DIARIO DE NOTICIAS
Viernes, 28 de Enero de 2011
EL día 25 de enero, el señor Abel Arrieta, delegado episcopal de Enseñanza de la Diócesis de Pamplona y Tudela, escribía en este diario sobre el retraso en la apertura del Colegio del Seminario. Hablaba de la conveniencia de "contar con el apoyo del clero" para su puesta en marcha. Apoyo que, según él, lo recibió del Consejo del Presbiterio en sesión extraordinaria celebrada el pasado mes de octubre.
El tema es muy serio y de gran trascendencia para la sociedad navarra y la propia diócesis. Un tema de esta envergadura no puede despacharse de la manera como se llevó a cabo, en dos horas, casi por vía de urgencia y sin previa información escrita a los consejeros.
Es cierto que, en esta ocasión, el Consejo del Presbiterio sacó adelante formalmente, con 25 votos a favor, la propuesta que se nos planteó, pero realmente la rechazó con esos 29 votos, sin duda, en contra de la misma: a saber, 15 votos en contra, 7 en blanco, 6 nulos y uno juxta modum. Y resulta más grave teniendo en cuenta que somos 69 consejeros y solamente apoyaron 25. Y algunas ausencias se debieron a la urgencia de la convocatoria.
Las votaciones que deban celebrarse en el Consejo habrán de hacerse, no como se hizo ésta, sino de forma civilizada, tal como se señala en los Estatutos del mismo, en su Art. 14º Convocatoria de las sesiones. Esta convocatoria se hará (Art. 14.1.2.): "en la medida de lo posible, al menos, con veinte días de antelación a la fecha señalada para el comienzo de la sesión". Y al Art. 14.1.4.: "adjuntando el orden del día, con expresión nítida de los temas que incluye y la documentación que hubiere referida a los distintos asuntos a tratar". No se cumplió esta preparación previa. Ninguna documentación se nos envió con la debida antelación a los consejeros para que pudiéramos informar y consultar a las bases. Había habido otra información oral a los arciprestes y algunos de ellos habían hablado con los curas. Pero este cauce no es el normal para el funcionamiento del Consejo. Ateniéndonos a lo establecido en los Estatutos, esta votación debería ser tenida como nula por derecho.
Todo esto se lo hice saber por correo a nuestro señor obispo, el 22 de octubre, tres días después de esa sesión extraordinaria. Y se lo comuniqué personalmente en su despacho el día 29 del mismo mes. Aún más, le dije por favor que cuando decidan poner en marcha el Colegio no fundamenten su decisión en esta votación absurda del Consejo del Presbiterio, porque es nula si vamos a ser respetuosos con los Estatutos del mismo. Esto no es serio. En cualquier otro foro civil, esta forma de proceder en asuntos trascendentales es impensable.
En esta sesión extraordinaria del mes de octubre se plantearon interrogantes preocupantes: ¿Es necesario un nuevo Colegio de Iglesia en Navarra? El que dicho Colegio vaya a tener "un marcado perfil católico", ¿afecta sólo a los profesores o también a los alumnos y padres, y en qué medida a la hora de aceptarlos? Si las cuotas a pagar son elevadas para salvar los gastos de funcionamiento y de autorización de obras, ¿podrán acceder chicos/as de familias inmigrantes o de familias con nivel adquisitivo bajo? Si en la práctica, va a resultar un Colegio de élite para pudientes, ¿dónde quedaría la imagen de la Iglesia de los pobres? ¿En manos de quién va a recaer su gestión, en las de la Diócesis, por medio de la Fundación Diocesana para la Educación, o en manos de alguna otra institución que pudiera estar detrás de todo este proyecto? Se verá.
Enrique Arellano
Miembro del Consejo del Presbiterio