Una cura de silencio o la renuncia. La Conferencia episcopal no puede decirle nada. Sólo aconsejarle prudencia.
Lo peor del caso Munilla no es su descrédito personal (porque ya no tiene crédito), sino el daño que hace a la imagen y a la credibilidad de la institución. Ante la imparable ola feminista, el cardenal Osoro había conseguido colocar a la Iglesia del lado de la historia y de este evidente signo de los tiempos. Pero llega Munilla, que se pirra por salir en los medios, y lanza su soflama sobre el feminismo diabólico. Y vuelve a colocar la imagen eclesial por los suelos.
¿No suele decir el obispo de San Sebastián que, si aceptó ser obispo de esa diócesis, fue por servir a la Iglesia? Pues, por el bien de la institución a la que dice servir, monseñor, calle ya. Haga una cura de silencio. O váyase de misionero a África. Aquí, da pena y hace mucho daño. Renuncie a la mitra, porque no se puede ser obispo malquerido y rodeado del ‘odium plebis’. Le haría un gran favor a la Iglesia española. Leer mas…
José Manuel Vidal en Religión Digital, 12 de marzo de 2018