¡Ay de vosotros, los ricos!

Zuckerberg (i), Bezos (c) y Musk (d) en la toma de posesio?n de TrumpReligión Digital

«El dinero es la palanca que controla la marcha del mundo. Organiza guerras, saquea continentes, esclaviza naciones, explota a las masas»
La pobreza se vive muchas veces con vergüenza, como si fuera el fruto de un fracaso personal y no de una injusticia. La pobreza no es una catástrofe natural, sino el pecado del mundo, pues surge de la ambición desmedida de poder. Los grandes multimillonarios, como Elon Musk, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg no acumulan dinero solo por afán de lucro, sino porque saben que es la herramienta más eficaz para ejercer una dominación real. Giovanni Papini escribió que “el oro es el estiércol del demonio” y no se equivocaba. El dinero es la palanca que controla la marcha del mundo. Organiza guerras, saquea continentes, esclaviza naciones, explota a las masas.

Siempre que vuelvo a ver El ladrón de bicicletas, la obra maestra de Vittorio De Sica, experimento una profunda conmoción interior. Estrenada en 1948, cuando el neorrealismo mostraba con crudeza la miseria de la Europa de la posguerra, la película narra la historia de Antonio Ricci, un padre de familia en paro al que le ofrecen un pequeño sueldo por pegar carteles en una Roma devastada. Como necesita una bicicleta para realizar ese trabajo y no puede pagarla, empeña las sábanas de su hogar. La escena en que acude a la casa de empeños encoge el alma. En ese momento, descubrimos que miles de familias hacen lo mismo para conseguir algo de dinero y poder comer o pagar el agua y la luz. La casa de empeños no es una pequeña tienda, sino un gigantesco almacén con grandes estanterías metálicas de varios pisos donde se acumulan las sábanas de los hogares más humildes. Vivir sin sábanas, dormir sobre un colchón áspero y desnudo, protegiéndote del frío con ropa, trapos, toallas o incluso objetos, constituye un agravio a la dignidad humana. La sensación de humillación y rechazo debe ser abrumadora… Leer más (Rafael Narbona)