Entrevista a Ricardo Seitenflus, representante brasileño de la OEA en Haití (dada en Suiza con Arnaud Robert).
Traducción libre al español (de la versión original francés) de Julín Acosta, SICSAL.
10,000 cascos azules. Según su visión, una presencia contraproducente…
La forma de prevención de litigios en el marco del sistema “onusience” no se adapta al contexto haitiano. Haití no es una amenaza internacional. No estamos en situación de guerra civil. Haití no es ni Irak ni Afganistán. Y por tanto, el Consejo de Seguridad, a la falta de alternativa, después de la salida del presidente Aristide, hay impuesto cascos azules desde 2004. A partir de 1990, estamos aquí en nuestra misión onusiense haitiana. Haití, después de 1986 y luego de la partida de Jean Claude Duvalier, el país vive lo que yo llamo un conflicto de baja intensidad. Estamos confrontados en las luchas por el poder entre los actores políticos que no respectan el juego democrático. Pero me parece que Haití, en el escenario internacional, paga, esencialmente, su gran proximidad con los EE.UU. Haití ha sido objeto de una atención negativa por parte del sistema internacional. Por el lado de la ONU se ha tratado de congelar el poder y de transformar “los haitianos en prisionero de su propia isla”. La angustia de los boat people (personas que huyen en “pateras”) explica con amplitud las decisiones de la comunidad internacional frente a Haití. Se quiere, a todo precio, para Haití, el repliegue confinado.