Festividad del Cuerpo de Cristo – Koinonía

Deuteronomio 8,2-3.14b-16a

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Salmo responsorial: 147

Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén; / alaba a tu Dios, Sión: / que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, / y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras, / te sacia con flor de harina. / Él envía su mensaje a la tierra, / y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob, / sus decretos y mandatos a Israel; / con ninguna nación obro así, / ni les dio a conocer sus mandatos. R.

1Corintios 10,16-17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo

Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Juan 6,51-58

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

 COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Por distintas razones históricas y culturales nuestra iglesia ha cultivado durante mucho tiempo una perspectiva negativa del cuerpo humano. A excepción de la solemnidad que hoy conmemoramos, casi nunca ha considerado la celebración de la corporalidad del varón o la mujer, de la cual hay testimonio en el libro del Cantar de los Cantares. Una perspectiva renovada de la antropología cristiana y la corporalidad humana se impone paulatinamente en la espiritualidad y la práctica pastoral de nuestra comunidad eclesial desde la renovación impulsada por del Concilio Vaticano II, celebrado hace más de 50 años. Sin embargo llama la atención que muchas propuestas eclesiales reafirmen aún hoy una reflexión y una praxis bastante conservadora. El influjo de cierto dualismo filosófico griego todavía se hace sentir en la espiritualidad cristiana y en la teología práctica de la iglesia. Desde este enfoque, el cuerpo y todas las realidades “materiales” están sujetos al pecado y a la corrupción; por tanto son pensados como obstáculos para los deseos del “espíritu” y las búsquedas del “alma” humana que, por contraposición, son vistas como algo más sublime.

Por lo general los católicos concebimos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo como la fiesta de Jesús-Pan-de-Vida; y las lecturas que nos propone la liturgia del día nos llevan en esa dirección. Pero la celebración del Corpus Christi implica una realidad que incluye y a la vez trasciende la sola dimensión eucarística de la corporalidad de Jesús. Tenemos la firme convicción que el Cuerpo y la Sangre de Jesús que compartimos en la comunión son la presencia real de Cristo portadora de vida y salvación; pero nos cuesta comprender el sentido de esta afirmación y, particularmente, percibir la continuidad en la discontinuidad del mismo y único Jesucristo. El recorte litúrgico del evangelio del día acentúa esta perspectiva clásica.

En esta celebración se hace necesario incluir la memoria del Jesús histórico que pone a disposición de la salvación del mundo la totalidad de su persona. El Cristo que ofrece su cuerpo progresivamente andando por los polvorientos caminos de Galilea. Ya desde entonces su existencia está puesta a disposición del proyecto salvador del Padre. Jesús se deja conducir por el Espíritu hasta las últimas consecuencias. Y si en el camino a Jerusalén abraza la perspectiva de la cruz es porque antes había puesto a disposición su cuerpo, al abrazar la carne doliente de tantos hermanos y hermanas. Los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección en Jerusalén tanto como la reflexión posterior de la comunidad cristiana no se entienden sin aquella solidaridad primera de Jesús que ofrece su cuerpo para que lo encuentren quienes lo buscan en sus necesidades.

En cuanto a los textos litúrgicos, el texto del Deuteronomio pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el «testamento de Moisés», refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación.

La primera palabra de nuestro texto es «recuerda». Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: «no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios«. Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder…) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor… Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.

Pablo orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan… ¿no nos «une» a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común – unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan…expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación «el Pan es uno… nosotros somos muchos»… para concluir que al comulgar «formamos un solo cuerpo». La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también «el cuerpo» expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.

«Mi Cuerpo es Comida»

Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este Gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía.

(Pedro CASALDÁLIGA)

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 058 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento».

La serie «Otro Dios es posible» contiene la entrevista 64, titulada «¿El Cuerpo y la sangre de Cristo?», que puede ser útil para un debate en grupo.

[http://radialistas.net/article/63-santisima-trinidad/]

TRINIDAD (A) – Fray Marcos

(Jn 3,16-18)

Dios no es nada de lo que podamos pensar. Al pensarle, le convertimos en ídolo.

Las verdades de fe no pueden ser demostradas. A lo máximo que podemos aspirar es a descubrir que no son irracionales. Lo que me llevará a una verdadera fe no es el conocimiento sino la vivencia interior. La Trinidad nos enseña que solo vivimos si convivimos. Nuestra vida debía ser un espejo que reflejara el misterio de la Trinidad.

Jesús experimentó al verdadero Dios, pero fracasó a la hora de hacer ver a sus discípulos su vivencia. En los evangelios encontramos chispazos de esa luz, pero los seguidores de Jesús no pudieron aguantar el profundo cambio que suponía sobre el Dios del AT. El cristianismo se encontró más a gusto con el Dios del AT que con el de Jesús.

Solo después de haber abandonado siglos de vivencia, se hizo necesaria la reflexión teológica sobre el misterio. Los dogmas llegaron como medio de evitar ‘errores’, pero lo importante fue siempre vivir esa presencia de Dios en el interior de cada cristiano. Solo viviendo la realidad de Dios en nosotros se podrá manifestar luego en el servicio al otro.

Nadie se podrá encontrar con el Hijo o con el Padre o con el Espíritu Santo. Nuestra relación será siempre con el TODO que nos identifica con Él. Cuando hablamos de cualquiera de las tres personas, estamos hablando de Dios. En teología, esta manera impropia de asignar acciones a cada persona se llama “apropiación” (¿indebida?). Ni el Padre ha creado ni el Hijo nos ha salvado ni el Espíritu Santo actúa por su cuenta.

Lo que creemos saber racionalmente de Dios, es un estorbo para vivir su presencia en nosotros. Mucho más si creemos que solo nuestro dios es verdadero. Incluso los ateos pueden estar más cerca del verdadero Dios que los muy creyentes. Ellos rechazan la creencia en el ídolo que nosotros nos empeñamos en mantener a toda costa.

De la misma manera, siempre que aplicamos a Dios contenidos verbales, aunque sean los de “ama”, “perdonó”, “salvará”, estamos radicalmente equivocados, porque en Dios los verbos no pueden conjugarse. Dios no tiene tiempos ni modos. Dios no tiene “acciones”. Dios todo lo que hace los es. Si ama, es amor, pero no como el nuestro.

Los primeros cristianos al amor que es Dios lo llamaron ágape. No se trata de una relación entre sujeto y objeto sino en la identificación de ambos. En el amor humano hay un sujeto que ama, un objeto amado y el amor. Ese amor no se puede aplicar a Dios porque no hay nada fuera de Él. El amor es su esencia, no una cualidad.

Vivir la Trinidad, sería experimentarlo: 1) Como Dios, ser absoluto. 2) Como Dios a nuestro lado presente en el otro. 3) Como Dios en el interior de nosotros mismos, fundamento de nuestro ser. En cada uno de nosotros se está reflejando la Trinidad. Se trata de descubrir a Dios que me trasciende y a la vez es el fundamento de mi ser.

No tiene ningún sentido la disyuntiva entre creer en Dios o no creer. Todos tenemos nuestro Dios. Hoy la disyuntiva es creer en el Dios de Jesús o creer en un ídolo. La mayoría de los cristianos no vamos más allá del ídolo que nos hemos fabricado a través de los siglos. Es más perjudicial para la Vida espiritual el teísmo que el ateismo.

La verdad es que no hemos hecho mucho caso al Dios de Jesús. Su Dios es amor y solo amor. Aunque condicionado por la idea de Dios del AT, dio un salto en el vacío y nos llevó al Abba insondable. La mejor noticia que podía recibir un ser humano es que Dios no puede apartarle de su amor. Esta es la realidad que tenemos que apropiarnos.

Al relacionarse con Dios pensado, el hombre busca sus propios intereses. Si se relaciona con la Deidad, camina hacia la disolución total y desaparición del yo. No solo debe renunciar a todo lo externo a él sino renunciar a sí mismo para identificarse con Dios.

Hirutasun Txit Santua – A – José A. Pagola

(Joan 3,16-18)

GUZTIENA DA JAINKOA – DIOS ES DE TODOS

Esaldi gutxi aipatu izan bide dira Joanen ebanjelioak Jesusen ahoan ipini duen hau adina. Autoreek fedearen funtsezkoaren laburpena ikusi dute esaldi honetan, II. mendearen hasieran kristau ez gutxik bizi zuen bezala harturik: «Hartaraino maite zuen Jainkoak mundua non bere Seme bakarra eman baitzuen».

Jainkoak mundu guztia maite du, eta ez bakarrik Jesusen mezua iritsi zaien kristau-elkarteak. Gizadi osoa maite du, eta ez Eliza bakarrik. Jainkoa ez da kristauen jabetza. Ezin bereganatu du inongo erlijiok. Ez da kabitzen inongo katedralean, meskitan, sinagogan.

Jainkoa gizaki ororen baitan bizi da, pertsona bakoitzari lagun eginez bere pozaldi eta atsekabeetan. Ez du uzten inor bertan behera, bere bideak eta moduak ditu bakoitzarekin topo egiteko; ez du zertan jarraitu guk markatzen diogun ezeri. Jesusek goizero ikusten zuen Jainkoa «bere eguzkia aterarazten jende onaren eta gaiztoaren gainera».

Jainkoak ez daki, ez du nahi eta ezin egin du maitatu baizik; bere izatearen muinean maitasun baita bera. Horregatik dio ebanjelioak Jainkoak bere Semea bidali duela, ez «mundua gaitzesteko», baizik eta Semearen bidez «mundua salba dadin». Arima adina maite du gorputza, eta adimena adina sexua. Gura duen gauza bakarra, ikustea da, oraintxetik eta betiko, gizadi osoa bere kreazioaz gozatzen.

Jainko hau sufritzen ari da gose direnen haragian, lurrean umiliaturik bizi direnengan; zapalduen baitan dago beraien duintasuna defendatuz, eta zapalkuntzaren aurka borrokan ari direnen baitan dago guztien ahalegina arnastuz. Gugan dago beti, guk hondatzen eta alferrik galtzen duguna «bilatu eta salbatu» nahiz.

Horrelakoa da Jainkoa. Bera ahaztea izango litzateke gure okerrik handiena. Are gehiago. Hesitzea geure aurreiritzietan, geure gaitzespenetan eta geure eskastasun erlijiosoan, jendeari eragotziz lehen eta funtsezko fede hau landu dezan. Zertarako dira on teologoen, moralisten, predikarien eta katekisten diskurtsoak Kreatzailea gorestera eragiten ez badute, munduan adiskidetasuna eta maitasuna hazarazten ez badituzte, bizia ederrago egiten ez badute, argiro hots eginez Jainkoaren maitasunak arnastua duela mundua alde guztietatik?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santísima Trinidad – A (Juan 3,16-18)

DIOS ES DE TODOS

Pocas frases habrán sido tan citadas como esta que el evangelio de Juan pone en labios de Jesús. Los autores ven en ella un resumen de lo esencial de la fe, tal como se vivía entre no pocos cristianos a comienzos del siglo II: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único».

Dios ama al mundo entero, no solo a aquellas comunidades cristianas a las que ha llegado el mensaje de Jesús. Ama a todo el género humano, no solo a la Iglesia. Dios no es propiedad de los cristianos. No ha de ser acaparado por ninguna religión. No cabe en ninguna catedral, mezquita o sinagoga.

Dios habita en todo ser humano acompañando a cada persona en sus gozos y desgracias. A nadie deja abandonado, pues tiene sus caminos para encontrarse con cada cual, sin que tenga que seguir necesariamente los que nosotros le marcamos. Jesús le veía cada mañana «haciendo salir su sol sobre buenos y malos».

Dios no sabe ni quiere ni puede hacer otra cosa sino amar, pues en lo más íntimo de su ser es amor. Por eso dice el evangelio que ha enviado a su Hijo, no para «condenar al mundo», sino para que «el mundo se salve por medio de él». Ama el cuerpo tanto como el alma, y el sexo tanto como la inteligencia. Lo único que desea es ver ya, desde ahora y para siempre, a la humanidad entera disfrutando de su creación.

Este Dios sufre en la carne de los hambrientos y humillados de la tierra; está en los oprimidos defendiendo su dignidad, y en los que luchan contra la opresión alentando su esfuerzo. Está siempre en nosotros para «buscar y salvar» lo que nosotros estropeamos y echamos a perder.

Dios es así. Nuestro mayor error sería olvidarlo. Más aún. Encerrarnos en nuestros prejuicios, condenas y mediocridad religiosa, impidiendo a las gentes cultivar esta fe primera y esencial. ¿Para qué sirven los discursos de los teólogos, moralistas, predicadores y catequistas si no despiertan la alabanza al Creador, si no hacen crecer en el mundo la amistad y el amor, si no hacen la vida más bella y luminosa, recordando que el mundo está envuelto por los cuatro costados por el amor de Dios?

José Antonio Pagola

Santísima Trinidad – Koinonía

Éxodo 34,4b-6.8-9

Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad». Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»

Interleccional: Daniel 3

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, / bendito tu nombre santo y glorioso. R.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.

Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.

Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, / sondeas los abismos. R.

Bendito eres en la bóveda del cielo. R.

2Corintios 13,11-13

La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo

Hermanos: Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

Juan 3,16-18

Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La Biblia nos revela en una palabra quién es Dios: Dios es amor (1 Jn 4,8). Amor personal (porque te ama a ti, como si sólo a ti te amase), amor total (sin medida, porque la medida del amor es dar sin medida), amor sacrificado (oblativo, entregado y paciente), amor universal (inclusivo, no excluyente), amor preferencial (se inclina más hacia el débil), y amor comunitario, amor que crea comunidad, porque en su origen mismo es comunidad. De las lecturas de hoy podemos obtener, de alguna manera, un perfil o rostro de Dios.

La lectura del Éxodo lo revela como un Dios «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia y lealtad» (34,6); y esto inmediatamente después del episodio de adoración al becerro de oro (Ex 32). Como queriendo contrastar la infidelidad del Pueblo y la fidelidad de Dios.

Es el Dios del éxodo, el Dios que acompaña a su pueblo en una historia de liberación, una historia de escape de la opresión. Esta voluntad de Dios de acompañar a su pueblo hacia la libertad, se convierte para los israelitas en Utopía, la Utopía que dios propone a la Israel, a los cristianos más tarde, y a través de ellos, a la Humanidad toda.

Significa esto que el Dios de Israel y el de Jesús, es un Dios de la historia. El antiguo y nuevo Pueblo de Dios no llegaron a la experiencia de Dios por la naturaleza (como ha sido tan frecuente y durante tanto tiempo toda la humanidad ha sentido la presencia de Dios en la naturaleza, en los largos tiempos del paleolítico), ni por la filosofía (la reflexión de la razón, como el caso de los filósofos, para a través de las causas segundas llegar a una primera causa: Dios); la religión israelita-cristiana, el judeocristianismo, se ha encontrado a sí mismo vibrando su sintonía con un Dios de la historia.

Lo podemos ver claramente en el hecho de que el credo de Israel y el de la Iglesia –sus textos oficiales de confesión de la fe– se definen como credos “históricos”; esos credos, efectivamente, son de hecho una historia, un relato, una narración de las acciones de Dios que su pueblo ha creído palpar en la historia. Dejar de lado la historia, equivocarse con Dios, sería cambiar de Dios. Y un Dios desentendido de la historia no sería el Dios de los cristianos.

De Pablo leemos hoy unos cortos versículos que, curiosamente semejan una concepción trinitaria, cuando sabemos que ésta fue una elaboración muy tardía, muy posterior a Pablo. Pero la intuición de Pablo adelante caminos. Es el saludo a la asamblea: «la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con ustedes» 2 Cor 13,13.

El evangelio de hoy, tomado de Juan, es uno de esos textos-cumbre de la literatura bíblica: «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo» (3,16). Aunque el conjunto de la perícopa es del estilo lapidario y extremadamente simbólico característico de Juan, que nunca podemos pensar que pudiera responder a palabras históricas directas de Jesús.

Lo importante de este fragmento evangélico es que también centra la “figura” de Dios en el amor. Dios es amor, hasta el punto de darlo todo. Y desde esta luz del evangelio hay que entender e interpretar la elaboración doctrinal trinitaria que sólo varios siglos más tarde será estructurada y definida, en diálogo con una cultura filosófica griega que a todos nosotros nos queda muy lejos (sobre todo queda lejos de la cultura actual).

En tiempo de Jesús, la idea-imagen principal que captó la mente de las comunidades de discípulos que lo recordaron y que elaboraron los evangelios, fue la idea del mesianismo, la imagen de un Mesías que se esperaba ardientemente que fuera enviado por Dios… Tres siglos más tarde esa idea estaba ya muy débil, no captaba las mentes, y casi estaba olvidada. La idea-imagen que sin embargo sí captó la mente de los cristianos de fin del tercero y cuarto siglos fueron las ideas e imágenes de la cultura filosófica griega, la metafísica y todas sus nociones emparentadas: sustancia, esencia, hipóstasis… Estas ideas captaban poderosamente el imaginario de los cristianos de aquellos siglos, y así fue posible la elaboración de aquella visión cristológica y trinitaria que quedó luego escrita en piedra al quedar proclamada como oficial y dogmática por aquellos concilios.

Es decir: cada generación, cada época cultural, está dominada por unas ideas principales, hegemónicas, que captan la atención y el sentido profundo del lenguaje cultural que les expresa, y es en ese lenguaje en el que expresan también su forma de ‘concebir’ y de sentir a Dios. Toda la teología trinitaria tiene como base este lenguaje cultural propio de esos primeros siglos de la historia de la Iglesia. Cuando pasa el tiempo, y sobre todo, cuando cambia la cultura y cuando lo hace en profundidad, los símbolos, conceptos y expresiones de la época anterior pierden fuertemente relevancia, dejan de captar las mentes y los corazones, pierden significado, y llegan incluso a perder su inteligibilidad.

Es nuestro caso, en el ocaso de una civilización cristiana occidental, en el que muchos símbolos y conceptos medievales, y sobre todo metafísicos de raigambre filosófica griega están dejando de ser utilizables en esta nueva cultura post-metafísica. Y con ello, también los símbolos, credos, concepciones y dogmas religiosos elaborados en aquella cultura, corren la misma suerte de deterioro, de pérdida de plausibilidad y de inteligibilidad.

Es por eso que los cristianos –y la teología fundamentalmente– están llamados a recrear el lenguaje, a re-expresar su fe en la nueva cultura de la sociedad posmoderna y secular del siglo XXI. Teneos derecho y también obligación de expresar y vivir nuestra fe en la cultura de hoy. O perderemos el tren de la historia.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 056 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento».

La serie «Otro Dios es posible» contiene la entrevista 63, titulada «¿Santísima Trinidad?», que puede ser útil para un debate en grupo. [http://radialistas.net/article/63-santisima-trinidad/]

La Biblia nos revela en una palabra quién es Dios: Dios es amor (1 Jn 4,8). Amor personal (porque te ama a ti, como si sólo a ti te amase), amor total (sin medida, porque la medida del amor es dar sin medida), amor sacrificado (oblativo, entregado y paciente), amor universal (inclusivo, no excluyente), amor preferencial (se inclina más hacia el débil), y amor comunitario, amor que crea comunidad, porque en su origen mismo es comunidad. De las lecturas de hoy podemos obtener, de alguna manera, un perfil o rostro de Dios.

La lectura del Éxodo lo revela como un Dios «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia y lealtad» (34,6); y esto inmediatamente después del episodio de adoración al becerro de oro (Ex 32). Como queriendo contrastar la infidelidad del Pueblo y la fidelidad de Dios.

Es el Dios del éxodo, el Dios que acompaña a su pueblo en una historia de liberación, una historia de escape de la opresión. Esta voluntad de Dios de acompañar a su pueblo hacia la libertad, se convierte para los israelitas en Utopía, la Utopía que dios propone a la Israel, a los cristianos más tarde, y a través de ellos, a la Humanidad toda.

Significa esto que el Dios de Israel y el de Jesús, es un Dios de la historia. El antiguo y nuevo Pueblo de Dios no llegaron a la experiencia de Dios por la naturaleza (como ha sido tan frecuente y durante tanto tiempo toda la humanidad ha sentido la presencia de Dios en la naturaleza, en los largos tiempos del paleolítico), ni por la filosofía (la reflexión de la razón, como el caso de los filósofos, para a través de las causas segundas llegar a una primera causa: Dios); la religión israelita-cristiana, el judeocristianismo, se ha encontrado a sí mismo vibrando su sintonía con un Dios de la historia.

Lo podemos ver claramente en el hecho de que el credo de Israel y el de la Iglesia –sus textos oficiales de confesión de la fe– se definen como credos “históricos”; esos credos, efectivamente, son de hecho una historia, un relato, una narración de las acciones de Dios que su pueblo ha creído palpar en la historia. Dejar de lado la historia, equivocarse con Dios, sería cambiar de Dios. Y un Dios desentendido de la historia no sería el Dios de los cristianos.

De Pablo leemos hoy unos cortos versículos que, curiosamente semejan una concepción trinitaria, cuando sabemos que ésta fue una elaboración muy tardía, muy posterior a Pablo. Pero la intuición de Pablo adelante caminos. Es el saludo a la asamblea: «la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con ustedes» 2 Cor 13,13.

El evangelio de hoy, tomado de Juan, es uno de esos textos-cumbre de la literatura bíblica: «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo» (3,16). Aunque el conjunto de la perícopa es del estilo lapidario y extremadamente simbólico característico de Juan, que nunca podemos pensar que pudiera responder a palabras históricas directas de Jesús.

Lo importante de este fragmento evangélico es que también centra la “figura” de Dios en el amor. Dios es amor, hasta el punto de darlo todo. Y desde esta luz del evangelio hay que entender e interpretar la elaboración doctrinal trinitaria que sólo varios siglos más tarde será estructurada y definida, en diálogo con una cultura filosófica griega que a todos nosotros nos queda muy lejos (sobre todo queda lejos de la cultura actual).

En tiempo de Jesús, la idea-imagen principal que captó la mente de las comunidades de discípulos que lo recordaron y que elaboraron los evangelios, fue la idea del mesianismo, la imagen de un Mesías que se esperaba ardientemente que fuera enviado por Dios… Tres siglos más tarde esa idea estaba ya muy débil, no captaba las mentes, y casi estaba olvidada. La idea-imagen que sin embargo sí captó la mente de los cristianos de fin del tercero y cuarto siglos fueron las ideas e imágenes de la cultura filosófica griega, la metafísica y todas sus nociones emparentadas: sustancia, esencia, hipóstasis… Estas ideas captaban poderosamente el imaginario de los cristianos de aquellos siglos, y así fue posible la elaboración de aquella visión cristológica y trinitaria que quedó luego escrita en piedra al quedar proclamada como oficial y dogmática por aquellos concilios.

Es decir: cada generación, cada época cultural, está dominada por unas ideas principales, hegemónicas, que captan la atención y el sentido profundo del lenguaje cultural que les expresa, y es en ese lenguaje en el que expresan también su forma de ‘concebir’ y de sentir a Dios. Toda la teología trinitaria tiene como base este lenguaje cultural propio de esos primeros siglos de la historia de la Iglesia. Cuando pasa el tiempo, y sobre todo, cuando cambia la cultura y cuando lo hace en profundidad, los símbolos, conceptos y expresiones de la época anterior pierden fuertemente relevancia, dejan de captar las mentes y los corazones, pierden significado, y llegan incluso a perder su inteligibilidad.

Es nuestro caso, en el ocaso de una civilización cristiana occidental, en el que muchos símbolos y conceptos medievales, y sobre todo metafísicos de raigambre filosófica griega están dejando de ser utilizables en esta nueva cultura post-metafísica. Y con ello, también los símbolos, credos, concepciones y dogmas religiosos elaborados en aquella cultura, corren la misma suerte de deterioro, de pérdida de plausibilidad y de inteligibilidad.

Es por eso que los cristianos –y la teología fundamentalmente– están llamados a recrear el lenguaje, a re-expresar su fe en la nueva cultura de la sociedad posmoderna y secular del siglo XXI. Teneos derecho y también obligación de expresar y vivir nuestra fe en la cultura de hoy. O perderemos el tren de la historia.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 056 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento».

La serie «Otro Dios es posible» contiene la entrevista 63, titulada «¿Santísima Trinidad?», que puede ser útil para un debate en grupo. [http://radialistas.net/article/63-santisima-trinidad/]

RECIBID ESPÍRITU SANTO – Fidel Aizpurúa

4 de mayo de 2026

Para iluminar una página del evangelio es suficiente, a veces, con tomar una simple expresión y darle profundidad con la reflexión.

Es que el evangelio de hoy afirma que Jesús sopló sobre el grupo de discípulos diciéndoles: “Recibid Espíritu Santo”. En griego, el Espíritu Santo es masculino (pneuma), pero en hebreo o arameo es femenino (ruaj). Por eso, la frase de Jesús suena así en su lengua: RECIBID LA ESPÍRITU SANTA. Esto puede parecer algo pintoresco, pero tiene su con qué.

Por influjo de la mentalidad patriarcal y del consiguiente machismo, en la Iglesia, como en la sociedad, todo se ha masculinizado, también el vocabulario. ¿Cómo sonaría si comenzáramos la eucaristía de este modo?: “En el nombre del Padre, del Hijo y de la Santa Ruaj. Amén” Así la comienzan algunas comunidades cristianas.

Esto nos lleva a plantear la cuestión de la mujer en la Iglesia, una vez más, desde un lado no solo de vocabulario, sino también desde la espiritualidad y desde la justicia:

  • Es lícita y comprensible la “revuelta” de las mujeres en la Iglesia:esa protesta pública que se hace todos los años a principios de marzo en la puerta de las catedrales para hacer visible la situación de desigualdad de las mujeres en la Iglesia.
  • Es lícita su aspiración al ministerio sacerdotal:no solamente por razones espirituales, sino también porque esa es la puerta principal para la gestión en igualdad.
  • Es lícito su anhelo de participar más en la gestión eclesial:no solamente en cargos de gestión o en tareas de colaboración, sino también en los ámbitos en los que se dirime el futuro de la Iglesia.

Muchas veces nos extraña la fidelidad de las mujeres a una Iglesia que las ningunea. Quizá sea por su tenacidad en querer seguir a Jesús en la fe común. Hemos de agradecer tal fidelidad y eso habría de ser argumento para hacerles justicia, para salir de ese “pecado histórico” que la Iglesia parece que no sabe cómo reparar.

Dicen los relatos evangélicos de multiplicación de panes que comieron varios miles de personas, “sin contar las mujeres y los niños” (Mt 14,21). Pues bien, hay que contar con las mujeres y los niños. Una Iglesia que tiene un déficit en igualdad, en esa medida no es la Iglesia de Jesús. Hemos de mirar muchas veces la imagen del papa León sentado en plano de igualdad con la arzobispa de Canterbury en su visita al Vaticano. Es una imagen saludable.

 Fidel Aizpurúa Donázar

PENTECOSTÉS (A) – Fray Marcos

(Jn 20,19-23)

Dios es Espíritu. Energía de amor que lo unifica todo

Hablar del Espíritu Santo es pretender recoger agua de lluvia en un cesto de mimbres. Espíritu es el concepto más escurridizo de la teología. Más de 500 veces encontramos la palabra en la Biblia y apenas podremos descubrir dos pasajes en los que tenga el mismo significado. En ningún caso podemos entenderlo como una entidad separada.

Los evangelios escenifican diversas venidas del Espíritu, aunque más sencillas que la de Lucas. Esas “venidas” indican claramente que Dios-Espíritu-Vida no tiene que venir de ninguna parte. No estamos recordando un hecho que aconteció en el pasado. Estamos viviendo una realidad que está sucediendo en este instante como hace dos mil años.

La fiesta de Pentecostés es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra de Dios-Espíritu-Vida. Vivieron la presencia de Jesús de una manera más real que su presencia física. Ahora, Jesús estaba de verdad realizando su obra de salvación en ellos.

Pablo dijo que sin el Espíritu no podríamos decir: “Jesús es el Seño”, ni: “Abba”. Pero con la misma rotundidad hay que decir que nunca podrá faltarnos el Espíritu, porque no puede faltarnos Dios. El Espíritu no es un privilegio ni siquiera para los que creen. Todos estamos fundamentados en Dios-Espíritu, aunque no seamos conscientes de ello.

El evangelio no deja ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios-Espíritu: Lo llama papá, hace su voluntad; le escucha siempre. El mensaje de Jesús se reduce a manifestar esa experiencia de Dios. Su predicación estuvo encaminada a hacer ver a sus seguidores que tenían que vivir esa misma experiencia para alcanzar la plenitud que él alcanzó.

El Espíritu nos hace libres. “No habéis recibido un espíritu de esclavos, sino de hijos”. El Espíritu tiene como misión hacernos ser nosotros mismos. Eso supone no dejarnos atrapar por cualquier clase de sometimiento alienante. El Espíritu es la energía que lucha contra las fuerzas desintegradoras: “demonios”, pecado, ley, ritos, teologías, interese, miedos.

Si Dios está en todos, no puede haber privilegiados. Dios no se puede partir. Si todos los miembros de la comunidad son una cosa con Dios, ninguna estructura de poder o dominio se justifica apelando Él. «El que quiera ser primero sea el servidor de todos.» “No llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie Señor, no llaméis a nadie maestro».

El Espíritu es la fuerza que mantiene a cada uno integrado en la comunidad. En el relato de los Hechos, las personas de distinta lengua se entienden. La lengua del Espíritu es el amor, es el único lenguaje que todos entienden. Es lo contrario de lo que pasó en Babel. “Dios hace de todos los pueblos uno, destruyendo el muro que los separaba, el odio”.

Para las primeras comunidades, Pentecostés fue el fundamento de la Iglesia naciente. Está claro que para ellas la única fuerza de cohesión era la fe en Jesús que seguía presente en ellos por el Espíritu. No duró mucho esa vivencia generalizada y pronto dejó de ser comunidad de Espíritu para convertirse en una institución jurídica.

“Obediencia” fue la palabra que caracterizar la vida de Jesús. Pero si nos acercamos a Jesús con el concepto equivocado de obediencia, quedamos desconcertados. No fue obediente en absoluto, ni a su familia ni a los sacerdotes ni a la Ley ni a las autoridades civiles. Pero se atrevió a decir: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”.

Para salir de una falsa obediencia debemos entrar en la dinámica de la escucha del Espíritu. Tanto el superior como el inferior, tiene que abrirse al Espíritu y dejarse guiar por él. Pero debemos estar también atentos a las experiencias de los demás. Creernos privilegiados con relación a los demás, anulará una verdadera escucha del Espíritu.

Mendekoste Igandea – A – José A. Pagola

(Joan 20,19-23)

ESPIRITUARI DEI EGINEZ – INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Zatoz, Espiritu Santua. Esnatu gure fede ahul, arin eta dardarati hau. Egizu, konfiantza ezar dezagun Jainko gure Aitaren maitasun hondorik gabean, bere seme-alaba guztientzat, Elizaren baitako nahiz kanpoko, duen maitasunean. Izan ere, fede hori itzaliko balitz, laster itoko litzateke gure elkarteetan ere, elizetan ere.

Zatoz, Espiritu Santua. Egizu Jesus izan dadin zeure Elizaren erdigune. Ez dezala ezerk, ez inork, Jesus ordezkatu, ez lausotu. Ez zaitezela bizi gure artean gu haren Ebanjeliora erakarri gabe, guri haren ondoren bihotz-berritzera eragin gabe. Ez dezagula jo haren Hitzari ihes egitera, ez gaitezela desbideratu haren maitasun-agindutik. Ez dadila gal munduan haren oroitzapena.

Zatoz, Espiritu Santua. Ireki gure belarriak zure deia entzuteko, gaur egun gizon-emakumeen galderetatik, sufrimenduetatik, gatazketatik eta kontraesanetatik iristen zaigun deia entzuteko. Egizu, bizi gaitezela zure ahalari irekirik, gizarte berri honek behar duen fede berria sorrarazteko. Zure Elizan, bizi gaitezela jaiotzen ari denari adiago, hiltzen ari denari baino; izan dezagula esperantza bihotzaren sostengu, eta ez haren hondatzaile den nostalgia.

Zatoz, Espiritu Santua. Garbi egizu zeure Elizaren bihotza. Ezarri egia gure artean. Erakutsi guztioi geure bekatuak eta mugak aitortzen. Gogorarazi guri beste guztiak bezalako garela: hauskor, erdipurdiko, bekatari. Libra gaitzazu geure harrokeriatik eta sasi-segurtasunetik. Egizu, ibil gaitezela gizartean egia eta apaltasun handiagoz.

Zatoz, Espiritu Santua. Erakutsi guri beste modu batean ikusten bizitza, mundua eta, nagusiki, jendea. Ikas dezagula begiratzen, Jesusek egiten zuen moduan, sufritzen ari direnei, negar dagitenei, erortzen direnei, bakarrik eta bazter utzirik bizi direnei. Gure begiratua kanbiatuko balitz, kanbiatuko lirateke zure Elizaren bihotza eta begitartea ere. Jesusen ikasleok bizikiago distiraraziko genuke haren hurbiltasuna, hark zuen ulertzeko era eta solidaritatea, premiarik handienekoen aurrean. Geure Maisu eta Jaunaren antzekoago izango ginateke.

Zatoz, Espiritu Santua. Egin gaitzazu ateak irekirik dituen Eliza, bihotz errukitsua eta esperantza kutsakorra dituen Eliza. Ez gaitzala ezerk, ez inork oharkabetu edo desbideratu Jesusen egitasmotik: mundua zuzenago eta duinago, maitagarriago eta zoriontsuago egiten saiatzetik, Jainkoaren Erreinurako bidea urratuz.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pentecostés – A (Juan 20,19-23)

por Coordinador – Mario González Jurado

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.

Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.

Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.

Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.

Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.

José Antonio Pagola

Pentecostés – Koinonía

Hechos de los apóstoles 2,1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

Salmo responsorial: 103

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor: / ¡Dios mío, qué grande eres! / Cuántas son tus obras, Señor; / la tierra está llena de tus criaturas. R.

Les retiras el aliento, y expiran / y vuelven a ser polvo; / envías tu aliento, y los creas, / y repueblas la faz de la tierra. R.

Gloria a Dios para siempre, / goce el Señor con sus obras. / Que le sea agradable mi poema, / y yo me alegraré con el Señor. R.

1Corintios 12,3b-7.12-13

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo

Hermanos: Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todo hemos bebido de un solo Espíritu.

Juan 20,19-23

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La Biblia nos revela en una palabra quién es Dios: Dios es amor (1 Jn 4,8). Amor personal (porque te ama a ti, como si sólo a ti te amase), amor total (sin medida, porque la medida del amor es dar sin medida), amor sacrificado (oblativo, entregado y paciente), amor universal (inclusivo, no excluyente), amor preferencial (se inclina más hacia el débil), y amor comunitario, amor que crea comunidad, porque en su origen mismo es comunidad. De las lecturas de hoy podemos obtener, de alguna manera, un perfil o rostro de Dios.

La lectura del Éxodo lo revela como un Dios «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia y lealtad» (34,6); y esto inmediatamente después del episodio de adoración al becerro de oro (Ex 32). Como queriendo contrastar la infidelidad del Pueblo y la fidelidad de Dios.

Es el Dios del éxodo, el Dios que acompaña a su pueblo en una historia de liberación, una historia de escape de la opresión. Esta voluntad de Dios de acompañar a su pueblo hacia la libertad, se convierte para los israelitas en Utopía, la Utopía que dios propone a la Israel, a los cristianos más tarde, y a través de ellos, a la Humanidad toda.

Significa esto que el Dios de Israel y el de Jesús, es un Dios de la historia. El antiguo y nuevo Pueblo de Dios no llegaron a la experiencia de Dios por la naturaleza (como ha sido tan frecuente y durante tanto tiempo toda la humanidad ha sentido la presencia de Dios en la naturaleza, en los largos tiempos del paleolítico), ni por la filosofía (la reflexión de la razón, como el caso de los filósofos, para a través de las causas segundas llegar a una primera causa: Dios); la religión israelita-cristiana, el judeocristianismo, se ha encontrado a sí mismo vibrando su sintonía con un Dios de la historia.

Lo podemos ver claramente en el hecho de que el credo de Israel y el de la Iglesia –sus textos oficiales de confesión de la fe– se definen como credos “históricos”; esos credos, efectivamente, son de hecho una historia, un relato, una narración de las acciones de Dios que su pueblo ha creído palpar en la historia. Dejar de lado la historia, equivocarse con Dios, sería cambiar de Dios. Y un Dios desentendido de la historia no sería el Dios de los cristianos.

De Pablo leemos hoy unos cortos versículos que, curiosamente semejan una concepción trinitaria, cuando sabemos que ésta fue una elaboración muy tardía, muy posterior a Pablo. Pero la intuición de Pablo adelante caminos. Es el saludo a la asamblea: «la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con ustedes» 2 Cor 13,13.

El evangelio de hoy, tomado de Juan, es uno de esos textos-cumbre de la literatura bíblica: «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo» (3,16). Aunque el conjunto de la perícopa es del estilo lapidario y extremadamente simbólico característico de Juan, que nunca podemos pensar que pudiera responder a palabras históricas directas de Jesús.

Lo importante de este fragmento evangélico es que también centra la “figura” de Dios en el amor. Dios es amor, hasta el punto de darlo todo. Y desde esta luz del evangelio hay que entender e interpretar la elaboración doctrinal trinitaria que sólo varios siglos más tarde será estructurada y definida, en diálogo con una cultura filosófica griega que a todos nosotros nos queda muy lejos (sobre todo queda lejos de la cultura actual).

En tiempo de Jesús, la idea-imagen principal que captó la mente de las comunidades de discípulos que lo recordaron y que elaboraron los evangelios, fue la idea del mesianismo, la imagen de un Mesías que se esperaba ardientemente que fuera enviado por Dios… Tres siglos más tarde esa idea estaba ya muy débil, no captaba las mentes, y casi estaba olvidada. La idea-imagen que sin embargo sí captó la mente de los cristianos de fin del tercero y cuarto siglos fueron las ideas e imágenes de la cultura filosófica griega, la metafísica y todas sus nociones emparentadas: sustancia, esencia, hipóstasis… Estas ideas captaban poderosamente el imaginario de los cristianos de aquellos siglos, y así fue posible la elaboración de aquella visión cristológica y trinitaria que quedó luego escrita en piedra al quedar proclamada como oficial y dogmática por aquellos concilios.

Es decir: cada generación, cada época cultural, está dominada por unas ideas principales, hegemónicas, que captan la atención y el sentido profundo del lenguaje cultural que les expresa, y es en ese lenguaje en el que expresan también su forma de ‘concebir’ y de sentir a Dios. Toda la teología trinitaria tiene como base este lenguaje cultural propio de esos primeros siglos de la historia de la Iglesia. Cuando pasa el tiempo, y sobre todo, cuando cambia la cultura y cuando lo hace en profundidad, los símbolos, conceptos y expresiones de la época anterior pierden fuertemente relevancia, dejan de captar las mentes y los corazones, pierden significado, y llegan incluso a perder su inteligibilidad.

Es nuestro caso, en el ocaso de una civilización cristiana occidental, en el que muchos símbolos y conceptos medievales, y sobre todo metafísicos de raigambre filosófica griega están dejando de ser utilizables en esta nueva cultura post-metafísica. Y con ello, también los símbolos, credos, concepciones y dogmas religiosos elaborados en aquella cultura, corren la misma suerte de deterioro, de pérdida de plausibilidad y de inteligibilidad.

Es por eso que los cristianos –y la teología fundamentalmente– están llamados a recrear el lenguaje, a re-expresar su fe en la nueva cultura de la sociedad posmoderna y secular del siglo XXI. Teneos derecho y también obligación de expresar y vivir nuestra fe en la cultura de hoy. O perderemos el tren de la historia.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 056 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento».

La serie «Otro Dios es posible» contiene la entrevista 63, titulada «¿Santísima Trinidad?», que puede ser útil para un debate en grupo. [http://radialistas.net/article/63-santisima-trinidad/]

Domingo 7º – ASCENSIÓN-Fray Marcos

(Mt 28,16-20)

La ascensión de Jesús se inició en su nacimiento y terminó en la muerte. Sin

Las cuatro fiestas que vienen: subida de Jesús al cielo, venida del Espíritu, Trinidad, y eucaristía se presentan como realidades externas que se dieron en un tiempo y lugar. Al entender literalmente los textos, perdemos su verdadero sentido. Son realidades que están fuera del tiempo y del espacio, de las que no podemos hablar estrictamente.

No podemos seguir falseando el lenguaje. De Jesús se dice: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió al cielo. Dios no está en el cielo, el infierno es un invento nuestro y el hombre no está debatiéndose entre las dos. Nuestra manera de ver la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno.

Decir: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es literalmente absurdo. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio.

No se trata de una realidad inventada, todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio la que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los seguidores de Jesús. Esa realidad es la que debo descubrir para que tenga también en mí la misma eficacia.

La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz. ¡Todo está cumplido! Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús. Después de eso no existe el tiempo para él, no puede suceder nada. Es como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Permaneció de él solo lo que había de Dios.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total, renuncio a la meta.

La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer en un momento determinado algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo han hecho todo por mí y lo siguen haciendo en todo instante. Yo soy el que tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y vivirla.

En el relato de Mateo no hay ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Situar la escena en un monte, es una suficiente indicación de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. Situarlo en Galilea, tiene un significado muy concreto. Judea había rechazado a Jesús, no era ya el lugar donde encontrar a Dios.

Jesús no pudo decir que ‘se le ha dado todo poder’, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí.

El envío a predicar también tiene un carácter absoluto “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intenta justificar lo que era práctica generalizada de los cristianos. Predicar el Reino de Dios no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús.

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre y del Espíritu. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores.

Jaunaren Igokundea – A – José A. Pagola

(Mateo 28,16-20) Grupos de Jesús

EGIN JENDEA JESUSEN IKASLE – HACER DISCÍPULOS DE JESÚS

Mateok Jesusen agurra indar-lerroak seinalatuz deskribatu du: horiek izan behar dituzte ikasleek beti orientagarri; horiek izan behar dute Jesusen Eliza markatuko dutenak, bere misioa bete ahal izateko.

Galilea da abiapuntua. Hor dei egin die Jesusek. Piztuerak ez ditu eraman behar Galilean berarekin bizi izan dutena ahaztera. Han entzun die Jainkoaz hitz egiten parabola hunkigarriz. Han ikusi dute sufrimendua arintzen, Jainkoaren barkazioa eskaintzen eta bazter utzienak direnei harrera egiten. Hauxe dute, hain justu, eskualdatzen jarraitu behar dutena.

Jesus berpiztuaren inguruan diren ikasleen artean, badira «fededunak» eta badira «duda-mudan» direnak. Narratzailea errealista da. Ikasleak «ahuspeztu dira». Dudarik gabe, sinetsi egin nahi dute, baina batzuengan duda-muda nagusitu da eta loka. Izua dute agian, ezin atzeman dute gauza haiek guztiek esan nahi dutena. Mateok ezaguna du kristau-elkarteen fede hauskorra. Jesusez fidatuko ez balira, laster itzaliko litzateke.

Jesus «hurbildu zaie» eta harremanetan hasi da haiekin. Badu berak haiei falta zaien indarra eta ahalmena. Berpiztuak Aitagandik hartua du Jainkoaren Semearen aginpidea, «ahalmen osoa zeruan eta lurrean». Bera hartzen badute sostengu, ez dira loka izango, ez dira duda-mudan galduko.

Zehatz-mehatz adierazi die Jesusek zein izan behar duten beren misioa. Ez da propioki «doktrina irakastea», ez da «Berpiztua iragartzea» bakarrik. Inondik ere, askotariko alderdiak zaindu beharko dituzte Jesusen ikasleek: «Berpiztuaren testigantza egin», «ebanjelioa hots egin», «elkarteak eratu»…, baina bat izango da horien guztien xedea edo helburua: jendea «Jesusen ikasle egitea».

Hau dugu geure misioa: jendea Jesusen «jarraitzaile» egitea, beraren mezua ezagutuko duena, beraren egitasmoarekin bat egingo duena, bera bezala bizitzen ikasiko duena eta gaur munduan beraren presentzia berregingo duena. Jarduera oinarrizkoak, hala nola, bataioa, Jesusi atxikitzeko konpromisoa eta berak «agindutako guztia» irakastea, haren ikasle izaten ikasteko bide dira. Bere presentzia eta etengabeko laguntza promestu dizkie Jesusek. Ez dira egongo, ez bakarrik, ez babesgabe. Ezta gutxi badira ere. Ezta bizpahiru bakarrik badira ere.

Horrelakoa da kristau-elkartea. Berpiztuaren indarra du sostengu, beraren Espirituaz. Dena dago orientatua, Jesus bezala eta Jesusen bidez bizitzen ikastera eta irakastera. Bizirik jarraitzen du berak bere elkarteetan. Gurekin jarraitzen du eta gure artean, sendatuz, barkatuz, harrera eskainiz… salbatuz.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

HACER DISCÍPULOS DE JESÚS

Mateo describe la despedida de Jesús trazando las líneas de fuerza que han de orientar para siempre a sus discípulos, los rasgos que han de marcar a su Iglesia para cumplir fielmente su misión.

El punto de arranque es Galilea. Ahí los convoca Jesús. La resurrección no los ha de llevar a olvidar lo vivido con él en Galilea. Allí le han escuchado hablar de Dios con parábolas conmovedoras. Allí lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y acogiendo a los más olvidados. Es esto precisamente lo que han de seguir transmitiendo.

Entre los discípulos que rodean a Jesús resucitado hay «creyentes» y hay quienes «vacilan». El narrador es realista. Los discípulos «se postran». Sin duda quieren creer, pero en algunos se despierta la duda y la indecisión. Tal vez están asustados, no pueden captar todo lo que aquello significa. Mateo conoce la fe frágil de las comunidades cristianas. Si no contaran con Jesús, pronto se apagaría.

Jesús «se acerca» y entra en contacto con ellos. Él tiene la fuerza y el poder que a ellos les falta. El Resucitado ha recibido del Padre la autoridad del Hijo de Dios con «pleno poder en el cielo y en la tierra». Si se apoyan en él no vacilarán.

Jesús les indica con toda precisión cuál ha de ser su misión. No es propiamente «enseñar doctrina», no es solo «anunciar al Resucitado». Sin duda, los discípulos de Jesús habrán de cuidar diversos aspectos: «dar testimonio del Resucitado», «proclamar el evangelio», «implantar comunidades»… pero todo estará finalmente orientado a un objetivo: «hacer discípulos» de Jesús.

Esta es nuestra misión: hacer «seguidores» de Jesús que conozcan su mensaje, sintonicen con su proyecto, aprendan a vivir como él y reproduzcan hoy su presencia en el mundo. Actividades tan fundamentales como el bautismo, compromiso de adhesión a Jesús, y la enseñanza de «todo lo mandado» por él son vías para aprender a ser sus discípulos. Jesús les promete su presencia y ayuda constante. No estarán solos ni desamparados. Ni aunque sean pocos. Ni aunque sean solo dos o tres.

Así es la comunidad cristiana. La fuerza del Resucitado la sostiene con su Espíritu. Todo está orientado a aprender y enseñar a vivir como Jesús y desde Jesús. Él sigue vivo en sus comunidades. Sigue con nosotros y entre nosotros curando, perdonando, acogiendo… salvando.

José Antonio Pagola