La secularización y la indiferencia no pueden con la Semana Santa española

La religión resiste entre cofrades, hermanos y penitentes de toda España. Cofradías y hermandades, último vivero religioso de un país cada vez más indiferente ante la fe.

Mientras los templos españoles se vacían o solo se pueblan de cabezas blancas, unos tres millones de cofrades engrosan las filas de las 10.000 cofradías y hermandades de toda España. La Semana Santa se ha convertido en el último vivero religioso de un país cada vez más secularizado e indiferente a la fe. La religión resiste entre cofrades, hermanos, penitentes y encapuchados. Un universo que atrae incluso a los más jóvenes.

Además, en un país donde la Iglesia jerárquica sigue gozando de escasa credibilidad social y mala imagen pública, las procesiones y demás eventos ‘semanasanteros’ constituyen una plataforma de visibilización religiosa y de acercamiento de la institución al pueblo. La última reserva católica que, en estas fechas, exhibe su fe en público, con el orgullo del creyente y sin avergonzarse de sus creencias.

Cada año cuando llega la Semana Santa aparece el mismo debate: ¿Es España todavía un país católico? Dejando de lado la aconfesionalidad del Estado, los españoles son creyentes. Así lo demuestran los diversos estudios del Instituto Nacional de Estadística, según los cuáles, el 70% de la población se sigue considerando creyente.

El catolicismo es, sin lugar a duda, la religión predominante, pero otra cosa muy diferente es la práctica religiosa. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, los católicos practicantes llevan años descendiendo en nuestro país. En el año 2000, el 63% de la población española aseguraba ser católico no practicante y un 21% practicante. Según su último estudio, que data de 2017, sólo un 12% de los españoles asegura ser practicante, aunque ni siquiera el 10% de ellos va a la iglesia semanalmente, como obliga el precepto de «oír misa entera los domingos y fiestas de guardar».

La edad, el sexo y, sobre todo, el nivel educativo son factores que guardan una relción directa con la religiosidad. Si entre los mayores de 65 años el porcentaje de creyentes es del 52,8%, esta cifra desciende a solo uno de cada cuatro en la franja que va de los 16 a los 25 años, y al 27,6% entre los que tienen 26 y 35 años. Por sexo, la religiosidad también es ocho puntos mayor entre las mujeres que entre los hombres (40,9% frente a 32,9%). Atendiendo al nivel educativo, el porcentaje de creyentes es prácticamente el doble entre las personas sin estudios que entre las que tienen estudios superiores.

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José Manuel Vidal en Religión Digital, 31 de marzo de 2018