Urteko 23. igandea – 23 Tiempo ordinario, José A. Pagola

– A (Mateo 18,15-20)

Evangelio del 10 / Sept / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

GURE ARTEAN DAGO – ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Jesusen hitzak, Mateok dakartzanak, joan-etorri handikoak dira kristau-elkarteen bizitzarako; halaz guztiz, arreta txikia eskaintzen diete askotan iruzkingileek eta predikariek. Hona Jesusen promesa: «Nire izenean bi edo hiru lagun elkartuko diren lekuan, han nagoke ni haien artean».

Jesusek ez ditu buruan ospakizun jende-jendetsuak, Erromako San Pedro plazakoak bezalakoak. Bi edo hiru bakarrik badira ere, han dagoke bera haien artean. Ez da beharrezkoa han hierarkia egotea; ez da beharrezkoa jende asko egotea elkarturik.

«Elkarturik egotea» da garrantzizkoa, eta ez barreiaturik, eta ez mokoka bata bestearen aurka: ez daitezela bizi batak besteari izena nola kenduko. «Jesusen izenean» bilduak izatea da funtsezko gauza: haren deia entzutea, Jainkoaren Erreinuaz duen hark duen egitasmoarekin bat egitea. Talde txikiaren erdigunea Jesus bera izatea.

Jesusen presentzia bizi eta egiazko honek animatu, gidatu eta sostengatu behar du haren jarraitzaileen elkarte txikia. Jesusek arnastu behar ditu taldetxoaren otoitza, ospakizuna, egitasmoak eta jarduerak. Presentzia hau da kristau-elkarte bizi baten giltzarria.

Kristauok ezin bildu gara nolanahi, gaur egun, geure talde eta elkarteetan: ohituraz, hala egiten delako, eginbehar erlijioso bat betetzeko. Asko edo, agian, gutxi izango gara. Garrantzizkoa Jesusen izenean elkartzea da, hark tira egiten digulako eta mundua gizakoiago egiteko haren egitasmoari aurrera eragiteko.

Biziberritu beharra dugu Jesusen elkartea garelako ustea. Haren Ebanjelioa entzuteko elkartzen gara, haren oroitzapenari bizi-bizi eusteko, haren Espirituak guztiok kutsatu gaitzan, haren pozari eta bakeari geure artean harrera ona eskaintzeko, haren Berri Ona hots egiteko.

Kristau-fedearen etorkizuna, hein handi batean, kristauon baitan dago, geure elkarte jakinetan, ondorengo hamarraldietan, egingo dugunaren baitan. Ez da aski Frantzisko aita santuak Vatikano inguruan egin lezakeena. Ezin jarri dugu geure esperantza ondorengo urteotan ordenatuko den apaiz-taldetxoan ere. Jesu Kristo da gure esperantza bakarra.

Geure kristau-elkarteen erdigunetzat behar dugu hartu Jesus;  hark bakarrik ematen ahal dio indarra gure fede ahitu eta errutinazkoari; hark bakarrik erakar ditzake gaur egungo gizon-emakumeak; hark bakarrik sor dezake fede berri bat federik eza nabari zaion gaurko mundu honetan. Elizaren erdi-erdiko guneak eraberritze premia gorrikoa da. Erreformarako dekretuak beharrezkoak dira. Baina ezer ez, Jesu Kristoren errotikotasunera itzultzea baino beharrezkoagorik.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

23 Tiempo ordinario

– A (Mateo 18,15-20)

Evangelio del 10 / Sept / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Aunque las palabras de Jesús, recogidas por Mateo, son de gran importancia para la vida de las comunidades cristianas, pocas veces atraen la atención de comentaristas y predicadores. Esta es la promesa de Jesús: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Jesús no está pensando en celebraciones masivas, como las de la plaza de San Pedro en Roma. Aunque solo sean dos o tres, allí está él en medio de ellos. No es necesario que esté presente la jerarquía; no hace falta que sean muchos los reunidos.

Lo importante es que «estén reunidos», no dispersos ni enfrentados: que no vivan descalificándose unos a otros. Lo decisivo es que se reúnan «en su nombre»; que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios. Que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.

Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el «secreto» de toda comunidad cristiana viva.

Los cristianos no podemos reunirnos hoy en nuestros grupos y comunidades de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.

Hemos de reavivar la conciencia de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia.

El futuro de la fe cristiana entre nosotros dependerá en buena parte de lo que hagamos los cristianos en nuestras comunidades concretas las próximas décadas. No basta lo que pueda hacer el papa Francisco en el Vaticano. Tampoco podemos poner nuestra esperanza en el puñado de sacerdotes que puedan ordenarse los próximos años. Nuestra única esperanza es Jesucristo.

Somos nosotros los que hemos de centrar nuestras comunidades cristianas en la persona de Jesús como la única fuerza capaz de regenerar nuestra fe gastada y rutinaria. El único capaz de atraer a los hombres y mujeres de hoy. El único capaz de engendrar una fe nueva en estos tiempos de incredulidad. La renovación de las instancias centrales de la Iglesia es urgente. Los decretos de reformas, necesarios. Pero nada tan decisivo como volver con radicalidad a Jesucristo.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 10 de septiembre de 2017, Domingo 23º Ordinario, Koinonía

Ez 33,7-9: Si no hablas al malvado, te pediré cuentas
Salmo 94:
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor
Rom 13,8-10:
Amar es cumplir la plenitud de la ley
Mt 18,15-20:
Si te hace caso, has salvado a tu hermano

Mateo 18,15-20

Si te hace caso, has salvado a tu hermano

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS LITÚRGICOS:

La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestra corresponsabilidad comunitaria. La fe, o más ampliamente dicho, nuestra vida espiritual, es un asunto personal, una responsabilidad absolutamente intransferible, pero como humanos que somos –seres simbióticos al fin y al cabo– la vivimos en el seno de una comunidad. Por eso, también, todos somos de alguna manera responsables de la vida de cada hermano.

Ezequiel es profeta del tiempo del exilio. Se presenta como el vigilante de su pueblo. Otros profetas han utilizado también esta imagen para caracterizar su misión. La actitud vigilante es un rasgo de los profetas. Estar atento a lo que pasa, para alertar y prevenir al pueblo. Y estar siempre atento también a escuchar la Palabra de Dios. Leer los acontecimientos de la historia y interpretarlos a la luz de la Palabra de Dios. El vigilante, celador, velador, centinela o como se le llame en nuestro medio, está pendiente de los peligros que acechan al pueblo. Por eso, el profeta es responsable directo de lo que le pueda pasar. El profeta tiene la misión de abrir los ojos del pueblo. Pero también el pueblo puede aceptar o rechazar esa interpelación profética. Lo que no está bien es pasar por alto y no darse cuenta del peligro.

Pablo en la carta a los romanos invita a los creyentes que edifiquen su vida sobre la base del amor para que puedan responder a los desafíos del momento histórico que a cada creyente y a cada comunidad le toca vivir. El amor es resumen, síntesis vital, compendio de todo tipo de precepto de orden religioso. Así, Pablo entra en perfecta sintonía con la propuesta evangélica. Ciertamente, no es un rechazo rotundo de la ley. Pero el amor supera la fuerza de la ley. Quien ama auténticamente no quiere hacer daño a nadie; por el contrario, siempre buscará la forma de ayudarle a crecer como persona y como creyente. La conversión, la metanoia, es cambio rotundo de mente y corazón. Quién se convierte asume el amor como única “norma” de vida. El amor se traduce en actitudes y compromisos muy concretos: servicio, respeto, perdón, reconciliación, tolerancia, comprensión, verdad, paz, justicia y solidaridad fraterna.

El evangelio de Mateo nos presenta el pasaje que se ha denominado comúnmente la corrección fraterna. El texto revela los conflictos internos que vivía la comunidad mateana. Nos encontramos, entonces, ante una página de carácter catequético que pretende enfrentar y resolver el problema de los conflictos comunitarios. El pecado no es solamente de orden individual o moral. Aquí se trata de faltas graves en contra de la comunidad. El evangelista pretende señalar dos cosas importantes: no se trata de caer en un laxismo total que conduzca al caos comunitario. Pero tampoco se trata de un rigorismo tal que nadie pueda fallar o equivocarse. El evangelista coloca el término medio. Se trata de resolver los asuntos complicados en las relaciones interpersonales siguiendo la pedagogía de Jesús. No es un proceso jurídico lo que aquí se señala. El evangelista quiere dejar en claro que se trata ante todo de salvar al trasgresor, de no condenarlo ni expulsarlo de entrada. Es un proceso pedagógico que intenta por todos medios salvar a la persona. Ahora bien, si la persona se resiste, no acepta la invitación, no da signos de arrepentimiento… entonces sí la comunidad se ve obligada a expulsarse de su seno. Al no aceptar la oferta de perdón la persona misma se excluye de la comunión.

Nuestro compromiso como creyentes es luchar por la verdad. Nuestras familias y comunidades cristianas deben ser, ante todo, lugares de reconciliación y de verdad. Exigir respeto por las personas que se equivocan pero que quieren rectificar su error es imperativo evangélico. Tampoco se trata de caer en actitudes laxistas o que respalden la impunidad. Pero ante todo, el compromiso con la justicia, la verdad y la reconciliación es una actitud profética.

¿Cómo vivimos los valores de la verdad, la justicia, la reparación y la reconciliación al interior de nuestras comunidades? ¿Qué actitud asumimos frente a los medios de comunicación que manipulan y tergiversan la verdad? ¿Nos sentimos corresponsables de la suerte de nuestros hermanos?

El evangelio de hoy habla también de la comunidad como sujeto de perdón: «Todo lo que aten ustedes en la tierra será atado en el cielo…». Puede ser una oportunidad interesante para hablar tanto de la grave crisis que atraviesa este sacramento en la práctica más extendida en la Iglesia, como de la posibilidad y legitimidad de la reconciliación comunitaria. Véase al respecto el libro de Domiciano Fernández que comentamos más abajo.

El evangelio de hoy no está dramatizado en la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL. Puede irse a la página de la serie (www.untaljesus.net) y escoger algún capítulo oportuno.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo (cinco minutos de «entrevista a Jesús en su segunda venida a la Tierra») sobre «¿Sacramento de la confesión?» [http://emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130040], sobre uno de cuyos fundamentos habla el evangelio de hoy.

 

 

«NI EL PLACER NI EL DOLOR DEBEN CONDICIONAR MI PLENITUD», Fray Marcos

Mt. 16, 21-27

El texto es continuación del leído el domingo pasado. Hoy en Cesarea de Filipo, también fuera del territorio de Palestina. Lo que Mt pone hoy en boca de Jesús, ni siquiera es aceptable para los seguidores. Jesús acaba de felicitar a Pedro por expresar pensamientos divinos. Ahora le critica muy duramente por pensar como los hombres. La diferencia es abismal, solo a unas líneas de distancia en el mismo evangelio. Como Pedro, los cristianos en todas las épocas, nos hemos escandalizado de la cruz. Ninguno hubiera elegido para Jesús ese camino. ¿Dónde queda la imagen de Mesías victorioso, Señor o Hijo de Dios?

A pesar de las palabras de Pedro, la actitud ante el anuncio de la muerte demuestra que, ni él ni los demás, habían entendido lo que significaba Jesús. El mayor escollo para poder aceptar lo nuevo, fue su religión. Para entender a Jesús, hay que dejar de pensar como los hombres y empezar a pensar como Dios. Pensar como Dios, es dejar de ajustarse a este mundo; es transfor­marse por la renovación de la mente (Pablo). Para aceptar el mensaje de Jesús, tenemos que cambiar radicalmente nuestra imagen de Dios.

La muerte de Jesús fue para los primeros cristianos el punto más impactante de su vida. Seguramente el primer núcleo de los evangelios lo constituyó un relato de su pasión. No nos debe extrañar que, al redactar el resto de su vida se haga desde esa perspectiva. Hasta cuatro veces anuncia Jesús su muerte en el evangelio de Mt. No hacía falta ser profeta para darse cuenta de que la vida de Jesús corría serio peligro. Lo que decía y lo que hacía estaba en contra de la doctrina oficial, y los encargados de su custodia tenían el poder suficiente para eliminar a una persona tan peligrosa para sus intereses.

Pedro responde a Jesús con toda lógica. ¿Podía Pedro dejar de pensar como judío? Incluso el día que vinieron a prenderle, Pedro saca la espada y atizó un buen golpe a Malco, para evitar que se llevaran al Maestro. Era inconcebible para un judío, que al Mesías lo mataran los más altos representantes de Dios. El texto quiere transmitirnos que la idea falsa de Dios, que manejan, hacía a Jesús inaceptable como representante de Dios. La crítica de Jesús va dirigida a los de dentro, no a los de fuera.

La respuesta de Jesús a Pedro es la misma que dio al diablo en las tentaciones. Ni a los fariseos, ni a los letrados, ni a los sacerdotes dirige Jesús palabra tan duras. Quiere indicar que la propuesta de Pedro era la gran tentación, también para Jesús. La verdadera tentación no viene de fuera, sino de dentro. Lo difícil no es vencerla sino desenmascararla y tomar conciencia de que ella es la que puede arruinar nuestra Vida. Jesús no rechaza a Pedro, pero quiere que descubra su verdadero mesianismo, que no coincide ni con el del judaísmo oficial ni con lo que esperaban los discípulos.

El seguimiento es muy importante en todos los evangelios. Se trata de abandonar cualquier otra manera de relacionarse con Dios y entrar en la dinámica espiritual que Jesús manifiesta en su vida. Es identificarse con Jesús en su entrega a los demás, sin buscar para sí poder o gloria. Negarse a sí mismo supone renunciar a toda ambición personal. El individualismo, el egoísmo, quedan descartados de Jesús y del que quiera seguirlo. Cargar con la cruz es aceptar la oposición del mundo. Se trata de la cruz que nos infligen otras personas -sean amigas o enemigas- por ser fieles al evangelio.

En tiempo de Jesús, la cruz era la manera más denigrante de ejecutar a un reo. El carácter simbólico solo llegó para los cristianos después de comprender la muerte de Jesús. Como el relato habla de la cruz en sentido simbólico, es improbable que esas palabras las pronunciara Jesús. El condenado era obligado a cargar con la parte trasversal de la cruz (patibulum). No está hablando de la cruz aceptada voluntariamente, sino de la impuesta por haber sido fiel a sí mismo y Dios. Lo que debemos buscar es la fidelidad. La cruz será consecuencia inevitable de esa fidelidad.

Jesús nos muestra el camino que nos puede llevar más lejos hacia mayor humanidad. La propuesta de Jesús es la única manera de ser humano. Todo ser humano debe aspirar a ser más; incluso a ser como Dios. Pero debe encontrar el camino que le lleve a su plenitud. Los argumentos finales dejan claro que las exigencias, que parecen tan duras, son las únicas sensatas. Lo que Jesús exige a sus seguidores es que vayan por el camino del amor, por el camino del servicio a los demás, aunque ese camino nos cueste esfuerzo. Aquí está la esencia del mensaje cristiano. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir en cada momento lo mejor para mí. Interpretarlo como renuncia es no haber entendido ni jota.

Jesús no pretende deshumanizarnos como se ha entendido con frecuencia sino llevarnos a la verdadera plenitud humana. No se trata de sacrificarse, creyendo que eso es lo que quiere Dios. Dios quiere nuestra felicidad en todos los sentidos. Dios no puede “querer” ninguna clase de sufrimiento; Él es amor y solo puede querer para nosotros lo mejor. Nuestra limitación es la causa de que, a veces, el conseguir lo mejor exige elegir entre distintas posibilidades, y el reclamo del gozo inmediato inclina la balanza hacia lo que es menos bueno e incluso malo; entonces mi verdadero ser queda sometido al falso yo.

La mayoría de nuestras oraciones pretenden poner a Dios de nuestra parte en un afán de salvar el ego y la individualidad, exigiéndole que supere con su poder nuestras limitaciones. Lo que Jesús nos propone es alcanzar la plenitud despegándonos de todo apego. Si descubrimos lo que nos hace más humanos, será fácil volcarnos hacia esa escala de valores. En la medida que disminuyo mi necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y más humano me sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, aunque me duela, porque eso es lo que me hace crecer en mi verdadero ser.

Una perfecta vida biológica, no supone ninguna garantía de mayor humanidad. Todo lo contrario, ganar la Vida es perder la vida, yendo más allá del hedonismo. Lo biológico es necesario, pero no es lo importante. Sin dejar de dar la importancia que tiene a la parte sensible, debes descubrir tu verdadero ser y empezar a vivir en plenitud. La muerte afecta solo a tu ser biológico, pero se pierde siempre. Si accedes a la verdadera Vida, la muerte pierde su importancia. La plenitud se encuentra más allá de lo caduco: no más allá en tiempo, sino más allá en profundidad, pero aquí y ahora.

Para ser cristiano, hay que trasformarse. Hay que nacer de nuevo. Lo natural, lo cómodo, lo que me pide el cuerpo, es acomodarme a este mundo. Lo que pide mi verdadero ser es que vaya más allá de todo lo sensible y descubra lo que de verdad es mejor para la persona entera, no para una parte de ella. Los instintos no son malos; que los sentidos quieran conseguir su objeto no es malo. Sin embargo la plenitud del ser humano está más allá de los sentidos y de los instintos. La vida humana no se nos da para que la guardemos y preservemos, sino para que la consumamos en beneficio de los demás.

Meditación

Nacer de nuevo, nacer del Espíritu, es la propuesta de Jesús.
En lo biológico estamos siempre; es el punto de partida.
Lo espiritual hay que descubrirlo y vivirlo.
Si no entro en la dinámica del Espíritu,
permaneceré en el ámbito de lo sensible
y quedará frustrado lo humano en mí.

 

Fray Marcos

 

 

Urteko 22. igandea – 22 T. O. -A- José A. Pagola

(Mateo 16,21-27)

Evangelio del 03 / Sept / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

GALTZEN IKASI – APRENDER A PERDER

Esapide hori ebanjelio guztiek jaso dute eta sei aldiz errepikatu: «Norbaitek bere bizia salbatu nahi badu, galdu egingo du, baina nigatik galduko duenak aurkituko du». Jesus ez da mintzo gai erlijioso batez. Biziaren egiazko balioa zein den ari zaie planteatzen ikasleei.

Era paradoxikoan eta zirikatzailean adierazia da esapidea. Bizia orientatzeko bi era oso desberdin dira: batak salbaziora zarama, besteak hondamendira. Gogorrena eta gustagarritasun txikiena duela ematen duen bidea jarraitzera gonbidatzen gaitu Jesusek, hori baita gizakiarentzat behin betiko salbaziora iristeko bidea.

Lehenengo bidea biziari atxikitzean datza, nor beretzat bakarrik biziz: nork bere «neu» a bizitzaren azken arrazoi eta goreneko xede eginez. Bizitzeko era honek, beti norberaren irabazia edo probetsua bilatuz, hondamendira darama gizakia.

Bigarren bidea galtzen jakitean datza, Jesus bezala biziz, Aitaren egitasmo gizatartzailearen azken xedeari irekirik: norberaren segurtasunari edo irabaziari uko egiten jakinez; bilatuz, ez norberaren ongia bakarrik, baizik eta besteena ere bai. Bihotz zabaleko bizitzeko era honek salbaziora darama gizakia.

Jainko Salbatzaileagan duen fedetik mintzo da Jesus; haren hitzak oharpen zorrotz dira gizon-emakume guztientzat. Zer etorkizun izango du zatitua eta puska-puska egina den Gizadi honek?, non botere ekonomikoek beren onura bilatzen baitute; lurraldeek, zeinek bere ongizatea; gizabanakoek, zeinek bere probetxua.

Irrazionala da gaur egun munduaren ibilbidea gidatzen duen logika. Herriak eta gizabanakoak pixkana-pixkana «beti gehiago edukitzearen» esklabotzan erortzen ari gara. Gutxiegi da dena, geure burua aserik sentitu ahal izateko. Ondo bizitzeko, emankortasun handiagoa behar dugu beti, ongizate material handiagoa, botere handiagoa besteen gain.

Aseezinik irrikatzen dugu ongizatea; alabaina, ez al gara galtzen ari geure gizatasuna, beti zerbait gehiago? Gero eta «aurrerapen» handiagoa opa dugu; alabaina, zer aurrerapen da, milioika lagun miserian, goseak, elikatu gabe uztera garamatzan hau? Zenbat urtez gozatu ahal izango dugu geure ongizateaz, goseak direnei geure mugak ipiniz?

Lurralde pribilegiatuek geure ongizatearen maila «salbatzea» bakarrik gura badugu, ez badugu galdu nahi geure ahalbide ekonomikoa, ez dugu sekula joko mundu-mailako solidaritate baterantz. Baina ez gaitezen engaina. Munduak gero eta segurtasun eskasagoa izango du, eta bizigarritasun txikiagoa guztientzat, baita guretzat ere. Munduan giza bizitza salbatzeko, galtzen ikasi beharra dugu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

APRENDER A PERDER 22 Tiempo ordinario

– A (Mateo 16,21-27)

Evangelio del 03 / Sept / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

APRENDER A PERDER

El dicho está recogido en todos los evangelios y se repite hasta seis veces: «El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará». Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida.

El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación; la otra, a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pues conduce al ser humano a la salvación definitiva.

El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio «yo» la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.

El segundo camino consiste en saber perder viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien, sino también el de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.

Jesús está hablando desde su fe en un Dios salvador, pero sus palabras son una grave advertencia para todos. ¿Qué futuro le espera a una humanidad dividida y fragmentada donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países su propio bienestar; los individuos su propio interés?

La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es irracional. Los pueblos y los individuos estamos cayendo poco a poco en la esclavitud del «tener siempre más». Todo es poco para sentirnos satisfechos. Para vivir bien necesitamos siempre más productividad, más consumo, más bienestar material, más poder sobre los demás.

Buscamos insaciablemente bienestar, pero, ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos «progresar» cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humanos en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar cerrando nuestras fronteras a los hambrientos y a quienes buscan entre nosotros refugio de tantas guerras?

Si los países privilegiados solo buscamos «salvar» nuestro nivel de bienestar, si no queremos perder nuestro potencial económico, jamás daremos pasos hacia una solidaridad a nivel mundial. Pero no nos engañemos. El mundo será cada vez más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo hemos de aprender a perder.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 3 de septiembre de 2017. Domingo 22º Ordinario, Koinonía

Koinonía

Jer 20,7-9: La Palabra del Señor se volvió oprobio para mí
Salmo 62:
Mi alma está sedienta de ti, Dios mío
Rom 12,1-2:
Preséntense como sacrificio vivo
Mt 16,21-27:
El que quiera seguirme, tome su cruz

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.» Entonces dijo a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

La liturgia de hoy centra la atención sobre las consecuencias dolorosas del ministerio profético y del seguimiento de Jesús. Tanto Jeremías como Mateo, llaman la atención sobre el conflicto que tienen que afrontar tanto el profeta como Jesús.

La experiencia del exilio marcó la vida del pueblo de Israel. Fue un momento muy doloroso que le exigió replantear su fe en el Dios de la Alianza. En este marco histórico se ubica el Profeta Jeremías.

Este pasaje pone de relieve el clamor del profeta porque Dios le ha seducido y le ha forzado, ha sido objeto de burla de todos y la palabra ha sido motivo de dolor y desprecio. Por eso el profeta ha querido desentenderse de la misión pero la Palabra ha sido más fuerte y, prácticamente, lo ha vencido.

La mayoría de los profetas bíblicos han sufrido experiencias similares a las de Jeremías. Son rechazados por sus propios hermanos y por las autoridades correspondientes. Muchos de ellos tuvieron que sufrir la muerte o el destierro. Pero pudo más la fidelidad a Dios y a su Pueblo que su propia seguridad y bienestar. La Palabra de Dios actúa en el profeta como un fuego abrasador que no lo deja tranquilo y lo mantiene siempre alerta en el cumplimiento de su misión.

La segunda lectura de la carta de Pablo a los cristianos de Roma utiliza un lenguaje imperativo. Estos versículos sirve Domingo 3 de septiembre de 2017. Domingo 22º Ordinario, Koinonía

n de enlace entre la parte anterior de orden más indicativo. El lenguaje es exhortativo. Les habla no sólo como hermano en la fe sino con la autoridad del Apóstol. Les invita a hacer de su cuerpo una ofrenda permanente a Dios. El verdadero culto no se reduce a ritos externos sino que procede de una vida recta. El cuerpo, vehículo de la vida interior, debe ser un canto de alabanza y gratitud a Dios. En esto consiste la conversión para Pablo: en una vida totalmente transformada por el Espíritu de Dios, en el cambio de mentalidad, de valores, de horizonte. Sólo así se podrán tener los criterios de discernimiento para buscar, encontrar y realizar la voluntad de Dios.

En el evangelio nos encontramos con un bello esquema catequético «sobre el discipulado como seguimiento de Jesús hasta la cruz». Jesús pone de manifiesto a sus discípulos que el camino de la resurrección está estrechamente vinculado a la experiencia dolorosa de la cruz. El núcleo principal es el primer anuncio de la pasión. Pero los discípulos, simbolizados en la persona de Pedro, no han comprendido esta realidad. Ellos están convencidos del mesianismo glorioso de Jesús que se enmarca dentro de las expectativas mesiánicas del momento. Jesús rechaza enfáticamente esta propuesta, pues la voluntad del Padre no coincide con la expectativa de Pedro y los discípulos. Por eso Pedro aparece como instrumento de Satanás delante de Jesús para obstaculizar su misión.

El maestro invita al discípulo a continuar su camino detrás de él porque aún no ha alcanzado la madurez del discípulo. Luego Jesús se dirige a todos los discípulos para señalarles que el camino del seguimiento por parte del discípulo también comporta la cruz. No hay verdadero discipulado si no se asume el mismo camino del Maestro. El anuncio del evangelio trae consigo persecución y sufrimiento. Tomar la cruz significa participar en la muerte y resurrección de Jesús. La pérdida de la vida por la Causa de Jesús habilita al discípulo para alcanzarla en plenitud junto a Dios.

En el Bautismo hemos sido consagrados sacerdotes profetas y reyes. Por lo tanto la dimensión profética de nuestra fe es intrínseca a la consagración bautismal. Hoy no podemos prescindir del profetismo en el seguimiento de Jesús. Y sabemos que las consecuencias del profetismo, vinculado estrechamente a la misión evangelizadora, son la oposición, la persecución, el rechazo y el martirio. Muchos hombres y mujeres en distintas partes del mundo se han jugado la vida por la fe y la defensa de los valores evangélicos. Si se quiere seguir a Jesús en fidelidad tendremos que enfrentar muchas contradicciones, caminar a contravía de lo que propone el orden establecido, la cultura imperante y la globalización del mercado –que no es otra cosa que la globalización de la exclusión–.

Quisiéramos vivir un cristianismo cómodo, sin sobresaltos, sin conflictos. Pero Jesús es claro en su invitación: hay que tomar la cruz, hay que arriesgar la vida, hay que perder los privilegios y seguridades que nos ofrece la sociedad si queremos ser fieles al evangelio. ¿Cómo vivimos en la familia y en la comunidad cristiana la dimensión profética de nuestro bautismo? ¿Estamos dispuestos/as a correr los riesgos que implica el seguimiento de Jesús? ¿Conocemos personas que han vivido la experiencia del martirio por el evangelio? ¿Ya no es tiempo para mártires, o lo es para mártires de otra manera?

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 67 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El bastón del Mesías». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:http://radialistas.net/article/67-e1-baston-del-mesias/ Puede ser escuchado aquí: http://radioteca.net/media//uploads/audios/%25Y_%25m/067.mp3 Es el mismo episodio que correspondió el domingo pasado, porque la perícopa evangélica coincide parcialmente. Si se utilizó el domingo pasado, se puede cambiar por un episodio semejante.

 

 

«Conocer a Jesús es vivir lo que él vivió». 21 T.O., Fray Marcos

(Is 22,19-23) Lo que él abra nadie lo cerrará, lo que el cierre nadie lo abrirá.

(Rom 11,33-36) Qué abismo de generosidad, sabiduría, conocimiento el de Dios!

(Mt 16,13-20) Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Conocer a Jesús es vivir lo que él vivió. La respuesta racional de nada sirve. Solo vale una vida plenamente humana como la suya.

Otra vez Jesús se retira con sus discípulos; ahora a la región de Cesarea de Filipo. Se van a tratar temas que desbordan la problemática estrictamente judía, y por eso Mt coloca la escena en territorio gentil, fuera de una concepción del Mesías demasiado nacionalista, para dar a entender que estamos en una apertura a los gentiles. Ni lo que dice sobre Jesús, ni lo que dice sobre la Iglesia podía ser aceptado por un judío normal

Dos temas nos proponen hoy las lecturas: Quién es Jesús y el poder de las llaves.  Lo primero que hay que tener en cuenta es que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y por lo tanto reflejan, no lo que entendieron mientras vivieron con él sino lo que las primeras comunidades pensaban de él. También es lógico que se preocuparan por la estructura de la nueva comunidad: El texto expresa vivencias pascuales de la primera comunidad. Esto no le quita importancia sino que se la da.

Se quiere diferenciar la opinión de la gente de la de los discípulos. Mejor sería decir que la diferencia sería entre lo que la gente y los discípulos pensaron de Jesús mientras vivía y lo que pensaron de él después de la Pascua. Mientras vivieron con él le mostraron una gran estima, pero no se dieron cuenta de la novedad que aporta. A los discípulos les costó Dios y ayuda dar el paso de una interpretación nacionalista del Mesías, a la del verdadero mesianismo que representaba Jesús. Solo después de Pascua consiguieron dar el paso.

Antes de esa experiencia, Pedro nunca pudo decir a Jesús que era el Hijo de Dios. Los judíos ni siquiera tenían un concepto de Hijo de Dios en sentido estricto. En el AT se llamaba hijo de Dios al rey, a los ángeles, al pueblo judío, pero en sentido simbólico. Para un judío lo más que se podía decir de un ser humano es que era el Ungido (Mesías). Los griegos sí tenían un concepto de Hijo de Dios. Gracias al contacto con la cultura griega, los cristianos pudieron expresar la experiencia pascual con el término Hijo de Dios.

A Jesús nunca le pasó por la cabeza el fundar una Iglesia. Él era judío por los cuatro costados y no podía pensar en una religión distinta. Lo que quiso hacer con su mensaje, fue purificar la religión judía de todas las adheren­cias que la hacían incompatible con el verdadero Dios. Tampoco los primeros seguidores de Jesús pensaron en apartarse del judaísmo. Fue el rechazo frontal de las autoridades judías, sobre todo de los fariseos después de la destrucción del templo, lo que les obligó a emprender su propio camino.

¿Quién es Jesús? La respuesta teórica es imposible. La pregunta está mal formulada. Jesús fue un ser humano concreto, ese es el punto de partida para su comprensión. Si partimos de la alternativa de que pudo ser hombre o pudo ser Dios, imposibilitamos una respuesta coherente. Si Jesús fue Dios es porque es hombre, y si es hombre cabal es porque es Dios. No hay incompatibilidad entre ambas realidades. Todo lo contrario, Dios está en lo humano y el hombre solo puede llegar a su plenitud en lo divino, que ya es.

La respuesta que pone Mt en boca de Pedro parece, a primera vista, certera, aunque no supone ninguna novedad, porque todos lo evangelistas lo dan por supuesto desde las primeras líneas. Está claro que el objetivo del relato es afianzar una profesión de fe pascual. Si Pedro hubiera pronunciado esa frase antes de la experiencia pascual, lo hubiera hecho pensando en un “hijo de Dios” en el sentido en que lo entendían los judíos; como persona muy cercana a Dios o que tiene un encargo especial de su parte.

No podemos definir con dogmas a Jesús, pero tampoco podemos dejar de hacernos la pregunta. Lo que es Jesús, nunca lo descubriremos del todo. ¿Quién es este hombre? Todo intento de responder con fórmulas cerradas no solucionará el problema. La respuesta tiene que ser práctica, no teórica. Mi vida es la que tiene que decir quién es Jesús para mí. Del esfuerzo de los primeros siglos por comprender a Jesús, debemos hacer nuestras, no las respuestas que dieron sino las preguntas que se hicieron.

Dar por definitivas las respuestas de los primeros concilios nos ha sumido en la rutina. Lo que nos debe importar es descubrir la calidad human de Jesús y descubrir la manera de llegar nosotros a esa misma plenitud. Se trata de responder con la propia vida a la pregunta de quién es Jesús. Y tú, ¿quién dices que soy yo? ¿Qué dice tu vida de mí? Si creemos que lo importante es la respuesta, como ya estaba dada, todos en paz y eso es lo grave. Hoy sabemos que lo importante es que sigamos haciéndonos la pregunta.

Desde el punto de vista doctrinal la historia se encarga de demostrarnos que nunca nos aclararemos del todo. O exageramos su divinidad convirtiéndole en un extraterrestre o afianzamos su humanidad y entonces se nos hace muy difícil aceptar que sea plenamente hombre y a la vez divino. Una vez más tenemos que decir que la solución nunca la encontraremos a nivel teórico. Solo desde la vivencia interior podremos descubrir lo que significa Jesús como manifestación de Dios. Solo si nos identificamos con Jesús, haciendo nuestra su vivencia de Dios comprenderemos lo que fue Jesús.

Respecto a la segunda cuestión, tenemos que aclarar algunos puntos. En primer lugar, los textos paralelos de Mc y de Lc no dicen nada de la promesa de Jesús a Pedro. Es éste un dato muy interesante, que tiene que hacernos pensar. Mc es anterior a Mateo. Lc es posterior. Tanto la confesión de Hijo de Dios como la promesa de Jesús a Pedro, es un texto exclusivo de Mt. Si tenemos en cuenta que Mt y Lc copian de Mc, descubriremos el verdadero alcance del relato de Mt. Lo añadido está colocado ahí con una intención determinada: Revestir a Pedro de una autoridad especial frente a los demás apóstoles.

Es la primera vez que encontramos el término “Iglesia” para determinar la nueva comunidad cristiana. Utiliza la palabra que en la traducción de los setenta se emplea para designar la asamblea (ekklesian). El texto intenta afianzar a Pedro en la presidencia de esa organización, pero es exagerado deducir de él lo que después significó el papado. Hay que tener en cuenta que existe otro texto paralelo, también de Mt, que leeremos dentro de dos domingos, que va dirigido a la comunidad: “Porque lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Es curioso que en dos lugares tan próximos del mismo evangelio dé el poder de atar y desatar a Pedro y a la comunidad. Los textos no se contradicen, se complementan. La última palabra la tiene siempre la comunidad, pero esta tiene que tener un portavoz. Pedro o su sucesor, cuando hablan expresando el común sentir de la comunidad, tienen la garantía de acertar en los asuntos importantes para la comunidad. No es la comunidad la que tiene que doblegarse ante lo que diga una persona, sino que es el representante de la comunidad el que tiene que saber expresar el común sentir de ésta.

Meditación

Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Ser cristiano significa responder a esta interpelación de Jesús.

No de manera teórica y aprendida,

sino con las actitudes vitales que él me exige hoy.

En el momento que deje de hacerme la pregunta,

He dejado de ser cristiano.

Si tengo ya la respuesta definitiva,

me he colocado fuera del camino.

 

Urteko 21. igandea – 21 TIEMPO ORDINARIO, José A. Pagola

– A (Mateo 16,13-20)

Evangelio del 27 / Ago / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

ETA GUK ZER DIOGU – QUÉ DECIMOS NOSOTROS

Behin batean ikasleei egin zien galdera bera digu egiten Jesusek gaur guri: «Eta zuek, ni nor naizela diozue?». Ez digu galdetzen, haren nortasun misteriotsuaz zer erantzungo bakarrik, baizik eta berarekiko gure harremanei berrikusi bat ematera eragin nahi digu. Zer erantzuten al diogu geure elkarteetatik?

Egunetik egunera hobeto ezagutzen al dugu Jesus, ala betiko «geure eskema zahar aspergarrietan hesiturik» daukagu bera? Elkarte bizi al gara, arduratzen al gara Jesus geure bizitzaren eta jardunbideen erdi-erdian jartzeaz, ala lokarturik bizi gara ohikerian eta erdipurdi eginik?

Sutsuki maite al dugu Jesus, ala pertsonaia ajeatua bihurtu da, dei egiten dioguna, baina gure bihotzean axolarik eza eta hartaz ahaztea haziz doazelarik? Gure elkarteetan hurbiltzen direnek senti ote dezakete, guretzat benetako indarra eta tiramena dituela Jesusek?

Jesusen ikasle sentitzen al gara? Ari al gara ikasten, haren biziera dela medio, gaur egungo geure gizarte honetan bizitzen, ala geure probetxurako gustagarriago den edozein gauza erakargarriren ondoren joaten gara? Bost axola al zaigu nolanahi bizitzea, ala, Jesus bezala bizitzen ikasteko, eskola bihurtu dugu geure elkartea?

Ikasten ari al gara, Jesusek begiratzen zion bezala, geure bizitza nola begiratuko? Premian eta baztertuak direnei errukiz eta erantzukizunez begiratzen al diegu geure elkarteetatik, ala geure ospakizunetan hesitzen gara, elbarrienak eta ahaztuenak, Jesusek beti hobesten zituen haiek, direnen sufrimenduari ezikusiarena eginez?

Aitaren egitasmoan, Jesusen lankide izaten jarraitzen al dugu mundua gizatarrago bihurtzeko, ala pentsatzen jarraitzen dugu ezen kristautasunak duen gauzarik inportanteena nor bere salbazioaz arduratzea dela soil-soilik? Konbentziturik al gaude ezen Jesusi jarraitzeko era, eguna joan eguna etorri, gizon-emakume guztien bizitza gizakoiago eta zoriontsuago egiten saiatzea dela?

Kristauen igandea bizi, Jesusen piztuera ospatuz bizitzen al dugu, ala asteburua inolako kristau-zentzurik gabe antolatzen jarraitzen dugu? Ikasi al dugu Jesus bihotzaren isiltasunean aurkitzen, ala sentitzen hasiak gara gure fedea itzaliz doala, geure baitan ditugun zarata eta hutsunea direla medio?

Sinesten al dugu, biziaz bete-beterik, gurekin ibili dabilen Jesus berpiztuagan? Bere jarraitzaileoi ondare utzi zigun bakeari harrera ona egiten jarraitzen al dugu geure elkarteetan? Sinesten al dugu, sekula amaituko ez den maitasunez maite gaituela Jesusek? Sinesten al dugu indar eraberritzailea duela horrek? Ba al dakigu, geure baitan daramagun esperantzaren misterioaren lekuko izaten?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

21 Tiempo ordinario – A (Mateo 16,13-20)

Evangelio del 27 / Ago / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

QUÉ DECIMOS NOSOTROS

También hoy nos dirige Jesús a los cristianos la misma pregunta que hizo un día a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él. ¿Qué le podemos responder desde nuestras comunidades?

¿Nos esforzamos por conocer cada vez mejor a Jesús o lo tenemos «encerrado en nuestros viejos esquemas aburridos» de siempre? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades o vivimos estancados en la rutina y la mediocridad?

¿Amamos a Jesús con pasión o se ha convertido para nosotros en un personaje gastado al que seguimos invocando mientras en nuestro corazón va creciendo la indiferencia y el olvido? Quienes se acercan a nuestras comunidades, ¿pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?

¿Nos sentimos discípulos de Jesús? ¿Estamos aprendiendo a vivir con su estilo de vida en medio de la sociedad actual o nos dejamos arrastrar por cualquier reclamo más apetecible para nuestros intereses? ¿Nos da igual vivir de cualquier manera o hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Jesús?

¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba él? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús?

¿Seguimos a Jesús colaborando con él en el proyecto humanizador del Padre o seguimos pensando que lo más importante del cristianismo es preocuparnos de nuestra salvación? ¿Estamos convencidos de que el modo mejor de seguir a Jesús es vivir cada día haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?

¿Vivimos el domingo cristiano celebrando la resurrección de Cristo? ¿Creemos en Jesús resucitado, que camina con nosotros lleno de vida? ¿Vivimos acogiendo en nuestras comunidades la paz que nos dejó en herencia a sus seguidores? ¿Creemos que Jesús nos ama con un amor que nunca acabará? ¿Creemos en su fuerza resucitadora? ¿Sabemos ser testigos del misterio de esperanza que llevamos dentro de nosotros?

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 27 de agosto de 2017, 21º Ordinario

Is 22,19-23: Colgaré de su hombro la llave del palacio
Salmo 137:
Señor, tu misericordia es eterna
Rom 11,33-36:
Él es el origen y meta del universo
Mt 16,13-20:
¿Quién dice la gente que soy yo?

Mateo 16,13-20

Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

El texto de Isaías se refiere, con mucha probabilidad, a la época inmediatamente anterior a la primera deportación. Recordemos que como represalia a un intento de rebelión, el imperio babilónico exilió, en el año 597 a.e.c, a los miembros más prestantes de la sociedad y los trasladó a varias ciudades y campos de Mesopotamia. Esto significó un duro golpe para las pretensiones de la familia monárquica que se consideraba inamovible del trono.

La profecía de Natán que, en realidad, era una exhortación para que el rey se mantuviera fiel a la voluntad del Señor, se había convertido ya en la época salomónica en un recurso ideológico para legitimar el monopolio del poder. Al inicio del siglo VI la situación de Judá cambió completamente, con la entrada en escena del imperio babilónico, que pretendió crear un imperio mediante el sometimiento de todos los pequeños reinos y el control de las tribus dispersas por todo el llamado «Media Luna Fértil». Jerusalén era sólo una fortaleza más a conquistar.

La profecía de David se dirige contra las pretensiones de la clase dirigente que se consideraba la propietaria perpetua del trono. El caso más patético era el de los primeros ministros, que remplazaban al rey en su ausencia. Estos personajes, casi siempre provenientes de la alta aristocracia, cobraban singular importancia cuando podían gobernar el país y darse todos los honores regularmente reservados al rey.

Parece que el mayordomo del palacio real de Jerusalén, llamado Sobna, se excedió en sus pretensiones y no se contentó con ostentar la ‘banda’ del rey sino que convirtió las llaves del palacio en símbolo de su creciente poder. Todas estas manifestaciones de arrogancia ponían en evidencia cuán arruinadas estaban las instituciones monárquicas y el grado extremo de decadencia en el que había caído la corte. Isaías pronuncia un oráculo de condenación contra este ministro presuntuoso, denunciando todas las arbitrariedades que había cometido y anunciándole cuál sería el final de todas sus hazañas. El que se había construido una tumba elegante moriría en un campo desolado en tierras extranjeras. La llave que el primer ministro ostentaba, terminaría en manos de otra persona más capaz. Los caminos del Señor no son los del individuo engreído y alienado. Todo lo que un sistema social construye sobre la explotación, el abuso del derecho y la falsedad, termina irremediablemente condenado a la insignificancia.

Pablo, haciendo eco de los himnos a la sabiduría, recuerda la distancia enorme que hay entre las absurdas pretensiones individualistas y megalómanas, y el sabio designio de Dios que dispone únicamente lo que es provechoso para el ser humano.

Esa contraposición entre las desmedidas pretensiones de ciertos individuos y grupos sedientos de poder y los insondables caminos del Señor, se hace patente en el episodio del evangelio. A la mitad del camino de Jerusalén, o sea, en la exacta mitad del proceso de formación de los discípulos, Jesús los interroga sobre aquello que han podido captar en el tiempo en que los ha acompañado y orientado.

Las respuestas nos sorprenden. De una parte el gentío que sigue a Jesús lo identifica correctamente como uno de los profetas. De otra, el grupo en la voz de Pedro lo reconoce correctamente como Mesías e Hijo de Dios. Pero, subsiste un problema de fondo: tanto la multitud como los discípulos quieren imponerle a Jesús un estilo de ser profeta y una manera de ser Mesías. Discípulos y muchedumbre piden lo que es contrario a la voluntad de Dios e inconsecuente con la enseñanza de Jesús. Parecería que el enorme esfuerzo de Jesús no hubiese surtido el efecto esperado, y que los discípulos, en lugar de cambiar de mentalidad, hubieran afianzado sus antiguas y erráticas ideas. Sin embargo, el evangelio nos quiere mostrar que los discípulos aún deben pasar por la experiencia de la cruz para comprender el verdadero alcance de las palabras y obras de Jesús.

Jesús sí es el Mesías, pero no el Mesías triunfalista y prepotente del nacionalismo exacerbado, sino una persona al servicio de las más hondas y profundas Causas humanas. Jesús sí es el profeta; pero no el profeta que anuncia la supremacía de la propia religión o de la ideología de su grupo, sino el profeta del amor, la justicia y la paz.

Las tres lecturas nos muestran cuán impredecibles y certeras son las sendas de Dios y cuán caducos y esquemáticos son nuestros trillados caminos. El evangelio nos invita a aprender de Jesús cuál es el camino auténtico que nos conduce al Padre, porque «no todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 67 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El bastón del Mesías». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:http://radialistas.net/article/67-e1-baston-del-mesias/ Puede ser escuchado aquí: http://radioteca.net/media//uploads/audios/%25Y_%25m/067.mp3

La entrevista nº 35, titulada «¿Su Santidad? ¿Su Reverencia?» [http://emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130035], de la serie «Otro Dios es posible», pude dar pie a un debate pedagógico relacionado con el tema.

 

 

«Un auténtico diálogo que enriquece a ambos», DOMINGO 20 – (A), Tiempo Ordinario, Fray Marcos.

No estamos acostumbrados a pensar que Jesús pudiera aprender de los demás y menos de una pagana.

Hoy las tres lecturas y hasta el salmo van en la misma dirección: La salvación universal de Dios. El tema de la apertura a los gentiles fue de suma importancia para la primera comunidad. Muchos cristianos judíos pretendían mantener la pertenencia al judaísmo como la marca y seña de la nueva comunicad, conservando la fidelidad a la Ley. Esta postura originó no pocas discusiones entre los discípulos y no se vio nada claro hasta pasado casi un siglo de la muerte de Jesús. Por eso es tan importante este relato.

Mateo relata este episodio inmediatamente después de una violenta discusión de Jesús con los fariseos y letrados, acerca de los alimentos puros e impuros. Seguramente la retirada a territorio pagano está motivada por esa oposición. Jesús viendo el cariz que toman los acontecimientos prefiere apartarse un tiempo de los lugares donde le estaban vigilando. El relato pretende romper con los esquemas estereotipados que algunos cristianos pretendían mantener: Judío=creyente y extranjero=pagano y ateo.

El evangelista no pretende satisfacer nuestra curiosidad sobre un acontecimiento más bien anodino. Quiere dejar claro, que si una persona tiene fe en Jesús, no se puede impedir su pertenencia a la comunidad aunque sea “pagana”. Es un relato magistral que plantea el problema desde las dos perspectivas posibles. En él se quiere insistir tanto en la actitud abierta de los cristianos como en la necesidad de que lo paganos vinieran unas disposiciones adecuadas de reconocimiento y humildad.

Los perros son considerados impuros en muchas culturas. La idea que nosotros tenemos de hiena, es lo que más se aproxima a la idea de perro inmundo. Pero hay gran diferencia entre los perros salvajes y los de compañía que son considerados como familia. A esta diferencia se aferra la mujer para salir airosa. Jesús no podía prescindir de los prejuicios que el pueblo judía arrastraba.  Jesús tenía motivos para no hacer caso a la Cananea; pero nos encontramos con un Jesús dispuesto a aprender, incluso de una mujer pagana.

En el AT hay chispazos que nos indican ya la apertura total por parte de Dios a todo aquel que le busca con sinceridad. La primera lectura nos lo confirma: «A los extranje­ros que se han dado a Señor les traeré a mi monte santo». No cabe duda de que Jesús participa de la mentalidad general de su pueblo, que hoy podíamos calificar de racista, pero que, en tiempo de Moisés, fue la única manera de garantizar su supervivencia.

Gracias a que para Jesús la religión no era una programación,  fue capaz de responder vivencialmente ante situacio­nes nuevas. Su experiencia de Dios y las circunstancias le hicieron ver que solo puede uno estar con Dios si está con el hombre. Las enseñanzas de Jesús no son más que el intento de comunicarnos su experiencia personal de Dios. Pero para poder comunicar una experiencia, primero hay que vivirla. Jesús, como todo hombre, no tuvo más remedio que aprender de la experiencia.

Jesús toma en serio a la mujer Cananea; no como los discípulos. El texto litúrgico quiere suavizar la expresión de los discípulos y dice ‘atiéndela’. Pero el “apoluson” griego significa también despedir, rechazar; exactamente lo contrario. La respuesta de Jesús: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, no va dirigida a los apóstoles, sino a la Cananea. La dureza de la respuesta no desanima a la mujer, sino todo lo contrario. Le hace ver que el atenderla a ella no va en contra de la atención que merecen los suyos.

Por ser auténtico y sincero por ambas partes, el diálogo es fructífero. Jesús aprende y la cananea también aprende. Se produce el milagro del cambio en ambos. Lo que en este relato resalta de Jesús, es su capacidad de reacción. A pesar de su actitud inicial, sabe cambiar en un instante y descubrir lo que en aquella mujer había de auténtica creyente. Jesús descubre que esa mujer, aparentemente ajena al entorno de Jesús, tiene más confianza en él que los más íntimos que le siguen desde hace tiempo.

Jesús es capaz de cambiar su actitud porque la Cananea demuestra una sensibilidad  mayor de la que muestra Jesús. De ella aprendió Jesús que debía superar sus prejuicios. Aprendió que hay que proteger ante todo a los débiles; una idea femenino-maternal. Le sorprendió la confianza absoluta que en él tenía la mujer; otro valor femenino. Lo que más maravilla en el relato es la capacidad de Jesús de aceptar, es decir, hacer suyos los valores femeninos que descubre en aquella mujer. Jesús descubre su «anima» y la integra.

La mujer representa a todos los que sufren por el dolor de un ser querido. La profunda relación entre ambas, impide delimitar donde empieza el problema de su hija. La madre es también parte del problema; de hecho le dice; socórreme. La enfermedad de la hija no es ajena a la actitud de la madre. Curar a la madre supone curar a la hija. La enfermedad de la hija nos hace pensar en problemas de relación materno-filial. Cuando la madre se encuentra a sí misma con la ayuda de Jesús, se soluciona el problema de la hija.

Los cristianos hemos heredado del pueblo judío el sentimiento de pueblo elegido y privilegiado. Estamos tan seguros de que Dios es nuestro, que damos por sentado que el que quiera llegar a Dios tiene que contar con nosotros. Esta postura que nos empeñamos en mantener, es tan absurda y está tan en contra del evangelio de Jesús, que me parece hasta ridículo tener que desmontarlo. Todos los seres humanos son iguales para Él.

Juzgar y condenar en nombre de Dios a todo el que no pensaba o actuaba como nosotros, ha sido una práctica constante en nuestra religión a través de sus dos mil años de existencia. Va siendo hora de que admitamos los tremendos errores cometidos por actuar de esa manera. Debemos reconocer, que Dios nos ama a todos, no por lo que somos, sino por lo que Él es. Esta simple verdad bastaría para desmantelar todas nuestras pretensiones de superioridad y como consecuencia, todo atisbo de intolerancia y rechazo.

El texto nos enseña que ser cristiano es acercarse al otro, superando cualquier diferencia de edad, de sexo, cultura o religión. El prójimo es siempre el que me necesita. Los cristianos no hemos tenido, ni tenemos esto nada claro. Nos sigue costando demasiado aceptar a “otro”, y dejarle seguir siendo diferente; sobre todo al que es “otro” por su religión. Tenemos que aprender del relato, que el que me necesita es el débil, el que no tiene derechos, el que se ve excluido. También en este punto está la lección sin aprender.

Debemos aceptar, como la Cananea, que muchas de las carencias de los demás, se deben a nuestra falta de compromiso con ellos. Sobre todo en el ambiente familiar, una relación inadecuada entre padres e hijos es la causa de las tensiones y rechazo del otro. Muchas veces, la culpa de lo que son los hijos la tienen los padres por no ponerse en su lugar e intentar comprender sus puntos de vista. El acoger al otro con cariño y comprensión podía evitar muchísimas situaciones que pueden llegar a ser crónicas y por lo tanto enfermizas.

Meditación-contemplación

La Cananea tiene una confianza ilimitada en Jesús.

Esa confianza no se fundamenta en lo que yo soy,

Sino en lo que Dios es en mí

y para todos los seres humanos sin excepción.

Mi relación con un dios abstracto será siempre ilusoria.

El verdadero Dios está en mí y está en el otro.

 

Urteko 20. igandea – Domingo 20º T.O., José A. Pagola

– A (Mateo 15,21-28)

Evangelio del 20 / Ago / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

GUZTIENA DA JESUS – JESÚS ES DE TODOS

Emakume pagano batena da ekimena: Jesusengana jo du, judu-herrikoa ez den arren. Estutasunak joa den ama bat da, «deabruak oinazetua den» alaba sufritzen ikusten du. Bidera atera zaio Jesusi, oihuka: «Erruki zaitez nitaz, Jauna, Daviden Semea».

Ustekabekoa izan da Jesusen lehen erreakzioa. Ez da gelditu ere hari entzuteko. Oraino ez da iritsi paganoei Berri Ona eskaintzeko ordua. Emakumeak amore ematen ez duelako, bere jarduera zuritu beharra sentitu du Jesusek: «Israel etxeko ardi galduetara bakarrik bidali naute».

Emakumeak, ordea, bereari eutsi dio. Zailtasun eta oztopo guztiak gaindituko ditu. Keinu ausart bat eginez, Jesusen oinetan ahuspeztu da, geldiarazi du Jesus eta, bihotza umil bat sendo, oihu bakar hau egin dio: «Lagundu iezadazu, Jauna».

Ezohikoa da Jesusen erantzuna. Garai hartan, guztiz natural esaten zieten juduek paganoei «txakurra»; halere, guretzat iraingarri dira Jesusen hitz hauek: «Ez dago ondo semeen ogia txakurrei botatzea». Jesusen irudia era burutsu eta argian hartuz, Jesusi zuzenketa bat egitera ausartu da emakumea lurretik: «Arrazoia duzu, Jauna. Baina txakurrek ere jaten dituzte nagusien mahaitik eroritako ogi-apurrak».

Miresgarria da emakumearen fedea. Seguru da, Aitaren etxean denek izan dezaketela zer jana: bai Israelgo seme-alabek, bai pagano txakurrek. Ematen du, Israelgo «ardi galduak» bakarrik dituela Jesusek buruan; alabaina, bera ere, emakumea alegia, «ardi galdu bat» da. Jainkoaren Bidalia dena ezin izan da juduena bakarrik. Guztiena da eta guztientzat izan behar du.

Jesusek amore eman du emakumearen fedearen aurrean. Jesusen apaltasuna eta handitasuna agertzen digu haren erantzunak: «Andrea, bai handia dela zure fedea!, bete dadila nahi duzuna». Emakume honek agertu dio, Jainkoaren errukiak ez duela inor baztertzen. Gizakiok ezartzen ditugun langa etniko eta erlijioso guztien gainetik dago Aita Ona.

Jesusek, azkenean, fededuntzat eman du emakumea, erlijio pagano batean bizi bada ere. Are gehiago, «fede handi bat» ikusi du harengan, eta ez bere ikasleena bezalako fede txiki bat, behin baino gehiagotan esan baitie hauei «fede kaskarreko gizonak». Edozein gizakik jo dezake Jesusengana uste osoz. Badaki hark edozeinen fedea aintzat hartzen, Elizatik kanpo bizi bada ere. Beti aurkituko du Jesusengan edozeinek Adiskide bat eta bizitzako Maisu bat.

Kristauok poztu beharra dugu ikustean, nola ari den Jesus erakartzen Elizatik kanpo bizi den hainbat eta hainbat jende. Gure erakunde guztiak baino handiagoa da Jesus. On handia egiten jarraitzen du, baita gure kristau-elkarteetatik urrundu direnei ere.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

20 Tiempo ordinario – A (Mateo 15,21-28)

Evangelio del 20 / Ago / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

JESÚS ES DE TODOS

Una mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús, aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada que vive sufriendo con una hija «maltratada por un demonio». Sale al encuentro de Jesús dando gritos: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David».

La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: «Dios me ha enviado solo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».

La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y, de rodillas, con un corazón humilde, pero firme, le dirige un solo grito: «Señor, socórreme».

La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad «perros» a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos: «No está bien echar a los perrillos el pan de los hijos». Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: «Eso es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los «perros» paganos. Jesús parece pensar solo en las «ovejas perdidas» de Israel, pero también ella es una «oveja perdida». El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.

Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla como deseas». Esta mujer está descubriendo a Jesús que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.

Jesús reconoce a la mujer como creyente, aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una «fe grande», no la fe pequeña de sus discípulos, a los que recrimina más de una vez como «hombres de poca fe». Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe, aunque viva fuera de la Iglesia. Todos podrán encontrar en él un Amigo y un Maestro de vida.

Los cristianos hemos de alegrarnos de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas.

José Antonio Pagola