Coloquio sobre ateísmo, agnosticismo y creencia

Deme Orte,  miembro de Xarxa Cristiana

Para mí “creyente” significa más fe que creencias. Las creencias son como el revestimiento de la fe. Pero la fe viene a ser un sentimiento muy simple, que se llama confianza. Fe es fiarse, confiar. Más que “creer que” (eso es opinión o convicciones), es “creer en”: creer en alguien, en la vida, en el amor, en el misterio que nos abarca, se llame como se llame. Leer más

Medios de desinformación masiva

Editorial de Redes Cristianas

“Lo malo que tiene esta edad de oro de la comunicación es que no hay forma de saber lo que realmente está pasando” dice una viñeta de El Roto. Y José Luis Sampedro, con la lucidez y sabiduría que le caracterizaba lo confirma: “En nuestra sociedad hay libertad de expresión: podemos decir lo que pensamos; pero no hay libertad de pensamiento: nos faltan muchos datos para conocer lo que realmente está pasando… Leer más

Domingo 6º Tiempo ordinario – Fray Marcos

Liberar a los demás es siempre arriesgarse

(Lv 13,1-2.44-46) El sacerdote le declarará impuro de lepra en la cabeza.

(1Cor 10,31-11,1) No deis motivo de escándalo a judíos ni a griegos ni a la Iglesia.

(Mc 1,40-45) Si quieres puedes limpiarme… Lo tocó y dijo: Quiero: queda limpio.

Liberar a los demás es siempre arriesgarse. Siempre que queremos ayudar evitando el compromiso y el riesgo, estamos falseando el amor.

Seguimos en el primer capítulo de Mc. Después de un enunciado general, que resume su habitual manera de actuar, (fue predicando por las sinagogas y expulsando demonios), nos narra la curación de un leproso. El leproso no tiene nombre. Tampoco se habla de tiempo y lugar determinados. Se advierte una falta total de lógica narrativa. Apenas ha pasado un día de la predicación de Jesús y ya le conocen hasta los leprosos que vivían en total aislamiento.

La primera lectura es suficientemente expresiva. La lepra era el motivo más radical de marginación. Lo que se entendía por lepra en la antigüedad no coincide con lo que es hoy esa enfermedad concreta. Más bien se llamaba lepra a toda enfermedad de la piel que se presentara con un aspecto más o menos repugnante. Tanto la lepra como las normas sobre la enfermedad no son originales del judaísmo. Esas normas nos parecen hoy inhumanas, pero debían defenderse de una enfermedad que podía causar estragos en una población.

Se trataba de salvaguardar la vida de la comunidad ante una enfermedad contagiosa y mortal. Sin la garantía de que era Dios el que lo mandaba, no hubiera tenido ningún efecto la prohibición. Por eso todas las normas se presentaban como recibidas de Dios, aunque fueran simplemente profilácticas. En una de las losas donde se encontró escrito el Código de Hammurabi, lo primero que aparece es la figura del rey recibiendo de Dios el escrito.

Se acercó, suplicándole de rodillas: Si quieres puedes limpiarme. Esta actitud indica a la vez valentía, porque se atreve a trasgredir la Ley, pero también el temor a ser rechazado precisamente por eso. Se puede descubrir una complicidad entre el leproso y Jesús. Los dos van más allá de la Ley. Uno por necesidad imperiosa, el otro por convicción profunda.

Sintiendo lástima. La devaluación del significado de la palabra “amor” nos obliga a buscar un concepto más adecuado para expresar esa realidad. En el NT, ‘compasivo’ se dice solo de Dios y de Jesús. La acción de Dios manifestada a través de los sentimientos humanos. La compasión era ya una de las cualidades de Dios en el AT. Jesús la hace suya en toda su trayectoria. Es una demostración de que para llegar a lo divino no hay que destruir lo humano. La compasión es la forma más humana de manifestar el amor.

Le tocó. El significado del verbo griego no es en primer lugar tocar sino sujetar, atar, enlazar. Este significado nos acerca más a la manera de actuar de Jesús. Quiere decir que no solo le tocó un instante, sino que mantuvo esa postura durante un tiempo. Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir de la lepra, podemos comprender el profundo significado del gesto, suficiente, por sí mismo, para hacer patente la actitud vital de Jesús. No solo está por encima de la Ley sino que asume el riesgo de contraer la lepra.

Quiero… La simplicidad del diálogo esconde una riqueza de significados: Confianza total del leproso y respuesta que no defrauda. No le pide que le cure, sino que le limpie. Por tres veces se repite el verbo limpiar, verbo que significa también liberar. Nos está lanzando más allá de una simple curación. No solo desaparece la enfermedad, sino que le restituye en su plena condición humana: le devuelve su condición social y su integración religiosa. Vuelve a sentir la amistad de Dios, que era el valor supremo para todo buen judío.

Lo echó fuera… y cuando salió… La segunda parte del relato es de una gran importancia. Se supone que estaban en un lugar apartado del pueblo, sin embargo el texto griego dice literalmente: lo expulsó fuera, y del leproso dice: cuando salió. Una vez más nos está empujando a una comprensión espiritual. Jesús no quiere que continúe junto a él y lo despide inmediatamente; eso sí, con el encargo de no contarlo y de presentarse ante el sacerdote. Una vez más, manifiesta Mc el peligro de que las acciones de Jesús en favor del marginado fueran mal interpretadas.

¡Qué curioso! Jesús acaba de saltarse la Ley a la torera, pero exige al leproso que cumpla lo mandado por Moisés. Hay que estar muy atento para descubrir el significado. Jesús no está nunca contra la Ley, sino contra las injusticias y tropelías que se cometían en nombre de la Ley. Él mismo tuvo que defenderse: “no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud”. Jesús se salta la Ley cuando le impide estar a favor del hombre. Presentarse al sacerdote era el único modo que tenía el leproso de recuperar su estatus social.

El evangelio nos dice que las consecuencias de la proclamación, de hecho, fueron nefastas para Jesús. Si había tocado a un leproso, él mismo se había convertido en apestado. Y no podía ya entrar abiertamente en ningún pueblo. Las consecuencias de la divulgación del hecho podían también ser nefastas para el leproso. Era el sacerdote el único que podía declarar puro al contagiado. Los sacerdotes podían ponerle dificultades si tenían conocimiento de cómo se había producido la curación.

La lepra producía exclusión porque la sociedad era incapaz de protegerse de ella por otros medios. Hoy la sociedad sigue creando marginación por la misma razón, no encuentra los cauces adecuados para superar los peligros que algunas conductas sociales suponen para los instalados. No somos todavía capaces de hacer frente a esos peligros con actitudes humanas. A veces se toman medidas para aliviar la situación de los marginados, pero teniendo mucho cuidado de no cambiar la situación que supondría perder privilegios.

Jesús se pone al servicio del hombre sin condiciones. Lo que tenemos que hacer es servir a los demás como hace Jesús. Dios no tiene nada que ver con la injusticia, ni siquiera cuando está amparada por la ley humana o divina. Jesús se salta a la torera la Ley tocando al leproso. Ninguna ley humana, sea religiosa, sea civil, puede tener valor absoluto. Lo único absoluto es el bien del hombre. Pero para la mayoría de los cristianos sigue siendo más importante el cumplimiento de la ley que el acercamiento al marginado.

No creo que haya uno solo de nosotros que no se haya sentido leproso y excluido por Dios. El pecado es la lepra del espíritu, que es mucho más dañina que la del cuerpo. Es un contrasentido que, en nombre de Dios, nos hayan separado de Dios. El evangelio de Jesús es, sobre todo, buena noticia. El Dios de Jesús es Padre porque es Agape. De Él nadie se tiene que sentir apartado. La experiencia de ser aceptado por Dios es el primer paso para no excluir a los demás. Pero si partimos de la idea de un Dios que excluye, encontraremos mil razones para excluir en su nombre. Es lo que hoy seguimos haciendo.

Seguimos aferrados a la idea de que la impureza se contagia, pero el evangelio nos está diciendo que la pureza, el amor, la libertad, la salud, la alegría de vivir, también pueden contagiarse. Este paso tendríamos que dar si de verdad somos cristianos. Seguimos justificando demasiados casos de marginación bajo pretexto de permanecer puros. ¡Cuántas leyes deberíamos saltarnos hoy para ayudar a todos los marginados a reintegrarse en la sociedad y permitirles volver a sentirse seres humanos!

Meditación

El nuevo nombre del amor podría ser hoy compasión.

Todos los que encontramos en nuestro camino

esperan que sepamos hacer nuestros sus padecimientos.

Si fuésemos capaces de compadecernos, vendría el Reino.

Como limitados, necesitamos que los demás nos completen.

Como humanos, debemos volcarnos en los demás.

 

 

 

Urteko 6º igandea / Domingo 6º Tiempo ordinario – José A. Pagola

-B (Markos 1,40-45)

Evangelio del 11 /Feb / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ZOKORATUEN ADISKIDE

Jesus oso sentibera zen bidean aurkitzen zuen sufrimenaren aurrean: gizartetik bazterturik, erlijioak mespretxaturik edota moralaz edo erlijioaz handiago sentitzen ziren sektoreek ukaturik ikusten zuen jendearen sufrimenaren aurrean.

Barrutik ateratzen zaio hori. Badaki Jainkoak ez duela inor negatiboki bereizten. Ez duela inor baztertzen, ez eskomikatzen. Ez dela jende onarena bakarrik. Guztiak dituela onartzen eta bedeinkatzen. Goizean goiz jaikitzeko ohitura zuen Jesusek, otoitz egiteko. Behin batean egunsentia nola ikusten zuen agertu zuen: «Jende onarentzat eta gaiztoarentzat aterarazten du Jainkoak eguzkia». Horrelakoa da bera.

Horregatik, batzuetan, indarrez eskatzen du gaitzespen guztiak etetea: «Ez juzkatu eta ez zaituztete juzkatuko». Beste batzuetan, parabola laburrak kontatzen ditu eskatzeko, ez dadila hasi inor «garia eta belar txarra» bereizten, guztien epaile gorena bailitzan.

Baina bere jarduera du gauzarik miresgarriena. Bekatariekin, prostitutekin eta gogaikarriekin otorduak egitea izan zen Jesusen ezaugarririk bereziena eta probokatzaileena. Ezohiko gauza zen hori. Inoiz ez zen ikusi Israel herrian «Jainkoaren gizaki» famako bat bekatariekin bizi-bizi jaten eta edaten.

Gidari erlijioso errespetagarrienek ezin jasan izan zuten hori. Oldarkor erreakzionatu zuten: «Horra tripazain eta mozkor bat, bekatarien adiskide bat». Jesusek ez zuen egin horren kontrako defentsarik. Egia zen. Bere hondoaren hondoenean errespetu handia eta adiskidetasun hunkigarria sentitzen zuen gizarteak edo erlijioak zokoratua zuen jendearekiko.

Markosek lepradun baten sendatzea dakar bere kontakizunean, baztertuekiko Jesusek zuen maitasuna azpimarratzeko. Paraje bakarti bat zeharkatzen ari da Jesus. Bat-batean, lepradun bat hurbildu zaio. Lagunik ez du. Bakardadean bizi da. Bere larruan du baztertuaren marka. Guztiengandik aparte bizitzera behartu dute legeek. Pertsona kutsatua da.

Belauniko, erregu apala egin dio Jesusi lepradunak. Zikin dakusa bere burua. Ez dio hitz egin bere gaixotasunaz. Estigma orotatik garbi izan nahi du: «Nahi baduzu, garbi nazakezu». Hunkitu egin da Jesus gizaki hura bere oinetan ikustean, desitxuratua gaixotasuna eta guztien baztertzea direla medio. Beste hainbat estigmatizaturen bakardadea eta etsia irudikatzen ditu gizon horrek. Jesusek «eskua luzatu du» haren larrua ukitu nahiz; «ukitu du» eta diotso: «Nahi dut. Izan zaitez garbi».

Ustezko geure goratasun moraletik gizatalde desberdinen bat (eskekoak, prostituituak, toxikomanoak, hiesdunak, etorkinak, homosexualak…) bereizten dugunean edota elkar bizitzatik baztertzen, geure harrera ona ukatuz, larriki ari gara geure burua urruntzen Jesusengandik.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


AMIGO DE LOS EXCLUIDOS

-B (Markos 1,40-45)

Evangelio del 11 /Feb / 2018

Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, olvidados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: «Dios hace salir su sol sobre buenos y malos». Así es él.

Por eso a veces reclama con fuerza que cesen todas las condenas: «No juzguéis y no seréis juzgados». Otras, narra una pequeña parábola para pedir que nadie se dedique a «separar el trigo y la cizaña», como si fuera el juez supremo de todos.

Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de «hombre de Dios» comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores». Jesús no se defendió. Era cierto, pues en lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies a aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero, queda limpio».

Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, psicóticos, inmigrantes, homosexuales…) y los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida nos estamos alejando gravemente de Jesús.

José Antonio Pagola

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo 6º Tiempo ordinario 11 de febrero de 2018 – Koinonia

Lev 13,1-2.44-46: El leproso vivirá solo fuera del campamento
Salmo 31: Tú eres mi refugio; me rodeas de cantos de liberación
1Cor 10,31–11,1: Sigan mi ejemplo como yo sigo el de Cristo
Mc 1,40-45: Se le quitó la lepra y quedó limpio

La lepra se le quitó, y quedó limpio

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En el evangelio de Marcos que hoy leemos, Jesús se encuentra con un leproso arriesgado que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico.

En la tradición judía (primera lectura) la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma –¡o de su familia!–. Porque entonces se la consideraba contagiosa, la lepra común estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). El enfermo de lepra era un muerto en vida, y lo peor era que la enfermedad era considerada normalmente incurable. Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada «impura», con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!», para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad.

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y le toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y que excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario: pone en el centro la vida de las personas. La vida y las personas por encima de la ley, no al revés.

Jesús le pide silencio (es el conocido tema del «secreto mesiánico», que todavía hoy resulta un tanto misterioso), y le envía al sacerdote como signo de su reinclusión en la dinámica social, «para que sirva de testimonio» de que Dios desea y puede actuar aun por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas. Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación. No parece servirse de la mediación del sacerdote o de la institución del templo, sino que se auto-incluye y toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.

Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura («no es lo mismo predicar que dar trigo», dice el refrán). Palabra y hechos. Decir y hacer. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, por encima de toda ley que aliene. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

La segunda lectura, que sigue, como siempre, un camino independiente frente a la relación entre la primera y la tercera, es un bello texto de Pablo que habla de la integralidad de la espiritualidad. La espiritualidad no es tan «espiritual»; de alguna manera es también «material». Hay que recordar que la palabra «espiritualidad» es una palabra desafortunada. Tenemos que seguir utilizándola por lo muy consagrada que está, pero necesitamos recordar que no podemos aceptar para su sentido etimológico. No queremos ser «espirituales» si ello significara quedarnos con el espíritu y despreciar el cuerpo o la materia.

Pablo está en esa línea: «ya sea que comáis o que bebáis o que hagáis cualquier otra cosa…». No sólo las actividades tradicionalmente tenidas como religiosas, o espirituales, tienen que ver con la espiritualidad, sino también actividades muy materiales, preocupaciones muy humanas, como el comer y beber, o cualquier otra actividad de nuestra vida, pueden, deben ser integradas en el campo de nuestra espiritualidad (que ya no resultará pues «solamente espiritual»). Nuestra vida de fe puede y debe santificar toda nuestra vida humana, en todas sus preocupaciones y trabajos, no sólo cuando tenemos la suerte de poder dedicar nuestro tiempo a actividades «estrictamente religiosas», como podrían ser la oración o el culto.

El Concilio Vaticano II insistió mucho en esto: «todos estamos llamados a la santidad» (cap. V de la Lumen Gentium). No hay unos «profesionales de la santidad» (cap. VI ibid.), algunos que estarían en un supuesto «estado de perfección», mientras los demás tendrían que atender a preocupaciones muy humanas… No. Todos estamos llamados elevar nuestros trabajos, tareas, preocupaciones humanas… «nuestra propia existencia» a la categoría de «culto agradable a Dios» (como dirá Pablo en Rom 12,1-2). Podemos ser muy «espirituales» (con reservas para esta palabra de resabios greco-platónicos) y santificarnos aun en lo más «material» de nuestra vida.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 20 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Un leproso en el barrio», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100020 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap20b.mp3

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, varios capítulos que podrían ser útiles para suscitar un diálogo-debate sobre varios temas suscitados por la lecturas de hoy. Se puede ojear el índice de la serie para escoger uno adecuado para la comunidad, aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=100

 

¿Deberíamos tener más laicos a cargo de parroquias?

Curas de EEUU instan a los obispos a dejar más espacio para los no ordenados. Advierten de una creciente «desmoralización de la gente» ante la sequía vocacional.

Ya hay en EEUU un solo sacerdote por cada 2.500 católicos. Y los curas estadounidenses no pueden más. «Es como si estuviéramos engañando a la gente», denuncia uno, frente a este panorama insostenible. «Necesitamos líderes laicos en las parroquias para asegurarnos de que se lleven a cabo todos los elementos de la vida católica».

El padre John Hynes, párroco de la iglesia de St. Catherine of Siena en Wilmington, Delaware, fue el principal responsable de una resolución pionera que aprobó el año pasado la Association of U.S. Catholic Priests, la asociación de curas católicos más grande de EEUU, que cuenta con más de 1.200 miembros. Dicha resolución llamaba al episcopado del país norteamericano a dejar que administren parroquias líderes laicos «quienes, trabajando de forma colaborativa con los pastores canónicos, sepan guiar y acompañar a los fieles en su camino de fe vía las comunidades parroquiales». Estos líderes laicos, instaba la Asociación de Curas Católicos Estadounidenses, deben tener «la flexibilidad como para tomar decisiones ordinarias y liderar la parroquia de facto, según sus dones y necesidades».

Una propuesta muy sensata, en otras palabras, y totalmente prevista en la ley canónica. Y eso aunque prevé la participación de laicos y laicas hasta en la presidencia de algunos actos litúrgicos, con excepción de los reservados a los hombres ordenados. Sin embargo, casi nueve meses después de su aprobación, el padre John Hynes ha denunciado esta semana al National Catholic Reporter la reticencia de los obispos estadounidenses a respaldar el concepto de administradores parroquiales laicos de forma explícita y colegiada y de asegurar una consistencia en su implementación.

Monseñor Raymond Cole, sacerdote jubilado de la diócesis de Metuchen, Nueva Jersey, coincidió con la denuncia de Hynes, y añadió que, aunque la propuesta de la Asociación de Curas Católicos se basó en una instrucción de 2005 de la propia Conferencia Episcopal, los párrocos que sí quieren utilizar los dones particulares de los laicos todavía se enfrentan a la oposición de sus obispos.

«Es un cambio; pide una transformación grande en la manera en la que hacemos las cosas», reconoció Cole, si bien argumentó que ya va siendo hora de implementar ese cambio, frente al panorama altamente preocupante en el que se halla inmersa la Iglesia estadounidense. En los últimos cincuenta años, el número de sacerdotes en EEUU se ha visto reducido a la mitad, mientras que la población católica casi se ha duplicado. Lo cual significa que, de las 17.156 parroquias en territorio estadounidense, más de 3.500 no cuentan con un pastor ordenado.

De acuerdo con cifras manejadas por el Center for Applied Research in the Apostolate de la Universidad de Georgetown, laicos y diáconos están al cargo de 347 parroquias en EEUU. Pero los curas católicos del país quieren y necesitan que sean más. Ya lo advertían en la resolución del año pasado:

«Si el liderazgo de la Iglesia estadounidense aplaza afrontar esta cuestión, la ventana de tiempo se irá cerrando. Entonces experimentaremos un colapso de parroquias más grande que el que experimentamos ahora, la falta de ánimos y buena salud entre los párrocos, y la desmoralización y desconfianza de la gente que depende de nosotros para satisfacer sus necesidades espirituales. Cuánto más desaparezca nuestra presencia católica, más desaparecerá nuestra presencia en la sociedad más ampliamente».

Cameron Doody en Religión Digital, 28 de enero de 2018

 

¿Serán los curas y obispos católicos «agentes extranjeros» en Australia?

El parlamento debate si representan un peligro para la seguridad nacional. «Los católicos somos seguidores de Jesucristo, no agentes de un Gobierno extranjero», afirma el Episcopado.

Corren tiempos en los que a todos los Estados les preocupa, y mucho, el espionaje e injerencias extranjeros. Pero el Gobierno australiano parece estar dispuesto a ir un paso más allá de las precauciones normales, y obligar a todos los sacerdotes y obispos católicos del país -además de cualquier laico involucrado en actividades de presión política- a registrarse como «agentes extranjeros».

Tal y como informa el Catholic Herald, ha comenzado una audiencia pública en el Parlamento nacional a propósito de la introducción de un nuevo proyecto de ley que, de ser aprobado, requeriría que todos los residentes en Australia que actúen bajo órdenes de poderes extranjeros declararan ese estatus en un nuevo registro o enfrentarse a posibles cargos criminales.

El Gobierno advirtió de estas posibles consecuencias cuando anunció la nueva legislación el pasado diciembre. «Si actúas de forma encubierta en nombre de un actor extranjero, de una manera que hace daño a la seguridad nacional de Australia, que influye en el proceso político o en una decisión del Gobierno, esa conducta será penalizada», declaró el entonces ministro de Justicia, George Brandis.

Aunque el proyecto de ley contempla una exención para la Iglesia católica, un borrador del mismo declara en su preámbulo que la Iglesia australiana actúa bajo las órdenes de la Santa Sede. Una «creencia incorrecta», según ha respondido ya la Conferencia Episcopal nacional y que el obispo de Toowoomba, Robert McGuckin, ha intentado aclarar.

«Quiero ser claro en rechazar la caracterización de la Iglesia católica contenida en el memorándum explicativo», dijo McGuckin, lamentando que tal y como está redactado ahora «parece que todo católico involucrado en el lobbying puede tener que registrar», algo que «no creemos que sea el propósito de la ley». «Los católicos somos seguidores de Jesucristo; no somos agentes de un Gobierno extranjero», añadió el prelado.

El actual ministro de Justicia Christian Porter, no se ha pronunciado aún sobre la postura de los obispos australianos en particular. Sí ha dicho, no obstante, que todas las presentaciones públicas que recibe el Parlamento «son importantes», si bien tendrán que conjugarse con «el proceso crítico de la modernización de la ley para hacer de Australia un lugar más seguro».  Leer mas…

Cameron Doody en Religión Digital, 31 de enero de 2018

 

Parolin, tajante: «El Santo Padre sigue personalmente las negociaciones con las autoridades chinas»

En China no existen dos Iglesias, sino dos comunidades de fieles llamadas hacia la unidad. La Iglesia nunca olvidará las pruebas y los sufrimientos pasados y presentes de los católicos chinos.

«El Santo Padre sigue personalmente las negociaciones actuales con las Autoridades de la República Popular China. Todos sus colaboradores actúan en sintonía con él. Nadie toma iniciativas privadas. Sinceramente, cualquier otro tipo de razonamiento me parecería fuera de lugar». El secretario de Estado, Pietro Parolin, ha sido tajante a la hora de responder a eclesiásticos como el cardenal Zen, que deslizaron la acusación de que Francisco estaba ‘vendiendo’ a los católicos fieles a Roma para lograr un acuerdo con China.

En una entrevista a Vatican Insider, el purpurado recalca que, en la actualidad, las negociaciones entre Roma y Pekín «se mueven siguiendo esta línea: apertura constructiva al diálogo y fidelidad a la genuina tradición de la Iglesia».

«En China, acaso más que en cualquier otro lugar, los católicos han sabido custodiar, a pesar de tantas dificultades y sufrimientos, el depósito auténtico de la fe», admite Parolin, que sostiene que «el principal objetivo de la Santa Sede en el diálogo es precisamente salvaguardar la comunión en la Iglesia».

«En China no existen dos Iglesias, sino dos comunidades de fieles que están llamadas a cumplir un camino progresivo de reconciliación hacia la unidad», subraya el secretario de Estado, quien aboga por «encontrar soluciones pastorales realistas que permitan a los católicos vivir su fe y proseguir juntos la obra de evangelización en el contexto chino específico».

Uno de los mayores conflictos entre Roma y Pekín está en el nombramiento de obispos, y en la persecución a los miembros de la Iglesia ‘clandestina’ (fiel a Roma). En este sentido, Parolin afirma que «la Santa Sede conoce y comparte los graves sufrimientos que soportan muchos católicos en China y su generoso testimonio del Evangelio».

«La cuestión de la elección de los obispos es crucial», recalca Parolin, quien admite los «muchos imprevistos» suscitados en torno a este debate. «Es cierto que todavía habrá muchas incomprensiones, fatigas y sufrimientos que afrontar. Pero todos tenemos la confianza en que, una vez considerado adecuadamente el punto del nombramiento de los obispos, las dificultades que queden ya no deberían ser tales como para impedirle a los católicos chinos vivir en comunión entre ellos y con el Papa», sostiene.   Leer mas…

Jesús Bastante en Religión Digital, 31 de enero de 2018

 

Francisco ordena reabrir el ‘caso Barros’ y envía a Scicluna a escuchar a las víctimas

El Papa rectifica ante “algunas informaciones recientes” sobre el polémico obispo de Osorno. El arzobispo dirigió las investigaciones contra Karadima y contra Marcial Maciel.

Nueva vuelta de tuerca en el ‘caso Barros’, el polémico obispo de Osorno a quienes las víctimas de la pederastia en Chile acusan de encubrir los abusos sufridos a manos de Fernando Karadima, y a quien el Papa defendió en su reciente visita a este país. Ahora, tras «algunas informaciones recientes», Francisco ha decidido reabrir el caso, y enviar al arzobispo Charles J. Scicluna a Chile «para escuchar a quienes han manifestado la voluntad de dar a conocer elementos que poseen».

«El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia». Las palabras del Papa Francisco, posteriormente matizadas en el avión de vuelta de Perú y Chile, cayeron como una losa en las víctimas de abusos sexuales, que consideraron que Bergoglio no les había escuchado en lo referente al obispo Barros.

Durante su reciente visita a Chile, Francisco se encontró con varias víctimas de abusos, pero ninguna de ellas pertenecía al grupo de laicos de Osorno ni a las víctimas de Karadima, quienes se quejaron amargamente de lo que consideraron un desplante papal. Una frustración que se transformó en enfado al comprobar cómo Juan Barros acompañaba al Papa en todos y cada uno de los actos de la visita, y que se tornó en indignación después de que el Pontífice calificara de ‘calumnias’ las acusaciones contra el obispo.

Posteriormente, y en la entrevista en el vuelo papal de vuelta, Francico matizaba sus palabras y admitía que «mi expresión no fue feliz», aunque reiteró que «el caso del obispo Barros lo hice estudiar, investigar, lo hice trabajar mucho. No hay evidencias de culpabilidad y al parecer no se van a encontrar».

Ahora, según un comunicado de la Santa Sede, y tras «algunas informaciones recientes», el Papa «ha dispuesto que monseñor Charles J. Scicluna, Arzobispo de Malta y Presidente del Colegio para el examen de los recursos (en materia de delicta graviora) en la Sesión Ordinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se desplace a Santiago de Chile para escuchar a quienes han manifestado la voluntad de dar a conocer elementos que poseen».   Leer mas…

Jesús Bastante en Religión Digital, 30 de enero de 2018

 

Sacerdotes de Cádiz escriben al Papa y al Nuncio cartas de denuncia contra monseñor Zornoza

«Nos desprecia, gestiona la diócesis como una empresa y sólo se rodea de una camarilla». “El obispo señorito, que nos trata como indígenas”, denuncian los curas. El prelado suele decir públicamente que los curas de Cádiz son «poco espirituales, carentes de formación y de baja talla humana».

Le llaman ‘el jefe’ o ‘el urólogo’ en tono peyorativo. El obispo de Cádiz-Ceuta, Rafael Zornoza, dirige la diócesis andaluza como si de una empresa de amigotes se tratara. Rodeado de un pequeño grupo de incondicionales (algunos de los cuales se trajo de fuera), margina y «desprecia» al clero diocesano que, harto de tantos desprecios, se comienza a rebelar contra el prelado. Son ya varios los sacerdotes gaditanos que han escrito cartas al Papa y al nuncio Fratini, para quejarse de la actuación antievangélica de su obispo.

En las cartas a las que ha tenido acceso Religion Digital, los sacerdotes denuncian fundamentalmente la forma de ser, actuar y vivir del obispo, el trato a las personas asi como su gestión pastoral y económica de la diócesis.

En las misivas, enviadas al Papa y al Nuncio en Madrid, Renzo Fratini, se describe a un «obispo señorito», al que le «gusta comer y beber bien». Cuentan, por ejemplo, que, en una comida le invitaron a elegir vino y optó por una botella de un precio de casi 200 euros. Se reúne, a menudo, a comer con gente influyente y de dinero en sus casas o en algún reservado. Es asiduo del Restaurante El Faro. «Curiosamente, con los sacerdotes, cuando va a las parroquias, nunca quiere comer», apostillan los curas denunciantes.

Además del coche oficial con chófer del obispado, tiene otros coches de «camuflaje». Nada más llegar a la diócesis mandó arreglar el palacio episcopal y en él vive. Le encanta viajar y realiza constantes giras, casi siempre con jóvenes, a Fátima, Lourdes, Santiago, Roma o Jerusalén. Estos días, precisamente, se encuentra, de nuevo, en Tierra Santa, por segunda vez en tres meses, tras pasar por Fitur.

Cuando algún cura (de los pocos que se atreven a hacerlo) le reprocha algún dispendio de este tipo, siempre contesta diciendo: «Yo soy el obispo». Y es que, como dicen los denunciantes, «si le haces frente, se echa atrás, pero se ensaña con los débiles y hasta los desprecia».

Los curas «despreciados»

De hecho, la actitud de Zornoza hacia su clero es lo que más les duele a los sacerdotes que han escrito a Roma y a Madrid. En la diócesis hay 155 curas nativos y 20 «importados». Estos últimos suelen ser ultraconservadores, que el obispo trajo de diversas partes del mundo, especialmente de Colombia y de Polonia, junto a unas laicas consagradas, a las que confió la pastoral juvenil y la animación de las celebraciones episcopales. Y, por supuesto, también se trajo de fuera a la cúpula de su equipo económico, encabezado por el ecónomo Antonio Diufaín, «su mano de hierro».   Leer mas…

José Manuel Vidal en Religión Digital, 25 de enero de 2018