DOMINGO 2º(A) Fray Marcos

(Is 49,2-6) Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance a todos.

(I Cor 1,1-3) La gracia y al paz de parte de Dios y del Jesús, sea con vosotros.

(Jn 1,29-34) «Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”

El único pecado es la opresión. Jesús nos libró de ella no oprimiendo a nadie ni dejando que le oprimieran y liberando a todos.

Es muy significativo que el segundo domingo del tiempo ordinario nos siga hablando de Juan Bautista. Todo lo que nos dice Jn del Bautista es sorprendente e indica una relación especial de esa comunidad con él. Seguramente había en aquella comunidad seguidores del Bautista. Este evangelio tiene muy en cuenta a Juan Bautista, aunque se ven obligados a rebajarle. Juan pone en labios del Bautista la cristología de su comunidad como base y fundamento de la comprensión de Jesús que va a desplegar en su evangelio. Esto no quiere decir que el Bautista tuviera una idea clara sobre quién era Jesús. Ni siquiera sus discípulos más íntimos supieron quién era, después de vivir con él tres años; menos podía saberlo el Bautista, antes de comenzar Jesús su predicación.

Juan quiere aclarar que no hay rivalidad entre Jesús y el Bautista. Para ello nos presenta un Bautista totalmente integrado al plan de salvación de Dios. Su tarea es la de precursor, preparar el camino al Mesías. Juan no narra el bautismo en sí, va directamente al grano y nos habla del Espíritu, que es lo importante en todos los relatos del bautismo. Por supuesto, es un montaje de la segunda o tercera generación de las comunidades cristianas y quiere resaltar la figura de Jesús que había adquirido categoría divina, frente al Bautista.

«El cordero de Dios». Jn propone a Jesús preexistente, portador del Espíritu e Hijo de Dios.  No se puede decir más. Está claro que se está reflejando aquí setenta años de evolución cristología en la comunidad. Es una pena que después, hayamos interpretado tan mal el intento de comunicarnos esa experiencia. Lo que eran títulos simbólicos, que trataban de ponderar la personalidad de Jesús, se convirtieron en atributos divinos. Lo que tenía de proceso dinámico y humano, se convirtió en sobrenaturalismo preexistente.

Es difícil precisar lo que “cordero” significaba para aquella comunidad. Podían entenderlo en sentido apocalíptico: un cordero victorioso que aniquilará definitivamente el mal (la bestia). Este concepto encajaría con las ideas del Bautista; pero no con las de Jesús. Podían entenderlo como el Siervo doliente. No hay pruebas de que se hubiera identificado al Mesías con el siervo doliente de Isaías, antes del cristianis­mo. Juan sí interpretó la figura del Siervo, aplicada al Jesús, pero nunca con el sentido expiatorio. Probablemente haría referencia al cordero pascual, que era para el judaísmo el signo de la liberación de Egipto, pero sin connotación sacrificial. Quiere decir que Cristo nos libera de la esclavitud.

“que quita el pecado del mundo”. Esta frase no tiene nada que ver con la idea de rescate. El concepto de pecado en el AT debe ser el punto de partida para entender su significado en el NT, pero ha sufrido un cambio sustancial. En el evangelio de Juan, pecado no es la ofensa a Dios o a su Ley sino la opresión de un hombre sobre otro. Solo así se entiende la actitud de Jesús con los pecadores. Las prostitutas y pecadores os llevan la delantera porque no oprimen a nadie. Lo mismo cuando Jesús dice: tus pecados están perdonados, está diciendo que no hay nada que perdonar. Jesús quita el pecado del mundo no muriendo sino viviendo el servicio a todos y en el amor incondicionado.

En el AT y en el Nuevo, la palabra más usada para indicar “pecado”, tanto en griego como en latín, significa errar el blanco. No se trata de mala voluntad como lo entendemos hoy. En el evangelio de Juan, “pecado del mundo” tiene un significado muy preciso. Se trata de la opresión que un ser humano ejerce sobre otro y que le impide desarrollarse como persona. El pecado es siempre colectivo. Siempre que hay pecado hay opresor y víctima.

El modo de “quitar” este pecado, no es una muerte vicaria expiatoria. Esta idea nos ha despistado durante siglos y nos ha impedido entrar en la verdadera dinámica de la salvación que Jesús ofrece. Esta manera de entender la salvación de Jesús es consecuencia de una idea arcaica de Dios. En ella hemos recuperado el mito ancestral del dios ofendido que exige la muerte del Hijo para satisfacer su justicia. Estamos ante la idea de un dios externo, soberano, justiciero y tirano. Nada que ver con la experiencia del Abba de Jesús. El “pecado del mundo” no tiene que ser expiado, sino eliminado.

Jesús quitó el pecado del mundo escogiendo el camino del servicio, de la humildad, de la pobreza, de la entrega total a los demás hasta la muerte. Esa actitud anula toda forma de dominio, por eso consigue la salvación total. Es el único camino para llegar a ser hombre auténtico. Jesús salvó al ser humano, suprimiendo de su propia vida toda opresión que impida el proyecto de creación definitiva del hombre. Jesús nos abrió el camino de la salvación, ayudando a todos los oprimidos a salir de su opresión.

Jesús vivió esta libertad durante toda su vida. Fue siempre libre. No se dejó avasallar ni por su familia, ni por las autoridades religiosas, ni por las autoridades civiles, ni por los guardianes de las Escrituras (letrados), ni por los guardianes de la Ley (fariseos). Tampoco se dejó manipular por sus amigos y seguidores, que tenían objetivos muy distintos a los suyos (los Zebedeo, Pedro). Esta perspectiva no nos interesa porque nos obliga a estar en el mundo con la misma actitud que él estuvo; a vivir con la misma tensión que él vivió, a eliminar toda opresión como él hizo, a liberarnos y liberar a otros de toda opresión.

No tenemos que oprimir a nadie de ningún modo. No tengo que dejarme oprimir. Tengo que ayudar a todos a salir de cualquier clase de opresión. Jesús quitó el pecado del mundo. Si  de verdad quiero seguir a Jesús, tengo que seguir suprimiendo el pecado del mundo. Hoy Jesús no puede quitar la injusticia, somos nosotros los que tenemos que eliminarla. La religiosidad intimista, la perfección individualista, que se nos han propuesto como meta, es una tergiversación del evangelio. Si no estay dispuesto, no solo a no oprimir sino a liberar al oprimido, es que no me he enterado el mensaje.

El presentarse como liberador no vende en nuestros días. En el mundo en que vivimos, si no explotas te explotan; si no estás por encima de los demás, los demás ten pisotearán. Este sentimiento es instintivo y mueve a la mayoría de las personas a defenderse con violencia, incluso antes de que el atraco se cometa. Pero hay que tener en cuenta que esta postura obedece al puro instinto de conservación y no te lleva a la plenitud humana. Debo descubrir que sufrir la injusticia es más humano que cometerla.

La actitud egoísta es un sentimiento que está al servicio del ego. Tenemos que superar ese egoísmo si queremos entrar en la dinámica del amor, es decir, de la verdadera realización humana. Es el oprimir al otro, no que intenten oprimirme lo que me destroza como ser humano. Jesús prefirió que le mataran antes de imponerse a los demás. Esta es la clave que no queremos descubrir, porque nos obligaría a cambiar nuestras actitudes para con los demás. En contra de lo que nos dice el instinto, cuando me impongo a los demás no soy más sino menos humano.

Urteko 2. igandea –A (Joan 1, 29-34)?

JESUSEN ESPIRITUAK BATAIA GAITZAN UTZI

Ebanjelariak sakon saiatu dira Jesusen bataioa eta Joan Bataiatzailearena desberdintzen. Ez dira nahastu behar: Jesusen bataioa ez datza beraren jarraitzaileak ibai bateko urean murgiltzean. Jesusek Espiritu Santuagan murgiltzen ditu bereak. Joanen ebanjelioak argiro dio. Jesusek bete-betean du berekin Jainkoaren Espiritua; horregatik, bete-betean ematen ahal die bereei Espiritu hori. Jesusen berritasun handia honetan datza: Jesus «Jainkoaren Semea» dela, «Espiritu Santuaz bataia» dezakeena dela.

Jesusen bataio hau ez da azaleko bainu bat, batzuek agian Jordango urean ezagutu dutenaren antzeko bat. «Barneko bainua» da. Metaforak iradokitzen du ezen Jesusek bere Espiritua komunikatu, pertsonaren bihotzean sartzeko, blaitzeko eta eraldatzeko komunikatzen duela.

Espiritu Santu hau «bizi-espiritutzat» hartu dute ebanjelariek. Horregatik, Jesusek bataia gaitzan uzteak beraren Espiritua onartzea esan nahi du, bizi berriaren sorburu bezala. Jesusen Espirituak berarekiko erlazio biziagoa ahalbidetu dezake gugan. Kristau-bizitzaren maila berri batera eraman gaitzake, Jesusekiko leialagoa den kristautasun-etapa berri batera.

Jesusen Espiritua «egiaren Espiritua» da. Berak bataia gaitzan uztea gure kristautasunean egia jartzea da. Ez uztea sasi-segurtasunek engaina gaitzaten. Behin eta berriz berreskuratzea Jesusen jarraitzaile bezala dugun geure nortasun ukaezina. Alde batera uztea ebanjeliotik urruntzen gaituzten bideak.

Jesusen Espiritua «maitasunaren Espiritua» da, libera gaitzakeena gogoan geure probetxua eta geure onginahia bakarrik izanez bizitzeak esan nahi duen koldarkeriatik eta egoismotik. Berak bataia gaitzan uztea geure bihotza irekitzea da maitasun solidario, doako eta gupidatsuari.

Jesusen Espiritua Jainkoaren arabera «bihotz-berritzen gaituen» Espiritua da. Berak bataia gaitzan uzteak, berak astiro eralda gaitzan uztea esan nahi du. Beraren irizpideen harira bizitzea, beraren jarreren, beraren bihotzaren eta sufritzen ari direnekiko berak duen sentiberatasunaren harira bizitzea.

Jesusen Espiritua «eraberritzearen Espiritua» da. Berak bataia gaitzan uztea beraren berritasun kreatzaileak erakar gaitzan uztea da. Berak iratzar dezake Elizan denik eta alderik hoberena, eta berak eman diezaioke «bihotz berri» bat, ebanjelioari leial izateko ahaltasun handiagoa duena.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

DEJARNOS BAUTIZAR POR EL ESPÍRITU DE JESÚS

Los evangelistas se esfuerzan por diferenciar bien el bautismo de Jesús del bautismo de Juan. No hay que confundirlos. El bautismo de Jesús no consiste en sumergir a sus seguidores en las aguas de un río. Jesús sumerge a los suyos en el Espíritu Santo. El evangelio de Juan lo dice de manera clara. Jesús posee la plenitud del Espíritu de Dios, y por eso puede comunicar a los suyos esa plenitud. La gran novedad de Jesús consiste en que Jesús es «el Hijo de Dios» que puede «bautizar con Espíritu Santo».

Este bautismo de Jesús no es un baño externo, parecido al que algunos han podido conocer tal vez en las aguas del Jordán. Es un «baño interior». La metáfora sugiere que Jesús comunica su Espíritu para penetrar, empapar y transformar el corazón de la persona.

Este Espíritu Santo es considerado por los evangelistas como «Espíritu de vida». Por eso, dejarnos bautizar por Jesús significa acoger su Espíritu como fuente de vida nueva. Su Espíritu puede potenciar en nosotros una relación más vital con él. Nos puede llevar a un nuevo nivel de existencia cristiana, a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de verdad». Dejarnos bautizar por él es poner verdad en nuestro cristianismo. No dejarnos engañar por falsas seguridades. Recuperar una y otra vez nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Abandonar caminos que nos desvían del evangelio.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de amor», capaz de liberarnos de la cobardía y del egoísmo de vivir pensando solo en nuestros intereses y nuestro bienestar. Dejarnos bautizar por él es abrirnos al amor solidario, gratuito y compasivo.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de conversión» a Dios. Dejarnos bautizar por él significa dejarnos transformar lentamente por él. Aprender a vivir con sus criterios, sus actitudes, su corazón y su sensibilidad hacia quienes viven sufriendo.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de renovación». Dejarnos bautizar por él es dejarnos atraer por su novedad creadora. Él puede despertar lo mejor que hay en la Iglesia y darle un «corazón nuevo», con mayor capacidad de ser fiel al evangelio.

José Antonio Pagola

Semana del 15 al 21 de enero de 2023 – Ciclo A
Segundo domingo de tiempo ordinario

Isaías 49,3.5-6: «Te hago luz de las naciones para que seas mi Salvación»
Salmo 40: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»
1 Corintios 1,1-3: «La gracia y la paz de parte de Dios y de Jesús sean con ustedes»
Juan 1,29-34: «Éste es el Cordero de Dios»

Isaías 49,3.5-6

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo responsorial: 40

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; / él se inclinó y escuchó mi grito; / me puso en la boca un cántico nuevo, / un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído; / no pides sacrificio expiatorio, / entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.

Como está escrito en mi libro: / «Para hacer tu voluntad.» / Dios mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios: / Señor, tú lo sabes. R.

1Corintios 1,1-3

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

Evangelio.-Juan 1,29-34

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

COMENTARIO LITÚRGICO

Las lecturas de este domingo tienen como eje transversal la invitación de Dios a toda la humanidad a asumir como propio el proyecto del Reino, de retarle, en libertad y sinceridad, a una manera nueva ser hombre y mujer, de ser creación y sociedad. El texto que leemos en la primera lectura forma parte del segundo Cántico del Siervo (Is 49,1 – 50,7) en el que se identifica al pueblo de Israel como el servidor de Dios; este Israel mencionado aquí no representa la totalidad del pueblo de Dios, sino que, tal vez, se refiera a aquella pequeña comunidad creyente desterrada en Babilonia, a ese grupo reducido que mantiene viva la esperanza y la fe. Ese grupo que, a pesar de estar lejos de su tierra, mantiene su confianza en Yahvé es el que traerá la salvación a todo el pueblo de Israel y al mundo entero, pues Dios ha puesto sus ojos en él y le ha asignado la misión de expresar a toda la creación su deseo más profundo: salvar a todos sin excepción. El profeta que escribe este cántico marca una gran diferencia en cuanto a la comprensión de la salvación prometida por Yahvé; siendo el tiempo del exilio, el profeta anuncia una salvación para todas las naciones, no únicamente para el pueblo de Israel.

Pablo inicia su carta confirmando la universalidad del Reino de Dios; expresando que el mensaje de salvación es para todos los que en cualquier lugar -y tiempo- invocan el nombre de Jesucristo. Este saludo es dirigido a los cristianos de Corinto; sin embargo, por la manera solemne en que Pablo escribe (a la Iglesia de Dios de Corinto), se puede afirmar que el apóstol se está refiriendo a la única y universal Iglesia de Cristo, que se hace presente históricamente en los creyentes de Corinto. Es decir, que, aunque Pablo escriba de manera particular a esta comunidad, su mensaje desborda los límites de espacio y tiempo, adquiriendo en todo momento actualidad y relevancia, pues es una Palabra dirigida a la humanidad entera. Hombres y mujeres hemos recibido la gracia de ser hijos de Dios, por medio de Jesús; hemos sido consagrados por Dios para realizar en nuestras vidas la “vocación santa”, que en nuestro lenguaje correspondería a la “misión” de hacer presente, aquí y ahora, el reino de Dios: hacer de este mundo un lugar más justo y solidario, menos violento y destructor, más libre y fraterno. Quien asume como modo normal de vida este horizonte liberador está invocando el nombre de Jesús.

El evangelio de Juan manifiesta la universalidad de la salvación de Dios por medio de la vida y misión de Jesús de Nazaret, visto éste como cordero de Dios, que se sacrifica, se entrega obedientemente a la voluntad del Padre para salvar de la muerte (del pecado) a toda la Humanidad… Jesús es el enviado del Padre, el ungido por el Espíritu de Dios, el servidor de Yahvé del profeta Isaías (49,3) que tiene como especial misión establecer en el mundo la justicia del reino; es quien verdaderamente trae la salvación de Dios a la humanidad. Juan el Bautista ya había comprendido su propia misión y la misión de Jesús; por tal razón el profeta del desierto dice que detrás de él viene alguien más importante que él, pues el que viene es el Mesías, una Palabra nueva de Dios para el mundo. El Bautista reconoce a Jesús como el Hijo de Dios, y por eso da testimonio de él. Y lo hace -lo recoge así el evangelio de Juan-, con las imágenes de aquel tiempo, unas imágenes que hace mucho tiempo se quedaron sin base y que han perdido incluso parte de su inteligibilidad.

En efecto, hablar de Cordero de Dios, sacrificado, que expía nuestros pecados, que quita «el pecado del mundo» con su sangre, que nos «redime»… es hablar en unas categorías que hoy sólo podemos conocerlas por estudio histórico-bíblico, por cultura especializada religiosa, pero que no se pueden captar en nuestra vida diaria por simple sentido común, por una evidencia que se respira en subconsciente colectivo social, como han de ser captadas las buenas imágenes, las imágenes que están vivas, no las que ya murieron aunque sigan siendo leídas o repetidas. Una tarea pendiente de la comunidad creyente hoy es testimoniar ese encuentro profundo con Jesús con unas metáforas nuevas, para que expresen y comuniquen ese encuentro, que sólo de esa manera se concretizará en una vida fundada entregada al amor, a la Justicia y a la comunión con Naturaleza.

(Recordemos que el lenguaje religioso es siempre metafórico, y que las metáforas no describen la realidad, sino que la aluden simbólicamente, con frecuencia de un modo inexpresable en conceptos. El lenguaje religioso no es de ideas «claras y distintas», como tantas veces ha confundido la teología dogmática, pensando que está describiendo una realidad religiosa ontológica que está ahí como un ob-jeto que puede ser descrito objetivamente… El lenguaje religioso es más bien como la poesía: nos habla con metáforas, imágenes, símbolos… que muchas veces evocan nuestro subconsciente, personal y colectivo. Jesús no puede ser el cordero de Dios, porque no es, en absoluto, un cordero… Sin embargo, para los cristianos de aquel tiempo, decir que lo era, resultaba una afirmación religiosa conmovedora, porque evocaba un gran conjunto de sentimientos, tradiciones, doctrinas, imágenes, etc. Traducir aquella expresión no es traducirla a nuestro idioma actual, sino encontrar genialmente una correspondencia válida con otra imagen o imágenes que pudieran expresar una vivencia religiosa semejante a la que suscitaba esa expresión en aquel tiempo. Pero esto no es fácil hacerlo –si es que es realmente posible–. Mientras, lo que podemos/debemos hacer es no “idolatrar” aquellas expresiones antiguas, no sentirnos atados, y ser suficientemente creativos para aportar nuestro granito de arena al desarrollo del lenguaje religioso, que también es nuestra responsabilidad).

Jaunaren Bataioa – A (Mateo 3,13-17)

NORK BERE BOKAZIOA ENTZUN

Ebanjelio-kontaerak ez dira gehiegi luzatzen Jesusen bataioa deskribatzen. Garrantzi handiagoa eskaini diote Jesusek ordu hartan bizi izan duen esperientziari, geroko bere jardueran erabakigarria izango duenari, alegia.

Jesus ez da itzuliko jadanik Nazareteko bere etxera. Ez da geldituko ere Joan Bataiatzailearen ikasleen artean. Espirituak arnasturik, biziera berri bat hasiko du, bere misio ebanjelizatzaileari erabat emana.

Esan dezakegu beraren bataioko ordua Jesusentzat une pribilegiatua izan dela, zeinetan bere bokazio profetikoa esperimentatu baitu: kontziente izan da Aitaren Espirituak harturik bizi dela, eta beraren seme-alabei salbazio-mezua hots egiteko deia entzun du.

Nork bere bokazioa entzutea ez da misio berezi bat bizitzera deitua den gizon-emakumeren talde baten arazoa. Goiz edo berandu, guztiotako bakoitzak beharko dio galdetu beure buruari zein den eguneroko bere bizitzaren azken arrazoia, eta zergatik hasten duen egunsenti bakoitzean beste egun bat. Kontua ez da gauza handiekin topo egitea. Besterik gabe, gure bizitza txiki honek besteentzat zentzu bat izan dezakeela jakitea da kontua, eta gure eguneroko bizitza beste norbaitentzat bizi izan daitekeela jakitea.

Kontua ez da halako egun batean behin betiko dei bat entzutea ere. Bizitzaren zentzua egunak joan egunak etorri aurkitu behar da, egunsentia joan egunsentia etorri. Bokazio bakoitzean izan ohi da segurua ez den zerbait. Beti bila ibiltzeko jarrera eskatzen zaigu, prestutasuna eta irekidura.

Pertsona bat bere misio edo eginkizunari leial erantzuten dion heinean soilik joan ohi da aurkitzen; hain justu, erantzun horren arabera doa ikusten beraren eguneroko zereginak dituen eskakizunak eta promesak.

Sarritan bizi ohi dugu bizitza-, lan- eta zeregin-erritmo bat, nahasten, zabartzen eta gizatasun gabetzen gaituena. Gauza asko egiten dugu bizitzan barna, baina ba al dakigu zehazki zergatik eta zertako? Etengabe mugitzen gara alde batetik bestera, baina ba al dakigu norantz bide egin? Ahots, mezu eta dei asko entzun ohi dugu, baina gai al gara Espirituaren ahotsa entzuteko, egunean eguneko geure misioa leial bizitzera gonbidatzen gaituelarik?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ESCUCHAR LA PROPIA VOCACIÓN

Los relatos evangélicos no se detienen demasiado en la descripción del bautismo de Jesús. Dan más importancia a la experiencia vivida por él en aquella hora, y que es, sin duda, determinante para su actuación futura.

Jesús no volverá ya a su casa de Nazaret. Tampoco se quedará entre los discípulos del Bautista. Animado por el Espíritu, comenzará una vida nueva, totalmente entregada al servicio de su misión evangelizadora.

Podemos decir que la hora del bautismo ha sido para Jesús el momento privilegiado en el que ha experimentado su vocación profética: ha sido consciente de vivir poseído por el Espíritu del Padre, y ha escuchado la llamada a anunciar a sus hijos e hijas un mensaje de salvación.

Escuchar la propia vocación no es asunto de un grupo de hombres y mujeres, llamados a vivir una misión privilegiada. Tarde o temprano, todos nos tenemos que preguntar cuál es la razón última de nuestro vivir diario y para qué comenzamos un nuevo día cada amanecer. No se trata de descubrir grandes cosas. Sencillamente, saber que nuestra pequeña vida puede tener un sentido para los demás, y que nuestro vivir diario puede ser vida para alguien.

No se trata tampoco de escuchar un día una llamada definitiva. El sentido de la vida hay que descubrirlo a lo largo de los días, mañana tras mañana. En toda vocación hay algo de incierto. Siempre se nos pide una actitud de búsqueda, disponibilidad y apertura.

Solo en la medida en que una persona va respondiendo con fidelidad a su misión va descubriendo, precisamente desde esa respuesta, todo el horizonte de exigencias y promesas que se encierra en su quehacer diario.

Vivimos con frecuencia un ritmo de vida, trabajo y ocupaciones que nos aturde, distrae y deshumaniza. Hacemos muchas cosas a lo largo de la vida, pero ¿sabemos exactamente por qué y para qué? Nos movemos constantemente de un lado para otro, pero ¿sabemos hacia dónde caminar? Escuchamos muchas voces, consignas y llamadas, pero ¿somos capaces de escuchar la voz del Espíritu, que nos invita a vivir con fidelidad nuestra misión de cada día?

José Antonio Pagola

DOMINGO 1º (A) Bautismo de Jesús

(Is 42,1-7) Sobre él he puesto mi Espíritu para traer el derecho a las naciones

(Hch 10,34-38) Ungido con la fuerza del Espíritu, que pasó haciendo el bien

(Mt 3,13-17) Vio al Espíritu de Dios bajaba como paloma y se posaba sobre él.

Lo importante de Jesús es obra del Espíritu. Hoy celebramos su verdadero nacimiento.

Empezamos el tiempo ordinario del año litúrgico. A lo largo de este año vamos desgranando las narraciones más importantes de Mateo. Es lógico que empecemos con el primer relato importante de esa andadura, el bautismo. Los especialistas dicen que el bautismo, es el primer dato de la vida de Jesús que podemos considerar, con una gran probabilidad, como histórico. Sin duda fue muy importante para Jesús. Fue también muy importante para los primeros cristianos que intentaron comprender su vida, porque el bautismo deja claro que el motor de toda la trayectoria humana de Jesús fue el Espíritu.

La hondura de la fiesta la marcan las dos primeras lecturas. Ahí descubrimos que va más allá de la narración de un hecho más o menos folclórico. Isaías hace un cántico al libertador del pueblo oprimido que la primera comunidad cristiana identificó con Cristo. Pedro hace un resumen muy certero de la vida de Jesús. En las tres lecturas se habla del Espíritu como determinante de la presencia salvadora de Dios. La presencia de Dios en la historia se lleva a cabo siempre a través de su Espíritu. Dios no puede ser causa segunda. Actúa siempre desde lo hondo del ser y sin violentarlo. Por eso decimos que actúa como Espíritu.

Aunque el bautismo de Jesús fuera un hecho histórico, la manera de contarlo nos lleva más allá de una crónica de sucesos. Cada evangelista acentúa los aspectos que más le interesan para destacar la idea que va a desarrollar en su evangelio. Lo narran los tres sinópticos y  Hechos alude a él varias veces. Juan hace referencia a él como dato conocido, lo cual es más convincente que si lo contara. Dado el altísimo concepto que los primeros cristianos tenían de Jesús, no fue fácil explicar su bautismo por Juan. Si a pesar de las dificultades de encajarlo, se narra en todos los evangelios, es que era una tradición muy antigua.

El relato del bautismo intenta concentrar en un momento, lo que fue un proceso que duró toda la vida de Jesús. La mejor demostración es que en los sinópticos está relacionado con las tentaciones. Ni en uno ni en dos momentos quedó definitivamente clara su trayectoria. No tiene lógica que un simple bautismo marque el punto de inflexión en su vida. Aceptar el bautismo de Juan, era aceptar su doctrina y su actitud vital.

En el brevísimo diálogo entre Jesús y Juan, Mateo expresa que Jesús rompe todos los esquemas del mesianismo judío. No es el bautizar a Jesús lo que le cuesta aceptar al Bautista, sino el significado de su bautismo. Es muy probable que Jesús fuera discípulo de Juan y que no solo se vio atraído por su doctrina, sino que formó parte del grupo de seguidores. Solo después de ser bautizado, desde su propia experiencia interior, trasciende el mensaje de Juan y comienza a predicar su propio mensaje, en el que la idea de Mesías y Dios que el Bautista había predicado, queda notablemente superada.

Con sus constantes referencias al AT, Mateo quiere dejar claro que toda la posible comprensión de la figura de Jesús tiene que partir del AT. La manera de hablar es totalmente simbólica. Lo que nos cuentan, pasó todo en el interior de Jesús. Lucas nos dice: “y mientras oraba…” Los demás evangelistas lo dan por supuesto, porque solo desde el interior se puede descubrir el Espíritu que nos invade. Jesús no solo la acepta, sino que se quiere comprometer con las ideas del Bautista. Todo ello prepara a Jesús para una experiencia única. Se abre el cielo y ve claro lo que Dios espera de él.

Jesús no fue un extraterrestre de naturaleza divina que estaba dispensado de la trayectoria que cualquier ser humano tiene que recorrer para alcanzar su plenitud. No nos tomamos en serio esa experiencia humana de Jesús. Pero los primeros cristianos tomaron muy en serio la humanidad de Jesús. Hablar de que Jesús hizo un acto de humildad al ponerse a la fila como un pecador, aunque no tenía pecados, es pensar en un acto teatral que no pega ni con cola a una personalidad como la de Jesús.

A este relato nos acercamos con demasiados prejuicios: El primero, olvidarnos de que Jesús era completamente humano y necesitó ir aclarando sus ideas. En segundo lugar, nuestro concepto de pecado y conversión no tiene nada que ver con lo que se entendía entones. Entendemos la conversión como un salir de una situación de pecado. Lo que se narra es una auténtica conversión de Jesús, que no supone una situación de pecado sino una toma de conciencia de lo que significa para el hombre alcanzar su plenitud.

Dios llega siempre desde dentro, no de fuera. Nuestro mensaje “cristiano” de verdades, normas y ritos, no tiene nada que ver con los que vivió y predicó Jesús. El centro del mensaje de Jesús consiste en invitar a todos los hombres a tener la misma experiencia de Dios, que él tuvo. Después de esa experiencia, Jesús ve con claridad que esa es la meta de todo ser humano y puede decir a Nicodemo: “hay que nacer de nuevo”.

El bautismo de Jesús tiene muy poco que ver con nuestro bautismo. El relato no da ninguna importancia al bautismo en sí, sino a la manifestación de Dios en Jesús por medio del Espíritu. Fijaros que Mateo dice expresamente: “apenas se bautizó, Jesús salió del agua…”. Marcos dice lo mismo: “apenas salió del agua…” Y Lucas: “y mientras oraba…”. La experiencia tiene lugar una vez concluido el rito del bautismo. En los evangelios se hace constante referencia al Espíritu para explicar lo que es Jesús.

La alusión a los cielos que se abren, es la expresión de la esperanza de todo el AT. (Is 63,16) “¡Ah si rasgasen los cielos y descendieses!” La comunicación entre lo divino y lo humano, que había quedado interrumpida por culpa de la infidelidad del pueblo, es desde ahora posible gracias a la total fidelidad de Jesús. La distancia insalvable entre Dios y el Hombre queda superada para siempre. La voz la oyó Jesús dentro de sí mismo y esa presencia le dio la garantía absoluta de que Dios estaba con él para llevar a cabo su misión.

Estamos celebrando el verdadero nacimiento de Jesús. Y éste sí que ha tenido lugar por obra del Espíritu Santo. Dejándose llevar por el Espíritu, se encamina él mismo hacia la plenitud humana, marcándonos el camino de nuestra propia plenitud. Pero tenemos que ser muy conscientes de que, solo naciendo de nuevo, naciendo del Espíritu, podremos desplegar todas nuestras posibilidades humanas. No siguiendo a Jesús desde fuera, como si se tratara de un líder ni aceptando su doctrina y sus leyes sino entrando como él en la dinámica de la vivencia interior. Ser cristianos es repetir en nosotros el proceso de deificación de Jesús.

La presencia de Dios en el hombre tiene que darse en aquello que tiene de específicamente humano; no puede ser una inconsciente presencia mecánica. Dios está en todas las criaturas como la base y el fundamento de su ser, pero solo el hombre puede tomar conciencia de esa realidad y vivirla. Esto es su meta y el objetivo último. En Jesús, la toma de conciencia de lo que es Dios, fue un proceso que no terminó nunca. En el bautismo se nos está hablando de un paso más, aunque decisivo, en su toma de conciencia.

EPIFANÍA (A)

(Is 60,1-6) ¡Levántate, brilla, Jerusalén, la gloria del Señor amanece sobre ti!

(Efe 3,2-6)  También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo.

(Mt 2,1-12) ¿Dónde está el Rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella. 

Dios se está manifestando siempre y a todos. No se puede descubrir por los sentidos, viniendo de fuera sino por el corazón y surgiendo de dentro.

Epifanía significa manifestaciones. En el origen significó la primera luz que aparece en el horizonte antes de salir el sol. Esa luz se tomó como símbolo de la iluminación espiritual en todas las religiones; por eso la luz viene siempre de oriente. Toda manifestación de Dios es universal. Dios no puede tener privilegios. No estamos celebrando la fecha de un acontecimiento. Sino la realidad de lo que es Dios y la alegría de poder descubrirle. Es una narración fantástica que ni siquiera es original del cristianismo. En otras muchas culturas se habla de estrella que anuncia el nacimiento de un gran hombre, de tiranos que persiguen a un niño salvador y de inocentes que mueren para salvar al escogido.

La Natividad de Jesús se celebró el 6 de Enero en toda la Iglesia durante varios siglos. Más tarde en Occidente se comenzó a celebrar el 25 de Diciembre, para suplantar la fiesta pagana de las “Saturnales”, fiesta del sol invicto. En Oriente se sigue celebrando la Navidad el día 6 de Enero. Al celebrarse en occidente la Natividad de Jesús el 25 de Diciembre, se reservó la fecha del 6 de Enero para celebrar las Epifanías, que incluía otras dos fiestas, el Bautismo del Señor y las Bodas de Caná, que hoy celebramos separadas.

Dejemos bien claro, desde el principio, que cuando nació Jesús no pasó absolutamente nada fuera de lo normal. Todo el relato se desarrolla en un lenguaje específicamente mateano. Se trata de dejar claro que los de cerca rechazan de plano a Jesús por lo que significa, y los de lejos lo buscan y lo aceptan como lo que es: la luz que iluminar a todos.

A través de los siglos se ha ido adornando el relato con afirmaciones que no están en el texto, pero que hoy todo el mundo cree a pies juntillas. El relato ni dice que eran tres. Mucho menos sus nombres. Ni dice que eran reyes. Ni “Mago” tiene, para nada, el significado que hoy damos a la palabra mago. En su origen el termino magoi significaba un miembro de la casta sacerdotal persa. Más tarde designó a otros representantes de la teología, de la filosofía y de la astronomía. Según el texto, los “magos” son unos paganos que orientados por signos extraordinarios que solo ellos saben interpretar, llegan a descubrir a Jesús. Mateo nos advierte de la llamada a todos los hombres a descubrirle.

Los intentos que se han hecho a través de la historia de explicar la posibilidad de un fenómeno celeste que explicara la estrella, no merecen mayor comentario. Ni cometa ni estrella ni conjunción de astros tiene sentido alguno, porque se trata de un relato simbólico. Una estrella no puede pararse “encima de donde estaba el niño”. Pero desde el punto de vista teológico, sí es relevante que el signo de la presencia de Dios se detenga  donde se encuentra Jesús. Al que busca de, Dios lo guía y encontrará  lo que busca.

También queda la historia fuera de toda lógica cuando nos dice que se sobresaltó toda Jerusalén con Herodes. Herodes era odiado por todos los judíos. El anuncio de un rey distinto solo podía provocar alegría entre los habitantes de Jerusalén. Mateo piensa en la Jerusalén que dio muerte a Jesús. Para Mateo el rechazo de los judíos es constante y anterior a cualquier manifestación de Jesús. A pesar de la estrategia de Herodes, Dios está allí para salvarlo. Tanto la intervención de Dios por medio de la estrella y de los sueños, como la derrota de Herodes, están hablando de la experiencia de la comunidad de Mateo.

Si analizamos en profundidad nuestra actitud ante el Niño, resulta que el miedo de Herodes es también nuestro miedo. El reinado de Dios es una amenaza para nuestro egoísmo. Cuántas veces en nuestra vida hemos dicho: esto no lo creo, cuando queríamos decir: esto no me gusta. Estaríamos dispuestos a adorar a un Dios que potenciara nuestras seguridades y nuestro poder. Un Dios que reine sin hacernos reinar a nosotros, no nos interesa. Como los magos salen de su tierra para buscar, nosotros tenemos que salir de nuestras seguridades terrenas para buscarle. Sin esa actitud, aunque haya nacido el Niño y aparecido la estrella, seguiremos sin enterarnos y el encuentro no se producirá.

Los letrados lo saben todo sobre el Mesías, pero, instalados en sus privilegios, no mueven un dedo para comprobar. Se quedan con su conocimiento y sus libros. El mensaje de este relato puede advertirnos a nosotros de que el  amor a la verdad crea nómadas, no instalados satisfechos. Cuantas veces, los cristianos nos hemos conformado con marcar a los demás la dirección sin mover un dedo para acompañarles. Esta actitud de los magos, nos tiene que hacer pensar. Los paganos adoran al Niño, los judíos intentan matarlo. Los paganos reconocen al Niño, los judíos no lo reconocen. Son tesis del evangelio de Mateo.

El hecho de que los magos pregunten a Herodes y éste pregunte a su vez a los que conocen las Escrituras es muy interesante. Las Escrituras pueden servir de pauta, pueden indicarnos el camino a seguir cuando atravesamos lugares o tiempos sin estrella. Pero el valor de la Escritura depende de la actitud del que las estudia. A la Biblia hay que acercarse sin prejuicios; no para buscar argumentos a favor de lo que ya creemos, sino abiertos a lo que nos va a decir, aunque sea distinto a lo que yo espero. Ante millones de estrellas que brillan en el firmamento, lo magos descubren la de Jesús. Ante las miles de estrellas que llaman la atención en nuestro mundo, tenemos que descubrir la nuestra.

El hombre tiene que dejarse iluminar por su estrella, pero también debe ser guía para los demás. No se trata de “convertir” a nadie. Nuestra obligación es hacer ver a los demás el Dios de Jesús, manifestando con nuestra vida su cercanía. Hacemos presente lo que es Dios, siempre que salimos de nosotros mismos y vamos en ayuda de los demás. No debemos presentarnos como poseedores de al verdad, sino como compañeros en la búsqueda. El verdadero creyente será siempre un buscador de la verdad, no su guardián. Fijaros lo que tiene que cambiar la actitud de los cristianos, sobre todo la de sus jefes.

Esta celebración nos lanza más allá del marco de una iglesia. Dios se manifiesta siempre a todos los pueblos de todas las épocas. Todos los hombres están a la misma distancia de Dios. En el momento que nos sentimos privilegiados, hemos hecho polvo el mensaje de esta fiesta. Todos recibimos todo de Dios y todos tenemos la obligación de aprender de los demás y enseñar a los demás. Todos tenemos la obligación de encender una cerilla, en lugar de maldecir las tinieblas. No podemos seguir mirándonos al ombligo con autocomplacencia. Debemos completar nuestra verdad aceptando la verdad de los otros.

El Reino de Dios no se limita a una Iglesia. El amor, la entrega, la capacidad de salir de sí e ir al otro, son posibilidades que abarcan a todos los hombres. Lo que celebramos hoy es la apertura de Dios a todos los hombres. Allí donde haya un hombre que crece en humanidad, amando a los demás, allí se está Dios. No podemos entender la apertura a los gentiles como propuesta para que se conviertan a nuestra religión. Lo importante es descubrir y potenciar lo que hay de cristiano en cada hombre, aunque no conozca a Jesús.

Jaunaren Epifania – A (Mateo 2,1-12)

ERAIL ALA ADORATU

Herodesek eta beraren gorteak boteretsuen mundua ordezkatzen dute. Denak balio du norberaren boterea segurtatzen badu: kalkuluak, estrategiak eta gezurrak. Balio du krudeltasunak berak ere, baita izu edo terroreak, gizakia mespretxatzeak eta errugabeak suntsitzeak ere. Mundu handi eta boteretsu bat dela ematen du, ordenaren eta zuzentasunaren defendatzaile bezala aurkezten zaigu, baina ahula eta zitala da: haurraren bila bukatuko du beti, «erailtzeko».

Mateoren kontaeraren arabera, Ekialdetik etorritako mago batzuk sartu dira bat-batean ilunpearen mundu honetan. Exegeta batzuek ebanjelioko legenda hau sakontasunaren psikologiara joz interpretatzen dute gaur egun. Giza bihotzeko gurari jatorrenei entzuten dietenek egiten duten bidea ordezkatzen dute magoek; magoak gidatzen dituen izarra, berriz, gizakiok jainkotasunaz dugun jakin-mina, eta egin duten bidea desiratzea da. Gizatasunean jainkotasuna aurkitzeko, erail ordez haurra adoratzeko, suntsitu ordez gizakiaren duintasuna aitortzeko, Herodesek jarraitzen duenaren kontrako bidea egin behar da.

Ez da bide erraza. Ez da aski bihotzaren deia entzutea; abiatu egin behar da, probatu, arriskatu. Sekulakoa da magoen azken keinua. Ez dute erail haurra, adoratu egin dute. Begirunez makurtu dira beraren duintasunaren aurrean, jainkotasuna aurkitu dute beraren gizatasunean. Hauxe da Betleheemgo haurragan haragi egin den Jainkoaren Semearen adorazioan bistaratu duten mezua.

Barrunta dezakegu eskaini dituzten oparien esanahi sinbolikoa ere. Urreaz gizakiaren duintasuna eta balio ezin estimatua aitortu dute; den-dena beraren zoriontasunaren menpekotzat hartu behar da; haur honek merezi du beraren oinetan jar diezazkioten munduko aberastasun guztiak. Intsentsuak desira agertzen du haur honen bizitza garatu dadin eta beraren duintasuna zeruraino jasoa izan dadin: gizaki oro dago Jainkoaren beraren bizitzan partaide izatera deitua. Mirra botika da gaixotasuna sendatzeko eta sufrimendua arintzeko: gizakiak arduraren eta kontsolamenduaren beharra du, eta ez indarkeria eta oldarkortasuna.

Ahulaz duen ardurarekin eta umiliatuaz duen samurtasunarekin, Betlheemen jaio den Haur honek salbazio-indar bakarra den maitasunaren magia txertatuko du munduan, oraintxetik jada Herodes boteretsua dardaraz jarri baitu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

MATAR O ADORAR

Herodes y su corte representan el mundo de los poderosos. Todo vale en ese mundo con tal de asegurar el propio poder: el cálculo, la estrategia y la mentira. Vale incluso la crueldad, el terror, el desprecio al ser humano y la destrucción de inocentes. Parece un mundo grande y poderoso, se nos presenta como defensor del orden y la justicia, pero es débil y mezquino, pues termina siempre buscando al niño «para matarlo».

Según el relato de Mateo, unos magos venidos de Oriente irrumpen en este mundo de tinieblas. Algunos exegetas interpretan hoy la leyenda evangélica acudiendo a la psicología de lo profundo. Los magos representan el camino que siguen quienes escuchan los anhelos más nobles del corazón humano; la estrella que los guía es la nostalgia de lo divino; el camino que recorren es el deseo. Para descubrir lo divino en lo humano, para adorar al niño en vez de buscar su muerte, para reconocer la dignidad del ser humano en vez de destruirla, hay que recorrer un camino opuesto al que sigue Herodes.

No es un camino fácil. No basta escuchar la llamada del corazón; hay que ponerse en marcha, exponerse, correr riesgos. El gesto final de los magos es sublime. No matan al niño, sino que lo adoran. Se inclinan respetuosamente ante su dignidad; descubren lo divino en lo humano. Este es el mensaje de su adoración al Hijo de Dios encarnado en el niño de Belén.

Podemos vislumbrar también el significado simbólico de los regalos que le ofrecen. Con el oro reconocen la dignidad y el valor inestimable del ser humano: todo ha de quedar subordinado a su felicidad; un niño merece que se pongan a sus pies todas las riquezas del mundo. El incienso recoge el deseo de que la vida de ese niño se despliegue y su dignidad se eleve hasta el cielo: todo ser humano está llamado a participar de la vida misma de Dios. La mirra es medicina para curar la enfermedad y aliviar el sufrimiento: el ser humano necesita de cuidados y consuelo, no de violencia y agresión.

Con su atención al débil y su ternura hacia el humillado, este Niño nacido en Belén introducirá en el mundo la magia del amor, única fuerza de salvación que ya desde ahora hace temblar al poderoso Herodes.

José Antonio Pagola

MARÍA MADRE (A) Fray Marcos

(Nm 6,22-27) El Señor se fije en ti y te conceda la paz.

(Gal 4,4-7) Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo nacido de una mujer

(Lc 2,16-21) María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón.

                    En María descubrimos a Dios como Madre. En ella imaginamos la Realidad Última entrañable y cercana.

Es una fecha cargada de connotaciones profundamente humanas: la circuncisión e imposición del nombre a Jesús, la maternidad de María, el comienzo del año. El día de la paz. No me gusta tratar más de un tema en la homilía, pero hoy haremos una excepción. La fiesta quedaría incompleta si omitiéramos alguno de estos aspectos. De todas formas, desde el punto de vista litúrgico, la más importante es la de María Madre.

María madre de Dios. Es la fiesta más antigua de María que se conoce. Pablo VI la recuperó y la colocó en este día de la octava de Navidad. La maternidad de María es un dogma. Esto no nos tiene que asustar, porque lo que de verdad importa es la manera de entender hoy esa verdad. Fue definido en Éfeso en el 431. No es de un dogma mariológico, sino cristológico. Los evangelios y los primeros escritos cristianos no se preocuparon de María.

La prueba de que en la definición de Éfeso no querían decir lo que se entendió, es que tuvo que ser aclarada veinte años después por el concilio de Calcedonia (451), afirmando que María era madre de Dios, «en cuento a su humanidad». ¿Qué queremos decir cuando hablamos de la humanidad de Dios? Efectivamente, llamar a María “madre de Dios” porque fue la madre de Jesús, es violentar los conceptos. Jesús fue un ser humano que comenzó a existir en un momento determinado de la historia. El niño que lloraba y que mamaba, se meaba y se cagaba, no puede ser identificado sin más, con Dios que está fuera del tiempo.

Para entender el dogma de la «Theotokos» (la que pare a Dios), debemos tener en cuenta el contexto. Fue un intento de afirmar, que el fruto del parto de María era una única persona, contra Nestóreo, que afirmaba dos personas en Jesús, una humana que era Jesús, y una divina, la segunda de la trinidad. No debemos olvidar que el concilio de Éfeso lo promovió el mismo Nestóreo para condenar a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo. Faltó el canto de un duro, para que condenaran como herejía lo que se definió como dogma.

Aunque no fue la intención del concilio, lo que se entendió del dogma, no deja de tener su importancia a la hora de pensar la realidad de Dios. Que nos hayamos atrevido a dar una madre a Dios tiene unas connotaciones sicológicas incalculables. Manifiesta la necesidad de comprender a Dios desde nuestra realidad humana. Somos hijos de Dios y Él es a la vez Hijo de una mujer… Dios entrando en la dinámica humana y el hombre entrando en la dinámica divina. Llamar a María Madre es manifestar la presencia de Dios en Jesús.

La circuncisión se hacía a los ocho días y era el rito religioso fundamental para el pueblo judío. Mucho más que el bautismo para nosotros. Implicaba ponerle un nombre, que en aquella época era muy importante y que, en este caso, según el relato, no lo eligen ellos, sino que viene impuesto. Lo que significa el nombre “Jesús” (Dios salva) resume toda su vida. La circuncisión era el signo de adhesión al pueblo de Israel. Si era primogénito, como en este caso, había que rescatarlo de la obligación de ofrecer al Señor todo primogénito.

El comienzo del año supone traspasar una frontera. En el NT encontramos dos palabras que traducimos por “tiempo”, pero tienen significado diferenciado. “Chronos” es el tiempo astronómico. Se refiere al paso de las horas, días y años… es lo que estamos celebrando hoy. “Kairos”. Sería el tiempo humano. Es el tiempo oportuno para hacer algo importante que atañe a la condición humana. Éste es mucho más importante desde el punto de vista religioso. Es el tiempo que se me da como oportunidad de crecer en el ser. No debía traspasar la frontera del año sin hacer una reflexión sobre sí mismo, y valorar como está haciendo uso de algo tan importante y tan efímero como el tiempo cronológico.

Sabemos que Dios es amor, don total y absoluto. Siempre será lo que es para nosotros. Pero ese don no se una impone desde fuera. Si el hombre no lo descubre y lo acepta, no significará nada para él. La aceptación de ese don que es Dios, tenemos que hacerla desde la más profunda humanidad. No es suficiente una vida animal y racional plena. Es necesaria una perspectiva humana que solo se da más allá de lo biológico y lo racional. Para que Dios llegue a nosotros, como humanos, debemos tomar conciencia de ello y aceptarlo.

Día mundial de la paz, Tal vez sea una de las carencias que más afecta al ser humano de hoy, porque la ausencia de paz es la prueba de una falta de humanidad a todos los niveles. Ahora bien, la reflexión que hacemos no puede quedarse en aspavientos y quejas sobre lo mal que está el mundo. No descubriremos lo que significa la paz, hablando de guerras y conflictos, quedándonos en una crítica externa sin mover un dedo para cambiar las cosas.

No son las contiendas internacionales, por muy dañinas que sean, las que impiden a los seres humanos alcanzar su plenitud, Los grandes conflictos internacionales los originamos nosotros con nuestras riñas y pendencias individuales. Si no hay paz a escala mundial, la culpa la tengo yo, que lucho a brazo partido por imponer mis criterio o caprichos egoístas a los que están a mi alrededor. El egoísmo que impide la armonía en nuestras relaciones personales es el causante de las más feroces guerras a todos los niveles.

La paz no es una realidad que podamos buscar con un candil. La paz será siempre la consecuencia de unas relaciones humanas entre nosotros. Es muy deprimente que nos sigamos rigiendo por el proverbio latino: “si vis pacem parat vellum”. Si te preparas para la guerra, es que estás pensando en quedar por encima del otro. Si no existe una calidad humana no puede haber una verdadera paz, ni entre las personas ni entre las naciones.

El primer paso hacia la paz, tengo que darlo yo entrando dentro de mí. Si no he conseguido una armonía interior, si no descubro mi verdadero ser y lo asumo como la realidad fundamental en mí, ni tendré paz ni la puedo llevar a los demás. Este proceso de maduración personal es el fundamento de toda verdadera paz. Pero es también lo más difícil porque exige la superación de todo egoísmo. Una auténtica paz interior se reflejaría en nuestras relaciones, comenzando por las familiares y terminando por las internacionales.

¡Recuperemos el shalom judío! En esa palabra se encuentra resumido todo lo que intento deciros. Nuestra palabra “paz” tiene connotaciones exclusivamente negativas: ausencia de guerra, ausencia de conflictos, etc. Pero el shalom se refiere a realidades positivas. Decir shalom significaría un deseo de que Dios te conceda todo lo que necesitas para ser tú.

El ser humano auténtico es el que ha dejado de pretender que todo giren en torno a él. Aprender a amar, preocuparse de los demás, entrar en armonía, no sólo con los demás sino con toda la creación es la única preparación para la paz. El que ama no pelea por nada ni pretende nada, sino que está encantado de que todos saquen provecho de él.

Andre Maria Jainkoaren Ama – A (Lukas 2,16-21)

MARIA, JESUSEN AMA

Mariaganako debozioak nolabaiteko jaitsiera jasan du, hein batean abusu eta desbideratze nabarmenek eragina; baina gaur egun Mariaz interesatzera itzuli gara kristauak, kristau-esperientziaren baitan beri benetako lekua eman nahiz.

Arazoa ez da Mariagana jotzea «mezu apokaliptikoak entzuteko, erlijiogabetasunak eta fedegabetasunak leporaino hartua den munduari zigor izugarriz mehatxu eginez, eta aldi berean esanez, Mariak bere amatasun-babesa eskaintzen diela penitentzia edota otoitz jakin batzuk egiten dituztenei.

Arazoa ez da otoitz-zaletasun bat sustatzea ere, sekretuki ama idealizatu batekiko haur-menpetasuna eta fusioa eraginez. Duela asko jarri gintuen psikologiak arrisku honen jakinaren gainean: Maria «Birjina eta Ama» bezala faltsuki goratzen duen debozio baten arriskua, alegia, hondo-hondoan «benetako emakumea» mespretxatzea dakarrena gizonezkoaren betiko tentatzailetzat emanez.

Badugu irizpide bat Mariarekiko debozioa «kristau-egia» den ala ez jakiteko: ikustea da, ea fededunari bere baitan bil-biltzera eragiten dion ala Jainkoaren egitasmoari begira jartzen duen; ea fededuna atzera begira jartzen duen «irudimenezko ama» batekiko haur-erlazioa eraginez ala bere fedea era helduan eta erantzukizunezkoan bizitzera eragiten dion, Jesu Kristori leial jarraitzeko.

Gaur egungo mariologia ahalegin handia egiten ari da kristauei Mariaz ikuspegi hau eskaintzeko: Maria Jesu Kristoren Amatzat hartzea, beraren Semearen lehen ikasletzat eta benetako kristau-bizitzaren eredutzat hartzea.

Zehazkiago esateko, Maria gaur egun Jainkoa leial onartzearen eredua dugu, esanekoa den fedearen jarreraz; beraren Semearekiko zerbitzari-jarreraren eta sufritzen ari diren guztiekiko ardura solidarioaren etsenplua dugu; beraren Semeak predikatu eta sustatu duen «Jainkoaren Erreinuaz» konprometitua den emakumea dugu.

Bizi ditugun nekearen eta fedegabeko pesimismoaren egun hauetan, Mariak, Jainkoarekiko errotiko bere obedientzia eta esperantza fidatua direla medio, ondo gida gaitzake kristau-bizitza sakonago eta Jainkoarekiko leialago den batera.

Mariarekiko debozioa ez da, beraz, bigarren mailako osagai bat jende «xumearen», jarduera eta erritu ia folklorikoei emana den jendearen, erlijioa elikatzeko, Aitzitik, Mariagana hurbiltzea, Kristoren misterioa aurkitu eta onartzeko bizi-punturik hobenean jartzea dugu. Mateo ebanjelariak «Emmanuelen» amatzat aurkeztu digu Maria, hau da, Jesusengana, «Jainkoa gurekin» den horrengana, hurbiltzen ahal gaituena.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

MARÍA, LA MADRE DE JESÚS

Después de un cierto eclipse de la devoción mariana, provocado en parte por abusos y desviaciones notables, los cristianos vuelven a interesarse por María para descubrir su verdadero lugar dentro de la experiencia cristiana.

No se trata de acudir a María para escuchar «mensajes apocalípticos» que amenazan con castigos terribles a un mundo hundido en la impiedad y la increencia, mientras ella ofrece su protección maternal a quienes hagan penitencia o recen determinadas oraciones.

No se trata tampoco de fomentar una piedad que alimente secretamente una relación infantil de dependencia y fusión con una madre idealizada. Hace ya tiempo que la psicología nos puso en guardia frente a los riesgos de una devoción que exalta falsamente a María como «Virgen y Madre», favoreciendo, en el fondo, un desprecio hacia la «mujer real» como eterna tentadora del varón.

El primer criterio para comprobar la «verdad cristiana» de toda devoción a María es ver si repliega al creyente sobre sí mismo o si lo abre al proyecto de Dios; si lo hace retroceder hacia una relación infantil con una «madre imaginaria» o si lo impulsa a vivir su fe de forma adulta y responsable en seguimiento fiel a Jesucristo.

Los mejores esfuerzos de la mariología actual tratan de conducir a los cristianos a una visión de María como Madre de Jesucristo, primera discípula de su Hijo y modelo de vida auténticamente cristiana.

Más en concreto, María es hoy para nosotros modelo de acogida fiel de Dios desde una postura de fe obediente; ejemplo de actitud servicial a su Hijo y de preocupación solidaria por todos los que sufren; mujer comprometida por el «reino de Dios» predicado e impulsado por su Hijo.

En estos tiempos de cansancio y pesimismo increyente, María, con su obediencia radical a Dios y su esperanza confiada, puede conducirnos hacia una vida cristiana más honda y más fiel a Dios.

La devoción a María no es, pues, un elemento secundario para alimentar la religión de gentes «sencillas», inclinadas a prácticas y ritos casi «folclóricos». Acercarnos a María es, más bien, colocarnos en el mejor punto para descubrir el misterio de Cristo y acogerlo. El evangelista Mateo nos recuerda a María como la madre del «Emmanuel», es decir, la mujer que nos puede acercar a Jesús, «el Dios con nosotros».

José Antonio Pagola

Semana del 1 al 7 de enero – Ciclo A
Santa María, Madre de Dios

Números 6,22-27: «Invocarán mi nombre sobre los israelitas y los bendeciré»
Salmo 67: «El Señor tenga piedad y nos bendiga»
Gálatas 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer
Lucas 2,16-21: Le pusieron por nombre Jesús

Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz». Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

Salmo responsorial: 67

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, / ilumine su rostro sobre nosotros; / conozca la tierra tus caminos, / todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones, / porque riges el mundo con justicia, / riges los pueblos con rectitud / y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, / que todos los pueblos te alaben. / Que Dios nos bendiga; que le teman / hasta los confines del orbe. R.

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abbá! (Padre).» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Evangelio.-Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

COMENTARIO LITÚRGICO

Litúrgicamente hablando, hoy es la fiesta de «Santa María Madre de Dios»; es también la «octava de Navidad», y por tanto el recuerdo de «la circuncisión de Jesús», celebración judía que se celebraba al octavo día del nacimiento de los niños, y en la que se les imponía el nombre. Para nosotros, hombres y mujeres de hoy, esos tres componentes de la festividad litúrgica de hoy nos aparecen como muy lejanos, extraños, tal vez irrelevantes para nuestra vida… tanto por el lenguaje que en que son expresados, como por el «imaginario religioso» al que pertenecen…r

Por otra parte, hoy es también el primer día del año civil, «¡Año Nuevo!», y la Jornada Mundial por la Paz, celebración esta que, aunque originalmente procede una iniciativa eclesiástica católica, ha alcanzado una notable aceptación en la sociedad, gozando ya de un cierto estatuto de reconocimiento civil.

Como se puede ver, pues, hay una buena distancia entre la conmemoración litúrgica y los motivos «modernos» de celebración. Esta distancia, que se repite en otras fiestas, con bastante frecuencia, habla por sí misma de la necesidad de «actualizar» el calendario litúrgico, y, mientras esa tarea no sea acometida oficialmente por quien corresponde, será preciso que los agentes de pastoral tengan creatividad y audacia para reinterpretar el pasado, abandonar lo que está muerto, y recrear el espíritu y a veces la letra misma y los símbolos de las celebraciones.

Pero veamos en primer lugar los textos bíblicos que la ordenación litúrgica posconciliar asignó a este día.

Nm 2,22-27 es la llamada bendición aaronítica (de Aarón), porque se afirma que Dios la reveló a Moisés para que éste a su vez la enseñara a Aarón y a sus hijos, los sacerdotes de Israel, para que con ella bendijeran al pueblo. Seguramente fue usada ampliamente en el antiguo Israel. Incluso se ha encontrado grabada en plaquetas metálicas para llevar al cuello, o atada de algún modo al cuerpo, como una especie de amuleto. Arqueológicamente dichas plaquetas datan de la época del 2º templo, es decir, del año 538 AC en adelante. Bien nos viene una bendición de parte de Dios al comenzar el año: que su rostro amoroso brille sobre todos nosotros como prenda de paz. La paz tan anhelada por la humanidad entera, y lamentablemente tan esquiva. Pero es que no basta con que Dios nos bendiga por medio de sus sacerdotes. No basta que él nos muestre su rostro. Aquí no se trata de bendiciones mágicas sino de un llamado a empeñarnos también nosotros en la consecución y construcción de la paz: con nosotros mismos, en nuestro entorno familiar, con los cercanos y los lejanos, con la naturaleza tan maltratada por nuestras codicias; paz con Dios, Paz de Dios.

Buen comienzo del año éste de la bendición. El refrán popular ha consagrado ese deseo de «volver a comenzar» que sentimos todos al llegar esta fecha: «Año nuevo, vida nueva». Uno quisiera olvidar los errores, limpiarse de las culpas que molestan en la propia conciencia, estrenar una página nueva del libro de su vida, y empezarla con buen pie, dando rienda suelta a los mejores deseos de nuestro corazón… Por eso es bueno comenzar el año con una bendición en los labios, después de escuchar la bendición de Dios en su Palabra.

Bendigamos al Señor por todo lo que hemos vivido hasta ahora, y por el nuevo año que pone ante nuestros ojos: nuevos días por delante, nuevas oportunidades, tiempo a nuestra disposición… Alabemos al Señor por la misericordia que ha tenido con nosotros hasta ahora. Y también porque nos va a permitir ser también nosotros una bendición en este nuevo año que comienza: bendición para los hermanos y bendición para Dios mismo. Año nuevo, vida nueva, bendición de Dios.

Gál 4,4-7 es una apretada síntesis de lo que Pablo nos enseña en tantos otros pasajes de sus cartas. En primer lugar, nos dice que el tiempo que vivimos es de plenitud, porque en él Dios ha enviado a su Hijo, no de cualquier manera, sino «nacido de mujer y nacido bajo la ley», es decir, semejante en todo a nosotros, en nuestra humanidad y en nuestros condicionamientos históricos. Pero este abajamiento del Hijo de Dios, nos ha alcanzado la más grande de las gracias: la de llegar a ser, todos nosotros los seres humanos, sin exclusión alguna, hijos de Dios, capaces de llamarlo «Abba», es decir, Padre. Nuestra condición filial fundamenta una nueva dignidad de seres humanos libres, herederos del amor de Dios. Parecerían hermosas palabras, nada más, frente a tantos sufrimientos y miserias que todavía experimentamos, pero se trata de que pongamos de nuestra parte para que la obra de Jesucristo se haga realidad. Se trata de que nos apropiemos de nuestra dignidad de hijos libres, rechazando los males personales y sociales que nos agobian, luchando juntos contra ellos. Esto implica una tarea y una misión: la de hacernos verdaderos hijos de Dios, a nosotros y a nuestros hermanos que desconocen su dignidad.

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, nos recuerda Pablo (Gál 4,4). Nació en la debilidad, en la pobreza, fuera de la ciudad, en la cueva, porque no hubo para ellos lugar en la posada… Nace en la misma situación que el conjunto del pueblo, los sencillos, los humildes, los sin poder.

Este nacimiento real y concreto es asumido por Dios para abrazar en el amor a todos los que la tradición había dejado fuera. Es la visita real de aquel que, por simple misericordia, nos da la gracia de poder llamar a Dios con la familiaridad de Abba -«papito»- y la posibilidad de considerar a todos los hombres y mujeres hermanos muy amados.

«Ha aparecido la bondad de Dios»… en Jesús, y es hora de alegría estremecida, para hacer saber al mundo -y a la creación misma- que Dios ha florecido en nuestra tierra y todos somos depositarios de esa herencia de felicidad.

Lc 2,16-21. Hablando en ese conocido género literario (“evangelio de la infancia”), Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.

Todo ello dentro de una composición teológica más elaborada de lo que su aparente ingenuidad pudiera sugerir. En todo caso, la simplicidad, la pobreza, la llaneza del relato y de lo relatado, casan perfectamente con el espíritu de la Navidad.

La «maternidad divina de María», tema oficial principal de la celebración litúrgica de hoy, y uno de los tres «dogmas» marianos -si se puede hablar así-, es una formulación que hace tiempo «chirría» en los oídos de quien la escucha desde una imagen de Dios adulta y crítica. Como ocurre con tantos otros «dogmas» y tradiciones tenidas como tales, el pueblo cristiano las ha amalgamado fantásticamente con los evangelios, llegando a pensar que provienen directamente del evangelio.

Pablo no conoció a Jesús, ni tampoco se encontró con María. El versículo Gál 4,4 que hoy leemos, es «todo lo que Pablo dice de María». Ni siquiera cita su nombre -¿lo llegó a saber?-. En el cristianismo, la «maternidad divina» de María es, claramente, una construcción eclesial: ni los evangelios ni Pablo saben nada de ella, y no será formulada ni «declarada» hasta el siglo V.

En este contexto, es importante desempolvar y recordar la historia de tal «dogma», con la conocida «manipulación» del concilio de Éfeso, en el año 431, cuando Cirilo de Alejandría forzó y consiguió la votación antes de que llegaran los padres antioqueños, que representaban en el Concilio la opinión contraria. Se dice que el Pueblo cristiano acogió con entusiasmo esta declaración mariana, pero hay que añadir que se trata de los habitantes de Éfeso, la ciudad de la antigua «Gran Diosa Madre», la originaria diosa-virgen Artemisa, Diana… La fórmula de Éfeso, en cualquier caso, ha sido siempre tenida como sospechosa de concebir la filiación divina y la encarnación en términos «monofisitas», que hasta cosifican a Dios, como si se pudiera procrear a Dios y no más bien a un hombre en el que, en cuanto Hijo de Dios, Dios mismo se nos hace patente a la fe… (Nos estamos refiriendo a lo que dice Hans Küng, en Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, pág. 584ss).

El título «madre de Dios» no es bíblico, como es sabido. Para el evangelio María es siempre, nada más y nada menos que «la madre de Jesús», un título tan entrañable, real e histórico, que acabará sepultado y abandonado en la historia bajo un montón de otros títulos y advocaciones construidos eclesiásticamente. San Agustín (siglos IV y V) todavía no conoce himnos ni oraciones ni festividades marianas. El primer ejemplo de una invocación directa a María lo encontramos en el siglo V, en el himno latino Salve Sancta Parens.

La Edad Media europea dará rienda suelta a su imaginario teológico-devocional respecto de María. Mientras los primitivos Padres de la Iglesia todavía hablan de las posibles imperfecciones morales de María, en el siglo XII aparece la opinión de su «exención del pecado», tanto del personal como del «original». Habría sido eximida de todo pecado. En el mismo siglo XII aparece el Avemaría. El ángelus en el XIII. El rosario en el XIII-XIV [en realidad vino de fuera del cristianismo: https://youtu.be/BL2zxSibnyg]. El mes de María y el mes del rosario, en el XIX-XX. Los puntos culminantes de esta evolución serán la definición de la «inmaculada concepción de María» (1854, por Pío IX) y la definición de la «asunción de María en cuerpo y alma al cielo» (1950, por Pío XII). Momentos finales de este apogeo mariano serán la «consagración del mundo al Corazón de María» en 1942 y 1954, por Pío XII.

Pero todo este marianismo remitió con sorprendente rapidez con el Concilio Vaticano II, que renunció a nuevos «dogmas» y desechó la anterior mariología «cristotípica» (característica de la escuela mariológica española preconciliar), dando paso a una comprensión mariológica mucho más sobria, bíblica e histórica, en la línea «eclesiotípica» (de la escuela alemana principalmente). Aunque la veneración a María (hyper-dulía), superior a la tributada a los santos (dulía), siempre fue distinguida teóricamente de la dada a Dios (latría), lo cierto es que en la religiosidad popular muchas veces María fungió como un verdadero «correlato femenino de la divinidad», y su condición de criatura, de discípula de Jesús y miembro de la Iglesia casi fueron olvidadas (en forma paralela a lo que ocurrió con Jesús respecto de su humanidad).

Hoy, la imagen conciliar de María que la Iglesia tiene es la de «la madre de Jesús», desmitificada, despojada de tantas adherencias fantasiosas como se le habían puesto encima a lo largo de la historia: María es una cristiana, muy cercana a Jesús, una «discípula» suya, y un destacado miembro de la Iglesia: la «madre de Jesús», en un título insuperable que le da el mismo evangelio, y a cuyo uso muchos creyentes vuelven en la actualidad, prefiriéndolo al creado en el siglo V. La Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en su capítulo octavo (nºs 52-69) ofrece todavía hoy la mejor síntesis de la mariología clásica para nuestros tiempos. El Concilio Vaticano II nos sigue marcando el camino, también en mariología. A la hora de pensar o predicar sobre María, debemos remitirnos, necesariamente, a ese capítulo octavo de la Lumen Gentium.

Concluimos. Seguimos estando en tiempo de Navidad, tiempo en el que la ternura, el amor, la fraternidad, el cariño familiar… se nos hacen más palpables que nunca. La ternura de Dios hacia nosotros, que se expresó en el niño de Belén, inunda nuestra vida, en las luces de colores, los adornos navideños, los villancicos y las reuniones familiares. Todo ayuda a ello en este tiempo todavía de Navidad. Dejemos recalar estos sentimientos en nuestro corazón, para que perduren a lo largo de todo el año.

Al comenzar el año, al poner el pie por primera vez en este nuevo regalo que el Señor nos hace en nuestra vida, vamos a agradecerle con todo el corazón la alegría de vivir, la oportunidad maravillosa que nos da de seguir amando y siendo amados, y la capacidad que nos ha dado para cambiar y rectificar.