«¿Qué diablo pues hace que un territorio = nación proceda contra la dignidad y derechos de cualquier persona?»
«Nunca un territorio, sea cual fuere, está por encima del valor de la persona ni se le puede impedir vivir con seguridad en él»
«El territorio no es de nadie, es de todos. Y en cualquier lugar, toda persona debe ser respetada por serle connatural el derecho a incardinarse en cualquier territorio de la tierra»
«Querámoslo o no, nos encontramos atrapados por el sistema neoliberal capitalista, que no busca el bien de las personas y de los pueblos, sino de una minoría que lo concentra para su beneficio»
LA ALTERNATIVA QUE HARÍA IMPOSIBLE LA GUERRA
1-¿Cuál sería el planteamiento?
Por extraño que parezca, se nos está mostrando a diario y no lo vemos. Los conflictos que genera toda guerra no son de persona a persona, sino de nación a nación. Lo cual encierra la verdad de que sin las personas no existe ni subsiste ningún territorio nacional.
¿Qué diablo pues hace que un territorio = nación proceda contra la dignidad y derechos de cualquier persona? ¿Qué razones o intereses hacen que la trayectoria de la humanidad esté atravesada de punta a cabo por este extravío dando al traste con la dignidad de la persona?…Leer más (Benjamín Forcano, teólogo)
(Prov31,10-31) Engañosa en la gracia la que teme al Señor merece alabanza
(1 Tes 5,1-6) «Estemos vigilantes y vivamos sobriamente».
(Mt 25,14-30) Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.
Dios no tiene nada para dar, se da Él mismo absolutamente. Es una desgracia seguir esperando “gracias” de Dios.
Es la parábola más tergiversada de todo el evangelio. Nos llevaría varias horas desenredar todas las descabelladas interpretaciones. La interpretación que entienda el talento como riqueza es descabellada. Toda interpretación que se base en mérito y recompensa es contraria al evangelio que predica la gratuidad absoluta. Lo tenemos tan asimilado que en nuestra sociedad no se mueve un dedo sin esperar la paga. Toda interpretación que considere los talentos como cualidades de la persona es falsa
El talento no era una moneda. En griego “tálanton” significa el contenido de un platillo de la balanza (una pesada). Era una cantidad desorbitada, que equivalía a 26-41 kilos de plata = 6.000 denarios; 16 años de salario de un jornalero. Para entender lo de enterrar el talento, hay que tener en cuenta, que había una norma jurídica, según la cual, el que enterraba el dinero, que tenía en custodia, no tenía responsabilidad civil, si se perdía. Enterrar el dinero se consideraba una buena práctica.
Durante mucho tiempo se ha interpretado la parábola materialmente, creyendo que nos invitaba a producir y acaparar bienes materiales. De esta mala interpretación nace el capitalismo salvaje en Occidente, que nos ha llevado a desigualdades sangrantes que no hacen más que crecer, incluso en plena crisis. Una vez más, hemos utilizado el evangelio en contra del mensaje de Jesús. Me gusta más la versión de Lc, en la que todos reciben lo mismo; la diferencia está solo en la respuesta
También sería insuficiente interpretar “talentos” como cualidades de la persona. Esta interpretación es la más común y ha quedado sancionada por nuestro lenguaje, persona con talento. Tampoco es éste el verdadero planteamiento de la parábola. En el orden de las cualidades, estamos obligados a desplegar todas las posibilidades, pero siempre pensando en el bien de todos y no para acaparar más y desplumar a los menos capacitados, dando gracias a Dios por ser más listos que los demás.
Si nos quedamos en el orden de las cualidades, podíamos concluir que Dios es injusto. La parábola no juzga las cualidades, sino el uso que hago de ellas. Tenga más o menos, lo que se me pide es que las ponga al servicio de mi auténtico ser, al servicio de todos. En el orden del ser, todos somos idénticos. Si percibimos diferencias es que estamos valorando lo accidental. Las bienaventuranzas lo dejan muy claro: por más carencias que sientas, puedes alcanzar la plenitud humana.
En todos los órdenes tenemos que poner los talentos a fructificar, pero no todos los órdenes tienen la misma importancia. Como seres humanos tenemos algo esencial, y mucho que es accidental. Lo importante es la esencia que constituye al hombre como tal. Ese es el verdadero talento. Todo lo que puede tener o no tener (lo accidental) no debe ser la principal preocupación. Los talentos de que habla el evangelio hacen referencia a las realidades que hacen al hombre más humano. Y ya sabemos que ser más humano significa ser capaz de amar más.
Los talentos son lo bienes esenciales que debemos descubrir. La parábola del tesoro escondido es la mejor pista. Somos un tesoro de valor incalculable. La primera obligación de un ser humano es descubrirlo. La “buena noticia” sería que todos pusiéramos ese tesoro al servicio de todos. En eso consistiría el Reino predicado por Jesús. El relato del domingo pasado, el de hoy y el del próximo, terminan prácticamente igual: “Entraron al banquete de boda…” “Pasa al banquete de tu señor”. “Heredad el Reino…”. Banquete, boda y Reino son símbolos de plenitud.
Algunos puntos necesitan aclaración. En primer lugar, el que no arriesga el dinero, no lo hace por holgazanería o comodidad, sino por miedo. El siervo inútil no derrocha la fortuna; simplemente la guarda. Debía hacernos pensar que se condene uno por no hacer nada. En nuestras comunidades, lo que hoy predomina es el miedo. No nos deja poner en marcha iniciativas que supongan riesgo de perder seguridades. Con esa actitud, se está cercenando la posibilidad de llevar esperanza a muchos desesperados.
En segundo lugar, la actitud del Señor no puede ser ejemplo de lo que es Dios. En la parábola del hijo pródigo, el hijo díscolo es tratado por el Padre de una manera muy diferente. Quitarle al que tiene menos lo poco que tiene para dárselo al que tiene más, tomando al pie de la letra, sería impropio del Dios de Jesús. Dios no tiene ninguna necesidad de castigar. El que escondió el talento ya se ha dañado, haciéndolo inútil para él y para los demás. Es algo que teníamos que aprender nosotros.
Tanto el que negocia con cinco, como el que negocia con dos, reciben exactamente el mismo premio. Esto indica que en ningún caso se trata de valorar los resultados del trabajo, sino la actitud de los empleados. En una cultura en la que todo se valora por los resultados, es muy difícil comprender esto. En un ambiente social donde nadie se mueve si no es por una paga; donde todo lo que hace tiene que reportar algún beneficio, es casi imposible comprender la gratuidad que nos pide el evangelio.
La parábola nos habla de progreso, de evolución constante hacia lo no descubierto. El único pecado es negarse a caminar. El ser humano tiene que estar volcado hacia su interior para poder desplegar todas sus posibilidades. Todo el pasado del hombre (y de la vida) no es más que el punto de partida, la rampa de lanzamiento hacia mayor plenitud. La tentación está en asegurar lo que tengo, enterrar el talento. Tal actitud no demuestra más que falta de confianza en uno mismo y en la vida, en Dios.
Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de la riqueza que ya tenemos. Unos no llegamos a descubrirla y otros la escondemos. El resultado es el mismo. No es nada fácil, porque nos han repetido hasta la saciedad, que estamos en pecado desde antes de nacer, que no valemos para nada, que la única salvación posible tiene que venirnos de fuera. Lo malo es que nos lo seguimos creyendo. El relato del camello que se negaba a moverse porque se creía atado a la estaca, aunque no lo estaba, O el león que vivía con las ovejas como un borrego son los mejores ejemplos.
Todo afán de seguridades, nos aleja del mensaje de Jesús. Todo intento de alcanzar verdades absolutas y normas de conducta inmutables, que nos dejen tranquilos carecen de sentido cristiano. Ninguna conceptualización de Dios puede ser definitiva. Estamos aquí para evolucionar, para que la vida nos atraviese y salga de nosotros enriquecida. Nuestro objetivo debía ser que, al abandonar este mundo, lo dejáramos un poquito mejor que cuando llegamos a él, haciéndolo más humano.
Trabaja con la destreza de sus manos Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas. Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas. Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma de rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.
Salmo responsorial: 127
Dichoso el que teme al Señor. Dichoso el que teme al Señor / y sigue sus caminos. / Comerás del fruto de tu trabajo, / serás dichoso, te irá bien. R. Tu mujer, como parra fecunda, / en medio de tu casa; / tus hijos, como renuevos de olivo, / alrededor de tu mesa. R. Ésta es la bendición del hombre / que teme al Señor. / Que el Señor te bendiga desde Sión, / que veas la prosperidad de Jerusalén / todos los días de tu vida. R.
1Tesalonicenses 5,1-6
Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón En lo referente al tiempo y las circunstancias no necesitáis, hermanos, que os escriba. Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.
Mateo 25,14-30
Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.] Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.» [Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.» Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.» El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»»] NOTAS DE LOS TEXTOS BÍBLICOS:
La «parábola de los talentos» es el texto principal entre los tres de hoy. Un comentario pastoral a esta lectura podrá ir por la senda usual ante este texto: Mateo acaba de hablar de la venida futura del Hijo del Hombre para el juicio, y a continuación nos dice cuáles son las actitudes adecuadas ante esa venida, a saber, la vigilancia (parábola de las diez vírgenes) y el compromiso de la caridad (parábolas de los talentos y del juicio de las naciones). La parábola de los talentos es, en este contexto interpretativo, un elogio del compromiso, de la efectividad, del trabajo, del rendimiento. Podrá ser aplicada fructuosamente al trabajo, la profesión, las realidades terrestres, el compromiso secular…
Sin embargo, el contexto de la hora histórica que vivimos es tal, que este mensaje, en sí mismo bueno y hasta naif, ingenuo, puede resultar funcional respecto a la ideología actualmente dominante, el neoliberalismo. Éste, en efecto, predica, como grandes valores suyos, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico (si tenemos un crecimiento bajo o no crecemos, nos declaramos en crisis), los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola, aunque si se los utiliza en la homilía, no pocos oyentes pensarán que el orador sagrado se salió de su competencia (o peor: que «se metió en política»). Por una casualidad del destino, esta parábola se hizo bien actual, y los teólogos neoconservadores (también hay «neocons» en teología) la valoran altamente. Algunas de sus frases, sin necesidad siquiera de interpretaciones rebuscadas, avalan directamente principios neoliberales. Pensemos, por ejemplo, en el enigmático versículo de Mt 25, 29: «Al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce, se le quitará hasta lo que tiene». No será fácil evitar en la predicación hacer el juego con esta parábola a un sistema que, para muchos cristianos de hoy, está en los antípodas de los principios cristianos.
La eficacia, la productividad, la eficiencia… no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino «cuantificaciones» que pueden ser aplicadas a unos u otros valores. Se puede ser eficiente en muchas dimensiones, muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también). La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención… no existe, o no nos interesa ahora. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá de la materia a la que apliquemos esa eficiencia, así como del objetivo al que se oriente.
Cabe entonces imaginar una «eficiencia» cristiana (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes). El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice ‘Señor, Señor’, sino el que hace…, la parábola de los dos hermanos (el que dice pero no hace y el que sí hace aunque había dicho que no haría), bienaventurados más bien los que escuchan la palabra y la ponen en práctica… y más paradigmáticamente, el texto que continúa al de hoy, el que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, en el que el criterio del juicio escatológico que allí aparece será precisamente lo que hayamos «hecho» efectivamente a los pobres…
La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia «por-el-Reino», la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo empleos por la adopción de tecnologías nuevas, por ejemplo), o la del que logra conquistar mercados por su competitividad (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños, o pobres, sin tecnología), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital «golondrina» en este gran casino mundial financiero en que se ha convertido el mundo…
La «eficiencia por la eficiencia» no es un valor cristiano, ni siquiera es un valor verdaderamente humano (no parece que nos humanice; más bien parece que lo heredamos de nuestro pasado como depredadores). Quizá sea cierto que el capitalismo, sobre todo en su expresión salvaje actual, sea «el sistema económico que más riqueza crea»; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que, en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza, sacrifica idolátricamente la justicia, la fraternidad y la participación de ingentes masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto es una idolatría, es la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal. Y sobre la «idolatría del mercado» y el carácter sacrificial de la ideología neoliberal, ya se ha escrito mucho.
No, no es pues que nosotros no queramos ser eficientes y competentes (más que competitivos), o que no seamos partidarios de la «calidad total», ni mucho menos… Somos partidarios de la mayor «eficacia en el servicio al Reino», así como de «la competencia y la calidad total en el servicio al Evangelio». (In ordinariis non ordinarius, decía un viejo adagio de la ascética clásica, queriendo llevar la calidad total a los detalles más pequeños de la vida ordinaria u oculta).
Y no es que no haya que reconocer que con frecuencia los más «religiosos» hayan estado ajenos a las implicaciones económicas de la vida real, predicando fácilmente una generosa distribución donde no se consigue una producción suficiente, esperándolo todo de la limosna o los piadosos mecenas. También en el campo de la economía teórica –sobre todo en esta hora– necesitamos un renovado compromiso de los cristianos.
Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala por sí misma; lo malo es ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 85 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El patrón se fue de viaje». El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/85-el-patron-se-fue-de-viaje/
Talentuen parabola ezagunenetakoa da seguru. Bidaiari ekin aurretik, jaun batek hiru langileren esku utzi ditu bere ondasunak. Lehenengo biak berehala hasi dira lanean. Jauna itzuli denean, emaitzak aurkeztu dizkiote jaunari: biek bikoiztu egin dituzte hartutako talentuak. Eskuzabal saritu die jaunak beren ahalegina, jakin baitute erantzuten berak espero zuenari.
Hirugarren langilearen jokabidea bitxia da. Buruak eman dion gauza bakarra, hartu duen talentua lurpean gordetzea izan da eta seguru gordetzea azkena arte. Jauna iritsi denean, itzuli dio hartutakoa, uste izanik haren desirari leial erantzun diola: «Hor duzu zeurea». Jaunak gaitzetsi egin du. Langile hau zabarra da eta alferra; ez du ulertu ezer ere. Bere segurtasuna izan du gogoan, soil-soilik.
Argia da Jesusen mezua. Ez kontserbadurismoari, bai sormenari. Ez bizitza antzu bati, bai Jainkoari eraginkor erantzuteari. Ez segurtasun-obsesioari, bai mundua aldatzeko ahalegin arriskutsuari. Ez konformismoan gordetako fedeari, bai Jesusi jarraitze konprometituari.
Oso tentagarria da beti problemak saihestuz eta patxada bilatuz bizitzea: ez konprometitzea bizitza korapila diezagukeen ezertan, geure ongizate txikia defendatzea. Ez dago bizitza antzu, txiki eta horizonterik gabe bizitzeko era hoberik.
Gauza bera gertatzen da kristau-bizitzan. Gure arriskurik handiena ez da betiko eskematatik irten eta gehiegizko berritasunetan erortzea, baizik eta geure fedea izoztu eta ebanjelioaren freskotasuna epeltzea. Geure buruari galdetu beharko genioke zer ari garen ereiten gizartean, nori diegun kutsatzen esperantza, non arintzen dugun sufrimendua.
Errorea izango litzateke Jainkoaren aurrean hirugarren langilearen jarrerarekin aurkeztea: «Hona zurea. Hona zure ebanjelioa, zure erreinuaren egitasmoa, zure maitasun-mezua sufritzen ari direnei. Leial asko gorde dugu. Ez digu balio izan geure bizitza eraldatzeko, ezta zure erreinua munduan txertatzeko ere. Ez dugu arriskurik hartu nahi izan. Baina hemen duzu zeurea oso-osorik».
José Antonio Pagola Itzultzailea: Dionisio Amundarain
NO ENTERRAR LA VIDA
La parábola de los talentos es seguramente una de las más conocidas. Antes de salir de viaje, un señor confía sus bienes a tres empleados. Los dos primeros se ponen de inmediato a trabajar. Cuando el señor regresa, le presentan los resultados: ambos han duplicado los talentos recibidos. Su esfuerzo es premiado con generosidad, pues han sabido responder a las expectativas de su señor.
La actuación del tercer empleado es extraña. Lo único que se le ocurre es «esconder bajo tierra» el talento recibido y conservarlo seguro hasta el final. Cuando llega el señor, se lo entrega pensando que ha respondido fielmente a sus deseos: «Aquí tienes lo tuyo». El señor lo condena. Este empleado «negligente y holgazán» no ha entendido nada. Solo ha pensado en su seguridad.
El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al seguimiento comprometido a Jesús.
Es muy tentador vivir siempre evitando problemas y buscando tranquilidad: no comprometernos en nada que nos pueda complicar la vida, defender nuestro pequeño bienestar. No hay mejor forma de vivir una vida estéril, pequeña y sin horizonte.
Lo mismo sucede en la vida cristiana. Nuestro mayor riesgo no es salirnos de los esquemas de siempre y caer en innovaciones exageradas, sino congelar nuestra fe y apagar la frescura del evangelio. Hemos de preguntarnos qué estamos sembrando en la sociedad, a quiénes contagiamos esperanza, dónde aliviamos sufrimiento.
Sería un error presentarnos ante Dios con la actitud del tercer siervo: «Aquí tienes lo tuyo. Aquí está tu evangelio, el proyecto de tu reino, tu mensaje de amor a los que sufren. Lo hemos conservado fielmente. No ha servido para transformar nuestra vida ni para introducir tu reino en el mundo. No hemos querido correr riesgos. Pero aquí lo tienes intacto».
Ha muerto como vivió. Sin querer hacer ruido, sin avisar. Y dejando mucho cariño alrededor. El téologo y ‘jesuita sin papeles, nuestro querido José María Castillo, acaba de fallecer en su amada Granada. Lo ha hecho rápido, junto a Marga, la mujer que lo acompañó en las últimas décadas, también en el tránsito final
Hace más treinta años, publicó los temas de Teología Popular, la teología que ahora renace, “puesta al día”. Esto se lee en su biografía ‘oficial’. Aunque José María es más, mucho más, que eso
Echaremos de menos su voz recia, fuerte, su palabra siempre precisa. Y intentaremos que se culminen los últimos proyectos que ha dejado sobre su mesa en Granada. Y le leeremos, porque Castillo nos ha dejado una vida entregada, y su palabra. Su palabra escrita, profética, que resuena en los corazones de mucha gente de buena voluntad. Descansa en paz, amigo
Ha muerto como vivió. Sin querer hacer ruido, sin avisar. Y dejando mucho cariño alrededor. El téologo y ‘jesuita sin papeles, nuestro querido José María Castillo, acaba de fallecer en su amada Granada. Lo ha hecho rápido, junto a Marga, la mujer que lo acompañó en las últimas décadas, también en el tránsito final.
José Mª Castillo nació en Puebla de Don Fadrique (Granada), en 1929. Ha sido jesuita durante más de cincuenta años. Doctor en Teología Dogmática (Universidad Gregoriana de Roma). Profesor de teología dogmática (Facultad de Teología de Granada). Profesor invitado en diversas Universidades (Gragoriana, de Roma; Comillas, de Madrid; UCA, de El Salvador). Doctor Honoris Causa por la Universidad de Granada. Autor de más de treinta libros y de numerosos artículos en revistas de investigación, de divulgación y de prensa diaria. Hace más treinta años, publicó los temas de Teología Popular, la teología que ahora renace, “puesta al día”. Esto se lee en su biografía ‘oficial’. Aunque José María es más, mucho más, que eso…Leer más (Jesús Bastante)
Florencio Roselló Avellanas (Alcorisa, Teruel, 10 de enero de 1962) es un sacerdote religioso mercedario de 61 años. El 9 de noviembre, el papa Francisco le nombró nuevo arzobispo de Pamplona y Tudela, cargo del que tomará posesión en una fecha que se indicará próximamente.
Roselló ha dedicado todo su ministerio pastoral a los presos, ya desde que era seminarista mercedario. Actualmente, es la cara visible del trabajo que la Iglesia española realiza a favor de los presos, ya que desde 2015 dirige el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. También es el capellán del Centro Penitenciario de Castellón de la Plana y vicepresidente de la CONFER diocesana.
Roselló sustituye a Francisco Pérez González, que presentó su renuncia por edad en enero de 2022, al cumplir los 75 años.
Hasta el momento, también era el superior de la comunidad mercedaria de Castellón. Tras su consagración episcopal, Roselló será uno de los nueve obispos religiosos de la Iglesia en España.
Estudios y primeros años
Francisco Roselló ingresó en el seminario menor de los PP. Mercedarios en Reus (Tarragona) en 1973, pero con la idea de estudiar en el Seminario Diocesano para ser sacerdote diocesano, hasta que profundizó en el carisma de la congregación.
Al finalizar los cursos de BUP, pasó al noviciado, tomó el hábito en el Monasterio de Santa María del Olivar (1979), emitió su primera profesión religiosa en 1980 y ese mismo año entró en la comunidad de Molins de Rei (Barcelona) y cursó COU. Se trasladó….Leer más (María Gómez / ARAS)
«Los Informes Sauvé y Gabilondo están utilizando el mismo sistema, por ejemplo, para detectar el número de personas que quieren la independencia de Euskadi o Catalunya, o la opinión de los ciudadanos hacia la princesa Leonor como futura reina de España. Y con una base muestral mucho menor»
«El staff de la Iglesia es masculino. No veo suficientemente subrayado este aspecto que también creo crucial. Lo que nos lleva a otra cuestión, absolutamente clave en la Iglesia católica: la situación de la mujer»
«Personalmente, apoyaría la doble hipótesis de una fuerte correlación entre la pederastia clerical (particularmente con niños y chicos) y la situación de la mujer en la Iglesia, por un lado, y la actitud de la Iglesia (obviamente masculina, distante y temerosa) con la mujer de carne y hueso, mujer que se presenta, muy frecuentemente como virgen, en el santoral. Apenas hay mujeres casadas, santificadas. Estamos aquí en un punto neurálgico del tema. Imposible soslayarlo, a mi juicio»
(Noticias de Guipúzcoa).- «El gravísimo tema de la pederastia en el clero católico, cuyas revelaciones estos últimos años nos han anonadado, va a marcar a la Iglesia católica en los próximos años. Este tema tiene muchos aspectos que exigen, a su vez, abordajes diversos. Pero sin olvidar, ni obviar, hay que decirlo de entrada, la cuestión más importante y la más urgente, a mi juicio, consiste en la indefensión de los niños (niños y niñas) ante el abuso sexual de los adultos, en este caso de los religiosos que, además, en los años en los que tuvieron lugar los abusos, en muchos lugares se les llamaba “padres”, “padre Luis”, “padre Juan”, etc…Leer más (Javier Elzo)
Nos acercamos al final del año litúrgico, que terminará el 26 de noviembre. Como si nos aproximáramos al final de curso y tuviéramos que hacer un examen, la Iglesia quiere que nos preparemos a fondo y con tiempo. Para ello, en estos tres últimos domingos del año (32-34), se leen tres parábolas que se complementan: las diez muchachas, los talentos, el Juicio Final. Estas parábolas sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, que las añade con un fin muy concreto: tomarse la vida muy en serio.
Un huracán inesperado
El 24 de octubre se abatió sobre Acapulco (Méjico) un huracán de fuerza 5. Se han contabilizado 46 muertos y 58 personas no localizadas. Pensemos también en los miles de muertos en la Franja de Gaza, Israel, Ucrania y el resto del mundo. Si pudieran volver a la vida estarían de acuerdo con las palabras del evangelio: «Estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora».
Vigilar no es vivir angustiado
San Luis Gonzaga estaba un día jugando al frontón y le preguntó un compañero: «Hermano Luis, si supieras que ibas a morir dentro de poco, ¿qué harías?». Y él respondió: «Seguir jugando». ¿Cómo se conjugan la vigilancia y el juego? La parábola de hoy puede ayudarnos a comprenderlo.
Las diez muchachas
En tiempos de Jesús, cuando se celebraba una boda, un grupo de muchachas acompañaba al novio a recoger a la novia para celebrar la ceremonia. A partir de este hecho tan trivial crea Jesús la parábola. Nos encontramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras sensatas, que llevan aceite de repuesto. Hasta aquí todo es posible. Pero la parábola adquiere de repente un tono irreal, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche.
Mientras, las diez se han quedado dormidas, y los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta.
La conclusión de la parábola es desconcertante: «Por tanto, estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora». Desconcertante, porque ninguna de las diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite. ¿Qué significa esto en la práctica?
Dos interpretaciones posibles
La parábola se ha interpretado en dos líneas principales.
Una concede especial importancia al aceite, viéndolo como imagen de la fe, del fervor, de las buenas obras, de lo que debemos estar provistos cuando llegue el esposo, Cristo.
Otra no presta atención al aceite; lo importante es estar preparados ya, y no retrasarlo hasta un momento que resulte demasiado tarde. Esta segunda línea parece la más exacta, como lo demuestra su traducción al lenguaje moderno. Diez universitarios se acercan al fin de curso. Cinco han estudiado durante todo el año, asistido a las prácticas, tomado apuntes; otros cinco han empalmado movida con movida. En el momento de entrar al examen piden a los primeros que les pasen las respuestas. Los otros se niegan, como es lógico. El examen se prepara con tiempo, no se improvisa ni se copia.
De todos modos, las dos interpretaciones se complementan. Si decimos: «Lo importante es estar preparados», ¿en qué consiste la preparación? «En llevar aceite de repuesto». Y ¿qué es el aceite? Mateo dejará claro dentro de dos domingos, al hablar del juicio final, que el aceite del que debemos estar provistos son las buenas obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, etc.
La clave de la 1ª lectura
La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, se ha elegido porque su tema empalma con el de la sensatez de las cinco muchachas. En esta lectura, la sabiduría no es algo intelectual, un conjunto de conocimientos, sino una persona a la que se ama, se busca y se encuentra, o que está sentada a nuestra puerta esperándonos. Los primeros cristianos aplicaron esta imagen personalizada de la sabiduría a Jesús, que es la Sabiduría de Dios.
Con esto, la parábola adquiere un sentido nuevo. ¿Cómo podemos estar
preparados? ¿En qué consiste la vigilancia? En tener ese contacto con Jesús, pensar en Él, hablar con Él, dejarnos encontrar por Él. Para que no nos ocurra lo que dice el novio a las cinco muchachas insensatas: «No os conozco». La amistad con Jesús, la capacidad de diálogo con Él, no se improvisan. Hay que ejercitarlas todos los días para poder disfrutar luego del banquete de bodas. Sin olvidar que el segundo mandamiento es igual que el primero: el amor y la preocupación por el prójimo tampoco se improvisan.
(Sab 6,13-16)Ven la sabiduría los que la aman, la encuentran los que la buscan
(1 Tes 12-17) “No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos”.
(Mt 25, 1-13) “Las que estaban preparadas entraron… y se cerró la puerta”.
Si tu lámpara está apagada, eres un cacharro inútil. Descubre el aceite que hay en ti y préndele fuego, tu vida cambiará.
Los textos de estos últimos domingos de año litúrgico nos invitan a despertar, a estar preparados. Ya no pensamos en ese Dios vengativo que está al acecho para ver como puede cogernos en un renuncio y condenarnos. La frase: “Dios te coja confesado” es un insulto a Dios. Dios no nos espera al final del camino para judgarnos. Dios es el principio y está en nosotros cada instante de nuestra vida para que podamos llevarla a plenitud.
Ya no tiene sentido meter miedo: No sabéis el día ni la hora. ¡Temblad! Y eso que, en el ciclo (A) nos libramos de textos apocalípticos, que son todavía más terroríficos. No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés, solo viviendo a tope, se aprende a morir. Aunque solo os quedara un segundo de vida, haríais mal en pensar en la muerte. Sería más positivo el vivir plenamente ese segundo. La muerte ni quita ni añade nada; el auténtico sentido debemos dárselo a la vida plenamente consciente.
Después de un año o más, de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a casa de su propia familia. En su casa le esperaba la novia con sus amigas, que la acompañarían. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas.
La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.
El aceite y la luz son las obras que manifiestan una actitud adecuada. Jesús había dicho: Yo soy la luz del mundo. Y también: vosotros sois la luz del mundo. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.
La primera lectura nos ayuda a entender la parábola. La Sabiduría es encontrar el sentido de la vida que es más importante que la vida misma. La vida tiene sentido, pero tenemos que descubrirlo. Esa es la tarea específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como vida humana. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Hay que despertar, de lo contrario, perderás la oportunidad de ser tú.
¿Cuál es el aceite que arde en la lámpara? Si acertamos con la respuesta, tenemos resuelto el significado de la parábola. En (Mt 7,24-27) se dice: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensatoque edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que no las pone por obra, se parece al necio que edificó sobre arena. La luz, son las obras. El aceite que alimenta la llama, es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor sino de la plenitud de Vida.
Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante. Solo con lo que hay de Dios en mí, descubierto, reconocido, desplegado, puedo considerarme encendido. Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la 1ª lectura. Sin llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios.
Interpretar la parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida de futura de Jesús, es pura mitología que nos lleva a un callejón sin salida. La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento, toda la vida transcurrirá carente de sentido.
Obsesionados por una “salvación eterna” para el más allá, hemos interpretado esta parábola como una advertencia: ¡cuidado! Si a la hora de la muerte no estás preparado, irá al fuego eterno para toda la eternidad. Nada más lejos del sentido del relato. Si el aceite es el amor manifestado en obras, lo que cuenta es toda una vida consumida en favor de los demás. No podemos pensar en el último día para darle sentido. Hay que buscar una interpretación más de acuerdo a todo el mensaje de Jesús.
La venida de Jesús al final del tiempo, es una imagen que no podemos tomar al pie de la letra; tiene un significado mucho más profundo. Jesús, con su muerte en la cruz, consumió todo su aceite en una llamarada que sigue iluminándonos. El don total de sí mismo trasformó todo lo humano en divino. Allí culminó su “historia humana” porque solo permanecerá de él lo que le identifica con Dios, y Dios está fuera del tiempo y del espacio. No nos cabe en la cabeza que el consumirnos no sea nuestra meta.
Los primeros cristianos esperaron la segunda venida de Jesús de una manera temporal. Nosotros seguimos esperando esa venida en la que no se hablará de cruz, sino de gloria para todos. No nos gusta cómo terminó Jesús su paso por la tierra, por eso hemos inventado un futuro a nuestro gusto para él y para nosotros. Esperamos que vuelva glorioso y nos comunique esa misma gloria. Esta visión surge de nuestro falso yo, que nunca aceptará el desaparecer, mucho menos consumirse en beneficio de los demás.
Si queremos dejar de ser necios y empezar a ser sensatos, debemos desplegar nuestra vida desde otra perspectiva. Tenemos que abandonar todo proyecto de glorificación, sea en este mundo o sea en el otro, y entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total. El aceite solo da luz a costa de consumirse. Si aceptamos el programa del evangelio solo porque nos han prometido una “gloria”, la cosa no puede funcionar.
La situación humana se parece a un avión que rueda por la pista a su máxima potencia, pero no es capaz de alzar el vuelo. Tiene dos opciones: aumentar la potencia o aligerar la carga. Todo ser humano está diseñado para trascender, ir más allá de su biología. Aumentará la potencia por la comprensión de su verdadero ser. Deshacerse de carga sería superar los apegos, las seguridades materiales.
JESUSEN ZAIN KRISEILUAK PIZTURIK- ESPERAR A JESÚS CON LAS LÁMPARAS ENCENDIDAS
Lehen kristauen artean baziren, dudarik gabe, ikasle «onak» eta ikasle «txarrak». Hain zuzen, bere ebanjelioa idaztean, Mateok gogorarazi nahi digu ezen kristau-elkartean badirela ikasle «zentzudunak», erantzukizunez jokatzen dutenak, eta ikasle «zentzugabeak», axolagabe eta zabar jokatzen dutenak. Zer esan nahi du honek?
Mateok Jesusen bi parabola dakarzkigu. Lehenengoa oso argia da. Badira batzuk «Jesusen hitza entzuten dutenak» eta «betetzen dutenak». Serioski hartzen dute ebanjelioa eta beren bizieraz adierazten dute ebanjelio hori. Etxea arroka gainean eraikitzen duen «gizon zuhurra» bezalakoak dira, Jende-mota hau sailik erantzukizunezkoena da: beren bizitza eta Elizarena Jesusen egiaren gainean eraikitzen ari direnak dira.
Badira ere Jesusen hitza entzuten dutenak eta «betetzen ez dutenak». «Bere etxea hondar gainean eraikitzen duen» gizona bezalako zoroak dira. Erokeria hutsa da beraien bizitza. Den-dena beraien arazoa bakarrik balitz, kristautasuna itxurakeria hutsa izango litzateke, Jesusen gaineko benetako oinarririk gabea.
Parabola hau beste kontaera bateko funtsezko mezua atzemateko laguntza dugu: neska-talde bat, poz-pozik, senarraren zain egotera irten da, eztei-jaian berari lagun egiteko. Hasieratik adierazten zaigu batzuk «zentzudunak» direla eta beste batzuk zentzugabeak.
«Zentzudunek» berekin dute olioa kriseiluak pizturik edukitzeko; «zentzugabeak» ez dira horrelako ezertaz arduratu. Senarra berandutu egin da, baina iritsi da, halere, gauerdian. «Zentzudunak» beren kriseiluekin bidean argi egitera irten dira, lagun degiote senarrari eta «berarekin sartu dira jai-aretora». «Zentzugabeek», berriz, ez dakite nola konpondu beren problema: «kriseiluak itzali egin zaizkie». Horrela ezin lagun egin diote senarrari. Iritsi direnean beranduegi da. Atea itxia dago.
Mezua argia da eta larria. Zorakeria da ebanjelioa entzuten jarraitzea ahalegin handiagorik egin gabe hura bizi bihurtzeko; kristautasuna hondar gainean eraiki nahi izatea da. Eta erokeria da Jesu Kristo aitortzea itzalia den bizi batekin, beraren espiriturik eta egiarik gabea den bizi batekin: Kristoren zain, «itzaliak diren kriseiluekin» egotea da. Jesus berandutu daiteke, baina guk ezin dugu geure konbertsioa gehiago atzeratu.
José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain
ESPERAR A JESÚS CON LAS LÁMPARAS ENCENDIDAS
Entre los primeros cristianos había, sin duda, discípulos «buenos» y discípulos «malos». Sin embargo, al escribir su evangelio, Mateo se preocupa sobre todo de recordar que, dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos» que están actuando de manera responsable y discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada. ¿Qué quiere decir esto?
Mateo recuerda dos parábolas de Jesús. La primera es muy clara. Hay algunos que «escuchan las palabras de Jesús» y «las ponen en práctica». Toman en serio el evangelio y lo traducen en vida. Son como el «hombre sensato» que construye su casa sobre roca. Es el sector más responsable: los que van construyendo su vida y la de la Iglesia sobre la verdad de Jesús.
Pero hay también quienes escuchan las palabras de Jesús y «no las ponen en práctica». Son tan «necios» como el hombre que «edifica su casa sobre arena». Su vida es un disparate. Si fuera solo por ellos, el cristianismo sería pura fachada, sin fundamento real en Jesús.
Esta parábola nos ayuda a captar el mensaje fundamental de otro relato en el que un grupo de jóvenes salen, llenas de alegría, a esperar al esposo para acompañarlo a la fiesta de su boda. Desde el comienzo se nos advierte que unas son «sensatas» y otras «necias».
Las «sensatas» llevan consigo aceite para mantener encendidas sus lámparas; las «necias» no piensan en nada de esto. El esposo tarda, pero llega a medianoche. Las «sensatas» salen con sus lámparas a iluminar el camino, acompañan al esposo y «entran con él» en la fiesta. Las «necias», por su parte, no saben cómo resolver su problema: «se les apagan las lámparas». Así no pueden acompañar al esposo. Cuando llegan es tarde. La puerta está cerrada.
El mensaje es claro y urgente. Es una insensatez seguir escuchando el evangelio sin hacer un esfuerzo mayor para convertirlo en vida: es construir un cristianismo sobre arena. Y es una necedad confesar a Jesucristo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad: es esperar a Jesús con las «lámparas apagadas». Jesús puede tardar, pero nosotros no podemos retrasar más nuestra conversión.