NO SE CONVENCERÁN NI AUNQUE RESUCITE UN MUERTO – Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

Jesús ha usado mucho el género parabólico como explicación popular de su idea del reino y de la vida misma. Por eso, estos textos conservan una frescura indudable.

Lucas es tajante con los ricos. Cree que su autorreferencialidad no tiene remedio: no piensan más que en ellos mismos, en su beneficio personal, en el de su familia. Los demás no existen. Por eso su convicción final: NO SE CONVENCERÁN NI AUNQUE RESUCITE UN MUERTO.

Es el misterio de la cerrazón humana: no hay maltratador, xenófobo, capitalista, que se convierta. Es un mundo ocupado solamente por el yo y los demás no tienen sitio. Y los pobres, menos.

¿Cómo construir una espiritualidad de la apertura? ¿Cómo no caer en las garras de una manera cerrada de ver el mundo?

  • Mira a Jesús: él es una persona de mente y corazón abiertos: entiende la ley con flexibilidad, comprende las situaciones de los pobres, se abre al mundo de los paganos, es solidario con los dolores ajenos.
  • Escucha incansablemente:porque la apertura pasa por la escucha amante, aquella que escucha a la vez que aprecia y considera los argumentos del otro.
  • Cree en la verdad del otro:porque no tenemos toda la verdad, sino que cada uno aportamos una parte de ella. Apropiarse de la verdad es el primer paso para la tiranía.

Nos conviene leer y releer FT 87 del recordado papa Francisco donde se da el fundamento de la espiritualidad de la apertura el otro: «Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte».

Fidel Aizpurúa Donazar

DOMINGO 26 (C) – Fray Marcos

(Lc 16,19-31)

Siempre hay un Lázaro a mi puerta. Si no lo descubro o lo ignoro, la culpa e smía.

Por última vez, después de una insistencia machacona, nos habla Lucas de la riqueza, pero está claro que en materia de riqueza no haremos caso ni aunque resucite un muerto. La parábola va dirigida a los fariseos, que son amigos del dinero. Jesús les dice que, si de verdad creyeran lo que predican, no estarían tan pegados a las riquezas.

Esta parábola es clave para entender lo que dice el evangelio sobre las riquezas. No se puede hablar de ellas en abstracto y la parábola nos obliga a pisar tierra. El rico no tiene en cuenta al pobre y sin esa toma de conciencia nada tiene sentido. Lo único negativo de la parábola es que, mal interpretada, nos ha permitido utilizarla como opio del pobre.

Nos dice lo mismo que Mateo: Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber. Utilizar los textos para seguir hablando de un premio para los pobres y un castigo para los ricos no tiene sentido alguno; a no ser que se busque la resignación de los pobres para que los ricos puedan seguir disfrutando de sus privilegios.

Rico es el que tiene más de lo necesario y puede acumular bienes. Pobre es el que no tiene lo necesario para vivir y pasa necesidad. En el AT la perspectiva es siempre religiosa. Fueron los profetas, empezando por Amós, los que denunciaron la maldad de la riqueza. Su razonamiento es simple: la riqueza se amasa siempre a costa del pobre.

Pobres, en el AT, sobre todo a partir del destierro, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. No tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. No existe en el AT concepto puramente sociológico de rico y pobre.

Por eso el evangelio da por supuesto que las riquezas son malas sin matizaciones. No se dice que fueran adquiridas injustamente ni que el rico hiciera mal uso de ellas. Si Lázaro no hubiera estado a la puerta, no habría nada que objetar. Pero es precisamente el pobre, el que, con su sola presencia, llena de maldad el lujo y los banquetes del rico.

La actitud de Jesús para con los ricos parece contradictoria. No fue excluyente, sino abierta y de acogida. Admitió la visita de Nicodemo, era amigo de Lázaro, aceptó la invitación de Mateo, acogió con simpatía a Zaqueo, fue a comer a casa de fariseos ricos. No es fácil descubrir las motivaciones profundas de la manera de actuar de Jesús.

El evangelio denuncia una falsa actitud religiosa. Está lejos del capitalismo, pero también del comunismo. Jesús predica el “Reino de Dios”, que consiste en hacer a todos los hombres hermanos. El comunismo despoja al rico por la fuerza, pero mantiene al pobre en su pobreza para seguir justificándose. Jesús quiera hermanos libres y voluntarios.

No basta despoja a los ricos de su riqueza, porque los ahora pobres ocuparían su lugar. El evangelio va mucho más allá de la solución de unas desigualdades sociales, pero también esas injusticias quedarían superadas con un verdadero amor-compasión entre todos.

Ahora entenderemos por qué la incapacidad de cada uno para solucionar el hambre no es excusa para no hacer nada. Nuestra pasividad demuestra que la religión solo intenta sumar seguridad espiritual a las seguridades materiales. Jesús no está pidiendo que soluciones el hambre del mundo, sino que salgas de tu error al confiar en la riqueza.

Urteko 26. igandea – C – José A. Pagola

(Lukas 16,19-31)

HURBILDU GAITEZEN – ACERCARNOS

Lazaro gizajoa han bertan dago, goseak hiltzen «beraren atarian», baina aberatsak ihes egiten die harekiko harreman guztiei eta oparo bizitzen jarraitzen du, haren sufrimenduari ezikusia eginez. Ez du hartzen eskaleagana hurbilduko lukeen ate hori. Azkenean, ordea, jabetu da, izuturik, «egundoko leize-zuloa» dagoela bien artean. Parabola hau senidearen sufrimenduaz bizi izandako axola-gabekeriaz Jesusek egindako kritika zorrotza da.

Geure inguruan gero eta etorkin gehiago ikusten ari gara. Ez dira parabola bateko pertsonaia. Gizon-emakume haragidun eta hezurdun dira. Beren estutasunekin, premiekin eta esperantzekin daude hemen. Zerbitzari dira gure etxeetan, bide egile dira gure kaleetan. Harrera egiten ikasten ari al gara ala nor bere ongizate txikia bizitzen jarraitzen dugu, arrotz gertatzen zaizkigunen sufrimenduaz axolagabe? Axola-gabezia hau galdu, beraiengana hurbilduko gaituzten urratsak eginez bakarrik galduko da.

Edozein abagunez baliatuz hasi gintezke berorietako batekin hitz egiten, adiskidetsu eta lasai-lasai. Eta delako horren mundua, problemak eta asmoa hurbiletik ezagutzen saiatuz. Zein gauza erraza den konturatzea guztiok Lur baten beraren eta Jainko baten beraren seme-alaba garela.

Funtsezko gauza da barrerik ez egitea beraien ohiturez, isekarik ez egitea beraien sinespenez. Beren izatearen hondo-hondoko gauza dituzte horiek guztiak. Beraietako askok harrituko gintuzketen bizi-zentzua, solidaritate-zentzua, jai edo harrera-zentzua dute.

Saihestu beharra dugu edozein hizkuntza diskriminatzaile, ez mespretxatzeko ez kolore, ez arraza, ez sinespen, ez kulturarik. Gizatarrago egingo gaitu askotarikotasunak eragin ohi duen aberastasuna biziro esperimentatzeak. Iritsi da ordua, munduan «herrixka globala» edo guztien «etxe komuna» delakoan bezala bizitzen ikastekoa.

Beren akatsak dituzte, gu bezalakoak dira eta. Eskatu beharra dugu gure kultura errespeta dezaten, baina aitortu beharreko ditugu beraien eskubideak: legaltasuna, lana, etxebizitza edota familiakoak berriro elkartzea. Eta oraino lehenago, hautsi beharrekoa dugu «leize hori», gaur egun herri aberatsak eta pobreak bereizten dituen hori. Gero eta atzerritar gehiago biziko da gurekin. Aukera ona dugu toleranteago, zuzenago eta, hitz batean, gizatarrago izaten ikasteko.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

6 Tiempo ordinario – C

(Lucas 16,19-31)

ACERCARNOS

El pobre Lázaro está allí mismo, muriéndose de hambre «junto a su puerta», pero el rico evita todo contacto y sigue viviendo «espléndidamente» ajeno a su sufrimiento. No atraviesa esa «puerta» que le acercaría al mendigo. Al final descubre horrorizado que se ha abierto entre ellos un «inmenso abismo». Esta parábola es la crítica más implacable de Jesús a la indiferencia ante el sufrimiento del hermano.

Junto a nosotros hay cada vez más inmigrantes. No son «personajes» de una parábola. Son hombres y mujeres de carne y hueso. Están aquí con sus angustias, necesidades y esperanzas. Sirven en nuestras casas, caminan por nuestras calles. ¿Estamos aprendiendo a acogerlos o seguimos viviendo nuestro pequeño bienestar indiferentes al sufrimiento de quienes nos resultan extraños? Esta indiferencia solo se disuelve dando pasos que nos acerquen a ellos.

Podemos comenzar por aprovechar cualquier ocasión para tratar con alguno de ellos de manera amistosa y distendida, y conocer de cerca su mundo de problemas y aspiraciones. Qué fácil es descubrir que todos somos hijos e hijas de la misma Tierra y del mismo Dios.

Es elemental no reírnos de sus costumbres ni burlarnos de sus creencias. Pertenecen a lo más hondo de su ser. Muchos de ellos tienen un sentido de la vida, de la solidaridad, la fiesta o la acogida que nos sorprendería.

Hemos de evitar todo lenguaje discriminatorio para no despreciar ningún color, raza, creencia o cultura. Nos hace más humanos experimentar vitalmente la riqueza de la diversidad. Ha llegado el momento de aprender a vivir en el mundo como la «aldea global» o la «casa común» de todos.

Tienen defectos, pues son como nosotros. Hemos de exigir que respeten nuestra cultura, pero hemos de reconocer sus derechos a la legalidad, al trabajo, a la vivienda o la reagrupación familiar. Y antes aún luchar por romper ese «abismo» que separa hoy a los pueblos ricos de los pobres. Cada vez van a vivir más extranjeros con nosotros. Es una ocasión para aprender a ser más tolerantes, más justos y, en definitiva, más humanos.

José Antonio Pagola

DOMINGO 26 T.O. – KOINONÍA

Amós 6, 1a. 4-7

Los disolutos encabezarán la cuerda de cautivos

Así dice el Señor todopoderoso: «¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria!

Os acostáis en lechos de marfil; arrellanados en divanes,

coméis carneros del rebaño

y terneras del establo;

canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales;

bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José.

Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos.»

1Timoteo 6, 11-16

Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor

Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza.

Combate el buen combate de la fe.

Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos.

En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.

A él honor e imperio eterno. Amén.

Lucas 16, 19-31

Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.

Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. »

Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»

El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.»

Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»

El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.

Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.»»

 EXPLICACIÓN A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

El profeta Amós denuncia las injusticias de los poderosos que vivían en  lujos y en banquetes y no se afligían por el desastre o ruina «de José». Esta es una denominación de las tribus del Norte (Israel). Tal indiferencia denota una vez más la ceguera de los que se sienten seguros, sin tener en cuenta las advertencias que les hacía el profeta. En el camino al exilio, estos notables irán al frente de los deportados. (No fueron los pobres los que fueron deportados, sino las élites de la clase media y alta).

Pablo exhorta a su amigo Timoteo a que permanezca siempre firme en su fe, en busca de la justicia, la piedad, la caridad. Teniendo en cuenta el llamado de atención que hace Pablo en el versículo 10, donde afirma que la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar por él, se extraviaron de la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos, enseguida viene la otra exhortación al discípulo que huya de estas cosas y el llamado a vivir de los valores del Reino. Pablo invita a Timoteo a que conserve el mandato del Señor, a que se mantenga firme en su compromiso y busque siempre la vida eterna a la que ha sido llamado y a la que ha hecho profesión solemne delante de muchos testigos.

Leemos hoy una parábola del evangelio de Lucas. Se llamaba Lázaro (nombre derivado del hebreo el’azar que significa “Dios ayuda”), aunque en vida no gozó, al parecer, de la ayuda divina. Le tocó en desgracia ser mendigo, como a tantos millones de seres humanos hoy, estar postrado en el portal de la casa de un rico sin nombre, uno de tantos, al que tradicionalmente se le ha calificado de “epulón”, o sea, “banqueteador”.

Lázaro o “Dios ayuda” tenía en realidad pocas aspiraciones: se contentaba con llenarse el estómago con lo que tiraban de la mesa del rico, las migajas de pan en las que los señores se limpiaban las manos a modo de servilletas. Pero ni siquiera esto pudo conseguirlo, pues nadie le hizo entrar a la sala del banquete. Para colmo, unos perros callejeros, animales considerados impuros y en estado semisalvaje, tan comunes en la antigüedad, se le acercaban para lamerle las llagas. Imposible mayor marginación: pobreza e impureza de la mano. Nada dice el evangelio de las creencias religiosas de este hombre, con razones sobradas para dudar seriamente de la reconocida compasión divina para con el pobre y el oprimido. Tal vez ni siquiera tuviese tiempo ni ganas de pararse a pensar en semejantes disquisiciones teológicas.

Tanto al rico como al pobre les llegó la hora de la muerte, a partir de la cual se cambiarían en el más allá las tornas, como pensaban los fariseos. Aunque, dicho sea de paso, con esto del “más allá”, quienes hacían de la religión baluarte de conservadurismo e inmovilismo han invitado mil veces a la resignación, tildada de “cristiana”, a la paciencia y al mantenimiento de situaciones injustas a los que las sufrían; en el más allá -se decía- Dios dará a cada uno su merecido. Aunque siempre cabe pensar: ¿y por qué no ya desde el más acá?

Para muchos predicadores, satisfechos con la imagen de un Dios que “premia a los buenos y castiga a los malos”, como el dios que profesaban los fariseos, la parábola terminaba en el más allá contemplando el triunfo del pobre y la caída del rico. Apenas se comentaba la última escena, clave importante para comprender su mensaje. De ser así, esta parábola sería una invitación a aceptar cada uno su situación, a resignarse, a cargar con su cruz, a no rebelarse contra la injusticia, a esperar un más allá en el que Dios arregle todos los desarreglos y desmesuras humanas. Entendido así, el mensaje evangélico se hermanaría con un conformismo a ultranza que ayuda a mantener el desorden establecido, la injusticia humana y las clases sociales enfrentadas.

Pero esta parábola no es una promesa para el futuro. Mira a la vida presente y va dirigida a los cinco hermanos del rico, que continuaban –después de la muerte de su hermano y de Lázaro– en la abundancia y el despilfarro. Por eso, el rico, alarmado por lo que espera a sus hermanos si siguen viviendo de espaldas a los pobres, pide a Abrahán que envíe a Lázaro a su casa, a sus hermanos, para que los prevenga, no sea que acaben en el mismo lugar de tormento. Para cambiar la situación en que viven sus hermanos, el rico epulón piensa que hace falta un milagro: que un muerto vaya a verlos. Crudo realismo de quien conoce la dinámica del dinero, que cierra el corazón humano a la evidencia de la palabra profética, al dolor y al sufrimiento del pobre, a la exigencia de justicia, al amor e incluso a la voz de Dios. El dinero deshumaniza. Me remito a la experiencia de cada uno.

Bien lo sabía el profeta Amós cuando amenazaba a los ricos que se acostaban en lechos de marfil, arrellanados en divanes y se daban a la gran vida entre comilonas, música, vino abundante y perfumes exquisitos, sin dolerse del sufrimiento de los pobres (Am 6,1a.4-7). Aquellos fingían devoción a Dios y veneración hacia la ciudad santa y el templo, creyendo de este modo contentar a Dios y quedar justificados. Pero el verdadero Dios no es amigo de una religión que separa el culto de la vida, el incienso de la práctica del amor al prójimo. Este Dios, según el libro del Deuteronomio, comparte suerte con el pobre, el huérfano, la viuda y el extranjero; con todos aquellos a quienes los poderosos les han arrebatado el derecho a una vida vivida con dignidad.

La parábola no puede tener más actualidad en el año 2016, año en que las estadísticas dicen que va a producirse un fenómeno estadístico importante: el 1% más rico de la población del mundo va a superar su propio récord patrimonial, que estaba en el 49% de la riqueza del mundo, y va a pasar a ser el 50%; ya se han hecho con la riqueza de medio mundo. El actual sistema mundial privilegia la desigualdad. El mundo actual no es bueno para los muchos Lázaros.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 37 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión del capítulo, y su comentario, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/37-el-grito-de-lazaro/  Ahí puede ser escuchado, y de ahí puede tomarse el guión, el audio y un comentario bíblico-teológico.

EL QUE ES FIEL EN LO POCO, TAMBIÉN EN LO MUCHO ES FIEL – Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

El evangelio tiene páginas que, unas veces, todo el mundo entiende y otras cuesta un poco más sacarles el jugo. Pero siempre podemos apuntar un beneficio para nuestra espiritualidad, para el cultivo de la interioridad.

El evangelio de hoy previene contra la irresistible tentación del dinero. Bien lo vemos en la vida de hoy. Pero elabora también lo que podíamos llamar una “espiritualidad de lo poco”: EL QUE ES FIEL EN LO POCO, TAMBIÉN EN LO MUCHO ES FIEL. Nosotros tendemos a lo mucho. Creemos que teniendo mucho, sabiendo mucho, viajando mucho, hallaremos felicidad. Pero el evangelio sugiere que en lo poco hay un secreto, una sabiduría. El evangelio siempre a contrapelo, siempre contracultural.

¿No ha situado Jesús mismo su vida en lo poco? Pocos bienes, poco éxito, pocos discípulos, pocos aplausos, poco agradecimiento, etc. Así anunciaba la hermosura de un reino humilde, de una mesa donde los poco considerados tienen un puesto. Nosotros hemos magnificado su vida, pero, bien mirada, es poca cosa.

¿Cómo construir una espiritualidad de lo poco?

  • Disfruta de los detalles: en los detalles anida el amor. Saber disfrutar de las cosas pequeñas, ser cuidadoso en los detalles, no permitir que hagamos nada defectuoso.
  • Celebra lo cotidiano:porque no es necesario salirse del marco sencillo de cada día para orar, contemplar, celebrar, hablar bien, gozar.
  • Cree con sencillez: no compliquemos inútilmente las cosas, creamos de manera sencilla en el evangelio, creamos sencillamente en la cercanía de Jesús a nuestra vida

A veces los grandes teólogos dicen cosas hermosas sobre la espiritualidad de lo poco. Miremos lo que decía el teólogo K. Rahner: «La más pequeña sonrisa pura y delicada, que brota de no importa donde, desde un corazón recto, ante cualquier tontería de este mundo, refleja una imagen y un rayo de Dios. Es una señal del Dios vencedor, señor de la historia y de la eternidad. Del Dios cuya sonrisa nos demuestra que todo en definitiva es bueno». No es mal apostolado, ahora en verano y durante todo el año, el apostolado de la sonrisa. Es poco, pero es algo muy valioso.

Fidel Aizpurúa Donazar

21 de septiembre de 2025

JESUSEN LOGIKA – LA LÓGICA DE JESÚS- José A. Pagola

JESUSEN LOGIKA – LA LÓGICA DE JESÚS

Jesus jadanik pertsona heldua zen, Antipasek Tiberiadesen txanpon berria zirkulazioan ipini zuenean. Dudarik gabe, moneta propioa egin ahal izateak aurrerapena adierazten zuen Galilean, baina ez zuen lortu gizarte zuzenago eta orekatuago bat eragitea. Alderantziz gertatu zen.

Hirietako aberatsek aukera ona zuten orduan beren negozioetan lasaiago aritzeko. Moneta sortu izanak aukera ematen zien segurtasuna, ohorea eta boterea ematen zizkien urre eta zilar-monetak «metatzeko». Horregatik deitzen zioten altxor horri «mammona», segurtasuna ematen duen dirua.

Bitartean, laborariek doi-doi eskuratu zitzaketen brontzezko edo kobrezko, balio eskaseko, moneta batzuk. Pentsaezina zen herrixka batean mammona metatzea. Aski zuten bizirautea, beren artean produktu apal batzuk trukatuz. Kasik beti gertatu ohi denez, aurrerapenak botere handiagoa ematen zien aberatsei eta zerbait gehiago zanpatzen zituen pobreak. Horrela, ez zen posible Jainkoaren erreinua eta beraren zuzentasuna onartzea. Jesus ez zen isildu: «Zerbitzari batek ezin zerbitza ditzake bi nagusi; izan ere, bata zerbitzatuko du eta besteari ez dio kasurik egingo… Ezin zerbitza ditzakezue Jainkoa eta Dirua (mammona)». Hautatu egin behar izaten da. Ez dago beste aukerarik.

Biribil-biribila da Jesusen logika. Norbait Diruaren uztarpean bizi bada, bakar-bakarrik dirua metatzeari emanik, ezin zerbitzatuko du Jainkoa, guztientzat, azkenak direnekin hasita, bizitza zuzenagoa eta duinagoa nahi duen Jainkoa.

Jainkoarena izateko ez da aski herri hautatuko kide izatea, ezta tenpluan kultua eskaintzea ere. Ezinbestekoa da Diruaren aurrean libre eustea eta mundua gizatiarrago egiteko Jainkoaren deia entzutea.

Zerbaitek huts egiten du herrialde aberatsen kristautasunean, gai baikara ongizatea gero eta gehiago handitzen jarduteko, Jesusen mezuaren interpelazioak eta munduko pobreen sufrimenduak hunki gaitzaten utzi gabe. Zerbaitek huts egiten du ezinezko den hau sustatu nahi dugunean: Jainkoari kultua eta Ongizateari kultua.

Zerbait gaizki doa Jesusen Elizan, Jainkoari leial izatea eta aberastasunei kultua ematea ezinezko direla geure hitzaz eta bizitzaz aldarrikatu ordez, erlijio burges eta lasaigarri bat garatuz jendearen kontzientzia lotarazteari ematen badiogu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

25 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,1-13)

por Coordinador – Mario González Jurado

LA LÓGICA DE JESÚS

Jesús era ya adulto cuando Antipas puso en circulación monedas acuñadas en Tiberíades. Sin duda, la monetización suponía un progreso en el desarrollo de Galilea, pero no logró promover una sociedad más justa y equitativa. Fue al revés.

Los ricos de las ciudades podían ahora operar mejor en sus negocios. La monetización les permitía «atesorar» monedas de oro y plata que les proporcionaban seguridad, honor y poder. Por eso llamaban a ese tesoro «mammona», dinero «que da seguridad».

Mientras tanto, los campesinos apenas podían hacerse con algunas monedas de bronce o cobre, de escaso valor. Era impensable atesorar mammona en una aldea. Bastante tenían con subsistir intercambiándose entre ellos sus modestos productos.

Como ocurre casi siempre, el progreso daba más poder a los ricos y hundía un poco más a los pobres. Así no era posible acoger el reino de Dios y su justicia. Jesús no se calló: «Ningún siervo puede servir a dos amos, pues se dedicará a uno y no hará caso del otro… No podéis servir a Dios y al Dinero (mammona)». Hay que escoger. No hay alternativa.

La lógica de Jesús es aplastante. Si uno vive subyugado por el Dinero, pensando solo en acumular bienes, no puede servir a ese Dios que quiere una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos.

Para ser de Dios no basta formar parte del pueblo elegido ni darle culto en el templo. Es necesario mantenerse libre ante el Dinero y escuchar su llamada a trabajar por un mundo más humano.

Algo falla en el cristianismo de los países ricos cuando somos capaces de afanarnos por acrecentar más y más nuestro bienestar sin sentirnos interpelados por el mensaje de Jesús y el sufrimiento de los pobres del mundo. Algo falla cuando pretendemos vivir lo imposible: el culto a Dios y el culto al Bienestar.

Algo va mal en la Iglesia de Jesús cuando, en vez de gritar con nuestra palabra y nuestra vida que no es posible la fidelidad a Dios y el culto a la riqueza, contribuimos a adormecer las conciencias desarrollando una religión burguesa y tranquilizadora.

José Antonio Pagola

DOMINGO 25 (C) – Fray Marcos

(Lc 16,1-13)

A Dios no le servimos para nada. El Dios al que tenemos que servir para que nos de lo que le pedimos es más ídolo que Mammón.

Jesús hablaba para que le entendiera la gente sencilla. Debemos evitar toda demagogia en el tema de las riquezas. Pero no podemos ignorar el mensaje evangélico. En el temade las riquezas, ni siquiera la teoría está muy clara. Hoy, menos que nunca, podemos responder con recetas a las propuestas del evangelio.

Cada uno tiene que encontrar la manera de actuar con sagacidad para conseguir el mayor beneficio, no para su falso yo, sino para su verdadero ser. Si somos sinceros, descubriremos que, en nuestra vida, todos ponemos demasiada confianza en lo externo (material o espiritual) y demasiado poca en lo que realmente somos.

 “Los hijos de este mundo son más sagaces con su gente que los hijos de la luz”. Esta frase explica el sentido de la parábola. No nos invita a imitar la injusticia que el administrador está cometiendo, sino a utilizar la astucia y prontitud con que actúa.

 Él fue sagaz porque supo aprovecharse materialmente de la situación. A nosotros se nos pide ser sabios para aprovecharnos en el orden espiritual. Hoy la diferencia no está entre los hijos del mundo y los hijos de la luz, sino en la diferente manera que los cristianos tenemos de tratar los asuntos mundanos y los asuntos espirituales.

 No podéis servir a Dios y al dinero. No está bien traducido. El texto griego dice mamwna. Mammón era un dios cananeo, el dios dinero. No se trata, pues, de la oposición entre Dios y un objeto material, sino de la incompatibilidad entre dos dioses. Servir al dinero sería orientar mi existencia al consumo de bienes materiales.

Sería tener como objetivo buscar por encima de todo el placer sensorial y las seguridades que proporcionan las riquezas. Significaría que he puesto en el centro de mi vida, el falso yo y buscar la potenciación y seguridades de ese yo.

Podemos dar un paso más allá de lo que dice la parábola. A Dios no le servimos para nada. Si algo dejó claro Jesús fue que Dios no quiere siervos. No se trata de doblegarse con sumisión externa, a lo que mande desde fuera un Señor Poderoso. Se trata de ser fiel a mí mismo, respondiendo a las exigencias de mi ser.

Servir a un dios externo soberano y poderosos que puede premiarme o castigarme es idolatría y, en el fondo, egoísmo. Hoy podemos decir que no debemos servir a ningún “dios”. Al verdadero Dios solo se le puede servir, sirviendo al ser humano.

Lo que tengo debo subordinarlo siempre a los que soy. Soy plenitud, totalidad. De lo esencial no me falta nada. Si echo algo en falta puedo estar seguro de que pertenece a lo accidental. Bebemos los vientos buscando lo que nos falta y no somos capaces de vivir lo que ya tenemos. No necesito más de lo que tengo sino menos.

“Ganaros amigos con el dinero injusto”. Es una invitación a poner todo lo que tenemos al servicio de lo que vale de veras. Utilizamos con sabiduría el dinero cuando lo compartimos con el que pasa necesidad. Lo empleamos sagazmente, pero en contra nuestra, cuando acumulamos riquezas a costa de los demás.

CUATRO ACTITUDES ANTE LOS PECADORES – José Luis Sicre-Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

José Luis Sicre

Domingo 24 Ciclo C

Por una extraña coincidencia, las tres lecturas de este domingo hablan del perdón a los pecadores y de la alegría que Dios experimenta ante su conversión.

Moisés: intercesión

Según el libro del Éxodo, Moisés pasó cuarenta días en la cumbre del monte Sinaí hablando con Dios. Demasiado tiempo para el pueblo, que termina pensando que ha muerto. En busca de algo que le ofrezca garantía y seguridad, convence al sacerdote Aarón para que fabrique un becerro de oro. En el Antiguo Oriente, el toro era un símbolo muy adecuado para representar la fuerza y vitalidad de un dios, y por eso los israelitas proclaman: «Este es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto».

Sin embargo, construir imágenes de Dios es una forma de intentar manipularlo. A la imagen se la puede premiar o castigar; se la puede ungir con perfumes y ofrecer regalos si Dios me concede lo que quiero, o se la puede privar de todo si no me lo concede. Además, la imagen destruye el misterio de Dios reduciéndolo a un objeto visible.

¿Cómo reaccionará el Señor ante este pecado? El relato no carece de cierto humor. Dios se muestra indignado, pero no actúa. Al contrario, provoca a Moisés para que interceda por el pueblo. Como un padre que, indignado con su hijo, le dice a su esposa que piensa castigarlo para que ella interceda y le anime a perdonar.

Las palabras que dirige a Moisés: «se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto» recuerdan a las que tantas veces dice un marido a su mujer: «tu hijo…», como si no fuera también suyo. Como si Israel no fuera el pueblo de Dios y no hubiera sido él quien lo sacó de Egipto. El tono humorístico, dentro de la tragedia, alcanza su punto culminante cuando Dios le pide permiso a Moisés para terminar con el pueblo: «Déjame, mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».

Pero Moisés no se deja tentar por la promesa de ese nuevo gran pueblo. “El que ahora guío ?le responde a Dios? aunque sea pervertido y de dura cerviz, es tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta. No me eches a mí la culpa y acuérdate de lo que prometiste a Abrahán, Isaac y Jacob”. Bastan estas pocas palabras para que el Señor se arrepienta de la amenaza.

Dos grandes enseñanzas en este breve relato: 1) lo fácil que es convencer a Dios para que perdone; 2) el responsable de la comunidad nunca debe rechazarla por más pervertida que pueda parecer; su postura debe ser la de Moisés, recordando lo bueno que hay en ella y defendiéndola.

Los seglares piadosos y los teólogos: rechazo y crítica

La lección de Moisés, intercediendo por los pecadores, no la han aprendido los teólogos de la época (los escribas) ni los seglares piadosos (fariseos). Son partidarios de una separación radical de buenos y malos que excluya cualquier contacto entre ellos. Y, dentro de los malos, los peores son los publicanos, explotadores al servicio de Roma, y los pecadores, gente que no va a la sinagoga el sábado, no ayuna, no reza tres veces al día, no paga el tributo al templo ni los diezmos, no observa las leyes de pureza, etc.

Pero lo interesante es que escribas y fariseos no se indignan con los pecadores sino con Jesús, porque los acoge y come con ellos.

Jesús: acogida

A la murmuración y la crítica de sus adversarios Jesús no responde con un ataque durísimo a su hipocresía sino contando tres parábolas (la oveja perdida, la moneda perdida, el padre con dos hijos), que insisten las tres en la alegría de Dios por la conversión de un solo pecador. La liturgia permite una lectura breve, limitándose a las de la oveja y la moneda.

A pesar de las diferencias, las dos parábolas tienen una estructura y mensaje parecidos. Al protagonista masculino de la primera se añade el femenino de la segunda. Los dos pierden algo (una oveja, una moneda) y realizan un gran esfuerzo para encontrarla. Cuando lo consiguen, convocan a amigos/amigas y vecinos/vecinas para que les den la enhorabuena. Conclusión: la misma alegría habrá en el cielo o entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Lo que une a las parábolas con la moraleja es el tema de la alegría. La alegría del pastor, de la mujer, de los amigos y vecinos, amigas y vecinas, asemeja a la que hay en el cielo o entre los ángeles de Dios. Oveja, moneda y pecador se parecen por haberse perdido y ser encontrados.

Pero ese éxito requiere mucho esfuerzo, amor e interés. Entonces, el punto de vista se desplaza de la oveja y la dracma al hombre y la mujer, que, con su actitud, justifican que Jesús busque a publicanos y pecadores y coma con ellos para que se conviertan. Lo que no está justificado es la murmuración de los escribas y fariseos, que contrasta con la alegría del cielo.

Dios: compasión

Los textos anteriores enseñan a través de relatos (Éxodo) y parábolas (evangelio), la segunda lectura cuenta la experiencia personal de Pablo. Él, fariseo de pura cepa, termina descubriéndose como «un blasfemo, un perseguidor y un violento». Ha maldecido a Jesús, ha metido en la cárcel a los cristianos, ha querido exterminarlos. «Pero Dios tuvo compasión de mí… Dios derrochó su gracia en mí… Jesús se compadeció de mí». La experiencia de Pablo, en mayor o menor grado, es la de cualquiera de nosotros. Y nuestra reacción debe ser también la suya de servicio y alabanza a Dios.

José Luis Sicre

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¿CUMPLIDORES, SEGUIDORES, BUSCADORES O RECONOCEDORES?

Enrique Martínez Lozano

Domingo XXIV del TO

Lc 15, 1-32

El hermano mayor de esta parábola es el prototipo del “cumplidor”. No ha desobedecido ni una sola de las normas de su padre, pero su corazón sigue tan endurecido como el primer día. Por eso estalla de resentimiento cuando cree que no ha recibido el reconocimiento que su comportamiento exigente habría merecido. El cumplidor -que se halla en diferentes grupos, religiosos o no- termina con facilidad en el resentimiento y la amargura, resultando una figura trágica: su exigencia perfeccionista no le ha hecho mejor persona; simplemente, ha engordado y envenenado su ego.

Con frecuencia, la religión cristiana ha promovido personas cumplidoras, por más que, según el evangelio, los “cumplidores” fariseos -imagen también prototípica de la observancia religiosa- fueron objeto de las mayores denuncias por parte de Jesús.

Además de cumplidores, el cristianismo -como toda religión teísta- ha promovido “seguidores”. No es extraño que se les llame “fieles”, y que se insista en la primacía de las creencias como el valor supremo. El problema es que, en la práctica, no se potenciaba que fueran fieles a sí mismos, sino a la autoridad religiosa. Con lo cual, la supuesta fidelidad se transformaba en sometimiento.

Las personas más libres no se conforman con ser seguidoras. Se consideran a sí mismas como buscadoras. A fin de cuentas, vienen a decir, los seguidores se mantienen aferrados a creencias, que no dejan de ser respuestas heredadas y, en ese sentido, verdades prestadas y, en definitiva, conocimientos de segunda mano.

Pero los buscadores no han estado bien vistos en Occidente. Se los tachaba, despectivamente, de “librepensadores” y despertaban recelos entre los fieles y, particularmente, para la autoridad religiosa. Sin embargo, todos los sabios han sido buscadores. Lo cual resulta lógico: cuando alguien tiene un anhelo espiritual genuino, es muy difícil aceptar la prisión de la religión.

Con todo, los buscadores se hallan constantemente acechados por una trampa: percibirse a sí mismos en clave de carencia, pensando que el objeto de su anhelo es algo que se halla fuera o en el futuro. Eso explica que las personas sabias, que empezaron su camino como buscadoras, antes o después, se vieron en la necesidad de abandonarlo, justo en el momento en que comprendieron que, en su profundidad, ya eran aquello que andaban buscando.

En ese momento, los buscadores se convierten en reconocedores, es decir, en seres despiertos, que han comprendido -se les ha revelado- que no hay nada que buscar. Han visto con claridad que la propia búsqueda alimenta y fortalece la idea errónea de carencia, ya que solo busca quien se siente incompleto. En eso consiste el despertar: en ver que quien busca, en realidad se está alejando de lo anhelado; en ver que no se trata de buscar o alcanzar nada, sino, sencillamente, en caer en la cuenta, en reconocer que ya somos lo buscado.

Enrique Martínez Lozano

DOMINGO 2 4(C) – Fray Marcos

(Lc 15)

No debemos buscar a Dios ni Él nos busca. Dios está en nosotros y nosotros en ÉL.

Hoy nos dice el evangelio que los “pecadores” se acercaban a Jesús, porque los aceptaba tal como eran. Los fariseos y letrados se acercaban también, pero para espiarle y condenarle. No podían concebir que un representante de Dios pudiera mezclarse con los “malditos”. El Dios de Jesús está en contra del sentir excluyente de los fariseos.

Las parábolas no necesitan explicación alguna, pero exigen implicación. El problema está en que entendemos a Dios como pastor de un rebaño, como dueño de unas monedas o como padre defraudado que espera que el hijo cambie de postura ante Él.

Después de veinte siglos, seguimos teniendo la misma dificultad a la hora de cambiar nuestro concepto de Dios. Dios no nos tiene que buscar porque para Él nadie está perdido. Está siempre identificado con cada uno de nosotros y no puede cambiar esa actitud. No nosotros olvidamos esta realidad y vivimos como si nada tuviéramos con Él.

Sé que tengo la batalla perdida, pero de dejaré de pelear. Llevamos veinte siglos sin aceptar el Dios de Jesús y adorando al dios del AT y de los fariseos. El dios que premia a los buenos y castiga a los malos no es el Dios de Jesús. El Dios que esta esperando a que nosotros nos portemos bien para amarnos, no es el Dios de Jesús. Dios es solo amor.

Olvidamos algunos detalles de las parábolas. La oveja no tiene que hacer nada para que el pastor la encuentre, mucho menos la moneda. Pero el caso del hijo es todavía peor. ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre! Lo que le empuja a volver a la casa del padre es un interés rastrero y egoísta.

Seguimos creyendo que nuestras actitudes condicionan la acción de Dios y eso es una barbaridad. En Dios el amor es su esencia (capacidad de identificarnos con Él) y no puede dejar de amar un instante a una de sus criaturas. Si dejara de amar dejaría de ser Dios.

Es ridículo querer comprender a Dios poniendo como ejemplo la bondad de los seres humanos. Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios que suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido. Dios es don absoluto y total desde antes que empezara a existir.

Si somos capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará también nuestra idea de “buenos” y “malos”. La actitud de Dios no puede ser diferente para cada uno de nosotros, porque es anterior a lo que cada uno puede o no hacer. El Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, es una aberración incompatible que el espíritu de Jesús.

Para nosotros la máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el perdón de Dios, tiene una dificultad casi insuperable, porque nos empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia manera de perdonar. Nuestro perdón es una reacción a la ofensa que el otro me ha causado. En cambio, el perdón de Dios es anterior al pecado. Es amor.

Pensar que si Dios me ama igual cuando soy bueno que cuando fallo, no merece la pena esforzarse es ridículo. Nada más contrario a la predicación de Jesús. La misericordia de Dios es gratuita, infinita y eterna, pero tengo que aceptarla. La actitud de Dios debe ser el motor de cambio en mí. Dios no va a cambiar porque yo cambie de actitud con Él.

Urteko 24. igandea – C – José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Lukas 15,1-32)

BESTE SEMEA – EL OTRO HIJO

Jesusen parabolarik hunkigarriena, inondik ere, «aita onaren» hura da, era okerrean «seme hondatzailearen parabola» deitu izan dena. Hain juxtu, «seme gazte» honek deitu izan die atentzioa komentariogileei eta predikariei. Hura etxera itzuli eta aitak sinestezineko moduan hartu izanak kristau-belaun guztiak hunkitu izan ditu.

Halaz guztiz, «seme nagusiaz» ere mintzo da parabola; aitarekin gelditu da hau, anaiaren bizitza nahasia imitatu gabe, etxetik urrun. Galdua zen semeari ongietorri egiteko aitak antolatu duen jaiaren berri eman diotenean, asaldatu egin da. Anaia itzuli izanak ez dio pozik eman, aitari ez bezala, baizik errabia: «haserretu zen eta ez zuen joan nahi» jaira. Ez zuen etxetik alde egin sekula; orain, ordea, arrotz sentitu da bereen artean.

Sartzeko dei egitera irten zaio aita, anaia onartu duen txera berarekin. Baina ez zaio joan oihuka, ezta agindua emanez ere. Maitasun apalez, «konbentzitu egin nahi du» harrera egiteko festan parte har dezan. Orduantxe lehertu da gure mutila, bere erresumina agerian jarriz. Bizitza osoa eman du aitaren esana eginez, baina ez du ikasi aitak bezala maitatzen. Orain, bere eskubideak bakarrik ditu gogoan eta anaia gutxiestea.

Horra seme nagusiaren tragedia. Ez du sekula etxetik alde egin, ez, baina bihotza urrun izan du beti. Aginduak betetzen badaki, baina maitatzen ez. Ez du ulertu galdua zen seme hari aitak zion maitasuna. Ez daki zer den onartzea eta barkatzea, ez du deus jakin nahi bere anaiaz. Gure ikusmina ase gabe bukatu du Jesusek parabola: sartu ote zen ala kanpoan gelditu?

Gizarte modernoko krisi erlijiosoan murgildurik, ohituak gara fededunez eta fedegabeez mintzatzen, betetzaileez eta urrunduez, Elizak bedeinkaturiko ezkontza-bikoteez eta arauz kanpoko egoerako bikoteez… Guk haren seme-alabak sailkatzen jarraitzen dugun bitartean, guztion zain jarraitzen du Jainkoak, ez baita hura jende onaren ondare, ezta betetzaileena ere. Guztien Aita da.

«Seme nagusia» interpelatzen ari zaigu haren ondoan bizi garela uste dugunoi. Zer ari gara egiten Eliza bertan behera utzi ez dugunok? Geure superbizipena segurtatzen agindutakoa ahalik hobekien betetzen, ala bere seme-alaba guztiez Jainkoak duen maitasunaren testigu izaten? Elkarte irekiak ari al gara eraikitzen, duda-muda eta galdera artean Jainkoaren bila dabiltzanei ulertu, onartu eta lagun egiten dakitenak eraikitzen? Hesiak jartzen ala zubiak egiten ari ote gara? Adiskidetasuna eskaintzen ala errezeloa agertzen?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

24 Tiempo ordinario – C (Lucas 15,1-32)

por Coordinador – Mario González Jurado

EL OTRO HIJO

Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús es la del «padre bueno», mal llamada «parábola del hijo pródigo». Precisamente este «hijo menor» ha atraído casi siempre la atención de comentaristas y predicadores. Su vuelta al hogar y la acogida increíble del padre han conmovido a todas las generaciones cristianas.

Sin embargo, la parábola habla también del «hijo mayor», un hombre que permanece junto a su padre sin imitar la vida desordenada de su hermano lejos del hogar. Cuando le informan de la fiesta organizada por su padre para acoger al hijo perdido, queda desconcertado. El retorno del hermano no le produce alegría, como a su padre, sino rabia: «Se indigna y se niega a entrar» en la fiesta. Nunca se ha marchado de casa, pero ahora se siente como un extraño entre los suyos.

El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha acogido a su hermano. No le grita ni le da órdenes. Con amor humilde «trata de persuadirlo» para que entre en la fiesta de la acogida. Es entonces cuando el hijo explota, dejando al descubierto todo su resentimiento. Ha pasado toda su vida cumpliendo órdenes del padre, pero no ha aprendido a amar como ama él. Solo sabe exigir sus derechos y denigrar a su hermano.

Esta es la tragedia del hijo mayor. Nunca se ha marchado de casa, pero su corazón ha estado siempre lejos. Sabe cumplir mandamientos, pero no sabe amar. No entiende el amor de su padre a aquel hijo perdido. Él no acoge ni perdona, no quiere saber nada de su hermano. Jesús concluye su parábola sin satisfacer nuestra curiosidad: ¿entró en la fiesta o se quedó fuera?

Envueltos en la crisis religiosa de la sociedad moderna, nos hemos habituado a hablar de creyentes e increyentes, practicantes y alejados, matrimonios bendecidos por la Iglesia y parejas en situación irregular… Mientras nosotros seguimos clasificando a sus hijos e hijas, Dios nos sigue esperando a todos, pues no es propiedad solo de los buenos ni de los practicantes. Es Padre de todos.

El «hijo mayor» nos interpela a quienes creemos vivir junto a él. ¿Qué estamos haciendo los que no hemos abandonado la Iglesia? ¿Asegurar nuestra supervivencia religiosa observando lo mejor posible lo prescrito o ser testigos del amor grande de Dios a todos sus hijos e hijas? ¿Estamos construyendo comunidades abiertas que saben comprender, acoger y acompañar a quienes buscan a Dios entre dudas e interrogantes? ¿Levantamos barreras o tendemos puentes? ¿Les ofrecemos amistad o los miramos con recelo?

José Antonio Pagola