Santos Olóndriz
1.- El Vaticano II no puede entenderse si no tenemos en cuenta la figura del Papa que lo convocó: Juan XXIII. Y a su vez, es fundamental conocer la trayectoria y la historia personal del papa Roncalli. Nació (25.11.1881), en el pueblecito de Soto il Monte, en la provincia del Bergamo, en el norte de Italia. Su familia, muy numerosa, era agricultora y pobre. Estudió en el seminario de Bérgamo y, con una beca, de 1901 a1905 fue alumno en Roma. Sacerdote en 1904, secretario del Obispo de Bergamo recorrió con él toda la provincia y conoció de cerca las realidades de la Iglesia y de la sociedad italiana de la época. Daba clases de Historia –dato fundamental- y Patrología en el seminario de su diócesis. Atendía la Acción Católica de las Mujeres y le llamaban de toda la diócesis como predicador. En estos años realiza profundos estudios sobre San Carlos Borromeo, San Francisco de Sales y otros. En 1915, en la primera Guerra Mundial, fue movilizado y su tarea era atender a los soldados que llegaban heridos del Frente. Al final de la guerra creó la casa del estudiante, trabajó con ellos y seguía en su tarea de profesor del seminario.
En 1921 es llamado a Roma y se encarga de la Obra para la Propagación de la fe en Italia, lo que le permite recorrer toda Italia. En 1925 Pio XI lo nombra Visitador Apostólico en Bulgaria y es consagrado Obispo. Allí pasa 10 años. Visita a los católicos y entra en contacto con las Iglesias Ortodoxas. Su táctica pastoral es la de ir avanzando a pequeños pasos, según su lema episcopal: “Obediencia y paz”. En 1935 es nombrado delegado Apostólico en Turquía y Grecia. Allí pasa 9 años y afianza su contacto con Ortodoxos y Musulmanes con un diálogo y talante respetuoso y cordial. Cuando estalla la guerra mundial, le pilla en Grecia, que queda arrasada. Da datos sobre prisioneros y salvó a muchos judíos, con el pasaporte Vaticano, puesto que él era el Embajador.
En diciembre de 1944 Pío XXII lo nombra Nuncio en Paris. Vivió los últimos meses de la guerra en Francia y trabajó en la normalización de la vida religiosa en Francia. Su trabajo con los desplazados y prisioneros de guerra fue ingente. Recorrió toda Francia y trató de acompañar atenta y prudentemente las nuevas experiencias del episcopado francés: Francia país de misión, los sacerdotes obreros… haciendo la “vista gorda” a hechos y actuaciones muy novedosas en los 9 años, durísimos por tantas cosas, que pasaron en Paris. Su lema era actuar siempre como sacerdote acogedor, antes que como diplomático que vigila y cuenta todo a Roma. En 1953 es nombrado arzobispo-Patriarca de Venecia y creado Cardenal. Sus 5 años en Venecia dejaron una huella imborrable: siguió con su mismo estilo de vida y actuación sacerdotal.
Elegido Papa el 28 de Octubre de 1958. Elige un nombre discutido: Juan XXIII. (Juan XXII era considerado un papa falso). El impuso sus conocimientos de historiador y adoptó ese nombre, que hacía siglos que no se usaba. ¿Una premonición de lo que iba a ser su pontificado de “transición”?. Sin duda. En los 5 años escasos que vivió como Papa lo demostró más que sobradamente. La imagen del Buen Pastor le define muy bien: Tranquilo, atento, emprendedor, valiente, sencillo y cordial. Tras la figura hierática, dura, casi como fuera de este mundo, de su antecesor Pio XII contrastó desde el primer día con la propia corpulencia “rechoncha”, de cura de pueblo; fue el primer Papa que visita las cárceles romanas, los hospitales. Recibe a hombres y mujeres de todas las naciones y creencias. Se manifiesta de manera natural como un padre acogedor de cuantos se acercan a él. Y llama a muchos a los que se les consideraba como enemigos de Roma y de la Iglesia. Hay dos encíclicas que le definen de una manera definitiva: La Mater et Magistra, sobre los temas sociales y, sobre todo la Pacem in Terris: Publicada el Jueves Santo. Su testamento dictado a tres meses de su muerte. Donde, por fin, se aceptan los postulados fundamentales de la modernidad: Los principios de la revolución Francesa, Los derechos humanos, La democracia como la única forma de gobierno que merece el título de humana y humanizadora. Su vida expiró el 3 de Junio de 1963. El mundo entero, creyentes y no creyentes, le lloró.
Tengo el testimonio de un amigo que estaba allí: La tarde-noche que comenzó el Concilio, la plaza de San Pedro estaba abarrotada de gente esperando a que el Papa les dirigiera unas palabras. Al final apareció en la ventana: Saludó a todos, les dijo que era un día importante, que esperaba mucho del Concilio. Y les pidió que lo siguieran, que participaran a su manera de los trabajos de la Asamblea Conciliar, que rezaran para que saliera bien. Y cuando parecía que les despedía, después de haberles dado la bendición, volvió sobre sus pasos y estas fueron sus auténticas palabras de despedida: “Veo que en la plaza estáis muchos matrimonios jóvenes y otros que tendréis niños en casa. Cuando lleguéis a vuestras casas y metáis a vuestros niños y niñas a la cama, les vais a dar dos besos: Uno el vuestro, como todos los días. Y el segundo se lo decís que es de parte del Papa: Que les quiere mucho. Que está muy contento porque hoy ha comenzado el Concilio, que va a ser muy importante. Que sean buenos, que recen por el Papa, porque sin los niños no nos saldrá bien. ¡Buenas noches!”. Esta anécdota nos libera de decir más cosas laudatorias de este hombre. (Se pueden encontrar muchos más datos y valoraciones de Juan XXIII en Google. Simplemente con escribir su nombre os van a salir muchísimos artículos que completarán estas líneas que he escrito, que junto a datos exactos contienen, sin duda, muchas apreciaciones mías, de las que yo soy el único responsable. Y que, posiblemente, muestran mi plumero . Qué le vamos a hacer. Todos tenemos derecho a escoger a nuestros amigos/as y a decir de ellos que son los mejores del mundo. Y yo tuve la inmensa suerte de encontrarme con este hombre a mis 17 años, que me abrió unos horizontes vitales y de fe que marcaron mi vida. Conecté con él a las primeras de cambio, porque muchas de las cosas que encarnó Angelo Roncalli las intuía y esperaba con la ilusión de un adolescente. Y después de 50 años jamás me han defraudado).