Los obispos actuales, en su gran mayoría, fueron nominados para estar al frente de una Iglesia
- más jerárquica y piramidal que corresponsable o participativa;
- más moralizante y poseedora de la verdad que dialogante y propositiva;
- más en la sacristía que en las periferias del mundo;
- más controladora de los díscolos que atenta a los clamores de los parias y crucificados de nuestro tiempo
- y más partidaria de las llamadas “verdades innegociables” o de la ley moral natural que de la misericordia evangélica. Leer más









