DOMINGO 16 (A) – Fray Marcos

(Sab 12, 13-19) Obrando así nos enseñas que el justo debe ser humano

(Rom 8, 26-27) El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad.

(Mt 13, 24-43) No la arranquéis, dejadlos crecer juntos hasta la siega.

La incapacidad de descubrir la cizaña en nosotros, impide que la aceptemos en los demás. La tentación es empeñarnos en arrancarla.

La parábola de la cizaña es una de las siete que Mateo narra en el capítulo 13. Como decíamos el domingo pasado, se trata de un contexto artificial. Como todas las parábolas se trata de un relato anodino e inofensivo por sí mismo, pero puede llevarnos a una reflexión muy seria sobre la manera que tenemos de catalogar a las personas como buenos y malos. Mal entendida, puede dar pábulo a un maniqueísmo nefasto, que tergiversa el mensaje de Jesús. Bien y mal se encuentran inextricablemente unidos en cada uno de nosotros.

El punto de inflexión en la lógica del relato lo encontramos en las palabras del dueño del campo. “dejadlos crecer juntos hasta la siega”. Lo lógico sería que se ordenara arrancar la cizaña en cuanto se descubriera en el sembrado, para que no disminuyera la cosecha. Pero resulta que, contra toda lógica, el amo ordena a los criados que no arranquen la cizaña, sino que la dejen crecer con el trigo. Este quiebro debe hacernos pensar. No es que el dueño se haya vuelto loco, es que quiere hacernos ver que otra actitud ante la realidad es posible.

El domingo pasado una cosecha del ciento por uno era el quiebro que nos obliga a saltar a otro plano. Esa desorbitada cosecha no se puede dar en el trigo, luego tenemos que dar un salto para entender lo que nos quiere decir. Ya no se trata de tierra y grano sino de fruto espiritual. En esta parábola la falta de lógica está en no arrancar la cizaña. Si en el trigo se nos pide hacer lo contrario de lo que se debe, nos obliga a saltar a otro nivel en que eso sea posible. En el orden espiritual no solo no se debe arrancar la cizaña, sino que no se puede separar.

El dueño siembra buena semilla. La cizaña tiene un origen distinto. Según aquella mentalidad, hay un enemigo del hombre empeñado en que no alcance su plenitud. Pero la hipótesis del maniqueísmo es innecesaria. Durante milenios el hombre trató de buscar una respuesta coherente al interrogante que plantea la existencia del mal. Hoy sabemos que no tiene que venir ningún maligno a sembrar mala semilla. Las limitaciones que inevitablemente nos acompañan como criaturas, da razón suficiente para explicar los fallos de toda vida humana.

Casi cuatro mil millones de años de evolución han ido siempre en la dirección de asegurar la supervivencia del individuo y de su especie. A ese objetivo estaba orientado cualquier otro logro. El ser humano descubre que hay un objetivo más valioso que el de la simple supervivencia. Al intentar caminar hacia esa nueva plenitud de ser que se le abre en el horizonte, el hombre tropieza con esa enorme inercia que le empuja al objetivo puramente egoísta. En cuanto se relaja un poco, aparece la fuerza que le arrastra en la dirección equivocada.

El objetivo de subsistencia individual y el nuevo horizonte de unidad-amor que se le abre al ser humano no son contradictorios. En el noventa por ciento deben coincidir. Pero esa pequeña proporción que les diferencia no es fácil de apreciar. Como en el caso de la cizaña y el trigo, solo cuando llega la hora de dar fruto queda patente lo que los distingue. Es inútil todo intento de dilucidad teóricamente lo que es bueno o lo que es malo. La mayoría de las veces el hombre solo descubre lo bueno o lo malo después de innumerables errores.

El trigo y la cizaña tienen que convivir a pesar de que son plantas antagónicas y lo que produce una, será siempre a costa de la otra. La cizaña perjudica al trigo, pero la realidad es que son inseparables. Aplicado al ser humano, la cosa se complica hasta el infinito, porque en cada uno de nosotros coexisten juntos cizaña y trigo. Nunca conseguiremos eliminar del todo nuestra cizaña. Solo aceptando esto, superaremos el puritanismo y aceptaremos tal como es.

Esta mezcla inextricable no es un defecto de fábrica, como se ha hecho creer con mucha frecuencia; por el contrario, se trata de nuestra misma naturaleza. Dejaríamos de ser humanos si anularan todas nuestras limitaciones. No solo es absurdo el considerar a uno bueno y a otro malo, sino que el solo pensar que una persona se pueda considerar perfecta, es descabellado. Arrancar la cizaña en nosotros y en los demás, ha sido una tentación inmemorial.

También hoy Jesús, a petición de sus discípulos, explica la parábola. No se trata de una explicación de Jesús, sino de un añadido de la primera comunidad, que convirtió la parábola en alegorías para utilizarla como instrumento moralizante. En la explicación que el evangelio se ve con toda claridad la diferencia entre parábola y alegoría. Podemos apreciar cómo se desvía el acento desde la necesidad de convivir con el diferente a la insistencia en que los malos serán quemados, con la intención de que el miedo a ser quemados nos haga mejores.

Si a través de veinte siglos, la Iglesia hubiera hecho caso de esta parábola, ¡cuántos atropellos se hubieran evitado! En todos los tiempos se ha perseguido al que discrepa, solo por el afán de preservar el trigo. Se ha excomulgado, se ha desterrado, se ha quemado en la hoguera a miles de cristianos que eran bellísimas personas, aunque no coincidieran con la verdad oficiale. Es patético, que a algunos de los que han sido sacrificados, se les haya declarado santos.

Aún tenemos pendiente un cambio en nuestra actitud ante el diferente. Hemos sido educados en el exclusivismo. Jesús sabía muy bien lo que decía a un pueblo judío que se creía elegido y superior a los demás. A pesar de la claridad del mensaje, muy pronto olvidaron los cristianos las enseñanzas de Jesús y reprodujeron el exclusivismo judío. Una sola frase resume esta actitud totalmente antievangélica: “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Esta máxima ha sido defendida todavía, por el último Catecismo de la Iglesia Católica.

La parábola no solo se aplica al orden moral sino a la doctrina y al culto. En las verdades también hay trigo y cizaña y tampoco se puede separar el error de la verdad. Dice un proverbio oriental: si te empeñas en cerrar la puerta a todos los errores, dejarás inevitablemente fuera la verdad. En el culto el trigo sería un descubrimiento de Dios en nosotros y una verdadera relación con Él. Cizaña sería quedarnos en los ritos externos y no llega a la vivencia. En la moral es mucho más sangrante la pretensión de exclusividad. Hemos predicado como voluntad de Dios lo que no son más que preceptos humanos.

Domingo 23 de Julio – 16º T.O. – Koinonía

Sabiduría 12,13.16-19

En el pecado, das lugar al arrepentimiento

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Salmo responsorial: 85

Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente, / rico en misericordia con los que te invocan. / Señor, escucha mi oración, / atiende a la voz de mi súplica. R.

Todos los pueblos vendrán / a postrarse en tu presencia, Señor; / bendecirán tu nombre: / «Grande eres tú, y haces maravillas; / tú eres el único Dios.» R.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, / lento a la cólera, rico en piedad y leal, / mírame, ten compasión de mí. R.

Romanos 8,26-27

El Espíritu intercede con gemidos inefables

Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Mateo 13,24-43

Dejadlos crecer juntos hasta la siega

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'»»

[Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.» Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.» Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»]

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Solemos dividir y “organizar” la sociedad con criterios no pocas veces dialécticos: buenos y malos deben estar separados y colocados en bandos opuestos. Esta práctica de dividir entre buenos y malos, era aceptada por muchos grupos en el tiempo de Jesús por diversos grupos religiosos (fariseos y esenios), así como por los grupos económicos y políticos (herodianos, saduceos y zelotes), pues todos ellos veían como opositores a quienes no pensaban, creían u opinaban como ellos.

Jesús llama a la apertura de mente y de corazón para acoger con esperanza (no pasivamente, con indiferencia) a quienes nos parecen como diferentes (que solemos catalogar como “malos”). Necesitamos apertura para acoger con una actitud de pluralismo asimilado la diferencia, que siempre va a estar presente en nuestra humanidad.

La parábola de la cizaña no ignora la presencia del mal en la historia; la reconoce Jesús en el enemigo que siembra la cizaña en el campo. Quiere llamarnos la atención de que no hay que confundir la semilla buena con la semilla mala. Muchas veces dividir la humanidad entre buenos muy buenos, y malos muy malos, ofreciendo el premio de la salvación para los primeros y la condenación para los segundos, puede ocasionarnos equivocaciones irreparables. Sólo a Dios le corresponde juzgar, con su inmensa justicia y misericordia, a cada ser humano, como sólo Él lo sabe hacer.

Muchas veces, por creernos con el poder y la autoridad, nos atribuimos en nuestra conciencia actitudes que excluyen y separan a unos de otros; nuestra autosuficiencia egoísta separa en la práctica cotidiana a personas que por su situación socio-económica o ideológica, son marginados y excluidos por una sociedad dividida en el poder, olvidando que somos hermanos que compartimos una misma humanidad.

La Utopía del Reino exige para el seguidor de Jesús una acción transformadora de la vida cotidiana, que llegue hasta lo más profundo del actuar de cada ser humano, y el llamado permanente a la búsqueda y construcción de un mundo más humano, no sólo para unos pocos, sino para todos. Las estructuras basadas en la injusticia no crean el bien necesario para que el mundo avance, sino que generan más muerte y división en la humanidad, atacando con su fuerza destructora cualquier propuesta alternativa de construcción de una nueva humanidad.

No podemos olvidar que la buena noticia que Jesús vino a anunciar, su Utopía (el Reino), es una Buena Noticia para los pobres, en la que de ahora en adelante Jesús y sus discípulos lucharán por una sociedad igualitaria. Comprender el valor de lo pequeño, de lo pobre, como opción fundamental de Jesús y de quienes proseguimos su causa, debe ser una denuncia permanente contra tantas formas de opresión y marginación de estructuras injustas que deshumanizan a tantas personas y comunidades, en donde vive ocultamente el valor de la grandeza del Reino cuando se construye organización y se promueven los valores del Reino.

Dicho esto, abordemos un segundo nivel, más crítico, en este comentario.

Esta parábola puede resultar alienante si se toma como una invitación a la inactividad, o a la suspensión de nuestra responsabilidad para dejarla en las manos de Dios: él sería quien, a fin de cuentas, al final de la historia, y más allá de la historia, deberá poner las cosas en orden, y a las personas en su lugar… Esta idea de un Dios «premiador de buenos y castigador de malos», que contabiliza nuestras acciones y por cada una de ellas nos dará un premio o un castigo, ha sido una idea central de la cosmovisión cristiana clásica. El miedo a la condenación eterna, pieza central de la bóveda de la cosmovisión cristiana clásica medieval y barroca, es experimentada todavía por muchas personas como si fuera el corazón del mensaje cristiano; fueron demasiados siglos con esa confusión. ¿Qué decir de todo ello hoy?

Es obvio que, conforme pasa el tiempo, estas convicciones tradicionales fundamentales del pensamiento cristiano van pasando a segundo plano, dejan de estar presentes, como que se esfuman, son menos comentadas (los catequistas y los predicadores sienten incomodidad o vergüenza), incluso son evitadas positivamente… Diríamos que ésta es también una cierta manifestación del famoso «eclipse de lo sagrado», que se dice que se da en nuestra sociedad moderna. Si nuestros abuelos y sus generaciones anteriores vivieron en una sociedad que transparentaba por todas partes la presencia de lo sagrado, de la «eternidad», de la vida del más allá, con sus premios y castigos, hoy vivimos, por el contrario, en una sociedad secular, secularizada, en la que nos es difícil imaginar y pensar el más allá de la muerte como un lugar de premios y castigos, como la «separación post mortem del trigo y la cizaña».

Sólo queremos aquí llamar críticamente la atención sobre el tema, con algunas afirmaciones-propuestas.

Sea la primera la de reconocer que ya no se puede seguir hablando de más allá de la muerte con la ingenuidad y la rotundidad con la que durante siglos se ha hablado. El tema merece una revisión profunda, radical incluso, y en todo caso no permite ya aquellas afirmaciones clásicas que los hoy mayores escuchábamos cuando éramos niños, unas representaciones «escatológicas» llenas de una ingenuidad y una simplicidad hoy inimaginables.

Buena parte de las descripciones de «los premios y castigos eternos», hoy aparecen como «antropomorfismos» insostenibles. Respecto a ellos no sólo merece la pena no darles más pábulo, sino que es importante también reconocerlos explícitamente, ubicarlos, sacarlos a la luz, analizarlos críticamente, y ayudar a las personas sencillas que todavía pudieran hoy sentirse en la supuesta obligación de compartir semejantes creencias mitológicas, a liberarse de ese atraso opresor de su conciencia.

Es necesario tomar conciencia de la urgencia de una revisión a fondo de la posición de la fe cristiana respecto al más allá. Habitualmente hemos dado por supuesto el dato de la vida más allá de la muerte, como si fuera un «artículo de fe», obvio, indiscutible, y además, primordial, central en la vida cristiana. Y, en efecto, normalmente ha quedado enteramente fuera de la renovación de la fe en las décadas pasadas recientes. El Concilio Vaticano II, con su aggiornamento, simplemente trasladó a la trastera teológica las imágenes medievales y barrocas sobre el más allá, que hasta entonces habían reinado poderosamente en la catequesis y en la educación religiosa; el Concilio se decantó por una relectura de la escatología en la línea del personalismo y del existencialismo. Lo cual, ciertamente, supuso una brisa de aire fresco para todos los que entonces apenas nos estábamos haciendo conscientes de aquella situación insostenible. Pero el Concilio no desarrolló esa intuición en sus propios documentos, de manera que esta «apertura mental» que el Concilio parecía avalar, se quedó en una sugerencia para la creatividad de los teólogos avanzados (lo que tardaría en llegar).

Por su parte, la teología de la liberación, ya al final de la década de los 70, añadió una «interpretación histórico-escatológica de la realidad» (caminamos hacia la Utopía del Reino, «que no es otro mundo, sino este mismo pero totalmente otro»…), y asumió la perspectiva de la opción por «los pobres» (pobres, redescubiertos ahora como los «jueces escatológicos universales», Mt 25,31ss), PERO dejó intactas las afirmaciones centrales sobre el más allá, sin llegar siquiera a plantearse su cuestionamiento. El libro exponente máximo –y casi único– de la escatología de la teología de la liberación, fue, sigue siendo, «Hablemos de la otra vida», de Leonardo BOFF (Sal Terrae, Santander, 1978), muchas veces reimpreso, todavía hoy en venta, y libremente disponible en la red. (Ningún otro teólogo se atrevió a abordar una relectura de la escatología y de los novísimos desde la teología de la liberación –aunque, lo que hizo Leonardo, no fue sólo una relectura desde el paradigma liberador, sino que incluyó los paradigmas existencialistas, personalistas… en dicha relectura; aggiornó perfectamente la escatología a aquellas alturas de la década de los 80).

Hoy, un nuevo paradigma de «revisión del sentido y la identidad misma de la religión» nos exige dejar de vivir de rentas, dejar de repetir incuestionadamente «lo de siempre», aun aggiornado, y plantearnos preguntas nuevas más radicales: ¿existe realmente la vida más allá de la muerte? ¿Tenemos al respecto algún dato realmente «revelado»? ¿Cuándo, dónde, cómo? ¿Forma parte del contenido mismo de la fe cristiana? ¿Se puede ser cristiano aceptando la inseguridad y la oscuridad que la ciencia actual asume respecto al tema del más allá?

Ciertamente, no son preguntas para el hombre y la mujer de la calle que prefieran seguir viviendo en una edición reeditada de la «fe del carbonero». Ni lo son para quienes viven con tanta superficialidad, mientras son «jóvenes, guapos y con dinero», que no tienen tiempo para preguntas que les distraigan de su intensivo carpe diem. No son tampoco preguntas a difundir imprudentemente entre las abuelitas que viven su fe con tranquilidad, ni trofeos para exhibirse como abanderado de la crítica y el esnobismo. Pero son preguntas que los pastores responsables han de plantearse a fondo, para no hacer daño a la comunidad por ignorancia. Y preguntas que todo creyente lúcido se debe hacer, y se hace, a veces sin respuesta.

El tema sólo lo hemos iniciado… Invitamos al lector a tirar del hijo y profundizar, tanto desde el estudio teológico, como en su oración y su fe…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 43 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El trigo y la mala hierba». El audio, el guión y su comentario bíblico-teológico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/43-el-trigo-y-la-mala-hierba/.

¿La ideología fascista de Vox y PP anida en la Iglesia jerárquica española?

Atrio

En recuerdo de Mariano Gamo, clérigo defensor de las libertades y derechos ciudadanos, a quien conocimos mi mujer y yo en aquellos años de la dictadura franquista y visitábamos en la “cárcel” del monasterio de El Paular

             De momento los obispos españoles, cuando escribo estas líneas, están callados ante las próximas elecciones del 23 de julio. Lo tienen un poco crudo, pues el PP por medio de su candidato a la presidencia del Gobierno, Núñez Feijóo, ha defendido la ley del aborto. Ya sólo queda Vox como partido contrario a dicha ley. Pero su silencio es más llamativo es más llamativo en cuanto a los pactos en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas entre el PP y Vox, quienes ya están tomando medidas, subida de sueldo incluida, frontales y opuestas a los derechos ciudadanos…Leer más…(Antonio Gil de Zúñiga)

Nuevo Prefecto para la C. de la Doctrina de la fe. Golpe maestro de Francisco

Atrio-Xabier Picaza.

Presenté el tema desde la perspectiva del Santo Oficio (=Inquisición). Refuerzo lo allí dicho diciendo que éste ha sido un golpe maestro de Francisco, por  la carta “inédita” que ha escrito al nuevo Prefecto (V. M. Fernández), por la respuesta del Prefecto  a los cristianos de su diócesis de La Plata y por el efecto mediático logrado. Sólo falta que la cosa siga.

Es como si Francisco quisiera enterrar a la antigua Congregación (Inquisición, Santo Oficio), pidiendo perdón por su pasado antiguo y reciente, hasta Juan Pablo II (1978-2005), J. Ratzinger (1982-2005) y G. L. Müller (2012-2017)…Leer más…

23-J: Cristianismo y elecciones

Religión Digital

«Históricamente las alianzas entre el trono y el altar han dado funestos resultados … Hay, sin embargo, algunas líneas rojas que no se deberían traspasar si no se quiere entrar en abierta contradicción entre nuestra manera de pensar y actuar»

«Cuando volvemos los ojos a la vida (palabras y hechos) de aquel judío disidente y rebelde del siglo I, observamos un proyecto humanizador que implicaba un compromiso político liberador y antiimperialista»

«Y desde esta observación del Jesús histórico se coligen algunas claves de discernimiento … Hacer una apuesta por humanizar este despiadado sistema neoliberal en el que nos movemos no es algo distinto a lo que Jesús invitaba»

«Dejo aquí al lector, para su ulterior reflexión, la pregunta de hondo calado que, mutatis mutandis, se hace David Grossman recientemente: ‘¿Cómo es posible que quienes creen que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza pisoteen esa imagen?'»

Históricamente las alianzas entre el trono y el altar han dado funestos resultados. Recordemos, como botón de muestra, el nacional-catolicismo que tuvimos que sufrir durante décadas en la dictatura franquista como si de una mala peste se tratara. En consecuencia, no cabe construir, salvo que se recaiga en el ámbito del fundamentalismo, una alianza o identificación entre política y religión…Leer más…(Pedro Miguel Ansó Esarte, Exprofesor de Humanidades)

Situación actual y futura del Opus Dei tras el motu proprio y los nuevos estatutos

Religión Digital

«El Papa, de facto ha intervenido y liquidado al Opus Dei al 98%, al expulsar del dicasterio de los obispos al opus de laicos civiles; al pasarlo al del Clero, solo se queda con el 2% de miembros, con los sacerdotes y miembros de La Santa Cruz»

«El OPUS DEI se comportaba en fraude de ley amparado en ser Prelatura Personal como una orden religiosa con normas internas, documentos, votos personales, obediencia interna, pero ocultándolo todo a sus miembros, incluso una vez pitado y dentro de la orden, DE AHÍ EL FRAUDE NORMATIVO ahora denunciado por sus ex miembros»

«Veremos en directo en TV el escandalazo y próxima serie en Netflix de la intervención, liquidación y clausura y fin de una secta no-cristiana: el Opus Dei y afloramiento de su patrimonio milmillonario, obtenido en nombre de Dios por laicos civiles»

Actualmente, el Opus Dei se compone de los laicos civiles: numerarios, supernumerarios, agregados y las auxiliares, que son el 98% de los miembros, más la orden sacerdotal de la Santa Cruz, el 2%

ANTES DEL MOTU PROPRIO Y ESTATUTOS AÚN VIGENTES…Leer más…(@cozumel)

Domingo 16 de Julio – 15º T.O. Koinonía

Isaías 55,10-11

La lluvia hace germinar la tierra

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Salmo responsorial: 64

La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas / y la enriqueces sin medida; / la acequia de Dios va llena de agua, / preparas los trigales. R.

Riegas los surcos, igualas los terrones, / tu llovizna los deja mullidos, / bendices sus brotes. R.

Coronas el año con tus bienes, / tus carriles rezuman abundancia; / rezuman los pastos del páramo, / y las colinas se orlan de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños, / y los valles se visten de mieses, / que aclaman y cantan. R.

Romanos 8,18-23

La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios

Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Mateo 13,1-23

Salió el sembrador a sembrar

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.»

[Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» Él les contestó: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.» ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.»]

 

Hoy vamos a ofrecer dos propuestas de homilía. Una, la clásica, que ponemos en segundo lugar; y otra centrada en una perspectica ecológica, de la que tanta necesidad tenemos.

Primera propuesta para una homilía

En las tres lecturas de la liturgia de hoy está presente la naturaleza. En vez de centrarnos, como habitualmente, en el tema de la responsabilidad humana y el rendimiento de nuestro trabajo, por la parábola del sembrador, vamos a centrarnos en esa presencia de la naturaleza en las tres lecturas.

  • En primer lugar –y sería bueno hacerlo notar ya en el ‘acto penitencial’ de la celebración– deberíamos tomar conciencia del alejamiento en que ordinariamente vivimos la religiosidad, respecto de la naturaleza. Como si no viviéramos en la naturaleza: La mayor parte de nosotros –si el ambiente de la celebración lo permitiera, sería bueno mostrarlo, haciendo unas preguntas improvisadas a los participantes– ignoramos los datos más ordinarios de la vida de la naturaleza que nos rodea. ¿Cuántos de nosotros saben, por ejemplo, en qué fase de la Luna estamos? ¿O por dónde está el Norte en esta sala/templo en el que estamos? ¿O por dónde sale el Sol (Este)? ¿O qué coordenadas (longitud/latitud), aproximadamente, estamos, o nuestro barrio, o la ciudad…? ¿O cómo se llaman, de qué especie son, las flores que quizá hay en la sala, o los árboles que hemos visto en la calle al venir? ¿O qué se ve desde nuestra ciudad: la Osa Menor, o la Cruz del Sur? ¿O qué constelación se ve en el cielo en esta época del año cuyo dibujo y nombre lo pusieron los babilonios o los persas y lo venimos repitiendo desde hace tres mil años? ¿O cuál es, dónde se la ve en el cielo, la estrella más cercana a nosotros después del Sol? ¿O cuál de ellas es Sirio, la que pasa por ser la más bella, que habrá sido admirada y contemplada hasta la extenuación en millones de noches por nuestros ancestros, desde el Paleolítico más profundo? ¿O cuál es la constelación de Orión, a la que miraban los egipcios de los varios Imperios –¡cinco mil años!–, viendo en ella, no sólo la morada de Osiris, de Set, de Horus… sino las almas de los egipcios que lograron pasar el tránsito hacia la morada divina en el firmamento (que entonces no era galaxia…)?

Éstas serían preguntas elementales, obvias, para un habitante de la naturaleza y del cosmos, alguien que se sintiera en ellos «en casa», en su «oikos» (home), nada menos que en su propio hogar, donde todo es conocido, familiar, entrañable. Pero no. La mayoría de nosotros no conoce lo más elemental de este «hogar», vive fuera como de él, anda en sus preocupaciones, tiene la cabeza en otras historias, y el corazón en otras compañías.

Ésta es la primera constatación, llamativa, y grave. Si no nos sentimos en nuestro hogar en el cosmos, ¿cuál es nuestro hogar? ¿Dónde está? ¿Si no estamos arraigados en este cosmos, somos humanos? Si no conocemos y amamos este cosmos planetario, ¿estará siendo sana nuestra religiosidad, o completo nuestro cristianismo? Seguro que nos vienen a la mente –y al corazón– más preguntas.

  • Lo que Isaías, Pablo, incluso Jesús y sus contemporáneos, sabían de la naturaleza y del cosmos, es ínfimo, en comparación con lo que hoy sabemos nosotros. Hasta los hagiógrafos –los redactores de los textos que luego se reunieron en la Biblia– cometieron errores sobre la naturaleza; en los estudios de graduación de teología o biblia se citan errores típicos, como la clasificación taxonómica de algunos animales; es bien explicable, pues la primera aproximación científica de la taxonomía surgiría con Lamarc, en el siglo XVIII. La ignorancia científica sobre la naturaleza ha sido inabarcable hasta el desarrollo de la Revolución Científica. Hace 100 años, todavía no sabíamos que el universo se estaba expandiendo. Cuando nacieron nuestros padres no había más que una galaxia… no sabían ni menos imaginaban que pudiera haber otras que la que veían. Hace sólo 30 años, ningún científico conocía ningún «exoplaneta», ni pensaba que lo pudiera haber –ni la palabra existía–; hoy llevamos más de 4000 registrados; y ‘calculamos’ que debe haber trillones de trillones –¿cuántos de ellos habitados?

La ciencia, un conjunto de ellas (astronomía, ciencias de la tierra, astrofísica, astrobiología, espectrografía…), nos presentan hoy otro cuadro, y otra historia (the new cosmological story) del Universo. Y este cuadro tiene hoy otra profundidad, otra perspectiva temporal: 13.730 millones de años (no los 6.000 que narra la Biblia, y que también ¡Newton!, en el siglo XVIII creyó que tenía la tierra). Somos la primera generación que observa el mundo con una base científica. «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven». Nadie pudo como nosotros extasiarse ante el Misterio de la Realidad, como nosotros. Nadie como nuestra generación puede agradecer el privilegio de asistir a una nueva Revelación, la que nos ha desplegado la verdad del mundo, en estos últimos doscientos años (Thomas Berry). Nadie tiene más motivos que la generación actual, para extasiarse y contemplar esta divina Maravilla cósmica en la que estamos, y adorar su mismidad más profunda.

Leo en un volante de una jornada ecológica: Outdoors is where both Iesus and St. Francis prayed most often… Al aire libre es donde más frecuentemente oraban Jesús y san Francisco. Sí, y muchos otros buscadores históricos del Bien, de la Verdad y de la Belleza, que no necesitaron encerrarlas en imágenes, en conceptos, o imaginárselas trasladadas a un segundo piso «sobre-natural», o a un plano «meta-físico» intocable e invisible… ¿Por qué seguimos pensando el Misterio divino encerrado en la figura, el concepto que los griegos perfilaron como «theós»: un señor, ahí arriba, ahí fuera, con poder para intervenir omnímodamente, un individuo, persona como nosotros, un Tú antropomórfico, a imagen y semejanza del nuestro? ¿Por qué tantos cristianos prefieren nuestros templos, al Templo sagrado de la Naturaleza? (Busca en cualquier buscador «el Dios de Spinoza», y léelo con calma).

  • Hoy podemos tener comprensión respecto a la ausencia de la Naturaleza en la Biblia, en la oración hebrea, en la liturgia cristiana. Pero a la vez, lucidez crítica y propósito de la enmienda respecto de los pecados o las limitaciones ajenas. Podemos comprender que Isaías se sintiera más cómodo imaginando a Dios como Señor, poderoso, todopoderoso, capaz de hundir el mundo, a pesar de su mucho amor.

Hoy sabemos que todo lo que pudo pensar/sentir/escribir Pablo, se quedó lamentablemente corto, y desenfocado, en comparación con las dimensiones y profundidades que hoy conocemos del Cosmos, que probablemente no sea siquiera un Uni-verso, sino un Pluri-verso…

Por ejemplo, ya no podemos pensar que de los 13.730 millones de años de la evolución del cosmos, el Misterio divino sólo pronunció su Palabra hace dos mil años, y sólo en este planeta (en ninguno otro, de los trillones de trillones de planetas que hay en el cosmos, y que sólo visitó éste; y que de los millones y millones de especies que hay en la Tierra, sólo la nuestra la creó aparte, por encima de todas las demás y con derechos absolutos…

Igualmente, con el cambio de epistemología y de teología de las religiones, podemos intuir también que ese futuro escatológico del cosmos, que Pablo describe como centrado en el Cristo de la Fe que él se imaginó (no conoció a Jesús), hoy necesitaría otra formulación menos provinciana y antropocéntrica.

La enormemente ampliada visión del cosmos, que hoy tenemos, no sólo «externa», sino interna (su constitución, su historia, su composición, la astrofísica, la bioastronomía, la física cuántica…) dejan muy chiquitas las imágenes que utiliza Pablo, que hoy ya no diría lo mismo. Pero su intuición es la misma que hoy nos habita, y esta Palabra de Pablo nos sirve de pista, y nos empuja a, también nosotros, hacer nuestros los nuevos capítulos de la Revelación cósmica de que somos privilegiados destinatarios.

Muchas otras cosas más pueden servir para una reflexión homilética en este sentido, pero no se pueden traer a colación en sólo diez minutos. Por eso lo dejamos aquí. Hay mucha bibliografía sobre estos nuevos avances de nuestra espiritualidad, eco-espiritualidad hoy día…

Segunda propuesta de contenido de homilía

El libro del profeta Isaías se divide en tres partes, como si fueran tres libros: la primera la podemos llamar el libro de la denuncia; la segunda el libro del anuncio, y la tercera el libro de la consolación. El texto que hoy leemos pertenece a esta última sección del libro, y esto nos da ya una pista para la interpretación del pasaje. Isaías III nos presenta una comparación que subraya el papel fundamental de la palabra de Dios para que se verifique la eficacia de su obra o acción. La palabra de Dios es entonces la lluvia que hace fecundos incluso los terrenos más áridos y duros. Se describe todo el ciclo completo del agua, desde su precipitación como gotas en las nubes, pasando por su acción benéfica en el terreno cultivado, hasta su retorno al cielo, lista para reemprender de nuevo su ciclo. De igual forma la palabra de Dios, que parte rauda de la boca de Dios, hace fértil el campo cultivado y realiza el cometido para el que fue enviada.

Esta comparación nos ayuda a comprender que la palabra que Dios nos comunica no gira sobre sí misma en el vacío, sino que se dirige a los ‘terrenos cultivados’, o sea , a todas las personas que con devoción y cariño preparan su mente y sus afectos para que sea eficaz la palabra que reciben de Dios por medio de los profetas. De este modo, la comparación hace resaltar dos elementos muy importantes: que la palabra se dirige a los ‘terrenos cultivados’ donde la semilla ya reposa, y que la palabra retorna a su fuente de origen.

El evangelio de Mateo complementa esta imagen tan poderosa y sugestiva con la ‘parábola del sembrador’. En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservar sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela. El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la ‘calidad’ de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor decisivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero el terreno responde de manera desigual.

La interpretación de la parábola que aparece en la sección siguiente del evangelio, nos da unas claves poderosas de comprensión. La disposición del terreno se refiere a la actitud de las personas. Algunas se dejan cultivar y ofrecen una tierra apta donde la semilla echa raíces profundas. Otras, en cambio, ofrecen terrenos donde la semilla se pierde por exceso de dureza, por descuido, superficialidad o negligencia. Tanto el grupo representado por los buenos terrenos, como el grupo representado por los terrenos no receptivos, forman parte de la misma parcela. Los dos están en la misma geografía, en la misma historia y en el mismo momento. No hay excusa válida para justificar la falta de acogida y de respuesta.

Esta parábola se refiere a una realidad de la comunidad cristiana sobre la que ya se había hecho una profunda recepción. En la comunidad, representada por la parcela, se encuentran terrenos, es decir personas, con diferentes actitudes y proyectos. No se puede saber de antemano qué respuesta va a dar cada quien. Lo único que se sabe es que el sembrador reparte con generosidad su fértil semilla. En el desarrollo del proceso de cultivo se sabe quién es apto y quién no. Pero no basándonos en criterios arbitrarios, sino en el fruto que cada quien muestra. La expresión ‘dar frutos’ tiene un valor muy preciso en la Biblia y se refiere siempre a la respuesta positiva del ser humano al proyecto de Dios. Pero no a cualquier proyecto presentado en nombre de Dios, sino a la propuesta de los profetas que Jesús de Nazaret ha llamado ‘reinado de Dios’. Es decir, una experiencia humana donde sea posible el amor solidario, la libertad para hacer el bien y la justicia responsable.

La parábola del sembrador nos pone en contacto con la profecía consoladora de Isaías. La palabra de Dios actúa en la historia humana en las personas que cultivan el terreno sorprendente del amor solidario, de la escucha atenta del hermano y del servicio generoso y desinteresado a los excluidos. La palabra de Dios se hace fecunda en las comunidades y personas que asumen una actitud responsable ante la historia y no permiten que la ‘buena nueva del Evangelio’ se convierta en consigna barata ni en cliché de espiritualizaciones alienadoras y superfluas, sino que procuran siempre que la palabra del profeta sea eficaz en la historia.

Pablo, en la Carta a los Romanos, nos propone esta misma reflexión: la creación, el terreno fértil que Dios ha dado al ser humano en la historia (Gn 2,4-25), aguarda con impaciencia –según Pablo– la realización de la obra de Cristo en toda la humanidad y hasta en el cosmos…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 31 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «La historia del sembrador». El audio, su guión escrito y un comentario bíblico-litúrgico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/31-la-historia-del-sembrador/.

Palabras melifluas y puño de hierro: el Dicasterio interpela al Sínodo

Noticias Obreras

El Dicasterio para la Cultura y la Educación niega el nihil obstat a la elección como decano del profesor Martin Lintner, contradiciendo el espíritu del Sínodo pero también el de Amoris laetitia y Veritatis gaudium. Un desafío que nos permite vislumbrar escenarios irreconciliados sobre la sexualidad no menos que sobre la dinámica sinodal. Sin embargo, no puede silenciar la reflexión o hacer vana la esperanza. A menudo se me ha ocurrido señalar los temores sobre las censuras de la antigua Curia romana como fantasmas, y ahora estaba aún más convencida, con su reforma (Constitución Apostólica Praedicate evangelium)…Leer más…

Desahucios, ocupaciones y nueva Ley de la Vivienda

Redes Cristianas

La cifra acumulada de desahucios practicados por los juzgados españoles entre 2001 y 2021 habla por sí sola: 2.338.363. A ellos habría que añadir otros 174.344 por ocupación ilegal que el CGPJ registra desde 2007. Los desahucios por impago del alquiler son los más frecuentes (56% del total) y representan un problema crónico de la sociedad española, con tendencia creciente a medida que el alquiler aumenta su peso en el parque de viviendas (alrededor de 50.000 anuales en la primera década del siglo y 70.000 en la segunda). Los desahucios por impago de hipoteca suponen el 37% y tuvieron su pico a raíz de la crisis…Leer más…(Evaristo Villar)

¿La Iglesia como ‘Societas Jesu’?

Religión Digital

«La sinodalidad es el mejor remedio contra el clericalismo. Tanto contra el clericalismo de los sacerdotes como contra el de los laicos y laicas y, por cierto, también contra el de los profesores y profesoras de teología, porque también hay un clericalismo académico»

«Es importante encontrar aliados por la causa de Jesús y así también ganar nueva credibilidad mediante un valiente proceso de autoconversión eclesial, porque los que se alejan de la Iglesia se enfrentan a las patologías de su propio camino interior, y los que se quedan dentro corren el peligro de hundirse en estas patologías»

Al Camino Sinodal en Alemania le ha faltado asumir con suficiente fuerza el llamado que hiciera el Papa Francisco en la carta: «Al Pueblo de Dios en Alemania» (2019). Su petición de dar primacía a la evangelización habría dado un marco general orientador, explicitando que la reforma de la Iglesia es un acto de autoevangelización movido por Jesús. Esto significa escuchar también a las víctimas de las asimetrías del poder eclesiástico (incluidos los abusos sexuales) y emprender un camino común («syn-hodos») de conversión en el espíritu de Jesús…Leer más…(Christian Bauer)