El rol de los laicos en la Iglesia está casi totalmente atrofiado debido al clericalismo reinante de hace siglos. Queremos una iglesia: centrada en Jesús y su proyecto de vida; que vive y simboliza lo que predica; evangélica y misionera.
Esta carta nace de la desolación por la crisis actual que atraviesa nuestra Iglesia y especialmente porque Cristo y su evangelio no están llegando y convocando a las nuevas generaciones. Concordamos con el Papa Francisco en no quedarnos rumiando en la desolación, sino ir más allá de la queja y hacer algunas sugerencias constructivas de por dónde ir. Esta carta es también una respuesta a su invitación a tener el coraje de decirle: «este camino es el que hay que hacer, este no». Esperamos que ella contribuya a la necesaria reorientación del rumbo de la Iglesia.
Preámbulo: una confesión de fe
Tal como nos enorgullecemos de Francisco de Asís, Tomás Moro, Madre Teresa y del Padre Hurtado, sentimos vergüenza propia por Maciel, Karadima y tantos otros sacerdotes y religiosos pedófilos; y ¿qué decir de los obispos encubridores? Nos abruma que, a consecuencia de estos condenables comportamientos, millones de personas se están distanciando de la fe. Desgraciadamente, la historia muestra que la Iglesia tiene, como cada uno de nosotros, un lado oscuro. Junto a lo santo y sagrado, conviven el abuso de poder, la arrogancia, la hipocresía, el dogmatismo – tanto más grave cuando van revestidos de virtud.
Con todo, amamos a la Iglesia y reconocemos lo mucho que hemos recibido de ella: Conocer a Cristo y su mensaje. Infundirnos elevados ideales, centrados en el amor. Despertar una inquietud por lo sagrado y lo trascendente. Inculcarnos que somos parte de una comunidad, los unos para los otros. Alentarnos a construir el Reino, lo que da sentido a nuestra vida.
Por eso – pese a las caídas e insuficiencias de Pedro y sus sucesores – Cristo fundó la Iglesia con el mandato de evangelizar al mundo. En efecto, sin la Iglesia institucional, con todos sus claroscuros, no se habría podido transmitir esa fe de generación en generación.
Sin embargo, por importante que sea la Iglesia, Jesucristo es el fin. La Iglesia sólo es eficaz en la medida que nos orienta hacia Él, su testimonio y su palabra. Por eso esta crisis es doblemente grave… Leer más…
Reflexión y Liberación en Religión Digital, 26 de junio de 2018