Podría sonar a romance de amor este entre China y África que empezó con Mao Tse Tung en 1970 y está a punto de llegar a sus bodas de oro. Partiendo, en aquella ocasión, de un crédito “sin intereses” de 400 millones de dólares.
Romance que se tuerce a veces con reproches o desplantes, y con historias de celos por parte de las viejas potencias coloniales europeas o norteamericanas que llevaban muchos más años instaladas cómodamente y manejando a su albedrío los negocios de “sus” colonias.
En 1976, se inauguró el ferrocarril Dar Es Salaam-New Kapiri Mposhi, que une Tanzania con Zambia, como primicia de otras líneas como la de Lobito-Luau en Angola, de 1.344 kms., o la de Abuya Kadusa, en Nigeria,de 186 kms, o la de Mombasa Nairobi, que une el puerto con la capital de Kenia, y que se prolongará otros 2.935 kms a través de Uganda, Ruanda, Burundi y Sudán del Sur, o la de Addis Abeba, capital de Etiopía, al puerto de Yibuti, en el Mar Rojo.
Hoy, China figura en el ranking como segundo o quizá primer país inversor en África, y en el mismo plano en intercambios comerciales. El tejido de actividades es mucho más amplio, porque a la construcción de carreteras, viviendas, redes eléctricas de distribución y centrales hidráulicas. hay que añadir la actividad petrolífera, o la minería del uranio, coltán, diamantes y metales preciosos, a una con los cultivos agrícolas. Sin olvidar la inyección de capitales financieros, especialmente en Sudáfrica.
Se calcula que en el año 2013 los intercambios comerciales entre África y China alcanzaban 200.000 millones de dólares, frente a los 137.000 millones de intercambios con Europa, o los 96.000 millones con USA. Leer más….
