Convivencia y reconciliación

Daniel Arranz Cuesta

A partir de ahí es necesario interiorizar que estamos en otro momento de la historia y toca preguntarse ¿ahora qué? Y la respuesta no puede ser otra que construir entre todas y todos una democracia para todas y todos, sin exclusiones. Leer más

Corpus – Fray Marcos

(Ex 24,3-8) Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros.

(Heb 9,11-15) Por eso él es el mediador de una alianza nueva.

(Mc 14,12-26) Tomó un pan, lo partió y se lo dio diciendo: comed, esto soy yo.

La plenitud consiste en darse como pan. Descubrir lo que fue Jesús no es suficiente. El objetivo de celebrar la eucaristía es ser nosotros lo que él fue.

La eucaristía es el sacramento de nuestra fe. A pesar de haberle dedicado miles de horas de lectura y reflexión, sigue siendo el más difícil cuando intento hablar de él. Por muy claras que tenga las ideas y por muy razonada que sea la explicación, siempre termina pesando más la postura tradicional ante esta realidad. Pero resulta que la tradición que prevalece no es la original, sino la que se fue elaborando a través de los siglos, al tiempo que se perdía el sentido original del sacramento. ¿Alguien puede imaginarse a Pedro poniéndose de rodillas ante el trozo de pan que le ofrecía Jesús o recogiendo las migas que habían caído?

Los sacramentos son signos que hacen referencia a realidades trascendentes que no pueden entrar por nuestros sentidos. Signo es cualquier sonido, gesto o realidad que, a través de nuestros sentidos, provoca en nuestra mente una imagen concreta. Los signos son la única manera que tenemos los humanos de trasmitir lo que tenemos en nuestro cerebro. Cuando los signos hacen referencia a realidades físicas, pueden ser sustituidos por la cosa en sí. Pero las realidades trascendentes no caen bajo el objeto de nuestros sentidos por lo cual, si queremos hacerlas presentes, no tenemos más remedio que utilizar signos.

En la eucaristía el signo no es el pan, sino el pan partido y repartido, preparado para ser comido, y el vino como sangre (vida) que se pone al servicio de los demás. En ambos casos la realidad significada es el AMOR, que es Dios. Esta realidad, por ser trascendente, divina, está siempre ahí porque no está sometida al tiempo y al espacio. Ni se trae ni lleva, ni se pone ni se quita. DIOS-AGAPE está invadiéndolo todo e identificándolo con Él en todo instante, pero nosotros podemos no ser conscientes de ello; por eso necesitamos los signos, para tomar conciencia de una realidad que está siempre ahí pero puede pasar desapercibida.

Dios no puede estar más en un lugar que en otros. Ni siquiera está más en una persona que en otra. Está siempre en todos de la misma manera. Somos nosotros los que podemos pasar toda nuestra vida sin enterarnos o podemos tomar conciencia de esta realidad y vivirla. El signo lo necesitamos nosotros, porque las cosas llegan a nuestro cerebro a través de los sentidos. Dios ni necesita los signos ni está condicionado por ellos. Dios no está más presente en nosotros después de comulgar que antes de hacerlo. Celebramos la eucaristía y comulgamos para tomar conciencia de una realidad que nos abre infinitas posibilidades.

Creo que estamos en condiciones de comprender que los sacramentos ni son magia ni son milagros. La experiencia me dice lo difícil que va a ser superar la comprensión de la eucaristía como magia. Cuando celebramos una eucaristía ni el sacerdote ni Dios hacen ningún milagro. Lo que hacemos es algo mucho más profundo, pero lo tenemos que hacer nosotros mismos. Tomar conciencia de lo que fue Jesús durante su vida mortal y comprometernos a ser nosotros lo mismo. Lo que pasa fuera de mí, lo que puedo ver u oír es solo un medio para descubrir, dentro de mí, una realidad que me transciende.

Lo repito: el signo no es el pan, a secas, sino el pan partido y repartido, preparado para ser comido. El partir el pan forma parte de la esencia del signo. Jesús se hace presente en ese gesto, no en la materia del pan. Si comprendiéramos bien esto se evitarían todos los malentendidos sobre la presencia real de Jesús en la eucaristía. El pan consagrado hace siempre referencia a una ‘fracción del pan’ (celebración eucarística). Lo mismo en la copa. El signo no es la copa, sino el cáliz bebido, es decir, compartido. Para los judíos la sangre era la vida. La copa derramada es la vida de Jesús (no la muerte) puesta al servicio de todos.

Debemos superar el “ex opere operato”. Ninguna celebración puede tener valor automático. Cuando me llamaron al orden, me dijeron: “Tú tienes que ser como el farmacéutico, que despacha las pastillas a los clientes sin explicarles lo que han hecho en el laboratorio”. Mi desacuerdo con esta propuesta es absoluto. El ácido acetilsalicílico produce su efecto en el paciente automáticamente, aunque no tenga ni idea de su composición. Pero los sacramentos son la unión de un signo con una realidad significada que no se puede dar si no contamos con una mente despierta. Sin esa conexión, el rito se queda en puro garabato.

La realidad significada es Jesús como don; es Dios-Ágape, manifestado en Jesús. La palabra hebrea que traducen al griego por ????, no significa exactamente cuerpo. En la antropología judía el ser humano era un todo único, pero distinguían distintos aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Hombre cuerpo no hace referencia a la carne, sino a la persona sujeto de relaciones. El ???? griego tiene varios significados; al traducirlo por “corpus” terminó por imponerse el significado físico y esto distorsionó el mensaje original. Jesús no dijo: Esto en mi cuerpo sino esto soy yo, esto es mi persona.

La eucaristía resume la actitud vital de Jesús, que consistió en manifestar, amando, lo que es Dios. Como buen hijo, hace siempre presente al padre. La realidad significada, por ser espiritual, no está sometida el tiempo ni al espacio. Hacemos el signo no para crearla, sino para descubrir su presencia y poder así vivirla conscientemente. No podemos celebrar la eucaristía sin los demás. Solo en nuestras relaciones con los demás podemos hacer presente el amor. Con demasiada frecuencia hemos convertido la eucaristía en una devoción particular en la que los otros incluso nos molestan, como me han comentado alguna vez.

Jesús nunca hizo hincapié en que amaba mucho a su Abba, sino en su unidad con Él. Esa misma es la experiencia de todos los místicos de todas las religiones. S. Juan de la Cruz: “¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada!” Dios no puede hacerse presente en un lugar acotado, sencillamente porque no puede dejar de estar en todo lugar. Tampoco puede estar más presente aquí que allí. Nosotros, como seres humanos, no tenemos más remedio que percibirlo en un lugar para poder tomar conciencia de su realidad.

Cuando Jesús propone el mandamiento nuevo, Jesús está hablando de las consecuencias que debía tener en nuestra vida el amor (ágape) del Padre. El fin último de la celebración de una eucaristía es hacer presente, con los signos, este ágape que nos fundiría con Dios y nos abriría a los demás, hasta sentirlos fundidos en Dios también. El hombre tiene el privilegio de poder tomar conciencia de este hecho y vivirlo. El que lo descubre y lo vive descubre su verdadero ser y disfruta siéndolo. Nunca se nos ocurra pensar que dándonos a los demás les estamos haciendo un favor. Con esa actitud de entrega, estás alcanzando tú la plenitud.

Un hombre descubrió la manera de hacer fuego. Viendo la importancia del invento, se fue a la tribu más cercana y les enseñó el proceso. Todos quedaron maravillados al ver aparecer el fuego. Se marchó creyendo que les había ayudado. Mucho tiempo después volvió a ver lo que habían avanzado con la utilización del fuego. Cuando les preguntó, le sacaron a un lugar donde habían construido un altar y habían guardado en una urna de oro los instrumentos de hacer fuego. Todos los días iban a adorar aquellos útiles que tenían tanto poder. Pero no vio fuego por ninguna parte. Eso hemos hecho nosotros con la eucaristía.

 

Meditación

Esto soy yo, pan que me parto y me reparto.

Esto tenéis que ser vosotros.

Todo el mensaje de Jesús esta aquí.

Celebrar la eucaristía es comprometerme con los demás.

Es aprender de Jesús el camino de la entrega.

El pan que me salva no es el  pan que recibo, sino el pan que doy.

 

Kristoren Gorputz Odolak / Cuerpo y Sangre de Cristo – José A. Pagola

-B (Markos 14,12-16.22-26)

Evangelio del 3/junio/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

EUKARISTIA ETA KRISIALDIA

Kristau guztiek dugu ezagutzen. Igandeko eukaristia aisa bihur daiteke «babes erlijioso», aste osoan bizi ohi dugun bizitza gatazkatsutik babesteko. Tentagarria da mezara joatea, esperientzia erlijioso bat partekatzera, alde guztietatik estutzen gaituzten problemak, tirandurak eta albiste txarrak ahazteko.

Batzuetan sentibera izan ohi gara ospakizunaren duintasunari dagokionez; baina gutxiago kezkatzen gaitu Jaunaren afaria ospatze horrek berekin dituen eskakizunez ahazteak. Ez dugu atsegin izaten apaizen batek erritu-araudia zorrotz ez betetzea; baina axola gutxi izan ohi diogu meza ohikeriaz ospatzeari, Ebanjelioaren deiei kasurik egin gabe.

Bat bera da beti arriskua: Kristorekin bihotzaren hondoan elkartasuna egin nahi izatea, sufritzen ari diren anai-arrebekin elkartzeaz arduratu gabe. Eukaristiako ogia partekatu, bai, baina ogirik, justiziarik, etorkizunik ez duten milioika anai-arreben goseari ezikusia eginez.

Datozen urteetan krisiaren ondorioak larriagotzen joan daitezke, uste genuen baino gehiago. Iragartzen ari diren erabakiek handiagotu egingo dut zuzenaren kontrako desberdintasuna, gure artean. Ikusiko dugu nola doan gero eta pobreago bihurtzen geure ingurune hurbilagoko edo urrunagoko jendea, etorkizun ziurtasunik gabeko eta ezin aurreikusiko batean koloka.

Hurbiletik ezagutuko dugu: etorkin-jendea osasun-babesik gabe, gaixo-jendea bere osasun- edo botika-arazoei nola aurre egin ez dakiela, familiak erruki-egintzatik bizitzera behartuak, pertsonak etxea uztera mehatxaturik, jendea laguntzarik gabe, gazteak etorkizun argirik gabe… Ezin saihestu izango dugu. Edota betiko geure ohitura egoistak indartu edota solidarioago bihurtu.

Krisialdian bizi den gizarte honetan eukaristia ospatzeak kontzientzia esnatzera eragin diezaguke. Nori bere onura hutsa kontuan hartzera eragin izan digun bakoizkeriaren kultura alde batera utzi beharra dugu, xinpleki gizatasun handiagoko jende izateko. Eukaristia oro dago bideratua anai-arreba artekotasuna eragitera.

Ez da bidezkoa igandero, urte osoan, Jesusen Ebanjelioa entzutea, haren deiaren aurrean erreakzionatu gabe. Ezin eskatu diogu Aitari «geure eguneroko ogia», lortzeko zailtasunak dituztenak kontuan hartu gabe. Ezin bizi dugu elkartasunik Jesusekin, lagun hurkoarekin eskuzabalago eta solidarioago bihurtu gabe. Ezin eman diogu bakea elkarri, krisia dela-eta bakartiago eta babesik gabeago bizi direnei eskua luzatu gabe.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Marcos 14,12-16.22-26)

Evangelio del 3/junio/2018

EUCARISTÍA Y CRISIS

Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un «refugio religioso» que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana. Es tentador ir a misa para compartir una experiencia religiosa que nos permite descansar de los problemas, tensiones y malas noticias que nos presionan por todas partes.

A veces somos sensibles a lo que afecta a la dignidad de la celebración, pero nos preocupa menos olvidarnos de las exigencias que entraña celebrar la cena del Señor. Nos molesta que un sacerdote no se atenga estrictamente a la normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutinariamente la misa sin escuchar las llamadas del Evangelio.

El riesgo siempre es el mismo: comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

En los próximos años se pueden ir agravando los efectos de la crisis mucho más de lo que nos temíamos. La cascada de medidas que se dictan irán haciendo crecer entre nosotros una desigualdad injusta. Iremos viendo cómo personas de nuestro entorno más o menos cercano se van quedando a merced de un futuro incierto e imprevisible.

Conoceremos de cerca inmigrantes privados de una asistencia sanitaria adecuada, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación, familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas por el desahucio, gente desasistida, jóvenes sin un futuro claro… No lo podremos evitar. O endurecemos nuestros hábitos egoístas de siempre o nos hacemos más solidarios.

La celebración de la eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos. Toda la eucaristía está orientada a crear fraternidad.

No es normal escuchar todos los domingos a lo largo del año el Evangelio de Jesús sin reaccionar ante sus llamadas. No podemos pedir al Padre «el pan nuestro de cada día» sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlo. No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis.

José Antonio Pagola

 

 

Cuerpo y Sangre de Cristo 3 de junio – Koinonia

Éx 24,3-8: Ésta es la alianza que hace el Señor
Salmo 115: Alzaré la copa de salvación, invocando el nombre del Señor
Heb 9,11-15: La sangre de Cristo los purificará
Mc 14,12-16.22-26: Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

COMENTARIO BÍBLICO

Situada entre dos mares, con sus dos puertos, la ciudad de Corinto era el centro más importante del archipiélago griego, encrucijada de culturas y razas, a mitad de camino entre Oriente y Occidente.

Su población estaba compuesta por doscientos mil hombres libres y cuatrocientos mil esclavos. Dicen que Corinto tenía ocho kms. de recinto amurallado, veintitrés templos, cinco supermercados, una plaza central y dos teatros, uno de ellos capaz para veintidós mil espectadores. En Corinto se daban cita los vicios típicos de los grandes puertos. La ociosidad de los marineros y la afluencia de turistas, llegados de todas partes, la habían convertido en una especie de capital de «Las Vegas» del Mundo Mediterráneo. «Vivir como un corintio» era sinónimo de depravación; «corintia» era el término universalmente empleado para designar a las prostitutas, y ya puede uno imaginarse lo que significaba «corintizar».

En Corinto, cuya población era muy heterogénea (griegos, romanos, judíos y orientales) se veneraba a todos los dioses del “Pan-teón” griego. Sobre todos ellos, a Afrodita, cuyo templo estaba asistido por mil prostitutas.

Hacia el año 50 de nuestra era llegó a esta ciudad Pablo de Tarso. Tras predicar el Evangelio fundó una comunidad cristiana. Durante dieciocho meses permaneció como animador de la misma. Sus feligreses pertenecían a las clases populares (pobres y esclavos), pero también los había de entre la gente notable, por su cultura y por su dinero. Nació así una de las comunidades cristianas primitivas más conflictivas.

Cuando Pablo, por impulso de su vocación misionero, se marchó de Corinto, se declaró en su seno una verdadera lucha de clases que se manifestaba vergonzosamente en la celebración de la Eucaristía. Aquellos nuevos cristianos, ricos y pobres, libres y esclavos, convivían, pero no compartían; eran insolidarios. A la hora de celebrar la Eucaristía (por aquel entonces se trataba simplemente de la “fracción del pan?, comer juntos recordando a Jesús) se reunían todos, pero cada uno formaba un grupo con los de su clase social, de modo que «mientras unos pasaban hambre, los otros se emborrachaban» (1Cor 11,17ss).

Desde Éfeso, Pablo les dirigió una dura carta, para recordarles qué era aquello de la Eucaristía, lo que Jesús hizo la noche antes de ser entregado a la muerte, cuando, «mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo…».

Sería malentender a Jesús que lo que estaba haciendo era mandar ir a misa y comulgar, un rito que en nada complica la vida. Rito que no sirve para nada si, antes de misa, no se toma el pan -símbolo de nuestra persona, nuestros bienes, nuestra vida entera- y se parte, como Jesús, para repartirlo y compartirlo con los que son nuestros prójimos cotidianos.

Habrá que recuperar el significado profundo del rito que Jesús realiza. «La sangre que se derrama por ustedes» significa la muerte violenta que Jesús habría de padecer como expresión de su amor al ser humano; «beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él a dar la vida, si fuese necesario, por los otros. Y esto es lo que se expresa en la eucaristía; ésta es una “nueva alianza?, un compromiso de amor a los demás hasta la muerte. Quien no entiende así la eucaristía, se ha quedado en un puro rito que no sirve.

Una mala interpretación de las palabras de Jesús ha identificado el pan con su cuerpo y el vino con su sangre, llegándose a hablar del milagro de la «transustanciación o conversión del pan en el cuerpo y del vino en la sangre de Cristo». Los teólogos, por lo demás, se las ven y se las desean para explicar este misterio. Como si esto fuera lo importante de aquel rito inicial. El significado de aquellas palabras es bien diferente: «En la cena, Jesús ofrece el pan («tomad) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en griego soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. El evangelista no indica que los discípulos coman el pan, pues todavía no se han asimilado a Jesús, no han digerido su forma de ser y de vivir, haciéndola vida de sus vidas. Al contrario que el pan, Jesús da la copa sin decir nada y, en cambio, se afirma explícitamente que «todos bebieron de ella». Después de darla a beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». La sangre que se derrama significa la muerte violenta o, mejor, la persona en cuanto sufre tal género de muerte. «Beber de la copa» significa, por tanto, aceptar la muerte de Jesús y comprometerse, como él, a no desistir de la actividad salvadora (representada por el pan) por temor ni siquiera a la muerte. «Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía. Tal vez nosotros la hayamos reducido al misterio –por lo demás bastante difícil de entender y explicar– de la conversión del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

«Mi Cuerpo es Comida»

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

(Pedro Casaldáliga)

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 110 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión, el audio y su comentario se encuentran aquí:

https://radialistas.net/article/11o-la-cena-de-pascua/

La serie «Otro Dios es posible» de los mismos hermanos López Vigil, incluye un capítulo (una «entrevista») titulado «¿El Cuerpo y la Sangre de Cristo?». El audio, el guión y los textos complementarios pueden ser encontrados en esta página:

https://radialistas.net/article/64-el-cuerpo-y-la-sangre-de-cristo/

En la biblioteca de Koinonía (servicioskoinonia.org/biblioteca) hay una obra de José María CASTILLO, célebre sobre el tema de eucaristía y justicia: «Donde no hay justicia no hay eucaristía». Está disponible libremente, en dos versiones, amplia y breve

 

Cáritas denuncia que «la desigualdad se está enquistando en nuestra sociedad»

Más de 600.000 hogares sin ingresos, el 70% de las familias españolas no percibe la recuperación económica. Tener un empleo no es suficiente para salir de la pobreza», pues se está fomentando «un mercado laboral que genera empleo precario, y una sociedad cada vez más desigual».

«Estamos dejando abandonados a mucha gente. Nos van a acusar de pesimistas, de insatisfechos o de manipuladores políticos. Estamos dispuestos a pagar este precio». Francisco Lorenzo, director del Área de Acción Social de Cáritas Española, trazó un crudo diagnóstico ante la tan cacareada ‘recuperación económica’. «La desigualdad se está enquistando en nuestra sociedad».

En una rueda de prensa, los responsables de Cáritas denunciaron el «riesgo de invisibilizar a las personas atrapadas en la precariedad», especialmente a los que ya vivían en la exclusión antes de la crisis.

«Existe una realidad de exclusión social de personas y familias que no está respondiendo a los cambios coyunturales, y cuya dificultad se encuentra relacionada con dificultades estructurales de nuestro modelo socioeconómico para avanzar hacia una sociedad más inclusiva y generadora de oportunidades», apunta Cáritas en un documento, donde se destaca cómo después de tres años de recuperación, según los indicadores macroeconómicos,el 70% de los hogares no están percibiendo los efectos de la misma.

«Esto es especialmente grave en los hogares bajo el umbral de la pobreza -destacó Lorenzo-, donde el 91% no ha sentido una mejora en sus condiciones de vida». Existen hogares especialmente frágiles: más de 600.000 hogares en España continúan sin ingresos.     Leer más…

Jesús Bastante en Religión Digital, 24 de mayo de 2018

Los miedos de la Iglesia

Tendría que venir Jesús el viviente resucitado, figura de todos los vivientes que resucitan sin cesar, y volver a decirnos aquello que tan insistentemente repite en los evangelios: “¡No tengáis miedo! No temáis por lo que podáis comer o beber o vestir. Ni a los que os puedan matar. Mirad a los pájaros del cielo y a los lirios del campo. No busquéis en la tumba, no os aferréis al pasado, no temáis el futuro. Id a Galilea, a la vida cotidiana, a sembrar, a crear, a vivir. Sed libres del ego y de todas las doctrinas”.

El miedo es un mecanismo biológico fundamental de defensa de la vida. Está presente en el cerebro reptil que aún llevamos los humanos en la base de los otros dos cerebros: el mamífero y el humano. El miedo nos alerta de los muchos peligros que amenazan la vida. Sin el miedo seríamos ciegos e imprudentes, incluso crueles. Sin el miedo habríamos muerto hace mucho tiempo, aunque la muerte a su vez es transformación y tampoco sin ella puede sobrevivir la vida. Si queremos vivir y que la Vida perdure en todas sus formas es, pues, necesario aprender a morir. Sí, pero también es necesario aprender a temer. Como aquel muchacho del cuento de los Hermanos Grimm que no conocía el miedo y salió al mundo para experimentarlo.

Aprender a temer significa entre otras cosas liberarnos del miedo, máxime de aquellos miedos, las fobias, que amenazan más que preservan la vida. Los estragos del miedo en nuestra vida, en nuestra sociedad, en nuestro mundo, son terribles. El miedo explica casi todos los desastres: complejos y angustias, celos y envidias, codicia, corrupción y mentira, el terrorismo y el antiterrorismo, y la guerra más terrorista y asesina de todas que es la economía de la especulación y el mercado.

También las Iglesias cristianas, la Iglesia católica en particular, se muestran presa del miedo. Así fue durante siglos desde muy pronto, desde que la Iglesia se hizo poderosa, aliada con unos poderes y enfrentada a otros. A la llegada del mundo moderno con la razón y la ciencia, la reivindicación de la libertad y de la liberación de todos los oprimidos, su miedo se volvió pánico. Mientras más temía más se atrincheraba, y mientras más se atrincheraba más débil se volvía.

En eso llegó Juan XXIII y dijo: “Abramos las ventanas. Que sople el Espíritu. Que callen los profetas de calamidades. Es hora de usar la medicina de la misericordia y no de la severidad”. Fue una bocanada de aire fresco.

Una bocanada breve y pasajera, pues muy pronto se volvieron a cerrar las ventanas y se frustraron los sueños del Vaticano II (1962-1965). Pablo VI (1963-1978) fue un hombre de grandes horizontes, pero lleno de miedos, tanto durante como después del Concilio. Y luego vino Juan Pablo II, el papa polaco dispuesto a reponer las cosas en su sitio. “No tengáis miedo” fueron sus primeras palabras desde la ventana del Vaticano en la plaza de San Pedro, y esa fue la consigna más repetida de su pontificado. Sin embargo, a lo largo de sus 27 años de mandato, en su severidad y contundencia se traslucía miedo. Sus muchas condenas revelaban mucho miedo.

Hoy todavía prevalecen los miedos: el miedo al cambio, el miedo a renunciar a la posesión de la verdad y al control de la moral, el miedo a la duda, el miedo a la herejía (siendo así que la herejía más peligrosa es el miedo), el miedo a perder el poder e incluso los dineros, el miedo a la laicidad, el miedo a la diversidad, el miedo al pluralismo tachado de relativismo, el miedo a la libertad, el miedo tan masculino a la mujer, el miedo a la perspectiva de género, el miedo a la homosexualidad y a toda identidad y orientación sexual que no sea la consagrada por la convención en nombre de la religión, el miedo al ser humano en su devenir tan abierto, el miedo al Espíritu libre, el miedo a lo nuevo, el miedo a la muerte, en una palabra, el miedo a la vida.

¿Podrá el papa Francisco abrir un nuevo tiempo a la Iglesia, si no afronta todos esos miedos con mayor decisión, si no promueve reformas mucho más radicales en el Derecho Canónico, en el modelo clerical y patriarcal de Iglesia, en tantas doctrinas teológicas incomprensibles para los hombres y mujeres de hoy?

La Iglesia se encuentra tal vez en la mayor encrucijada de su historia bimilenaria: o se libera de sus miedos o perecerá en ellos.

Joxe Arregi en Diario de Noticias de Navarra, 15 de abril de 2018

 

 

 

El clero no tiene ‘bula’ para abusar de menores y, además, ocultarlo

La conducta de este Papa es la que tenía que haber asumido el papado hace muchos años. El teólogo reivindica la “valentía y coherencia” de Francisco en este tema.

El reciente problema, que el papa Francisco ha tenido con los obispos de Chile, ha puesto al descubierto, no sólo la gravedad del problema de la pederastia en el clero, sino además la honradez del papa Bergoglio, que ha pedido perdón públicamente por lo que este escandaloso asunto ha representado para la Iglesia, para el papado y para el episcopado.

Este escándalo y tantos otros, de los que nos vamos enterando, sobre todo en los últimos años, están indignando a no pocos católicos y ya han provocado que algunos obispos pongan el grito en el cielo. Los trapos sucios se lavan en casa, pero no se airean, para que todo el mundo se entere de las debilidades humanas que se producen entre el clero, como se producen y se reproducen entre todos los mortales. ¿No sería mejor mantener esas cosas en oculto, como se ha hecho durante siglos en la Iglesia?

Los delitos de pederastia son delitos graves, que se cometen contra menores. Y sabemos que, según las Leyes, ocultar delitos graves contra seres inocentes es cometer otro delito. Y además un delito importante. El clero no tiene «bula» para abusar de menores y, además, ocultarlo. El papa Francisco está haciendo lo que tiene que hacer. Y añado que quienes se enfrentan a este papa, porque está dando a conocer este escandaloso asunto, se hacen cómplices de una de las formas más vergonzosas de delincuencia.        Leer más…

José M. Castillo en Religión Digital, 23 de mayo de 2018

Hay 15 ó 20 obispos que bloquean cualquier cambio

Un prelado destapa la estrategia de “resistencia” de un sector de la Iglesia española. Piensan que esto será un viento que pasará, y que después llegará su momento, el de la restauración.

No lo digo yo: quien lo cuenta es un obispo español, que se confiesa en una charla de café. Y que confirma lo que desde esta página llevamos meses denunciando: un sector nada desdeñable de la Iglesia española ha optado por la ‘resistencia’, por enfrentarse a los cambios que propugna el Papa Francisco no desde la oposición directa, sino desde el silencio, la inactividad y el bloqueo.

«Piensan que esto será un viento que pasará, y que después llegará su momento, el de la restauración», añade este prelado, quien no obstante se muestra convencido de que «la realidad va por otro lado, y más pronto que tarde tendrán que darse cuenta de que no hay marcha atrás». «Tiene que pasar como en la época de Tarancón y la Transición… sólo que ahora no tenemos ningún Tarancón, y sí muchos ‘aprendices de don Marcelo'», añade este obispo.

Lo cierto es que, desde que hace cinco años Francisco asumiera la cátedra de Pedro, la reacción de un grupo de prelados -minoritario, pero muy poderoso- ha sido la de esconderse en sus cuarteles de invierno. Y, lo que es peor, utilizar frases del propio Papa para justificar actuaciones que van radicalmente en contra de los postulados de Bergoglio. No son muchos, pero sí hay algunos de ellos relativamente ‘jóvenes’ y, por tanto, esperan pacientemente a que llegue su turno.

No hay que olvidar que Osoro, Omella o Blázquez (como el propio Papa), ya cuentan con una carrera dilatada, y sus años al frente de las diócesis no deberían superar los 6 o 7 años. Frente a ellos, algún arzobispo que roza los 60, y un grupo de obispos -los más reaccionarios, curiosamente los más cercanos a Rouco Varela y su delfín, Fidel Herráez-, con al menos veinte años de episcopado en el horizonte. Otros, más mayores, todavía tienen algunos años de futuro, necesarios para tomar el mando cuando, según esperan, pase ‘la gripe Bergoglio’ (así la llaman) y vengan ellos con la medicina: Involucionitis.

Jesús Sanz, Munilla, Camino, Demetrio, Zornoza, Carrasco, Reig, Herráez, Pérez… son minoría, pero una minoría muy cualificada. Muy bien organizada. Que ha optado por la resistencia y el bloqueo, aunque no se atreve a dar la cara y apuntar, directamente, a quien consideran su enemigo: el mismísimo Papa Francisco.

Jesús Bastante en Religión Digital, 18 de mayo de 2018

 

Roma propone un impuesto a las ‘offshore’ para resolver el hambre en el mundo

Durísimo documento del Vaticano contra el mercado del capitalismo salvaje. La Santa Sede abogar por crear comités éticos ante los «inmorales» productos financieros.

Durísimo documento del Vaticano contra el mercado y sus estratagemas para perpetuar su poder en el mercado económico-financiero. Especialmente, en lo tocante a las ‘offshore’ que «se han convertido en lugares de lavado de dinero ‘sucio’, es decir, fruto de ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, asociación criminal, mafia, botín de guerra…)».

El documento ‘Oeconomicae et pecuniariae quaestiones‘, publicado al alimón por Doctrina de la Fe y el nuevo Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, denuncia la «elusión fiscal» de los mercados, que «representa una abominable sustracción de recursos a la economía real y un daño para toda la sociedad civil».

El texto vaticano identifica riesgos, injusticias e inmoralidades en el actual sistema. Pero sugiere también soluciones: pide mayores reglas para que todos tengan garantías, propone un impuesto mundial sobre las transacciones «offshore» (que podría resolver el problema del hambre en el mundo) e invita a llevar a cabo cambios estructurales para resolver el problema de la deuda pública de muchos países.

«Frente a la inmensidad y omnipresencia de los actuales sistemas económico-financieros, nos podemos sentir tentados a resignarnos al cinismo y a pensar que, con nuestras pobres fuerzas, no podemos hacer mucho. En realidad, cada uno de nosotros puede hacer mucho, especialmente si no se queda solo», concluye el documento, que ‘baja al barro’ y concreta problemas y soluciones ante, por ejemplo, las «burbujas especulativas», los «repentinos colapsos ruinosos» y las crisis sistémicas.     Leer más…

Jesús Bastante en Religión Digital, 17 de mayo de 2018

‘Mujeres de la Biblia’

Antonio Aradillas

La «salvación» y continuidad de la Iglesia está en manos femeninas. A la mujer, por mujer, no es ya posible seguir cerrándole las puertas de las plenas responsabilidades eclesiásticas. Leer más