No es verdadero el «dios pasivo y juez» al que hay que mover constantemente con nuestras oraciones, sacrificios y súplicas de perdón.
La práctica religiosa esencial es la oración. Para eso son las capillas, iglesias y catedrales. Para eso hay curas al frente de ellas. Curas devenidos en meros «tiralevitas» y «repartidores de ritos y rogativas» como principal actividad, con poco sueldo y enorme sacrificio. ¿Será por eso que escasean?
Inexplicablemente, en vez de enseñarnos a orar y caminar a la luz del verdadero rostro de Dios, nos confunden y pretenden alimentar nuestra natural religiosidad con ritos y rutinas equívocos.
Convierten la oración en soga de campana y a nosotros en meros papagayos que todo lo fían a un «dios pasivo y falso» al que hay que sacar de su sordera y conseguir que se movilice. ¡Menos mal que queda a salvo nuestra buena intención y nuestra maltratada espiritualidad latente!
No es verdadero el «dios pasivo y juez» al que hay que mover constantemente con nuestras oraciones, sacrificios y súplicas de perdón.
El Abba de Jesús es una «Madre activa» que todo lo ha creado, todo lo mantiene, todo lo cuida y todo lo inunda. De ninguna manera necesita que le recordemos «sus deberes» y la empujemos a «actuar».
El Abba nos ama gratuitamente y actúa continuamente, aunque nos ha entregado la administración de este mundo por respeto a nuestra libertad. Sin ella seríamos como hormigas o lagartos que nacen, se aparean, se reproducen y mueren, sin consciencia ni decisión alguna.
¡Somos nosotros los que tenemos que movernos y administrar nuestras vidas de forma autónoma y libre! Dios no vendrá a removernos el cocido aunque nos haya regalado todos los condimentos. Y ahí entra la oración para ayudarnos a encontrar LUZ y ENERGÍA para acertar en ese «camino de maduración autónomo» que es la vida humana.
¿Y qué estamos haciendo? Leer más…
Jairo del Agua en Religión Digital, 30 de mayo de 2018