DOMINGO 5º DE PASCUA – Fidez Aizpurúa

FE ADULTA

El cristiano se nutre de la Palabra de Dios. A nada que la leamos con detención siempre podremos sacar alimento valioso para nuestra espiritualidad.

Hemos escuchado algo que sabemos de memoria: el mandamiento único de Jesús, el del amor, nos insta a amar COMO YO OS HE AMADO, con el peculiar modo con que él nos ha amado. ¿Cómo es ese modo?

El ideal máximo de amor entre los humanos es el que podríamos llamar “amor simétrico”: yo te amo y, en justa correspondencia, pido que tú me ames. Por eso, el amor no puede funcionar si una de las partes ama y la otra no. Pero resulta que Jesús nos ha amado con un “amor asimétrico”. Lo dice muy bien san Pablo (Rom 5,6) “Cuando estábamos si fuerzas, él murió por nosotros”. Jesús ama cuando no podemos devolverle amor, cuando no respondemos a su amor.

Por eso, hay que preguntarse no solamente si amamos a quienes nos aman, sino también si amamos a quien no nos devuelve amor. Hay que ver cómo funcionamos en esas situaciones de asimetría porque ese es el tipo de amor que pide el evangelio.

¿En qué situaciones de vida habría que amar asimétricamente?

  • Amar a quien está en debilidad: al enfermo, al frágil, al necesitado de amparo, al desorientado. Si tienes paciencia con él, si le escuchas amantemente, si le acompañas un poco ése es el amor asimétrico. Y todo ello sin esperar nada a cambio.
  • Integrar a quien viene de otras culturas:si no le miras por encima del hombro, si no lo menosprecias, si lo consideras en toda su dignidad, si promueves el reconocimiento de su derecho a vivir como persona. Eso es amar asimétricamente.
  • Animarte a participar en algún voluntariado social:porque esa es también una forma óptima de amor asimétrico: dar parte del tiempo como ofrenda de amor para construir una nueva sociedad sin pedir nada a cambio.

Puede parecer que, a veces, los trabajos de quien ama asimétricamente no sirven para nada. Pero son amores cargados de futuro. Así lo vemos en el manifiesto contra el rearme en Europa que se titula “No nos resignamos al rearme y a la guerra en Europa”. No olvidemos que el amor asimétrico es siempre algo contra corriente. Leamos ese manifiesto. Meditémoslo y tomemos partido. Eso es amor asimétrico.

No nos resistimos a repetir una frase del difunto papa Francisco que es cierta: “el verdadero amor a Dios se manifiesta en la humildad y la alegría de ayudar sin esperar recompensas”. Ese es el amor asimétrico que Jesús ha vivido y que nos propone. Hemos de pensarlo. Si entramos por estos caminos estamos en la senda del evangelio.Fidel Aizpurúa Donazar

DOMINGO 5º DE PASCUA (C) Fray Marcos

(Jn 13,31-35)

El amor en la comunidad es solo el primer paso para que el amor llegue a todos

El domingo pasado nos hablaba de ser “unum” con Dios, con Jesús y con los demás. Hoy nos invita a manifestar esa unidad con nuestras obras. Si descubres esa unidad, no necesitas preceptos ni mandamientos para manifestarla. Sin no la descubres, lo que hagas será solo una programación que ni te enriquece ni enriquece a los demás.

“Que os améis unos a otros”, se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Eso se quedaría en egoísmo amplificado. Algunas formulaciones del NT, pueden dar pie a esta interpretación. Amar solo a los nuestros iría en contra del mensaje de Jesús. El texto nos invita a amar como Jesús amó. Está claro que él amó a todos sin distinción.

Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero. No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor-agape. Esto es imposible, si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora. No se trata de una programación sino de una vivencia que se manifiesta en la entrega.

El Amor-Dios no se puede ver, pero se manifiesta en las obras. Es la seña de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, opuesto al antiguo, ‘el amar a Dios’. Queda establecida la diferencia entre las dos Alianzas. La antigua basada en una relación externa con Dios. La nueva, basada en una relación de amor servicio a los demás.

Jesús no propone como ideal el amar a Dios, ni el amor a él mismo. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni él necesita nada ni nosotros le podemos dar nada. Dios es puro don. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa.

Jesús se presenta como “el Hijo de Hombre” (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades de plenitud humanas. Amar es la única manera de ser plenamente hombre. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, sino que vive el amor y dice: ¡imitadme!

 En esto conocerán que sois discípulos míos. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ritos, o normas. El distintivo será el amor manifestado. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús propone una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo suyo y hermano de todos los seres humano sin excepción.

La pregunta que debo hacerme hoy es: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristianos? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita. La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros.

El amor del que habla el evangelio no es un precepto que puede imponerse, sino la exigencia más profunda de nuestro verdadero ser. Si llegamos a tomar conciencia de lo que somos, el amor sería espontáneo y nadie podría dejar de amar. La Realidad en la que todos estamos identificados es lo que llamamos Dios y su agape nos saca de nuestra individualidad y nos integra en el Todo.

Pazkoaldiko 5. igandea – C – José A. Pagola

Grupos de Jesús

(Joan 13,31-33a.34-35)

ADISKIDEEN ELKARTEA

Jesusek bere ikasleekin partekatu ditu azken momentuak, Aitaren misteriora itzuli aurretik. Joanen kontaerak arreta handiz bildu du Jesusen testamentua: Jesusek beraien bihotzean betiko irarririk utzi nahi duena: «Agindu berri bat eman nahi dizuet: maita dezazuela elkar nik maite izan zaituztedan bezala».

Joanen ebanjelioak bere arreta kristau-elkartean jarria du. Ez ditu gogoan kanpokoak. Jesus falta izango dutenean, beraren elkartean «adiskide bezala» maitatu beharko dute elkar, horrela maite izan baititu Jesusek: «Zuek nire adiskide zarete»; «jadanik ez dizuet zerbitzari esango, zuei adiskide deitu dizuet». Jesusen elkartea adiskideen elkarte izango da.

Irudi hau, kristau-elkartea «adiskideen elkarte» delako hau, ahazturik gelditu zen laster. Mende askotan, kristauek beren izaera «familia» bezala ikusi izan dute; familia, zeinetan batzuk «aita» (aita santua, gotzainak, apaizak, abadeak…) baitira; besteak «seme-alaba» leial dira, eta guztiek «anai-arreba» bezala bizi behar dute.

Kristau-elkartea, horrela, adiskideen elkarte bezala hartzeak senide artekotasuna sustatzen du, baina baditu bere arriskuak ere. «Kristau-familian» joera izan ohi da bakoitzari dagokion lekua azpimarratzeko. Desberdintzen gaituena nabarmentzen da, eta ez batzen gaituena; inportantzia handia ematen zaio agintaritzari, ordenuari, batasunari, mendekotasunari. Eta mendeko izatea, haurkeria eta askoren erantzukizun-eza sustatzeko arriskua bizi ohi da.

«Kristau-adiskidetasunean» oinarritutako elkarteak asko aberastuko eta eraldatuko luke gaur egun Jesusen Eliza. Batzen gaituena sustatzen du adiskidetasunak, eta ez desberdintzen gaituena. Adiskideen artean parekotasuna, elkarrekikotasuna eta elkarrekiko sostengua lantzen dira. Inor ez dago inoren gainean. Inongo adiskiderik ez da beste bat baino handiago. Desberdintasunak aintzat hartzen dira, baina hurbiltasuna eta erlazioa zaintzen direlarik.

Adiskideen artean errazagoa da erantzule sentitzea eta partedun izatea. Eta ez da hain zaila izaten kanpoko eta bestelako direnei, harrera eta adiskidetasun-beharra dutenei irekirik bizitzea. Zail da adiskideen elkarte batetik alde egitea. Elkarte hotz, ohikeriazko eta ezaxola batetik, jendea joan egiten da, eta gelditzen direnek doi-doi sentitzen dute.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)

COMUNIDAD DE AMISTAD

Jesús comparte con sus discípulos los últimos momentos antes de volver al misterio del Padre. El relato de Juan recoge cuidadosamente su testamento: lo que Jesús quiere dejar grabado para siempre en sus corazones: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».

El evangelista Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. No está pensando en los de fuera. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como «amigos», porque así los ha querido Jesús: «Vosotros sois mis amigos»; «ya no os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos». La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

Esta imagen de la comunidad cristiana como «comunidad de amigos» quedó pronto olvidada. Durante muchos siglos, los cristianos se han visto a sí mismos como una «familia» donde algunos son «padres» (el papa, los obispos, los sacerdotes, los abades…); otros son «hijos» fieles, y todos han de vivir como «hermanos».

Entender así la comunidad cristiana estimula la fraternidad, pero tiene sus riesgos. En la «familia cristiana» se tiende a subrayar el lugar que le corresponde a cada uno. Se destaca lo que nos diferencia, no lo que nos une; se da mucha importancia a la autoridad, el orden, la unidad, la subordinación. Y se corre el riesgo de promover la dependencia, el infantilismo y la irresponsabilidad de muchos.

Una comunidad basada en la «amistad cristiana» enriquecería y transformaría hoy a la Iglesia de Jesús. La amistad promueve lo que nos une, no lo que nos diferencia. Entre amigos se cultiva la igualdad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es superior a otro. Se respetan las diferencias, pero se cuida la cercanía y la relación.

Entre amigos es más fácil sentirse responsable y colaborar. Y no es tan difícil estar abiertos a los extraños y diferentes, los que necesitan acogida y amistad. De una comunidad de amigos es difícil marcharse. De una comunidad fría, rutinaria e indiferente, la gente se va, y los que se quedan apenas lo sienten.

José Antonio Pagola

5º Domingo de Pascua – Koinonía

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir.

Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

Apocalipsis 21, 1-5a

Dios enjugará las lágrimas de sus ojos

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

Juan 13, 31-33a. 34-35

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS: 

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades viven enfrentamientos de unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo– aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, pero en su lugar podría escucharse, por ejemplo, el episodio del lavatorio de los pies, que es su contexto histórico; está en el capítulo 110 de la serie, que puede ser tomado del portal radialistas.net/11o-la-cena-de-pascua/

NADIE LAS ARREBATARÁ DE MI MANO-Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

Hay textos evangélicos de no fácil lectura. Pero si se los lee con detenimiento y sosiego, podremos sacar algo en limpio para alimentar nuestra vida cristiana.

En el breve pasaje del evangelio de Juan que hemos proclamado se dice que NADIE NOS ARREBATARÁ DE LA MANO DE JESÚS. Nosotros hemos pensado muchas veces que la fe era tener unas ideas religiosas, afirmar unos dogmas, acatar la autoridad religiosa, creer en la vida eterna y cosas similares.

Pero igual resulta que tener fe en Jesús, darle la adhesión, es algo tan antropológico como creer que nos lleva en sus manos. Ningún mandamiento ni de la ley de Dios ni de la Iglesia se formula así: “Creerás que Jesús te lleva en sus manos”. Nos parece infantil y, sin embargo, si uno llegara a tener eso por cierto, ese es persona de fe.

¿Cómo nos guarda Jesús en sus manos? A través de nuestras manos. Somos las manos de Jesús, los brazos de su Espíritu. Por eso:

  • Porque somos manos de Jesús para los demás, cuidémonos: si vamos aprendiendo que cuidar es el gran trabajo de Jesús con nosotros, seremos capaces de una creciente generosidad para cuidar a los frágiles.
  • Porque somos providencia de Dios para los demás, socorrámonos: la providencia es hacernos cargo de la situación del otro y echar una mano para que los pesos de la vida sean más livianos.
  • Porque somos caricia de Jesús para los demás, respetémonos: los abrazos que Jesús daba a niños, pecadores, amigos, son muestra de su enorme respeto. Respetémonos para que aprendamos el abrazo que Dios nos da en Jesús.

Dicen que cuando un niño pequeño coge el dedo de la mano de su madre, esta se halla ya para siempre atrapada en ese amor. Pues bien, nosotros hemos cogido la mano de Jesús o, más bien, el ha cogido la nuestra. Estamos atrapados en su amor. Nunca nos fallará. No tomemos esto como un fervorín espiritual sin contenido. La fe del corazón es de más calidad que la simple fe de la cabeza.

Muchas vidas son arrebatadas a diario en Gaza, Cisjordania, Ucrania, Yemen, Congo, etc. De alguna forma creemos que la mano de Jesús las sostiene. Y eso se puede decir con las palabras del Manifiesto contra la guerra y el rearme en Europa: “No nos resignamos a la guerra, porque no queremos la paz de los cementerios, porque la historia nos demuestra que el único camino realista para conseguir la paz no es militar, sino político”. El Jesús que nos lleva de su mano quiere que nos llevemos unos a otros con cuidado, socorro y respeto. Lo que no sea esto, nada tiene que ver con su evangelio.

 

DOMINGO 4º DE PASCUA (C) Fray Marcos

(Jn 10,27-30)

Debemos superar toda imagen que nos lleve a una relación externa con Jesús.

Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimoento: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás.

No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes.  Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él. No basta escuchar, hay que vivir.

Jesús no nos pide ser borregos sino personas responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones. Ponerse en manos de Jesús equivale a estar en las de Dios.

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad tenía de Jesús. No tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios.

La Vulgata no dice “somos unus” sino unum (neutro). Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Pare no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera. No se puede ir más allá. El lenguaje humano, no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.

Jesús llegó a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Por eso el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.

Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado que está en alguna parte fuera del mundo y de nosotros, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Jesús es UNO, no con otro ser que tiene una identidad distinta a la suya sino con el fundamento absoluto de se ser y de todos los seres. La homooúsios del dogma.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí».

Schillebeeckx dijo: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Eckhar dijo:  si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada. 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí.

Pazkoaldiko 4. igandea – C José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Joan 10,27-30)

JESUSENGANA ITZULI – VOLVER A JESÚS

Era guztietako ikerketak eta diagnostikoak egin daitezke. Gauza segurua da munduak izerdi berria behar duela bizitzeko. Hats eta esperantza bila dabiltza Elizak. Planetako jendetza pobreak zuzentasuna eta ogia eskatzen ditu. Mendebaldeak ez daki jadanik nola irten inongo ongizatek ezkutatzea lortzen ez duen gaizki disimulatutako tristura horretatik.

Problema ez da, ez aldaketa politikoena, ez berrikuntza teologikoena bakarrik, baizik eta bizitzearena. Behar duguna, Jesusek lurrean egin zuen ibilaldi laburrean piztu zuen «suaren» antzeko zerbait da: gizakiarekiko Jesusen mistika, beraren argitasuna, beraren irrika. Behar duguna, bera bezalako pertsonak dira, berarenak bezalako hitzak, esperantza eta maitasuna. Behar duguna, Jesusengana itzultzea da.

Hasieratik ikusi zuten kristauek Jesusek gizakiak gida zitzakeela. Bere hizkuntza ezagunaz, laugarren ebanjelioak «artzain» bezala aurkeztu du Jesus: artegian hesiturik dauden ardiak, bizitza eta duintasuna dituen lurralde berri batera, «kanpora ateratzeko», gai da. Aurretik doa bera, jarraitu nahi diotenei bidea markatuz.

Jesusek ez du ezer ezartzen. Ez du inor behartzen. Bakoitzari «bere izenaz» dei egiten dio. Jesusentzat ez dago jendetza-masarik. Bakoitzak bere izen eta aurpegi propioak ditu. Bakoitzak entzun behar du Jesusen ahotsa, kanpoan den inorenarekin nahasi gabe, zeinak ez baitira «lapur» baizik, herriari argia eta esperantza kentzen dizkiotenak.

Hau da gauza erabakitzailea: kasurik ez egitea kanpokoen ahotsari, ihes egitea Galileatik ez datozen mezuei. Elizak bere burua eraberritzera jo duen guztietan, Jesusengana itzultzeko mugimendua sortu izan da, berriro beronen urratsei jarraitzen hasteko. Hainbat aldiz gogoratu izan denez, Jesusek Pedrori esandako lehen eta azken hitza izanda «jarrai iezadazu» hori (Dietrich Bonhoeffer).

Alabaina, Jesusengana itzultzeko eginkizuna ez da aita santuaren eta gotzainen egitekoa bakarrik. Fededun guztiok gara erantzule. Jesusengana itzultzeko, ez du inork inolako aginduren zain egon beharrik. Asisko Frantzisko ez zen beraren garaiko Elizak auskalo zer erabaki hartu zain egon. Bera berez itzuli zen Ebanjeliora eta berak hasi zuen Jesusengana egiaz itzultzeko abentura. Zeren zain egon behar dugu Ebanjelioarekiko eta Jesusekiko irrika geugan esnatzeko?

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

VOLVER A JESÚS

Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.

El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.

Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.

Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.

Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).

Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?

José Antonio Pagola

4º Domingo de Pascua – Koinonía

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52

Sabed que nos dedicamos a los gentiles

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.

Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: «Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra.»»

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio.

Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Apocalipsis 7, 9. 14b-17

El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y uno de los ancianos me dijo:

– «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo.

El que se sienta en el trono acampará entre ellos.

Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.»

Juan 10, 27-30

Yo doy la vida eterna a mis ovejas

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

Yo y el Padre somos uno.»

Comentario a los textos bíblicos: 

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poético-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).

El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.

En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:

  1. a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

  1. b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.

 

  1. c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 86. El guión, el audio, y un comentario bíblico-teológico puede ser encontrado y recogido en el portal radialistas.net/86-la-sangre-de-los-galileos/ También ahí puede recogerse el libro completo (en pdf) con todos los guiones y comentarios de los 144 episodios de la serie.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 95, que se titula «¿Dios hace milagros?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en radialistas.net/95-cual-religion-fundo-jesus/ Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis.

 

Pazkoaldiko 3. igandea – C- José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Joan 21,1-19)

EDOZEIN BATEK EZ DU BALIO – CUALQUIERA NO SIRVE

Aintzira-ertzean bereekin otordua egin ondoren, solasaldi bat hasi du Jesusek Pedrorekin. Arduraz landua da solasa; izan ere, kristau-elkartearentzat garrantzi handia duen zerbait gogoraztea du helburu: Jesusen jarraitzaileen artean, beronekiko maitasunez nabarmentzen dena da gai eta gauza gidari eta artzain izateko.

Ez da unerik izan zeinetan ez dion agertu Pedrok Jesusi atxikimendu osoa, beste guztiek baina sakonagoa. Alabaina, egiaren orduan bera izan da lehena berari uko egiten. Zer da, ordea, egiarik Pedroren atxikimendu horretan? Izan al daiteke Jesusen jarraitzaileen gidari eta artzain?

Bere «artaldea» gomendatu baino lehen, oinarrizko galdera egin dio Jesusek: «Maite al nauzu hauek baino gehiago?». Ez dio galdetu: «Indartsu sentitzen al zara? Ondo ezagutzen al duzu nire doktrina? Nireak gobernatzeko gai zarela uste al duzu? Ez. Jesusekiko maitasuna da gai egin duena haren jarraitzaileak animatzeko, norabidetzeko eta elikatzeko, Jesusek berak egiten zuen bezala.

Pedrok apal erantzun dio, eta bere burua beste inorekin konparatu gabe: «Zuk badakizu maite zaitudala». Baina Jesusek beste bi aldiz errepikatu dio bere galdera, kasu bakoitzean era zorrotzagoan: «Maite al nauzu? Maite al nauzu egiaz?». Haziz doa Pedroren segurtasun-eza. Kasu bakoitzean epelago ausartu da bere atxikimendua aldarrikatzen. Azkenean tristura nagusitu zaio. Ez daki jadanik zer erantzun: «Zuk dena dakizu».

Pedro maitasunaren garrantziaz jabetzen doan heinean, Jesus bere artaldea gomendatzen ari zaio, zaindu eta elikatu dezan, eta bere jarraitzaileei bizia komunikatu diezaien, txikienak eta premiatsuenak direnetatik hasita: «bildotsak».

Sarritan erlazionatzen dira hierarkak eta artzainak, soilik, aginpidez gobernatzeko duten gaitasuna kontuan harturik edota egia predikatzeko duten bermeari dagokionez. Halaz guztiz, badira Kristorekiko atxikimendu sendo, segur eta erabatekoak, baina, maitasunik gabeko izanik, inor gai egiten ez dutenak Jesusen jarraitzaileak zaindu eta gidatzeko.

Faktore gutxi dira Elizaren konbertsiorako erabakitzaileagoak hierarkak, gotzainak, apaizak eta gidari erlijiosoak Jesus maitatzera konbertitu direla ikustea baino. Gu geu gara Jesusen galdera entzun behar dugun lehenak: «Maite al nauzu hauek baino gehiago? Maite al dituzu nire bildotsak eta nire ardiak?».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Pascua – C (Juan 21,1-19)

CUALQUIERA NO SIRVE

Después de comer con los suyos a la orilla del lago, Jesús inicia una conversación con Pedro. El diálogo ha sido trabajado cuidadosamente, pues tiene como objetivo recordar algo de gran importancia para la comunidad cristiana: entre los seguidores de Jesús, solo está capacitado para ser guía y pastor quien se distingue por su amor a él.

No ha habido ocasión en que Pedro no haya manifestado su adhesión absoluta a Jesús por encima de los demás. Sin embargo, en el momento de la verdad es el primero en negarlo. ¿Qué hay de verdad en su adhesión? ¿Puede ser guía y pastor de los seguidores de Jesús?

Antes de confiarle su «rebaño», Jesús le hace la pregunta fundamental: «¿Me amas más que estos?». No le pregunta: «¿Te sientes con fuerzas? ¿Conoces bien mi doctrina? ¿Te ves capacitado para gobernar a los míos?». No. Es el amor a Jesús lo que capacita para animar, orientar y alimentar a sus seguidores, como lo hacía él.

Pedro le responde con humildad y sin compararse con nadie: «Tú sabes que te quiero». Pero Jesús le repite dos veces más su pregunta, de manera cada vez más incisiva: «¿Me amas? ¿Me quieres de verdad?». La inseguridad de Pedro va creciendo. Cada vez se atreve menos a proclamar su adhesión. Al final se llena de tristeza. Ya no sabe qué responder: «Tú lo sabes todo».

A medida que Pedro va tomando conciencia de la importancia del amor, Jesús le va confiando su rebaño para que cuide, alimente y comunique vida a sus seguidores, empezando por los más pequeños y necesitados: los «corderos».

Con frecuencia se relaciona a jerarcas y pastores solo con la capacidad de gobernar con autoridad o de predicar con garantía la verdad. Sin embargo, hay adhesiones a Cristo, firmes, seguras y absolutas, que, vacías de amor, no capacitan para cuidar y guiar a los seguidores de Jesús.

Pocos factores son más decisivos para la conversión de la Iglesia que la conversión de los jerarcas, obispos, sacerdotes y dirigentes religiosos al amor a Jesús. Somos nosotros los primeros que hemos de escuchar su pregunta: «Me amas más que estos? ¿Amas a mis corderos y a mis ovejas?».

José Antonio Pagola

 

DOMINGO III DE PASCUA (C) Fray Marcos

El relato es fantástico y simbólico. Lo importante no pasa en Jesús, sino en nosotros.

Se trata de una vivencia interior que, o se tiene, y entones no hay que explicar nada, o no se tiene y entonces no hay manera de explicarla. Esta simple constatación es la clave para afrontar los textos. No hay ni palabras para expresar la vivencia, por eso usan símbolos.

El objeto de estos textos no es explicar ni convencer, sino invitar a la misma experiencia que hizo posible la absoluta seguridad de que Jesús estaba vivo. Descubriremos la fuerza arrolladora de esa Vida y podremos intuir la profundidad del cambio operado en ellos. Las autoridades religiosas y romanas pretendieron borrarle de la memoria de los vivos.

En el relato que hoy leemos, nada es lo que parece. Todo es mucho más de lo que parece. Responde a un esquema teológico definido, que se repite en todas las apariciones. No pretenden decirnos lo qué pasó, sino transmitirnos la experiencia de una comunidad. En aquella cultura, la manera de transmitir ideas era a través de relatos elaborados ad hoc.

 

Se manifestó (ephanerôsen) significa “surgir de la oscuridad”. “Al amanecer”, cuando se está pasando de la noche al día, los discípulos pasan de una visión terrena de Jesús a través de los sentidos, a una experiencia interna que les permite descubrir en él lo que no se puede ver ni oír ni tocar. Sigue el esquema que  se da en todas las apariciones.

1º Situación dada. Habían vuelto a su tarea habitual. Lo que les va a pasar, ni lo esperan ni lo buscan. Los discípulos están juntos, forman comunidad. No se hace alusión a los doce sino los siete, signo de plenitud. Misión universal de la nueva comunidad. La noche significa la ausencia de Jesús. Sin él, la misión es estéril. Con él todo es posible.

2º Se hace presente. Toma la iniciativa, sin que ellos lo esperen. La primera luz de la mañana es señal de la presencia de Jesús. Continúa el lenguaje simbólico. Jesús es la luz que permite trabajar y dar fruto. No los acompaña; su acción se ejerce por medio de los discípulos. Cuando siguen sus instrucciones, encuen­tran pesca y le descubren a él mismo.

3º Saludo. Una conversación que pretende acentuar la cercanía. “Muchachos» (paidion) diminutivo de (pais) = niño. Es el “chiquillo de la tienda”. Al darles ese nombre, está exigiéndoles una disponibilidad total. Él tiene ya pan y pescado. Ellos tienen que seguir buscando y compartiendo el alimento. Jesús sigue en la comunidad, pero sin actuar.

4º Lo reconocen. Solo uno lo descubre, el que está más identificado con Jesús. Reconoce al Señor en la abundancia de peces, es decir, en el fruto de la misión. Solo el que tiene experiencia del amor, sabe leer las señales. El éxito, es señal de la presencia del Señor. El fracaso delataba la ausencia del mismo. Juan Comunica su intuición a Pedro.

No ven primero a Jesús, sino fuego y la comida, las expresiones de su amor a ellos. El alimento que les da se distingue del que ellos logran por su indicación. Hay dos alimentos: uno es don gratuito aportado por Jesús, otro lo deben conseguir con el esfuerzo.

5º La misión. Hoy se personaliza en Pedro. Con su pregunta, Jesús enfrenta a Pedro con su actitud. Solo él lo había negado, solo él tenía que rectificar. Jesús usa el verbo “agapaô” = amar, unidad. Pedro contesta con “phileô” =querer, amistad. Al preguntarle por 3ª vez, pone en relación este episodio con las tres negaciones. Espera una rectificación total.