Enzo Bianchi: La reforma de la Iglesia

Religión Digital

Lamentablemente, lo que se está viviendo en la Iglesia católica con el desarrollo del «proceso» sinodal querido por el Papa Francisco aún no se comprende en su importancia decisiva

«Lo que está sucediendo es claramente nuevo para cualquiera que sepa aunque sea un poco sobre la vida eclesial cristiana: Francisco ha puesto en marcha un proceso que esta vez podría conducir a una reforma de la Iglesia»

«La gran novedad está en esta actitud del Papa Francisco, que él a su vez comunica a la Iglesia: acoger la dinámica, el desarrollo, la evolución, el crecimiento de la doctrina, de la comprensión teológica»

«No faltan límites en este camino, sin embargo, al ofrecer y practicar este modelo de toma de decisiones, la iglesia también ofrece a la sociedad humana un camino para una vida social más fraterna y solidaria, es decir, más humanizada»

Lamentablemente, lo que se está viviendo en la Iglesia católica con el desarrollo del «proceso» sinodal querido por el Papa Francisco aún no se comprende en su importancia decisiva. Los no católicos piensan que sólo estamos discutiendo cuestiones internas de la vida de la Iglesia y, por tanto, poco interesantes, y la mayoría de los católicos ya no tienen una esperanza firme en la renovación de la Iglesia.

Sin embargo, lo que está sucediendo es claramente nuevo para cualquiera que sepa aunque sea un poco sobre la vida eclesial cristiana. No soy un entusiasta entusiasta ni un adulador del Papa, pero Francisco ha puesto en marcha un proceso que esta vez podría conducir a una reforma de la Iglesia…Leer más (Enzo Bianchi)

No corren buenos tiempos para las víctimas de pederastia de la iglesia

Diario de Noticias de Navarra

A veces parece que los acontecimientos se llevan por delante los temas que nos interesan. Las elecciones, los conflictos y las investiduras parece que dejaran frenado el recorrido de la pederastia.

Como denunciantes y víctimas de abusos en nuestra infancia hemos realizado un enorme esfuerzo para romper el silencio. Silencio autoimpuesto por vergüenza y por temor.

Siendo niños no entendimos lo que nos hacían y temíamos a los clérigos docentes, que aprovechaban su superioridad para realizar sus abusos.

Hace ya más de cuatro años que comenzamos a reunirnos para compartir el dolor con otras víctimas, plantear estrategias que terminaran por reconocernos como tales y demandar respuesta a la jerarquía católica por su silencio y sus mentiras.

La recepción de nuestros testimonios en radio y prensa fue alta. El goteo continuo de nuevos casos generaba expectación. La sociedad en general nos mostraba respeto y consideración.

El Gobierno de Navarra, a través de Eduardo Santos como consejero de Justicia, inició un camino de reconocimiento de víctimas de pederastia que nunca dejaremos de agradecer.

Esperemos que la nueva consejera de Justicia mantenga la política de su antecesor. Nos preocupa que sus tres consejerías, unidas a la portavocía del Gobierno, le impidan ocuparse suficientemente…Leer más (Marcos Leyún)

DOMINGO  30  (A) – Fray Marcos

(Ex 22,21-27) “No explotarás a viudas ni a huérfanos”.

(1 Es 1,5-10) “como abandonando los ídolos os volvisteis a Dios”

(Mt 22,34-40) «Amar a Dios y al prójimo sostienen la ley y los profetas”. 

 El amor de Dios no es relación sino identificación con Él. El amor a Dios consiste en vivir esa unidad con Él y con los demás.

La pregunta sobre el tributo al Cesar se la hicieron los fariseos y herodianos. A continuación, los saduceos le hicieron otra pregunta sobre la resurrección de los muertos, en la que ellos no creían. Quieren ridiculizar la creencia en otra vida con el supuesto de siete hermanos que estuvieron casados con la misma mujer. Jesús desbarata sus argumentos.  Por eso, a continuación, el texto de hoy dice: “Al oír que había hecho callar a los saduceos”, los fariseos vuelven a la carga: ¿Cuál es el primer mandamiento?

La pregunta no era tan sencilla. La mayoría consideraba que todos los mandamientos tenían la misma importancia. Otros defendían que guardar el sábado era el primero. Había quien defendía el amor a Dios como el principal. A nadie se le había ocurrido que el principal mandamiento, eran dos. Jesús responde recitando la “shemá” (escucha), que todo israelita recitaba dos veces cada día (Dt 6, 4-9). Jesús hace referencia al (Lev 19,18) pero elimina la primera parte que dice: “no guardarás rencor ni tomarás venganza de los hijos de tu pueblo”, con lo que deja claro quién es el prójimo al que hay que amar.

La originalidad de Jesús está en unir los dos mandamientos. De hecho, lo único que hace es citar dos textos del AT. No se trata solo de una yuxtaposición o de una equiparación. Se trata de una identificación en toda regla, que, además, prepara el terreno a Juan para poder decir con rotundidad: un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 13,34). Es el mandamiento nuevo, que convierte la Ley en vieja. Después de 20 siglos, seguimos sin aceptar la diferencia entre AT y NT.

El valor absoluto de cada persona es una propuesta exclusiva de Jesús. Hasta entonces el individuo no contaba más que como perteneciente e integrado en el grupo. Desde esa perspectiva, lo único que interesaba era las manifes­taciones del amor, no el amor mismo. De ese modo, el precepto recaía sobre las manifestaciones. El amor que exige Jesús, no se puede alcanzar con el cumplimiento de un precepto. Ya no se trata de una ley, sino de una actitud. “Un amor que responde a su amor”. El amor que pide Jesús no se impone.

El concepto de “prójimo” es modificado por Jesús de manera sustancial. Para un judío, prójimo era el que pertenecía al pueblo y, a lo sumo, el prosélito. Jesús desbarata esa barrera y postula que todos somos exactamente iguales para Dios. El cristianismo no siempre ha sabido trasmitir esta idea de igualdad y hemos seguido creyendo, como los judíos de todos los tiempos, que nosotros somos los elegidos y que Dios es nuestro Dios.

Jesús no propone amor a Dios ni un amor a él mismo. Dios ni ama ni puede ser amado, es amor. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios sino con relación al hombre. Cuando seguimos proponiendo los mandamientos de la “Ley de Dios” como marco para la vida de la comunidad, es que no hemos entendido el mensaje de Jesús. S. Agustín dijo: Ama y haz lo que quieras. Y Pablo: Quien ama ha cumplido el resto de la Ley. No se trata de una nueva Ley, sino de hacer inútil toda ley, toda norma, todo precepto.

El “como a ti mismo” es también superado por Jesús: “como yo os he amado” necesitaría un comentario más extenso. Únicamente diré, que el amor solo se puede dar entre iguales. Si considero superior o inferior al otro, mi relación con él nunca será de amor. Desde esta perspectiva, ¿a dónde se van todas nuestras “caridades”? Lo que nos pide Jesús es que quiera para los demás todo lo que estoy deseando para mí.  ¡De verdad creo hacer caridad cuando doy al mendigo la ropa usada que ya no voy a utilizar!

Una vez más tenemos que resaltar la imposibilidad de aceptar el mensaje de Jesús sin abandonar la idea de Dios del AT. Esta es la trampa en la que cayeron los primeros cristianos que eran todos judíos. Aquí está la clave para entender tantas aparentes contradicciones en los evangelios. Lo que pide Jesús es más de lo que puede enseñar una religión. La excesiva fidelidad a la institución, nos impide alcanzar el mandamiento nuevo. Por eso Jesús criticó tan duramente las instituciones religiosas de su tiempo (Templo, Ley, culto); se habían convertido en un obstáculo para llegar al hombre.

A Dios no se le puede amar directamente ni mucho ni poco. Dios no es un sujeto con el que me pueda relacionar. No es nada distinto de mí. Amar a Dios y amar al prójimo es un único acto. Dios y el prójimo no se pueden separar. Tampoco Dios puede amar a sus criaturas porque no son nada fuera de Él. Demuestro que estoy abierto al Amor si amo a todos. Si dejo de amar a una persona, puedo estar seguro de que lo que me mueve no es amor, sino egoísmo, instinto, pasión, interés o la simple programación.

El amor no responde a necesidad alguna de mi ego. Acontece en la profundidad del ser, incluyendo todos sus aspectos. Es el único camino para un crecimiento armónico del ser, impidiendo que la parte material y biológica del mismo, se imponga y arrastre a la parte espiritual, malogrando sus posibilidades de ser humano. El superar el egoísmo no significa una renuncia a nada sino plenitud de humanidad. No suprime ninguno de los aspectos de nuestra humanidad, sino que los colma y les da su verdadero sentido.

El amor es consecuencia del conocimiento. Los escolásticos decían: “no se puede amar nada, si antes no se conoce”. Pero no basta con conocer, debo conocerlo como bueno para mí.  El conocimiento racional será siempre egoísta, solo puede apreciar lo que es bueno para mi falso ser. Solo de un conocimiento vivencial puede nacer el verdadero amor. Si necesito motivos interesados para amar, no es amor. Si amamos para hacer un favor, tampoco funciona. Tengo que descubrir que soy yo el que me enriquezco al amar. Ese enriquecimiento se produce en mi verdadero ser, y eso no nos interesa demasiado.

El mayor peligro a la hora de comprender el amor evangélico es que lo confundimos con el deseo de que el otro me quiera. El deseo de que otro me ame es instintivo y no va más allá del egoísmo. La mayoría de las veces, cuando decimos te amo, en realidad queremos decir: “quiero que me quieras”. Esto no tiene nada que ver con el mensaje de Jesús. Cuando oímos decir a una persona: no puedo vivir sin ti; en realidad, lo que está diciendo es: no te voy a dejar vivir, porque te voy exigir que vivas solo para mí.

Es erróneo creer que podemos amar a Dios, aunque no amemos al prójimo; o peor aún, que podemos amar a uno mucho y a otro poco o nada. El amor es uno solo porque es una actitud personal. El amor queda especificado en la persona que ama, no por la persona amada. Tiene que existir antes de manifestarse. Lo que llega a los demás, lo que se percibe al exterior, son solo las manifestaciones de ese amor. La actitud vital es única en cada persona, pero el amor evangélico tiene que ser práctico, tiene que manifestarse en obras. Solo puede manifestarse cuando me encuentro con otro, con el próximo.

Urteko 30. igandea – José A. Pagola

A (Mateo 22,34-40)

JAINKOAZ IRRIKA ETA GIZAKIAZ GUPIDA- PASIÓN POR DIOS Y COMPASIÓN POR EL SER HUMANO

Funtsezkoaz ahazten direnean, erraz murgiltzen dira erlijioak jainkozaletasun eskaseko bidetan edota kasuistika moralean; Jainkoarekin harreman sanoak izateko ezgai bihurtzen dira orduan eta pertsonak larriki kaltetzen ahal dira. Erlijio bakar bat ere ez dago libre arrisku honetatik.

Ebanjelioetan datorren eszenak ingurumen erlijioso bat du oinarri; horretaz baliatzen dira apaizak eta lege-maisuak Jainkoaren Legeko ehunka agindu sailkatzeko: «erraz» eta «zail» bezala, «txiki» eta «handi» bezala. Kasik ezinezkoa da sare horretan bihotz sano batekin mugitzea.

Jesusi planteatu dioten galderak funtsezkoa zer den berreskuratu nahi du, «espiritu galdua» aurkitu: zein da agindu nagusia?, zer da funtsezkoa?, non dago ororen muina? Jesusen erantzunak, Hillel-enak eta beste judu-maisuenek bezala, Israel herriaren oinarrizko fedea biltzen du: «Maita ezazu Jauna, zeure Jainkoa, zeure bihotz guztiaz, zeure arima guztiaz, zeure izate guztiaz». «Maita ezazu lagun hurkoa zeure burua bezala».

Ez dezala inork pentsa ezen Jainkoa maitatzeaz ari garenean, irudimenezko Izaki batek eragindako zirrarez edo emozioez nahiz sentimenduez ari garenik, ezta errezo eta jaidurara gonbidatzeaz ere. «Jainkoa bihotz guztiaz maitatzeak» bizitzaren azken Misterioa apal-apal aitortzea esan nahi du; bizitza, Jainkoaren borondatearekin bat eginik, konfiantzaz norabidetzea: Jainkoa Aita bezala maitatzea, ona delako eta geure ona opa digulako.

Honek guztiak modu erabakitzailean markatzen du bizitza; izan ere, bizitza erro-errotik gorestea esan nahi du; bizitzan esker onez parte hartzea; on eta eder dena aukeratzea beti; haragizko bihotzaz bizitzea eta ez harrizkoaz; kontra egitea Jainkoaren borondateari saldukeria egiten dionari, beraren seme-alaben bizitza eta duintasuna ukatuz.

Horregatik, Jainkoa maitatze hori ezin bereizia da anai-arrebak maitatzetik. Honela gogorazten digu Jesusek: «Maita ezazu lagun hurkoa zeure burua bezala». Ezinezkoa da Jainkoa egiaz maitatzea beraren seme-alaben sufrimenduari ezentzun eginda. Zer erlijio-mota izango litzateke zeinetan elikatu gabeen goseak edota aseak direnen gehiegikeriak, ez galderarik, ez kezkarik ez bailieke planteatuko fededunei? Ez dabiltza batere oker Jesusen erlijioa «Jainkoaz irrika eta gizakiaz gupida» bezala laburbiltzen dutenak.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Domingo 30 T.O.-José A. Pagola

PASIÓN POR DIOS Y COMPASIÓN POR EL SER HUMANO

Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no solo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden dañar gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.

La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que sacerdotes y maestros de la ley clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en «fáciles» y «difíciles», «graves» y «leves», «pequeños» y «grandes». Casi imposible moverse con un corazón sano en esta red.

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el «espíritu perdido»: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Que nadie piense que, al hablar del amor a Dios, se está hablando de emociones o sentimientos hacia un Ser imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. «Amar a Dios con todo el corazón» es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como Padre, que es bueno y nos quiere bien.

Todo esto marca decisivamente la vida, pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona la voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.

Por eso el amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible el amor real a Dios sin escuchar el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de los satisfechos no planteara pregunta ni inquietud alguna a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como «pasión por Dios y compasión por la humanidad».

José Antonio Pagola

30º domingo T.O. Koinonía

4.2.7

Éxodo 22,20-26

Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Salmo responsorial: 17

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; / Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, / mi fuerza salvadora, mi baluarte. / Invoco al Señor de mi alabanza / y quedo libre de mis enemigos. R.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca, / sea ensalzado mi Dios y Salvador. / Tú diste gran victoria a tu rey, / tuviste misericordia de tu Ungido. R.

1Tesalonicenses 1,5c-10

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo

Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que os libra del castigo futuro.

Mateo 22,34-40

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de

las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la

guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobre todo,

contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las

orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la

sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros

porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra, que habían sufrido el

desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias

manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del

pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos

estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la

tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se

les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas

personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impunes

a los opresores, explotadores y usureros.

Una persona del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra

sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran

una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan

las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de

pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el

asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a

empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta

percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el

objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan

consagrada, que se considera «natural» la situación de sometimiento absoluto con el que

las finanzas internacionales, impúdicamente especulativas, dominan la vida y el trabajo de

las mayorías de los distintos países, mediante la subida y la bajada, casi enteramente

caprichosa, de los intereses de «los mercados» internacionales. Hace unos años fue con

la famosa «Deuda Externa»: países enteros gravados con deudas que equivalían a

muchas veces su producto nacional bruto anual… es decir, que debían todo lo que podían

producir durante varios años; podríamos decir que, de alguna manera, se debían a sí

mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que habían sido ofrecidos a intereses

bajísimos, pero «fluctuantes», intereses que una vez contraídas las deudas fueron

internacionalmente alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses

nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo

unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Por qué no se sabe en qué cifra de interés

comienza la «usura» en el plano internacional? ¿No estamos viviendo una situación de

usura en el sistema financiero internacional? Solemos pensar que el mundo civilizado y

moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran

dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de

injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas, pero quizá muchas de

ellas no son menos injustas.

Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una

mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero,

al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos

de la Ley (la escrita y la oral), los así llamados paganos eran esclavos de la incesante

marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí

mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una

religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la

conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección, al mostrarnos que, para

Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús

sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y

recíproco.

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley.

Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían

dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo

convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día

lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse,

cocinar e incluso auxiliar al necesitado.

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que él

cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver

que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el

espíritu mismo de la legislación divina.

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en

primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los

fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura

(la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos

imperativos éticos.

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo

judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un

mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura

internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de

Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a

sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de

este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al

mandamiento principal, a los dos amores.

El evangelio de hoy no está dramatizado en la serie «Un tal Jesús». Puede acudirse

al portal de la serie (https://radialistas.net/serie-un-tal-jesus/) para escoger algún capítulo.

El derecho a la legítima defensa es real, pero, ¡como mínimo!, concurren unas condiciones que hay que preservar

Religión Digital

«Imposible hacer una reflexión sobre la matanza de Hamás en Israel, sin sentirse obligado a una condena con los adjetivos más crudos posibles… Ha estallado la barbarie y punto»

«Se confunde, a mi juicio, el análisis más honesto con la condena más firme que se pueda concebir. No hay lugar, así, para las dos instancias, o se condena o se analiza… Elegir uno u otro vector, por separado, no es un buen discernimiento»

«Yo quisiera fijarme en un aspecto que nos puede doler más a los europeos, y que no podemos echarlo a un lado por la barbarie de Hamás… Espero equivocarme en que no haya habido respuesta bárbara de Israel cuando estas líneas aparezcan»

«Si Israel entra en Gaza a sangre y fuego, la ‘estrategia’ de Hamás se habrá cumplido y todos los socios de Israel serán-seremos como Hamás»

¿Que nos mueve cuando decimos ‘justicia para los pueblos’?

Imposible hacer una reflexión sobre la matanza de Hamás en Israel, sin sentirse obligado a una condena con los adjetivos más crudos posibles. Evitar alguno de ellos o referirse a los males en plural es arruinar aquello de lo que se quiere hablar. Ha estallado la barbarie y punto…Leer más (José Ignacio Calleja)

BREVE ANÁLISIS DE LA CRISIS ÉTICA EN LA POLÍTICA Y RETOS

Religión Digital

Se asume la guerra como camino para la paz.  Esto es un gran error desde la ética.  La paz no se construye con armas sino con el diálogo, que es la única vía para la resolución de conflictos. La Unión Europea, junto con Estados Unidos, nos está llevando a una polarización y degradación de valores humanos.

Esta realidad nos plante una serie de retos a todos los ciudadanos y ciudadanas que soñamos en otro mundo más humano.

Vivimos en un mundo cada vez más convulsivo. Percibo que estamos envueltos en una profunda crisis de humanidad de carácter multidimensional que afecta no solamente a la política, sino que abarca a toda la realidad humana.  Están en crisis las mismas estructuras de la sociedad, la democracia y su sistema cultural.

Esta crisis tiene causas profundas y muy variadas. Siendo las más sobresalientes la falta de conciencia crítica en las bases y la degradación de valores humanos que el sistema capitalista ultraneoliberal está generando.

Estamos inmersos en una crisis ética, en una desertización del espíritu humano, que alcanza a toda la sociedad y de una manera particular a la política. Esta crisis se ha extendido como una oscura nube por todo el planeta. Un fantasma recorre el mundo. La ideología trumpista, populista, ultra-extremista y negacionista, está incidiendo en ello. Se abren caminos hacia un darwinismo social. El bombardeo de noticias negativas en los medios de información y redes sociales, está creando un ambiente angustioso en mucha gente.

Aparecen por diversos lugares del planeta movimientos supremacistas, racistas, xenófobos, aporofóbicos, machistas y ultranacionalistas e incluso violentos, que utilizan la mentira para alcanzar el poder político. Lo vimos en Estados Unidos con Trump y en Brasil con Bolsonaro y ahora amenaza en Argentina. Asimismo, en Europa va creciendo esta corriente, en Italia, Hungría, Polonia, Ucrania…. Estos nubarrones también se están haciendo presentes en España…Leer más (Fernando Bermúdez)

Domingo 29. Ciclo A. T.O.

José Luis Sicre

Dos posturas ante el tributo al César

Seguimos en la explanada del templo de Jerusalén, en medio de los enfrentamientos de diversos grupos con Jesús. Esta vez, fariseos y herodianos lo van a poner en un serio compromiso preguntándole sobre la licitud del tributo al emperador romano. Por entonces, además de los impuestos que se pagaban a través de peajes, aduanas, tasas de sucesión y de ventas, los judíos debían pagar el tributo al César, que era la señal por excelencia de sometimiento a él.

Fariseos y herodianos no tenían dudas sobre este tema; ambos grupos eran partida­rios de pagarlo. Los fariseos, porque no querían con­flictos con los romanos mientras les permitieran observar sus prácticas religiosas. Los herodianos, porque mantenían buenas relaciones con Roma. Como a nadie le gusta pagar, los rabinos discutían si se podía eludir el tributo. Y algunos adoptaban la postura pragmática que refleja el tratado Pesajim 112b: «… no trates de eludir el tributo, no sea que te descubran y te quiten todo lo que tienes». Sin embargo, otros judíos adoptaban una postura de oposición radical, basada en motivos religiosos. Dado que el pago del tributo era signo de sometimiento al César, algunos lo interpretaban como un pecado de idolatría, ya que se reconocía a un señor distinto de Dios. Este era el punto de vista de los sicarios, grupo que comienza con Judas el Galileo, cuando el censo de Quirino, a comienzos del siglo I de nuestra era. Al narrar los comienzos del movimiento cuenta Flavio Josefo: «Durante su mandato [de Coponio], un hombre galileo, llamado Judas, indujo a los campesinos a rebelarse, insultándolos si consentían pagar tributo a los romanos y toleraban, junto a Dios, señores morta­les» (Guerra de los Judíos II, 118). Más adelante repite afirmaciones muy pareci­das: «Judas, llamado el galileo…, en tiempos de Quirino había atacado a los judíos por someterse a los romanos al mismo tiempo que a Dios» (Guerra de los Judíos II, 433).

La trampa de la pregunta

Con este presupuesto, se advierte que la pregunta que le hacen a Jesús sobre si es lícito pagar el tributo podía compro­meterlo gravemente ante las autoridades romanas (si decía que no), o ante los sectores más progresistas y politizados del país (si decía que sí). Además, la pregunta es especialmente insidiosa, porque no se mueve a nivel de hechos, sino a nivel principios, de licitud o ilicitud.

La respuesta de Jesús

Jesús, que advierte enseguida la mala intención, ataca desde el comienzo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas?» Pide la moneda del tributo, devuelve la pregunta y saca la conclusión. Jesús, como sus contemporáneos, acepta que el ámbito de dominio de un rey es aquel en el que vale su moneda. Si en Judá se usa el denario, con la imagen del César, significa que quien manda allí es el César, y hay que darle lo que es suyo.

Estas palabras de Jesús, tan breves, han sido de enorme trascen­dencia al elaborar la teoría de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Y se han prestado también a inter­pretaciones muy distin­tas.

Las cosas de Dios

Si analizamos el texto, las palabras: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», no constituyen una evasiva, como algunos piensan. Van al núcleo del problema. Los fariseos y herodianos han preguntado si es lícito pagar tributo desde un punto de vista religioso, si ofende a Dios el que se pague. La respuesta contundente de Jesús es que a Dios le interesan otras cosas más importantes, y ésas no se las quieren dar. Teniendo presente el conjunto del evangelio, «las cosas de Dios», lo que le interesa, es que se escuche a Jesús, su enviado, que se acepte el mensaje del Reino, que se adopte una actitud de conversión, que se ponga término al raquitismo espiritual y religioso, que se sepa acoger a los débiles, a los menesterosos, a los marginados. Eso no interesa ni preocupa a fariseos y herodianos, pero es la cuestión principal. Si el evangelio no fuese tan escueto, podría haber parafraseado la respuesta de Jesús de esta manera: ¿Es lícito poner el sábado por encima del hombre? ¿Es lícito cargar fardos pesados sobre las espaldas de los hombres y no empujar ni con un dedo? ¿Es lícito llamar la atención de la gente para que os hagan reverencias y os llamen maestros? ¿Es lícito impedir a la gente el acceso al Reino de Dios? ¿Es lícito hacer estúpidas disquisiciones sobre los votos y juramentos? ¿Es lícito dejar morir de hambre al padre o a la madre por cumplir un voto? ¿Es lícito pagar los diezmos de la menta y del comino, y olvidar la honradez, la compasión y la sinceridad? En todo esto es donde están en juego «las cosas de Dios», no en el pago del tributo al César.

Naturalmente, la comunidad cristiana pudo sacar de aquí conse­cuencias prácticas. Frente a la postura intransigente de los sicarios, defender que no era pecado pagar tributo al César. Y, con una perspectiva más amplia, fundamentar una teoría sobre la conviven­cia del cristiano en la sociedad civil, sin necesidad de buscar por todas partes enfrentamientos inútiles. Siempre, incluso en las peores circunstancias políticas, nadie podrá arrebatarle a la iglesia y al cristiano la posibilidad de dar a Dios lo que es de Dios.

El emperador no siempre es enemigo (1ª lectura)

En Israel, desde los primeros siglos, hubo gente fanática y enemiga de conceder el poder político a un hombre mortal. El único rey debía ser Dios, aunque no quedaba claro cómo ejercía en la práctica esa realeza. Otros grupos, sin negarle la autoridad suprema a Dios, aceptaban el gobierno de un rey humano. Pero siempre debía tratarse de un israelita, no de un extranjero. La novedad del texto de Isaías, una auténtica revolución teológica para la época, es que Dios, aunque afirma su suprema autoridad («Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios»), él mismo escoge al rey persa Ciro, lo lleva de la mano, le pone la insignia y le concede la victoria. Porque Ciro, al cabo de pocos años, será quien conquiste Babilonia y libere a los judíos, permitiéndoles volver a su tierra.

Este proceso de esclavitud – liberación – vuelta a la tierra recuerda al ocurrido siglos antes, cuando el pueblo salió de Egipto. La gran novedad, escandalosa para muchos judíos, es que ahora el salvador humano no es un nuevo Moisés sino un emperador pagano.

El texto ha sido elegido para confirmar con un ejemplo histórico que se puede respetar al emperador, pagar tributo, sin por ello ofender a Dios.

José Luis Sicre

DOMINGO   29  (A) – Fray Marcos

(Is 45,1-6) «Yo soy el Señor y no hay otro, fuera de mí no hay dios».

(I Tes 1,1-5) “No hubo solo palabras, sino fuerza del Espíritu y convicción”.

(Mt 22, 15-21) Devolved al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

No hay un Dios-César ni un César-Dio. La oposición está en cada uno y debemos superarla con la unidad de todo nuestro ser.

Los jefes comprendieron que las tres parábolas se referían a ellos (los obreros de última hora, los hermanos mandados a la viña, el banquete de boda. Contraatacan con tres preguntas que intentan tenderle una trampa para tener de qué acusarlo. La primera es la del tributo al César que acabamos de leer. La segunda es sobre la resurrección de los muertos. La tercera, cual es el primer mandamiento, que leeremos el próximo domingo.

 Merece atención el texto del segundo Isaías que hemos leído. Es muy interesante, porque es la primera vez que la Biblia habla de un único Dios. Estamos a mediados del s. VI a. c., y hasta ese momento, Israel tenía su Dios, pero no ponía en cuestión que otros pueblos tuvieran sus propios dioses. Esto no lo hemos tenido nunca claro. El creer en un Dios único es un salto cualitativo increíble en el proceso de maduración de la revelación.

El evangelio de hoy no es sencillo. Con la frasecita de marras, Jesús contesta a lo que no le habían preguntado. No se mete en política, pero apunta a una actitud vital que supera la disyuntiva que le proponen. Una nefasta interpretación de la frase de Jesús la convirtió en un argumento para apoyar el maniqueísmo en nombre del evangelio. Seguimos entendiendo la frase como una oposición entre lo religioso y lo profano; hoy entre la Iglesia y el Estado. Se trata de una falta absoluta de perspectiva histórica.

Moisés utilizó a Dios para agrupar a varias tribus en un solo pueblo. Israel fue siempre una teocracia en toda regla. Cuando se instauró la monarquía por influencia de las naciones próximas, al rey se le consideró como un representante de Dios (hijo de Dios), sin ningún poder al margen del conferido por su divinidad. Al proponer la pregunta, los fariseos no piensan en una confrontación entre el poder religioso y el poder civil, sino entre su Dios y el Cesar divinizado. La moneda es clave para entender la respuesta.

Jesús pregunta: ¿De quién es esa imagen e inscripción? Se cuestiona si un judío tiene que aceptar la soberanía del Cesar o seguir teniendo a Dios como único soberano. Con su respuesta, Jesús no está proponiendo una separación del mundo civil y el religioso. En tiempo de Jesús tal cosa era impensable. No hay en el evangelio base alguna para convertir la religión en una especulación de sacristía sin influencia en la vida real.

Fariseos y herodianos, enemigos irreconciliables, se une contra Jesús. Los fariseos eran contrarios a la ocupación, pero se había acomodado. Los herodianos eran partidarios del poder de Roma. La pregunta era una trampa. Si decía que no, se ponía en contra de Roma. Los herodianos lo podían acusar de subversivo. Si decían sí, los fariseos podían acusarlo de contrario al judaísmo, porque se ponía en contra del sentir del pueblo.

El verbo que emplea Jesús, «apodídômi», no significa dar sino, devolver. El que emplean los fariseos (dídomi), sí significa “dar”. Una pista para comprender la respuesta. Estaban contra el César, pero utilizaban su moneda y tiene derecho a exigir que se la devuelvan. Un verdadero judío, tenían que renunciar a utilizar el dinero de Roma. Les hace ver que ya han contestado, pues han aceptado la soberanía de Roma.

Al preguntar por la imagen, Jesús está haciendo clara referencia al Génesis, donde se dice que el hombre fue creado a imagen de Dios. Si el hombre es imagen de Dios, hay que devolver a Dios lo que se le ha arrebatado, el hombre. La moneda que representa al César, tiene un valor relativo, pero el hombre tiene un valor absoluto, porque representa a Dios. Jesús no pone al mismo nivel a Dios y al César, sino que toma claro partido por Dios. El hombre como valor supremo es la clave del mensaje de Jesús.

Tampoco se puede utilizar la frase para justificar el poder. Si algo está claro en el evangelio es que todo poder es nefasto, porque machaca al hombre. Se ha repetido hasta la saciedad, que todo poder viene de Dios. Pues bien, según el evangelio, ningún poder puede venir de Dios, ni el político ni le religioso. En toda organización humana, el que está más arriba está allí para servir a los demás, no para dominar.

Jesús dice que el César no es Dios, pero no hemos dudado en convertir a Dios en un César (he leído una homilía: “el único César que existe es Dios”). No es fácil asimilar que tampoco Dios es un César. No se trata de repartir dependencias, ni siquiera con ventaja para Dios. Dios no hace competencia a ningún poder terreno, sencillamente porque no tiene ningún poder. Esto, bien entendido, evitaría toda solución falsa. El problema es una trampa en sí mismo. No existe una alternativa entre César y Dios.

Se ha predicado que había que estar más pendiente del César religioso que del César civil. Ningún ejercicio del poder es evangélico. No hay nada más contrario al mensaje de Jesús que el poder. Siempre que pretendemos defender los derechos de Dios, estamos defendiendo nuestros propios intereses. El que te diga que está defendiendo a Dios, en realidad lo está suplantando. Tampoco el estado tiene derecho alguno que defender. Los dirigentes civiles tienen que defender siempre los derechos de los ciudadanos.

No hablamos de anarquismo. A contrario, una sociedad, aunque sea de dos personas, tiene que estar ordenada y en relaciones mutuas de interdependencia. En ella una tiene mayor responsabilidad; pero todas las relaciones humanas deben surgir del servicio a los demás, no del dominio. Ningún ser humano es más que otro ni está por encima de otro. “No llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie jefe, no llaméis a nadie señor”.

No existe una realidad sagrada y otra profana. Hoy no existe un Cesar con poder absoluto, ni existe un Dios que disputa el poder al Cesar. Es descabellado hacer creer a la gente que tiene unas obligaciones para con Dios y otras con la sociedad civil. Dios se encuentra en todo lo terreno, pero en lo más hondo del ser. Si solo lo encontramos en la iglesia, hemos caído en la idolatría. La única manera de entender todo el alcance del mensaje de hoy es superar la idea de un Dios fuera que arrastramos desde el neolítico.

Urteko 29. igandea – José Antonio Pagola

A (Mateo 22,15-21)

JAINKOARI JAINKOARENA – A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Jesusi jarri dioten tranpa ondo pentsatua da: «Zilegi al da Zesarri zerga ordaintzea, bai ala ez?». Ezetz erantzuten badu, Erromaren aurka asaldatzeaz salatu ahalko dute. Ordaintzea onartzen badu, ospea galdurik geldituko da zergek estuturik bizi direnen aurrean, berak hartaraino maite eta defendatzen dituen horien aurrean.

«Zerga-txanpona» erakusteko eskatu die Jesusek. Berak ez du halakorik, eskale ibiltari bezala bizi baita, lurrik eta lan finkorik gabe; ez du problemarik zerga-biltzaileekin. Ondoren, zilarrezko denario hartan ageri den irudiaz galdetu die. Tiberio irudikatzen du, eta esakuneak dio: Tiberius Caesar, Divi Augusti Filius Augustus». Kontrako aldean «Pontifex Maximus» irakur daiteke.

Jesusen keinua argigarria da besterik gabe. Beraren arerioak sistemaren esklabo bizi dira; izan ere, moneta hura, sinbolo politikoz eta erlijiosoz txanpondua, enperadorearen jauntasuna aitortzen ari da, Ez da Jesusen aitorpena, pobre bizi baita baina aske, pobreei emana eta Inperioak zokoraturik.

Jesusek orduan inork planteatu ez dion zerbait gehitu du. Zesarren eskubideez galdetu diote eta berak Jainkoaren eskubideak gogoraraziz erantzun die: «Ordaindu Zesarri Zesarrena, baina eman Jainkoari Jainkoarena». Monetak enperadorearen irudia du, baina gizakia, Hasiera liburu zaharrak gogorarazten duen bezala, «Jainkoaren irudi» da. Horregatik, ez da inongo enperadoreri menderatzekoa. Askotan gogorazia zuen hori Jesusek. Pobreak Jainkoarenak dira; txikiak Jainkoaren seme-alaka min dira; berauena da Jainkoaren erreinua. Inork ez du abusatu behar berauez.

Jesusek ez du esan bizitzaren alde bat, materiala eta ekonomikoa, Zesarren eremukoa denik, eta beste aldea, espirituala eta erlijiosoa, Jainkoaren eremukoa. Beste bat da beraren mezua: erreinuan sartzen bagara, ez dugu onartu behar inongo Zesarrek opari egin dezan Jainkoari bakarrik dagokiona: munduan gose direnak, bertan behera utziak eta pateratan iristen diren subsahararrak, gure hirietako paperik gabeak. Ez gaitzala gu kontuan har inongo Zesarrek.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundar

 29 Tiempo ordinario –

A (Mateo 22,15-21)

A DIOS LO QUE ES DE DIOS

La trampa que tienden a Jesús está bien pensada: «¿Es lícito pagar tributos al César o no?». Si responde negativamente, lo podrán acusar de rebelión contra Roma. Si acepta la tributación, quedará desacreditado ante aquellas gentes que viven exprimidas por los impuestos, y a las que él tanto quiere y defiende.

Jesús les pide que le enseñen «la moneda del impuesto». Él no la tiene, pues vive como un vagabundo itinerante, sin tierras ni trabajo fijo; no tiene problemas con los recaudadores. Después les pregunta por la imagen que aparece en aquel denario de plata. Representa a Tiberio, y la leyenda decía: «Tiberius Caesar, Divi Augusti Filius Augustus». En el reverso se podía leer: «Pontifex Maximus».

El gesto de Jesús es ya clarificador. Sus adversarios viven esclavos del sistema, pues, al utilizar aquella moneda acuñada con símbolos políticos y religiosos, están reconociendo la soberanía del emperador. No es el caso de Jesús, que vive de manera pobre pero libre, dedicado a los más pobres y excluidos del Imperio.

Jesús añade entonces algo que nadie le ha planteado. Le preguntan por los derechos del César y él les responde recordando los derechos de Dios: «Pagadle al César lo que es del César, pero dad a Dios lo que es de Dios». La moneda lleva la imagen del emperador, pero el ser humano, como recuerda el viejo libro del Génesis, es «imagen de Dios». Por eso nunca ha de ser sometido a ningún emperador. Jesús lo había recordado muchas veces. Los pobres son de Dios; los pequeños son sus hijos predilectos; el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

Jesús no dice que una mitad de la vida, la material y económica, pertenece a la esfera del César, y la otra mitad, la espiritual y religiosa, a la esfera de Dios. Su mensaje es otro: si entramos en el reino, no hemos de consentir que ningún César sacrifique lo que solo le pertenece a Dios: los hambrientos del mundo, los subsaharianos abandonados que llegan en las pateras, los «sin papeles» de nuestras ciudades. Que ningún César cuente con nosotros.

José Antonio Pagola