‘Uno ha muerto por todos’ ¿Qué sentido tiene hoy día?

Miquel Sunyol
Atrio

Miquel Sunyol es un jesuita obrero que, al jubilarse, ha vuelto a repasar los temas de la teología que él tuvo que estudiar –y muy a fondo– en su formación. Miquel se ha ofrecido a colaborar con ATRIO para intercambiar sus reflexiones. Nos iremos encontrando con él aquí de vez en cuando y, seguramente a partir del otoño, presentaremos un curso-taller de los que solemos publicar los martes. Entretanto, dejémonos interpelar por estas consideraciones ya publicadas en su blog personal, que vienen bien para prepararnos a la Semana Santa. AD.

A partir de un Sermo in Dominica XII (21 junio 2015). Las lecturas señaladas eran Job (38, 1-8.11), Segunda a Corintios (5, 14-17), evangelio de Marcos (4, 35-41)

Quizás, puestos a escoger, entre las tres lecturas de hoy, una de sola para leerla, yo hubiera escogido la primera, la del libro de Job, la que está en lo que nosotros -muy desafortunadamente- llamamos “Antiguo Testamento”. Y la escogería por su actualidad. Porque plantea preguntas sobre la relación “Dios-hombre”, y nosotros vivimos en una época de interrogantes y no de afirmaciones. Aunque haya gente honesta que pueda decir que estos interrogantes “Dios-hombre” son ya de un tiempo pasado.

Pero hablaré de la segunda lectura que hemos escuchado: un fragmento de la que llamamos “Segunda Carta de Pablo a los Corintios”. Si era una segunda carta o era una tercera carta es un problema que hoy “no toca”.

El fragmento comienza con una afirmación: “un hombre ha muerto por todos”.

Pablo es consciente que muchas veces ha hecho “afirmaciones polémicas” que las ha tenido que defender “con uñas y dientes”, utilizando a veces expresiones no demasiado educadas (por ejemplo en Gal 5, 12: que se mutilen!!), ante sus lectores y ante los fieles de sus comunidades.

Ahora, él piensa que no hace ninguna afirmación polémica: es una afirmación que piensa él está suficientemente aceptada por su público. No se ve obligado a defenderla; lo que hará será extraer de esta afirmación algunas consecuencias:

  • Si “uno ha muerto por todos”, todos han muerto -hemos muerto- con él.
  • Si “uno ha muerto por todos”, los que vivimos ya no debemos vivir para nosotros mismos.
  • Si “uno ha muerto por todos”, ya a nadie juzgamos de manera puramente humana.
  • Si “uno ha muerto por todos”, lo que era antiguo ya ha pasado, ha empezado un mundo nuevo.
  • Podemos prescindir ahora de estas consecuencias porque no es necesario que “uno muera por todos” para que muchos no vivan para ellos mismos. Ni es necesario saber que “uno ha muerto por todos” para que muchos luchen por una nueva creación.

Hablemos de la afirmación de Pablo:uno ha muerto por todos

Es una afirmación que no sería extraña ni nueva para un piadoso judío, familiarizado con la lectura de las Escrituras, de los libros proféticos. ¡Cuántas veces un judío piadoso habría escuchado el poema del Siervo de Yahvé, que está en el Segundo libro de Isaías! (53; 4-10).

Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores.
Fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo salvador cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
El Señor cargó sobre él
Todos nuestros crímenes,
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
Ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado
tendrá prosperidad y vivirá largos años.
Por él el designio del Señor llegará a buen término.
Él cargó con el pecado de todos
e intercedió por sus infidelidades.

Para una lectura más profundizada de este fragmento, aprovechando tanto los trabajos que, en el siglo XIX, realizaron el señor Strong y su equipo de colaboradores como los nuevos programas informáticos, clicka aquí
Pero, ¡por favor!, sigue mi consejo de siempre: deja los links para una segunda lectura

Sería una afirmación que no sería extraña ni demasiado original para una persona de cultura mediterránea, conocedora de los diversos cultos religiosos que intentaban sobrevivir en aquel mundo.

No sé cuántas de vosotras habéis ido a hacer la “turista” por Roma. No sé si en alguna de vuestras “visitas guiadas” estaba previsto entrar en las catacumbas de Santa Priscila o Santa Prisca. Hubiera visto una inscripción latina que decía:

Et nos servasti aeternali sanguine fuso

Fácil de traducir: “Nos has salvado habiendo derramado sangre eternal”

Y hubiera pensado, supuesto que estaba en una catacumba, que era una inscripción cristiana. Pues, ¡no! Esta inscripción la habían dejado allá unos antiguos inquilinos, que se reunían allí para celebrar sus banquetes cultuales. Eran los seguidores de Mitra, una religión que también llegaba desde el Oriente.

La afirmación de Pablo podía ser bien aceptada en el mundo cultural de su tiempo, tanto por judíos como por amplios sectores de gentiles.

Pero no todos los seguidores de Jesús, en aquellos primeros años, hicieron suya esta afirmación de Pablo y, así, no interpretaron la muerte de Jesús como la de quien “ha muerto por todos”. No encontraremos este “uno ha muerto por todos” ni en el Documento Q ni en las plegarias eucarísticas de las comunidades representadas en la Doctrina de los Doce Apóstoles (la Didajé).

Si quieres recordar:
El Documento Q
Las plegarias eucarísticas de la Didajé
Y otros hacían cosas parecidas…

Quizás las mujeres y hombres del Documento Q y de la Doctrina de los Doce Apóstoles, más cercanos al contexto político, social, religioso de Palestina, no necesitaban buscar razones teológicas para explicar la muerte en cruz de un judío a manos de los romanos: ellas y ellos ya sabían cómo explicar esas muertes. Y en algunas de estas muertes podía haber una razón teológica: Yahvé como único Señor del país, de la tierra y del pueblo que la habitaba.

Pablo, judío que no había nacido en Palestina y que quizás tenía los derechos de la ciudadanía romana, y que, por otro lado, no conoció a Jesús y, por lo que parece, poco interés puso en ello, muestra un cierto desprecio por las cosas concretas que le pudieran explicar los amigos y amigas de Jesús: “El evangelio que yo os anuncié no viene de los hombres, yo no lo recibí ni aprendí de ningún hombre”. Él no necesita de ninguno de estos “hombres que nos acompañaron mientras vivía con nosotros el Señor Jesús, desde los tiempos en que Juan bautizaba hasta el día en que se lo llevaron al cielo”. (Ac 1, 21-22).

Él quiere hacer “teología”, una teología universal, y a una teología universal no le convienen biografías de personas concretas. Él necesita un hombre que haya muerto por designio de Dios y que, como víctima ofrecida a Dios, haya aportado la salvación a toda la humanidad. Si este hombre, en vez de ser Jesús hubiera sido Juan, el Bautista del Jordán, la “teología” de Pablo seguiría siendo -para él- igualmente válida.

Lo que hay como fundamento de la afirmación de Pablo “un hombre ha muerto por todos” es:

  • Un Dios que necesita una víctima
  • Un Dios que entrega a su hijo como víctima
  • La víctima que, por voluntad del Padre, se entrega por nosotros
  • La sangre de la víctima derramada para expiar nuestros pecados

Un año, el 2011, vino como “predicador” de los Ejercicios que hacemos en Lamiarrita, un lugar de Navarra, cercano a la frontera francesa y a las famosas cuevas de las “brujas de Zugarramurdi”, Andrés Torres Queiruga.

El “predicador”, el último día, acostumbra a formar parte del equipo que prepara y preside la eucaristía. Torres Queiruga quiso tomar la responsabilidad de recitar la plegaria eucarística siguiendo uno de os modelos propuestos en estas recopilaciones de cantos y plegarias para comunidades de hace unos cuantos años. Las comunidades ya se acabaron, pero los librillos continúan…

Torres Queiruga, preocupado por el sentido de la “oración de petición”, fue haciendo sobre la marcha los oportunos cambios siempre que salía un “te pedimos”, pero quizás no hizo todos los cambios necesarios. En una carta que le escribí, le decía al final:

En la Eucaristía del último día, en la cual formaste parte del equipo que “presidía”, hiciste también, sobre la marcha, una labor de limpieza y fuiste cambiando algunas frases del modelo que seguíamos. Quizás por hacerlo sobre la marcha, no cambiaste algunas frases que, a mi modo de ver, necesitaban una limpieza mucho más a fondo. Me estremecí cuando nos hiciste “ofrecer la sangre”… ¿Querías presentarnos un Dios sediento de sangre? ¿O quizá pensaste que en aquellos parajes tan cercanos a las “brujas de Zugarramurdi” lo de “ofrecer sangre” era algo comprensible y aceptable?

Ya sé que la culpa no es tuya. La culpa es de aquellos que no me hacen caso y siguen llevando a Lamiarrita esos malditos libros de canciones y oraciones…

A medida que nos alejamos del mundo cultural de las “brujas de Zugarramurdi”, la afirmación de Pablo, “un hombre ha muerto por todos” y sus fundamentos ideológicos, van perdiendo toda su significación…