El paso en falso de Argüello lanza a la Iglesia otra vez al barro político

Sánchez y ArgüelloReligión Digital

«Si la Iglesia española quería salir del estercolero de la politización y ganar espacio como voz moral y sanadora, este no era el camino»

Luis Argüello ha conseguido lo que parecía imposible: devolver a la Iglesia española al barro de la trinchera partidista justo cuando más necesitaba altura, serenidad y distancia evangélica. No es casualidad ni accidente aislado. Es el resultado de un liderazgo sin cintura, de un carácter que confunde claridad con trazo espantoso, y de una autopercepción inflada: muchos obispos le consideran “más inteligente que la media episcopal” y él parece habérselo creído. El problema es que, cuando uno se cree el más listo de la sala, deja de escuchar, deja de medir, y termina metiendo a toda la institución en una trifulca que otros provocan, pero que la Iglesia paga.

Argüello nunca ha sido un líder de maneras finas. Buen predicador, hábil con los conceptos, pero sin instinto de estadista eclesial, ha optado una vez más por bajar a la Iglesia a la arena política en el peor momento imaginable: con un Gobierno herido, quizás de muerte, que solo necesitaba una chispa para victimizarse y rearmarse frente a un enemigo perfecto, la Iglesia de siempre, la que se decanta por una parte política… Leer más (José Manuel Vidal)