* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc. 10.2-16)

  • DOMINGO XXVII. T.O. –B- (4 octubre 2015)

En este Evangelio descubrimos, que los fariseos preguntan a Jesús no de conocer el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino “para ponerlo a prueba” y ver si estaba del lado de  los más permisivos o con los más rigoristas.  Ellos se amparan en la ley, pero Jesús la aclara y corrige con una autoridad sorprendente. Sus palabras no son jurídicas sino proféticas y evangélicas. El proyecto de Dios es un proyecto de amor, de ayuda mutua, de unión estable y permanente, en igualdad de derechos del hombre y la mujer.

Lo que Dios ha unido, el hombre no puede separarlo. Pero tampoco es voluntad de Dios que no pueda enmendarse un error,  ni que la gente viva infeliz para siempre por prolongar una situación insostenible.

El ideal es el para siempre y ojala que lo fuera así para todas las parejas que se casan. El amor de Dios para con nosotros es un amor eterno y el amor del sacramento del matrimonio significa el amor de Cristo a su Iglesia; un amor que no es temporal, sino para siempre. Pero nuestra imperfección humana nos hace torpes para lo eterno. Eso Dios lo sabe y hasta nos comprende. Esto nos debe impulsar a una necesaria y esmerada preparación para el matrimonio. Los nuevos esposos deben descubrir “desde la experiencia cristiana” la exigencia que conlleva y afrontarla por el Reino, además de por su felicidad humana personal.

En los matrimonios rotos se mueve un mundo de personas llenas de sufrimientos, soledades, fracaso y angustia. La Iglesia, todos nosotros debemos tener una actitud de cercanía, atención y misericordia ante estas personas que han quedado gravemente heridas por la ruptura.  En unos casos siguen conservando la fe; en otros, la han perdido. Pero todos necesitan especial atención, amor y comprensión.

La familia unida por el amor sigue siendo la base de una sociedad sana y bien equipada para afrontar los tiempos de la historia. En ella reside una de las principales escuelas donde aprendemos a amar aunque no es la única.

Como los niños que no entienden mucho de leyes y nos muestran lo que el se humano necesita:

Ser queridos permanentemente y así sentir seguridad

 

 

ORACIÓN.
Jesús de Nazaret, tú nos invitas a actuar siempre buscando la voluntad de Dios y a no ser mujeres y hombres de corazón duro en nuestras relaciones familiares, sociales y en la vida política.

Bendice y da fuerzas a las familias que quieren vivir el proyecto de Dios creando comunión de vida en amor y fidelidad.

Danos capacidad de escucha y de acompañar con respeto y solidaridad  a las parejas que pasan dificultades o que están viviendo dolorosos fracasos en la vida familiar.

Haz de nuestra comunidad Eclesial una familia de vida fraterna con capacidad de perdón, comprensión, acogida y que así seamos testimonio vivo del Evangelio. AMÉN. ZURIÑE