José M. Vidal
RELIGIÓN DIGITAL
Estimado Don Fernando: Habíamos saludado con gozo el capelo que le ha concedido el Papa que se dice su «alumno». Entre otras cosas, porque pensábamos que era un premio a su trayectoria de hombre del Concilio y de teólogo de cabecera del cardenal Tarancón. Y un signo de que el cambio de timón romano estaba llegando también a España. A los pocos días, nos hemos quedado boquiabiertos y con un palmo de narices. Primero dijo aquello de que «las mujeres que abortan quieren quitarse de en medio al hijo para disfrutar de la vida». Nunca había escuchado (de boca de un eclesiástico de alto rango) una idea tan injusta y tan peregrina. Y pensé que había tenido usted un lapsus. Leer más

Religión Digital: D. Fernando ha representado un pensamiento teológico y pastoral de primer nivel en el episcopado español. Es sólido y plenamente actual


![jose-maria-castillo7[1]](http://www.herrieliza.org/000/wp-content/uploads/2014/01/jose-maria-castillo71-300x138.jpg)

El Papa sigue marcando la hoja de ruta de su revolución tranquila, que comienza por su propia casa vaticana. Y concreta, incluso, el perfil de sus ayudantes. Tiene claro como no los quiere: Fuera los chismosos. Y también como deberían ser: «Santos, profesionales y servidores». Tres cualidades que van a marcar los nombres de los nuevos curiales de Francisco, la nueva hornada de altos, medios y bajos funcionarios de la maquinaria vaticana. Absténganse carreristas y cotillas.
A través de una exhortación apostólica, una categoría de documento utilizado por los jerarcas católicos para comunicar directrices de acción de la Iglesia, el Papa Francisco atacó el capitalismo sin límites como “una nueva tiranía invisible” e instó a los líderes globales a combatir la pobreza y la creciente desigualdad. El documento “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio), difundido la semana pasada, se basa en las conclusiones del Sínodo de Obispos sobre la Nueva Evangelización, celebrado en octubre pasado, y ha sido completado con reflexiones del pontífice. En éste, Francisco I establece una plataforma para su pontificado, pidiendo una renovación de la Iglesia Católica y ampliando las visiones que ha difundido en sermones y comentarios hacia todo el mundo.