Marginación de las Mujeres en la Iglesia: un error histórico

Religión Digital

Hemos visto estos días el comportamiento procaz, tabernario y soez de unos universitarios en Madrid. Serán pocos, pero parece imposible que una sociedad occidental del siglo 21 genere elementos tan espurios
Al excluir a las mujeres de los mismos cargos y funciones que ostentan los hombres en la Iglesia, estamos apoyando modelos de patriarcado y de machismo también en la sociedad
La Iglesia no puede posponer por más tiempo la reforma sobre su modelo de gobierno. El actual representa una concepción excluyente del poder, reservada en exclusiva a varones, célibes y ordenados; un poder que resulta extremadamente vertical, piramidal, centralista, elitista y gerontocrático. Urge un modelo más abierto, transparente, corresponsable e incluyente de gobierno de la Iglesia.

Hemos visto estos días el comportamiento procaz, tabernario y soez de unos universitarios en Madrid. Serán pocos, pero parece imposible que una sociedad occidental del siglo 21 genere elementos tan espurios.

Hemos visto estos días el comportamiento procaz, tabernario y soez de unos universitarios en Madrid. Serán pocos, pero parece imposible que una sociedad occidental del siglo 21 genere elementos tan espurios.

La iglesia nunca tomó en serio a las mujeres, a pesar de ser siempre mayoría en ella. Al excluir a las mujeres de los mismos cargos y funciones que ostentan los hombres en la Iglesia, estamos apoyando modelos de patriarcado y de machismo también en la sociedad. La iglesia debería ser la primera en tener en todas sus estructuras eclesiales el 50 % de mujeres, en paridad con los hombres. Que hagan unas lecturas o impartan la comunión es una insignificancia. Mucho hablar de la dignidad de la mujer, e incluso nombrar a una religiosa, Raffaela Petrini secretaria general del Gobierno del Estado de la Ciudad de Vaticano, pero de admitirla a los ministerios ordenados, nada de nada.  De no dar pasos en esta dirección, el patriarcado seguirá en pleno vigor en la Iglesia, y los altos cargos vaticanos seguirán en manos de hombres ordenados, considerándose en la práctica siempre superiores a las mujeres…Leer más (Faustino Vilabrille)