Lo importante de verdad es enmarcar las procesiones en el contexto de la Semana Santa evangélica. Por una parte, nuestra sociedad sigue reproduciendo la misma trama que en tiempo de Jesús y que hoy le llevaría de nuevo a ser crucificado. La muerte violenta de Jesús, su crucifixión, es una consecuencia de su modo de vivir y quienes le asesinaron –nunca se utiliza esta palabra, ¿por qué?– lo hicieron calumniosamente bajo una capa hipócrita de piedad y respeto a la ley de Dios. Las procesiones no tocan para nada este tema y se quedan en el dolorismo de Jesús y de María. Leer más (Gabriel Mª Otalora)