En esta Navidad, el mensaje del pesebre nos invita a mirar el mundo con ojos de alegría y esperanza, a pesar de los desafíos que marcan nuestro tiempo.
Nos encontramos en un mundo atravesado por grandes turbulencias. Las guerras que desgarran países y comunidades hasta el genocidio, los efectos devastadores del cambio climático que se manifiestan en fenómenos extremos como las DANAs, y una crispación política global —con la emergencia de la ultraderecha en Europa y el regreso de Trump en Estados Unidos—, nos dibujan un panorama sombrío. A esto hay que sumar la crisis de la vivienda y el fenómeno de las migraciones y asilo, que nos recuerda la vulnerabilidad de quienes buscan un lugar para vivir.
Tampoco podemos olvidar la crisis que atraviesa la religión en general, y nuestra Iglesia en particular, que está arrojando al baúl de los recuerdos los buenos propósitos del sínodo de la sinodalidad. Y, lo que es más grave, sigue abriendo las heridas de la pederastia y agrandando el escándalo de las inmatriculaciones.
Sin embargo, la Navidad es también un momento para reafirmar los valores que nos sostienen como humanidad. Es tiempo de alegría compartida y de responsabilidad colectiva. La Navidad nos invita a construir un mundo donde la solidaridad sea más fuerte que la indiferencia, donde nos cuidemos mutuamente y cuidemos también de nuestro entorno… Leer más (Editorial de Redes Cristianas)
