comulgar con ruedas de molino.

Y más allá de la perversión de la conciencia individual, que también, me parece evidente que, sin ser los únicos, son los aspectos estructurales y de funcionamiento interno, de elección y designación de candidatos por las cúpulas de los partidos políticos y de sometimiento de algunos partidos al poder económico y financiero, los que producen y están en la base, “velis nolis”, quiérase o no, de tal situación.

Lo han detectado bien movimientos como el 15 M y otros que están comenzando a surgir al margen de los partidos y de los sindicatos tradicionales, especialmente en diversos ámbitos y entre ellos el universitario. Esperemos que maduren en formas efectivas de cambio y participación.

II

Las anteriores reflexiones son fruto de un hecho puntual, de una gota concreta que ha rebosado el vaso, de una clave clarificadora de la realidad. Me refiero a los aplausos puntuales y el cerrado aplauso final, con los que los representantes del Partido Popular en el Congreso de los Diputados acogieron las palabras de su dirigente, y Presidente del Gobierno, señor Rajoy, el pasado día 11 de julio, miércoles . Pudiera parecer un hecho nimio pero pienso que no lo es en su contexto.

Cuando se anuncia la gravedad e inmediato fallecimiento de alguien querido, el sentimiento que nos invade es de tristeza, de paralización, de incertidumbre, de vacío ….. En la citada sesión del Congreso de los Diputados se anunció a los españoles el principio del fin de muchos logros de justicia y bienestar social para la ciudadanía en general y muy en especial parar los dependientes de un salario o de una ayuda social.

Y no solo eso, también se publicitó, y aceptó formalmente la incapacidad del Gobierno parar tomar decisiones políticas autónomas – las decisiones económicas son también políticas – con una frase tan contundente como esta: “Los españoles no podemos elegir si hacemos o no sacrificios. No tenemos esa libertad”.

Dice al respecto Josep Ramoneda: (EL PAIS 12-07-2012, página 21) “Unas frases así un gobernante solo debería pronunciarlas un minuto de antes de presentar su dimisión. Si no es capaz de hacerse responsable de las políticas que dicta, un jefe de gobierno no debe continuar.”

Pero ¿son los sacrificios para todos por igual?; ¿porqué no podemos elegir?; ¿no hay alternativas al donde sacrificarse y donde fomentar?. Dice también José Ramoneda, en el citado artículo, “Rajoy cayó del caballo, empujado desde Europa, y pronunció la frase terrible: “No tenemos esa libertad”. No es verdad. La tenía. Su colega Monti la ejerció. Y se anticipó con unas medidas, acertadas o no, pero escogidas por su Gobierno conforme a criterios debidamente explicados y sin ampararse en fatalismos o catastrofismos.”.

Pero esté o no en la verdad el articulista de EL PAÍS, es el hecho que el Presidente no barajó ninguna otra posibilidad de acción alternativa, aunque fuese para descartarla razonablemente. ¿Quizá es que no la ha buscado?. Sus palabras sonaron a mera consigna para justificar los hechos a punto de consumarse el viernes día 14 en el Consejo de Ministros.

Así pues, ¿que significaron los dichos aplausos?, ¿Eran la excusatio non petita, la escusa no pedida que, en un dicho jurídico, convierta la acusación en manifiesta?. Eran, pienso, un intento de justificación externa de una pretendida unanimidad en las conciencias de los militantes y dirigentes del grupo, era más que un aplauso a favor, un aplauso en contra de las posibles críticas, eran un intento de demostración de fuerza no pedido por nadie e innecesario pues la fuerza radica en los votos de los diputados del propio Partido Popular.

Las incongruencias explicitas e implícitas de los aplausos han obligado hoy a algunos dirigentes del Partido Popular a justificarlos como homenaje al Presidente del Partido por la “valentía” en tomar la decisiones que hizo públicas, pero, ¿hay valentía en decidir lo que previamente se ha calificado de inelegible por ser necesario?; ¿Hay elección en quien manifiesta expresamente que no es libre parar elegir? .

Todas estas cuestiones son las que me tienen triste, porque, más allá de lo anecdótico, son la clave de lo que sucede en el actuar político, la clave que pone de manifiesto cuales son los parámetros de acción – en gran medida mero nivel superficial de mercadotecnia -, cuan profunda es la ausencia de liderazgo en nuestra vida pública y cuan desgarradora y patética resulta la opción de legislar parar complacer no las necesidades sino a los mercados.

III

Este apartado III del artículo ya fue publicado en ATRIO como comentario al artículo de Esther Vivas, titulado ¿Hay que pagar la deuda?. Pero puede resultar valioso como complemento del presente artículo.

Caben desde luego otras muchas consideraciones complementarias. No se debe olvidar que en el origen de los actuales problemas de las instituciones financieras, y especialmente de las Cajas de Ahorro (y por consiguiente de nuestra economía real) han estado jugando (y siguen jugando) un papel de primer orden, además de intereses y egoísmos personales y de grupo así como la falta de profesionalidad y honestidad de muchos de sus directivos, factores políticos e ideológicos enraizados en un liberalismo y mercantilismo simplista y dogmático, que persiste confundiendo riqueza con dinero. ¡¡¡ Como si el dinero pudiera por si mismo solucionar de forma sostenible todos los problemas económicos !!!

Además cabe recordar lo siguiente:

1) Se hizo dogma del principio de la denigración de lo público y ensalzamiento desmesurado de lo privado que llevo a cotas de desregularización suicidas bajo la consigna de que el mercado, la competencia y el beneficio eran por si mismos elementos regulatorios de la eficacia y adecuada función de las instituciones e instrumentos económico-financieros.

2) Se permitió a muchos directores generales de las Cajas de Ahorro, permanecer “sine die” en sus puestos y acumular un poder desmesurado ante el cual incluso “se inclinaba” el poder político autonómico de turno.

3) Se permitió a las Cajas de Ahorro y a otras instituciones financieras (sin que nadie las controlase) hacer importantes inversiones en el interbancario o en sectores especulativos olvidando por completo las necesidades de la economía real y los imprescindibles principios de control y seguimiento de los riesgos personales y sectoriales.

4) Se intentó privatizar a las Cajas de Ahorro abriendo la posibilidad de las cuotas participativas en su capital, con nefasto resultado (conste que me apuse a ellas en público y privado dese el primer momento).

5) Algunas Comunidad autónomas intentaron utilizar las Cajas de Ahorros como arma política y económica parar orientar la acción y dirección de la misma a sus intereses partidarios (al menos eso cabe deducirlo de la “guerras” conocidas a través de la prensa para nombrar directivos y Consejeros).

6) En fin, se impuso ideológicamente la idea de negocio financiero, y de mercado basado radicalmente en el beneficio inmediato y desprovisto de toda consideración regulatoria que permitiese construir ( con mínimos criterios e de eficiencia , solvencia y eficacia) un sistema financiero orientado a cumplir su función primigenia de facilitar recursos a la economía real.

Pero además, los intentos de manipulación ideológica han llevado a intentar modificar y transformar el lenguaje de tal forma que obviando todo tipo de razonamiento se ha intentado (y parece que sigue haciéndose) dirigir la economía a base de eslóganes simplistas. Entre ellos ese, sin matices, de que no se debe gastar lo que no se tiene, cuando el crédito (razonable y medido) es precisamente un factor del desarrollo imprescindible en toda economía moderna. O ese otra de ensalzar desmesuradamente (y también sin matices) a los llamados “emprendedores” (con una enorme dosis de individualismo), frente a los “trabajadores“, que al fin y al cabo son imprescindibles factores de la riqueza y el desarrollo económico y humano, e incluso frente a los “empresarios”, y frente a la idea de “empresa” que engloba diversos factores y permite diversidad de diseños que aportan variedad de valores y riqueza a la organización

No me extiendo más. Pero no quiero concluir sin recomendar la lectura del artículo de Juan José Millás en la última página de El PAÍS del jueves 15 del pasado mes de junio, titulado “Tralará”. He aquí el enlace:

http://elpais.com/elpais/2012/06/14/opinion/1339681527_736459.html