(Domingo después de Navidad) FAMILIA DE NAZARET (B) Fray Marcos

 

(Eclo 3,3-17) El que respeta a sus padres, acumula tesoros.

(Col 3,12-21)Sea vuestro uniforme: misericordia, bondad, humildad, dulzura

(Lc 2,22-40) El niño crecía, se robustecía y se llenaba de sabiduría.

Toda familia es divina si es verdaderamente humana. El marco familiar nos permite desplegar lo divino en lo humano.

Debemos aclarar que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda. Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús. El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era inviable, tanto por motivos sociológicos como económicos. ¿Qué podían hacer dos jóvenes de 13 y 14 años con un recién nacido en los brazos?

Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que fueran a vivir a una nueva casa. María dejó de vivir en la casa de su padre y pasó a integrarse en la familia de José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas los tres. El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos.

El relato evangélico que acabamos de leer, es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lucas quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.   

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo de valores humanos que debemos desarrollar, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona que es el valor supremo. Las instituciones no son santas, menos aún sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.

No debemos echar por la borda una institución porque me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas. La familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. Y la familia es el marco privilegiado.

La familia es insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darse cada día más.

No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución, si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. En el evangelio no encontramos un modelo de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima critica.

Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantea la familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio, aunque la estadística nos diga que el 50 % se disuelven. No se trata de que las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy para mantener un matrimonio se necesita una madurez mayor.

Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan. Dos razones de esta mayor exigencia son: a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos. b) La mayor duración de la relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que surjan dificultades.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación puede ser cristiana.

No solo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar a vivir juntas a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es a la falta de amor que ha hecho nulo, de todo derecho, lo que hemos llamado matrimonio. Si hay sacramento ciertamente es indestructible. Pero para que haya sacramento es imprescindible que se dé el amor.

Familia Santua – B (Lukas 2,22-40)

FEDEAN HEZIA GURE EGUNOTAN

Lukasen pasarte hau, esanez bukatzen da: «Haurra haziz eta sendotuz zihoan; jakinduriaz betea zegoen eta Jainkoaren onginahia berekin zuen».

Gaur egun «fedean hezi» esaten dugunean, zer esan nahi izaten dugu? Zehazki, hau izaten da xedea: seme-alabek uler dezatela eta bizi dezatela erantzukizunez eta era koherentean Jesu Kristorekiko beren atxikimendua, Ebanjelioaren arabera era osasuntsu eta baikorrean bizitzen ikasiz.

Baina gaur egun fedea ezin bizi da nolanahi. Seme-alabek ikasi beharra dute gizarte deskristautu batean fededun bizitzen. Fede pertsonalizatua bizitzea esan nahi du honek, ez tradizioz, baizik eta erabaki pertsonal baten fruitu gisa: bizi den eta esperimentatua den fedea da, hau da, ez ideiez eta irakaspenez elikatzen den fedea, baizik eta esperientzia atsegingarriz: fede ez indibidualista, baizik eta nola edo hala elkarte fededun batean partekatua; erdigunetzat muina duen fedea, duda-muden eta galdekizunen artean bizi daitekeen fedea; ez fede lotsakorra, baizik eta konprometitua eta gizarte axolagabean aitortua.

Honek guztiak fedean hezteko estilo bat eskatzen du, zeinetan inporta duena esperientzia bat eskualdatzea baita, ideiak eta irakaspenak ematea baino gehiago; kristau-baloreak bizitzen erakustea, arau batzuen mendeko izaten baino gehiago; kristau-elkarte batean sartzen erakustea, indibidualismo erlijioso bat garatzen baino gehiago; Jesusekiko konfiantzazko atxikimendua lantzen laguntzea, fede-arazoak era abstraktuan askatzen baino gehiago.

Fedean hezteko orduan, etsenplua da alderdi erabakitzailea, funtsezkoa. Seme-alabek beren etxean berean aurkitzea «identifikazio-ereduak»; ez dakiela zail gerta nor edo zein bezala bizi behar duten jakitea, fedea era osasungarri, pozgarri eta erantzukizunezkoan bizi ahal izateko.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Sagrada Familia – B (Lucas 2,22-40)

EDUCAR EN LA FE EN NUESTROS DÍAS

El pasaje de Lucas termina diciendo: «El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él».

Cuando hablamos hoy de «educar en la fe», ¿qué queremos decir? En concreto, el objetivo es que los hijos entiendan y vivan de manera responsable y coherente su adhesión a Jesucristo, aprendiendo a vivir de manera sana y positiva desde el Evangelio.

Pero hoy día la fe no se puede vivir de cualquier manera. Los hijos necesitan aprender a ser creyentes en medio de una sociedad descristianizada. Esto exige vivir una fe personalizada, no por tradición, sino fruto de una decisión personal; una fe vivida y experimentada, es decir, una fe que se alimenta no de ideas y doctrinas, sino de una experiencia gratificante; una fe no individualista, sino compartida de alguna manera en una comunidad creyente; una fe centrada en lo esencial, que puede coexistir con dudas e interrogantes; una fe no vergonzante, sino comprometida y testimoniada en medio de una sociedad indiferente.

Esto exige todo un estilo de educar hoy en la fe donde lo importante es transmitir una experiencia más que ideas y doctrinas; enseñar a vivir valores cristianos más que el sometimiento a unas normas; desarrollar la responsabilidad personal más que imponer costumbres; introducir en la comunidad cristiana más que desarrollar el individualismo religioso; cultivar la adhesión confiada a Jesús más que resolver de manera abstracta problemas de fe.

En la educación de la fe, lo decisivo es el ejemplo. Que los hijos puedan encontrar en su propio hogar «modelos de identificación», que no les sea difícil saber cómo quién deberían comportarse para vivir su fe de manera sana, gozosa y responsable.

José Antonio Pagola

Domingo 27 de Diciembre – Sagrada Familia –Koinonía.

 

Eclesiástico: Quién teme al Señor honra a sus padres
Salmo 127: Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos
Colosenses 3,12-21: Perdónense mutuamente
Lucas 2,22-40: El niño crecía y se llenaba de sabiduría

Eclesiástico 3,2-6.12.14

El que teme al Señor honra a sus padres

Dios hace al padre más responsable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Salmo responsorial: 127

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor / y sigue sus caminos. / Comerás del fruto de tu trabajo, / serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda, / en medio de tu casa; / tus hijos, como renuevos de olivo, / alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre / que teme al Señor. / Que el Señor te bendiga desde Sión, / que veas la prosperidad de Jerusalén / todos los días de tu vida. R.

Colosenses 3,12-21

La vida de familia vivida en el Señor

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Evangelio.-Lucas 2,22-40

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la Oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

En el presente ciclo B pueden utilizarse también las siguientes lecturas:

Génesis 15,1-6;21,1-3

Te heredará uno salido de tus entrañas

En aquellos días, Abrán recibió en una visión la palabra del Señor: «No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante.» Abrán contestó: «Señor, ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?» Y añadió: «No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará.» La palabra del Señor le respondió: «No te heredará ése, sino uno salido de tus entrañas.» Y el Señor lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.» Y añadió: «Así será tu descendencia.» Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber. El Señor se fijó en Sara, como lo había dicho; el Señor cumplió a Sara lo que le había prometido. Ella concibió y dio a luz un hijo a Abrán, ya viejo, en el tiempo que había dicho. Abrán llamó al hijo que le había nacido, que le había dado Sara, Isaac.

Salmo responsorial: 104

El Señor es nuestro Dios, se acuerda de su alianza eternamente.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre / Dad a conocer sus hazañas a los pueblos. / Cantadle al son de instrumentos, / hablad de sus maravillas. R.

Glorias de su nombre santo, / que se alegren los que buscan al Señor. / Recurrid al Señor y a su poder, / buscad continuamente su rostro. R.

Recordad las maravillas que hizo, / sus prodigios, las sentencias de su boca. / ¡Estirpe de Abrahán, su siervo; / hijos de Jacob, su elegido! R.

Se acuerda de su alianza eternamente, / de la palabra dada, por mil generaciones; / de la alianza sellada con Abrahán, / del juramento hecho a Isaac. R.

Hebreos 11,8.11-12.17-19

Fe de Abrahán, de Sara y de Isaac

Hermanos: Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.» Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

COMENTARIO LITÚRGICO

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, y que no quedará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún, conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de su época y de la cultura greco-romana, la exhortación a virtudes como la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es siempre bienvenida

El evangelio de Lucas que hoy meditamos nos cuenta, dentro del género de los «relatos de la infancia», el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente», la que fue la cristología clásica, se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente, Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», porque ya era perfecto desde siempre… La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría», ¡e incluso «en gracia»!

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a desvincularnos de los planteamientos griegos estáticos, metafísicos. La «encarnación» no se habría dado en un momento, como un chispazo de conexión instantánea entre dos «naturalezas», la divina y la humana, sino que, en todo caso, habría que pensarla como un proceso histórico.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con los demás. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdón. Así procede Dios con nosotros, dice Pablo. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v. 12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v. 14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v. 15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v. 50), como nosotros.

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”).

 

NAVIDAD (B) Fray Marcos

(Is 57,7-10) y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

(Heb 1,1-6) Ahora en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo.

(Jn 1,1-18) En el principio ya existía la Palabra… y Dios era la Palabra.

La Vida que había en la palabra es la misma que hay en mí. Esa vida es más importante que la biológica. Es la que debo desplegar al máximo.

En el evangelio de Lucas que leíamos anoche encontramos un relato folclórico pero simbólico del nacimiento de Jesús. En el de Juan que acabamos de leer, afrontamos  un relato metafísico que se remonta a la esencia de Dios. Es casi imposible descubrir que hacen referencia al mismo ser. En ambos se quiere comunicar el misterio de la encarnación. En ambos, con lenguaje muy diverso, se nos quiere decir lo que es Dios. Pero lo que Dios es, solo podemos conocerlo si descubrimos lo que es Jesús. Por eso es tan importante esta fiesta. Mientras más nos acerquemos al Jesús de Nazaret, mejor podremos vivir lo que él vivió

El misterio de la encarnación no es cosa de niños sino algo muy serio. Tan serio que en él nos va la Vida. Retomamos la idea central de la Navidad: La encarnación es la verdad fundamental del cristianismo, pero no siempre la hemos entendido bien. Estamos sin duda ante la página más sublime de toda la literatura universal que yo conozco. Se trata de himno cristológico anterior al evangelio,  fruto de la experiencia de una comunidad eminentemente mística. Es una condensación de todo su evangelio. Es prólogo pero podía ser epílogo sin perder nada de su esencia. El problema es que si lo afrontamos racional mente no podemos entender nada.

En la encarnación estamos celebrando que Dios se identifica con la creación entera. Los primeros cristianos vivieron la implicación de Dios en Jesús y en cada uno de los seres humanos. Algo incomprensible a la razón pero simple para el corazón. Cundo en el s. II se encontró el evangelio con la Razón griega, los Santos Padres trataron de explicarlo racionalmente y lo complicaron hasta hacerlo irreconocible. Esa complicación se plasmó definitivamente en los s. IV y V, hasta hacerlo inútil para la vivencia espiritual. Nuestra tarea es superar la racionalidad y volver a la vivencia

El primer versículo nos dice ya tres cosas sobre Dios y el Logos: Que el Logos está en el origen (En el principio ya existía la Palabra). Que los dos estaban volcados el uno sobre el otro. (La Palabra estaba junto a Dios). Que aunque distintos uno y otro eran lo mismo (La Palabra era Dios). No se trata de conceptos trinitarios posniceanos. Al comenzar con la misma palabra que el Génesis, nos está diciendo que la encarnación no es el comienzo de algo nuevo, sino la culminación de la creación. El Logos no comenzó, porque es el origen de todo.  Luego se hace carne (comienza a ser en el tiempo) para terminar la creación del hombre.

Al traducir de ‘Logos’ por Palabra, se pierde la originalidad del concepto que quiere expresar el texto. La palaba ‘Logos’ ya existía, pero el concepto que Juan aporta es nuevo. ‘Logos’ se encuentra por primera vez en Heráclito. s. VI a C, (precisamente en Éfeso, donde se escribió este evangelio) y significaba la realidad permanente dentro del devenir de la realidad material. La utilizan los estoicos, Platón, y Filón de Alejandría que la emplea 1.200 veces. En NT tiene un amplísimo significado; desde palabra engañosa hasta el sentido cristológico del prólogo que estamos comentando.

Repito que aquí el concepto es original; no deducible de las distintas tradiciones. No se repite más, ni siquiera en Juan. El concepto es incomprensible sin la experiencia pascual. Sin una profunda experiencia mística no se puede acceder al significado que se quiere expresar. Podíamos decir que es el Proyecto eterno que esa comunidad descubrió realizado en Jesús. Es muy interesante la expresión: «junto a Dios», en griego: vuelto hacia…, volcado sobre. Expresa proximidad pero también distinción. Está en íntima unión por relación pero no se confunda con Dios. Se deja un margen para el misterio. Este dato no siempre lo hemos tenido en cuenta.

Por medio de la Palabra se hizo todo”. En el AT Dios crea siempre por su Palabra. No se trata de un sonido que emite Dios. Otra vez tenemos que ir más allá del significado primero. Quiere decir que Dios al concebir una idea, está creando lo que significa esa idea. Nos está diciendo que el Logos es origen de todo. Con una redundancia, intenta llevarnos más allá de la misma palabra. Al margen de Dios y del Logos, no existe nada. No se trata solamente de lo que existe en el tiempo, sino de todo lo que existe en absoluto material y espiritual.   

Y la tiniebla no la recibió. El mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Esta insistencia tiene que hacernos reflexionar. En Juan se percibe esa lucha  incesante entre la luz y la tiniebla. Era una idea que flotaba en el ambiente de la época. En un escrito de Qunrám se dice: Que la luz no sea vencida por las tinieblas. Ni siquiera los suyos fueron capaces de descubrirla. Tenemos aquí el primer reproche al pueblo judío que no fue capaz de ver en Jesús la Vida que podía llevarle a la comprensión de la ley. Dudo que lo hayamos descubierto nosotros

Pero a cuantos la recibieron… Vemos que lo anterior era una exageración. Unos no la recibieron pero otros sí la recibieron. Se habla aquí de creer en sentido bíblico. No se trata de la aceptación de verdades sino de la aceptación de su persona. Sería: a los que confían en lo que significa Jesús y lo viven, Les da poder para ser hijos de Dios. Tenemos aquí la buna noticia. El que cree es engendrado como hijo de Dios. En Juan, se advierte una diferencia clara en el concepto de hijo cuando se dice de Jesús y cuando se dice de otros. Se descubre que Jesús es Hijo porque actúa como Dios, no porque conozcamos su naturaleza.

Y la Palabra si hizo carne. Meta de toda lo anterior. Se trata de una nueva presencia de Dios. Dios no está ya en el  templo, ni en la tienda del encuentro. Ahora está en Jesús. No se identifica Palabra y Jesús. Se deja una margen para el misterio. En la antropología semita, el hombre se podían apreciar cuatro aspectos: hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu. Se hizo hombre-carne; limitado pero susceptible de Espíritu. Se hizo carne sin dejar de ser Logos, sin dejar de estar volcado sobre Dios se identifica con lo más bajo del hombre.

Los cristianos no hemos sido aún capaces de armonizar la trascendencia con la inmanencia en Dios y en nosotros. En nuestra estructura mental cartesiana, no cabe que una realidad sea a la vez inmanente y trascendente.  Nuestra racionalidad no puede comprender las realidades que están más allá del tiempo y el espacio. Por eso nuestro lenguaje sobre Dios es siempre ambiguo. Dios está más allá que toda realidad, pero a la vez es el fundamento de todo, está siempre encarnándose. En Jesús esa encarnación se manifestó claramente. De esa manera nos abrió el camino para vivirla nosotros. Les da poder para ser hijos de Dios.

Jaunaren Jaiotza (Eguberri) – B

JAINKOA HARAGI EGINA

Jainkoaz eskuarki izan ohi ditugun ideiak eta irudiak berrikustera behartzen gaitu Eguberri jaiak. Beraren benetako aurpegira hurbiltzea eragozten digutelako. Jainkoak ez digu uzten bere burua geure eskematan eta pentsamoldeetan biltzen. Ez du jarraitzen guk seinalatzen dizkiogun bideetan. Ezin aurreikusia da Jainkoa.

Indartsu eta ahaltsu imajinatzen dugu, arranditsu eta ahalguztidun; baina berak haur ahul batengan eskaini digu bere burua, xumetasunik erabatekoenean eta pobretasunean jaio den haur batengan. Kasik beti ezohiko, miresgarri eta harrigarri bezala agertu ohi dugu Jainkoa; bera, ordea, eguneroko, arrunt eta ohiko bezala agertu zaigu. Handitsu eta urruneko imajinatzen du guk; bera, berriz, txiki eta hurbileko egin da.

Ez. Betlehemgo haurragan haragitu den Jainko hau ez da guk espero genezakeena. Ez dago guk imajina genezakeenaren mailan. Haur honek desengaina gaitzake. Alabaina, ez al da Jainko hurbileko hau gure ondoan behar duguna? Ez al da gizatasunaz azaldu duen hurbiltasun hau hobekienik agertzen duena Jainkoaren benetako misterioa? Beraren zinezko handitasuna ez al da agertzen hobekienik haur honen ahuldadean?

Eguberri jaiak adierazten digu, Jainkoaren presentziak ez diela erantzuten beti gure igurikimenei, guk espero dugunari; izan ere, gutxienik espero dugun lekuan ikusten ahal dugu. Dudarik gabe, beraren bila ibili beharra dugu otoitzean eta isiltasunean, egoismoa gainditzeko ahaleginean, beraren borondatea egiteko bizitza leial eta esanekoan; baina nahi duenean eta berak nahi bezala agertzen ahal zaigu, baita bizitzako unerik arruntenean eta ohikoenean ere.

Gaur badakigu, gure harreraren premia duen edozein pertsona babesgabe eta ahularengan aurki genezakeela Jainkoa. Egon daiteke haur baten malkoetan edota adin handiko baten bakardadean. Edozein anai-arrebaren aurpegian aurki genezake haragi eginik gizon agertu nahi izan duen Jainko horren presentzia.

Hauxe da Eguberrietako fede iraultzailea, kristautasunaren eskandalurik handiena, Paulok hotz eta motz honela adierazia: «Kristo Jesusek, jainkozko izaerako izanik, ez zion gogor eutsi nahi izan jainkozko bere mailari; bestela baizik, hustu egin zen bere handi izateaz eta esklabo-izaera hartu zuen, gizakien antzeko eginez. Gizaki huts bezala agertuz» (Flp 2,6-7).

Jainko kristaua ez da Jainko desaragitu bat, urruna eta ezin atzemana. Baizik eta Jainko haragitua da, ondo-ondokoa, hurbila. Nolabait ere uki dezakegun Jainkoa da gizatar dena ukitzen dugun heinean.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Natividad del Señor – B

DIOS ENCARNADO

La Navidad nos obliga a revisar ideas e imágenes que habitualmente tenemos de Dios, pero que nos impiden acercarnos a su verdadero rostro. Dios no se deja aprisionar en nuestros esquemas y moldes de pensamiento. No sigue los caminos que nosotros le marcamos. Dios es imprevisible.

Lo imaginamos fuerte y poderoso, majestuoso y omnipotente, pero él se nos ofrece en la fragilidad de un niño débil, nacido en la más absoluta sencillez y pobreza. Lo colocamos casi siempre en lo extraordinario, prodigioso y sorprendente, pero él se nos presenta en lo cotidiano, en lo normal y ordinario. Lo imaginamos grande y lejano, y él se nos hace pequeño y cercano.

No. Este Dios encarnado en el niño de Belén no es el que nosotros hubiéramos esperado. No está a la altura de lo que nosotros hubiéramos imaginado. Este Dios nos puede decepcionar. Sin embargo, ¿no es precisamente este Dios cercano el que necesitamos junto a nosotros? ¿No es esta cercanía a lo humano la que mejor revela el verdadero misterio de Dios? ¿No se manifiesta en la debilidad de este niño su verdadera grandeza?

La Navidad nos recuerda que la presencia de Dios no responde siempre a nuestras expectativas, pues se nos ofrece donde nosotros menos lo esperamos. Ciertamente hemos de buscarlo en la oración y el silencio, en la superación del egoísmo, en la vida fiel y obediente a su voluntad, pero Dios se nos puede ofrecer cuando quiere y como quiere, incluso en lo más ordinario y común de la vida.

Ahora sabemos que lo podemos encontrar en cualquier ser indefenso y débil que necesita de nuestra acogida. Puede estar en las lágrimas de un niño o en la soledad de un anciano. En el rostro de cualquier hermano podemos descubrir la presencia de ese Dios que ha querido encarnarse en lo humano.

Esta es la fe revolucionaria de la Navidad, el escándalo más grande del cristianismo, expresado de manera lapidaria por Pablo: «Cristo, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de siervo, haciéndose uno de tantos y presentándose como simple hombre» (Filipenses 2,6-7).

El Dios cristiano no es un Dios desencarnado, lejano e inaccesible. Es un Dios encarnado, próximo, cercano. Un Dios al que podemos tocar de alguna manera siempre que tocamos lo humano.

José Antonio Pagola

DOMINGO 4º DE ADVIENTO (B) Fray Marcos

 

(2 Sm 7,1-16) ¿Eres tú quien me va a construir una casa para habitar en ella?

(Rom 16,25-27) Gloria a Dios que ha revelado el misterio de Cristo, escondido.

(Lc 1,26-38) Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

La encarnación de Dios es la clave. Si descubrimos a Dios encarnado en Jesús, podemos afirmar que Dios es encarnación y se encarna en todos.

Los textos que vamos a leer estos días, están tomados del “evangelio de la infancia”. Debemos tomar conciencia del sentido no histórico de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerarlo los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David, que después de   hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él, quien lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad con sacrificios y oraciones.

Lo que Lucas nos propone, es la teología de la encarnación entendida desde el AT. Todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones bíblicas. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lucas toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero, no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos del templo y de la oficialidad.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte.  Alusión también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia”, se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mateo, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lucas; María misma impondrá el nombre a Jesús (Salvado). No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, para un judío, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube que cubría el campamento. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado hace referencia siempre a una misión. El rey ungido era desde ese instante, hijo de Dios. El Espíritu no actúa sobre el cuerpo, sino sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. “De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice Juan. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús fue ‘engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí esta la esclava del Señor. Hemos insistido tanto en los privilegios de María que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien, que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado, Dios no tiene momentos.

Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso el invencible el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no es fácil de comprender. Una y otra vez, hemos vuelto al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos, pero estará también contra nosotros si fallamos.

Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al contrario, en cualquier acontecimiento por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera, es un ídolo.       

Meditación

La disponibilidad de María es la clave del mensaje.

Dejar hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.

Él lo está haciendo todo en cada instante.

Descubrir esta presencia activa,

Es la esencia de toda vida espiritual auténtica.

No tienes que hacer nada ni conseguir nada.

En ti está ya la plenitud, que quieres alcanzar.

Abendualdiko 4. igandea – B (Lukas 1,26-38)

 

JESUS POZ-POZIK ONARTU

Lukas ebanjelaria irakurleek beraren idazkia nolanahi irakurriko zuten beldur zen. Baina iragarri nahi ziena ez zen albiste bat gehiago, ez zen inperioan barna zebiltzan beste hainbat eta hainbat bezalako. Bihotza prestatu behar zuten: poza iratzarri, beldurra bota eta sinetsi Jainkoa hurbil dela, gure bizitza eraldatzeko prest dagoela.

Berdintzeko zail zen arteaz, eszena bat birkreatu zuen Lukasek: Mariak, bere bihotzaren barruenean entzun zuen mezua onartuz, Jesus bere Semearen jaiotza onartu zuen. Guztiok egiten ahal dugu bat Mariarekin, Salbatzailea onartzeko. Nola presta gintezke, ordea, Jesusen gizatasun maite-maitean haragi egin den Jainkoari poz-pozik harrera egiteko?

«Poztu zaitez». Esperientzia on bat bizitzeko prestatu nahi duenak entzungo duen lehen hitza da. Gaur ez gara gai izaten zain eta esperoan egoteko. Haur urduria bezalako izaten gara: dena berehala nahi izaten du. Ez gara gai izaten adi-adi egoteko, geure desiorik sakonenak ezagutzeko bada ere. Besterik gabe, ahaztu egin zaigu Jainkoari itxarotea, eta ez dugu jakiten jadanik poza nola aurkitu.

Bizitzaren alderik hobena galtzen ari gara. Aski izaten dugu ongizateak eskaintzen digun atsegin hutsarekin, plazerarekin eta jolasarekin. Badakigu errorea dela, baina ez gara ausartzen sinestera Jainkoak, fede xumez onartzen badugu, pozik bizitzeko bide berriak azaltzen ahal dizkigula.

«Ez beldur izan». Ezinezkoa da poza, barnetik eta kanpotik mehatxuka ari zaigun beldurrak jota bizi garenean. Nolatan uste izan, sentitu eta jokatu era baikorrean eta esperantzazkoan? Nolatan ahaztu gaitzari aurre egiteko ditugun geure ezintasunaz eta koldarkeriaz?

Ahaztu egin zaigu, garrantzizkoagoa dugula geure barne bizitza zaintzea kanpotik datorkigun guztia baino. Barnez hutsik bizi bagara, zaurgarri izango gara edozeren aurrean. Saretuz joango da Jainkoaganako dugun konfiantza eta ez dugu jakingo nola babestu kalte egiten digunaren kontra.

«Jauna zurekin». Jainkoa indar kreatzailea da, ona eta onik nahi gaituena. Ez gara bizi bakarrik, kosmosean galdurik. Gizadia ez dago bazter utzia. Nondik sortu egiazko esperantza, bizitzaren azken Misteriotik ez bada? Goitik behera aldatzen da den-dena, gizakiak Jainkoa bidelagun sentitzen duenean.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

4 Adviento – B (Lucas 1,26-38)

ACOGER A JESÚS CON GOZO

El evangelista Lucas temía que sus lectores leyeran su escrito de cualquier manera. Lo que les quería anunciar no era una noticia más, como tantas otras que corrían por el imperio. Debían preparar su corazón: despertar la alegría, desterrar miedos y creer que Dios está cerca, dispuesto a transformar nuestra vida.

Con un arte difícil de igualar recreó una escena evocando el mensaje que María escuchó en lo íntimo de su corazón para acoger el nacimiento de su Hijo Jesús. Todos podemos unirnos a ella para acoger al Salvador. ¿Cómo prepararnos para recibir con gozo a Dios encarnado en la humanidad entrañable de Jesús?

«Alégrate». Es la primera palabra que escucha el que se prepara para vivir una experiencia buena. Hoy no sabemos esperar. Somos como niños impacientes, que lo quieren todo enseguida. No sabemos estar atentos para conocer nuestros deseos más profundos. Sencillamente se nos ha olvidado esperar a Dios, y ya no sabemos cómo encontrar la alegría.

Nos estamos perdiendo lo mejor de la vida. Nos contentamos con la satisfacción, el placer y la diversión que nos proporciona el bienestar. Sabemos que es un error, pero no nos atrevemos a creer que Dios, acogido con fe sencilla, nos puede descubrir nuevos caminos hacia la alegría.

«No tengas miedo». La alegría es imposible cuando vivimos llenos de miedos, que nos amenazan desde dentro y desde fuera. ¿Cómo pensar, sentir y actuar de manera positiva y esperanzada? ¿Cómo olvidar nuestra impotencia y cobardía para enfrentarnos al mal?

Se nos ha olvidado que cuidar nuestra vida interior es más importante que todo lo que nos viene desde fuera. Si vivimos vacíos por dentro, somos vulnerables a todo. Se va diluyendo nuestra confianza en Dios y no sabemos cómo defendernos de lo que nos hace daño.

«El Señor está contigo». Dios es una fuerza creadora que es buena y nos quiere bien. No vivimos solos, perdidos en el cosmos. La humanidad no está abandonada. ¿De dónde sacar verdadera esperanza si no es del Misterio último de la vida? Todo cambia cuando el ser humano se siente acompañado por Dios.

José Antonio Pagola

 

Domingo 20 de Diciembre – 4º de Adviento – Ciclo (B) Koinonía

 

2 Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16: Su reino durará por siempre
Salmo 88: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Romanos 16,25-27: El misterio se ha manifestado
Lucas 1,26-38: Darás a luz un hijo

Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16

El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.» Natán respondió al rey: «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»

Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: «Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra.

Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.»»

Salmo responsorial: 88

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, / anunciaré tu fidelidad por todas las edades. / Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, / más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

«Sellé una alianza con mi elegido, / jurando a David, mi siervo: / «Te fundaré un linaje perpetuo, / edificaré tu trono para todas las edades.»» R.

Él me invocará: «Tú eres mi padre, / mi Dios, mi Roca salvadora.» / Le mantendré eternamente mi favor, / y mi alianza con él será estable. R.

Romanos 16,25-27

El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado

Hermanos: Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Evangelio.-Lucas 1,26-38
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

COMENTARIO LITÚRGICO

La lectura del segundo libro de Samuel cuenta que deseando David edificarle una casa (un templo) a Yahvé en Jerusalén (para que sustituir la tienda de campaña en que había sido venerado por aquel pueblo itinerante), Yahvé se dirigió al profeta Natán, para comunicarle que sería al revés: Yahvé le edificará la «casa a David», le constituirá en el poder como una dinastía perpetua. V. 13: «consolidaré tu trono para siempre». V. 16: «Tu casa y tu monarquía durarán para siempre en mi presencia; tu trono permanecerá para siempre». V. 9: «Yo he estado contigo en todas tus empresas, he aniquilado a todos tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra». Por toda esta elaboración teológica creada en torno a la figura de David, éste pasó a ser para los israelitas el rey más grande de toda su historia, una figura que se coloca sólo por detrás de Moisés y del profeta Elías. David viene a ser casi un nuevo patriarca, padre de la gran dinastía de Israel, como Abraham lo sería del pueblo. Con esa promesa divina la figura de David se carga de futuro: un «hijo de David» saldrá de sus entrañas como el Mesías de la nueva Liberación… Todavía hoy, la bandera de Israel es… la estrella de David.

En aquel contexto, los primeros seguidores de Jesús –aunque no necesariamente los primeros estadios históricos del movimiento de Jesús, sino la reflexión de los grupos posteriores, hubieron necesariamente de asumir ese concepto para viabilizar su comprensión de Jesús: Él sería el Hijo de David, el Mesías enviado, en el que se cumple la promesa hecha a David, que quedó hecha añicos cuando Judá fue vencido y desterrado. Jesús será verdaderamente aquel «cuyo reino no tendrá fin», como rezamos en el credo.

Pero cabe preguntar: todo lo que dice la Biblia sobre David, ¿es verdad histórica o elaboración teológica? Quien más nos puede ayudar hoy es la más reciente arqueología bíblica. ¿Qué nos dice ésta? En una síntesis muy apretada nos dice que a pesar de ese versículo 9 más arriba citado –te haré famoso como los más famosos de la tierra– no tenemos más que un solo testimonio extrabíblico sobre David: un fragmento de una inscripción encontrada en Dan –extremo norte de Israel– que testimonia que un rey ha vencido a la «casa de David», sin que sepamos bien a qué hecho se refiere. No aparece el nombre de David en ningún documento de Mesopotamia, ni de Egipto ni de los pueblos circundantes (peor parte lleva Salomón, que no es citado absolutamente por ningún documento extrabíblico). La arqueología actual piensa que el David que tal vez existió, tendría muy poco que ver con el grandioso rey de un poderoso reino que la Biblia nos pinta. Los restos de la Casa de David, actualmente todavía en estado de excavación en Jerusalén, confirman palmariamente esa opinión.

Hoy la arqueología y la historia creen que toda esta parte de la Biblia ha sido escrita, en un primer momento, durante el tempo del rey Josías, que capitanea el Reino de Judá después de que el Reino de Israel haya sido deportado por los babilonios, y necesita aprovechar el momento para expandir el reino del sur, Judá, y para ello necesita echar mano de una historia de «monarquía unida», a la que habría que volver, y unir a todos aquellos territorios dispersos en un único reino panisraelita. Para ello escribieron este libro dedicado enteramente a David, como también la historia de la conquista, en la que Josué figura claramente como el anticipo de Josías, a quien estaría legitimando en sus deseos de expansión por aquellos mismos territorios supuestamente antes conquistados.

El tema es más que interesante: sorprendente (siempre habíamos pensado otra cosa, durante más de dos mil años), desafiante (para el judaísmo, para el cristianismo, para el Estado mismo de Israel…), y para todos nosotros, creyentes que hemos estado pensando desde siempre que estábamos respondiendo a una actuación bien conocida de Dios en nuestra historia. Si la ciencia (historia, arqueología…) nos dicen que ese «relato» no es histórico, que es construido, y que tiene otras explicaciones, sin duda algo entra en crisis y necesita ser repensado.

Estamos en la Navidad, y algo semejante podríamos decir sobre este símbolo: hoy sabemos que Jesús no nació en Belén (de donde procedería simbólicamente el Hijo de David), ni nació el 25 de diciembre (aunque hay que tirar del hilo sobre el significado de esa fecha que se escogió), y que el llamado «evangelio de la infancia», del que hoy leemos un fragmento es también una sofisticada elaboración teológica, no una literal descripción histórica.

Lo que dicen hoy la arqueología y la historia no es baladí, ni es algo que «yo ya lo había oído», como dicen los que no quieren reconocer que estamos en un nuevo nivel de probabilidad científica. Es un momento nuevo. Toda la historia de los patriarcas, de la salida de Egipto y de la entrada en Canaán han sido reenviadas al reino de la leyenda. Podemos seguir «creyendo» (siendo cristianos), pero ha de ser sobre otras bases, (sin empeñarnos en creer lo que la arqueología nos demuestra que no es realidad).

Obviamente, no es éste el lugar para desarrollar este tema, pero sí lo es para recomendarnos vivamente a todos la necesidad de estudiarlo y, sobre todo, replantear las bases de nuestra fe. También la Navidad, con todo ese gran conjunto de sentimientos embargadores, recuerdos familiares, imágenes entrañables… que nos evocan enseguida la vivencia religiosa de nuestra infancia, es un tiempo bueno para replantearnos la fe: ¿en qué pues estamos creyendo? ¿En qué consiste creer? ¿Se trata de creer realmente? ¿Cómo entiendo yo a estas alturas de mi vida la fe cristiana que embargaba mis sentimientos cuando la vivía en el medio familiar siendo niño/a? El tema del desafío de la arqueología/historia está ahí, y no son muchos quienes se atreven a afrontarlo. Tal vez estos días con una oportunidad especial para abordar esa tarea.

Aquí daremos sólo una indicación, que incluye bastante bibliografía (accesible) que permite ahondar y ensanchar el pensamiento. Ojalá lo puedan hacer en grupo, en la comunidad. El texto es: «Nuevo paradigma arqueológico-bíblico». En la red, en pdf, puede recogerse en https://goo.gl/x9YcxD Como htm puede leerse en el número 442 de la RELaT (Revista Latinoamericana de Teología), de los servicios Koinonía (http://www.servicioskoinonia.org/relat/442.htm). Para más bibliografía sobre este nuevo paradigma (y otros), véase servicioskoinonia.org/BibliografiaNuevosParadigmas.pdf

 

DOMINGO 3º DE ADVIENTO (B) Fray Marcos

(Is 61,1-11) El Espíritu está sobre mí. Me ha enviado para dar la buena noticia.

(1 Tes 5,16-24) Estad alegres. No apaguéis el espíritu. Quedaros con lo bueno.

(Jn 1,6-8,19-28) Yo soy la voz. Yo bautizo con agua…

Como Juan solo somos un espejo pero que puede reflejar toda la Luz. Lo importante de ti no es lo que eres por ti mismo sino lo que tienes de Dios.

Las lecturas nos invitan a repensar nuestra condición de criaturas limitadas, pero con posibilidades infinitas. El tono es de alegría. La verdadera alegría nace del descubrimiento de lo que somos en Dios. No solo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres. Puede ser interesante hablar de la alegría justo en este momento que estamos rodeados de pandemia. ¿Qué alegría buscamos en esta fiesta?

El primer paso sería diferenciar el placer y el dolor de la alegría y la tristeza. El placer y el dolor son mecanismos, que la evolución ha desplegado para asegurar nuestra supervivencia como individuos y como especie. Son respuestas automáticas del organismo ante lo que es bueno o perjudicial para nuestra biología. Si el contacto con el fuego no me produjera dolor, me abrasaría sin poner remedio alguno.

El placer que nos proporciona la biología, no es malo. Pero las necesidades de placer no tienen límite y nunca quedan satisfechos. Debemos encontrar otro camino para desplegar una vida feliz. Esa alegría es la clave para alcanzar la felicidad de permanece en el tiempo. La alegría es un estado que debemos alimentar desde dentro. Nacerá de un verdadero conocimiento de nuestro ser y de la estructura de nuestra psicología. 

Una alegría que perdure, tiene que estar fundamentada en nuestro ser profundo, no en lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana. No se puede apoyar en la riqueza, en la fama, en los honores; realidades que vienen de fuera de nosotros mismos. Pero tampoco se puede apoyar en la salud, en la belleza, en el culto al cuerpo, porque también esas realidades son efímeras y antes o después las perderemos.

Nuestra principal tarea como seres humanos es descubrir ese verdadero ser y vivir desde la perspectiva de su realidad inconmovible. Entonces nuestra alegría será completa y nuestra felicidad absoluta y duradera. El ser felices o desgraciados, no depende de las circunstancias que nos rodean, sino de la manera como cada uno respondemos a esas influencias de lo externo y de lo interno.

Es probable que el versículo 6 fuera el principio del evangelio de JN. Muchos libros del AT comienzan así: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba…” Los otros 10 versículos son la continuación del prólogo, y nos narran una misión de los “judíos”. Da por supuesto que el lector conoce lo que el Bautista hacía en el desierto de Judea. Empieza con el interrogatorio al que le someten los enviados. Eran los responsables del orden, por tanto, no tiene nada de extraño que se preocupen por lo que está haciendo.

La pregunta es simple: ¿Tú quién eres? Existían varias figuras mesiánicas. La principal era el Mesías, pero también la de un profeta escatológico (como Moisés). La de Elías que volvería. Juan atrajo mucha gente a oír su predicación y a participar en su bautismo. La pregunta quería decir: ¿Con cual de las figuras mesiánicas te identificas? La respuesta es también sencilla: Con ninguna: No soy el Mesías ni Elías ni el Profeta. No quedan   satisfechos y le exigen que defina su papel. La respuesta es también simple: Soy una voz.

Allanad el camino al Señor. Es el grito de todo profeta. Esto es lo que nos dice Jesús por activa y por pasiva. Lo que debemos tener en cuanta hoy es que “el Señor” no tiene que venir de fuera sino dejarle surgir desde dentro. Con esta salvedad, esta sugerencia sigue siendo la clave de toda religiosidad. ¿Cómo conseguirlo? Apartando de nosotros todo lo que impide esa manifestación de lo divino en nosotros, el egoísmo e individualismo.

Entonces, ¿por qué bautizas? No se identifica con ninguno de los personajes previsibles, pero se siente enviado por Dios. La pregunta lleva en sí una acusación. Es un usurpador. El hecho de bautizar estaba asociado a una de las tres figuras anteriores. Consideran su bautismo como un movimiento en contra de las instituciones. En realidad, era el símbolo de una liberación de las autoridades.

Yo bautizo con agua. La justificación de su bautismo es humilde. Se trata de un simple bautismo de agua. El que ha de venir bautizará en espíritu santo. Esta distinción entre dos bautismos, agua y Espíritu es típicamente cristiana, se trae a colación para dejar, una vez más, bien calara la diferencia entre la propuesta de Juan y la de cristiano.

Entre vosotros hay uno que no conocéis. El bautista habla de una presencia velada que no es fácil de descubrir. Es el recuerdo de lo que les costó conocer a Jesús. Esa dificultad permanece hoy. Incluso los que repetimos como papagayos que Jesús es Hijo de Dios, no tenemos ni idea de quién es Dios y quién es Jesús. Ni lo tenemos como referente ni significa nada en nuestras vidas. En el mejor de los casos, lo único que nos interesa es la doctrina, la moral y los ritos oficiales para alcanzar una seguridad externa.

Para entender la relación entre la figura del Bautista y Jesús, es imprescindible que nos acerquemos a la narración sin prejuicios. Para nosotros, esto no es nada fácil, porque lo que primero hemos aprendido de Jesús, es que era el Hijo de Dios, o simplemente que era Dios. Desde esta perspectiva, no podremos entender nada de lo que pasó en la vida real de Jesús. Este prejuicio distorsiona todo lo que el evangelio narra. Lucas dice que Jesús crecía en estatura, en conocimiento y en gracia ante Dios y los hombres.

Jesús desplegó su vida humana como cualquier otro ser humano. Como hombre, tuvo que aprender y madurar poco a poco, echando mano de todos los recursos que encontró a su paso. Fue un hombre inquieto que pasó la vida buscando, tratando de descubrir lo que era en su ser más profundo. Su experiencia personal le llevó a descubrir donde estaba la verdadera salvación del ser humano y entró por ese camino de liberación. Si no entendemos que Jesús fue plenamente hombre, es que no aceptamos la encarnación.

Es comprensible que los primeros cristianos no se sintieran nada cómodos al admitir la influencia de Juan Bautista en Jesús. Esta es la razón por la que siempre que hablan de él los evangelios, hacen referencia al precursor, que no tiene valor por sí mismo, sino en virtud de la persona que anuncia. A pesar de ellos tenemos muchos datos interesantes sobre Juan Bautista. Incluso de fuentes extrabíblicas. El primer dato histórico sobre Jesús que podemos constatar en fuentes no bíblicas, es el bautismo de Jesús por Juan.

Jesús aceptar la propuesta de Juan, pero no renunció a seguir buscando. Eso le llevó a distanciarse de él, yendo más allá de él en muchos puntos. Están de acuerdo en que no basta la pertenencia a un pueblo ni los rituales externos para salvarse. Es necesaria una actitud interior de apertura a Dios que se traduzca en obras. Juan insiste en una estrategia para escapar del castigo. En Jesús prevalece una propuesta de amor de Dios a todos y definitiva. Enseña la manera de participar del amor no solo de escapar de la ira.

Meditación

“No era él la luz, sino testigo de la luz”.

La luz física no puede ser percibida directamente.

El ojo ve los objetos que reflejan la luz que los alcanza.

Es ser humano Jesús, tampoco era la Luz,

Pero dejaba ver con toda claridad la Luz que es Dios.

La Luz te está alcanzando siempre. ¡Refléjala!

Abendualdiko 3. igandea – B (Joan 1,6-8.19-28)

ARGIAREN LEKUKO

Gauza bitxia da nola aurkezten digun laugarren ebanjelioak Joan Bataiatzailearen irudia. «Gizon» bat da, beste nolakotasunik eta zehaztasunik gabeko. Ez digu ezer esaten beraren jatorriaz, ez gizarte-izaeraz. Bataiatzaileak berak ere badaki ez dela garrantzizko pertsona. Ez da Mesias, ez Elias, ezta guztiek espero duten Profeta ere. Honela dakusa bere burua, soil-soilik: «basamortuan oihu hau egiten duen ahotsa: Zelaitu bidea Jaunari». Alabaina, «argiaren testigu» bidali du Jainkoak, guztien fedea esnatzeko gai delarik. Argia eta bizia kutsa ditzakeen pertsona da. Zer da, ordea, argiaren lekuko izatea?

Joan Bataiatzailea bezalakoa izan ohi da lekukoa. Ez da harrotzen bere buruaz. Ez da ibiltzen nola izango besteak ez bezalako, ezta nola nabarmenduko ere. Ez du amesten inori zirrara eragitea. Soil-soilik, bere bizitza konbentzimenduz bizitzea du asmo guztia. Nabari ohi zaio Jainkoak argitzen diola bizitza. Bere bizieraz eta sinesteko eraz irradiatzen du.

Argiaren lekukoa ez da oso hiztuna, baina ahots bat da. Nahastezin den zerbait bizi du. Bera biziarazten duen hura komunikatzen du. Ez du esaten ezer Jainkoaren gainean, baina «zerbait» kutsatzen du. Ez du irakasten doktrina erlijiosorik, baina sinestera gonbidatzen du. Lekukoaren bizitzak erakarri egiten du eta zaletasuna iratzartzen. Ez du inor erruduntzat jotzen. Ez du gaitzesten. Jainkoarekiko konfiantza kutsatzen du, beldurra utzarazten du. Bideak irekitzen ditu beti. Bataiatzailea bezalako izan ohi da, «Jaunari bidea zelaitzen dio».

Lekukoa ahul sentitzen da eta pertsona mugatu. Askotan egiaztatzen du, beraren fedeak ez duela izaten gizartean ez sostengurik, ez oihartzunik. Are gehiago, nabari ohi du, axola-ezak edo ukoak inguratzen duela bera. Baina Jainkoaren lekukoak ez du juzgatzen inor. Gainerakoak ez ditu hartzen areriotzat, borrokatu edo konbentzitu beharrekotzat: Jainkoak badaki nola topo egin bere seme-alabetako bakoitzarekin.

Esan ohi da, gaurko mundua «basamortu» bihurtzen ari dela; baina lekukoak agertzen digu, badakiela berak zerbait Jainkoaz eta maitasunaz, badakiela zerbait gizakiak bere baitan duen zoriontasun-egarria asetzeko «iturburuaz» eta asetzeko moduaz. Lekuko txikiz betea dago bizitza. Fededun xume dira, apal, ezagunak beren inguruan bakarrik. Pertsona barru-barrutik onak dira. Egiaren maitatik eta maitasunaren baitatik bizi dira. Horiek digute Jainkoaganako «bidea zelaitzen». Elizan dugun alderik hobena dira.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Adviento – B (Juan 1,6-8.19-28)

TESTIGOS DE LA LUZ

Es curioso cómo presenta el cuarto evangelio la figura del Bautista. Es un «hombre», sin más calificativos ni precisiones. Nada se nos dice de su origen o condición social. Él mismo sabe que no es importante. No es el Mesías, no es Elías, ni siquiera es el Profeta que todos están esperando. Solo se ve a sí mismo como «la voz que grita en el desierto: Allanad el camino al Señor». Sin embargo, Dios lo envía como «testigo de la luz», capaz de despertar la fe de todos. Una persona que puede contagiar luz y vida. ¿Qué es ser testigo de la luz?

El testigo es como Juan. No se da importancia. No busca ser original ni llamar la atención. No trata de impactar a nadie. Sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer.

El testigo de la luz no habla mucho, pero es una voz. Vive algo inconfundible. Comunica lo que a él le hace vivir. No dice cosas sobre Dios, pero contagia «algo». No enseña doctrina religiosa, pero invita a creer. La vida del testigo atrae y despierta interés. No culpabiliza a nadie. No condena. Contagia confianza en Dios, libera de miedos. Abre siempre caminos. Es como el Bautista, «allana el camino al Señor».

El testigo se siente débil y limitado. Muchas veces comprueba que su fe no encuentra apoyo ni eco social. Incluso se ve rodeado de indiferencia o rechazo. Pero el testigo de Dios no juzga a nadie. No ve a los demás como adversarios que hay que combatir o convencer: Dios sabe cómo encontrarse con cada uno de sus hijos e hijas.

Se dice que el mundo actual se está convirtiendo en un «desierto», pero el testigo nos revela que algo sabe de Dios y del amor, algo sabe de la «fuente» y de cómo se calma la sed de felicidad que hay en el ser humano. La vida está llena de pequeños testigos. Son creyentes sencillos, humildes, conocidos solo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos «allanan el camino» hacia Dios. Son lo mejor que tenemos en la Iglesia.

José Antonio Pagola