Un grito contra la puerta cerrada: La Iglesia y la negación de la vocación femenina — Merche Saiz

Redes Cristianas

La reciente declaración del Papa, reafirmando la exclusión de las mujeres del diaconado y el presbiterado, no es un trueno inesperado, sino un eco dolorosamente predecible de una institución que, en su obstinada adherencia a un derecho canónico anacrónico, insiste en perpetuar la marginación de la mitad de la humanidad.

Este pronunciamiento no solo es un agravio a la dignidad de las mujeres, sino una afrenta a la esencia misma del mensaje evangélico que la Iglesia dice custodiar. Con una mezcla de tristeza, indignación y hartazgo, constatamos que la jerarquía eclesiástica, en su inmovilismo, no solo traiciona los principios de justicia e inclusividad que clama defender, sino que se atrinchera en un bastión de poder patriarcal que desoye el clamor de una sociedad que, en el siglo XXI, exige igualdad y reconocimiento.

La negativa a abrir las puertas de las órdenes sagradas a las mujeres no es un mero desacuerdo teológico; es una violación flagrante de los derechos humanos, un acto de exclusión sistemática que relega a las mujeres a un papel subordinado, confinándolas a tareas secundarias mientras se les niega el derecho a vivir plenamente su vocación.

No buscamos clericalizarnos, como algunos podrían argüir con desdén, sino responder a la llamada de anunciar el Reino de Dios, de servir con la misma dignidad y responsabilidad que se concede a los varones.

La Iglesia, en su ceguera, no solo ignora la capacidad de las mujeres para liderar, predicar y santificar, sino que perpetúa una narrativa que las reduce a tentadoras, a pecadoras originarias, como si el Génesis, escrito por manos humanas y patriarcales, fuera un mandato divino inmutable. ¿Quién, sino los hombres que han monopolizado la pluma y el púlpito, ha decidido que las hijas de Dios son menos dignas de representar a Cristo?… Leer más (Merche Saiz)