La victoria de Jesús

Fue María la primera en reconocer que el condenado a causa de su bondad creadora y libre era, contra todas las apariencias, modelo de justicia, criterio de humanidad, profeta de un mundo digno de la vida. Y no necesitó para ello ningún “milagro sobrenatural” inexistente: ni la tumba vacía ni la aparición física del crucificado viviente. Le bastó con dejar que las lágrimas limpiaran la última mancha de sus ojos, y es seguro que no le bastaron para ello ni un día ni tres. Tuvo que aprender a no apegarse a sus recuerdos y deseos, a no sujetarse a ninguna forma, ni siquiera a la forma histórica de Jesús…  Leer más (Joxe Arregi)