Jon Sobrino
Redes Cristianas
Ver a la Iglesia “en pobreza y sin poder” nunca ha tenido mucho éxito, y si se hace de ello algo central ni siquiera en el Vaticano II, tan importante y decisivo en muchas otras cosas. Sí lo tuvo en Medellín, y en Puebla todavía pudo salir con bien ante graves maniobras en su contra.
Pero desde hace tres décadas el deterioro es inocultable. Dice Comblin: “Después de Puebla comenzó la Iglesia del silencio. La Iglesia empezó a no tener nada que decir”. Y aunque Aparecida ha supuesto un pequeño freno, en la Iglesia no ha ocurrido todavía aquel “revertir la historia” que exigía Ellacuría para sanar una sociedad gravemente enferma. La conclusión es que hay que volver a una Iglesia de los pobres, y trabajar por ello. En El Salvador, después de Monseñor Romero, el deterioro es claro, y de ahí la necesidad de recomposición eclesial`. Leer más
El teológo cree que “es necesario derribar el endiosamiento de los jueces que cuando fallan se creen intocables”.
Hubo un tiempo en que se creía que el sol era un ser divino. Los antiguos entendían de esa manera a ese «ser» que se escondía cada noche y reaparecía cada nuevo amanecer para llenarles de luz y vida. Muchas culturas así lo pensaban y le dedicaron un verdadero culto. Construyeron templos y elaboraron incluso diversas teologías. Aunque parezca absurdo, mucho de lo que decían y hacían eran fruto de la observación y del sentido común. No hay más que leer el himno a Aton (el disco solar) escrito por el faraón Akhenatón. Está lleno de sensibilidad, y de una profunda espiritualidad.
Texto de Benjamín Forcano en la Presentación