- DOMINGO XXV. T.O. – B – SEPTIEMBRE 20
* Jesús, dedicó tiempo, energías, amor y paciencia instruyendo a sus discípulos ahora sin duda la Los tiene con nosotros también… Pero los discípulos no terminar de entender que el, el Mesías fuese a la pasión, muerte y Resurrección, ya que para ellos “Mesías”, era poder, triunfo. Además, Jesús los descubre en el camino discutiendo y con paciencia les pregunta: ¿De qué discutíais en el camino? Venían discutiendo sobre quien sería el más importante del grupo.
Los llama (vendrían en grupitos), se sienta y les transmite el principio básico de toda actuación creyente:
”QUIEN QUIERA SER EL PRIMERO, QUE SEA EL ÚLTIMO DE TODOS EL SERVIDOR”
Luego Jesús se acerca a un niño, lo coloca en medio de ellos, lo abraza con ternura y les inculca a los suyos: “EL QUE ACOGE A UN NIÑO COMO ÉSTE EN MI NOMBRE, ME ACOGE A MÍ”
La verdadera autoridad sólo encuentra sentido, si es servicio por los demás, nunca como prepotencia. A los ojos de Dios el primero es quién más y mejor sirve.
El Dios de Jesús no se muestra en los grandes sino en los débiles, no por la fuerza y el dominio. Es el Padre de los pequeños, insignificantes, marginados. Lo mejor que puede pasar al discípulo, a quienes queremos seguirle es apasionarse, apasionarnos por los necesitados y ayudarles al estilo de Jesús.
Los seguidores del Reino, aquí y ahora, debemos poner como objetivo prioritario en nuestras vidas el servicio a los demás y todo en gratuidad. Sin duda la cruz también estará presente, pero Jesús resucitado nos dará fuerza.
Ser cristiano sin duda es costoso, porque significa renunciar al poder y denunciar lo que va mal, toda injusticia, dar la cara por los que no tienen sitio en la sociedad.
Nos hace falta, hoy como ayer, coraje para vivir a contracorriente, si queremos de verdad permanecer en nuestro mundo como discípulos que siguen a un MAESTRO. Jesús fue una persona entregada totalmente al servicio de la humanidad.
La vida es un servicio. Es la única manera de multiplicar la vida.
La tarea está ahí por si queremos hacerla nuestra.
- ORACIÓN
- Jesús de Nazaret, dedicaste toda tu vida a enseñarnos el Amor del Padre:
Acogiste a los pecadores, a los enfermos, a los marginados; te sentabas con ellos a la mesa; les invitabas a servirse, ayudarse unos a otros, decías que esta era la religión que Dios quería.
Acoger a los desgraciados de este mundo.
A pesar de que descubrías que esto te iba a llevar a la muerte, pero con la Resurrección se aclararon las cosas.
*Jesús de Nazaret, sabemos que todos nosotros, igual que los primeros discípulos necesitamos tu paciencia y tus enseñanzas:
Por eso te agradecemos tu PALABRA que escuchamos.
El PAN DE LA EUCARISTÍA que nos alimenta.
Las comunidades, familias, grupos y personas que nos dan tus enseñanzas.
- Te damos gracias por poder celebrar unidos tu presencia entre nosotros.
- Ayúdanos a construir comunidad y unidos seguir construyendo tu REINO DE VIDA Y VERDAD. AMÉN. ZURIÑE