El Grupo Federal de Cristianos Socialistas, formado por militantes y simpatizantes del PSOE, y distribuidos a través de grupos territoriales coordinados por una Comisión Federal, pidieron impulsar la regeneración política con el objetivo de incorporar a la dinámica social y cultural de la mayoría a «los más débiles, los más pobres, los más vulnerables de nuestros pueblos, barrios y ciudades». Reafirmaban su compromiso de modificar las reglas de juego que han fomentado el individualismo, el egoísmo o la insolidaridad.