El Papa engañado

«Francisco actúa de determinada manera hace tres años, y ahora lo hace de una forma completamente distinta».

La carta que el Papa envió a los obispos chilenos, conocida por la opinión pública, ciertamente ha provocado impacto, temores y expectativas. En su contenido, el más revelador es su pedido de perdón y reconocimiento que ha «incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación por falta de información veraz y equilibrada».

Aquello despierta interés mediático y da motivos para lucubrar en hipótesis y especular en el sombrío mundo de las deslealtades, dejando en evidencia esa otra herida dolorosa de la Iglesia, donde divisiones y rivalidades internas contradicen su identidad más profunda, el espíritu evangélico. Paralelamente, se activan expectativas y oportunidades que subyacen a esa otra desviación cristiana, el carrerismo jerárquico. Es en este contexto que se anticipa un verdadero terremoto y tsunami para la Iglesia chilena; mientras la imagen del Papa se engrandece.

Curiosamente, lo que se dice en público difiere de lo que se escucha en privado. Mientras unos celebran con triunfalismo la severa reacción pontificia, otros manifiestan abatimiento ante lo que parecen estertores de una institucionalidad vencida por sus propias debilidades y contradicciones.

En este contexto, la imagen de un Papa engañado resulta compleja de asimilar, especialmente porque entre las grandes virtudes de Francisco están su extraordinaria capacidad de conducción política. Al respecto es oportuno recordar una denuncia impactante del mismo Papa, que en octubre de 2013 expresaba contra la curia, decía entonces «la corte es la lepra del papado».

Es evidente que el Papa es consciente de los peligros de la consejería de sus cortesanos, ámbito donde se trama el engaño que lo induce a tan «graves equivocaciones de valoración y percepción».

Sin embargo, es cierto que, así como Francisco tuvo «falta de información veraz y equilibrada», tuvo también nutrida información auténtica y oportuna. Sí, porque hubo obispos y religiosos chilenos, algunos de ellos amigos muy cercanos, que viajaron expresamente para informar debidamente al Papa. Incluso hubo un obispo bueno que no fue recibido.

En esto Francisco experimenta en su propia carne, esa otra desviación histórica de la Iglesia, que heredan los Papas por el hecho de conducir una institución que hizo del espiritu cristiano un poder religioso, que progresivamente se fue asimilando a un poder político.

En consecuencia, en la consciencia del Papa confluyen distintas valoraciones y percepciones a la hora de tomar decisiones,   Leer más…

Marco A. Velaásquez en Religión Digital, 16 de abril de 2018