América Latina pasa por Honduras

En los últimos diez años han accedido al gobierno de distintos países latinoamericanos tendencias que, con sus matices diferenciales, podíamos calificar de progresistas y que les define su voluntad de cambio. Reformas constitucionales e iniciativas populares al interior y nuevas alianzas de integración en las relaciones continentales se han ido, no sin dificultades, abriendo paso. 

En EE.UU. una nueva administración ocupa la Casa Blanca inaugurando nuevos modos en las relaciones internacionales, también con sus vecinos del sur,  que rompa con la imposición y el unilateralismo. 

¿Qué sentido tiene pues el anacrónico golpe de estado de junio pasado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya? ¿Tiene algo que ver lo sucedido en Honduras con el nuevo rumbo de América Latina?

El país que se convirtió en república bananera 

Honduras es un país de 112.000 Km2  y siete millones y medio de habitantes, el 40% de población rural. Comparte fronteras con Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Con 2.793 $ de ingresos per cápita ocupa el tercer puesto de las sociedades más pobres de América Latina y el Caribe tras Haití y su vecina Nicaragua. Un desigual reparto, 0,568 coeficiente de Gini,  que lo sitúa en el quinto en el más inequitativo de América Latina. El 60% de sus habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza y el 36,2% por debajo de la pobreza extrema.

Durante toda su vida republicana dos partidos con escasa diferencia ideológica se disputaron el gobierno del país: el Partido Nacional,  y el  Partido Liberal, salvo un periodo de gobiernos militares marcados por la corrupción y una desastrosa gestión económica para el país. En 1.965 el coronel López Arellano daría un golpe de estado para frenar las tímidas reformas agrarias del liberal Ramón Villena, para entonces quien gobernaba ya en Honduras era la United Fruid, multinacional norteamericana y verdadero poder fáctico en Latinoamérica hoy refundada como Chiquita Brands relacionada con los negocios del antiguo director de la CIA y Presidente de EE.UU. George.H. W. Bush

 

Tras diez años de gobierno militar EE.UU. decidió instaurar un gobierno de apariencia democrática con unas elecciones que llevaron al poder al liberal Roberto Suazo y una nueva constitución, la de 1.982 que trataba de reformar Manuel Zelaya.

 

En realidad los hombres fuertes de Honduras eran el general Gustavo Alvarez Martínez siniestro comandante de la Fuerzas Armadas y el presidente de EE.UU. Ronald Regan a través de su embajador John Dimitri Negroponte, un “diplomático” de la CIA experimentado en el Sudeste asiático que convirtieron a Honduras en una base de operaciones contra el gobierno sandinista formando y pertrechando a la contra nicaragüense.

Fue en estos años 80 que el poderoso grupo político-empresarial Facusse promocionó la idea de convertir a Honduras en un estado libre asociado a EE.UU. al igual que Puerto Rico. Como la ocurrencia no prosperó las grandes oligarquías del país agrupadas en trece familias diseñaron un espacio cómodo para mantener su hegemonía. Adoptaron las teorías neoliberales de Milton Friedman y aplicaron sus planes de ajuste que empobreció aún más a las grandes mayorías de la población y tornó la economía en mucho más vulnerable a las presiones externas.

Aprovechando las prerrogativas que les daba una constitución redactada a su servicio, controlaron los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales y dieron cuerpo a una democracia formal que cada cierto tiempo alternaba en el sillón presidencial a uno de los suyos. 

Al exterior su alianza con los sectores económicos y políticos de EE.UU. a donde va a parar el 70% de las exportaciones, cerraba el círculo de dominación.

Y ¿los militares? El presidente Carlos Reina, hacia la mitad de la década de los noventa, reestructuró las Fuerzas Armadas aboliendo el servicio militar obligatorio y traspasó su autonomía al poder civil. Una cláusula constitucional hace que el Presidente hondureño sea el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Si bien esto no les hace más profesionales resta al ejército autonomía de funcionamiento obligando a su cúpula a aliarse con los sectores oligárquicos del país que permiten su participación en los negocios, algunos ilegales en un país donde el paramilitarismo funciona ligado a las maras el narcotráfico y el comercio de armas. Más de un millón circulan por Honduras y se comercializan legal o ilegalmente desde 500 lempiras.

El general Romero Vásquez Velásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto fue detenido junto al Teniente Coronel Wilfredo Leva Cabrera por robo de automóviles y pertenencia a la “Banda de los Trece”. Gracias a los oficios del gobierno y militares norteamericanos con destino en las bases hondureñas fueron liberados.

Manuel Zelaya una presidencia truncada por un golpe

Es en este contexto donde Manuel Zelaya  “Mel” ganaría las elecciones de 2.005 sucediendo al conservador Ricardo Maduro.

El Partido Liberal por el que se presentó y al que pertenece desde l.970 es un conglomerado de tendencias que pugnan en elecciones internas para elegir el candidato del partido.

Tradicionalmente en este partido comparten liderazgo los hijos de los terratenientes, empresarios capitalistas modernos y burguesía urbana. Manuel Zelaya proviene de una familia acomodada del departamento de Olancho que llevó los negocios familiares hasta dedicarse a la política, inicialmente en el ala más conservadora del Partido Liberal: el Movimiento Rodista.

Hasta aquí todo correcto en el programa político hondureño. Su pecado fue no hacer caso al presidente José Azcona cuando en los años ochenta confesó “un país tan pequeño como Honduras no puede permitirse el lujo de tener dignidad”.

Antes de tomar posesión de su cargo exigió al congreso aprobar la ley de participación ciudadana cosa que se hizo el mismo día.

En su primer año de mandato tuvo que hacer frente a una ola de protestas sociales que el presidente supo encauzar a partir del diálogo y el acuerdo.

Otra dificultad con la que se encontró fue la suspensión de los trámites de las visas por parte de la embajada de EE.UU. Problema no menor teniendo en cuenta que anualmente llegan desde este país 3.000 millones de dólares producto de las remesas de 800.000 hondureños emigrados. El episodio que se interpretó como una forma de presión a Zelaya fue finalmente resuelto.

Al finalizar su primer año de mandato se habían estabilizado los precios y contenido la inflación en los niveles más bajos de los últimos dieciséis años. La CEPAL en su informe sobre Honduras la colocó en el primer lugar de crecimiento económico de Centroamérica.

En los años posteriores Manuel Zelaya acometería reformas y tomaría decisiones que pondrían en jaque a las elites del país y las empresas multinacionales acostumbradas a que nadie interviniera en sus privilegios. 

A través de una convocatoria de concurso se puso en cuestión el monopolio que ejercían las empresas extractivas en la venta y distribución de combustibles. La reacción de un sector del empresariado, las transnacionales afectadas, la Corte Suprema de Justicia y embajador de EE.UU. Charles Ford. Dieron al traste con la iniciativa. Entonces Zelaya se unió al acuerdo Petrocaribe, impulsado por Venezuela, donde Honduras pudo comprar carburante a crédito con el pago del 60% en tres meses y el resto al 1% en 25 años con la posibilidad de invertir parte del capital ahorrado en proyectos sociales.

El presidente fue transitando hacia posiciones progresistas cada vez más peligrosas para la minoría dominante del país y sus aliados externos.

Aumentó el salario mínimo un 60% y detuvo la privatización de empresas públicas. El empresariado nacional y los inversionistas de las maquilas se echaron las manos a la cabeza y trataron de “traidor a su clase” al presidente. Este proclama que para hacer cambios que hagan de Honduras un país más justo y equitativo para todos no se puede contar con los ricos  que no están dispuestos a ceder nada, así que habrá que incorporar al pueblo.

Amistades peligrosas

El 10 de octubre de 2.008 el Congreso Nacional aprueba el  ingreso en el ALBA la Alternativa Bolivariana para los Pueblos  de Nuestra América, una propuesta de integración impulsada por Hugo Chávez en la que están presentes también Bolivia, Nicaragua, Cuba Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y que pretende ser una contraposición a la formación del Área de Libre Comercio de las Américas ALCA.

Zelaya ha cruzado la línea de los límites aceptables. Se ha situado con los gobiernos que aunque no exentos de críticas, errores y limitaciones, propugnan un cambio de rumbo que pretende transformar el continente. 

A los socios del ALBA hay que añadir el Ecuador de Rafael Correa, el Paraguay de Fernando Lugo, el Uruguay de Tabaré Vázquez y el Salvador de Mauricio Funes entre este grupo de países y aunque en menor grado de confrontación también a Brasil y su presidente Lula.

Hubo dos gotas que desbordaron el vaso. La primera, según algunos analistas es la posibilidad contemplada por Zelaya de convertir la base militar Cano Soto, de propiedad estadounidense, en un aeropuerto civil. La otra, la intención de convocar una consulta no vinculante para conocer la opinión ciudadana sobre la colocación de una cuarta urna en las elecciones de noviembre de 2009 para decidir sobre la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

Varios países ya reformaron sus constituciones para poder reformar el modo de gobernar. Lo hizo Venezuela, lo hizo Bolivia y Ecuador. No estuvo exento de problemas el camino de las reformas e incluso de golpes de estado que en el caso de Venezuela tuvo un diseño muy parecido al sufrido por el presidente Zelaya pero en el caso de los tres países mencionados existía una estructura social cohesionada a favor del presidente y un trabajo sociopolítico previo que permitía avanzar a favor de las reformas propuestas. Además, el ascenso al gobierno de Chavez, Evo y Correa fue precedido de convulsas revueltas que tumbaron  anteriores gobernantes.

El golpe dado contra Zelaya tiene características novedosas. No es un golpe para instalar a un nuevo presidente ya que el mandato de Zelaya finalizaba en enero de 2.010. Era un golpe para desbancar al presidente y sus reformas volviendo al orden establecido anterior gobierne quien gobierne. 

Se le trató de dar un aspecto de legalidad constitucional, aun más, se adujo la violación de la constitución por parte de Zelaya para justificarlo aunque esta falsedad nadie la a creído confiere a Micheletti un alo de legitimación para negociar con el y alargar la situación el tiempo suficiente para que sea irreversible y la solución sean las elecciones del 29 de noviembre. 

Es sin duda un  aviso expeditivo a los gobiernos amigos y a quien desde dentro de Honduras quiera recoger el testigo de Zelaya. Aunque también supone una lección que aprender para quienes no se resignen. 

La posición de EE.UU. 

Inicialmente el presidente Obama se posicionó a favor de Zelaya condenando el golpe pero posteriormente no siguieron hechos significativos para reponer al presidente derrocado. Suspender los desembolsos, retirar al embajador y unirse a los países de la región hubieran sido necesarios para dejar clara la postura de la Casa Blanca.

La posición de Obama se encuentra con serias resistencias en la política exterior hacia Latinoamérica de ahí que la Secretaria de estado Hillary Clinton se deshizo de la condena tajante de la OEA  y recurrió a los servicios del presidente de Costa Rica Oscar Arias para elaborar un plan que alarga el tiempo a favor de los golpistas a los que se daba un trato de igualdad con el presidente legítimo.

En el Departamento de Estado existen influyentes personajes del pasado cuya trayectoria e intereses chocan con la proclamada voluntad de buena vecindad expresada por Barack Obama.

John Negroponte todavía conserva una posición estratégica y controla embajadores en capitales vitales como Ecuador, Colombia, Honduras, Nicaragua y Guatemala.

Los asesores de Obama Dan Restrepo, miembro del Centro Para el Progreso de Las Américas, y Frank Sánchez subsecretario de transporte con Bill Clinton también proceden del pasado. 

La política de distensión con Cuba fue frenada y el saludo al presidente Chávez en la cumbre interamericana fue duramente criticado por los medios que controlan los sectores más conservadores.

En los pasillos del poder de Washington quedan aun incrustados poderosos actores del pasado que se resisten a cambios que vayan más allá de gestos simbólicos. 

                                Fernando Armendáriz