«POR LA RENUNCIA AL TRIUNFO», José Luis Sicre

José Luis Sicre
Fe Adulta

El tema común a las tres lecturas de este domingo es “por la renuncia al triunfo”. En la primera, Abrahán debe renunciar a su patria y a su familia, experiencia muy dura que sólo conocen bien los que han tenido que emigrar. Pero obtendrá una nueva tierra y una familia numerosa como las estrellas del cielo. Incluso todas las familias del mundo se sentirán unidas a él y utilizarán su nombre para bendecirse.

En la segunda lectura, Timoteo deberá renunciar a una vida cómoda y tomar parte en el duro trabajo de proclamar el evangelio. Pero obtendrá la vida inmortal que nos consiguió Jesús a través de su muerte.

En el evangelio, si recordamos el episodio inmediatamente anterior (el primer anuncio de la pasión y resurrección) también queda claro el tema: Jesús, que renuncia a asegurarse la vida, obtiene la victoria simbolizada en la transfiguración. Así lo anuncia a los discípulos: «Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar a este Hombre como rey».

Esta manifestación gloriosa de Jesús tendrá lugar seis días más tarde. El relato podemos dividirlo en tres partes: la subida a la montaña (v.1), la visión (vv.2-8), el descenso de la montaña (9-13). Desde un punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y los evangelistas utilizan los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirlas. Por eso, antes de analizar cada una de las partes, conviene recordar algunos datos de la famosa teofanía del Sinaí, cuando Dios se revela a Moisés.

La teofanía del Sinaí

Dios no se manifiesta en un espacio cualquiera, sino en un sitio especial, la montaña, a la que no tiene acceso todo el pueblo, sino sólo Moisés, al que a veces acompaña su hermano Aarón (Ex 19,24), o Aarón, Nadab y Abihú junto con los setenta dirigentes de Israel (Ex 24,1). La presen­cia de Dios se expresa mediante la imagen de una nube espesa, desde la que habla (Ex 19,9). Es también frecuente que se mencione en este contexto el fuego, el humo y el temblor de la montaña, como símbolo de la gloria y el poder de Dios que se acerca a la tierra. Estos elementos demuestran que los evangelistas no pretenden ofrecer un informe objetivo, “histórico”, de lo ocurrido, sino crear un clima semejante al de las teofanías del Antiguo Testa­mento.

La subida a la montaña

Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. La exclusión de los otros nueve no debemos interpretarla sólo como un privilegio; la idea principal es que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Se dice que subieron «a una montaña alta y apartada». La tradición cristiana, que no se contenta con estas indicaciones generales, la ha identificado con el monte Tabor, que tiene poco de alto (575 m) y nada de aparta­do. Lo evangelistas quieren indicar otra cosa: usan el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí (u Horeb). También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén. Una montaña «alta y apartada» aleja horizontalmente de los hombres y acerca verticalmente a Dios. En ese contexto va a tener lugar la mani­festación gloriosa de Jesús, sólo a tres de los discípulos.

La visión

En ella hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud. El primero es la transformación del rostro y las vestiduras de Jesús. El segundo, la aparición de Moisés y Elías. El tercero, la aparición de una nube luminosa que cubre a los presentes. El cuarto, la voz que se escucha desde el cielo.

1. La transformación de Jesús la expresaba Marcos con estas pala­bras: «sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no es capaz de blanquearlos ningún batanero del mundo» (Mc 9,3). Mateo omite esta comparación final y añade un dato nuevo: «su rostro brillaba como el sol». La luz simboliza la gloria de Jesús, que los discípulos no habían percibido hasta ahora de forma tan sorprendente.

2. «De pronto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él». Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin Elías habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús) es una manera de garantizarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de siglos, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres chozas suenan a simple despropósito. Pero son simple conse­cuencia de lo que dice antes: «qué bien se está aquí». Cuando el primer anuncio de la pasión, Pedro rechazó el sufrimiento y la muerte como forma de salvar. Ahora, en la misma línea, considera preferible quedarse en lo alto del monte con Jesús, Moisés y Elías que seguir a Jesús con la cruz.

3. Como en el Sinaí, Dios se manifiesta en la nube y habla desde ella.

4. Sus primeras palabras reproducen exactamente las que se escucharon en el momento del bautismo de Jesús, cuando Dios presentaba a Jesús como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadlo!» La orden se relaciona directamente con las anteriores palabras de Jesús, que han provocado tanto escán­dalo en Pedro, y con la dura alternativa entre vida y muerte que ha planteado a sus discípulos. Ese mensaje no puede ser eludido ni trivializado. «¡Escuchadlo!»

El descenso de la montaña

Dos hechos cuenta Mt en este momento: La orden de Jesús de que no hablen de la visión hasta que él resucite y la pregunta de los discípulos sobre la vuelta de Elías.

Lo primero coincide con la prohibición de decir que él es el Mesías (Mt 16,20). No es momento ahora de hablar del poder y la gloria, suscitando falsas ideas y esperanzas. Después de la resurrección, cuando para creer en Cristo sea preciso aceptar el escándalo de su pasión y cruz, se podrá hablar con toda libertad también de su gloria.

El segundo tema, sobre la vuelta de Elías, lo omite la liturgia.

Resumen

Este episodio no está contado en beneficio de Jesús, sino como experiencia positiva para los apóstoles. Después de haber escuchado a Jesús hablar de su pasión y muerte, de las duras condiciones que impone a sus seguidores, tienen tres experiencias complementarias: 1) ven a Jesús transfigurado de forma gloriosa; 2) se les aparecen Moisés y Elías; 3) escuchan la voz del cielo.

Esto supone una enseñanza creciente: 1) al ver transformados su rostro y sus vesti­dos tienen la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) al aparecérseles Moisés y Elías se confirman en que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) al escuchar la voz del cielo saben que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

 

José Luis Sicre

 

 

Domingo 2º de Cuaresma, Koinonia

Gén 12,1-4a: Abrahán, padre del pueblo de Dios
Salmo 32:
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros
2Ti 1,8b-10:
Dios nos llama y nos ilumina
Mateo 17,1-9:
Su rostro resplandecía como el sol

Mateo 17,1-9

Su rostro resplandecía como el sol

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS LITÚRGICOS:

Según la Biblia, Abraham y Sara pertenecían a un clan de pastores seminómadas, de los muchos que buscaban pastos para sus rebaños lejos de las ciudades-estado que, por los años 1800 a.C. se estaban organizando en Mesopotamia y a lo largo de las costas del Mediterráneo. Abraham tal vez fue uno de los muchos grupos que emigraban, lo mismo que hoy, «buscando la vida». En ese andar luchando por la vida descubrieron el llamado de Dios a dejarlo todo y fiarse de su promesa de vida. Dios promete a Abraham que será padre de un pueblo numeroso y que tendrá una tierra, la “tierra prometida”. Es lo que anhelan sus corazones, lo que necesitan para vivir una vida humana y digna. Hoy son muchas las “minorías abrahámicas” que siguen escuchando el llamado de Dios, que les invita a buscar nuevas formas de “vida prometida” para todos los hijos de Dios. Hoy también hay muchísimos desplazados por el sistema neoliberal globalizado, que crea marginación y expulsa a los más débiles de sus tierras. Y millones de desplazados por efecto de las guerras y los problemas políticos. Son los nuevos Abrahán y Sara, que se ven forzados a dejarlo todo en busca de la vida digna que la realidad les niega en su lugar de origen.

La Biblia pone el origen de Israel en esta mitológica «migración» desde Oriente Próximo, «justificándolo» en la voluntad de Dios de elegirse un pueblo… Así, en unos textos que son «Palabra de Dios» y que hablan de Dios… en realidad es el pueblo judío el que habla de sí mismo, y se da una identidad a sí mismo, que se presenta como la voluntad del Dios altísimo, que decidió crearse un pueblo eligiendo a la persona de cuyas entrañas lo haría nacer. Además de padre «biológico» de Israel, a Abraham la Biblia le atribuye el ser «padre en la fe» de Israel, y por tanto de las tres religiones en que derivó la fe de Israel: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Como el problema de la historicidad de los «mitos» bíblicos de la creación, de la primera pareja humana, y del pecado original que abordábamos en el domingo pasado, también los Patriarcas y los orígenes de Israel hoy están sometidos a un nuevo abordaje. Es algo muy nuevo. Hoy en Biblia se habla de un «nuevo paradigma arqueológico», una generación de arqueólogos desprendida de las adherencias y condicionamientos teológicos clásicos, que cree hallar en el subsuelo israelita un nuevo libro que nos habla fehacientemente de los demás libros que componen la Biblia. Israel Finkelstein es el nombre abanderado de este nuevo paradigma bíblico. «La Biblia desenterrada» (editorial Siglo XXI, Madrid 2003, original: The Bible Unearthed. Archeology’s New Vision of Ancient and the Origin of its Sacred Texts). Han aparecido también investigaciones importantes sobre el papel que la creación de la Biblia tuvo respecto a la construcción de la identidad de Israel; así por ejemplo, el libro de Shlomon SAND, Comment le peuple juïf fut inventé (Fayard, Paris 2008, original en hebreo). La visión que actualmente se está imponiendo desde un plano científico respecto al mundo de los patriarcas bíblicos significa una verdadera revolución, un conjunto de descubrimientos muy importantes que transforman el contexto en el que deben ser interpretados. No se trata de una intuición vaga o una primer anticipo, sino de una corriente fundamentada que merece más respecto incluso que las simples «hipótesis» sobre las que hasta ahora estaba basada la ciencia bíblica. Es urgente para los biblistas, los predicadores y todos los agentes de pastoral asomarse cuanto antes a este nuevo panorama, para no ser sorprendidos cualquier día proponiendo interpretaciones que hoy, a estas alturas del desarrollo de las ciencias, no tienen razón de ser.

La segunda carta de Timoteo nos asegura que la Palabra de Dios no está encadenada. Ella hace su propio camino en medio de los muchos caminos del pueblo. Aunque hagamos muchas lecturas interesadas de ella, el Espíritu siempre encontrará las formas de echarla a volar, sobre todo en manos de los que buscan mejores situaciones de vida en dignidad y justicia, como Abrahán y Sara, o como los desplazados de hoy. Todos ellos, minorías abrahámicas o mayorías desplazadas, están pronunciando con su vida el rechazo a este sistema excluyente que ha perdido la brújula, y que podría encontrarla con la Buena Noticia de Jesucristo.

La escena de la transfiguración que nos relatan los evangelios es, obviamente, otro símbolo. No tiene sentido hablar de ella con un «realismo ingenuo», como si la entendiéramos literalmente y pensáramos que nos describe un hecho ocurrido tl cual. Escribieron ese relato, mucho tiempo después de la muerte de Jesús, y con mucha libertad. Esa transfiguración de Jesús que Mateo redacta es un símbolo de esas otras muchas «experiencias de transfiguración» que todos experimentamos. La vida diaria tiende a hacerse gris, monótona, cansada, y a dejarnos desanimados, sin fuerzas para caminar. Pero he aquí que hay momentos especiales, con frecuencia inesperados, en que una luz prende en nuestro corazón, y los ojos mismos del corazón nos permiten ver mucho más lejos y mucho más hondo de lo que estábamos mirando hasta ese momento. La realidad es la misma, pero nos aparece transfigurada, con otra figura, mostrando su dimensión interior, esa en la que habíamos creído, pero que con el cansancio del caminar habíamos olvidado. Esas experiencias, verdaderamente místicas, nos permiten renovar nuestras energías, e incluso entusiasmarnos para continuar marchando luego, ya sin visiones, pero «como si viéramos al Invisible».

Todos necesitamos esas experiencias, como los discípulos de Jesús la necesitaron. Nosotros no podemos encontrarnos con Jesús en el Tabor de Galilea. Necesitamos buscar nuestro Tabor particular, los lugares externos o los rincones de nuestra casa donde nos es más fácil hacer orción, las fuentes que más fuerzas nos dan, las formas con las que nos arreglamos para lograr renovar nuestro compromiso primero, siendo la oración, sin duda, el más importante.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 68 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «En la cumbre del Tabor». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:http://radialistas.net/article/68-en-la-cumbre-del-tabor/ Puede ser escuchado aquí:http://radioteca.net/media/uploads/audios/%Y_%m/068.mp3

Los libros citados más arriba sobre arqueología son fácilmente encontrables en la red. Hay algunos videos públicamente disponibles sobre la historicidad de Abraham, en la línea de estas investigaciones científicas arqueológicas que hemos citado: véase https://vimeo.com/user10361814 Los cuatro son de excelente calidad y fiabilidad; para el tema de este domingo puede bastar el de los patriarcas.

Para la revisión de vida

El motor de la vida es la esperanza, la utopía, el futuro que añoramos… Y todo depende de nuestra visión, de lo que vemos, de si nuestra mirada sólo capta lo inmediato y rastrero que nos rodea, o si es capaz de penetrar en ello y descubrir lo profundo y lo elevado… «Todo es según el color del cristal con que se mira»… ¿Cómo es mi mirada? ¿Más allá de lo inmediato que me rodea soy capaz de ver la trastienda de eternidad, de profundidad de sentido, de presencia de Dios… que hay detrás de cada circunstancia? ¿Soy capaz de transfigurar la mirada? ¿Qué debo hacer para conseguirlo?

Para la reunión de grupo

– Abraham es la figura que mejor expresa, para el Primer (o Antiguo) Testamento, la fe. Dejarlo todo, romper con todo, e irse a «la tierra que Yo te mostraré», sin seguridades, sin saber, sólo confiando en la Palabra de Dios. ¿Qué relación podemos establecer a esta lectura con la transfiguración? ¿Por qué?

– El pasaje de la transfiguración puede causar un malentendido, si nos lleva a imaginar que Jesús «por dentro», o sea, en su conciencia psicológica, sabía y veía y sentía todo como Dios, sólo que lo estaría disimulando o reprimiendo continuamente… Tema difícil, pero importante, éste de la «conciencia psicológica» de Jesús. Tal vez puede ser oportuno tener una charla, un intercambio con una persona entendida en cristología…

– Más allá de lo que históricamente pudo ser el “hecho” de la transfiguración, en el evangelio nos es trasmitido como una narración simbólica que contiene una afirmación teológica sobre Jesús, para alimento de nuestra fe:

– ¿cuál es la afirmación teológica, lo que Mateo está queriendo aludir sobre el mesianismo de Jesús (las figuras-símbolo que aparecen acompañándole, y sobre todo las palabras que se escuchan, muy elocuentes)?, y

– ¿qué interpretación o reinterpretación (una o varias) se puede dar al “símbolo” de la “transfiguración” para hacerlo significante en nuestra vida hoy día?

– Para estudiar los planteamientos actuales de la nueva arqueología bíblica, véase El nuevo paradigma arqueológico bíblico, en RELaT 442.

Para la oración de los fieles

– Para que las tres religiones «abrahámicas», que se remiten a Abraham como «padre de los creyentes», muestren fehacientemente que son hermanas y que dialogan y colaboran y se aman, roguemos…

– Para que seamos capaces de salir de nuestra tierra, de nosotros mismos, de nuestras seguridades, de nuestro egoísmo, de los estrechos límites de nuestro pequeño mundo… para ir la tierra que Dios nos muestra cada día en las necesidades de los hermanos, roguemos…

– Para que no tengamos miedo a abandonar nuestras seguridades por seguir la llamada de Dios, única roca sobre la que podemos construir sólidamente nuestra vida y nuestra sociedad, roguemos…

– Para que el Señor nos dé capacidad de mirar la vida con penetración, para ver lo que hay en el fondo de ella, más allá de las apariencias, roguemos…

– Para que no nos quedemos en las apariencias que figuran externamente, y descubramos lo que configura la realidad profunda de las situaciones y las personas, roguemos…

– Para que el Señor nos dé fe, fuerza en la mirada, potencia en el corazón, ojos nuevos y luz mayor… para ver la realidad transfigurada, roguemos…

Oración comunitaria

– Dios Padre, Madre, Sabiduría eterna, Visión infinita, Intuición total: danos profundidad en la mirada, potencia en el corazón, luz en los ojos del alma, para que seamos capaces de transfigurar la realidad y contemplar tu gloria ya ahora, en nuestra peregrinación terrestre, por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

 

«Garizumako 2. igandea – 2º Domingo Cuaresma», José A. Pagola

– A (Mateo 17,1-9)

JESUSI ENTZUN – ESCUCHAR A JESÚS

Eskuarki «Jesusen antzaldaketa» deitu ohi dugun kontakizun korapilatsu honen erdigunea Ahots batek hartzen du; «hodei distiratsu» berezi batetik datorren Ahotsa da. Biblian sinbolotzat hartzen da hodeia, agertzen eta, aldi berean, ezkutatzen zaigun Jainkoaren misteriozko presentziaz hitz egiteko.

Ahotsak hitz hauek jaulki ditu: «Nire Semea da hau, nire maitea, nire kuttuna. Entzun berari». Ikasleek ez dute nahastu behar Jesus beste inorekin, ez Moisesekin eta Eliasekin ere, Itun Zaharraren ordezkari eta lekuko diren horiekin, alegia. Jesus bakarrik da Jainkoaren Seme maitea, bere aurpegia «eguzkia bezala distiratsu» duena.

Alabaina, Ahots horrek badio beste zerbait ere: «Entzun berari». Antzina, Jainkoak bere borondatea Legeko «hamar aginduen» bidez agertu zuen. Orain, Jainkoaren borondatea agindu bakar honek laburtzen eta zehazten du: Jesusi entzun. Entzuteak eratzen du jarraitzaileen eta Jesusen arteko egiazko harremana.

Hau entzutean, ikasleak lurrera erori dira «izuturik». Txunditurik daude Jainkoarekin izan duten hurbil-hurbileko esperientzia hartaz; aldi berean, ordea, izuturik daude entzun dutenaz: bizi ahalko ote dira Jesusi bakarrik entzunez, Jainkoaren misteriozko presentzia harengan bakarrik aitortuz?

Orduan, Jesusek «hurbildu eta, ukituz, esaten die: Jaiki zaitezte. Ez beldur izan». Badaki Jesusek beraren giza hurbiltasuna sentitu beharra dutela ikasleek: beharrezkoa dutela beraren eskua ukitzea, eta ez bakarrik beraren aurpegiaren jainkozko distira ikustea. Geure barnearen hondoko isiltasunean Jesusi entzuten diogun bakoitzean, hau digute esaten haren lehen hitzek: Jaiki zaitez, ez beldur izan.

Jende askok entzutez bakarrik ezagutzen du Jesus. Haren izena ezagun-ezaguna dute agian; baina hartaz dakitena, haurtzaroko oroitzapen eta irudipen batzuetara mugatzen da. Are gehiago, kristau direla esan arren, beren bihotzean Jesusi entzun gabe bizi dira. Eta, esperientzia hori gabe, ezin ezagutu ahal da Jesusen besterik ez bezalako bakea, ezta gure bizitza arnasteko eta sostengatzeko duen indarra ere.

Fededun batek, Jesusi entzutera ematen dionean, bere bihotzaren barnean honelako zerbait entzuten du beti:

«Ez beldur izan. Utzi zeure burua, xume-xume, Jainkoaren misterioan. Aski duzu zeure fede arin hori. Ez kezkatu. Entzuten badidazu, konturatuko zara Jainkoaren maitasuna beti zuri barkatzen bizitzea dela. Eta, hau sinesten baduzu, aldatuko da zure bizitza. Nabarituko duzu bakea zeure bihotzean».

Apokalipsi liburuan hauxe irakur daiteke: «Hara, atean nauzu, deika; norbaitek nire ahotsa entzun eta irekitzen badit, sartuko naiz haren etxera». Kristauen eta ez-kristauen atean jotzen du Jesusek. Ireki diezaiokegu atea edota uko egin diezaiokegu. Alabaina, ez da gauza bera Jesusekin ala hura gabe bizitzea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2º domingo de Cuaresma – A (Mateo 17,1-9)
Evangelio del 12 / Mar / 2017

por Coordinador Grupos de Jesús

ESCUCHAR A JESÚS

El centro de ese relato complejo, llamado tradicionalmente la «transfiguración de Jesús», lo ocupa una voz que viene de una extraña «nube luminosa», símbolo que se emplea en la Biblia para hablar de la presencia siempre misteriosa de Dios, que se nos manifiesta y, al mismo tiempo, se nos oculta.

La voz dice estas palabras: «Este es mi Hijo, en quien me complazco. Escuchadlo». Los discípulos no han de confundir a Jesús con nadie, ni siquiera con Moisés o Elías, representantes y testigos del Antiguo Testamento. Solo Jesús es el Hijo querido de Dios, el que tiene su rostro «resplandeciente como el sol».

Pero la voz añade algo más: «Escuchadlo». En otros tiempos, Dios había revelado su voluntad por medio de los «diez mandamientos» de la Ley. Ahora la voluntad de Dios se resume y concreta en un solo mandato: «Escuchad a Jesús». La escucha establece la verdadera relación entre los seguidores y Jesús.

Al oír esto, los discípulos caen por los suelos «aterrados de miedo». Están sobrecogidos por aquella experiencia tan cercana de Dios, pero también asustados por lo que han oído: ¿podrán vivir escuchando solo a Jesús, reconociendo solo en él la presencia misteriosa de Dios?

Entonces Jesús «se acerca, los toca y les dice: “Levantaos. No tengáis miedo”». Sabe que necesitan experimentar su cercanía humana: el contacto de su mano, no solo el resplandor divino de su rostro. Siempre que escuchamos a Jesús en el silencio de nuestro ser, sus primeras palabras nos dicen: «Levántate, no tengas miedo».

Muchas personas solo conocen a Jesús de oídas. Su nombre les resulta tal vez familiar, pero lo que saben de él no va más allá de algunos recuerdos e impresiones de la infancia. Incluso, aunque se llamen cristianos, viven sin escuchar en su interior a Jesús. Y sin esa experiencia no es posible conocer su paz inconfundible ni su fuerza para alentar y sostener nuestra vida.

Cuando un creyente se detiene a escuchar en silencio a Jesús, en el interior de su conciencia escucha siempre algo como esto:

«No tengas miedo. Abandónate con toda sencillez en el misterio de Dios.
Tu poca fe basta. No te inquietes. Si me escuchas, descubrirás que el amor
de Dios consiste en estar siempre perdonándote. Y, si crees esto,
tu vida cambiará. Conocerás la paz del corazón».

En el libro del Apocalipsis se puede leer así: «Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa». Jesús llama a la puerta de cristianos y no cristianos. Podemos abrirle la puerta o rechazarlo. Pero no es lo mismo vivir con Jesús que sin él.

José Antonio Pagola

 

 

«LA TENTACIÓN ES SIEMPRE UNA OFERTA ENGAÑOSA», Fray Marcos

FE ADULTA

Mt 4, 1-11

Se nos ha insistido hasta la saciedad que la cuaresma era un tiempo de examen de conciencia para descubrir nuestros fallos, para concienciarnos de que habíamos ofendido a Dios, para sentirnos pecadores. Una vez que descubrimos que estábamos enfangados en la mierda, pedir a Dios que nos sacara de ella y si Dios era reacio a perdonarnos, ahí estaba la muerte de Jesús que nos daba derecho a ese perdón. Pasada la alegría de sentirnos perdonados, llegaba la angustia de volver a fallar. Así año tras año.

La cuaresma es un tiempo privilegiado para analizar la trayectoria humana de nuestra vida y descubrir que, con demasiada frecuencia, nos equivocamos, dando pasos que nos alejan de la meta. No tiene mucho sentido que nos paremos a analizar la piedra en la que tropezamos, ni si nos hemos alejado un paso o un kilómetro. Se trata de tomar conciencia de dónde nos encontramos y desde ahí, enderezar nuestros pasos hacia la meta.

De lo dicho se desprende, que más importante que mirar hacia tras mortificándonos por los pasos mal dados, es descubrir donde está la meta y comenzar a andar en esa dirección. Lo importante es tomar conciencia clara de donde está la meta. Pero resulta que no puedo saber donde está porque nunca estuve allí. Aquí puede venir en nuestro auxilio la experiencia de otros seres humanos que sí se aproximaron a ella. Para nosotros los cristianos, el hombre que más cerca estuvo de ella es Jesús, por eso es nuestro guía.

Las tentaciones de Jesús y las nuestras, nos advierten de la necesidad de esfuerzo para llegar a la meta. Los animales disponen de un piloto automático que les conduce en todo momento a su propia meta. Al ser humano se le han entregado los mandos de la nave y no tiene más remedio que dirigirla él. No podemos conducir un vehículo manteniendo fijo el volante. Tampoco nadie puede conducirlo por nosotros, ni siquiera Dios.

Las dos primeras tentaciones pretenden convertir a Jesús en oprimido u opresor, a cambio de pan, poder o gloria. Tanto oprimir a otro como dejarse oprimir son ofertas satánicas. La opresión es el único pecado, porque es lo único que nos impide ser humanos. Vamos a analizar las tentaciones de Jesús en lo que tienen de común con las trampas que el placer, con apariencia de bien, tiende a todos los hombres.

A nadie se le ocurrirá hoy tomar el relato del Génesis como un hecho histórico. El pecado de Adán es un mito ancestral. Esto no quiere decir que sea simplemente mentira. El mito, en sentido estricto, es un intento de explicar conflictos vitales del ser humano, que no se puede entender de una manera racional. El relato de Adán y Eva intenta explicar el problema del mal, y lo hace partiendo de las categorías de aquel tiempo.

Tampoco el relato de las tentaciones es una crónica de sucesos. Jesús se retiró muchísimas veces al “desierto”. Se trata de resumir todas las pruebas que tuvo que superar a lo largo de su vida. En Jesús la tentación tiene una connotación especial, porque se plantea conforme a su situación personal. La talla de su humanidad tiene que darla en relación con la tarea que se le ha encomendado: cómo desarrollar su mesianismo.

Los posibles tropiezos al recorrer su camino mesiánico, se relatan condensados en un episodio al comienzo de su vida pública, pero resumen la lucha que tuvo que mantener durante toda su vida. A Jesús no le tentó ningún demonio. La tentación es algo inherente a todo ser humano. Por eso es el mejor argumento a favor de su humanidad. Quien no se haya enterado de que la vida es lucha, tiene asegurado el más estrepitoso fracaso.

No se trata de una elección entre el bien y el mal. El ser humano no es el lugar de lucha de dos fuerzas contrarias: el Espíritu y el diablo, el Bien y el Mal. Esa alternativa no es real porque el mal no puede mover la voluntad. Se trata de discernir lo bueno y lo malo, más allá de las apariencias. La lucha se plantea entre el bien auténtico y el aparente. El plantear una lucha contra el mal no tiene ni pies ni cabeza. Una vez que descubro que algo es malo para mí, no tengo que hacer ningún esfuerzo para vencerlo.

Las tres tentaciones de Jesús no son zancadillas puntuales que el diablo le pone. Se trata de contrarrestar una inercia que, como todo ser humano, tiene que superarla. Ni el placer sensible, ni la vanagloria, ni el poder, pueden ser el objetivo último de un ser humano. El poder y las seguridades, como fundamento de una relación con Dios quedan excluidos. El poder podía haber dado eficacia a su mesianismo, pero no llevaría la libertad al hombre. La salvación tiene que llegar al hombre desde dentro de sí mismo.

No necesitamos ningún enemigo que nos tiente. Somos lo bastante complicados para meternos solitos en esos berenjenales. La tentación es inherente al ser humano, porque en cuanto surge la inteligencia y tiene capacidad de conocer dos metas a la vez, no tiene más remedio que elegir. Como el conocimiento es limitado, puede equivocarse y, adhiriéndose a lo que creía bueno, se encuentra con lo que es malo. Si esto no lo tenemos claro, pondremos el fallo en la voluntad que elige el mal, lo cual es imposible.

Si el problema no está en la voluntad, no se podrá resolver con voluntarismo. Aquí está una de las causas de nuestro fracaso en la lucha contra el pecado. Si el problema es de entendimiento, solo se podrá resolver por el conocimiento. Mi tarea será descubrir lo que es bueno o es malo para mí. Ese “para mí”, se refiere a mi verdadero ser, no al yo egoísta e individualista. Ni siquiera podemos esperar de Dios que me saque del dilema.

En nuestra sociedad tendemos a considerar como bueno lo que la mayoría acepta como tal. El esfuerzo por alcanzar una verdadera humanidad es todavía una actitud de minorías. A través de la historia humana, han sido muy pocos los que han manifestado con su vida una plenitud humana. La mejor prueba es que los consideramos seres extraordinarios. La mayoría de los mortales nos contentamos con vivir cómodamente sin valorar el esfuerzo por llegar a ser algo más. Aquí el valor de la democracia queda muy relativizado.

El “está escrito”,repetido por tres veces, tiene un profundo significado. Adán y Eva pretendieron ser ellos los dueños del bien y del mal, es decir, que sea bueno lo que yo determine como tal y que sea malo lo que yo quiero que lo sea. Es la constante tentación de todo ser humano. Cuando Jesús repite por tres veces: “está escrito”, reconoce que no depende de él lo que está bien o lo que está mal, está determinado, no por una voluntad externa de Dios, sino por la misma naturaleza del ser.

 

Meditación-contemplación

Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu.
La verdadera conquista de lo humano, se consigue en el interior.
Solo lejos del bullicio, del ruido y de la vorágine de los sentidos
te puedes encontrar contigo mismo y dilucidar tu futuro.

No te dejes engañar por los cantos de sirena.
Son cada vez más y con más poder de seducción.
Pero la fuerza del Espíritu, siempre será mayor,
Y, si te dejas guiar, te conducirá a la plenitud.

Fray Marcos

 

 

COMENTARIOS LITÚRGICOS: 1º de Cuaresma, 5/03/2017, Koinonia

Gén 2,7-9; 3,1-7: Caída de Adán y Eva
Salmo 50:
Misericordia, Señor: hemos pecado
Rom 5,12-19:
Si creció el pecado, más abundante fue la gracia
Mt 4,1-11:
Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

Mateo 4,1-11

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»»

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.»» Jesús le dijo: «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios.»»

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras.» Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.»»

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

COMENTARIOS LITÚRGICOS:

Los comentarios bíblico-litúrgicos para ayudar a la elaboración de las homilías dominicales de este típico “domingo de las tentaciones”, el primero de cuaresma, suelen presentar en esta ocasión un sencillo paralelismo antagónico: la primera tentación fue la que se le presentó a Eva, que acabó en el pecado; pero ha habido otra tentación, la que sufrió Jesús en el desierto, que acabó en victoria, de la que podemos tomar ejemplo. En esta línea es muy fácil encontrar comentarios en la red. Por eso mismo quisiéramos nosotros hacer esta vez una aportación diferente, en sentido crítico. Obviamente, este aspecto no será apropiado en cualquier caso para convertirlo sin más en una homilía… pero creemos que tampoco sería bueno que una homilía olvide este aspecto crítico. En todo caso, cada agente de pastoral sabrá lo que su comunidad necesita, y sabrá encontrarlo en otros puntos de servicio bíblico-litúrgico de la red.

En la primera lectura de este domingo se implican dos importantes temas bíblicos: el de la creación del ser humano y el del pecado original. Son verdaderamente significativos, muy importantes, y hoy en día, también muy problemáticos.

Es importante hacer recordar a los oyentes que estos textos concretos, y todos los que forman el grupo de los once primeros capítulos del Génesis, que se refieren a los inicios de la «historia de la Salvación», han sido entendidos desde siempre de un modo literal. Todas las generaciones que nos precedieron en la fe los entendieron así. Seguramente que nuestros padres -y ciertamente nuestros abuelos- nunca pensaron otra cosa, y muchos cristianos mayores todavía lo piensan hoy día. Desde tiempo inmemorial, estos textos han fungido para muchísimas generaciones, como una fuente capital de su comprensión del mundo y de la historia. Las “coordenadas generales” que estos mitos trazan (Dios arriba, naturaleza abajo, un acto divino de creación que pone en marcha el cosmos, una creación del ser humano distinta a la creación de todos los demás seres, Dios que prohíbe comer el fruto del árbol, la desobediencia del ser humano que se convierte en el «pecado original» que transformará la suerte de toda la humanidad posterior –¡y del cosmos!–, el protagonismo principal de la mujer en este pecado, el enfado de Dios, su consecuente ruptura de relaciones con la Humanidad por haber comido ésta el fruto prohibido…), han sido para toda esa humanidad judeocristiana de los tres mil últimos años, el “paradigma” desde el que han entendido tanto el mundo, como a Dios, como a sí mismos y sus deberes frente a Dios… es decir, partir de ahí es como han entendido toda la realidad. Estamos ante unos mitos religiosos ante los que hay que descubrirse y descalzarse, como quien se adentra en tierra sagrada; se trata sin duda probablemente de los textos antiguos que han marcado una porción más grande de humanidad –el Occidente llamado cristiano, y a través suyo, todos los pueblos y culturas que Occidente ha invadido y colonizado.

Hace apenas cien años, en 1906, la Pontificia Comisión Bíblica –respaldada obviamente por la Inquisición romana, la actual Congregación para la Doctrina de la Fe–, reafirmaba solemnemente, y bajo pena de excomunión a los cristianos que no lo aceptaran, que el contenido de los once primeros capítulos del Génesis es histórico, no mitológico.

Es importante recordar a los oyentes que hoy no creemos que estos relatos haya que entenderlos así, literalmente. Es decir: que hoy sabemos que la Biblia no puede decirnos cómo fue el origen del cosmos, ni el origen del ser humano. Que de los textos bíblicos no podemos deducir informaciones sobre geología, física, química, biología evolutiva… que nos informen sobre todos esos campos. La Biblia no es un libro de ciencia, ni los que la escribieron tenían conocimiento científicos. Los mensajes que podamos captar en la Biblia están en otro ámbito, el ámbito religioso. Y que por tanto los cristianos aceptamos hoy lo que la ciencia dice, incluidas las informaciones contrarias a tantas afirmaciones y supuestos acríticos incluidos en esos relatos bíblicos.

Es importante hacer caer en la cuenta de que esta nueva manera de entender los textos bíblicos no fue fruto de un descubrimiento fácil e ingenuo, sino una intuición laboriosamente trabajada por los biblistas y teólogos, que durante varios siglos han tenido que enfrentarse a la oposición y a la condena de las autoridades de sus respectivas Iglesias. Todavía hace muy pocos años, en tiempo de Benedicto XVI, el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, doctor en teología bíblica por la universidad de Salamanca, fue públicamente adversado y perseguido por la Secretaría de Estado del Vaticano por no sostener de la historicidad de Adán y Eva y su pretendido pecado original (véase su propio testimonio en Youtube [http://www.youtube.com/watch?v=2Ys3kcwjbSY&list=PL84001F9AB27C6E32]. Con estupor fuimos testigos de que el Secretario de Estado arremetía contra un biblista que decía simplemente lo que ya estaba aceptado por la Iglesia, lo que todos los biblistas estaban diciendo. Afortunadamente en agosto de 2016, queriendo hacer el menor ruido posible, el Vaticano dio a entender públicamente que Ariel estaba en lo correcto y que le retiraba la sanción impuesta.

Todo cristiano medianamente culto puede tener su opinión sobre el origen del mundo, igual que puede tener sus opiniones en medicina, en astronomía o en psicología, libremente, sin coacción, y sin que haya ninguna opinión «oficial» de la Iglesia en esos campos que pudiera ser «obligatoria». Los relatos bíblicos están en otro plano, un plano religioso-simbólico, que no afecta al campo autónomo de la ciencia.

Esto es al menos lo que solemos decir hoy día, después del Vaticano II, pero sería más correcto reconocer que aquellos relatos no fueron concebidos, como decimos, meramente en un plano simbólico; para nuestros ancestros religiosos-y-culturales, esos relatos eran históricos, y con esa historia inventada, sin ningún fundamento científico, trataron de encontrar respuestas a problemas profundos (el mal, la felicidad, la vida, nuestro origen, nuestro futuro…). Es ahora, sólo ahora, cuando nosotros, al ver que sus creencias expresadas en esos mitos estaban profundamente equivocadas –como hoy sabemos por la ciencia– sostenemos que esos mitos sólo podemos interpretarlos de un modo puramente simbólico. Nuestros antepasados –hasta nosotros mismos hace 50 años entre los católicos– los hemos considerado obligadamente históricos, literales, contados directamente por la misma boca reveladora de Dios. Aunque nos dé pena decirlo, la Biblia ha mantenido a una inmensa parte de la humanidad en una visión histórica equivocada de los orígenes de la humanidad.

Hay que dar claramente al público cristiano la buena noticia de que hoy no sostenemos que el símbolo judeo-cristiano del llamado pecado original tenga fundamento histórico. No hay por qué sostenerlo. Más bien resulta prácticamente imposible que lo tenga, por cuanto lo más probable es que no hubo un solo filum biológico evolutivo de surgimiento de nuestra especie, y el poligenismo es hoy la opinión más común de la ciencia. La proclamación que la Iglesia católica hizo del monogenismo en el siglo pasado se debió al espejismo (que todavía sufría) de pensar que el significado del símbolo del pecado original dependía efectivamente de un pecado histórico real que habría cometido una primera pareja de la que descenderíamos absolutamente todos los hombres y mujeres.

Resulta especialmente importante aclarar que hoy día resulta del todo inverosímil -teológicamente hablando- todo el conjunto simbólico de la tentación y el pecado original: pensar que toda la humanidad esté en una situación de postración espiritual (que sea una massa damnata, toda una «muchedumbre condenada», como repetía san Agustín) a raíz de un supuesto primer pecado de una inexistente primera pareja, y pensar que debido a ello Dios habría roto sus relaciones con la Humanidad, y que esa ruptura no podría ser superada sino nada menos que con la sangre de la muerte en cruz del Hijo de Dios, tal y como ha sido presentado por una tradición del cristianismo, resulta hoy absolutamente inaceptable. Deben por tanto sentirse aliviados todas las personas que se sienten incómodas ante las acostumbradas explicaciones homiléticas al respecto, tan parecidas a las catequesis infantiles que recibimos cuando fuimos niños, y como nosotros, todas las generaciones cristianas durante más de milenio y medio.

Otras comentarios críticos también muy importantes se podrían hacer entre los temas implicados en esos dos grandes relatos bíblicos que han sido juntados en la primera lectura de este domingo (por ejemplo sobre la «transcendencia» de Dios, que ahí se presenta como obvia, sobre la imagen misma de “theos”, la visión negativa de la realidad que conlleva la creencia en un primer «pecado primordial», la terrible inferiorización y culpabilización de la mujer causada por ese texto, y la injusticia que seguimos cometiendo contra la mujer cuando seguimos leyendo esos textos dándolos por ciertos, sin el menor atisbo de crítica o de aclaración de su falta absoluta de fundamento histórico). Ya hemos dicho que no pretendemos que esta lista de advertencias críticas sea el contenido de una homilía, sino simplemente el trasfondo crítico a tener en cuenta a la hora de hablar de las “tentaciones” y del “pecado”, para lo que sin duda se encontrará mucho material en los numerosos portales de servicio bíblico de la red.

Es importante que digamos claramente y que insistamos en que se puede ser cristiano y ser «persona de hoy» en las propias opiniones científicas. Y que hay otras formas serias de hablar del la realidad del mal y del pecado, que la de tomar como referencia principal unos mitos religiosos elaborados hace dos milenios y medio que contradicen las evidencias actuales de la ciencia.

Ya que, históricamente, tantas veces hemos insistido en el pecado original y en sus horribles consecuencias para toda la humanidad, sería bueno compensar esa actitud refiriéndonos a lo que hoy intuye la teología de frontera: que, más bien, lo original no fue un pecado, sino una bendición… Puede ayudar el libro de FOX, Mathew, “Original Blessing”, Bear & Company 1983; traducido como: La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI, Obelisco, Barcelona 2002, 410 pp, fácilmente localizable en la red.

Con el relato de las tentaciones de Jesús ocurre algo parecido: no es la crónica o el reportaje periodístico de algo que le pasó a Jesús, sino una composición simbólica que quiere darnos un mensaje teológico. Es claro que no conocemos ningún fundamento histórico para ese relato; muy probablemente, nadie lo tuvo, ni siquiera quienes lo redactaron. El texto es, obviamente, una composición literaria con intenciones teológicas. Las tres tentaciones que se dice que sufre Jesús corresponden a tres grandes dimensiones de la respuesta de fe del pueblo de Israel (de ahí el paralelismo que establece con el Primer [o Antiguo] Testamento) y de todo ser humano (de ahí que pueda ser un modelo para nuestra vida). ¿Cuáles son esas grandes dimensiones? ¿Estamos de acuerdo con esa teología? Veinte siglos más tarde, ¿lo expresaríamos nosotros igualmente o con alguna variante añadida? En todo caso, se puede hablar de que como ser humano Jesús no pudo dejar de experimentar dificultades para encaminar su vida, como todos nosotros, y que creemos que su comportamiento fue modélico para nosotros. Nuestras tentaciones hoy son otras, y a nosotros sí que Satanás no nos lleva de aquí para allá para probarnos, pero también tenemos necesidad de chequear cuáles son nuestros puntos débiles.

El evangelio de hoy (la escena de las tentaciones de Jesús) es dramatizado en el capítulo 9 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Bajo el sol del desierto». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100009 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap09b.mp3

Para la revisión de vida

Comienza uno de los llamados «tiempos fuertes» del año litúrgico, la cuaresma. No precisamente un tiempo «light», ni siquiera un tiempo ordinario. ¿Qué voy a hacer para que esta Cuaresma no se me pase sin darme cuenta, sino viviéndola a fondo? La Cuaresma es una «cuenta regresiva» de 40 días hasta la Pascua… El objetivo al que apuntamos desde el principio de la Cuaresma es la Pascua misma…o

Para la reunión de grupo

– El objetivo del relato del pecado de Adán y Eva no es contar un pecado concreto, por muy importante que pudiera ser; el texto es un «mito» bíblico que apunta a algo más profundo: «explicar» la presencia del mal en el mundo. ¿Por qué hay mal? ¿Por qué el dolor? ¿Por qué la muerte?… De eso es de lo que el relato bíblico está hablando, a su manera «mítica». ¿Podemos expresar nosotros su mensaje de una forma más “racional” o “teológica”? O sea: ¿cuál es el mensaje teológico del mito del pecado original?

– Hay que recordar que la teología de la redención, del rescate, de la visión de que Jesús habría tenido que venir al mundo para morir en expiación por aquel pecado original, para reabrir las puertas del cielo a la «humanidad caída» es una teología del siglo XI sistematizada principalmente por san Anselmo de Canterbury, no es lo que podríamos llamar un «relato bíblico»… El obispo Spong sostiene (en su libro Por qué el cristianismo tiene que cambiar o morir) que se trta de una visión falsa que hay que erradicar. Véasey y debátase su posición en el artículo 380 de la RELaT (http://servicioskoinonia.org/relat/380.htm).

– El teólogo Mathew Fox insiste en que el verdadero principio de nuestra historia no es un pecado original, sino una «bendición original»… Comentar.

– Para estudiar el tema de los «errores» a que la Biblia nos puede inducir en materia de cosmología, véase y debátase el artículo Errores sobre el mundo que redundan en errores sobre Dios, en la RELaT 440.

Para la oración de los fieles

– Para que la Iglesia confíe siempre y por encima de todo en la Palabra de Dios y en su fuerza liberadora. Roguemos al Señor…

– Para que hagamos caso a las voces que nos llaman a buscar una sociedad más justa y un ser humano más fraterno. Roguemos…

– Para que nos reafirmemos cada día en nuestra fe en un Dios de vida y de vivos. Roguemos…

– Para que, frente al individualismo y el egoísmo, nosotros pongamos el valor de la solidaridad entre las personas. Roguemos…

– Para que seamos conscientes de que Dios está siempre a nuestro lado, aunque a veces no lo parezca, en la tentación y en las dificultades. Roguemos…

 

Garizumako 1. igandea – 1º Domingo de Cuaresma, José A. Pagola

A (Mateo 4,1-11)

Evangelio del 05 / Mar / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

GURE TENTAZIO HANDIA

«Jesusen tentazioen» kontakizuna ez genuke hartu behar arin-arin. Hor deskribatzen diren tentazioak ez dira ikuspegi moralekoak. Kontakizunak ohartarazten digu geure bizitza hondatu dezakegula, baldin eta Jesusek hartu duen bidetik desbideratzen bagara.

Lehenengo tentazioa joan-etorri erabakitzailekoa da; izan ere, errotik makurtu eta usteldu baitezake gure bizitza. Itxuraz, Jesusi gauza xume eta on bat aurkeztu diote: Jainkoa gosearen zerbitzura jartzea. «Jainkoaren Semea bazara, agindu ezazu harri hauek ogi bihur daitezela».

Alabaina, bat-batean eta era harrigarrian erantzun du Jesusek: «Gizakia ez da ogitik bakarrik bizi, baizik eta Jainkoari ahotik darion hitz orotatik». Bere ogia ez du bihurtu nahi gauza absolutu. Ez du egin nahi Jainkoa bere probetxuaren zerbitzari, Aitaren egitasmoaz ahazturik. Lehenik eta behin Jainkoaren erregetza eta haren zuzentasuna bilatu nahi ditu. Aitaren hitza entzungo du beti.

Gure premiak ez dira asetzen ogia segurtatze hutsaz. Askoz gehiago behar eta desiratzen du gizakiak. Ogirik ez dutenak gosetik eta miseriatik ateratzeko ere, Jainkoari, geure Aitari, entzun beharra dugu, eta geure bihotzean zuzentasunaren, errukiaren eta solidaritatearen ustea esnatu beharra.

Geure tentazio handia gaur egun, gauza guztiak ogi bihurtu nahi izatea dugu. Gero eta maila handiagoan, geure bizitzaren ikusmira murriztea eta mugatzea, geure desioak asetze hutsera; geure bizitzako ideal kasik bakartzat, gero eta neurri handiagoan, ongizate baten eta bereizi gabeko kontsumismo baten obsesioa jartzea.

Geure burua engainatuko dugu, baldin eta pentsatzen badugu hori dela egin beharreko bidea aurrerapena eta askatasuna lortzeko. Ez al gara ikusten ari, jendea mugarik gabeko kontsumismora eta auto-asebetera lerratzen duen gizarte batek ez duela ezer egiten, baizik jendeagan hustasuna eta zentzurik eza sortu eta, bizikidetasunari dagokionez, egoismoa, solidaritaterik eza eta erantzukizunik eza eragin?

Zer dela-eta larritzen gara entzutean, egunero bere buruaz beste egiten duen jende-kopurua era tragikoan ari dela handitzen? Zer dela-eta jarraitzen dugu geure sasi-ongizatean hesiturik, gero eta hesi ez-gizakoiagoak ezartzen, gose direnak gure lurraldean sar ez daitezen, gure bizilekura irits ez daitezen, gure atea jo ez dezaten?

Jesusen deiak lagundu gaitzake jabetzen ezen gizakia ez dela ongizateaz bakarrik bizi. Beharrezkoa du pertsona batek espiritua lantzea, maitasuna eta adiskidetasuna bizitzea, sufritzen ari direnekin solidaritatea garatzea, norberaren kontzientziari erantzukizunez entzutea, biziaren azken Misterioari bihotza esperantzaz irekitzea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

1 Cuaresma – A (Mateo 4,1-11)

Evangelio del 05 / Mar / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

NUESTRA GRAN TENTACIÓN

La escena de las «tentaciones de Jesús» es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida si nos desviamos del camino que sigue Jesús.

La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. «Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes».

Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.

Nuestras necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan material. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.

Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la satisfacción de nuestros deseos; vivir obsesionados por un bienestar siempre mayor o hacer del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.

Nos engañamos si pensamos que ese es el camino que hay que seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?

¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por que seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?

La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no solo de bienestar vive el ser humano. También los hombres y mujeres de hoy necesitamos cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar nuestra conciencia con responsabilidad, abrirnos al Misterio último de la vida con esperanza.

José Antonio Pagola

 

 

 

«SÉ CIGARRA Y HORMIGA A LA VEZ, TRABAJA Y CANTA», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mt 6, 24-34

Es muy probable que esta idea de vivir sin preocupaciones por el mañana, surgiera en la primera comunidad como consecuencia de una convicción de la inmediata llegada del fin. Si la parusía iba a llegar hoy, no tenía mucho sentido preocuparse por el mañana. Este ambiente parece que fue generalizado, pero debió durar muy poco, porque Pablo ya decía a una comunidad (2 Tes 3,10) “el que no trabaja, que no coma”.

Lo que nos pide Jesús es un equilibrio entre lo material y lo espiritual, muy difícil de conseguir. Se puede pecar por los dos extremos. Podemos estar volcados sobre lo material buscando solo asegurar la vida biológica y olvidarnos de que somos mucho más que simple biología. O por otra parte, despreocuparnos completamente de procurar lo que es imprescindible para la vida, que tengo obligación de mantener.

No puede pedirnos que nos despreocupemos de las cosas materiales sino que no nos agobiemos por satisfacer esas necesidades. Tenemos obligación de procurar lo necesario para la vida, pero sin poner el objetivo de la existencia en ello. Comer para vivir y no vivir para comer. Es decir, preocuparme por satisfacer las necesidades de mi cuerpo, pero no quedarme simplemente en eso, sino buscar mi plenitud como persona.

Debemos tomar conciencia, como Jesús, de que las exigencias de mi verdadero ser están por delante de todas las exigencias biológicas y psicológicas. Mientras no descubra mi verdadero ser y sus exigencias, será inútil que me dedique a hacer programaciones extrañas o a renunciar artificialmente y violentándome, a lo que sigo pensando que es lo más importante para mí. Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

El espectacular desarrollo del cerebro permite al hombre conseguir, con mayor facilidad que los animales, lo necesario para mantener la salud; de este modo, puede emplear tiempo y energías para desarrollar su humanidad. Este crecimiento espiritual es su verdadero objetivo. Si olvida esta posibilidad y se encierra en su animalidad, por mucho placer que pueda proporcionarle, se quedará sin alcanzar su verdadera meta.

Una vez que me he acostumbrado a buscar el placer sensorial, cada vez que prive a un sentido o instinto de ese placer, el organismo responderá causando dolor. Superar ese dolor es imprescindible si quiero llegar a una plenitud humana. La única manera de superarlo es tener claro cual es mi verdadero objetivo y descubrir las ventajas de ese esfuerzo que me traerá otra clase de satisfacciones mucho más profundas y humanas.

No podéis servir a Dios y al dinero. “Mammona” era el dios dinero. Se trata de un servicio de adoración y sumisión. No está haciendo la comparación de una cosa y Dios, sino la contraposición entre dos dioses. La traducción que mejor reflejaría el texto griego podría ser: no podéis servir al dios Mammon y al verdadero Dios. No quiere decir que usar el dinero sea idolatría. Lo que nos destroza es convertirnos en esclavos del dinero.

Servir a Dios no significa machacarse en aras de un ser superior que me exige pleitesía y vasallaje. Así lo entendieron los humanos durante milenios. Se trata de llegar al máximo posible de mi plenitud. Dios no puede querer de mí nada para Él. No se trata de sacrificarse, sino de descubrir que es lo mejor para mí sin caer en la trampa de conformarme con una vida puramente animal, por placentera que sea.

Mirad las aves, mirad los lirios. Este lenguaje idílico puede despistarnos. La comparación está hecha desde la idea mítica de un dios, que influye puntualmente en todos los acontecimientos materiales. Hoy sabemos que Dios no nos va a dar de comer. No somos lirios. Tenemos obligación de “ocuparnos” de las necesidades que nuestra biología exige. No somos pájaros. Tenemos la obligación de buscarnos el sustento.

Hoy podemos darle un nuevo sentido al texto tomando conciencia de que la tierra produce alimento para todos. Si la comida no llega a todos, o es porque no se busca con ahínco o es porque alguno la acapara. En el caso del hombre tiene además la inteligencia necesaria para producirla, aunque también tiene el egoísmo de no dejar que llegue a los demás; o de no hacer lo necesario para que llegue a todos.

Con frecuencia se ha predicado una engañosa confianza en Dios, esperando de Él todo lo que necesitamos aún en los aspectos más peregrinos. De muchos santos se ha alabado esta confianza en Dios. Incluso se ha sugerido que esa era la auténtica confianza. El dejar en manos de Dios el satisfacer mis necesidades biológicas es una falta de responsabilidad, y si en alguna ocasión se ha interpretado que Dios accedía a esas necesidades, no es más que una mala interpretación de los acontecimientos.

No estéis agobiados pensando qué vais a comer o qué vais a vestir. Cinco veces se repite la palabra “agobio” en el texto. La importancia de este mensaje estriba en que, entre todas las necesidades biológicas, las más perentorias para un ser humano son la comida y el vestido. Si las necesidades urgentes no nos tienen que preocupar en exceso, mucho menos todas las restantes que no llegan a tener esa urgencia.

Buscar primero el Reino de Dios. El Reino no es nada externo que viene de fuera, ni nada que afecte a mi aspecto biológico. El Reino es Dios mismo como fundamento inquebrantable de mi ser. Todo lo demás no afecta a lo que realmente soy. Lo consiga o no lo consiga, mi verdadero yo no quedará afectado para nada. Aunque me falte la comida hasta morir de hambre, puedo seguir en mi plenitud de humanidad.

A cada día le basta su afán. Vivir el presente es la única manera de escapar a las tenazas del ego, siempre intentando hacernos ver que si no lo potenciamos quedaremos sin consistencia. Todos los agobios proceden del falso yo, que pretende acaparar la atención y no deja espacio para descubrir lo que somos realmente.

Dios ni es providente ni es tapa-agujeros. Dios está en todos, dejando a todos, ser. Dios no tiene posibilidad de hacer y deshacer el mundo material. Este mundo tiene sus propias leyes que unas veces son favorables y otras desfavorables para nuestra biología. Tenemos inteligencia para aprovecharnos de las favorables y para prever y defendernos de las desfavorables. Lo que tendríamos que lograr es una responsabilidad global para que todos pudieran comer y vestir para poder vivir.

Meditación-contemplación

Somos mucho más que lirios o gorriones.
Ellos colman su existencia desplegando su biología.
En nosotros la biología es necesaria, pero no es lo importante.
Si eres un ser humano, tu plenitud estará en lo humano.
Tienes que ocuparte y preocuparte de tu biología,
pero debes ir más allá de un perfecto estado biológico.
Lo espiritual sería imposible sin lo biológico.
Lo biológico cobra pleno sentido si se ordena a lo espiritual.

Fray Marcos

 

 

Urteko 8. Igandea – 8º Tiempo ordinario – A,José A. Pagola

Evangelio del 26 / Feb / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

EZ DIRUAREN IDOLATRIARI

Dirua, erabateko idolo bihurtua den hori da Jesusentzat etsairik handiena, Jainkoak duinago, zuzenago eta solidarioago nahi duen mundu honentzat. Hogei mende dira jada, Galileako Profetak salatu zuela: Gizadiak Diruari eskainitako kultua izango duela beti oztoporik handiena, elkar bizitza gizakoiago baterantz jo ahal izateko.

Guztizkoa da Jesusen logika: «Ezin izan zarete Jainkoaren eta Diruaren zerbitzari». Jainkoa ezin izan da errege munduan, ezin izan da guztien Aita, baldin eta zuzentasuna exijitzen ez bada bizitza duin batetik baztertuak direnentzat. Horregatik, Jainkoak nahi duen mundu gizakoiago horrentzat ezin lan egin dute, aberastasunak metatzeko irrikak harturik, jenderik ahulena baztertu eta goseari eta miseriari emanik uzten duen ekonomia bat sustatzen dutenak.

Txundigarria da Frantzisko aita santuarekin gertatzen ari dena. Komunikabideek eta interneten zirkulatzen duten sare sozialek Frantziskoren keinurik txikienen berri xehetasun-mota oroz ematen digute; baina ezkutatu egiten dute, era lotsagarrian, Gizadi osoari egiten dion deiadarrik premiazkoen hau: «Ez borobil bat ekonomia baztertzaile eta zital bati. Hiltzailea da ekonomia hori».

Alabaina, Frantziskok ez du argudiatze luzeen beharrik, ezta analisi sakonen beharrik ere, bere pentsaera adierazteko. Gai da bere haserrea hitz argi eta adierazkorrez laburtzeko; edozein teleberriren albistegiren lerroburu edota edozein lurraldetako prentsaren titulu nagusi izan litezkeen hitzez, alegia. Adibide batzuk, soilik.

«Ezin onar liteke albiste ez izatea adineko pertsona bat hotzak hiltzea kale gorrian eta, aldiz, albiste izatea burtsak bi puntuz behera egin izana. Bazterketa da hori. Ezin onar liteke janaria botatzea, goseak dagoen jenderik baden bitartean. Zitalkeria da hori».

«Aurpegirik gabeko eta zinezko helburu gizatarrik gabeko ekonomia baten diktadurapean» bizi gara. Ondorioz, «gutxi batzuen irabaziak esponentzialki hazten diren bitartean, gehiengoen irabaziak gero eta beherago doaz gutxiengo zoriontsu horren ongizatearen aldean».

«Ongizatearen kulturak anestesiatu, sorgortu egiten gaitu, eta ez gara lasai gelditzen, baldin eta merkatuak artean erosi ez dugun zerbait eskaintzen badigu; eta, ahalbide faltaz hegoak ebakirik gelditu diren beste bizitza horiek ezertan erasaten ez diguten ikuskari huts gertatzen zaizkigu».

Frantziskok berak esana duenez, «mezu hau ez da marxismoa, baizik Ebanjelio hutsa». Gure kristau-elkarteetan etengabeko oihartzuna izan beharko lukeen mezu bat da. Horren kontrakoa, Frantziskok esaten digun beste honen seinale izan liteke: «Besteen garrasiez errukitzeko ezgai bihurtzen ari gara, ez dugu jada negarrik egiten gainerakoen dramaren aurrean».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

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8º Tiempo ordinario – A,José A. Pagola

(Mateo 6,24-34)

Evangelio del 26 / Feb / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

NO A LA IDOLATRÍA DEL DINERO

El Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo para construir ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.

La lógica de Jesús es aplastante: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.

Es sorprendente lo que está sucediendo con el papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la humanidad: «No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata».

Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos.

«No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en medio de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad».

Vivimos «en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano». Como consecuencia, «mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz».

«La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera».

Cuando le han acusado de comunista, el papa ha respondido de manera rotunda: «Este mensaje no es marxismo, sino Evangelio puro» Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el papa: «Nos estamos volviendo incapaces de compadecernos de los clamores de los otros y ya no lloramos ante el drama de los demás».

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 26 de febrero de 2017, Domingo 8º Ordinario, Koinonia

Mateo 6,24-34

No os agobiéis por el mañana

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO:

La exhortación que Mateo pone en boca de Jesús se dirige particularmente a la gente pobre que sigue al Maestro, a la gente que siempre está en riesgo, que está preocupada por el presente y el futuro, preocupada por su subsistencia y por su vida. Jesús los invita a ponerse en las manos de Dios, quien es tierno y compasivo para con todos, que mira por las necesidades de todas sus creaturas. Con la mente y el corazón puestos en la generosidad de Dios, lo realmente importante o prioritario entonces es buscar el Reino de Dios y su justicia. Ésa debe ser la preocupación fundamental del seguidor de Jesús. Es un llamado a ser como el mismo Dios es, justo, tierno, compasivo, solidario, amante de los pobres y débiles; por eso, es tarea de todos expresar al mundo, por medio del testimonio y la fraternidad, la ternura de nuestro Dios Padre-Madre de la Vida.

La primera lectura pone ante nosotros uno de los poquísimos textos en que la Biblia compara a Dios con una madre. Es muy importante pues destacar esta peculiaridad. Porque aunque, a nivel teológico, la afirmación de que Dios es tanto Padre como Madre no tiene ninguna dificultad y es ya algo pacíficamente poseído en el cristianismo actual, no deja de haber sectores que se resisten, y manifiestan su rechazo a la utilización de atribuciones femeninas a Dios. Hay que insistir en que el tema no queda resuelto con la simple admisión de que Dios no tiene sexo; el problema es más profundo; porque aunque teóricamente nadie afirme que Dios «sea» masculino, lo cierto es que durante mucho tiempo la imagen que de él nos hemos hecho ha sido claramente masculina, y en la sociedad y en la Iglesia se ha deducido de ello, durante siglos, que el sexo masculino era el «primer analogado» de Dios, el principal, y sólo el varón podría representar funciones de mediación con lo sagrado, haciendo de la mujer una realización humana de segundo orden. Esto no es una «crítica feminista», sino una realidad penosa y lacerante que debemos reconocer y remediar. No deben los varones sentirse incómodos ante la reivindicación de las mujeres. Aunque la situación que se genera sea, a veces, un tanto incómoda, mucho más lo ha sido la situación de marginación a la que tantísimas mujeres se han visto sometidas históricamente. Las incomodidades que experimentemos son un pequeño tributo que debemos pagar para seguir avanzando hacia una sociedad y hacia una Iglesia igualitarias. No hace falta ser mujer para asumir como propia la Causa de la Mujer, tanto en la Sociedad como en la Iglesia. Todos debemos hacer nuestra esta Causa, conscientes de que nuestra pequeña aportación no dejará de ser significativa. (Para una breve recopilación histórica de posiciones antifeministas en la historia del judeocristianismo, véase DALY, Mary,El cristianismo y la mujer: una historia de contradicciones [http://servicioskoinonia.org/relat/426.htm]).

El evangelio de Mateo que hoy leemos nos estaría presentando ese carácter materno de Dios a través de lo que tradicionalmente hemos llamado la divina Providencia, una dimensión del amor de Dios a la que la tradición espiritual popular le ha dado mucha relevancia en la vida diaria. Ha sido una forma de ejercicio de la fe que nos hacía descubrir la mano materna de Dios cuidando nuestros pasos, para evitarnos problemas, para atender siempre nuestras necesidades. No ha sido considerada nunca una verdad teológica fundamental, ha cumplido una función muy importante en el ejercicio de la vida espiritual, en cuanto confianza a ultranza en la bondad «providente» de un Padre celestial que cuida de sus criaturas. Hay muchas congregaciones religiosas cuyo carisma está estructurado en torno al tema espiritual de la «Divina Providencia». El «ángel de la guarda» fue una pieza clave instrumental de tal Providencia.

Antiguamente fue fácil la fe en la Providencia de Dios, la confianza en que él (causa primera) intervenía en las condiciones externas (causas segundas) para cuidarnos «maternalmente». Hoy día, después de que la modernidad ha dejado claro que Dios no interviene ni puede intervenir en las leyes de la naturaleza para hacer que nos vaya bien, la fe en la Providencia debe reformularse radicalmente. No sólo no tenemos por qué creer en la intervención de Dios sobre las causas segundas, sino que podemos creer en forma adulta, como personas que se consideran enteramente responsables de su destino (a veces un simple ciego destino natural), sin consolarnos creyendo que Dios mismo está pendiente de nosotros trabajando para facilitarnos o para asegurarnos la vida. No. Hoy, este «deísmo intervencionista» resulta difícil de aceptar y de creer. Hoy sabemos que en este mundo moderno «estamos solos», sin un dios-tapaagujeros que nos proteja, bajo nuestra única responsabilidad, y en manos de un sin fin de factores imponderables que debemos asumir adultamente, con coraje y valentía. Es ese sentido de responsabilidad y nuestro coraje el que nos permite superar la angustia existencial y la inseguridad que siempre rodea y acecha nuestra vida, como vida de seres naturales, limitados, contingentes y sometidos a toda clase de amenazas. No obstante, bien sabemos que una cosa es decir que debemos asumir nuestra vida con total responsabilidad, y otra muy distinta es ser coherentes con esta soledad existencial en los momentos duros de nuestra vida. Es cierto. ahí probaremos la coherencia de nuestra inteligencia con nuestro coraje de creer de un modo adulto.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 33, «A cada día le basta lo suyo», cuyo guión –con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (https://radialistas.net/article/33-a-cada-dia-le-basta-lo-suyo/); ahí mismo puede ser escuchado.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 100, que se titula «¿Dios es varón?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión puede recogerse en http://radialistas.net/article/100-dios-es-varon/ y su audio aquí:http://radioteca.net/media/uploads/audios/%Y_%m/100_1.mp3 El guión, e información complementaria a ese capítulo puede recogerse en: http://emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=190100

También puede servir el capítulo 93, «Dios o el dinero?» (http://radioteca.net/media/uploads/audios/%Y_%m/93.mp3).

 

 

 

«EL OTRO LLEGA A TI COMO OLA» Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

Mt 5, 38-48

Sigue Mt en el sermón del monte, con la intención de armonizar el AT con la predicación de Jesús. Ante la lectura de este evangelio, uno se queda sin aliento. “No hagáis frente al que os agravia”. “Ama a tu enemigo y reza por él”. “Sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto”. Si repaso detenidamente estas exigencias, descubriré lo que me falta para cumplirlas como nos pide Jesús. Tal vez Nietzschetenía más razón de lo que pensamos, cuando decía: «Sólo hubo un cristiano y ese murió en la cruz.»

Sinceramente creo que la verdadera dimensión cristiana está aún por inaugurar. Hemos construido miles de templos; hemos llevado la cruz a todos los rincones del orbe; hemos elaborado sumas teológicas como para parar un tren; hemos creado leyes que regulan todos los ámbitos de nuestra existencia; pero el único principio esencialmente cristiano está olvidado y sin repercusión alguna en nuestra vida.

Está mandado: “ojo por ojo y diente por diente» Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. El ‘ojo por ojo’, fue un intento de superar el instinto de venganza que nos lleva a hacer el máximo daño posible al que me ha hecho algún daño. Tenemos asumido que la meta es la justicia, identificada con el ojo por ojo. Creo que la racionalidad y el jurisdicismo occidental nos impiden la comprensión del mensaje cristiano.

Reclamamos justicia, pero si examinamos esa justicia que exigimos, descubriremos con horror, que lo que intentamos todos, es hacer de la justicia un instrumento de venganza. Se utilizan las leyes para hacer todo el daño que se pueda al enemigo; eso sí, dentro de la legalidad y amparados por la sociedad. Los buenos abogados son aquellos que son capaces de ganar los pleitos cuando la razón está de parte del contrario.

Las frases tan concisas y profundas pueden entenderse mal. No nos dice Jesús que no debamos hacer frente a la injusticia. Contra la injusticia hay que luchar con todas la fuerzas. Tenemos obligación de defendernos cuando nos afecta personalmente, pero sobre todo, tenemos la obligación de defender a los demás de toda clase de injusticia. Lo que nos pide el evangelio es, que nunca debemos eliminar la injusticia con violencia.

Si utilizamos la violencia para eliminar una injusticia, estamos manifestando nuestra incapacidad de eliminarla humanamente. No convenceré al injusto si me empeño en demostrarle que me hace daño a mí o a otro. Pero si soy capaz de demostrarle que con su actitud se esta haciendo un daño irreparable a sí mismo, sin duda cambiaría de actitud.

Habéis oído que se dijo: “amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo» Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos. Hay que aclarar que para ellos el prójimo era el que pertenecía a su pueblo, a su raza, a su familia. El “enemigo” era siempre el extranjero, que atentaba real o potencialmente contra la seguridad el pueblo. Para poder subsistir, no tenían más remedio que defenderse de las agresiones. Jesús da un salto de gigante y podemos apreciar que la diferencia entre ambas propuestas es abismal.

¿Por qué tengo que amar al que me está haciendo la puñeta? El camino para la comprensión de esta norma, es largo y muy penoso. Tenemos que llegar a él, a través de un proceso de maduración, en el que debemos tomar conciencia de que todos somos una sola cosa, y que en realidad, no hay enemigo. En el fondo, el amor al enemigo no es más que una manifestación del verdadero amor, que por ir en contra del instinto de conservación, se ha convertido en la verdadera prueba de fuego del AMOR.

La dificultad mayor para comprender este amor, está en que confundimos amor con sentimiento. El amor evangélico no es instinto ni sentimiento. Por lo tanto no podemos espera que sea algo espontáneo. El verdadero amor, sea al enemigo o a un hijo, no es el instinto que nace de mi ser biológico. El amor de que estamos hablando es algo mucho más profundo y humano. Ni siquiera nuestra razón nos puede llevar a ese nivel.

Enemigo es el que tiene una actitud de animadversión, no el que la sufre. El enemigo no tiene por qué obtener una respuesta de la misma categoría que su acción. Alguien puede considerarse enemigo mío, pero yo puedo mantenerme sin ninguna agresividad hacia él. En ese caso, yo no convierto en enemigo al que me ataca. Si le constituyo en enemigo, he destrozado toda posibilidad de poder amarle.

Un ejemplo puede aclarar lo que quiero decir. En el mar siempre habrá olas, de mayor o menor tamaño, pero siempre estarán ahí. Al llegar al litoral, la misma ola puede encontrar la roca o puede encontrarse con la arena. ¡Qué diferencia! Contra la roca estalla en mil pedazos. Con la arena se encuentra suavemente y de manera imperceptible. Incluso si la ola es muy potente, en la arena rompe sobre sí misma y pierde su fiereza.

¿Necesitas explicación? Pues voy a dártela. Los enemigos van a estar siempre ahí. Pero la manera de encontrarte con ellos dependerá siempre de ti. Si eres roca el encuentro se manifestará estruendosamente y ambos se dañarán. Si eres playa todo su potencial queda anulado y llegara hasta ti con la mayor suavidad. Un detalle, la roca y la arena, están hechas de la misma materia, solo cambia su aspecto exterior.

Así seréis hijos de vuestro Padre… Aquí encontramos una de las mejores muestras de lo que se entendía por hijo en tiempo de Jesús. Hijo era el que salía al padre, el que era capaz de imitarle en todo. Viendo al hijo, uno podía adivinar quién era su padre. También podemos descubrir la idea de Dios que tenía Jesús. Un Dios que ama a todos por igual porque su amor no es la respuesta a unas actitudes o unas acciones sino anterior a toda acción humana. Dios me ama no porque yo sea bueno sino porque él es bueno.

En contra de lo que se nos ha repetido hasta la saciedad, Dios no ama a los buenos, sino que Él ama infinitamente a todos. De la misma manera, el amor que yo tengo a los demás, no puede estar originado ni condicionado por lo que el otro es o tiene, sino por la calidad de mi propio ser. El amor no es respuesta a las actuaciones o cualidades de un ser; su origen tiene que estar en mí, y solo afecta al otro como objetivo, como meta.

Si somos incapaces de amar al enemigo, podemos tener la certeza de que todo lo que nosotros hemos llamado amor, no tiene nada que ver con el evangelio, y por lo tanto del amor que nos ha exigido Jesús. El evangelio no es ciencia ni filosofía ni moral ni teología ni religión. El evangelio es un lenguaje vitalista. El evangelio no está encaminado a enriquecer la inteligencia sino a encauzar la vida.

Meditación-contemplación

No pretendas ir a nadie como ola agresiva.
Pero al que venga hacia ti con violencia,
acógele con suavidad y quedará frustrado en su actitud.

No se te ocurra intentar amar a otra persona,
si te acercas a ella considerándola enemiga.
Descubre, más bien, que no tienes ningún enemigo,
porque eso depende exclusivamente de ti.

Fray Marcos