Hirutasun Santua – Santísima Trinidad, José A. Pagola

A (Joan 3,16-18)

Evangelio del 11 / Jun / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

JAINKOAREN BARNETASUNA

Ezinezko batez, egunen batean, Elizak Jainkoa ez dela Hirutasun esango balu, aldatuko al litzateke zerbaitetan fededun askoren bizitza? Segur aski, ez. Horregatik, txunditurik gelditzen da bat P. Varillon-en aitorpen honekin: «Uste dut, Jainkoa Hirutasun ez balitz, ni segur aski ateo izango nintzatekeela […] Nolanahi den, Jainkoa Hirutasun ez bada, nik ez dut jada ezer ulertzen».

Kristaurik gehienek ez dakite ezen Jainkoa Hirutasun bezala adoratzen dugunean, Jainkoa, bere barnetasun sakonenean, maitasun dela, harrera eta samurtasun dela. Hau da, agian, kristaurik gehienek behar duten konbertsioa: Jainkoa Botere bezala hartzetik Jainkoa Maitasun bezala adoratzera igarotzea, poz-pozik eta pixkana-pixkana.

Jainkoa ez da izate «ahalguztidun eta betiereko» edozein bat. Izate boteretsu bat despota izan daiteke, tirano txikitzaile, diktadore arbitrario izan daiteke: mehatxu bat, alegia, gure askatasun koxkor eta ahularentzat. Izan ahal genezake konfiantzarik ahalguztiduna bakarrik dela ezagut genezakeen Jainko batengan? Oso zaila da mugagabeki ahalguztiduna den norbaitengan konfiantza ipintzea. Ematen du, errazagoa dela fidakaitz izatea, zuhur izatea eta geure independentzia segurtatzen saiatzea.

Alabaina, Jainkoa Hirutasun da, Maitasun-misterio da. Eta haren guztiahaltasuna soil-soilik maitasun-guztiahaltasuna da, atzeman ezineko samurtasun mugagabe den guztiahaltasuna da. Ahalguztiduna, Jainkoaren maitasuna bakarrik da. Jainkoak ezin du egin den-dena. Jainkoak ezin du maitasun mugagabeak egin dezakeena baizik. Eta hori ahaztu eta maitasunaren ildotik irteten garen bakoitzean, sasi-jainko bat eraikitzen dugu, existitzen ez den idolo arraro baten antzeko bat.

Jainkoa soilik Maitasun dela aurkitzen ez dugun bitartean, erraz jo genezake harekiko harremanak norberaren probetxuaren edo beldurraren arabera gauzatzera. Probetxua, Jainkoaren guztiahaltasunaz geure onerako baliatzera eragiten diguna. Edota beldurra, baliabide-mota guztien bila jartzen gaituena Jainkoaren botere mehatxagarriari ihes egiteko. Baina probetxuaz eta beldurraz ehotako erlijio hau hurbilago legoke magiatik egiazko kristau-fedetik baino.

Fedetik Jainkoa soilik Maitasun dela sumatzen eta geure bizitzaren hondoenean presente eta pil-pil dagoen Maitasun baizik ezin izan dela aurkitzen dugunean, orduan hasten da hazten, guztiz aske, gure bihotzean Jainko Hirutasunaganako konfiantza; horretaz badakigu, Jesusen bidez, gu maitatu besterik ezin duela egin.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santísima Trinidad – A (Juan 3,16-18)

Evangelio del 11 / Jun / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

LA INTIMIDAD DE DIOS

Si por un imposible la Iglesia dijera un día que Dios no es Trinidad, ¿cambiaría en algo la existencia de muchos creyentes? Probablemente no. Por eso queda uno sorprendido ante esta confesión del P. Varillon: «Pienso que, si Dios no fuera Trinidad, yo sería probablemente ateo […] En cualquier caso, si Dios no es Trinidad, yo no comprendo ya absolutamente nada».

La inmensa mayoría de los cristianos no sabe que al adorar a Dios como Trinidad estamos confesando que Dios, en su intimidad más profunda, es solo amor, acogida, ternura. Esta es quizá la conversión que más necesitan no pocos cristianos: el paso progresivo de un Dios considerado como Poder a un Dios adorado gozosamente como Amor.

Dios no es un ser «omnipotente y sempiterno» cualquiera. Un ser poderoso puede ser un déspota, un tirano destructor, un dictador arbitrario: una amenaza para nuestra pequeña y débil libertad. ¿Podríamos confiar en un Dios del que solo supiéramos que es omnipotente? Es muy difícil abandonarse a alguien infinitamente poderoso. Parece más fácil desconfiar, ser cautos y salvaguardar nuestra independencia.

Pero Dios es Trinidad, es un misterio de Amor. Y su omnipotencia es la omnipotencia de quien solo es amor, ternura insondable e infinita. Es el amor de Dios el que es omnipotente. Dios no lo puede todo. Dios no puede sino lo que puede el amor infinito. Y siempre que lo olvidamos y nos salimos de la esfera del amor nos fabricamos un Dios falso, una especie de ídolo extraño que no existe.

Cuando no hemos descubierto todavía que Dios es solo Amor, fácilmente nos relacionamos con él desde el interés o el miedo. Un interés que nos mueve a utilizar su omnipotencia para nuestro provecho. O un miedo que nos lleva a buscar toda clase de medios para defendernos de su poder amenazador. Pero esta religión hecha de interés y de miedos está más cerca de la magia que de la verdadera fe cristiana.

Solo cuando uno intuye desde la fe que Dios es solo Amor y descubre fascinado que no puede ser otra cosa sino Amor presente y palpitante en lo más hondo de nuestra vida, comienza a crecer libre en nuestro corazón la confianza en un Dios Trinidad del que lo único que sabemos por Jesús es que no puede sino amarnos.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 11 de junio de 2017, Santísima Trinidad, Koinonía

Ex 34,4b-6.8-9: Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso
Interleccional: Dn 3:
A ti gloria y alabanza por los siglos
2Cor 13,11-13:
Estén alegres, vivan en armonía
Jn 3,16-18:
Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él

Juan 3,16-18

Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO:

El evangelio de hoy, tomado de Juan, es uno de esos textos-cumbre de la literatura bíblica: «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo» (3,16). Aunque el conjunto de la perícopa es del estilo lapidario y extremadamente simbólico característico de Juan, que nunca podemos pensar que pudiera responder a palabras históricas directas de Jesús.

Lo importante de este fragmento evangélico es que también centra la “figura” de Dios en el amor. Dios es amor, hasta el punto de darlo todo. Y desde esta luz del evangelio hay que entender e interpretar la elaboración doctrinal trinitaria que sólo varios siglos más tarde será estructurada y definida, en diálogo con una cultura filosófica griega que a todos nosotros nos queda muy lejos (sobre todo queda lejos de la cultura actual).

En tiempo de Jesús, la idea-imagen principal que captó la mente de las comunidades de discípulos que lo recordaron y que elaboraron los evangelios, fue la idea del mesianismo, la imagen de un Mesías que se esperaba ardientemente que fuera enviado por Dios… Tres siglos más tarde esa idea estaba ya muy débil, no captaba las mentes, y casi estaba olvidada. La idea-imagen que sin embargo sí captó la mente de los cristianos de fin del tercero y cuarto siglos fueron las ideas e imágenes de la cultura filosófica griega, la metafísica y todas sus nociones emparentadas: sustancia, esencia, hipóstasis… Estas ideas captaban poderosamente el imaginario de los cristianos de aquellos siglos, y así fue posible la elaboración de aquella visión cristológica y trinitaria que quedó luego escrita en piedra al quedar proclamada como oficial y dogmática por aquellos concilios.

Es decir: cada generación, cada época cultural, está dominada por unas ideas principales, hegemónicas, que captan la atención y el sentido profundo del lenguaje cultural que les expresa, y es en ese lenguaje en el que expresan también su forma de ‘concebir’ y de sentir a Dios. Toda la teología trinitaria tiene como base este lenguaje cultural propio de esos primeros siglos de la historia de la Iglesia. Cuando pasa el tiempo, y sobre todo, cuando cambia la cultura y cuando lo hace en profundidad, los símbolos, conceptos y expresiones de la época anterior pierden fuertemente relevancia, dejan de captar las mentes y los corazones, pierden significado, y llegan incluso a perder su inteligibilidad.

Es nuestro caso, en el ocaso de una civilización cristiana occidental, en el que muchos símbolos y conceptos medievales, y sobre todo metafísicos de raigambre filosófica griega están dejando de ser utilizables en esta nueva cultura post-metafísica. Y con ello, también los símbolos, credos, concepciones y dogmas religiosos elaborados en aquella cultura, corren la misma suerte de deterioro, de pérdida de plausibilidad y de inteligibilidad.

Es por eso que los cristianos –y la teología fundamentalmente– están llamados a recrear el lenguaje, a reexpresar su fe en la nueva cultura de la sociedad posmoderna y secular del siglo XXI. Teneos derecho y también obligación de expresar y vivir nuestra fe en la cultura de hoy. O perderemos el tren de la historia.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 056 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento».

La serie «Otro Dios es posible» contiene la entrevista 63, titulada «¿Santísima Trinidad?», que puede ser útil para un debate en grupo. [http://radialistas.net/article/63-santisima-trinidad/]

 

 

 

PENTECOSTÉS 2017 (A), Fray Marcos

(Hch 2,1-11) Se llenaron de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas…

(Cor 12,3-13) Nadie puede decir Jesús es Señor, si nos es bajo la acción del E.

(Jn 20,19-23) Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.

Dios es todo Espíritu y solo Espíritu. Materializar a Dios ha sido la tentación de todos los tiempos. Ya va siendo hora de que la superemos.

Los textos que leemos este domingo hacen referencia al Espíritu, pero de muy diversa manera. Ninguno se puede entender al pie de la letra. Es teología que debemos descubrir más allá de la literalidad del discurso. Las referencias al Espíritu, tanto en el AT (377 veces) como en el NT no podemos entenderlas de una manera unívoca. Apenas podremos encontrar dos pasajes en los que tengan el mismo significado. Algo está claro: en ningún caso en toda la Biblia podemos entenderlo como una entidad personal.

Pablo aporta una idea genial al hablar de los distintos órganos. Hoy podemos apreciar mejor la profundidad del ejemplo porque sabemos que el cuerpo mantiene unidas a billones de células que vibran con la misma vida. Todos formamos una unidad mayor y más fuerte aún que la que expresa en la vida biológica. El evangelio de Jn escenifica también otra venida del Espíritu, pero mucho más sencilla que la de Lc. Esas distintas “venidas” nos advierte de que Dios-Espíritu-Vida no tiene que venir de ninguna parte.

No estamos celebrando una fiesta en honor del Espíritu Santo ni recordando un hecho que aconteció en el pasado. Estamos tratando de  descubrir y vivir una realidad que está tan presente hoy como hace dos mil años. La fiesta de Pentecostés es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra del Espíritu-Jesús-Dios. Vivieron la presencia de Jesús de una manera más real que su presencia física. Ahora, era cuando Jesús estaba de verdad realizando su obra de salvación en cada uno de los fieles y en la comunidad.

Sin el Espíritu no podríamos decir: Jesús es el Seño (1 Cor 12,3)”. Ni decir: “Abba”, sin el Espíritu de Jesús (Gal 4,6). Pero con la misma rotundidad hay que decir que nunca podrá faltarnos el Espíritu, porque no puede faltarnos Dios en ningún momento. El Espíritu no es un privilegio ni siquiera para los que creen. Todos tenemos como fundamento de nuestro ser a Dios-Espíritu, aunque no seamos conscientes de ello. El Espíritu no tiene dones que darme. Es Dios mismo el que se da, para que yo pueda ser.

Cada uno de los fieles está impregnado de ese Espíritu-Dios que Jesús prometió a los discípulos. Solo cada persona es sujeto de inhabitación. Los entes de razón como instituciones y comunidades, participan del Espíritu en la medida en que lo tienen los seres humanos que las forman. Por eso vamos a tratar de esa presencia del Espíritu en las personas. Por fortuna estamos volviendo a descubrir la presencia del Espíritu en todos y cada uno de los cristianos. Somos conscientes de que, sin él, nada somos.

Ser cristiano consiste en alcanzar una vivencia personal de la realidad de Dios-Espíritu que nos empuja desde dentro a la plenitud de ser. Es lo que Jesús vivió. El evangelio no deja ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios-Espíritu: fue una relación “personal”; Se atreve a llamarlo papá, cosa inusitada en su época y aún en la nuestra; hace su voluntad; le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar esa experiencia de Dios, para que nosotros lleguemos a la misma experiencia.

El Espíritu nos hace libres. “No habéis recibido un espíritu de esclavos, sino de hijos que os hace clamar Abba, Padre”. El Espíritu tiene como misión hacernos ser nosotros mismos. Eso supone el no dejarnos atrapar por cualquier clase de esclavitud alienante. El Espíritu es la energía que tiene que luchar contra las fuerzas desintegradoras de la persona humana: “demonios”, pecado, ley, ritos, teologías, interese, miedos. El Espíritu es la energía integradora de cada persona y también la integradora de la comunidad.

A veces hemos pretendido que el Espíritu nos lleva en volandas desde fuera. Otras  veces hemos entendido la acción del Espíritu como coacción externa que podría privarnos de libertad. Hay que tener en cuente que estamos hablando de Dios que obra desde lo hondo del ser y acomodán­dose totalmente a la manera de ser de cada uno, por lo tanto esa acción no se puede equiparar ni sumar ni contraponer a nuestra acción, ser trata de una moción que en ningún caso violenta ni el ser ni la voluntad del hombre.

Si Dios-Espíritu está en lo más íntimo de todos y cada uno de nosotros, no puede haber privilegiados en la donación del Espíritu. Dios no se parte. Si tenemos claro que todos los miembros de la comunidad son una cosa con Dios-Espíritu, ninguna estructura de poder o dominio puede justificarse apelando Él. Por el contrario, Jesús dijo que la única autoridad que quedaba sancionada por él, era la de servicio. «El que quiera ser primero sea el servidor de todos.» O, «no llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie Señor, no llaméis a nadie maestro, porque uno sólo es vuestro Padre, Maestro y Señor.»

El Espíritu es la fuerza de unión de la comunidad. En el relato, las personas de distinta lengua se entienden, porque la lengua del Espíritu es el amor, que todos entienden; lo contrario de lo que pasó en Babel. Este es el mensaje teológico. Dios-Jesús-Espíritu hace de todos los pueblos uno, “destruyendo el muro que los separaba, el odio”. Durante los primeros siglos fue el alma de la comunidad. Se sentían guiados por él y se daba por supuesto que todo el mundo tenía experiencia de su acción.

Jesús promueve una fraternidad cuyo lazo de unidad es el Espíritu-Dios. Para las primeras comunidades, Pentecostés es el fundamento de la Iglesia naciente. Está claro que para ellas la única fuerza de cohesión era la fe en Jesús, que seguía presente en ellos por el Espíritu. No duró mucho esa vivencia generalizada y pronto dejó de ser comunidad de Espíritu para convertirse en estructura jurídica. Cuando faltó la cohesión interna, hubo necesidad de buscar la fuerza de la ley para subsistir como comunidad.

“Obediencia” fue la palabra escogida por la primera comunidad para caracterizar la vida y obra de Jesús en su totalidad. Pero cuando nos acercamos a la persona de Jesús con  el concepto equivocado de obediencia, quedamos desconcertados, porque descubrimos que no fue obediente en absoluto, ni a sus familia ni a los sacerdotes ni a la Ley ni a las autoridades civiles. Pero se atrevió a decir: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”. La voluntad de Dios no viene de fuera, sino que es nuestro verdadero ser.

Para salir de una falsa obediencia debemos entrar en la entremos en la dinámica de la escucha del Espíritu que todos poseemos y nos posee por igual. Tanto el superior como el inferior, tiene que abrirse al Espíritu y dejarse guiar por él. Conscientes de nuestras  limitaciones, no solo debemos experimentar la presencia de Espíritu, sino que tenemos que estar también atentos a las experiencias de los demás. Creernos privilegiados con relación a los demás, anulará una verdadera escucha del Espíritu.

Meditación

Dios-Espíritu en nosotros, es la base de toda contemplación.

El místico lo único que hace es descubrir y vivir esa presencia.

La experiencia mística es conciencia de unidad.

No porque se han sumado mi yo y Dios,

sino porque mi yo se ha fundido en el YO.

Todos los místicos llegan a la misma conclusión que Jesús:

“yo y el Padre somos uno”

No te esfuerces en encontrar a Dios ni fuera ni dentro.

Deja que Él te encuentre a ti y te transforme.

 

Mendekoste igandea – Pentecostés A, José A. Pagola

(Joan 20,19-23)

por Coordinador – Mario González Jurado

JAINKOA NORK BERE BARNETIK BIZI – VIVIR A DIOS DESDE DENTRO

Duela urte batzuk, alemaniar teologo handi bat, Karl Rahner, ausartu zen esatera ezen gaur egungo Elizak «bere eskastasun espirituala» duela bere arazorik nagusiena eta premiazkoena. Hona haren hitzak: Elizaren benetako arazoa da «gero eta neurri handiagoan etsirik eta asper-asper eginik jarraitzen duela eskastasun espiritual baten ohiko bideetan barna».

Arazoa larritu besterik ez da egin azken hamarkada hauetan. Ezer gutxirako izan dira erakundeak berrindartzea, liturgia onik gordetzea edo ortodoxia zaintzea. Kristau askoren bihotzean itzaliz doa Jainkoaren barne-esperientzia.

Gizarte modernoak «kanpoaldea» hobestera jo du. Den-denak gonbidatzen gaitu azaletik bizitzera. Den-denak eragiten digu presaka ibiltzera, ia arretarik jarri gabe ezertan eta inorengan. Bakeak ez du jada zirrizturik aurkitzen gure bihotz barnera sartzeko. Ia beti, bizitzaren gainazalean bizi gara. Ahazten ari zaigu zer den bizitza barnetik ahogozatzea. Gizakoi izateko, gure bizitzari funtsezko alderdi bat falta zaio: barnetasuna.

Tristea da ikustea, kristau-elkarteetan ere ez dakigula zaintzen eta eragiten barne bizitza. Jende askok ez daki zer den bihotzaren isiltasuna, ez da adierazten fedea bihotz barnean bizitzen. Barne esperientziarik ez dugula, geure arimaz ahazturik jarraitzen dugu existitzen: hitzak belarriz entzunez, otoitzak ezpainez esanez, bihotza urrun dugularik.

Elizan asko hitz egiten da Jainkoaz, baina non eta noiz entzuten dugu fededunok Jainkoaren presentzia isila geure bihotzaren hondoenean? Non eta noiz egiten diogu harrera Berpiztuaren Espirituari geure barnean? Noiz bizi ohi dugu elkartasun-giroa Jainkoaren Misterioarekin geure bihotz-barnean?

Jainkoaren Espirituari harrera egiteak esan nahi du, alde batera utzi dugula gugandik urrun eta gugandik kanpo dagoela uste dugun Jainkoari hitz egitea, eta gai bihurtu garela bihotzaren isiltasunean mintzo zaigun Jainkoari entzuteko. Esan nahi du, utzi egin diogula Jainkoaz adimenaz bakarrik pentsatzeari, eta ikasi dugula Jainkoa geure izatearen zokoenean sumatzen.

Jainkoaz dugun barne esperientzia honek, egiazkoa eta zehatza den honek, eraldatu egiten du gure fedea. Harriturik gelditzen zara pentsatzean: nolatan bizi izan naiz, gero, hau guztia lehenago aurkitu gabe? Orain badakizu zergatik den posible sinestea kultura sekularizatu baten barruan bizi zarela ere. Orain barne poz berri eta desberdin bat sentitzen dugu. Uste dut, oso nekez mantendu daitekeela luzaroan Jainkoarekiko fedea, gaur egungo bizitza zalapartatsu eta arinean, atzeman gabe, modu apal eta xume batean bada ere, nolabaiteko barne esperientzia bat Jainkoaren Misterioaz.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pentecostés – A (Juan 20,19-23)

Evangelio del 04 / Jun / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

VIVIR A DIOS DESDE DENTRO

Hace algunos años, el gran teólogo alemán Karl Rahner se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos era su «mediocridad espiritual». Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es «seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual».

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

La sociedad moderna ha apostado por lo «exterior». Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando qué es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta hoy una dimensión esencial: la interioridad.

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios mientras nuestro corazón está ausente.

En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?

Acoger a Dios en nuestro interior quiere decir al menos dos cosas. La primera: no colocar a Dios siempre lejos y fuera de nosotros, es decir, aprender a escucharlo en el silencio del corazón. La segunda: bajar a Dios de la cabeza a lo profundo de nuestro ser, es decir, dejar de pensar en Dios solo con la mente y aprender a percibirlo en lo más íntimo de nosotros.

Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, puede transformar nuestra fe. Uno se sorprende de cómo hemos podido vivir sin descubrirla antes. Es posible encontrar a Dios dentro de nosotros en medio de una cultura secularizada. Es posible también hoy conocer una alegría interior nueva y diferente. Pero me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 4 de junio de 2017, PENTECOSTÉS, Koinonía

Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo
Salmo 103:
Envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra
1Cor 12,3b-7.12-13:
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu
Jn 20,19-23:
Reciban el Espíritu Santo

Hechos de los apóstoles 2,1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS LITÚRGICOS:

Cualquier gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel: pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, de ideas, de estilos de vida y problemas inmensos de intolerancia e incomprensión entre los que la habitan. ¿Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación está volviéndose especialmente problemática en los países desarrollados, pero también en las grandes ciudades de todo el mundo. Inmigrantes del campo, del interior, de otras provincias o países que lo dejan todo para buscar un trabajo, un hogar, un lugar donde recibir sustento y calidad de vida. A la desesperada, son cada día más los que abandonan su país para tocar a la puerta de los países desarrollados, aunque para ello haya que surcar mares tenebrosos en barcas desamparadas. Llegar a la otra orilla es la ilusión… Y cuando llegan, si es que los dejan entrar, comienza un verdadero calvario hasta poder situarse un poco al nivel de los que allí viven…

Nuestro mundo se ha convertido ya en paradigma de la torre de Babel, palabra que significaba «puerta de los dioses». Así se denominaba la ciudad, símbolo de la humanidad, precursora de la cultura urbana. Una ciudad en torno a una torre, una lengua y un proyecto: escalar el cielo, invadir el área de lo divino. El ser humano quiso ser como Dios (ya antes lo había intentado en el paraíso a nivel de pareja, ahora a nivel político) y se unió (-se uniformó-) para lograrlo.

Pero el proyecto se frustró: aquél Dios, celoso desde los comienzos del progreso humano, confundió (en hebreo, balal ) las lenguas y acabó para siempre con la Puerta de los dioses (Babel). Tal vez nunca existió aquel mundo uniformado; quizá fue sólo una tentadora aspiración de poder humano. Después del castigo divino, las diferentes lenguas fueron el mayor obstáculo para la convivencia, principio de dispersión y de ruptura humana. El autor de la narración babélica no pensó en la riqueza de la pluralidad e interpretó el gesto divino como castigo. Pero hizo constar, ya desde el principio, que Dios estaba por el pluralismo, diferenciando a los habitantes del globo por la lengua y dispersándolos.

Diez siglos después de escribirse esta narración del libro del Génesis, leemos otra en el de los Hechos de los Apóstoles. Tuvo lugar el día de Pentecostés, fiesta de la siega en la que los judíos recordaban el pacto de Dios con el pueblo en el monte Sinaí, «cincuenta días» (=Pentecostés) después de la salida de Egipto.

Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=ruah: aire, aliento vital, respiración) Santo (=hagios: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.

Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de «ruidos extraños»; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice «lenguas diferentes». Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.

Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín «concertare»: debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. «Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios». Dios hacía posible el milagro de entenderse. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso.

Y la venida del Espíritu significó para aquel puñado de discípulos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron. Nació una comunidad humana, libre como viento, como fuego ardiente. No sin razón dice Pablo: «Donde hay Espíritu de Dios hay libertad», y donde hay libertad, autonomía (el ser humano -y su bien- se hacen ley), y donde hay autonomía, se fomenta la pluralidad y la individualidad, como camino de unidad, y resplandece la verdad, porque el Espíritu es veraz y nos guiará por el camino de la verdad, de la autenticidad, de la vida, como dice Juan en su evangelio. Que venga un nuevo Pentecostés sobre nuestro mundo –es nuestra oración- para acabar con esta ola de intolerancia e intransigencia que nos invade por doquier.

 

 

DOMINGO 7º DE PASCUA (A) (ASCENSIÓN), Fray Marcos

(Hch 1,1-11) Recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, Judea…

(Efe 1,17-23) Que el Dios del  Señor Jesucristo os dé espíritu de revelación.

(Mt 28,16-20) Haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en nombre

Jesús, está fuera de tiempo y espacio. Entendida espacio-temporalmente la fiesta no tiene ningún sentido y entenderla simbólicamente es complicado.

Si hemos vislumbrado en alguna medida lo que nos decía Jn los dos domingos pasados, se nos hará muy cuesta arriba entender la fiesta de hoy y la de los tres domingos siguientes. La subida de Jesús al cielo, la venida del Espíritu, la Trinidad, la Eucaristía están presentadas por los textos litúrgicos como realidades externas que se dieron en otro tiempo. Entendiendo mal los textos, desenfocamos el verdadero sentido.

No podemos seguir utilizando un lenguaje que responde a una visión mítica de la realidad. Cuando se creía que Dios estaba en lo más alto, que el hombre estaba en el medio y que el demonio estaba en lo más bajo, el lenguaje utilizado se entendía perfectamente. De Jesús se dice expresamente: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió a subir. Nuestra manera de entender la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno como lugares de referencia.

Debemos entender la ascensión como parte del misterio pascual que es una única realidad. Ni la resurrección, ni la ascensión, ni el sentarse a la derecha del Padre, ni la glorificación, ni la venida del Espíritu, son hechos separados. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio. Decir de Jesús después de muerto: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es absurdo literalmente.

Esto no quiere decir que sea una realidad inventada. Todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio la que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los cristianos, y eso sí se puede descubrir a través de los sentidos. Esa realidad no temporal, es la que hay que descubrir para que tenga también en nosotros la misma eficacia transformadora. Si seguimos creyendo que es un acontecimiento que sucedió hace veinte siglos en un lugar y un tiempo determi­nado, ¿Qué puede significar para nosotros hoy?

Las realidades espirituales, por ser atemporales, pertenecen al hoy como al ayer, son tan nuestras como de Pedro o Juan. No han sucedido en el pasado, sino que están sucediendo en este instante. Son realidades que están afectando a  nuestra propia vida. Puedo vivirlas yo como las vivieron los apóstoles. Es más, el único objetivo del mensaje evangélico, es que todos lleguemos a vivirlas como las vivieron ellos.

La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz: Todo está cumplido. Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer como criatura. Después de ese paso no existe el tiempo, por lo tanto, no puede suceder nada en él. Es todo como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Por haberse despegado de todo lo que en él era transitorio y terreno, solo permaneció de él lo que había de Dios, y con Él se identificó absolutamente.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total de mí mismo, renuncio a alcanzar la meta. Como en  Jesús, ese don total solo será posible cuando descubra que Dios Espíritu se me ha dado totalmente, y está en mí para llevar a cabo esa obra de amor.

Tal vez nos conformemos con quedarnos pasmados mirando al cielo y esperando que él vuelva. Esa es la mejor manera de hacer polvo todo el quehacer de Jesús en esta tierra. La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer, en un momento determinado, algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo están haciendo todo por mí en todo instante. Yo soy el que tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y hacerla mía viviéndola.

El relato de Mt que acabamos de leer, es un prodigio de síntesis teológica. No hay en él ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Consta simplemente, de una localización dada, una proclamación de poder y tres ideas básicas. Situar la escena en un monte, es una indicación suficiente de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. El monte significa el ámbito de lo divino, donde está Dios y donde quiere situar también a Jesús. Que lo sitúe en Galilea, tiene un significado muy importante. Judea había rechazado a Jesús y no era ya el lugar donde encontrarse con Dios.

Jesús no pudo decir que se le ha dado todo poder, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí mismo. Debemos tener en cuenta que la primera interpretación del misterio pascual, está formulada en términos de glorificación; antes incluso de hablar de resurrección.

El envío a predicar. También tiene un carácter absoluto “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intentan justificar lo que era ya práctica generalizada de los cristianos. El predicar el “Reino de Dios” no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús. Todo cristiano tiene como primera obligación, llevar a los demás el mensaje de su Maestro.

Es muy importante es la particularidad de la enseñanza. No se trata de enseñar doctrinas ni ritos ni normas morales sino de instar a una manera de proceder. Esto está muy de acuerdo con la insistencia de los evangelios en las obras como manifestación de la presencia de Dios en Jesús, y como consecuencia de la adhesión a Jesús. Si tenemos en cuenta que el núcleo del evangelio es el amor, comprenderemos que en la práctica, el amor es lo primero que tiene que manifestarse en un cristiano.

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre o que era el Espíritu el que actuaba en él. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores. Recordar que Jesús habla de enviar al Espíritu, de quedarse él con nosotros, de que el Padre vendrá a cada uno. Esta manera de hablar puede hundirnos. Los tres “vendrán” a mi conciencia cuando me dé cuenta de que están ahí ya.

Meditación-contemplación

Celebramos la Ascensión, pero estará con nosotros siempre.

En esta contradicción (coan) está el secreto.

Ni se va ni se queda. Para Jesús resucitado no hay lugar ni tiempo.

En Dios, estoy fuera del tiempo y del espacio.

 

No puede haber Vida si no trascendemos el tiempo y el espacio.

Nuestra Vida “divina” es la misma ahora y siempre.

Contemplar, es salir del tiempo y del espacio.

Es identificarse con Dios que es eternidad.

 

Jaunaren Igokundea – La Ascensión del Señor -A- José A. Pagola

(Mateo 28,16-20)

Evangelio del 28 / May / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

IREKI HORIZONTEA – ABRIR EL HORIZONTE

Ongizaterik handiena berehala lortzeari bakarrik emanik eta nahikunde eta esperantza txikiek erakarririk gabiltzala, arriskua dugu, geure biziaren horizontea pobretzeko, betikotasunaren desioa galdurik. Aurrerapena ote da hori? Errore bat ote?

Badira bi gertaera, duela urte batzuez gero bizi dugun milurteko honetan, egiaztatzeko zail ez direnak. Alde batetik, haziz doa gizartean mundu berriago baten nahia eta gogoa. Ez dugu aski edozein gauza: mundu duinago, gizakoiago eta zoriontsuago baterantz jo beharra sentitzen dugu.

Bestetik, haziz doa desilusioa, eszeptizismoa eta ziurtasunik eza etorkizunari dagokionez. Zentzurik gabeko hainbesteko sufrimendua ageri da pertsonen eta herrien bizitzan, hainbat eta hainbat gatazka pozoitsu, hartarainoko abusuak Planetaren aurka, non ez baita gauza erraza gizakiagan uste izanik bizitzea.

Halaz guztiz, zientziaren eta teknologiaren garapena gaitz eta sufrimendu asko ari da askatzen. Etorkizunean, dudarik gabe, are arrakasta distiratsuagoak lortuko dira. Oraino ez gara gai sumatzeko gizakiak duen gaitasuna, ongizate fisiko, psikiko eta soziala garatzeko.

Baina ez litzateke jatorra izango beste hau ahaztea: garapen miresgarri honek gaitz batzuetatik bakarrik eta era mugatuan gaitu «salbatzen». Hain juxtu, gero eta giza aurrerapen handiagoaz gozatzen ari garen honetan ari gara argiago sumatzen ezen gizakiak ezin diola eman bere buruari antsiatzen eta bilatzen duen guztia.

Nork liberatuko gaitu zahartzetik, ezinbestean hil behar izatetik edota gaitzaren ahalmen ulertezinetik? Ez gaitu harritu behar ikusteak, jende asko hasia dela behar bat sentitzen: teknika ez den, zientzia ez den, doktrina ideologikoa ez den beste zerbaiten behar bat, alegia. Gizakiak ez dio amore  eman nahi izaera galkor eta hilkor honetan betiko hesiturik bizitzeari.

Alabaina, kristau gutxi baino gehiago ari da bizitzen lurrari soilik begira. Itxuraz, ez gara ausartzen geure begiak altxatzen eguneroko ondo-ondokoa dugun hura baino harago. Jaunaren Igokundearen kristau-jai honetan, zientifiko eta mistiko handia izan zen Teilhard de Chardin-en hitz hauek aipatu nahi nituzke: «Kristauok, Igokundeak hogei mende soil dituen honetan, zer egin duzue kristau-fedeaz?».

Galderen eta ziurtasunik ezaren artean, Jesusen ikasleok ibili gabiltza biziaren bila, konfiantza batek eta konbentzimendu bat eraginik. Biziak ixtera eta itzaltzera doala ematen duenean ere, Jainkoak hor dirau. Ontasun- eta Maitasun-misterio da errealitatearen azken misterioa. Biziari irekia den Atea da Jainkoa, inork ezin itxia.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ascensión del Señor – A (Mateo 28,16-20)

Evangelio del 28 / May / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

ABRIR EL HORIZONTE

Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte está creciendo en la comunidad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra está creciendo al mismo tiempo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Es cierto que el desarrollo de la ciencia y la tecnología están logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va «salvando» solo de algunos males y solo de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia, tampoco ideología o doctrina religiosa. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal. Busca un horizonte, necesita una esperanza más definitiva.

No pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras de aquel gran científico y místico que fue P. Teilhard de Chardin: «Cristianos a solo veinte siglos de la Ascensión. ¿Qué habéis hecho de la esperanza cristiana?».

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de amor salvador. Dios es una puerta abierta a la vida eterna. Nadie la puede cerrar.

José Antonio Pagola

 

Domingo 28 de mayo de 2017, Ascensión del Señor. Koinonía

Hechos de los apóstoles 1,1-11

Lo vieron levantarse

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Mateo 28,16-20

Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

El evangelio, final del relato de Mateo, vuelve a subrayar esa conexión. Comprende las circunstancias del último encuentro entre Jesús y sus discípulos (vv. 16-17) y las palabras finales del Señor a su comunidad (vv. 18-20).

Respecto a las circunstancias, el texto sitúa la escena en una montaña de la Galilea. Se produce en ella la teofanía del Resucitado que debe colocarse en relación con la montaña de la Tentación y con la montaña de la Transfiguración. Se anticipa, así el «Señorío» de Jesús, tema principal que se desprenden de las palabras que éste pronuncia. Por esto, es obvio que la elaboración del texto no corresponde a una sencilla narración histórica, lo que pasó, sino que tiene un objetivo teológico; no es imaginable que Jesús manifestara en ese «encuentro» preocupaciones por su propio «señorío».

Lejos del centro de la dirigencia religiosa, Jesús se encuentra con los Once. El número es el resultado de la sustracción de Judas de la cifra original de los Doce discípulos y significa la totalidad de los seguidores de Jesús que no defeccionaron. Todos ellos son beneficiarios de la experiencia del Resucitado.

Ante esa experiencia su actitud es una mezcla de adoración y de duda. Como Pedro ante el embate de las olas (cf Mt 14,23-33), la comunidad lleva en su seno estos dos sentimientos contradictorios. Ambos son los dos únicos textos de Mateo que combinan los verbos que se refieren a esos dos sentimientos.

Las palabras de Jesús se dirigen a fortalecer la fe comunitaria desde un encargo en que están implicados tres personajes: Jesús, el círculo de los discípulos y «todos los pueblos». Respecto a sí mismo, Jesús afirma que ha recibido «plena autoridad en el cielo y en la tierra» (v. 18). Para el evangelista, la autoridad ocupa un puesto importante en la presentación de Jesús. Éste, al inicio de su actividad, había rechazado la última propuesta del diablo en orden recibir «todos los reinos del mundo» (cf Mt 4,8-10), los discípulos habían visto actuante en Jesús el significado del poder divino, pero debían mantenerlo en secreto (cf Mt 16,28-17,9). Ahora es el momento de la proclamación de ese «señorío», recibido por Jesús del Padre. Es la visión/construcción de Mateo.

Los elementos que subrayan el universalismo son acumulados en este breve pasaje. Junto a «cielo y tierra» y la mención de los «pueblos» se da una significativa repetición del término «todo», «plena autoridad» (v. 18), «todos los pueblos» (v. 19), «todo lo que les mandé» (v. 19), «cada día» (v. 20). La obediencia al querer divino confiere a Jesús un señorío universal que se ejerce sobre toda realidad creada.

Este «relato de vocación» de la comunidad eclesial describe la transmisión que le hace Jesús de «todo su poder». Gracias a él pueden convocar a nuevos discípulos mediante el bautismo y la enseñanza. Por el bautismo, Jesús había iniciado el cumplimiento definitivo de la justicia del Reino (Mt 3,15), igualmente el bautismo cristiano injerta a cada bautizado en la misma dinámica. Junto al bautismo, el otro rasgo característico de la existencia cristiana es la «enseñanza». No se trata de una teoría que se deba proclamar, sino de la Buena Noticia del Reino frente a la cual todo creyente es un seguidor al que se le exige un comportamiento coherente. Se trata de «guardar todo lo que les mandé».

El mandato de Jesús compromete a toda la comunidad eclesial y la responsabiliza frente a todas las naciones. Aunque ya iniciado en el círculo de los discípulos, el señorío de Jesús no puede agotarse al interno de la vida de las comunidades cristianas. Para ello cuenta con la asistencia de su Señor: «Yo estaré con ustedes». Esta asistencia suministra el coraje necesario para superar todos los temores y tempestades y confiere un ámbito ilimitado para la actuación de la salvación.

Pero para ello, se exige de la Iglesia la misma obediencia de Jesús. Sólo en el rechazo del poder de dominio, en la obediencia filial al Padre, podrá realizar su tarea. Este «manifiesto» final del Señor Resucitado liga íntimamente la misión de la Iglesia al camino recorrido históricamente por Jesús de Nazaret, Hombre y Dios.

Para una luminosa explicación catequético-hermenéutica de la Ascensión ofrecemos este texto complementario, de Leonardo Boff, sobre la Ascensión, que sigue muy de cerca al exégeta católico Gerhard LOHFINK: http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Vale por sí mismo para construir toda una homilía, y se puede utilizar con mucho provecho para comentar/debatir en grupo de estudio, después de haberlo leído personalmente.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 130 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Sobre las nubes del cielo». Aquí puede ser recogido el guión, el audio y el comentario teológico:https://radialistas.net/article/130-sobre-las-nubes-del-cielo/

La serie «Otro Dios es posible» tiene el capítulo 57, titulado «¿Ascensión y asunción?», cuyo texto y audio puede ser encontrado en http://radialistas.net/article/57-ascension-y-asuncion/

 

 

 

 

«EL ÚNICO AMOR ES EL QUE SE MANIFIESTA EN OBRAS», Fray Marcos

Jn 14, 15-21

Fe Adulta

Se habla de la presencia de Dios de Jesús y del Espíritu en la primera comunidad. Se trata de hacer ver a los cristianos de finales del s. I, que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante este tema, también para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo, que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía antes y después de su muerte; y que ahora se manifiesta de una manera nueva. Se trata de la misma Vida de Dios (Zoe). Esto explica que entre en juego un nuevo protagonista: el Espíritu.

No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, Dios y el Espíritu por aquellos cristianos de finales del s. I. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas. Si uno se fija bien en el lenguaje, descubrirá que se habla de la misma realidad con nombres distintos. Una y otra vez insisten los textos en la identidad de los tres. Después de morir, el Jesús que vivió en Galilea, se identificó absolutamente con Dios que es Espíritu. Ahora los tres son indistinguibles.

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Mandamientos que en el capítulo anterior quedaron reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios. Los mandamientos son exigencia del amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino la exigencia de amar, que viene del interior y que se debe manifestar en cada circunstancia concreta. Para Jn, “el pecado del mundo” era la opresión, que se manifiesta en toda clase de injusticias. El “amor” es también único, que se despliega en toda clase de solidaridad y entrega a los demás.

Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre.Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de una realidad distinta de lo que él es o de lo que es Dios. Está hablando de una nueva manera de experimentar el amor, que será mucho más cercana y efectiva que su presencia física durante la vida terrena. Primero dice que mandará al Espíritu, después que él volverá para estar con ellos, y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Esto significa que se trata de una realidad múltiple y a la vez única, Dios.

“Defensor” (paraklêtos) = el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor cuando se trata de un juicio. Se trata de una expresión metafórica. La defensa a la que se refiere, no va a venir de otra entidad, sino que será la fuerza de Dios-Espíritu que actuará desde dentro de cada uno. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. El Espíritu será otrovaledor. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Cuando él se vaya, será el Espíritu el único defensor, pero será mucho más eficaz, porque defenderá desde dentro.

“El Espíritu de la verdad”.La ambivalencia del término griego (alêtheia) = verdad y lealtad, pone la verdad en conexión con la fidelidad, es decir con el amor. “De la verdad” es genitivo epexegético; quiere decir, El Espíritu que es la verdad. Jesús acaba de decir que él era la verdad. “El mundo” es aquí el orden injusto que profesa la mentira, la falsedad. El mundo propone como valor lo que merma o suprime la Vida del hombre. Lo contrario de Dios. Los discípulos tienen ya experiencia del Espíritu, pero será mucho mayor cuando esté en ellos como único principio dinámico interno.

No os voy a dejar desamparados. En griego órfanoús = huérfanos se usa muchas veces en sentido figurado. En 13,33 había dicho Jesús: hijitos míos. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Pero esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al que sufre la agresión, de tal forma que la supere sin que le afecte lo más mínimo.

El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo vida y también vosotros la tendréis. La profundidad del mensaje puede dejarnos en lo superficial de la letra. “Dejará de verme” y “me veréis”, no hace referencia a la visión física. No se trata de verlo resucitado, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. Esta idea es clave para entender bien la resurrección. El mundo dejará de verlo, porque solo es capaz de verlo corporalmente. Ellos, que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, externamente, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la misma Vida de Dios, de la que el mismo Jesús participa, experimentarán la unidad con Jesús y con Dios. Es una experiencia de unidad e identificación tan viva que nadie podrá arrancársela. Es una comunión de ser absoluta entre Dios y el hombre. Por eso, al amar ellos, es el mismo Dios quien ama. El amor-Dios se manifiesta en ellos como se manifestó en Jesús.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; a quien me ama le amará mi Padre y le amaré yo y yo mismo me manifestaré a él”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. En (14,2) Jesús iba a preparar sitio a los suyos en el “hogar”, familia del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo. En el AT la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo, ahora cada miembro de la comunidad será morada de Dios. No será sólo una experiencia interior; el amor manifestado hará visible esa presencia.

Un versículo después de lo que hemos leído dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Los discípulos tienen garantizada la presencia del Padre y la de Jesus. Esa presencia no será puntual, sino continuada. Una vez más se utiliza el verbo “permanecer” que expresa una actitud decidida de Dios con el hombre. También queda una vez más confirmada la identidad del Jesús con Dios, una vez que ha terminado su trayectoria terrena.

Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. “Yo y el Padre somos uno.” A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí. Esa presencia de Dios en mí no altera para nada mi individualidad. Yo soy totalmente humano y totalmente divino. El vivir esta realidad es lo que constituye la plenitud del hombre.

Meditación

Nos empeñamos en meter en conceptos lo indecible.
Solo la vivencia puede saciar el ansia de conocer y amar.
Lo que te empeñas en buscar fuera, no existe más que dentro.
El ojo ya no existe, ni hay nada que mirar.

Vete al centro de ti y descubre tu esencia.
Ese descubrimiento colmará tus anhelos.
Descubre que la Vida, desde el centro de ti,
ha transformado todo tu ser en Luz.

 

Fray Marcos

 

 

Pazkoaldiko 6. igandea – 6º Domingo de Pascua -A- José A. Pagola

(Joan 14,15-21)

Evangelio del 21 / May / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

EGIAREN ESPIRITUA – EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

Ikasleei agur esaten ari da Jesus. Triste eta lur jota ikusten ditu. Laster ez dute izango berekin. Nork bete haren hutsunea? Orain arte Jesus da arduratu beraiez, Jesusek ditu defenditu lege-maisu eta fariseuengandik, Jesus izan dute sostengu beren fede makal eta duda-mudazkoarentzat, Jesus aritu zaie Jainkoaren egia agerian jartzen, eta Jesusek dizkie agertu bere egitasmo gizatarraren hastapenak.

Gogotsu mintzo zaie Jesus Espirituaz. Ez ditu umezurtz utzi nahi. Berak eskatuko dio Aitari eskutik utzi ez ditzan, «beste defendatzaile bat» eman diezaien «beti haiekin egon dadin». «Egiaren Espiritua» deitu dio Jesusek. Zer dago Jesusen hitz hauen pean?

«Egiaren Espiritu hau» ez da nahastu behar doktrina batekin. Egia hau ez da bilatu behar teologoen liburuetan, ezta hierarkiaren dokumentuetan ere. Zerbait askoz sakonagoa da. Jesusek dio «gurekin bizi dela eta gugan dagoela». Arnasa da, indarra, argia, maitasuna… Jainkoaren azken misteriotik datorkiguna. Bihotz xume eta ustetsuaz behar diogu harrera egin.

«Egiaren Espiritu honek» ez gaitu bihurtzen egiaren «jabe». Ez datorkigu guk geure fedea beste batzuei ezartzeko, ezta ere guk inoren ortodoxia kontrolatzeko. Gu Jesusez umezurtz ez uzteko dator, eta gu egiari irekitzera gonbidatzera, Jesusen ebanjelioa entzunez, onartuz eta biziz.

«Egiaren Espiritu honek» ez gaitu egiten egiaren «gordetzaile», baizik testigu. Gure egitekoa ez da arerioekin eztabaidan jardutea, ezta borrokan aritzea edo inor menpean hartzea, baizik eta Ebanjelioaren egia bizitzea eta «Jesus maitatzea, haren aginduak betez».

«Egiaren Espiritu hau» gutako bakoitzarengan dago, Jesusengandik aparta gaitzakeen edozer gauzatatik babestuz. Geure bihotza xume-xume irekitzera gonbidatzen gaitu Jainkoaren misterioari, biziaren Adiskide horri. Jainko honen bila ondradu eta egiaz dabilena, ez dabil Jainkoagandik urrun. Jesusek berak esan zuen behin batean: « Egiarena den orok entzuten du nire ahotsa». Halaxe da.

«Egiaren Espiritu honek Jesusen egian bizitzera gonbidatzen gaitu geure gizartean, non askotan estrategia esaten baitzaio gezurrari; negozio esplotazioari; tolerantzia erantzukizunik ezari; eraikitako ordenu zuzengabekeriari; askatasun arbitrariotasunari; egiazaletasun errespeturik ezari…

Zer zentzu izan lezake Jesusen Elizak baldin eta geure elkarteetan «egiaren Espiritua» galtzen utziko bagenu?

Zeinek salbatu ahal izango luke autoengainutik, desbideratzetik eta eskastasun orokortutik?

Zeinek hots egin ahalko luke Jesusen Berri Ona, hartarainoko arnasa-beharra eta esperantza-egarria duen gizartean?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

6 Pascua – A (Juan 14,15-21)

Evangelio del 21 / May / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD – EGIAREN ESPIRITUA

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no le tendrán a él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé «otro Defensor» para que «esté siempre con ellos». Jesús lo llama «el Espíritu de la verdad». ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este «Espíritu de la verdad» no ha de ser confundido con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que «vive con nosotros y está en nosotros». Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este «Espíritu de la verdad» no nos convierte en «propietarios» de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este «Espíritu de la verdad» no nos hace tampoco «guardianes» de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y «amar a Jesús guardando sus preceptos».

Este «Espíritu de la verdad» está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos pueda apartar de Jesús. Nos invita a abrirnos con sencillez al misterio de un Dios Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Es cierto.

Este «Espíritu de la verdad» nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se la llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el «Espíritu de la verdad»?

¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada?

¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

José Antonio Pagola