Semana del 7 al 13 de agosto de 2022– Ciclo C
Domingo 19º de Tiempo Ordinario

Sabiduría 18,6-9: Nos honrabas llamándonos a ti
Salmo 33: ¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor!
Hebreos 11,1-2.8-19: La fe, seguridad de lo que se espera
Lucas 12,32-48: Dichoso el sirviente que se encuentre preparado

Sabiduría 18, 6-9

Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres,

para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.

Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables,

pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.

Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada:

que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Salmo responsorial: 32

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

Hebreos 11, 1-2. 8-19

Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.

Por su fe, son recordados los antiguos.

Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.

Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.»

Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos.

Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

Evangelio.- Lucas 12, 32-48

Estad preparados

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigá

COMENTARIO LITÚRGICO

Primera Lectura

Con la superación de la vieja «arqueología bíblica» y el advenimiento, a finales del siglo pasado, de una arqueología verdaderamente «científica», hoy día ya parece que estamos en condiciones de admirar la genialidad del pueblo de Israel al dotarse de aquella tradición religiosa, en el Reino del Norte, más que en Judá, que vinculaba sus orígenes a una identidad incluso étnica, racial, venida de fuera de «Canaán», con quien nada tendrían que ver. Israel provendría de una liberación espectacular liderada por Dios en el mayor de los enemigos políticos de aquellos tiempos, el poderoso Egipto. (Hay mucha literatura, científica pero muy accesible, sobre este nuevo paradigma arqueológico bíblico, con autores como Finkelstein, o Liverani, que recomendamos vivamente).

Por eso aquella noche mítica de la liberación pascual en Egipto tuvo una significación trascendental para la historia de los hebreos. Les recordaba las promesas que Dios habría hecho a sus padres: que desde entonces Israel sería un pueblo libre, consagrado al Señor. Y aquella «primera cena» del cordero pascual serviría de modelo a lo que había de ser centro de la vida religiosa y cultural.

La participación en un mismo «sacrificio» simbolizaba en aquel tiempo la unión solidaria de un pueblo en un destino común. La idea pagana de los sacrificios ofrecidos a la divinidad es común en el universo religioso de la antigüedad. La celebración pascual les recordaba que Dios no cesaba de «elegir a su pueblo» entre los justos, y de «castigar a los impíos».

Hoy, toda esta imagen de Dios, por más que la hayamos estado escuchando y venerando durante milenios, desde siempre, aparece como profundamente inadecuada, inaceptable. ¿Qué clase de Dios es ése que opta por un pueblo, lo elige –y no a los otros–, le regala una tierra que está ya ocupada por otros pueblos, y da poder a su pueblo elegido para que los expulse y los destruya? ¿Es verosímil esta imagen de Dios? ¿No es propia de los tiempos «tribales», donde cada tribu se imagina que tiene su Dios protector que la defenderá contra las demás? (Recomendamos leer al respecto, por ejemplo, de John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, Abya Yala, Quito, Ecuador, www.tiempoaxial.org; también se puede mirar en google y en youtube sobre este autor, que tiene muchas publicaciones en línea).

Segunda Lectura

La fe de Abraham y de los patriarcas sirve de ejemplo. Para estimular la perseverancia en la fe que lleva a la salvación, la carta a los Hebreos aduce una serie de testigos. Abraham, lo mismo que los hebreos del siglo I, conoció la emigración, la ruptura respecto al medio familiar y nacional y la inseguridad de las personas desplazadas. Pero en esas pruebas encontró Abraham motivo para ejercer un acto de fe en la promesa de Dios.

La fe enseña a no darnos por satisfechos con los bienes tangibles ni con esperanzas inmediatas. Abraham creyó por encima de la amenaza de la muerte. Sufrió la esterilidad de Sara y la falta de descendencia. Esta prueba fue para él la más angustiosa, porque el patriarca se acercaba a la muerte sin haber recibido la prenda de la promesa. Aquí se hace realidad la última calidad de la fe: aceptar la muerte sabiendo que no podrá fracasar el designio de Dios.

Evangelio

El evangelio de hoy nos presenta unas recomendaciones que tienen relación con la parábola del rico necio del domingo anterior. Los exegetas se diversifican en cuanto a la estructura que presenta el texto, y no determinan las unidades de las que se compone. La actitud de confianza con la que inicia el texto no debería de omitirse: “no temas, rebañito mío, porque su Padre ha tenido a bien darles el reino”. Esta exhortación a la confianza, que tanto gusta a Lucas, expresa la ternura y protección que Dios ofrece a su pueblo, pero expresa también la autocomprensión de las primeras comunidades: conscientes de su pequeñez e impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. La bondad de Dios, en su amor desmedido, nos ha regalado el Reino. Desde aquí tenemos que entender las exhortaciones siguientes. Si el Reino es regalo, lo demás es superfluo (bienes materiales). Recordemos los sumarios de Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Lucas invita a la vigilancia, consciente de la ausencia de su Señor, a una comunidad que espera su regreso, pero no ya de manera inminente, como sucedía en las comunidades de Pablo (cf. 1Tes 4-5). La Iglesia de Lucas sabe que vive en los últimos días en los que el hombre acoge o rechaza de forma definitiva la salvación que se regala. Cristo ha venido, ha de venir; está fuera de la historia, pero actúa en ella. La historia presente, de hecho, es el tiempo de la Iglesia, tiempo de vigilancia.

Fitzmyer ilustra esta afinada concepción de la historia, aparecen varias recomendaciones en lo que puede considerarse como los “retazos de una hipotética parábola”. Lo importante será descubrir en cuál de esas recomendaciones centramos la llegada que hay que esperar de manera vigilante. La predicación histórica de Jesús tiene estas máximas sobre la vigilancia y la confianza. Ahora, en este texto se les reviste de carácter escatológico. El punto clave reside en la invitación “estén preparados”; o lo que es lo mismo, lo importante es el hoy. A la luz de una certeza sobre el futuro, queda determinado el presente. Esta es la comprensión de la historia que tiene Lucas: “se ha cumplido hoy” (4,21), “está entre ustedes” (17,20-21) y “ha de venir” (17,20).

El Reino es, al mismo tiempo, presente y algo todavía por venir («ya, pero todavía no»). De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario desprenderse de aquellos cuidados y bienes de este mundo que nos dificulten la entrega gozosa y apasionada a la Causa del Reino, que es precisamente Causa del «Buen vivir»… No olvidemos esa definición teológica del Reino de Dios que dice: «Ubi Bonum, ibi Regnum».

DOMINGO 18 (C) Fray Marcos

(Ecl 1,2;2, 21-23) «Vaciedad sin sentido, todo es vaciedad…»

(Col 3,1-11) «Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.»

(Lc 12,13-21) Guardaos de toda clase de codicia. Un rico tuvo una gran cosecha…

Acaparar los bienes necesarios para la vida es causar la muerte.

Desplegar la verdadera Vida y dar sentido a la biológica no depende de tener más o menos, sino de ser en plenitud. Hay frases en el relato que nos han despistado. Que lo acumulado lo vaya a disfrutar otro, no es la razón de la estupidez, porque en el caso de que lo pudiera disfrutar él mismo, parece que sería válida la acumulación de riquezas. La actitud del rico es equivocada porque pone su felicidad en lo acumulado, creyendo que esa seguridad le puede solucionar todas las necesidades que como ser humano necesita satisfacer.

Tampoco se trata de proponer como alternativa el ser rico ante Dios, si se entiende como acumulación de méritos que después de esta vida le pararán con creces. Llevamos muchos siglos enredados en esta trampa sin darnos cuenta que también esas seguridades espirituales pretenden potenciar el ego, exactamente igual o peor que los bienes materiales. Esta manera de entender la propuesta va en contra del mensaje de Jesús que nos pide olvidarnos del yo. Hay en el evangelio otra frase que nos ha mentido por el mismo camino sin salida: “acumulad tesoros en el cielo…”. Las dos las hemos entendido al revés.

En la Edad Media surgieron dos personajes formidables que supieron interpretar el evangelio. Se trata de S. Francisco de Asís y Santo Domingo. Ambos fundaros su propia orden fundamentadas en la pobreza absoluta. Los dos vivieron desprendidos de todo, rechazando cualquier clase de seguridad que pudiera hacer la vida más fácil. S. Francisco fue el hombre más feliz del mundo sin poseer absolutamente nada. Era tan pobre que su felicidad no dependía ni siquiera de su propia pobreza. Santo domingo podía decir como Jesús que no tenía donde reclinar la cabeza. Desprendido de todo estaba siempre disponible.

La meta del hombre es desplegar su humanidad. El evangelio nos dice que tener más no nos hace más humanos, la conclusión es muy sencilla: la posesión de bienes de cualquier tipo, no puede ser el objetivo último de ningún ser humano. La trampa de nuestra sociedad está en que no hemos descubierto que cuanto mayor capacidad de satisfacer necesidades tenemos, mayor número de nuevas necesidades desplegamos; con lo cual no hay posibilidad alguna de marcar un límite. Ya los santos padres decían que el objetivo no es aumentar las necesidades, sino el conseguir que esas necesidades vayan disminuyendo cada día que pasa.

La vida es un desastre solo para el que no sabe traspasar el límite de lo caduco. Querámoslo o no, vivimos en la contingencia y eso no tiene nada de malo. Nuestro objetivo es dar sentido humano a todo lo que constituye nuestro ser biológico. Lo humano es lo esencial, lo demás es soporte. Aspirar a los bienes de arriba y pensar que lo importante es acumular bienes en el cielo, es contrario al verdadero espíritu de Jesús. Ni la vida es el fin último de un verdadero ser humano ni podemos despreciarla en aras de otra vida en el más allá.

Es muy difícil mantener un equilibrio en esta materia. Podemos hablar de la pobreza de manera muy pobre y podemos hablar de la riqueza tan ricamente. No está mal ocuparse de las cosas materiales e intentar mejorar el nivel de vida. Dios nos ha dotado de inteligencia para que seamos previsores. Prever el futuro es una de las cualidades más útiles del ser humano. Jesús no está criticando la previsión, ni la lucha por una vida más cómoda. Critica que lo hagamos de una manera egoísta, alejándonos de nuestra verdadera meta como seres humanos. Si todos los seres humanos tuviéramos el mismo nivel de vida, no habría ningún problema, independientemente de la capacidad de consumir a la que hubiéramos llegado.

El hombre tiene necesidades como ser biológico, que debe atender. Pero a la vez, descubre que eso no llega a satisfacerle y anhela acceder a otra riqueza que está más allá. Esta situación le coloca en un equilibrio inestable,  que es la causa de todas las tensiones. O se dedica a satisfacer los apetitos biológicos, o intenta trascender y desarrollar su vida espiritual, manteniendo en su justa medida las exigencias biológicas. En teoría, está claro, pero en la práctica exige una lucha constante para mantener el equilibrio. La satisfacción de las necesidades biológicas y el placer que pueden producir, nada tiene de malo en sí.

Solo hay un camino para superar la disyuntiva: dejar de ser necio y alcanzar la madurez personal, descubriendo desde la vivencia lo que en teoría aceptamos: El desarrollo humano, vale más que todos los placeres y seguridades; incluso más que la vida biológica. El problema es que la información que nos llega desde todos los medios nos invita a ir en la dirección contraria y es muy fácil dejarse llevar por la corriente. La sociedad nos invita a ser ricos. El mensaje de Jesús nos propone ser felices porque ya somos inmensamente ricos.

El error fundamental es considerar la parte biológica como lo realmente constituyente de nuestro ser. Creemos que somos cuerpo y mente. No tenemos conciencia de lo que en realidad somos, y esto impide que podamos enfocar nuestra existencia desde la perspectiva adecuada. El único camino para salir de este atolladero, es desprogramarnos. Debemos interiorizar nuestro ser verdadero y descubrir lo que en realidad somos, más allá de las apariencias y tratar de que  nuestra vida se ajuste a este nuevo modo de comprendernos.

Se trata de desplegar una vida verdaderamente humana que me permita alcanzar una plenitud. Solo esa Vida plena, puede darme la felicidad. Se trata de elegir entre una Vida humana plena y una vida repleta de sensaciones, pero vacía de humanidad. La pobreza que nos pide el evangelio no es ninguna renuncia. Es simplemente escoger lo que es mejor para mí. No se trata de la posesión o carencia material de unos bienes. Se trata de estar o no, sometido a esos bienes, los posea o no. Es importante tomar conciencia de que el pobre puede vivir obsesionado por tener más y malograr así su existencia.

La clave está en mantener la libertad para avanzar hacia la plenitud humana. Todo lo que te impide progresar en esa dirección, es negativo. Puede ser la riqueza y puede ser la pobreza. La pobreza material no puede ser querida por Dios. Jesús no fue neutral ante la pobreza/riqueza. No puede ser cristiana la riqueza que se logra a costa de la miseria de los demás. No se trata solo de la consecución injusta, sino del acaparamiento  de bienes que son imprescindibles para la vida de otros. El cacareado progreso actual es radicalmente injusto, porque se consigue a costa de la miseria de una gran parte de la población mundial. El progreso desarrollista en que estamos inmersos, es insostenible además de injusto.

Esperar que las riquezas nos darán la felicidad, es la mayor insensatez. La riqueza puede esclavizarnos. Nos han convencido de que si no poseo aquello o no me libro de esto, no puedo ser feliz. Tú eres ya feliz. Solo tu programación te hace ver las cosas desde una perspectiva equivocada. Si el ojo está sano, lo normal es la visión, no hay que hacer nada para que vea. Sin tener nada de lo que ambicionamos podríamos ser inmensamente felices. Aquello en lo que ponemos la felicidad, puede ser nuestra prisión. En realidad, no queremos la felicidad sino seguridades, emociones, satisfacciones, placer sensible.

OTRA OPCIÓN

Solo el falso yo necesita seguridades. Mi verdadero ser es plenitud y nada le falta.

La petición del hermano a Jesús es solo la excusa para el verdadero mensaje que está en la parábola del rico insensato. De todas formas hay que tener en cuenta que no se trata de hacer frente a una injusticia. En aquel tiempo la herencia no se repartía sino que quedaba a cargo del hermano mayor, quien heredaba del paterfamilias muerto, la dirección de todo el negocio familiar. Toda la familia formaba un bloque económico, social y religioso. Era la única manera de mantener una posición digna ante la sociedad. Si el hermano pide parte de la herencia es porque pensaba separarse de su gran familia y formar una nueva.

En la parábola no se plantea el tema de la riqueza y la pobreza sino la necedad del rico que pone toda su confianza en las riquezas acumuladas sin darse cuenta que hay otras cosas más importantes que el satisfacer las necesidades biológicas y el placer de la satisfacción de los sentidos. No se plantea la bondad o malicia de la riqueza o de la pobreza sino la mala relación con las cosas que podemos poseer o de las que podemos carecer.

Se trata de un mensaje muy sutil que no hemos sabido apreciar. El mismo relato nos insinúa que ni siquiera el que lo escribió lo tenía muy claro. En efecto. El rico no es necio porque lo que ha acumulado lo va a disfrutar otro, dando por supuesto que la vida sería el valor supremo. Sería igual de insensato si toda la riqueza la pudiera disfrutar él mismo. Lo que la parábola critica es que ponga la seguridad en algo tan efímero como los bienes materiales.

Tampoco es un argumento válido para nosotros que debemos ser ricos ante Dios y no en la acumulación egoísta. “Con esta frase y otras parecidas, como por ejemplo: no acumuléis riquezas en la tierra… sino en el cielo…” nos han invitado a valorar las riquezas espirituales. Sería una propuesta también descabellada, porque la hemos entendido como que tendríamos la obligación de hacer obras buenas que se acumularían para garantizar un felicidad para el más allá proporcional a lo buenos que hayamos sido aquí abajo.

Este planteamiento que hemos mantenido durante don mil años sigue siendo descabellado, porque sigue proponiendo la necesidad de seguridades para el falso yo. No importa que sean seguridades espirituales y para el más allá, porque sigues siendo necesidad de seguridades que necesita el falso yo para subsistir y afianzarse. Jesús nunca pudo hacer esta propuesta porque supone una concepción del ser humano como un yo separado y alejado de su experiencia personal que era la de ser uno con el Padre.

Intentaré explicarme, aunque sé que por el camino de la razón y de la lógica nunca podremos llegar a entenderlo. Si necesito seguridades de cualquier tipo o echo algo en falta, es señal de que estoy planteando mi existencia desde mi ser biológico o “creatural” como decía Eckhart. Mi verdadero ser es absoluto y no le falta nada. Es uno con la Realidad Última y plena que está volcada en mi propio ser y por lo tanto nunca le falta nada. Este ser que soy ha existido siempre. Ni ha nacido ni puede morir. Por tanto no puede echar en falta ni siquiera la vida que sería el aparente valor supremo de lo que creo ser.

La mente racional nos permite ocuparnos de satisfacer las necesidades biológicas y debemos usarla con total convicción, pero la satisfacción de esas necesidades, por muy perentorias que sean, no es el objetivo supremo ni el valor primero de nuestra existencia. Por mucho cuidado que pongamos no podremos evitar la muerte, por tanto es absurdo pensar que mantener la vida biológica pueda constituir el valor supremo para mi ser total.

Ahora bien, lo que atañe a mi verdadero ser está más allá de toda contingencia y por lo tanto no tengo nada que temer, porque nada ni nadie me lo puede arrebatar. En mi verdadera esencia lo soy todo y lo seré siempre. No tiene sentido buscar seguridades porque ya las tengo todas. En la medida que esté en mi auténtico ser, no necesitaré seguridad alguna ni materiales ni espirituales. Tampoco tiene sentido ninguna clase de miedo o zozobra. Todo es absoluta calma y armonía que nada podrá romper.

En lugar de una búsqueda de seguridades externas, vengan de la tierra o vengan del cielo, debo descubrir mi ser verdadero e instalarme en él definitivamente, trascendiendo todas la seguridades posibles desde todos los órdenes de mi existencia. Esa toma de conciencia no podemos hacerla desde nuestra racionalidad, sino aparcando la razón y dejando que aflore lo que hay más allá de todas las apariencias de mi falso yo. Como mi ego está siempre presente y actuando en contra de mi verdadero ser, siempre t

Si necesito seguridades, si tengo miedos o me atenaza la idea de qué será de mí en el futuro, es señal de que el falso yo está ganando la batalla. La religión no puede ayudarme porque todas han caído en la trampa de responder a las necesidades del ego, en vez de ayudarnos a superar su influencia nefasta. En concreto nuestra religión, nos ha metido por el camino sin salida de una seguridad de un más allá donde todos tus deseos serán cumplidos con creces. Eso sí sin darse cuenta que está fomentando el falso yo.

El falso yo está instalado en el tiempo y no puede prescindir de él, porque desaparecería. Pero el verdadero ser nunca ha nacido sino que está siempre en la eternidad y por lo tanto nada puede perder ni nada puede añadírsele. Descubrir y vivir en ese Ser eterno supone vivir lo eterno desde lo efímero; estar en lo absoluto desde la contingencia. Como podéis ver la razón se estrella contra esta manera de hablar.

Normalmente vivimos en la superficie de nuestro ser y no dedicamos tiempo y esfuerzo a descubrir nuestro ser más profundo. Vivimos la biología, preocupándonos de comer, vestir, buscar lo fácil, lo cómodo, lo que me agrada en el momento y no nos queda tiempo para preocuparnos de lo que me hace verdaderamente humano. El hedonismo que nos envuelve es el mayor peligro a la hora de desarrollar una vida verdaderamente humana.

Utilizamos la parte racional de nuestra mente para ser más eficientes en esos logros secundarios. Vivimos sin enterarnos de las posibilidades más profundas que nos llevarían a una existencia plena. Lo específicamente humano no nos interesa porque no hemos descubierto la grandiosidad de las posibilidades que nos aportaría. Vivimos enfrascados en el materialismo y será muy difícil que descubramos el valor espiritual que poseemos.

Lo que ya soy es tan sublime que no nos atrevemos a aceptarlo. Mientras no sea consciente de esa increíble riqueza, es como si no la tuviéramos. No nos hagamos ilusiones, es esta una trampa en la que la inmensa mayoría de los seres humanos caemos. Hace dos mil quinientos años, Buda alcanzó una plenitud humana que ninguno de los siete mil millones hemos logrado hoy. No dedicamos el esfuerzo necesario para conseguirlo.

Identificamos la religiosidad con esta posibilidad de alcanzar plenitud, pero la mayoría de las religiones nos llevan por caminos equivocados al confundir fidelidad a unas normas con plenitud humana. La institución que debía ser una ayuda, se ha convertido en el mayor obstáculo, porque ha encaminado los mejores esfuerzos por cominos equivocados.

Urteko 18. igandea – C (Lukas 12,13-21)

JESUN BURUARGITASUNA

Ezaugarririk deigarrienetako bat, Jesusen predikuan, agertu duen buruargitasuna da. aberastasunek beren baitan duten indar alienatzailea eta desgizatiartzailea mozorro gabetzeko.

Jesusen ikusmira ez da moralista batena; geure ondasunak nola lortzen eta nola erabiltzen ditugunaz kezkatzen da moralista. Jesusen ikusmira, berriz, beste bat da: aberastasunez gozatuz bizi denaren arriskua Jainko Aita baten semea / alaba eta beste guztien anaia /arreba dela ahaztea.

Horra, hain justu, beraren alerta-deiaren nondikoa: «Ezin izan zarete Jainkoaren eta Diruaren morroi / neskame». Ezin izan gatzaizkio leial guztientzat zuzentasuna, solidaritatea eta ahaidetasuna bilatzen duen Jainko Aitari, aldi berean geure ondasunen eta aberastasunen arduraz biziz.

Diruak ematen ahal dizu botererik, famarik, izen handirik, segurtasunik, ongizaterik… baina, pertsona esklabo bihurtzen duen heinean, itxi egiten dizu Jainkoa Aitatzat hartzeko dohaina; ahantzarazi egin dizu anai-arreba zarelako ustea eta besteekiko solidaritatea haustera eramaten zaitu. Jainkoa ezin izan da errege diruak dominaturik duen pertsonagan.

Sakoneko arrazoia hau da, alegia aberastasunak piztu egiten duela gugan gero eta gehiago eduki nahia. Eta orduan hazi egiten da pertsonagan metatu beharra, kapitalizatu eta geroz gehiago eduki beharra. Jesusek zorakeriatzat eman du Palestinako lurjabe handien bizitza; obsesionaturik bizi dira beren uztak jasotzeko geroz mandio handiagoak egin beharraz. Zorakeria da energiarik eta ahaleginik hoberenak aberastasunak lortzeari eta pilatzeari eskaintzea.

Azkenean, aberatsari Jainkoa hurbildu zaionean beraren bizitza jasotzeko, agerian geldituko da alferrik galdu duela. Haren bizitzak ez du, ez edukirik, ez baliorik. «Zoroa…». «Horixe da aberastasunak metatzen dituena eta Jainkoaren aurrean aberats ez dena».

Egun batean, kristau-pentsamendua argiro konturatuko da ezen gaur egun ez dugula gogoan kontraesan handi hau: kapitalismoa arnasten duen espirituaren eta Jesusek nahi duen egitasmoa arnasten duen espirituaren artekoa. Kontraesan hori ez da konpontzen, ez espiritu kapitalistaz bizi direnen fede-aitorpenaz, ez beren irabaziekin egiten ahal duten ongintzarekin.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

LUCIDEZ DE JESÚS

Uno de los rasgos más llamativos en la predicación de Jesús es la lucidez con que ha sabido desenmascarar el poder alienante y deshumanizador que se encierra en las riquezas.

La visión de Jesús no es la de un moralista que se preocupa de saber cómo adquirimos nuestros bienes y cómo los usamos. El riesgo de quien vive disfrutando de sus riquezas es olvidar su condición de hijo de un Dios Padre y hermano de todos.

De ahí su grito de alerta: «No podéis servir a Dios y al Dinero». No podemos ser fieles a un Dios Padre que busca justicia, solidaridad y fraternidad para todos, y al mismo tiempo vivir pendientes de nuestros bienes y riquezas.

El dinero puede dar poder, fama, prestigio, seguridad, bienestar… pero, en la medida en que esclaviza a la persona, la cierra a Dios Padre, le hace olvidar su condición de hermano y la lleva a romper la solidaridad con los otros. Dios no puede reinar en la vida de quien está dominado por el dinero.

La raíz profunda está en que las riquezas despiertan en nosotros el deseo insaciable de tener siempre más. Y entonces crece en la persona la necesidad de acumular, capitalizar y poseer siempre más y más. Jesús considera como una verdadera locura la vida de aquellos terratenientes de Palestina, obsesionados por almacenar sus cosechas en graneros cada vez más grandes. Es una insensatez consagrar las mejores energías y esfuerzos en adquirir y acumular riquezas.

Cuando, al final, Dios se acerca al rico para recoger su vida, se pone de manifiesto que la ha malgastado. Su vida carece de contenido y valor. «Necio…». «Así es el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios».

Un día, el pensamiento cristiano descubrirá con una lucidez que hoy no tenemos la profunda contradicción que hay entre el espíritu que anima al capitalismo y el que anima el proyecto de vida querido por Jesús. Esta contradicción no se resuelve ni con la profesión de fe de quienes viven con espíritu capitalista ni con toda la beneficencia que puedan hacer con sus ganancias.

José Antonio Pagola

Semana del 31 de julio al 6 de agosto de 2022– Ciclo C
Domingo 18º de Tiempo Ordinario

Eclesiastés: ¿Qué saca el hombre de sus trabajos?
Salmo 90: Señor, eres nuestro refugio de generación en generación
Colosenses 3,1-5.9-11: Busquen los bienes de allá arriba
Lucas 12,13-21: Lo que has acumulado ¿de quién será?

Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23

¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; ¡vanidad de vanidades, todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto,

y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado.

También esto es vanidad y grave desgracia.

Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente.

También esto es vanidad.

Salmo responsorial: 89

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. R.

Los siembras, año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

Colosenses 3, 1-5. 9-11

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.

No sigáis engañándoos unos a otros.

Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestios del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo.

En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Evangelio. Lucas 12, 13-21

Lo que has acumulado, ¿de quién será?

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»

Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»

Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande

sobrado, su vida no depende de sus bienes.»

Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos:

¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.»

Y se dijo: «Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.»

Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? «

Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Comentarios

La 1ª lectura nos enfrenta con preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. El Eclesiastés pertenece a un grupo de libros que llamamos «sapienciales». La “sabiduría” es un amplio concepto que puede englobar desde la habilidad manual de un artesano hasta el arte para desenvolverse en la sociedad, la madurez intelectual… Representa una capacidad de personas y pueblos cuya finalidad es encontrar respuestas a los grandes interrogantes y misterios de la existencia humana.

Podemos calificar de contestatario al autor del Eclesiastés. Es una voz escéptica y crítica, disidente frente a la tradición sapiencial que confía ilimitadamente en las posibilidades de la razón y sabiduría humanas. El sabio Qohélet es un autor por lo menos desconcertante. La pregunta que mueve toda la reflexión de su libro es ésta: “¿Qué provecho saca el ‘ser humano’ de todos sus afanes bajo el sol?” (1,3). Y su respuesta es la famosa frase: «Vanidad de vanidades (se puede traducir también por vaciedad, sin sentido…), todo es vanidad» (1,2.17; 2,1.11.17.20.23.26; 12,8)

Éste parece, en principio, un libro… «poco religioso». ¿Y cómo se nos propone a los cristianos este libro, como Palabra de Dios, con esa respuesta tan materialista, tan poco optimista…? O esta otra afirmación: «la felicidad consiste en comer, beber y disfrutar de todo el trabajo que se hace bajo el sol, durante los días que Dios da al ser humano, pues ésa es su recompensa» (5,17) es como decir vulgarmente «comamos y bebamos, que mañana moriremos».

El autor recorre a lo largo de su libro todas las esferas del ámbito humano: trabajo, riqueza, dolor, alegría, decepciones, religión, justicia, sabiduría, ignorancia, el tiempo, la muerte… buscando respuesta a su pregunta. Hagamos lo que hagamos en nuestra vida –dice–, al final el destino es el mismo para todos los humanos: la muerte, ¿la nada? Es una pregunta seria: ¿qué pintamos aquí, en la tierra?, ¿para qué vivir, trabajar, luchar, amar, pensar…? Breve es nuestra vida sobre la tierra (Sab 2,1), la mayor parte de nuestra vida es fatiga inútil, que pasa aprisa y vuela (Salmo 89, 10). La experiencia humana es como “atrapar vientos”: una tarea inútil y decepcionante. Por mucho que nos afanemos, nada nos vamos a llevar… Viene a nuestra mente aquella otra frase evangélica: “¿De qué le sirve a una persona ganar el mundo entero…?”.

Hasta el tiempo del destierro, el pueblo de Israel, profesaba tradicionalmente una doctrina de retribución colectivista, «tribal»: la bondad o maldad de un individuo tenía repercusiones en el grupo y en los descendientes. Con la experiencia del exilio estas ideas van cambiando: cada persona recibiría en vida la recompensa adecuada a su conducta (2Re 14, 5-6; Jer 31, 29-30; Ez 18, 2-3. 26-27); sin embargo, la experiencia desmentía este principio.

En la época del destierro empezó a aparecer la teoría de la «retribución personal» y del «destino individual». Y después del destierro este problema ocupa un puesto primordial en la reflexión sapiencial, y no les resultó fácil encontrar una respuesta adecuada. El libro de Job refleja vivamente este drama, apuntando distintas soluciones, pero ninguna definitiva ni convincente: Job es invitado a entrar en el misterio de Dios para desde ahí poder relativizar su dolor, su desesperación y pretensiones. Qohelet se hace eco del mismo escándalo y lo amplía: aun suponiendo que el justo siempre recibiera bienes, tal recompensa no es proporcional al esfuerzo que pone el ser humano en conseguirla, pues no da plena satisfacción a sus anhelos. Tanto Job como Qohelet se mueven en el ámbito de retribución intramundana, no atisban nada más allá de la muerte.

No está mal que Qohélet nos recuerde el sabor de las cosas sencillas, el disfrute de las cosas ordinarias, que también son don de Dios. En esto conectaría muy bien con la mentalidad de la postmodernidad: presentista, del carpe diem (aprovecha cada día).

Evangelio: la vida no depende de los bienes

Va en la misma línea sapiencial que la 1ª lectura: el ser humano busca sin descanso la alegría y la felicidad, pero en torno a esta búsqueda planean serios peligros. Uno de ellos: poner la felicidad en la acumulación insaciable de bienes, la codicia.

A Jesús, como Maestro, se le acercan dos hermanos en litigio y le suplican que ponga orden entre ellos, que haga justicia. Jesús responde yendo a la raíz de los problemas, que está en el corazón del ser humano. Para Él es más importante desenmascarar la codicia que nos domina, que hacer valer los derechos de cada uno. Con lo primero, se conseguirá lo segundo.

Sus palabras son magistrales: “eviten toda clase de codicia, porque, aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida”. Jesús no invita al conformismo. Lo primero es la justicia, querida por Dios, predicada por Jesús: que todos tengan pan, educación, techo… fruto de la comunión, de la solidaridad, nuevo nombre de la justicia: eso es el Reino, la Nueva Humanidad. Pero puede ocurrir que cuando tengamos lo justo, lo que nos corresponde como hijos y hermanos, ambicionemos más. Esta codicia nunca nos permitirá ya descansar. Es muy difícil ya decirse a uno mismo: “Hombre, tienes muchas cosas guardadas para muchos años, descansa, come, bebe, pásalo bien…” normalmente, no hay quien detenga ya el dinamismo de la codicia. Hay que estar alerta. ¿Hasta dónde llegar en la acumulación de bienes?

La codicia de unos pocos o de unos muchos impide el desarrollo de los pueblos. Y llama la atención la medida actual de la codicia en el mundo: según un informe de la OCDE (mayo 2013), el 10% más rico de las sociedades de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tenían 9,5 veces más ingresos que el 10% más pobre en el 2010 respecto al 2007, cuando los ingresos de los ricos eran 9 veces superiores a los de los pobres. Más: la crisis ha acelerado la brecha entre ricos y pobres en los países que integran esa organización. Las desigualdades aumentaron más entre 2007 y 2010 que en los 12 años precedentes.

En los últimos años (2016), tenemos una humanidad que bate sus records, sumida en la desigualdad mayor de su historia: 85 personas tienen una riqueza equivalente al patrimonio de la mitad pobre de la humanidad.

La palabra de Jesús en el Evangelio de hoy no puede quedar reducida a una consideración de la necesidad personal individual de «no ser avaro o codicioso»… Hoy ha de ser aplicada también a la situación planetaria, de la estructura económica mundial, de un mundo que sigue y sigue acentuando sus diferencias, la desigualdad, la brecha entre pobres y ricos. Todavía hay quienes alimentan recelos respecto al concepto de «pecado estructural»… En definitiva, no hay que discutir de literatura, o de «cuestión de nombres». La teología de la liberación tiene muy claro que el pecado –¡y las virtudes!– pueden ser no sólo personales/individuales, sino también sociales, estructurales. Ya sabemos que las estructuras «no son personas que cometan pecados»; nadie es tan ingenuo que confunda eso. Lo que queremos decir es que el mal, el pecado, con frecuencia se corporifica, toma cuerpo, en las estructuras sociales, de modo que impone la posibilidad y expande la facilidad, la propensión para un tipo de actitudes y de actos perversos, pecaminosos, más allá de las voluntades y las buenas intenciones personales. La Utopía, el Mundo nuevo, el Sumak Kawsay –¡el Reino de Dios!, como la llamaba Jesús–, no estará realizado cuando esté en todos los corazones (personales, individuales), sino cuando tome cuerpo también en estructuras que lo hagan posible, realizable, verificable.

La respuesta cristiana es «vivir como Jesús»: vivir confiados en las manos del Padre/Madre Dios, buscando el Reino-Utopía como lo más principal. «Lo demás vendrá por añadidura». El verdadero enriquecerse es amasar una única fortuna: la del amor, el favorecimiento de la vida, el descentramiento de sí mismo en favor del centramiento en el amor, las buenas obras con los más pequeños y desfavorecidos (Mt 6,19).

En torno a la segunda lectura

La intención de la carta a los cristianos de Colosas es afirmar la supremacía de Jesucristo por encima de toda realidad cósmica, terrena o supraterrena. Algunos pretendían introducir en la comunidad ideas filosóficas sobre el mundo de los poderes angélicos, y unas prácticas ascéticas inspiradas en ritos mágicos y mistéricos que confundían y amenazaban con disolver el misterio de Cristo entre los creyentes. Por eso, en el Himno Cristológico de 1,15-20 se presenta a Jesús como Señor de toda la creación y único salvador del mundo, revelación perfecta de la sabiduría divina, escondida durante siglos, pero revelada ahora en el Hijo, fuente de vida espiritual para el ser humano, de quien recibimos la plenitud. Es un himno, una poesía, poesía religiosa, una «reflexión» libre, un ejercicio creativo de belleza, que da rienda suelta y expresión a una vivencia «religiosa» y, por tanto, afectiva, estética, fruitiva… como tantas otras experiencias humanas. No hay que equivocarse y confundir este género literario con un tratado ontológico-metafísico-dogmático.

En ese contexto de pensamiento, el bautismo introduce al cristiano en la posesión ya presente de la salvación, no como algo conseguido de manera estática, sino en movimiento, en progreso, dinámico, y «en combate». El bautismo nos une a Cristo y nos hace participar de sus riquezas: “fuimos sepultados con Cristo y luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos” (2,12). Muertos y resucitados con Cristo debemos buscar lo que Cristo buscó, las cosas de arriba.

Dicho esto, sobre esta segunda lectura, hay que añadir una «nota crítica» para los fieles y los predicadores más críticos. Este fragmento de la carta de Pablo deja un sabor de boca agridulce, pues junto a la atracción espiritual que produce, sus imágenes suscitan una profunda insatisfacción: arriba/abajo, los bienes de arriba/los bienes de abajo, aspirar a los bienes de arriba y no a los de la tierra… Este claro dualismo de fondo, esa «esquizofrenia espiritual» que quiere hacernos creer que estamos en esta tierra (abajo), desterrados, caídos de nuestro verdadero mundo (el mundo de arriba), al que tenemos que volver, en el que seremos de nuevo manifestados en gloria tras nuestra muerte… es una visión de fondo, un «supuesto» que se cuela en las palabras de Pablo como «de rondón», sin siquiera ser mencionado, como una evidencia de fondo que ni siquiera hay que tematizar y discutir… Muchas personas con mentalidad realmente «de hoy», se sienten mal ante estos textos, y muchas veces ni siquiera pueden reaccionar en el nivel consciente, porque no descubren siquiera qué palabras concretas podrían descalificar, pero se siguen sintiendo mal.

Textos que ya van para dos milenios de antigüedad, y que llevan dentro –como una droga escondida no declarada– el platonismo helenista en el que fueran concebidos y expresados, no son buenos para vehicular un mensaje que ha de ser entregado en la rapidez de una liturgia que no permite mayores aclaraciones hermenéuticas. Tal vez mejor sería no abordarlos cuando no van a poder ser bien explicados. Pero en todo caso, los oyentes actuales tienen derecho a que los predicadores inteligentes digan una breve palabra que les tranquilice ante posibles malestares interiores. Pablo, misionero apasionado, sería el primero que hoy se quejaría de que sus palabras no sean purificadas del dualismo platónico que él mismo respiró en su ambiente helenista, un dualismo que hoy es absolutamente inaceptable en nuestra visión moderna y eco-céntrica.

DOMINGO 17 (C) Fray Marcos

(Gen 18,20-32) «Si hay diez inocentes en la ciudad, ¿la destruirás?

(Col 2,12-14) Fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él

(Lc 11,1-13) Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre.

Dios es infinitamente más que padre y madre. No es un ser más, junto a o fuera de los demás seres. Es origen, principio, fuente y fundamento de todo lo que es.

El Padrenuestro es mucho más que una oración de petición. Es un resumen de las relaciones de un ser humano con el absoluto, consigo mismo y con los demás. Es muy probable que el núcleo de esta oración se remonte al mismo Jesús, lo cual nos pone en contacto directo con su manera de entender a Dios. El Padrenuestro nos trasmite, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. La base de ese mensaje fue una vivencia única de Dios, que no tuvo más remedio que expresar en el paradigma de  su cultura.

Esto no quiere decir que Jesús se sacó el Padrenuestro de la manga. Todas y cada una de las expresiones que encontramos en él, se encuentran también en el AT. No es probable que lo haya redactado Jesús tal como nos ha llegado, pero está claro que tiene una profunda inspiración judía. Tanto Jesús como los primeros cristianos eran judíos sin fisuras. No nos debe extrañar que la experiencia de Jesús se exprese o se interprete desde la milenaria religión judía. Esto no anula la originalidad de la nueva visión de Dios y de la religión.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

Es imposible abarcar todo el padrenuestro en una homilía. Cuentan de Sta. Teresa, que al ponerse a rezar el padrenuestro, era incapaz de pasar de la primera palabra. En cuanto decía “Padre” caía en éxtasis… ¡Qué maravilla! Efectivamente, esa palabra es la clave para adentrarnos en lo que Jesús vivió de Dios. Comentar esa sola palabra nos podía llevar varias horas de meditación. De todas formas, vamos a repasar brevemente el de Lucas. 

Padre. En el AT se llama a Dios padre. Sin embargo, el “Abba” es la clave del evangelio. Se pone una sola vez en labios de Jesús, pero con tal rotundidad, que se ha convertido en señal de su mensaje. El llamar a Dios Papá supone sentirse niño pequeño, que no sabe lo que debe pedir. Esta actitud es muy distinta de la nuestra que nos comportamos como personas mayores que podemos decir a Dios lo que tiene que hacer. La petición debe convertirse en confianza absoluta en aquel que sabe mejor que yo lo que necesito y está dándomelo.

Dios es Padre en el sentido de origen y fundamento de nuestro ser, no en el sentido de dependencia biológica. Queremos decir mucho más de lo que esas palabras significan, pero no tenemos el concepto adecuado; por eso tenemos que intentar in más allá de las palabras. Procedemos de Él sin perder nunca esa dependencia, que no limita mis posibilidades de ser, sino que las fundamenta absolutamente. El padre natural, da en un momento determinado la vida biológica. Dios nos está dando constantemente todo lo que somos y tenemos.

Por aplicar a Dios solo la idea de padre, le hemos aplicado también la idea de dominador y represor. Esto nos ha llevado a proyectar sobre Él los complejos que con frecuencia sufrimos con relación al padre natural. Por eso es liberador atrevernos a llamarle Madre. No se trata de un superficial progresismo. Se trata de tomar conciencia de que Dios es más de lo que podemos decir de Él. Uniendo el concepto de padre y el de madre, superamos la trampa del paternalismo y nos obligamos a ampliar el abanico de atributos que le podemos aplicar.

No hay padre ni madre si no hay hijo; y no puede haber hijo si no hay padre y madre. Para la cultura semita, Padre era, sobre todo, el modelo a imitar por el hijo. Este es el verdadero sentido que da Jesús a su advocación de Dios como Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre” Cuando Jesús dice que no llaméis a nadie padre, quiere decir que el único modelo a imitar por el seguidor de Jesús, es únicamente el mismo Dios. Si todos somos hijos, todos somos hermanos y debemos comportarnos como tales. Ser hermano supone el sentimiento de pertenencia a una familia y de compartir todo lo que se tiene y lo que se es.

Santificado sea tu nombre. Aquí “nombre” significa persona, ser. En el AT se manifiesta en numerosas ocasiones, que la tarea fundamental del buen judío era dar gloria a dios. Nada ni nadie puede añadir algo a Dios. Está siempre colmado su ser y no se puede añadir ni una gota más. Lo que quiere decir es que nosotros debemos descubrir esa plenitud en nosotros y en los demás. Debemos vivir esa realidad y debemos darla a conocer a los demás tal como es a través de nuestra propia existencia. Santificamos su nombre cuando somos lo que tenemos que ser, respondiendo a las exigencias más profundas de nuestra naturaleza.

Venga tu reino. El Reino es la idea central del mensaje evangélico. Pero el mismo Jesús nos dijo que no tiene que venir de ninguna parte ni está aquí ni está allí, “está dentro de vosotros”.  Nuestra tarea consiste en descubrirlo y manifestarlo en la vida con nuestras obras. Debemos contribuir a que ese proyecto de Dios, que es el Reino, se lleve a cabo en nuestro mundo de hoy. Todo lo que tiene que hacer Dios para que su Reino llegue, ya está hecho. Al expresar este deseo, nos comprometemos a luchar para que se haga realidad. Se trata de un ámbito en el que todos los seres humanos puedan desplegar su humanidad.

Danos cada día nuestro pan de mañana. Encontramos aquí una clara alusión al maná, que había que recogerlo cada mañana. Dios no puede dejar de darnos todo lo que necesitamos para ser nosotros mismos. Sería ridículo un dios que se preocupara de dar solo al que le pide y se olvidara del que no le pide nada. No se trata solo del pan o del alimento en general, sino de todo lo que el ser humano necesita, tanto lo necesario material como lo espiritual. Jesús dijo: “Yo soy el pan de Vida”. Al pedir que nos dé el pan de mañana, estamos manifestando la confianza en un futuro que se puede adelantar.

Perdónanos, porque también nosotros perdonamos. En la biblia descubrimos muchas referencias a que Dios solo perdona cuando nosotros hemos perdonado, sería ridículo que nosotras pudiéramos ser ejemplo de perdón para Dios. Más bien deberíamos aprender de Él a perdonar. Dios no perdona, en Él los verbos no se conjugan, porque no tiene tiempos ni modos. Si en Él no hay tiempo, no puede hacer o dejar de actuar.

No nos dejes ceder en tentación. Encontramos en el AT muchos pasajes en los que se pide a Dios que no tiente a los que rezan. Se creía efectivamente, que Dios podía empujar a un hombre a pecar. De ahí que tanto el griego como el latín apuntan a que “no nos induzca a pecar” el mismo Dios, lo cual no tiene para nosotros ni pies ni cabeza. Los intentos que se hacen al traducirlo no terminan de aclarar los conceptos. Pensar que Dios puede dejarnos caer o puede hacer que no caigamos es ridículo.

Urteko 17. igandea – C (Lukas 11,1-13)

OTOITZ EGIN BEHARRA DUGU

Gaur egungo gizakiaren tragediarik larriena, agian, otoitzerako nabari zaion ezgaitasun hazkorra da. Ahazten ari zaigu zer den otoitz egitea. Belaunaldi berriak beraien gurasoen fedea elikatu izan duten otoitz-praktika eta otoitz-formulak alde batera uzten ari dira. Murriztu egin dugu otoitzari eta barne gogoetari eskainitako denbora. Batzuetan erabat baztertu dugu geure bizitzan.

Ez da, ordea, hau gauzarik larriena. Ematen du jendea galtzen ari dela barne isiltasunerako gaitasuna. Ez dira gai jada beren izatearen hondoarekin topo egiteko. Mila sentsaziok barreiaturik, barnez sorgorturik, bizitza zorarazle baten erritmoari kateaturik, alde batera uzten ari dira otoitz-jarrera Jainkoaren aurrean.

Bestetik, gizartean, lehen irizpidetzat eta kasik bakartzat efikazia, emankortasuna eta berehalako baliagarritasuna onartzen dituen honetan, otoitza baliogabeturik gelditzen da alferreko gauza bailitzan. Aise baieztatzen da inporta duena «bizitza» dela, otoitza «heriotzaren» mundukoa bailitzan.

Halaz guztiz, otoitz egin beharra dugu. Ezin bizi dugu adoretsu, ez kristau-fedea, ez giza bokazioa, barnez gutxiegi elikatzen baditugu. Goiz edo berandu pertsonak atsegin-eza esperimentatzen du, giza bihotzean barne hutsuneak, egunekotasunaren arrunkeriak, bizitzako asperdurak edo Misterioarekiko inkomunikazioak eragina.

Otoitz egin beharra dugu, eguneroko zereginaren erritmoari eusteko ahalbidea emango diguten isiltasuna, baretasuna eta atsedena aurkitzeko. Otoitz egin beharra dugu, jarrera argi eta ernea bizitzeko gizarte azaleko eta desgizatiargarri honetan.

Otoitz egin beharra dugu, geure egia propioari aurre egin eta autokritika pertsonal egiatia eginez bizitzeko. Otoitz egin beharra dugu, gizatiarrago izatea galarazten digunaz liberatzen joateko. Otoitz egin beharra dugu, Jainkoaren aurrean jarrera jai-kutsuko, esker oneko eta kreatzailea bizi ahal izateko.

Zorionekoak, gai direnak gaur egun ere beren izatearen hondo-hondoan Jesusen hitzen egia esperimentatzeko: «Eskatzen duenak hartzen du, bila dabilena aurkitzen ari da eta dei egiten dionari irekitzen dio».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

NECESITAMOS ORAR

Quizá la tragedia más grave del hombre de hoy sea su incapacidad creciente para la oración. Se nos está olvidando lo que es orar. Las nuevas generaciones abandonan las prácticas de piedad y las fórmulas de oración que han alimentado la fe de sus padres. Hemos reducido el tiempo dedicado a la oración y a la reflexión interior. A veces la excluimos prácticamente de nuestra vida.

Pero no es esto lo más grave. Parece que las personas están perdiendo capacidad de silencio interior. Ya no son capaces de encontrarse con el fondo de su ser. Distraídas por mil sensaciones, embotadas interiormente, encadenadas a un ritmo de vida agobiante, están abandonando la actitud orante ante Dios.

Por otra parte, en una sociedad en la que se acepta como criterio primero y casi único la eficacia, el rendimiento o la utilidad inmediata, la oración queda devaluada como algo inútil. Fácilmente se afirma que lo importante es «la vida», como si la oración perteneciera al mundo de «la muerte».

Sin embargo necesitamos orar. No es posible vivir con vigor la fe cristiana ni la vocación humana infra alimentados interiormente. Tarde o temprano la persona experimenta la insatisfacción que produce en el corazón humano el vacío interior, la trivialidad de lo cotidiano, el aburrimiento de la vida o la incomunicación con el Misterio.

Necesitamos orar para encontrar silencio, serenidad y descanso que nos permitan sostener el ritmo de nuestro quehacer diario. Necesitamos orar para vivir en actitud lúcida y vigilante en medio de una sociedad superficial y deshumanizadora.

Necesitamos orar para enfrentarnos a nuestra propia verdad y ser capaces de una autocrítica personal sincera. Necesitamos orar para irnos liberando de lo que nos impide ser más humanos. Necesitamos orar para vivir ante Dios en actitud más festiva, agradecida y creadora.

Felices los que también en nuestros días son capaces de experimentar en lo profundo de su ser la verdad de las palabras de Jesús: «Quien pide está recibiendo, quien busca está hallando y al que llama se le está abriendo».

José Antonio Pagola

Semana del 24 al 30 de julio de 2022– Ciclo C
Domingo 17º de Tiempo Ordinario

Génesis 18,20-32: No se enoje mi Señor, si sigo hablando
Salmo 138:
 Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste
Colosenses 2,12-14:
 Les dio vida en Cristo
Lucas 11,1-13: Cuando oren, digan así: Padre nuestro

Génesis 18, 20-32

No se enfade mi Señor, si sigo hablando

En aquellos días, el Señor dijo: «La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.»

Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: «¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?»

El Señor contestó: «Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.»

Abrahán respondió: «Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?»

Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.»

Abrahán insistió: «Quizá no se encuentren más que cuarenta.»

Le respondió: «En atención a los cuarenta, no lo haré.»

Abrahán siguió: «Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?»

Él respondió: «No lo haré, si encuentro allí treinta.»

Insistió Abrahán: «Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?»

Respondió el Señor: «En atención a los veinte, no la destruiré.»

Abrahán continuo: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?»

Contestó el Señor: «En atención a los diez, no la destruiré.»

Salmo responsorial: 137

Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. R.

Y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.

Colosenses 2, 12-14

Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos.

Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados.

Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Evangelio. Lucas 11, 1-13

Pedid y se os dará

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»

Y les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.»

Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.»

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

COMENTARIO LITÚRGICO      

Primera lectura

Este texto, continuación del que se leía el domingo pasado, nos muestra a Abraham, padre de la fe y antepasado de Israel, como gran intercesor antes los habitantes de estas ciudades. Muestra una actitud a imitar: apertura y ayuda a los demás. La negociación entre el intercesor y Dios, recuerda el estilo oriental (y muy latinoamericano, también) del regatear. Lo que se busca es acentuar la insistencia intercesora de Abraham y la magnitud del pecado de Sodoma y Gomorra. El texto es el mejor ejemplo de oración como diálogo audaz y comprometido con Dios, en el que vemos a Abraham hablar con el Señor y tratar de convencerlo a partir de su bondad y justicia, pero, al parecer, abusando de su confianza. El estilo y modo de proceder es, obvio, de una mentalidad semítica: poner en juego el honor de Dios, su reputación de justicia pero que muestran la confianza en Dios y la proximidad de los hombres a El. Por otra parte , este texto, puede ser modelo para el tema de la hospitalidad: Al narrar como estos “tres seres” escuchan a Abraham atentamente. Esta “atención” le permite entrar en el misterio. Uno se revela como el Señor (18,10.13.20) y los otros dos como sus ángeles (19,1). La narración, que al principio hablaba tres hombres, adquiere aquí un carácter teofánico y manifiesta el sentido profundo de la hospitalidad.

Segunda lectura

A partir de este texto los cristianos consideraban la pila bautismal como un sepulcro en el que somos sepultados con Cristo; por otra parte, es también como la madre que engendra a la vida; de ahí, el expresivo ritual de la inmersión. Pero el ritual que representa esta muerte y esta resurrección sólo tiene eficacia si corresponde a la fe en Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos. Esta expresa, pues, la vinculación entre bautismo y fe. Pecado y muerte, fe y bautismo son correlativos. La inserción al misterio de Cristo acontece en el bautismo, pero se funda en la fe. Haber resucitado significa en realidad vivir en Cristo, como consecuencia de haber obtenido el perdón de los pecados como resultado de la muerte del Señor. Siendo coherente, Pablo dice que “el perdón del pecado es liberación de la ley y de su observancia, porque existe una correspondencia entre Ley, muerte y pecado (cf. Rom 7,7-9). La mejor expresión paulina al respecto se encuentra aquí como imagen. La Ley ha sido clavada en la cruz.

EvangelioLa oración forma parte de la vida del pueblo judío. Los piadosos volvían su espíritu a Dios varias veces al día. Jesús aprende, desde el pueblo y su tradición a orar. Como buen judío, aprendió a rezar en la familia y en la sinagoga. En su ministerio, su oración toma adquiere una particularidad: su acercamiento a Dios, “su Abbá”. Lucas lo describe en oración varias ocasiones (3,21; 5,16; 6,12; 9,29). Los exegetas reconocen en Lucas la transmisión más fiel de la oración del Padrenuestro y que es la más breve. Del arameo pasó al griego y así la incluyó Lucas en su narración.

PADRE, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: o sea que Dios sea conocido, dado a conocer, alabado, amado, bendecido, glorificado y agradecido por todas las gentes del mundo. Que el nombre del Señor, o sea el mismo Dios, reciba estimación, amor veneración, y piadosa adoración por todos y cada vez más. Hay que volver a notar el orden de la oración en el Padrenuestro. Primero que Dios sea reverenciado y amado.

VENGA TU REINO: es una oración misionera. Lo que buscan los misioneros es hacer que Dios reine en las gentes de las tierras que ellos están misionando desde sus culturas e idiosincrasia. Y es lo que debemos desear y pedir y buscar todos en todos los tiempos: que reine Dios. Que venga su Reino. Si primero buscamos el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura. Es un deseo de que Dios reine en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro hogar, en la sociedad, en la nación y en el mundo entero. ¡Y en cuantas naciones y personas todavía no reina!

DANOS EL PAN DE CADA DÍA. Pedimos para cada día el pan, sin afanarnos por el futuro, porque Dios estará también en el futuro y El proveerá. Como el Maná del desierto, el pan de cada día es un don maravilloso de la bondad del Señor. Con esta petición del pan diario le estamos queriendo pedir que nos libre del desempleo o de la demasiada carestía, y de las inundaciones y sequías que acaban con los cultivos, y de las guerrillas que impiden a los campesinos recoger sus cosechas, empleo para el esposo que tiene que mantener una familia, ayudas económicas para esa madre abandonada; protección para el anciano echando a un lado por la sociedad. El corporal y el espiritual. Todos los días los necesitamos, por eso tenemos que pedirlo todos los días.

PERDONANOS NUESTROS PECADOS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. El perdón es un arte que se consigue con infinitos ejercicios. San Agustín enseña que a algunos no les escucha Dios la oración que le hacen, porque antes no han perdonado a los que los han ofendido, o no le han pedido perdón al Señor por sus pecados. Sin pedirle excusas por los disgustos que le hemos proporcionado, ¿cómo queremos que nos conceda las gracias que le estamos suplicando?. Es un recuerdo muy oportuno para que no se nos vaya a ocurrir nunca la mentirosa idea de creernos buenos. Dios pone una condición para perdonarnos: no podemos obtener perdón del cielo, si no perdonamos en la tierra. El día del Juicio no tendrás disculpas: te juzgarán como hayas juzgado. Te condenarán si no quisiste perdonar a los demás, y te absolverán si supiste perdonar siempre (San Cripriano): El Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

ÉL LES DARÁ EL ESPÍRITU SANTO. El objetivo final y el contenido de la oración cristiana es llegar a recibir el Espíritu que es capaz de renovar la faz de la tierra, incluidos nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que viene de lo alto con poder avasallador y aleja los vicios y nos trae muchos buenos pensamientos y deseos. El Espíritu Santo quiere ser nuestro Huésped, y es enviado por el Padre Celestial si se lo pedimos con fe y perseverancia. El Espíritu Santo es el que nos hace comprender las Sagrada Escrituras. El Espíritu Santo cuando viene nos ofrece: orar mejor, arrepentirnos de nuestros pecados y tener deseo de dedicarnos a agradar a Dios.

DOMINGO 16 (C) Fray Marcos

(Gn 18,1-10) “Cuando vuelva a verte, Sara habrá tenido un hijo.

(Col 1,24-28) Os amonestamos para que lleguéis a la madurez en la vida cristiana

(Lc 10,38-42) «¡Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa por tantas cosas!

Debemos ser Marta y María. Sin la acción, la contemplación será fatua ilusión. Sin la contemplación, la acción será programación estéril.

Si queremos entender el verdadero sentido del texto, no debemos olvidar el contexto en el evangelio de Lucas. Enmarcado dentro del viaje a Jerusalén, este relato intenta determinar el perfil de aquellos que quiere seguir a Jesús. Durante esa subida, va formando a sus discípulos. Lucas es el único que relata este episodio y no es casualidad que una vez más se sienta interesado en destacar la importancia de la mujer en la vida de Jesús. No debemos interpretar el texto como una condena de la actitud de Marta. Es solo el contrapunto para resaltar la necesidad que todo cristiano tiene de escuchar al único Maestro.

No tiene ningún sentido haber sacado de este relato, una distinción entre la vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción, lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. No es correcto el interpretar este evangelio como proclamación de cristianismo a dos velocidades: 1ª los de la vida contemplativa: 2ª los que se dedican a la vida activa. Parece que el primero que levantó esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo detrás de un señuelo de trapo.

El domingo pasado Terminaba el evangelio con esta frase: “Anda, haz tú lo mismo”. Del evangelio se deduce que no puede darse un amor a Dios directo, que no se refleje en el amor a los demás. Aplicado a tema que nos ocupa, no puede haber auténtica contemplación que no se manifieste en la acción. Tampoco puede haber una acción verdaderamente espiritual que no surja de la contemplación. Claro que puede haber acciones buenas sin contemplación, pero serán solo programaciones, que no nos enriquecen espiritualmente. Y puede haber contemplación sin acción, pero será siempre una falsa ilusión

Debemos superar la aparente contradicción del evangelio. En otro lugar dice Jesús: “el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre necio, que edificó su casa sobre arena”. Edificar sobre roca es escuchar y obrar en consecuencia. Por lo tanto, nada más lejos puede estar este relato de un espiritualismo desencarnado. Eso sí, para actuar con verdadero sentido espiritual, debemos primero escuchar a Jesús y descubrir en su vida y enseñanzas los motivos de la acción. Esto, que parece tan sencillo, es la clave del mensaje de Jesús. Todo lo que no sea entrar por este camino, será engañarnos.

Marta, al quejarse, no tiene en cuenta lo que María está haciendo. Solo tiene en cuanta las consecuencias de esa actitud que le perjudica. Jesús no critica a Marta por estar ocupada, sino por estar preocupada e inquieta por realidades materiales que tienen muy poca importancia. Tampoco dice que lo que hace sea malo. Fijaos, que dice: “María ha escogido la parte mejor; lo cual significa que lo que hacía Marta era también bueno. El mensaje es que toda acción verdaderamente cristiana debe nacer de la contemplación.

Todos tenemos que ser a la vez, Marta y María. No es fácil mantener el equilibrio. En un árbol frutal, ¿qué es lo más importante, las raíces o el fruto? La pregunta es absurda. Sin las raíces es impensable el árbol. Sin los frutos, el árbol sería completamente inútil. Es muy fácil resbalar hacia una u otra dirección. En todas las épocas ha habido místicos que despreciaron el trabajo y hombres y mujeres de acción que despreciaron como inútil la contemplación.

El maestro Eckhart tiene una interpretación desconcertante de este relato. Suponiendo que la primera consecuencia de una escucha de la Palabra sería el servicio y descubriendo que Marta ya está cumpliendo esa tarea, deduce que Marta adelanta a María porque ella ha escuchado y ya está cumpliendo. Viniendo esta reflexión de uno de los más grandes místicos de todos los tiempos, nada sospechoso de menospreciar la contemplación, debemos tomar muy en serio esta advertencia. La contemplación es lo primero, pero no es más importante.

A la luz de este relato, se abre una nueva perspectiva para la mujer. María, es aceptada por Jesús como interlocutora válida. Tal vez sea el relato más subversivo de todo el evangelio. “Sentada a los pies de Jesús escuchaba su palabra”. María está allí como discípula. Esto trastoca todos los valores en que estaba fundada la sociedad de la época. Algunos dichos rabínicos nos dan una pista de lo que pensaban de la mujer: “El que enseña la Tora a una mujer, le enseña necedades”. “Mejor fuera que desapareciera en las llamas la Tora, antes de ser entregada a la mujer”. “Maldito el padre que enseña a su hija la Tora”.

La mujer tiene que crecer como ser humano. Tienen que descubrir que humanizarse es más importante que todas las tareas asignadas a la mujer. Jesús invita a las mujeres a desarrollar sus valores espirituales. La actitud de María, ayuda a Jesús a descubrir todo eso. Vio que había adquirido unos valores espirituales que a él mismo le servían de referencia. Después de esto, Jesús está en condiciones de responder a la mujer que le hizo una alabanza: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él responde: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». No es el parir el valor fundamental de la mujer, aunque el varón sigue empeñado en mantener esta valoración.

Esta actitud de Jesús para con la mujer, se manifiesta también en otros muchos lugares del evangelio. El comportamiento de Jesús con la mujer está completamente libre de misoginia o antifeminismo. Ni asomo de miedo al sexo o machismo, ni siquiera paternalismo. Los evangelios nos dicen que en el grupo de seguidores había también mujeres. Los relatos de la mujer adúltera, la pecadora, la Magdalena, la Cananea, la Hemorroisa, nos indican esa preocupación constante por la mujer, que en su tiempo estaba completamente marginada. Lástima que esa actitud de Jesús haya quedado relegada al olvido en la Iglesia, que sigue manteniendo después de dos mil años, una ideología machista.

El Concilio Vaticano II rechazó toda forma de discriminación por razón de sexo como contraria al plan de Dios; pero a renglón seguido nos demuestra, en la práctica, que eso no tiene vigencia en la institución. Las mujeres, que se sintieron comprendidas y liberadas por Jesús, siguen siendo discriminadas por sus sucesores. La opresión de las mujeres en la Iglesia es solo una manifestación externa de la represión de lo femenino en la jerarquía. Es hora de superar un patriarcado ciego, inconsciente y fanático. Si la mujer hubiera tenido algo que ver en las decisiones de la Iglesia, no habría cometido tantas barbaridades.

No es que el cristianismo haya incrementado la marginación de la mujer, pero sí ha mantenido actitudes ancestrales que habían sido superadas por Jesús. Lo que los cristianos hemos hecho con la mujer no es solo mantener una mala costumbre. Con el evangelio en la mano podemos afirmar que es una injusticia en toda regla. Contra esa injusticia no sólo tienen que luchar las mujeres, tenemos que luchar todos; y no por hacer un favor a la mujer, sino porque es un despilfarro de energías prescindir de un plumazo de más de la mitad de sus miembros a la hora de buscar soluciones a sus problemas.

Urteko 16. igandea – C (Lukas 10,38-42)

BARNE MAISUA

Fededunak eskolatzeko eta gidatzeko, hierarkia katolikoak behin eta berriz «irakaskuntza eklesiastikoaren» beharra azpimarratzen duen bitartean, kristau-talde garrantzizkok norabidetzen du gaur egun beren bizia aipatutakoaren ikasbideak kontuan izan gabe. Norantz gida gaitzake fenomeno honek? Gero eta kezkagarriagoa da arazoa.

Teologo batzuek beharrezkotzat ematen dute kristauen artean hain ahaztua den «barne maisutza» berreskuratu beharra. Esan ohi da: ezer gutxi balio du «irakaskuntza eklesiastikoa» azpimarratzeak, baldin eta fededunok –hierarkiak eta eliztarrok— Kristoren, «barne Maisuaren», ahotsa entzuten ez badugu, zeinak irakasten jarraitzen baitu bere Espirituaren bidez benetan jarraitu nahi diotenei.

Kristo «Barne Maisuaren» ideia hori Jesus beragandik dator: «Ez deitu inori maisu, bat baita zuen Maisua: Kristo» (Mateo 23,10). Baina, batez ere, San Agustin izan da teologian sarrarazi duena, beraren garrantzia indartsu errebindikatuz: «Maisu bat bakarrik daukagu. Eta haren pean ikaskide gara guztiok. Ez gara maisu edo irakasle bihurtzen zuei pulpitutik hitz egiteagatik. Zinezko Maisuak barnetik hitz egiten digu».

Gaur egungo teologiak egia hau azpimarratzen du, ahaztuegia guztiok, hierarkiak eta eliztarrok: Elizan jalgitzen diren hitzak gonbit huts dira fededun bakoitzak bere baitan Kristoren ahotsa entzun dezan. Hau da gauza erabakitzailea. Kristogandik beragandik «ikasten duzunean» bakarrik sortzen zaizu «zerbait berririk» zeure fededun bizitzan.

Honek berekin hainbat eskakizun dakartza. Beste ezer baino lehen, Elizan aginpidez irakasten dutenentzat. Ez dira, ez fedearen, ez kristau-moralaren jabe. Beren egitekoa ez dute pertsonak juzkatzea eta gaitzestea. Askoz gutxiago gainerakoak «pisu astunez eta jasan ezinez» zamatzea. Ez dira inoren irakasle. Kristogandik «ikasiz» bizi behar duten ikasle dira. Orduan bakarrik lagundu ahalko diete besteei Maisuari «irakasten utzi» diezaioten. Hona nola interpelatzen dituen San Agustinek predikariak: «Zergatik duzu hain gustuko hitz egitea eta hain gutxi entzutea? Zinez irakasten duena barnean dago; aitzitik, zu irakasten saiatzen zarenean irten egiten zara zeure baitatik eta kanpoan ibiltzen zara. Entzuiozu lehenik barnetik hitz egiten dizunari, eta orduan hitz egiezu barnetik kanpokoei».

Bestalde, guztiok behar dugu gogoan izan, inporta duena, hierarkiaren irakaskuntzaren hitza entzutean, barnerantz itzultzera gonbidaturik sentitzen garela Maisu bakarraren ahotsa entzuteko. Berriro San Agustinek gogoratzen digu: «Ez zaitez ibili kanpoan. Ez zaitez barreiatu. Barneratu zaitez zeure barnean. Egiak barne gizakia du bizitoki». Irakasgarria da Jesusek Mariaren jarrera goratzean sortu duen eszena: Maria «eserita Jaunaren oinetan, honen hitza entzuten». Argiak dira Jesusen hitzak: «Gauza bat bakarrik da beharrezko. Alderik hobena hautatu du Mariak».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

EL MAESTRO INTERIOR

Mientras la jerarquía católica insiste en la necesidad del «magisterio eclesiástico» para instruir y guiar a los fieles, sectores importantes de cristianos orientan hoy su vida sin tener en cuenta sus directrices. ¿Hacia dónde nos puede conducir este fenómeno? La cuestión inquieta cada vez más.

Algunos teólogos creen necesario recuperar la conciencia del «magisterio interior», tan olvidado entre los cristianos. Se viene a decir esto: de poco sirve insistir en el «magisterio jerárquico» si los creyentes –jerarquía y fieles– no escuchamos la voz de Cristo, «Maestro interior» que sigue instruyendo a través de su Espíritu a quienes de verdad quieren seguirlo.

La idea de Cristo «Maestro interior» arranca del mismo Jesús: «No llaméis a nadie maestro, porque uno es vuestro Maestro: Cristo» (Mateo 23,10). Pero ha sido sobre todo san Agustín quien lo ha introducido en la teología reivindicando con fuerza su importancia: «Tenemos un solo Maestro. Y bajo él somos todos condiscípulos. No nos constituimos en maestros por el hecho de hablaros desde un púlpito. El verdadero Maestro habla desde dentro».

La teología contemporánea insiste en esta verdad demasiado olvidada por todos, jerarquía y fieles: las palabras que se pronuncian en la Iglesia solo han de servir de invitación para que cada creyente escuche dentro de sí la voz de Cristo. Esto es lo decisivo. Solo cuando uno «aprende» del mismo Cristo se produce «algo nuevo» en su vida de creyente.

Esto trae consigo diversas exigencias. Antes que nada para quienes hablan con autoridad dentro de la Iglesia. No son los propietarios de la fe ni de la moral cristiana. Su misión no es enjuiciar y condenar a las personas. Menos aún «echar fardos pesados e insoportables» a los demás. No son maestros de nadie. Son discípulos que han de vivir «aprendiendo» de Cristo. Solo entonces podrán ayudar a otros a «dejarse enseñar» por él. Así interpela san Agustín a los predicadores: «¿Por qué gustas tanto de hablar y tan poco de escuchar? El que enseña de verdad está dentro; en cambio, cuando tú tratas de enseñar te sales de ti mismo y andas por fuera. Escucha primero al que habla por dentro, y desde dentro habla después a los de fuera».

Por otra parte, todos hemos de recordar que lo importante, al oír la palabra del magisterio, es sentirnos invitados a volvernos hacia dentro para escuchar la voz del único Maestro. Nos lo recuerda también san Agustín: «No andes por fuera. No te desparrames. Adéntrate en tu intimidad. La verdad reside en el hombre interior». Es aleccionadora la escena en que Jesús alaba la actitud de María, que, «sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra». Las palabras de Jesús son claras: «Solo una cosa es necesaria. María ha escogido la parte mejor».

José Antonio Pagola

Semana del 17 al 23 de julio de 2022– Ciclo C
Domingo 16º de Tiempo Ordinario

Génesis 18,1-10a: Señor, no pases de largo junto a tu siervo
Salmo 15: Señor, ¿Quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1,24-28: El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos 
Lucas 10,38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

Génesis 18, 1-10a

Señor, no pases de largo junto a tu siervo

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.»

Contestaron: «Bien, haz lo que dices.»

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.»

Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?»

Contestó: «Aquí, en la tienda.»

Añadió uno: «Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»

Salmo responsorial: 14

Señor, ¿Quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor. R.

El que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

el que así obra nunca fallará. R.

Colosenses 1, 24-28

El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos

Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos.

A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.

Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Evangelio. Lucas 10, 38-42

Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

COMENTARIOS

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte, escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”… Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús, pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que «ponga a la mujer en su sitio». Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser «eficaces, productivos y competitivos»… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la «opción por lo fundamental»: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos.

La espiritualidad latinoamericana tiene muy clara la intrínseca unidad entre «acción y contemplación»: cfr «Espiritualidad de la Liberación», de CASALDALIGA-VIGIL, capítulos «Contemplativos en la liberación», «Santidad política»… (El libro puede ser recogido en la página de Pedro Casaldáliga: http://servicioskoinonia.org/Casaldaliga o en la biblioteca de Koinonía: http://servicioskoinonia.org/biblioteca

Evidentemente, sería malo interpretar el texto en un sentido dualista (o una cosa u otra): «o contemplación y escucha pasiva de la Palabra, por una parte… o, por otra, acción caritativa sin oración ni contemplación». Marta y María no deben ser símbolos de extremos parciales; si lo fueran, la elección no iría por ninguna de ellas en particular, sino por las dos en conjunto. Es lo que nos dice el poeta Casaldáliga con «el difícil todo» que eligió «la otra María»:

EL DIFICIL TODO

Tan sólo mejor
que la mejor parte
que escogió María:
el difícil todo.

Acoger el Verbo
dándose al servicio.
Vigilar Su Ausencia,
gritando su nombre.
Descubrir Su rostro
en todos los rostros.

Hacer del silencio
la mayor escucha.
Traducir en actos
las Sagradas Letras.

Combatir amando.
Morir por la vida,
luchando en la paz.

Derribar los troncos
con las viejas armas
quebradas de ira,
forradas de flores.

Cantar sobre el mundo
el Advenimiento
que el mundo reclama
quizá sin saberlo.

El difícil todo
que supo escoger
la otra María…