Sínodos locales para la elección de obispos

Hacia una verdadera renovación eclesial en Chile. Para superar la crisis, es necesario desinfantilizar la fe de la Iglesia.

Hemos escuchado reiteradas veces en canales de televisión, en la prensa escrita, por parte de denunciantes de abusos y de representantes de la Iglesia decir que lo que antecede al abuso sexual es el abuso de poder.

A esta altura, esa constatación parece innegable. La raíz de la crisis, podríamos decir entonces, radica en el modo de ejercicio del poder que vivimos en la Iglesia católica particularmente, aunque seguramente es un problema extensivo también a otras religiones. La educación religiosa en nuestro país es precaria, y eso ha permitido todo tipo de tergiversaciones, manipulaciones y abusos de parte de los líderes actuales, facilitada por la masificación -intencional tal vez- de una fe acrítica, irracional, fanática y ciega, muchas veces.

Frente a la ignorancia, no queda más que someterse a los «iluminados», a los que saben más, a quienes «están más cerca de Dios», a los que tienen autoridad, rindiéndonos ante ellos y sometiendo nuestra conciencia más profunda, poniendo a su disposición nuestra vida entera, nuestro fuero interno y toda nuestra intimidad espiritual. Más que un «abandono de sí mismos», como nos exhortan hacer en los retiros espirituales, resulta más bien ser un despojo de nuestra valía y capacidad propia para relacionarnos con Dios. Por eso, la crisis de poder en lo más profundo, es también una crisis espiritual que atraviesa y rasga a toda la Iglesia.

Para superar la crisis, es necesario desinfantilizar la fe de la Iglesia. Eso incluye a los sacerdotes y obispos, ojo. Por años se ha criticado al laicado por su pasividad e ignorancia, pero los sacerdotes no lo han hecho mucho mejor. Sin ir más lejos, 50 sacerdotes en Santiago vivían enamorados de Fernando Karadima y le rendían culto. Cuatro de ellos llegaron a ser obispos, muchos formadores en el seminario o en la Universidad. Todos ellos de élite, «gente educada», diríamos. Pero no estaban educados en una fe que libera. Por tanto, esta ignorancia no se le debe achacar sólo al laicado parroquial, de barrios bajos, poblacional; evitemos esa caricatura de clase. Para superar la crisis se requiere de un ejercicio de crecimiento de toda la Iglesia, del Pueblo de Dios en su conjunto, para que pueda discernir junto, crítica y reflexivamente, sobre su futuro.    Leer más…

Karla Huerta en Religión Digital, 5 de mayo de 2018

 

La Ascensión 7º Domingo de Pascua – Fray Marcos

(Hch 1,1-11) Recibiréis fuerza para ser mis testigos, hasta los confines del mundo.

(Ef 1,17-23) Que el Padre de la gloria os dé espíritu de revelación para conocerle.

(Mc 16,15-20) «Ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios».

Una vez muerto, Jesús está fuera del tiempo y el espacio. Entender literalmente el subir o el bajar del cielo es mitología.

¿Qué estamos celebrando? Es la pregunta que debemos hacernos hoy. Nos va a costar Dios y ayuda superar la visión física, corpórea y chata de la Ascensión que venimos aceptando durante demasiados siglos. Nos encontramos con el problema de siempre: mezclar la realidad con el relato mítico. La Ascensión no es más que un aspecto de la cristología pascual. Resurrección, Ascensión, glorifica­ción, Pentecostés constituyen una sola realidad, que está fuera del alcance de los sentidos. Esa realidad no temporal, no localizable, es la más importante para la primera comunidad y es la que hay que tratar de descubrir.

Hoy tenemos conocimientos suficientes para intentar una interpretación más acorde con lo que los textos nos quieren trasmitir. No podemos seguir pensando en un Jesús subiendo físicamente más allá de las nubes. Para poder entender la fiesta de la Ascensión, debemos volver al tema central de Pascua. Estamos celebrando la Vida, pero no la biológica sino la divina. Esa Vida no está sujeta al tiempo, por lo tanto no hay en ella acontecimientos, es eterna e inmutable. Solo teniendo en cuenta estas sencillas verdades podremos comprender adecuadamente lo que estamos celebrando este domingo.

Mt no sabe nada de una ascensión. Jn no habla de ascensión, pero en la última aparición Jesús le dice a Pedro: “si quiero que éste permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?” Está claro que para volver primero tiene que irse. El final canónico de Mc, que fue añadido a mediados del s. II, nos dice que Jesús sentó a la derecha de Dios. Solo Lc nos habla de ascensión: “se separó de ellos y fue elevado al cielo”. También en Hechos nos cuenta, incluso con todo lujo de detalles, la subida de Jesús al cielo.

Relatos de raptos eran frecuentes en la literatura clásica. Tito Livio, en su obra histórica sobre Rómulo, dice: “Cierto día Rómulo organizó una asamblea popular junto a los muros de la ciudad para arengar al ejército. De repente irrumpe una fuerte tempestad. El rey se ve envuelto en una densa nube. Cuando la nube se disipa, Rómulo ya no se encontraba sobre la tierra; había sido arrebatado al cielo”. Tenemos otros ejemplos: Heracles, Empédocles, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Todos siguen el mismo esquema.

El AT cuenta el rapto de Elías. También se habla de la asunción de Henoc en (Gen 5, 24). El libro eslavo de Henoc, escrito judío del siglo primero después de Cristo, describe el rapto de Henoc: “Después de haber hablado Henoc al pueblo, envió Dios una fuerte oscuridad sobre la tierra que envolvió a todos los hombres que estaban con Henoc. Y vinieron los ángeles y cogieron a Henoc y lo llevaron hasta lo más alto de los cielos. Dios lo recibió y lo colocó ante su rostro para siempre”. Nada nuevo bajo el sol.

La palabra “cielo” es muy utilizada en religión. La repetimos dos veces en el Padrenuestro, dos en el Gloria y tres en el credo. Arrastra una amplia gama de significados desde la cultura griega y de todo el Oriente Medio. La complejidad de las concepciones del mundo físico en aquella época explica los innumerables matices que encontramos en el “cielo” teológico. No es fácil dilucidar qué sentido se quiere dar a la palabra en cada caso. En el bautismo de Jesús, el cielo se rasgó y lo divino bajó hasta él. Cuando termina su ciclo vital, el cielo vuelve a romperse para que Jesús vuelva a traspasar el límite de lo terreno, para entrar en el cielo.

Un dato muy interesante que nos proporciona la exégesis es que las más antiguas expresiones de la experiencia pascual que han llegado hasta nosotros, sobre todo en escritos de Pablo, están formuladas en términos de exaltación y glorifica­ción, no con la idea de resurrección y menos aún de ascensión. En el AT encontramos abundantes textos que hablan del siervo doliente, machacado por los hombres pero reivindicado por Dios. Esta fue la base de la idea de glorificación con la que se quiso expresar la experiencia pascual.

Lo que celebramos no está en el tiempo, pertenece al hoy como al ayer, no hace referencia a un pasado. Son realidades que están hoy en nuestra propia vida. Puedo vivirlas como las vivieron los discípulos. El hombre Jesús se transforma definitivamen­te alcanzando la meta suprema. Se hace una sola realidad con Dios. Nosotros necesitamos desglosar esa realidad para intentar penetrar en su misterio, analizando los distintos aspectos que la integran. La Ascensión quiere manifestar que llegó a lo más alto, pero no en sentido físico.

La verdadera ascensión de Jesús empezó en el pesebre y terminó en la cruz cuando exclamó: «consumatum est». Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer. Después de ese paso, todo es como un chispazo que dura toda la eternidad. Pero había llegado a la plenitud total en Dios precisamen­te por haberse despegado (muerto) de todo lo que en él era caduco, transitorio, terreno. Solo permaneció de él lo que había de Dios y por tanto se identificó con Dios totalmente, divinamente. Esa es también nuestra meta. El camino también es el mismo que recorrió Jesús: despegarnos de nuestro ego.

La experiencia pascual consistió en ver a Jesús de una manera nueva. El haber vivido con él, el haber escuchado lo que decía y visto lo que hacía no les llevó a la comprensión de su verdadero ser. Estaban demasiado pegados a lo externo, y lo que hay de divino en Jesús no puede entrar por los sentidos. Su desaparición les obligó a mirar dentro de sí, y descubrir allí lo que había vivido Jesús. Solo entonces ven al verdadero Jesús. Hoy seguimos apegados a una imagen terrena de Jesús que también nos impide descubrir su verdadero ser.

Esa vivencia no puede venir de fuera, sino de lo más íntimo de nosotros mismos. Por eso decía Pablo en la segunda lectura: «Que el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerle; ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la riqueza…» No se pide ciencia sino Sabiduría. No pide que nos ilumine los ojos del cuerpo ni de la mente, sino los del corazón. Todo lo que podamos aprender sobre Dios y Jesús, nunca podrá suplir la experiencia interior.

Debemos tener en cuenta que todos estos relatos teológicos tienen una finalidad catequética. Están elaborados para que nosotros entremos en la dinámica de Jesús. No se nos proponen para que admiremos la figura de Jesús ni para que nos sintamos atraídos por ella, sino para que repitamos su misma vivencia. «El padre que vive…» En él debemos descubrir las posibilidades que todo ser humano tiene de llegar a lo más alto del “cielo”. La verdadera salvación del hombre no está en que los libren del pecado, sino en alcanzar la plenitud a la que estamos llamados todos. Esta verdad es la base de toda salvación.

El fin del periplo humano de Jesús da paso al comienzo de la nueva comunidad. Podemos considerar la Ascensión como el final de una etapa en la que los discípulos tuvieron una experiencia singular y única de un Jesús vivo. Sería el momento en que los primeros cristianos dejan de estar pasmados y empiezan la tarea de llevar esa experiencia a todos los hombres. Dejan de mirar hacia el cielo y comienzan a mirar a la tierra. Recordemos que los cuarenta días no es una medida cronológica. Se trata de un kairos espiritual.

 

Meditación

Hoy nos fijamos en la meta a la que Jesús llegó,

que es, al mismo tiempo, el punto del que partió.

Todos hemos salido del Padre y hemos llegado al mundo.

Todos tenemos que dejar el mundo y volver al Padre.

Ese Padre está  en lo más hondo de nuestro ser.

Si me empeño en buscarlo en otra parte, encontraré al ídolo.

 


 

Jaunaren Igokundea / La Ascensión del Señor – José A. Pagola

-B (Markos 16,15-20)

Evangelio del 6/mayo/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

HASIERA BERRIA

Hizkuntza desberdinez deskribatu dute ebanjelariek Jesusek ikasleei gomendatu dien mandatua. Mateoren arabera, Jesusek irakatsi bezala bizitzen ikasi behar duten «ikasleak eratu» behar dituzte. Lukasen arabera, Jesusen inguruan bizi izan dutenaren «lekuko» izan behar dute. Markosek, berriz, «sorkari guztiei Ebanjelioa hots egin behar dietela» esanez laburtu du guztia.

Gaur egun kristau-elkarte batera hurbiltzen direnek ez dute topo egiten zuzenean Ebanjelioarekin. Sumatzen dutena, erlijio zaharkitu baten funtzionamendua da, krisi-zantzu asko dituena. Ezin identifikatu dute argi eta garbi erlijio horren baitan Berri Ona, duela hogei mende Jesusek eragindako hura.

Bestalde, kristau askok ez du zuzenean ezagutzen Ebanjelioa. Jesusez eta haren mezuaz dakiten guztia, katekistei eta predikariei entzundakoa gogoratzetik erdizka eta zatitsu eraiki dezaketena da. Beren erlijioa, Jesusen Ebanjelioarekin harreman pertsonalik izan gabe bizi dute.

Nolatan hots egin dezakete beren elkarteetan beretan ezagutzen ez badute? Vatikano II.a kontzilioak gaur egun ahaztuegia den hau gogorarazi du: «Ebanjelioa du Elizak, aldi guztietan, bere biziaren jatorria». Iritsia da unea kristau-elkarte bat honela ulertu eta eratzeko ordua: leku bat, zeinetan Jesusen Ebanjelioa onartzea izango baita lehenengo gauza.

Ezerk ezin biziberritu izango du krisian den gure elkarteen sarea, Ebanjelioaren indarrak bezala. Soilik, Ebanjelioaren zuzeneko eta bertatik bertako esperientziak biziberritu ahal du Eliza. Urte batzuk barru, krisiak soilik funtsezkoa atxikitzera eragingo digu; garbi ikusiko dugu orduan ezer ez dela garrantzizkoagorik kristauentzat elkarrekin biltzea baino, ebanjelioko kontakizunak irakurri, entzun eta partekatzeko.

Ebanjelioaren indar berritzailean sinestea da lehenengo gauza. Ebanjelioko kontakizunek fedea bizitzen irakasten dute, ez behartuz, baizik erakarriz. Kristau-bizitza biziarazten dute, ez betearaziz, baizik distiratuz eta kutsatuz. Daitekeena da jada gure parrokietan beste dinamika bat abiaraztea. Talde txikietan bildurik, Ebanjelioari loturik, Jesusen jarraitzaileen egiazko nortasuna berreskuratuz joan gintezke.

Ebanjeliora itzuli beharra dugu, hura hasiera berritzat hartuz. Jada ez da on edozein egitarau edo estrategia pastoral. Urte batzuk barru, Jesusen Ebanjelioa elkarrekin entzutea ez da izango jarduera bat gehiago beste askoren artean; baizik eta jarduera nagusia izango da, zeinetatik hasiko baita kristau-fedearen biziberritzea, gizarte sekularizatuan barreiatuak diren elkarte koxkorren baitan.

Arrazoia du Frantzisko aita santuak esaten duenean, Elizaren berrikuntzaren hasiera eta motorra bilatu, gure egun hauetan, «iturburura itzuli eta Ebanjelioaren jatorrizko freskotasuna berreskuratzean» bilatu behar dugula.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Markos 16,15-20)

Evangelio del 6/mayo/2018

NUEVO COMIENZO

Los evangelistas describen con diferentes lenguajes la misión que Jesús confía a sus seguidores. Según Mateo han de «hacer discípulos» que aprendan a vivir como él les ha enseñado. Según Lucas, han de ser «testigos» de lo que han vivido junto a él. Marcos lo resume todo diciendo que han de «proclamar el Evangelio a toda la creación».

Quienes se acercan hoy a una comunidad cristiana no se encuentran directamente con el Evangelio. Lo que perciben es el funcionamiento de una religión envejecida, con graves signos de crisis. No pueden identificar con claridad en el interior de esa religión la Buena Noticia proveniente del impacto provocado por Jesús hace veinte siglos.

Por otra parte, muchos cristianos no conocen directamente el Evangelio. Todo lo que saben de Jesús y su mensaje es lo que pueden reconstruir de manera parcial y fragmentaria, recordando lo que han escuchado a catequistas y predicadores. Viven su religión privados del contacto personal con el Evangelio.

¿Cómo podrán proclamarlo si no lo conocen en sus propias comunidades? El Concilio Vaticano II ha recordado algo demasiado olvidado en estos momentos: «El Evangelio es, en todos los tiempos, el principio de toda su vida para la Iglesia». Ha llegado el momento de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde lo primero es acoger el Evangelio de Jesús.

Nada puede regenerar el tejido en crisis de nuestras comunidades como la fuerza del Evangelio. Solo la experiencia directa e inmediata del Evangelio puede revitalizar la Iglesia. Dentro de unos años, cuando la crisis nos obligue a centrarnos solo en lo esencial, veremos con claridad que nada es más importante hoy para los cristianos que reunirnos a leer, escuchar y compartir juntos los relatos evangélicos.

Lo primero es creer en la fuerza regeneradora del Evangelio. Los relatos evangélicos enseñan a vivir la fe no por obligación, sino por atracción. Hacen vivir la vida cristiana no como deber, sino como irradiación y contagio. Es posible introducir en las parroquias una dinámica nueva. Reunidos en pequeños grupos, en contacto con el Evangelio, iremos recuperando nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Hemos de volver al Evangelio como nuevo comienzo. Ya no sirve cualquier programa o estrategia pastoral. Dentro de unos años, escuchar juntos el Evangelio de Jesús no será una actividad más entre otras, sino la matriz desde la que comenzará la regeneración de la fe cristiana en las pequeñas comunidades dispersas en medio de una sociedad secularizada.

Tiene razón el papa Francisco cuando nos dice que el principio y motor de la renovación de la Iglesia en estos tiempos hemos de encontrarlo en «volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio».

José Antonio Pagola

 

 

7º Domingo de Pascua La Ascensión 13 de mayo de 2018 – Koinonia

Hch 1,1-11: Se elevó a la vista de ellos
Salmo 46: Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas
Ef 1,17-23: Lo sentó a su derecha en el cielo
Mc 16,15-20: Ascendió al cielo y está a la derecha de Dios

Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios

Conclusión del santo evangelio según san Marcos:

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

COMENTARIO LITÚRGICO

El tema protagonista de este domingo es, indiscutiblemente, «la Ascensión», la subida misma de Jesús al cielo. Un segundo tema es el de «el mandato misionero» que el autor de los Hechos de los Apóstoles que compuso aquella escena puso en boca de Jesús.

En el primer tema, «la ascensión misma», no serán pocos los predicadores que simplemente la darán por supuesta, como si fuera indubitablemente histórica en su literalidad textual; habrá creyentes sencillos, de los que de hecho todavía creen que Jesús emprendió una subida física y vertical, «hacia el cielo», que saldrán de la misa con la misma fe de siempre en la Ascensión, la misma que tuvieron nuestros abuelos, y los abuelos de sus abuelos.

Otros predicadores tratarán el tema de la ascensión con una calculada ambigüedad en sus palabras, de forma que no afirme explícitamente la historicidad literal de «la subida», pero tampoco la cuestione; simplemente, dejarla ahí, en un simbolismo implícito, y saltar por encima de ella para centrarse en el segundo tema, el del mandato misionero.

Una tercera actitud sería la de abordar el tema «agarrando el toro por los cuernos», es decir, haciendo caer en la cuenta a los fieles, explícitamente, de que hoy día, ser cristiano no implica en absoluto la necesidad de creer en una «subida física de Jesús» hacia ninguna parte. No vamos a extendernos aquí en un tema que requiere una explicación clara y detallada. Recomendamos más bien la lectura de este iluminador texto de Leonardo Boff, que puede ser tomado de la biblioteca de los Servicios Koinonía, aquí: http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Predicar claramente sobre estos elementos tan elementales, hacerlo con pedagogía y con delicadeza, sin brusquedad de «rompe y rasga», es algo que los fieles suelen agradecer –incluso explícitamente, yendo a la sacristía, tras la misa–. Recomendamos vivamente el texto citado también para utilizarlo en la reunión de estudio bíblico, o incluso para el estudio personal.

El tema del mandato misionero está asociado a la Ascensión por tradición. El final del evangelio de Marcos es el que asocia un mandato misionero de Jesús en el momento de «su despedida antes de partir para el cielo». Hoy sabemos que tal despedida-subida no es histórica, sino una genial composición literaria de Lucas, y que el capítulo final del evangelio de Marcos es añadido posterior, no original. Nada de ello daña en nada a la Misión, que no recibe su fuerza de que realmente fuera proclamada de ese modo precisamente en la escena de la Ascensión. La Misión tiene otro fundamento, ajeno a la historicidad de la escena de la Ascensión. Por eso no beneficia a la Misión justificarla con un procedimiento mítico: «Jesús, antes de subir al cielo para irse al lugar de donde habría venido, al despedirse, pidió a sus amigos asumir la misión, ahora en una nueva etapa, hacia los confines del mundo». Proceder así, con esta argumentación «mítica» -que ha sido una argumentación bien tradicional, empequeñece la misión, porque rebaja sus fundamentos hasta la categoría del mito. Qué sea la misión y qué fundamento tenga, habrá de definirse desde otros fundamentos.

Podemos proclamar aquí, muy oportunamente, un principio conocido en el ámbito de «los nuevos paradigmas»: no necesitamos nuevas interpretaciones elaboradas desde los viejos presupuestos, sino propuestas nuevas pero desde presupuestos realmente nuevos. No refritos de los ingredientes de siempre, sino una teología realmente nueva, desde presupuestos nuevos, aunque pueda resultar chocante de entrada.

Nota: No hay capítulo de la serie «Un tal Jesús» que recoja este evangelio; puede utilizarse el capítulo 130. https://radialistas.net/article/130-sobre-las-nubes-del-cielo/

En la serie «Otro Dios es posible», de los mismos hermanos López Vigil, el capítulo 57 se titula «¿Ascensión y asunción?». Puede ser utilizado en la reunión de grupo para suscitar el debate, tanto su guión, como su audio como su texto complementario:  https://radialistas.net/article/57-ascension-y-asuncion

 

 

El Papa anunciará el 19 de mayo la fecha de la canonización de Pablo VI y Romero

La Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice ha informado mediante un comunicado que el sábado 19 de mayo de 2018, en el Salón del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Francisco presidirá la celebración del Consistorio Público Ordinario para la Canonización de los Beatos:

– Pablo VI (Giovanni Battista Montini), Sumo Pontífice;

– Oscar Arnulfo Romero Galdámez, Arzobispo de San Salvador, Mártir;

– Francesco Spinelli, sacerdote diocesano, fundador del Instituto de las Adoratrices del Santísimo Sacramento;

– Vincenzo Romano, sacerdote diocesano;

– Maria Caterina Kasper, Virgen, Fundadora del Instituto de Pobres Siervas de Jesucristo;

– Nazaria Ignazia de Santa Teresa de Jesús (nacida: Nazaria Ignazia March Mesa), Virgen, Fundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia.

Por otro lado, la misma Oficina también ha informado que el Santo Padre celebrará la Santa Misa de Pentecostés el 20 de mayo de 2018 en la basílica vaticana.

Redacción de Religión Digital, 3 de mayo de 2018

 

La Iglesia se ha convertido en un vestigio del pasado, destinado a la marginación

«Creemos que hay una Buena Nueva que compartir, pero habrá que hacerlo de otra forma». Los obispos de Quebec reflexionan sobre la ordenación de hombres casados.

«Hay comunidades casi extintas. Necesitamos cambiar la forma de hacer las cosas. Creemos que podemos reconstruir la Iglesia». El obispo auxiliar de Quebec, Marc Pelchat, se ha mostrado convencido de que la solución al declive del catolicismo en la región francófona canadiensepuede pasar por la ordenación de los hombres casados con un compromiso probado con la fe -los llamados ‘viri probati’- y ha revelado, además, que los obispos quebequenses discutieron hace poco sobre este mismo tema.

«Durante una sesión a puerta cerrada en una reciente plenaria de los obispos, se habló de la ordenación de hombres casados ??de cierta edad, y cuyo compromiso eclesial se haya puesto a prueba y demostrado», dijo Pelchat en una conferencia dedicada al futuro de la Iglesia en Quebec, según lo recogido por el CNS. «Esta es una reflexión importante que tenemos ahora mismo», añadió el prelado, otrora decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Laval.

Entre las razones que el obispo adujo para abordar la cuestión de la ordenación de los ‘viri probati’, Pelchat mencionó la situación inestable de las iglesias de la región, y apuntó que «en la última década ha habido una caída importante en la demanda de los sacramentos, los ritos funerales incluidos».

«La Iglesia se ha convertido en un vestigio del pasado, destinado a la marginación. Los fieles aún presentes creen que todavía hay una Buena Nueva que compartir, pero habrá que hacerlo de otra forma. Tendremos que perseverar», opinó el obispo Pelchat.

Pero no es que el problema sea solo de números o de fieles o de sacerdotes, según el prelado, con lo que en términos de reforma no será suficiente la fusión de parroquias que la Iglesia en Quebec tiene previsto implementar antes de enero del año que viene. Más bien, el ocaso del catolicismo en la región se debe a que durante mucho tiempo la Iglesia ha metido a los fieles en el papel de espectadores y consumidores, sobre todo con respecto a los sacramentos.

«Tenemos que cambiar esta forma de hacer las cosas», declaró Pelchat.     Leer más…