DOMINGO   2 7  (A)  Fray Marcos

(Is 5,1-7) Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.

(Flp 4,6-9) Todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

(Mt 21,33-43) Arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos.

Entre Dios y tú no puede haber intermediario alguno. Si alguien te quiere dominar en su nombre, te está engañando.

De las tres parábolas con que responde Jesús a los jefes religiosos (los dos hijos a la viña, los viñadores homicidas y el banquete de boda), la de hoy es la más provocadora. Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía, lo que había sucedido ya.

Aunque el relato puede verse como parábola, el mismo Mt nos la presenta como una alegoría, donde, a cada elemento del relato, corresponde un elemento metafórico espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo elegido. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados una y otra vez, son los profetas.  El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo, a quien se ha entregado la viña, que tiene que producir abundantes frutos, es la comunidad cristiana.

El relato del evangelio es copia, casi literal, del texto de Isaías. Pero si nos fijamos bien, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo (viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de dar uvas, dio agrazones. En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se le podía ocurrir.

Como los domingos anteriores, se nos habla de la viña. Una de las imágenes más utilizadas en el AT para referirse al pueblo elegido. Seguramente, Jesús recordó muchas veces, el canto de Isaías a la viña; sin embargo, no es probable que la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesto la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios les rechazara para elegir a otro pueblo. Por lo tanto, está reflejando una reflexión de la comunidad cristiana muy posterior a Jesús.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. Esto era inaceptable y un gran escándalo para los judíos que consideraban la Ley y el templo como la obra definitiva de Dios, y ellos, sus destinatarios exclusivos. El relato no sólo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazada como pueblo elegido.

Recordemos que entre la Torá (Ley) y el mensaje del Jesús, existe un peldaño que a veces olvidamos, y que seguramente hizo posible que la predicación de Jesús prendiera, al menos en unos pocos. Recordad las veces que se dice en el evangelio: “para que se cumplieran las escrituras”. Ese escalón intermedio fueron los profetas, que dieron chispazos increíbles en la dirección correcta; aunque no fueron escuchados. Muchas de las enseñanzas de Jesús, y precisamente las más polémicas, ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada es ahora la piedra angular, es ya la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús no pudo contemplar el rechazo del pueblo judío como la causa de su muerte. Jesús nunca pretendió una nueva religión, ni inventarse un nuevo Dios. Jesús fue judío por los cuatro costados, y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros, sobrepasa el pensamiento bíblico. El pueblo elegido es castigado, pero permanece como elegido.

 Tendremos verdadera dificultad en aplicarnos la parábola si partimos de la idea de que aquellos jefes religiosos eran malvados y procedían por mala voluntad. Nada más lejos de la realidad. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que les perdió fue la falta de autocrítica y confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños y señores del pueblo.

No se pone en duda que la viña de frutos. Se trata de criticar a los que se aprovechan de los frutos que corresponden al Dueño. A Jesús le mataron por criticar el mal uso que  hacían los jefes de la religión. Atacó radicalmente los dos pilares sobre los que se sustentaba. No criticó el templo y la Ley en sí sino la interpretación que hacían de ambos. También nuestros dirigentes son administradores y no dueños de la viña. La tentación de aprovechar la viña en beneficio propio es hoy la misma que en tiempo de Jesús.

La historia no demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo, con la voluntad de Dios. Esta tentación es mayor cuanto más religiosa sea la comunidad. Esa posibilidad no ha disminuido un ápice en nuestro tiempo. El primer paso para llegar a esta nefasta actitud es separar el interés de Dios del interés del ser humano concreto y personal. El segundo paso es oponerlos. Dados estos pasos ya tenemos justificado que se pueda machacar impunemente al hombre en nombre de Dios.

¿Qué espera Dios de mí? Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Él es el que se nos da totalmente. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros. Lo que Dios quiere es que todas y cada una de sus criaturas alcance el máximo de ser. Como seres humanos, tenemos que alcanzar nuestra plenitud precisamente por nuestra humanidad. Desde que nacemos tenemos que estar en constante evolución. Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.

¿De qué frutos nos habla el evangelio? Los fariseos eran los cumplidores estrictos de la Ley.  Isaías dice: “esperó de ellos derecho y hay tenéis asesinatos; espero justicia y ahí tenéis lamentos. La Torá hubiera dicho: esperó sacrificios, esperó un culto digno, esperó oración, esperó ayuno, esperó el cumplimiento de la Ley.  Al pedir derecho y justicia demuestra que el bien del hombre es lo más importante. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.

La denuncia nos afecta a todos, porque todos tenemos algún grado de autoridad y todos la utilizamos buscando muestro propio beneficio en lugar de buscar el bien de los demás. No sólo el superior autoritario que abusa de sus súbditos como esclavos a su servicio, sino también la abuela que dice al niño: si no haces esto, o dejas de hacer aquello, Jesús no te quiere. Siempre que utilizamos nuestra superioridad para domesticar a los demás, estamos apropiándonos de los frutos que no son nuestros.

Urteko 27. igandea  José A. Pagola

A (Mateo 21,33-43)

KRITIKA ZORROTZA BURUZAGI ERLIJIOSOEI- DURA CRÍTICA A LOS DIRIGENTES RELIGIOSOS

«Mahasti-langile giza hiltzaileen» parabola da, dudarik gabe, bere herriko buruzagi erlijiosoen aurka Jesusek jaulki zituenetako gogorrena. Ez da gauza erraza jatorrizko kontaera zein den jakitea, baina ez zen, segur aski, oso desberdina gaur egun irakur dezakegun ebanjelio-tradiziotik.

Protagonista nabarmenenak mahastia lantzeko ardura duten laborariak dira, inondik ere. Makurra da, benetan, beraien jarduera. Ez dute inolaz ere mahastia arduraz eta maitasunez, ezeren faltarik izan ez dezan, zaintzen duen jabearen antzik.

Ez dute onartzen mahastiaren jabe den jauna. Berek izan nahi dute jabe bakarrak. Bata bestearen ondoren, jabeak pazientzia sinestezinaz bidali dizkien zerbitzariak garbitu egin dituzte. Ez dute errespetatu semea bera ere. Iritsi denean, «mahastitik kanpora bota dute» eta erail. Obsesio guztia «ondarearen jabe izatea» dute.

Zer egiten ahal du jabeak? Mahasti-langile horiek garbitu eta mahastia «fruitua emango dioten» beste batzuen esku jarri. Tragikoa da Jesusen konklusioa: «Nik diotsuet, zuei kendu egingo zaizuela Jainkoaren erreinua eta fruitua emango duen beste herri baten esku utziko dela».

Jerusalem hiria 70. urtean suntsitu ondoren, baiespen bezala irakurri zuten gaurko parabola hau: Elizak hartu zuela Israel herriaren txanda; halere, ez zen interpretatu «Israel berrian» mahastiaren jabearekiko leialtasuna bermaturik balego bezala.

Jainkoaren erreinua ez da Elizarena. Ez da hierarkiaren jabetza. Ez da teologo hauen edo beste haien jabetza. Aita du jabe bakarra. Inor ez da sentitu behar beraren egiaren edo espirituaren jabe. Jainkoaren erreinua «bere fruituak ematen dituen herriarena» da: zuzentasunaren, gupidaren eta azkenak direnekiko defentsaren fruituak, alegia.

Gaur egungo eta betiko Elizak gerta dakiokeen tragediaren handiena profeten ahotsa erailtzea izango luke, apaiz nagusiek «Jaunaren mahastiaren» jabe direla uste izatea eta guztien artean bota dezagun Semea «kanpora» esatea, beraren Espiritua itoz. Elizak erantzuten ez badie beragan beraren Jaunak ipiniak dituen esperantzei, Jainkoak salbazio-bide berriak irekiko ditu fruitua emango duten herrietan.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 DURA CRÍTICA A LOS DIRIGENTES RELIGIOSOS

La parábola de los «viñadores homicidas» es, sin duda, la más dura que Jesús pronunció contra los dirigentes religiosos de su pueblo. No es fácil remontarse hasta el relato original, pero, probablemente, no era muy diferente del que podemos leer hoy en la tradición evangélica.

Los protagonistas de mayor relieve son, sin duda, los labradores encargados de trabajar la viña. Su actuación es siniestra. No se parecen en absoluto al dueño que cuida la viña con solicitud y amor para que no carezca de nada.

No aceptan al señor al que pertenece la viña. Quieren ser ellos los únicos dueños. Uno tras otro, van eliminando a los siervos que él les envía con paciencia increíble. No respetan ni a su hijo. Cuando llega, lo «echan fuera de la viña» y lo matan. Su única obsesión es «quedarse con la herencia».

¿Qué puede hacer el dueño? Terminar con estos viñadores y entregar su viña a otros «que le entreguen los frutos». La conclusión de Jesús es trágica: «Yo os aseguro que a vosotros se os quitará el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

A partir de la destrucción de Jerusalén el año 70, la parábola fue leída como una confirmación de que la Iglesia había tomado el relevo de Israel, pero nunca fue interpretada como si en el «nuevo Israel» estuviera garantizada la fidelidad al dueño de la viña.

El reino de Dios no es de la Iglesia. No pertenece a la jerarquía. No es propiedad de estos teólogos o de aquellos. Su único dueño es el Padre. Nadie se ha de sentir propietario de su verdad ni de su espíritu. El reino de Dios está en «el pueblo que produce sus frutos» de justicia, compasión y defensa de los últimos.

La mayor tragedia que puede sucederle al cristianismo de hoy y de siempre es que mate la voz de los profetas, que los sumos sacerdotes se sientan dueños de la «viña del Señor» y que, entre todos, echemos al Hijo «fuera», ahogando su Espíritu. Si la Iglesia no responde a las esperanzas que ha puesto en ella su Señor, Dios abrirá nuevos caminos de salvación en pueblos que produzcan frutos.

José Antonio Pagola

Domingo 27º T. O. Koinonía

Isaías 5,1-7

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Salmo responsorial: 79

La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto, / expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. / Extendió sus sarmientos hasta el mar, / y sus brotes hasta el Gran Río. R.

¿Por qué has derribado su cerca / para que la saqueen los viandantes, / la pisoteen los jabalíes / y se la coman las alimañas? R.

Dios de los ejércitos, vuélvete: / mira desde el cielo, fíjate, / ven a visitar tu viña, / la cepa que tu diestra plantó, / y que tú hiciste vigorosa. R.

No nos alejaremos de ti: / danos vida, para que invoquemos tu nombre. / Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, / que brille tu rostro y nos salve. R.

Filipenses 4,6-9

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Mateo 21,33-43

Arrendará la viña a otros labradores

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice:  ¿”No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Algunos seguimos aferrados a unas celebraciones más aptas para las generaciones pasadas que para la sociedad actual. Pretendemos hacer oír una «palabra religiosa» alejada de la realidad que vivimos, expresada en un lenguaje teórico, con poco sabor de la vida y nuestra problemática actual… La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos. Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día…

Miremos a los profetas, que pueden orientarnos en este sentido. Ellos siempre mantuvieron una actitud crítica frente a las instancias de poder, y simultáneamente, vivían en medio del pueblo. Isaías, por ejemplo, no duda en utilizar una vieja canción romántica, sobre una viña, para comunicar con eficacia su mensaje. No teme que lo tilden de coplero de amoríos, o que la gente piense que sus recursos didácticos no están a la altura requerida. Para Isaías lo importante era hacer captar al decadente reino de Judá los peligros evidentes de una política interna ejercida mediante el autoritarismo, la represión y el inmediatismo. Y la maestría de su «servicio de la palabra», comprometido y vital, accesible y a la vez profundo, quedó reflejado en la «Canción de la viña» que hoy escuchamos como primera lectura.

Ocurre otro tanto con la predicación de Jesús, como podemos ver en el evangelio de hoy. Se vale del mismo tema de la viña para expresar su mensaje.

Muchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza.

Para Jesús, el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos «de buena voluntad», o sea, todas las personas que tengan como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. Porque, como dice esa maravillosa canción litúrgica (el salmo 71 musicado por Miguel Manzano), el Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia, Amor». Por eso es por lo que no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género, o de cualquier otro tipo accidental: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo propuso esto, sino que lo realizó con su práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó profundos y agudos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos, esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, a los enfermos (impuros) y a las pecadoras… era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que, fuera de Israel y de su particular religión, no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos, y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf Lc 15,32).

Las denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11,26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39).

Jesús, el ‘Hijo del hombre’, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 99 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «La viña del Señor». El audio, el guión y su comentario bíblico-teológico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/99-la-vina-del-senor/

DOMINGO 26 T.O – José Luis Sicre

FE ADULTA

IR POR LANA Y SALIR TRASQUILADO

Esto es lo que ocurre a los nuevos protagonistas que presenta el evangelio de Mateo. Hasta ahora, sacerdotes y “ancianos” (equivalentes a nuestros senadores) no han desempeñado papel alguno. Jesús no ha tenido contacto con ellos en Galilea. Pero ahora, cuando la liturgia, en un vuelo asombroso, nos traslada a Jerusalén durante el lunes santo, se presentan ante Jesús pidiéndole cuentas de lo que ha hecho el día antes, cuando purificó el templo, expulsando a mercaderes y cambistas, y curó en el recinto sagrado a cojos y ciegos, a los que estaba prohibida la entrada en el templo.

Una pregunta y tres respuestas

Lo anterior va a provocar que los responsables religiosos (sacerdotes) y políticos (ancianos) le pregunten a Jesús: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado esa autoridad?». El evangelio de Mateo responde en tres pasos.

1) En el primero, Jesús pone a las autoridades entre la espada y la pared, preguntándoles: «El bautismo de Juan, ¿de dónde venía, de Dios o de los hombres?» Viendo el peligro de comprometerse en un sentido o en otro, responden: «No lo sabemos». Y Jesús termina con un escueto: «Pues yo tampoco os digo con qué autoridad hago esto».

2) Inmediatamente pasa al contrataque, con la parábola que leemos este domingo: la de los dos hijos (Mt 21,28-32).

3) Sin interrupción, añade una nueva parábola: los viñadores homicidas, que leeremos el próximo domingo.

En conjunto, la denuncia de sacerdotes y ancianos es durísima: 1) no se atreven a dar una opinión sobre Juan Bautista; 2) son peores que los recaudadores de impuestos y las prostitutas, que sí le hicieron caso a Juan; 3) para apoderarse de una viña que no les pertenece, deciden asesinar al hijo del propietario (Dios).

No es raro que, tras escuchar estas tres acusaciones, decidieran matar a Jesús.

La lectura de hoy se centra en el segundo punto.

Obras son amores, y no buenas razones

La historieta que propone Jesús es tan fácil de entender que sus enemigos caen en la trampa. ¿Quién cumple la voluntad del padre? ¿El hijo protestón y maleducado que termina haciendo lo que le piden, o el hijo amable y sonriente que hace lo que le da la gana? La respuesta es fácil: el primero. Lo importante no es decir palabras bonitas; tampoco importa protestar mucho. Lo importante es hacer lo que el padre desea. «Obras son amores, y no buenas razones».

Pero Jesús saca de aquí una consecuencia asombrosa. Es preferible vivir de mala manera, si al final haces lo que Dios quiere, que vivir de forma aparentemente piadosa y negarse a cumplir la voluntad de Dios. Dicho con las palabras hirientes del evangelio: es preferible ser prostituta o ladrón, si al final te conviertes, que ser obispo, sacerdote, o pertenecer a cualquier congregación o institución religiosa y ser incapaz de convertirse.

¿En qué consiste la conversión? Nueva sorpresa. No se trata de aceptar a Jesús y su mensaje, sino a Juan Bautista, que mostraba el camino de la justicia, de la fidelidad a Dios, como primer paso hacia el evangelio. Con ello, Jesús responde indirectamente a la pregunta que no habían querido responder las autoridades: «¿De dónde procedía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres?» El bautismo de Juan era cosa de Dios, su predicación marcaba el camino recto. Las prostitutas y los recaudadores, representados por el hijo protestón, pero obediente, creyeron en él. Las autoridades religiosas, representadas por el hijo tan amable como falso, no le creyeron.

¿Tirando piedras contra el propio tejado?

Lo curioso de esta interpretación de la parábola es que parece volverse contra Juan y contra Jesús. Los que dan testimonio a su favor son gente indigna de crédito, prostitutas y explotadores; quienes lo rechazan o se abstienen, personalidades religiosas de buena fama, los sacerdotes. Puestos a elegir, ninguna persona piadosa aceptaría la opinión de unos cuantos drogatas y unas pocas prostitutas en contra de lo que decida una Conferencia Episcopal.

Además, el judío piadoso de tiempos de Jesús (como muchos cristianos piadosos de nuestro tiempo) está convencido de que no necesita convertirse. Y si en algo tiene que cambiar, el camino no deben indicárselo personas tan extrañas y discutibles como Juan Bautista, Martin Lutero King, Oscar Romero, Pedro Casaldáliga o el Papa Francisco.

Así adquieren pleno sentido las palabras de Jesús: «los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios». Para entrar en ese reino, hay que abrirse a una nueva forma de vida, aunque suponga un corte drástico y doloroso con la vida anterior. La institución religiosa seguirá firme en sus trece, incluso utilizará el argumento de la parábola para rechazar a Juan y a Jesús. Sin embargo, el Reino se irá incrementando con esas personas indignas de crédito, pero que creen en quien les muestra el camino de una nueva forma de fidelidad a Dios. Esas personas que, como dice el profeta Ezequiel en la primera lectura, son capaces de recapacitar y convertirse.

 José Luis Sicre

Se acerca la fase universal del Sínodo de la sinodalidad: «La reforma eclesial no es opcional»

Religión Digital

Me hace falta la parte del debate, de la fundamentación, de la reflexión. El Espíritu es el protagonista, sin duda, pero no suple la responsabilidad humana de hacer juicios críticos y válidos para avanzar en cualquier dimensión humana, incluida la eclesial

Seguramente algunos participantes tendrán una postura más crítica y una voz más profética, otros serán más receptores sin demasiada audacia para dar su contribución o sin demasiado pensamiento crítico para plantear temas cruciales. No faltarán los que estarán atentos a que no salgan demasiadas divergencias para evitar debates

Falta la voluntad de hacerlo. Daría la impresión al leer estas breves referencias sobre estos temas en relación con las mujeres o que, efectivamente no se pidió en las consultas al pueblo de Dios, o se fue diluyendo en las sucesivas síntesis de los aportes

Hay una porción de Iglesia muy ajena a todo este proceso, pero también hay otra porción de Iglesia muy comprometida con este camino sinodal. Por una parte, los convocados directamente por el proceso sinodal y, por otra, todas estas redes que en su compromiso de fe y de amor a la Iglesia trabajan incansablemente por una reforma eclesial que abarque tantos aspectos urgentes, entre ellos, la inaplazable participación plena de las mujeres en ella

Estamos a puertas del inicio de la fase universal del Sínodo de la sinodalidad. Las fechas previstas son del 4 al 29 de octubre. En los días previos, los participantes, tendrán un retiro de preparación al evento. Sabemos que esta será la primera reunión porque habrá otra en octubre del próximo año. De ahí que no se pueden esperar conclusiones definitivas al final de este encuentro, pero esperamos que se avance en algunos aspectos y esto vaya afirmándose en la vida de la Iglesia. Veremos sí así es…Leer más (Consuelo Vélez)…

¿Tiene porvenir esta Iglesia?

ECLESALIA,

–  Hay una diferencia abismal entre el conocimiento de la cosmología del tiempo de Jesús y la actual. Entonces se creía que sólo existían la Tierra, el Sol y la Luna. El resto de las luces del firmamento eran sólo luminarias de la bóveda celeste.

La Creación, según el Génesis sólo tuvo lugar en la Tierra y más concretamente en la parte del mundo conocido en la antigüedad: el «Creciente Fértil» (Mesopotamia), Egipto, Líbano, Palestina y ya en tiempo del Imperio Romano los países que rodean el mar Mediterráneo y algunas noticias de lugares europeos a cuyos habitantes los romanos llamaban bárbaros. Los únicos humanos eran los habitantes de la Tierra.

Hoy, gracias a los grandes telescopios, sabemos que el universo es inmensamente grande, quizá infinito, y que nuestras más cercanas galaxias están a miles de años luz de la Tierra. Es lógico pensar que en planetas lejanos podrían vivir seres parecidos a nosotros (o diferentes) y que el fin del mundo en nuestro planeta no supondría el final de la vida en el Universo.

En el resto de los conocimientos humanos ha habido un crecimiento parecido, tanto en las ciencias como en los inventos, que de una forma acelerada está cambiando radicalmente tanto la vida, como la estructura del pensamiento humano. Nuestro acerbo cultural ha cambiado tan radicalmente que las enseñanzas de la Iglesia no son comprendidas por nuestros contemporáneos. Es inútil que la Iglesia predique las enseñanzas bíblicas, cargadas de relatos míticos, metáforas, parábolas y escritos proféticos de hace miles de años, que las generaciones actuales consideran algo así como cuentos infantiles…Leer más…

D O M I N G O   2 6  (A) T.O. – Fray Marcos

(Ez 18,25-28) Es injusto mi proceder, ¿No es vuestro proceder el justo?

(Flp 2,1-11) “Tened los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús”.

(Mt 21,28-32) “El primer hijo dijo: ‘no quiero’. Pero después recapacitó y fue”.

 Los hechos son los que van a misa, las palabras las lleva el viento. Los humanos necesitamos rectificar para alcanzar la meta.

 Es muy peligroso creerse perfecto. Lo importante es descubrir los fallos y rectificar lo que se ha hecho mal. La pura teoría no sirve para nada, solo la vida salva. Lo que digamos o lo que proclamemos son solo palabras vacías, mientras no vayan acompañadas por una actitud vital, que inevitablemente se manifestará en las obras. En el evangelio de Juan, Jesús pone como instancia definitiva sus obras. “Si no me creéis a mí, creed a las obras”.

 El domingo pasado nos hablaba de jornaleros. Hoy nos habla de hijos. En el AT, el pueblo, en su conjunto, se consideraba hijo de Dios. Jesús distingue ahora dos hijos: los que se consideran verdaderos israelitas y los que los jefes religiosos consideran pecadores. Recordemos que ser hijo significaba hacer siempre la voluntad del padre. Un buen hijo era el que salía al padre. El que dejaba de hacer la voluntad del padre, dejaba de ser hijo. ¿Quién hizo la voluntad del padre? quiere decir: ¿Quién es verdadero Hijo?

Jesús se enfrenta a los jefes religiosos, como respuesta a la oposición que los evangelios manifiestan. Todos los evangelios dejan clara esa lucha a muerte de las instancias religiosas contra Jesús. Sin embargo, no podemos sacar de estas parábolas argumentos antisemitas. Las prostitutas y los recaudadores de impuestos, que Jesús pone por delante de los jefes religiosos, eran también judíos; y los primeros cristianos eran todos judíos.

Los fariseos no tenían nada de qué arrepentirse, eran perfectos, porque decían “sí” a todos los mandamientos. Consideraban que tenían derecho al favor de Dios, por eso rechazan de plano, el cambio que les propone Jesús. Como los de primera hora del domingo pasado exigen mayor paga por su trabajo. Para ellos es intolerable que Dios pague lo mismo al que no ha trabajado. No se dan cuenta de que su respuesta es solamente formal, sin compromiso vital alguno. El espíritu de la Ley no les importaba.

El escándalo está servido: Para Jesús no hay duda, los que se consideran buenos son los malos, y los malos son los buenos. Los primeros eran lo estrictos cumplidores de la Ley, los segundos ni la conocían ni podían cumplirla. Los primeros ponían su empeño en el cumplimiento externo de las normas. Los otros buscaban una posibilidad de hacerse más humanos, porque se sabían pecadores. Jesús deja claro cual es la voluntad de Dios, y quien la cumple, pero también deja claro que tanto los unos como los otros, son hijos.

Los recaudadores y las prostitutas os lleven la delantera en el Reino. Es una de las frases más hirientes que pudo decir Jesús a los jerifaltes religiosos. Eran las dos clases de personas más denigradas y odiadas por las instancias religiosas. Pero Jesús sabía muy bien lo que decía. El organigrama religioso-social de su tiempo era represivo e injusto. Que esa situación se mantuviera en nombre de Dios no podía aguantarlo quien había descubierto un Dios, que quiere es el bien de todos los seres humanos.

No se alude en el relato a las otras dos situaciones que se pueden dar: El hijo que dice sí y va a trabajar a la viña; y el hijo que dice no, y no va. En estos dos casos no hay posibilidad de equivocarse ni cabe la pregunta de quién cumple la voluntad del padre. Lo que pretende el relato es advertir sobre el engaño en que puede caer el que interprete superficialmente y a la ligera la situación del que dice “sí” y del que dice “no”.

 No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental. Como conclusión general, tenemos que decir que los hechos son lo importante, y que las palabras sirven de muy poco. La praxis prevalece siempre sobre la teoría. El evangelio no nos invita a decir primero no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer; pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación radical y admite la posibilidad de rectificación, después de “recapacitar”, dice el texto.

Nuestras actitudes religiosas son incoherentes. Llevamos muchos siglos haciendo una religión de ritos, doctrinas y preceptos. Desde el bautismo decimos “sí voy”, pero nos quedamos siempre en donde estamos. No hay más que ver lo que se entiende por “practicante” para darse cuenta de que no tiene nada que ver con las exigencias del evangelio. Ser cristiano es descubrir la voluntad del Padre y cumplirla siempre y en todo. Nos estamos yendo cada vez más por las ramas y alejándonos de la raíz del evangelio.

Se nos llena la boca proclamando pomposamente que somos cristianos, pero hay muchos que, sin serlo, cumplen el evangelio mucho mejor que nosotros. El fariseísmo se ha convertido en moneda corriente entre nosotros, y damos por hecho que basta hablar del evangelio u oír hablar de él y aceptar su mensaje para tranquilizar nuestra conciencia. Hay un refrán que lo expresa muy bien: “Obras son amores y no buenas razones”.

En la primera lectura ya se nos dice que ni siquiera los mayores fallos son definitivos. Podemos en cualquier momento rectificar la trayecto­ria equivocada. Los errores cometidos pueden ayudarnos a encontrar el camino verdadero. Nuestro conocimiento es limitado y tenemos que aceptar esta condición porque es parte de nuestra naturaleza. No podemos pretender, ni para nosotros ni para los demás, la perfección. Cuando exigimos a un ser humano ser pluscuamperfecto estamos exigiéndole que deje de ser humano.

Solo la experiencia me dice qué es lo que me deteriora y qué es lo que me enriquece como ser humano. Cuando damos por absoluta una norma nos negamos a progresar. El gran peligro es creer que Dios nos ha dado directamente esa norma. Desde esa perspectiva se siguen cometiendo verdaderas barbaridades en contra del ser humano. El Dios de Jesús nunca puede ir en contra del hombre; las normas que hemos promulgado en su nombre, sí. Entender la religión como verdades absolutas, es fundamentalismo.

También hoy podemos ir más allá de la parábola. Ni siquiera las obras tienen valor absoluto. Las obras pueden ser la manifestación de una actitud vital, pero pueden ser fruto de una programación desconectada de nuestro verdadero ser. Los fariseos cumplían todas las normas, pero lo hacían mecánicamente, sin ninguna sinceridad de corazón. No pierdas el tiempo tratando de situarte en una de las partes. Todos estamos diciendo “no” cada tres por cuatro, y todos estamos diciendo “sí” con una pasmosa ligereza.

Quiero resaltar el paralelismo de esta parábola con la del hijo pródigo. En ambas la actitud del padre es decisiva, aunque no se suele tener en cuenta. En aquella cultura ser hijo significaba por encima de todo obedecer al padre, resalta su actitud ante los dos. Confía en las palabras del segundo, pero no toma represalias contra el segundo rebelde. Mantiene la esperanza y crea un ámbito que hace posible la recapacitación del primero. El hijo deja de ser hijo, pero el padre sigue siendo padre y sigue confiando en el hijo.

Urteko 26. igandea – 26 Domingo T.O.  José Antonio Pagola

Prostitute in fishnet stockings try to stop the car

A (Mateo 21,28-32)

AURREA HARTUKO DIZUETE – OS LLEVAN LA DELANTERA

Parabola hain xinplea da, duintasun gutxi duela ematen baitu Jesus bezalako profeta batentzat. Alabaina, ez du esan beraren inguruan korrika dabilen haur-taldearentzat, baizik eta «apaiz nagusi eta herriko zaharrentzat», tenplura iristen denean erasoka hasten baitzaizkio.

Kontaeraren arabera, aita batek bere bi semeei mahastira lanera joan daitezen eskatu die. Lehenak zakar erantzun dio: «Ez dut nahi», baina ez da ahaztu aitaren eskariaz eta mahastira joan da lanera. Bigarrenak prestasun harrigarriz erreakzionatu du: «Jakina, bada; banoa, jauna», baina hitz huts gelditu da dena. Inork ez du ikusiko seme hori mahastian lanean.

Argia da parabolaren mezua. Jesusi entzuten ari zaizkion buruzagi erlijiosoak ere bat datoz aita horrekin. Jainkoaren aurrean, ordea, garrantzizkoa ez da «hitz egitea», baizik eta «egitea». Zeruko Aitaren borondatea betetzeko, gauza erabakitzailea ez dira hitzak, promesak eta errezoak, baizik eta egintzak eta eguneroko bizitza.

Harritzekoa Jesusek egin duen esleitzea izan da, aplikazioa. Beraren hitzak ezin gogorrago dira. Mateo ebanjelariak bakarrik jaso ditu, baina ez da dudarik Jesusenak direla. Jesusek bakarrik zuen askatasun hori buruzagi erlijiosoen aurrean: «Nik diotsuet publikanoek eta prostituituek aurrea hartu dizuetela Jainkoaren erreinurako bidean».

Bere esperientziaz mintzo da Jesus. Buruzagi erlijiosoek «bai» esan diote Jainkoari. Lehenengoak dira Jainkoaz, beraren legeaz eta beraren tenpluaz hitz egiten. Baina Jesusek dei egin dienean «Jainkoaren erreinua eta beraren zuzentasuna bilatzera», itxi egin zaizkio mezuari eta ez dira sartu beraren bidean. «Ez» esan diote Jainkoari Jesusi aurrez aurre jarriz.

Zerga-biltzaileek eta prostituituek «ez» esan diote Jainkoari. Legez kanpo bizi dira, tenplutik bazterturik. Halaz guztiz, Jesusek Jainkoaren adiskidetasuna eskaini dienean, entzun egin dute deia eta bihotz-berritzeko bideari ekin diote. Jesusentzat dudarik ez da: Zakeo publikanoak, bere oinak malkoz busti dizkion emakume prostituituak eta beste hainbatek… aurrea hartu diete «Jainkoaren erreinurako bidean».

Bide honetan aurretik doaz, ez fede-aitorpen arranditsuak egin dituztenak, baizik eta Jesusi ireki zaizkionak Aitaren egitasmorako konbertsio-urrats zehatzak eginez.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

26 Tiempo ordinario – A (Mateo 21,28-32)

OS LLEVAN LA DELANTERA

La parábola es tan simple que parece poco digna de un gran profeta como Jesús. Sin embargo, no está dirigida al grupo de niños que corretea a su alrededor, sino a «los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo», que lo acosan cuando se acerca al templo.

Según el relato, un padre pide a dos de sus hijos que vayan a trabajar a su viña. El primero le responde bruscamente: «No quiero», pero no se olvida de la llamada del padre y termina trabajando en la viña. El segundo reacciona con una disponibilidad admirable: «Por supuesto que voy, señor», pero todo se queda en palabras. Nadie lo verá trabajando en la viña.

El mensaje de la parábola es claro. También los dirigentes religiosos que escuchan a Jesús están de acuerdo. Ante Dios, lo importante no es «hablar», sino «hacer». Para cumplir la voluntad del Padre del cielo, lo decisivo no son las palabras, promesas y rezos, sino los hechos y la vida cotidiana.

Lo sorprendente es la aplicación de Jesús. Sus palabras no pueden ser más duras. Solo las recoge el evangelista Mateo, pero no hay duda de que provienen de Jesús. Solo él tenía esa libertad frente a los dirigentes religiosos: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios».

Jesús está hablando desde su propia experiencia. Los dirigentes religiosos han dicho «sí» a Dios. Son los primeros en hablar de él, de su ley y de su templo. Pero, cuando Jesús los llama a «buscar el reino de Dios y su justicia», se cierran a su mensaje y no entran por ese camino. Dicen «no» a Dios con su resistencia a Jesús.

Los recaudadores y prostitutas han dicho «no» a Dios. Viven fuera de la ley, están excluidos del templo. Sin embargo, cuando Jesús les ofrece la amistad de Dios, escuchan su llamada y dan pasos hacia la conversión. Para Jesús no hay duda: el publicano Zaqueo, la prostituta que ha regado con lágrimas sus pies y tantos otros… van por delante en «el camino del reino de Dios».

En este camino van por delante no quienes hacen solemnes profesiones de fe, sino los que se abren a Jesús dando pasos concretos de conversión al proyecto del Padre.

José Antonio Pagola

DOMINGO 1 OCTUBRE, 26 T.O.-KOINONÍA

Ezequiel 18,25-28

Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida

Así dice el Señor: «Comentáis: «No es justo el proceder del Señor.» Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»

Salmo responsorial: 24

Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, / y todo el día te estoy esperando. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas; / no te acuerdes de los pecados / ni de las maldades de mi juventud; / acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.

Filipenses 2,1-11

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús

Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todo el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

[Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.]

Mateo 21,28-32

Recapacitó y fue

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acerco al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.» Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

La conversión de aquellos que el sistema religioso considera pecadores debería ser una señal profética con el poder de arrastrar a todos hacia el camino del bien. Sin embargo, esto no es lo que ocurre. Cada sistema religioso organiza sus valores en escalas jerárquicas en las que cuenta más la posición que la propia conciencia. El profeta Ezequiel y el evangelio se refieren a esta terrible realidad: los que se consideran a sí mismos salvados son incapaces de cambiar su manera de pensar para abrirse a la acción de Dios. Los más ilustres representantes de la religión (sacerdotes judíos, fariseos, escribas, etc.) incurren en el pecado de la falsa conciencia religiosa, es decir en la pretensión injustificada de considerarse salvados por sus propios méritos y no por la gracia de Dios. Pablo nos presenta una aguda reflexión sobre este problema y nos llama la atención sobre aquellos elementos de discernimiento que nos permiten evaluar nuestras prácticas cotidianas a la diáfana luz del amor misericordioso y del servicio solidario.

El profeta Ezequiel llama la atención a su pueblo, envuelto en intrigas, enajenado por las permanentes conspiraciones contra el imperio babilonio. La situación era extremadamente precaria luego de la primera deportación en el año 597 a.e.c. Los líderes del pueblo habían sido obligados a marchar a tierras extranjeras y vivían en condiciones extremadamente precarias. La situación en Jerusalén era extremadamente volátil. La falta de discernimiento, la manipulación de los sentimientos patrióticos y el oportunismo de los nuevos lideres los dejaban a la merced de una nueva y devastadora intervención de Babilonia como efectivamente ocurrió en el año 587 a.e.c. En medio de tanta tensión, caos y confusión el profeta hace un llamado a la cordura y al buen juicio. La falsa consciencia religiosa estaba inflando los planes de las autoridades del Templo y de los altos funcionarios de la corte. Se consideraban a sí mismos propietarios de la salvación y personas más allá del ‘bien y del mal’. Ezequiel los llama a la humildad y la honestidad, al servicio al pueblo y a la justicia, pues, en nombre del bien de la patria no cesaban de cometer crímenes e injusticias que contradecían el fundamento jurídico y ético de la alianza de Yahvé con su pueblo. Considerarse a si mismo justo, mientras se comenten las peores atrocidades no es sino un engaño inútil. El bien consiste en el respeto del derecho y en la práctica de la justicia.

La parábola que hoy nos propone Jesús –en el evangelio de Mateo, como todos estos domingos– denuncia igualmente la falsa conciencia religiosa. La viña es la realidad del mundo, en la que el trabajo siempre es arduo y urgente. A esa viña el Padre envía a sus dos hijos. La respuesta de los dos es ambigua. Sin embargo, sólo el compromiso del que inicialmente se había negado al trabajo nos permite descubrir quién actuó coherentemente. De este modo Jesús denuncia a aquellos dirigentes y a todo el pueblo que públicamente se compromete a servir al Señor, pero que es incapaz de obrar de acuerdo con sus palabras. Actitud que contrasta con aquellos que aunque parecen negarse al servicio, terminan dando lo mejor de sí en la transformación de la viña.

Esta parábola plantea un dilema que pone al descubierto la praxis de sus oyentes y que, leída a la luz de los acontecimientos de la época de Jesús nos muestra cómo los que eran considerados pecadores por el aparato religioso eran, en realidad, los únicos atentos a la voz del profeta. La conversión no es un asunto de solemnes proclamas o de prolongados ejercicios piadosos, sino un llamado impostergable a la justicia y al discernimiento. Las palabras de Jesús herían la sensibilidad religiosa de sus contemporáneos que se consideraban auténticos seguidores de Yavé e inigualables hombres de fe, porque colocaba delante de ellos el testimonio de aquellas personas que eran consideradas una lacra social: las prostitutas y los publicanos.

Prostitutas y publicanos no sólo eran profesiones terriblemente despreciadas, sino que quienes las ejercían eran considerados personas asquerosas e inadmisibles entre la gente de bien. Jesús ridiculiza todas esas valoraciones lanzadas desde los pedestales del sistema religioso y muestra, con los hechos, que ni siquiera la presencia de un profeta tan grande como Juan Bautista es capaz de transformar las conciencias anquilosadas y estériles de aquellos que se consideran salvados únicamente por el alto cargo que ejercen en el aparato religioso.

Pablo nos muestra la misma realidad, desde el interior de la comunidad cristiana. Los creyentes, por sus mismas buenas intenciones, están más expuestos a crearse una falsa conciencia religiosa que los lleve a considerarse superiores a los demás o definitivamente salvados. El único criterio para determinar la autenticidad de las prácticas cristianas es lo que el llama ‘entrañas de misericordia’, o sea, el amor incondicional por aquellas personas excluidas y víctimas de la opresión y la miseria. Para Pablo, los cristianos no se pueden examinar únicamente a la luz de criterios piadosos, sino a la luz de la práctica de Jesús que actuó siempre en el mundo con entrañas de misericordia.

Más allá de una interpretación limitada al contexto judío del momento de Jesús, esta palabra suya puede y debe elevarse a categoría universal y a principio teórico: el de “la primacía del hacer sobre el decir, de la praxis sobre la teoría”. Un hermano dijo que sí, muy dispuesto, pero sus hechos desmintieron sus palabras: su palabra verdadera, su palabra práctica, fue un no. El otro hermano pareció estar desde el principio fuera del camino de la salvación, por sus palabras negativas e inaceptables; pero a pesar de sus palabras, él, tal vez recapacitó en su corazón, y, de hecho fue a la viña: «hizo» la voluntad del Padre. Decir/hacer, teoría/praxis, pensar/practicar…: el Evangelio está claramente decantado a un lado, sin vacilaciones, en estas disyuntivas.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 96 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Las prostitutas van delante». El audio, el guión y su comentario teológico-bíblico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/96-las-prostitutas-van-delante/.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo (5 minutos de entrevista a Jesús en su segunda venida a la Tierra) titulada «¿Las prostitutas primero?», que se puede tomar de: https://radialistas.net/52-las-prostitutas-primero/.

Diez años del caso Pagola: ¿Deberían pedir perdón quienes le persiguieron por su libro sobre Jesús?

Religión Digital

Fue hace diez años, aprovechando el período de sede vacante tras la renuncia de Benedicto XVI, cuando, por fin, desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, vencidas las presiones “del grupo español”, en referencia a un puñado de obispos, llegó la resolución definitiva que reconocía que ‘el Jesús’ de José Antonio Pagola no contenía ninguna proposición contraria a la fe.

“Sufrí mucho en los más de cinco años que duró todo el proceso, no solo por la tensión de vivir esperando el veredicto de Roma, sino porque algunos sectores muy importantes de la Iglesia me condenaban», ha reconocido Pagola

«Según algunos medios, yo hacía daño a la Iglesia. Me dolía mucho ver sufrir a mi familia y a tantos amigos que me apreciaban mucho. No sabía qué decirles ni cómo explicarles lo que estaba sucediendo”

Fue hace diez años, aprovechando el período de sede vacante tras la renuncia de Benedicto XVI, cuando, por fin, desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, vencidas las presiones “del grupo español”, en referencia a un puñado de obispos, llegó la resolución definitiva que reconocía que ‘el Jesús’ de José Antonio Pagola no contenía ninguna proposición contraria a la fe.

“No me ha pedido corregir ningún error doctrinal”, reconocía el propio teólogo vasco en carta a sus lectores, que por entonces se contaban ya por decenas de miles en las varias ediciones y en varios idiomas -entre ellos el chino- de aquella obra editada por PPC que tantas alegrías le ha dado, aunque los sinsabores que le han provocado quienes a los tres meses de publicada comenzaron a señalarle con el dedo, han dejado mella en quien fuera el vicario general de San Sebastián…Leer más…(José Lorenzo)