Trasfondo de la deriva conservadora en la Iglesia

Redes Cristianas

La celebración de una misa tridentina, que tuvo lugar hace unos meses en la Basílica de San Pedro, bajo el amparo de una autorización papal que ha dejado perplejos a propios y extraños, no puede leerse como un simple gesto de apertura hacia las periferias espirituales. La imagen del celebrante de espaldas al pueblo, envuelto en una liturgia de ritos crípticos y latín distante, se erige como un símbolo inquietante de una Iglesia que parece capitular ante sus sectores más reaccionarios. Lo que se presenta como una concesión de “misericordia” es, en realidad, una peligrosa rendición a las presiones de un tradicionalismo que nunca ha aceptado la primavera del Vaticano II y que hoy se siente empoderado por el auge global de las extremas derechas y los fundamentalismos políticos.

Esta regresión no es un hecho aislado, sino la culminación de un proceso de resistencia que ha logrado estancar el Sínodo de la Sinodalidad, esa gran apuesta por una Iglesia horizontal que hoy languidece entre tecnicismos y miedos burocráticos. Figuras como los cardenales Burke y Müller, o el desafío abierto de quienes ordenan obispos al margen de Roma emulando la rebeldía lefebvriana, son sólo la punta de lanza de un modelo eclesial que busca refugio en el pasado para no tener que responder a las preguntas del presente. Para entender esta deriva, es necesario recordar que la historia de nuestra institución ha sido, a menudo, la historia de un paulatino alejamiento del frescor del Evangelio en favor de una estructura de poder corporativo… Leer más (Editorial de Redes Cristianas)