Los efectos del Papa en Lisboa: Un éxito sin precedentes, porque ganan todos con la JMJ

Religión Digital

«Gana la Iglesia universal tan necesitada de una inyección de autoestima y de un subidón de adrenalina y de orgullo creyente, y el propio Papa, que regresa a Roma “rejuvenecido” y con las pilas cargadas para abordar, con entereza y decisión, el tramo final de su pontificado, en alas del proceso sinodal y de una Iglesia que ansía la primavera»

«La fe en forma de espectáculo masivo, pero, al fin y al cabo, demostración de religiosidad. Y, aunque la fe sea un sentimiento personal, se vive en pueblo. Y aquí hubo una multitud bíblica de millón y medio»

«El Papa anciano que ha rejuvenecido. El abuelo-joven, el viejo sabio que cautivó a todos. Con su eterna sonrisa y un aguante excepcional para sus 86 años»

«La nueva evangelización, en la época mediática y global, exige actos masivos de este tipo: De autoestima interna y orgullo externo»

Un viaje redondo, un éxito sin paliativos el del Papa Francisco en Lisboa, donde se convierte en el profeta del mundo herido, en el sabio, anciano en silla de ruedas, que les señala el futuro a las jóvenes generaciones católicas del mundo en una Iglesia madre, donde caben “todos, todos, todos”.

Un éxito sin precedentes, porque ganan todos con la JMJ: Portugal y su presidente, Marcelo Rebelo de Sousa; la Iglesia portuguesa, que, con humildad y reparación, intenta levantar cabeza tras la plaga de los abusos del clero; la Iglesia universal tan necesitada de una inyección de autoestima y de un subidón de adrenalina y de orgullo creyente, y el propio Papa, que regresa a Roma “rejuvenecido” y con las pilas cargadas para abordar, con entereza y decisión, el tramo final de su pontificado, en alas del proceso sinodal y de una Iglesia que ansía la primavera…Leer más…(José Manuel Vidal)

Francisco: «El Mediterráneo es un cementerio, pero no es el cementerio más grande. El mayor cementerio es el norte de África»

Francisco, durante la entrevista en el vuelo papal Vatican Media

«Los jóvenes son una sorpresa. Los jóvenes son jóvenes, meten la pata, la vida es así. Pero intentan seguir adelante»

«¿Quién de nosotros no ha cometido errores morales en su vida? Todos. Cada uno de nosotros tiene sus propias caídas en nuestra historia. La vida es así. Pero el Señor siempre nos espera porque es misericordioso y padre y la misericordia va más allá de todo»

Sobre los abusos, el Papa pidió «madurar el escándalo de Boston (del que se acaban de cumplir 20 años). La Iglesia no puede seguir caminos aleatorios»

«La explotación de los inmigrantes es criminal»

«Hay una mirada que no entiende esta inserción de la Iglesia como madre y la piensa como una especie de empresa en la que para entrar hay que hacer esto, hacerlo de esta manera y no de otra»

«El Mediterráneo es un cementerio, pero no es el cementerio más grande. El mayor cementerio es el norte de África». Rotundo, el Papa Francisco ha vuelto a insistir en una de las ideas que marcaron el comienzo de su pontificado, a la hora de hablar del descarte y de la necesidad de afrontar los derechos de todos. Y lo hizo durante la entrevista en el vuelo que le trajo de vuelta a Roma procedente de Lisboa y en el que la crisis de los abusos, la Iglesia y los homoseuxales, los jóvenes y la moral o el auge de los suicidios juveniles formaron parte de la charla, de una media hora de duración…Leer más…(Jesús Bastante)

El papa Francisco a Vida Nueva: “Soy una víctima del Espíritu Santo…”

Vida Nueva

“Esto empezó con una idea loca y acá estamos”. Así arranca la bienvenida de Francisco. Con la naturalidad con la que ha impregnado cada rincón de un pontificado que ya ha rebasado una década y no huele ni a desgastado ni a liquidación por cierre. Al menos, eso se percibe. No solo de primeras, sino cuando la conversación se adentra en cualquier tema.

Más allá de las limitaciones físicas por su maltrecha rodilla, no le fallan las fuerzas. Ni mucho menos el entusiasmo. Por eso, ni siquiera sobrevuela en el coloquio con él la necesidad de preguntarle por la renuncia. Ni se la ve ni se la espera. Sobre todo, por la lucidez y agilidad para soportar un tercer grado, durante varias horas, saltando de un tema a otro. Se las sabe todas, como un cura villero acostumbrado a tratar lo mismo con una mujer que se desvive de sol a sol para sacar adelante a su familia que con un traficante de ‘paco’ que intenta enganchar a los chavales de la barriada.

Francisco responde. Reflexiona. Pregunta. Propone. Bromea. Y se ríe. Mucho. No relativiza, pero sí da la importancia justa a los problemas que se le plantean. Contundente con todo lo que acumula carcoma. ‘Misericordiando’ cuando alguien abre su corazón fuera del interrogatorio periodístico. Acaricia heridas. Consuela. Le va conjugar verbos de acción. Pero también de contemplación. Escucha. Acoge. Sobre todo, acoge. Desde el minuto cero. Para hacer ver al otro que no se siente extraño ni alejado ni juzgado. Es la percepción del equipo de ‘Vida Nueva’ nada más romper la barrera que resulta inevitable levantar cuando uno se sabe recibido por el sucesor de Pedro. Él se encarga de difuminar lo que suena a distancia para transformarlo en puente…Leer más…(El Papa a Vida Nueva)

Urteko 19. Igandea – Domingo 19 T.O. José A. Pagola

A (Mateo 14,22-33)

HONDORATU BAINO LEHEN – ANTES DE HUNDIRNOS.

Harritzekoa da zein gaurko bihurtu den krisialdi erlijioso hauetan Galileako aintzirako ekaitzaren kontakizuna. Ezaugarri trebez deskribatu du Mateok egoera: Jesusen ikasleak bakarrik daude, «lur lehorretik» urrun, itsasoko ziurgabetasunean; ontzia «olatuen astindua» jasaten ari da, kontrako indarrek gainezka eginik; «kontrakoa dute haizea», dena bihurtu zaie kontra; «gau ilun-iluna» da, ilunak ez du uzten zeruertza ikusten.

Horrela bizi da kristau ez gutxi gaur egun. Ez dago, ez segurtasunik, ez ziurtasun erlijiosorik; den-dena bilakatu da ilun eta dudagarri. Erlijioa mota guztietako salaketa eta errezelo ari da jasaten. Kristautasunaz iraganekoa izango litzatekeen eta azkenak ematen ariko litzatekeen erlijio batez bezala hitz egiten da; «aro postkristauan» sartzen ari garela esaten da (E. Poulat). Zenbait jenderengan galdera jaio da: erlijioa ez ote da amets irreal bat, mito xalo bat, galtzera joateko deitua? Hori da ikasleen oihua Jesus ekaitzean barruntatu dutenean: «Mamu bat da».

Berehala etorri da Jesusen erreakzioa: «Aupa, neu naiz, ez beldur izan». Hitz hauek animaturik, eskari ezentzuna egin dio Pedrok Jesusi: «Jauna, zu bazara, agindu iezadazu zugana joateko ur gainean oinez». Ez daki Jesus mamu bat den ala norbait erreal, baina berarengana oinez joan ote daitekeen egiaztatu nahi du, ez lur lehorrean, baizik ur gainean, ez argudio segurutan sostengatuz, baizik fedearen ahuldadean.

Horrela bizi du fededunak Kristorekiko atxikipena krisialdietan eta ilunaldietan. Ez dakigu Kristo mamu bat den ala norbait biziduna eta erreala, Aitak berpiztua gure salbaziorako. Ez dugu argudio zientifikorik egiaztatzeko, baina badakigu esperientziaz bizitzan barna bide egin daitekeela Kristorekiko fedea eta beraren hitza sostengu harturik.

Ez da gauza erraza fede biluz honetan bizitzea. Ebanjelioko kontakizunak diosku Pedrok «haizearen indarra sentitu zuela», «beldurra sartu zitzaiola», eta «hondoratzen hasi zela». Oso ezaguna da prozesua: gaitzaren indarrari bakarrik erreparatzea, beldurrak zurrundu gaitzan uztea eta etsipenean hondoratzea.

Pedrok erreakzionatu du eta, guztiz hondoratu aurretik, hots egin du: «Jauna, salba nazazu». Ez nola, ez zergatik jakin gabe, posible da orduan Kristo sumatzea, eskua luzaturik, geure fedearen sostengu bihurturik, eta salbatzen gaituela, aldi batean esaten digularik: «Fede gutxiko hori, zergatik duda-muda hori?».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ANTES DE HUNDIRNOS

Es sorprendente la actualidad que cobra en estos tiempos de crisis religiosa el relato de la tempestad en el lago de Galilea. Mateo describe con rasgos certeros la situación: los discípulos de Jesús se encuentran solos, «lejos de tierra firme», en medio de la inseguridad del mar; la barca está «sacudida por las olas», desbordada por fuerzas adversas; «el viento es contrario», todo se vuelve en contra; es «noche cerrada», las tinieblas impiden ver el horizonte.

Así viven no pocos creyentes el momento actual. No hay seguridad ni certezas religiosas; todo se ha vuelto oscuro y dudoso. La religión está sometida a toda clase de acusaciones y sospechas. Se habla del cristianismo como una «religión terminal» que pertenece al pasado; se dice que estamos entrando en una «era poscristiana» (E. Poulat). En algunos nace el interrogante: ¿no será la religión un sueño irreal, un mito ingenuo llamado a desaparecer? Este es el grito de los discípulos al atisbar a Jesús en medio de la tempestad: «Es un fantasma».

La reacción de Jesús es inmediata: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Animado por estas palabras, Pedro hace a Jesús una petición inaudita: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua». No sabe si Jesús es un fantasma o alguien real, pero quiere comprobar que se puede caminar hacia él andando, no sobre tierra firme, sino sobre el agua, no apoyándose en argumentos seguros, sino en la debilidad de la fe.

Así vive el creyente su adhesión a Cristo en momentos de crisis y oscuridad. No sabemos si Cristo es un fantasma o alguien vivo y real, resucitado por el Padre para nuestra salvación. No tenemos argumentos científicos para comprobarlo, pero sabemos por experiencia que se puede caminar por la vida sostenidos por la fe en él y en su palabra.

No es fácil vivir de esta fe desnuda. El relato evangélico nos dice que Pedro «sintió la fuerza del viento», «le entró miedo» y «empezó a hundirse». Es un proceso muy conocido: fijarnos solo en la fuerza del mal, dejarnos paralizar por el miedo y hundirnos en la desesperanza.

Pedro reacciona y, antes de hundirse del todo, grita: «Señor, sálvame». La fe es muchas veces un grito, una invocación, una llamada a Dios: «Señor, sálvame». Sin saber ni cómo ni por qué, es posible entonces percibir a Cristo como una mano tendida que sostiene nuestra fe y nos salva, al tiempo que nos dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudas?».

José Antonio Pagola

19º domingo de T.O.  Koinonía

1Reyes 19,9a.11-13a

Ponte de pie en el monte ante el Señor

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!» Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Salmo responsorial: 84

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor: / «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» / La salvación está ya cerca de sus fieles, / y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, / la justicia y la paz se besan; / la fidelidad brota de la tierra, / y la justicia mira desde el cielo. R.

El Señor nos dará la lluvia, / y nuestra tierra dará su fruto. / La justicia marchará ante él, / la salvación seguirá sus pasos. R.

Romanos 9,1-5

Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos

Hermanos: Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Mateo 14,22-33

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

COMENTARIOS A LOS TEXTOS:

Orientamos la homilía de hoy dentro del lenguaje tradicional («dentro de la caja bíblica»); para planteamientos más abiertos puede tomarse algún enfoque de los presentados en la sección «para la reunión de grupo».

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que les tocó actuar, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17,1 – 2R 2,1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16,31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado, Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos amenazantes –en la tormenta imponente o en el fuego abrazador–, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la «masacre» del monte Carmelo por parte de Elías (1R 18,20-40), sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21,1-29) y aberraciones (2R 1,1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2,1-12). Elías descubrió (¿?) así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera, aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer una ideología, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro, llevado por la temeridad, se lanza a experimentar el milagro. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 59 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El fantasma del lago». El audio, su guión, y un comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/59-el-fantasma-del-lago/.

La serie «Otro Dios es posible» tiene un capítulo, la entrevista nº 20, titulada «¿Caminó sobre las aguas?», [https://radialistas.net/20-camino-sobre-las-aguas/] que puede dar pie a un debate muy interesante sobre el texto del evangelio de hoy.

Francisco saca los colores a Europa desde Lisboa: «¿Hacia dónde navegas, si no ofreces caminos creativos para poner fin a la guerra en Ucrania?»

Religión Digital

«Parece que las injusticias planetarias, las guerras, las crisis climáticas y migratorias corren más rápido que la capacidad, y a menudo la voluntad, de afrontar juntos estos retos»

«Estamos navegando en circunstancias críticas y tempestuosas, y percibimos la falta de rumbos valientes hacia la paz»

«Mirando con cariño sincero a Europa, en el espíritu de diálogo que la caracteriza, nos saldría espontáneo preguntarle: ¿hacia dónde navegas, si no ofreces procesos de paz, caminos creativos para poner fin a la guerra en Ucrania y a tantos conflictos que ensangrientan el mundo?»

«¿Hacia dónde navegan, Europa y Occidente, con el descarte de los ancianos, los muros de alambre espigado, las tragedias en el mar y las cunas vacías? ¿Hacia dónde van si, ante el dolor de vivir, ofrecen remedios superficiales y equivocados, como el fácil acceso a la muerte»

«Jóvenes de todo el mundo, que cultivan deseos de unidad, de paz y de fraternidad, nos desafían a hacer realidad sus sueños de bien. No están en las calles para gritar de rabia, sino para compartir la esperanza del Evangelio»

Lleno de lirismo, entonando la melodiosa voz de sus poetas y narradores, el discurso del papa Francisco ante las autoridades de Portugal, en el Centro Cultural de Belém, el primero que pronunció este mediodía tras su llegada para su estancia de cinco días en el país atlántico para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, contenía, sin embargo, una carga de profundidad para el conjunto de la Unión Europa desde donde terminan sus fronteras y comienza las del ancho mar más allá del finisterrae…Leer más…(José Lorenzo)

Jóvenes ultracatólicos, en auge en Cataluña

Atrio

Mañana empiezan en Lisboa la Jornada Mundial de la Juventud. Tenía pensado dedicarle especial atención a ATRIO esta semana, ya que en Agosto stamos más libres  y podemos dejar otros temas en espera . Ofreceremos la directa asistencia mediática a actos e intervenciones y acogeremos testimonios de asistentes presenciales o mediáticos. ¡Ojalá tengamos testimonios de jóvenes asistentes! Haced de mediadores para ofrecerlos aquí. La finalidad es que, con espíritu de escucha respetuosa, pero con discernimiento crítico, veamos qué tipo de problemática juvenil y cristiana domina allí en testimonios y en discursos papales. Porque esta JMJ está siendo especialmente discutida antes de celebrarse por estar cerca de una sesión trascendental del Sínodo 2021-24, considerado por muchos culmen del pontificado de Francisco y por la sorprendente nombramiento de cardenal al discutido obispo auxiliar que preside la organización de la Jornada. Pero, como aperitivo para ver lo diferente que pueden ser los jóvenes católicos, invito a leer esta impresionante crónica desde Barcelona. AD.

Un grupo de jóvenes fundado por un sacerdote del Opus de Madrid triunfa en Cataluña, donde organiza los lunes “horas santas” para hacer “adoraciones ante el Santísimo”

Por   MIREIA ROURERA,   elpuntavui.cat y traducción en Foro de curas de Bizkaia, 31/07/223

Cada lunes a las nueve de la noche, en la parroquia Virgen de los Dolores de la calle Begur de Barcelona un grupo de universitarios ultracatólicos miembros del grupo Hakuna celebra la hora santa…Leer más…

La JMJ de Lisboa pone a prueba a Francisco diez años después del «¡Hagan lío!»

Religión Digital-EFE

Francisco emprende su 42 viaje internacional para participar en la JMJ, el acto católico más multitudinario

El papa ya estuvo en Portugal en 2017, pero no visitó Lisboa y se limitó a presidir en Fátima las celebraciones por los 100 años de las apariciones de la Virgen

La última JMJ, que se celebra cada tres años, fue en Panamá en 2019 y a la de Lisboa, que se tuvo que posponer a este año debido a la pandemia, Francisco llega en silla de ruedas, debido a sus problemas de movilidad por los dolores en la rodilla

El papa Francisco llega a Lisboa para participar en los actos de su cuarta Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que pondrá a prueba su resistencia a los 86 años y dos meses después de ser operado, además de la relación de la Iglesia con los jóvenes diez años después de aquel «¡Hagan lío!» con el que inició su pontificado.

Francisco emprende su 42 viaje internacional para participar en la JMJ, el acto católico más multitudinario y en el que ya se han inscrito más de 330.000 jóvenes de 200 naciones y cerca de 20.000 voluntarios, pero los organizadores esperan que se llegue al millón, cifra con la que se podrá considerar un éxito.

El papa ya estuvo en Portugal en 2017, pero no visitó Lisboa y se limitó a presidir en Fátima las celebraciones por los 100 años de las apariciones de la Virgen. En esta ocasión ha insistido en ir al santuario mariano ante la preocupante situación internacional, donde el sábado elevará su petición para el final de la guerra en Ucrania…Leer más…(Cristina Cabrejas

DOMINGO 18 – CICLO – A José Luis Sicre

FE ADULTA

Un alimento gratuito frente a otros caros que no sacian (Isaías 55,1-3)

«¿Tiene hambre o sed? Entre y compre sin pagar». «No vaya a la tienda de enfrente; sus productos son caros y no alimentan?». «Entre y coma gratis platos sustanciosos». Ni el supermercado más agresivo haría una propaganda como esta: lo llevaría a la ruina.

Este breve pasaje del libro de Isaías, contraponiendo un alimento espléndido y gratuito a otro caro e insustancial, nos ayuda a pensar en nuestras dos fuentes de alimentación: la física y la espiritual, la comida ordinaria (que cuesta y solo sacia unas horas) y la eucaristía (gratuita y que alimenta hasta la vida eterna). ¿Valoramos adecuadamente la segunda? ¿La hemos echado de menos durante estos meses?

Jesús alimenta gratuitamente a su comunidad (Mateo 14,13-21)

Cuando los discípulos de Juan Bautista le comunican a Jesús la muerte de su maestro, Jesús se retira en barca a un sitio apartado. No va en busca de Herodes a denunciarlo. Huye, para poder seguir cumpliendo su misión. Lo sigue mucha gente de todos los pueblecillos, siente lástima y cura a los enfermos. Al caer la tarde, multiplica los panes para alimentar a una gran multitud formada por cinco mil varones acompañados de mujeres y niños. ¿Cómo hay que interpretar este episodio?

Problemas de la interpretación puramente histórica

Podríamos entender el relato como el recuerdo de un hecho histórico que demostraría el poder y la bondad de Jesús: no solo cura a los enfermos sino que se preocupa también por las necesidades materiales de la gente. Esta interpretación histórica encuentra grandes dificultades cuando intentamos imaginar la escena.

Se trata de una multitud enorme, quizá diez o quince mil personas, si incluimos mujeres y niños, como indica expresamente Mateo. Para reunir esa multitud tendrían que haberse quedados vacíos varios pueblos de aquella zona.

La propuesta de los discípulos de ir a los pueblos cercanos a comprar comida resulta difícil de cumplir: harían falta varios Hipercor y Alcampo para alimentar a tanta gente.

Aun admitiendo que Jesús multiplicase los panes, su reparto entre esa multitud, llevado a cabo por solo doce camareros (a unas mil personas por cabeza) plantea grandes problemas.

¿Cómo se multiplican los panes? ¿En manos de Jesús, o en manos de Jesús y de cada apóstol? ¿Tienen que ir dando viajes de ida y vuelta para coger nuevos trozos cada vez que se acaban?

¿Por qué no dice nada Mateo del reparto de los peces? ¿Es que éstos no se multiplican?

Después de repartir la comida a una multitud tan grande, ya casi de noche, ¿a quién se le ocurre ir a recoger las sobras en mitad del campo?

¿Cómo es posible que nadie se extrañe de lo sucedido?

Estas preguntas, que parecen ridículas, y que a algunos pueden molestar, son importantes para valorar rectamente lo que cuenta Mateo. ¿Se basa su relato en un hecho histórico, y quiere recordarlo para dejar claro el poder y la misericordia de Jesús? ¿Se trata de algo inventado por el evangelista para transmitir una enseñanza?

Problema de la interpretación racionalista y moralizante

En el siglo XIX, por influjo especialmente de la Vida de Jesús de Renan, se difundió la tendencia a interpretar los milagros de forma racionalista, de modo que no supusieran una dificultad para la fe. En concreto, lo que ocurrió en la multiplicación de los panes fue lo siguiente: Jesús animó a sus discípulos y a la gente a compartir lo que tenían, y así todos terminaron saciados. El relato pretende fomentar la generosidad y la participación de los bienes. Esta opinión, que sigue apareciendo incluso en libros pretendidamente científicos, inventa algo que el evangelio no cuenta, incluso en contradicción expresa con él, e ignora el mundo en el que fueron redactados los evangelios.

La interpretación simbólica y eucarística

A la comunidad de Mateo este episodio no le resultaría extraño. Con su conocimiento del Antiguo Testamento vería en el relato la referencia clarísima a dos pasajes bíblicos.

En primer lugar, la imagen de una gran multitud de hombres, mujeres y niños, en el desierto, sin posibilidad de alimentarse, evoca la del antiguo Israel, en su marcha desde Egipto a Canaán, cuando es alimentado por Dios con el maná y las codornices gracias a la intercesión de Moisés.

Hay también otro relato sobre Eliseo que les vendría espontáneo a la memoria. Este profeta, uno de los más famosos de los primeros tiempos, estaba rodeado de un grupo abundante de discípulos de origen humilde y pobre. Un día ocurrió lo siguiente:

«Uno de Baal Salisá vino a traer al profeta el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo:
– Dáselos a la gente, que coman.
El criado replicó:
– ¿Qué hago yo con esto para cien personas?
Eliseo insistió:
– Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará.
Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor»
(2 Reyes 4,42-44).

Cualquier lector de Mateo podía extraer fácilmente una conclusión: Jesús se preocupa por las personas que le siguen, las alimenta en medio de las dificultades, igual que hicieron Moisés y Eliseo en tiempos antiguos. Al mismo tiempo, quedan claras ciertas diferencias. En comparación con Moisés, Jesús no tiene que pedirle a Dios que resuelva el problema, él mismo tiene capacidad de hacerlo. En comparación con Eliseo, su poder lo sobrepasa también de forma extraordinaria: no alimenta a cien personas con veinte panes, sino a varios miles con solo cinco, y sobran doce cestos. La misericordia y el poder de Jesús quedan subrayados de forma absoluta.

Sin embargo, aquellos lectores antiguos se preguntarían qué sentido tenía ese relato para ellos. Porque su generación no podía beneficiarse del poder y la misericordia de Jesús para saciar su hambre en momentos de necesidad. Y sabían que otros muchos contemporáneos de Jesús habían pasado hambre sin ser testigos de ningún milagro parecido. En el fondo, la pregunta es: ¿sigue saciando Jesús nuestra hambre, nos sigue ayudando en los momentos de necesidad?

Aquí entra en juego un aspecto esencial del relato: su relación con la celebración eucarística en las primeras comunidades cristianas. Es cierto que estos detalles no pueden exagerarse. Por ejemplo, el levantar la vista al cielo y pronunciar la bendición antes de la comida era un gesto normal en cualquier familia piadosa. También era normal recoger las sobras. Sin embargo, Mateo ofrece un detalle importante: omite los peces en el momento de la multiplicación. Algunos autores se niegan a darle valor a este detalle. Pero es interesantísimo. Cuando se come pan y pescado, lo importante es el pescado, no el pan. Carece de sentido omitir la mención del alimento principal. Si se omite, es por una intención premeditada: acentuar la importancia del pan, con su clara referencia a la eucaristía. Porque en ella acontece lo mismo que en la multiplicación de los panes. Jesús la instituye antes de morir con el sentido expreso de alimento: «Tomad y comed… tomad y bebed». Los cristianos saben que con ese alimento no se sacia el hambre física; pero también saben que ese alimento es esencial para sobrevivir espiritualmente. De la eucaristía, donde recuerdan la muerte y resurrección de Jesús, sacan fuerzas para amar a Dios y al prójimo, para superar las dificultades, para resistir en medio de las persecuciones e incluso entregarse a la muerte.

Un cristiano de hoy debería sacar el mismo mensaje de este pasaje: Jesús se compadece de nosotros y manifiesta su poder alimentándonos con su cuerpo y su sangre. También podríamos sacar otras enseñanzas: la obligación de preocuparnos por los demás, de poner a su disposición lo poco o mucho que tengamos. Así, los benedictinos alemanes han querido recordar la preocupación de Jesús por los necesitados instituyendo en el sitio donde se recuerda la multiplicación de los panes un centro de atención a niños disminuidos físicos. Pero lo esencial del relato es lo que decíamos anteriormente.

Amor a Cristo y amor de Cristo (Romanos 8,35.37-39)

El evangelio habla de la compasión de Jesús, de su preocupación por nuestras necesidades físicas y materiales. Pablo, que experimentó ese amor, se pregunta si hay algo que pueda impedirle amar a Cristo, negarlo o traicionarlo. Enumera siete posibilidades, incluida la del martirio, y está convencido de que siempre saldrá victorioso gracias a «Aquel que nos ha amado». Porque el amor de Dios, manifestado en Cristo, es tan grande que ninguna realidad o criatura, por sublime y poderosa que parezca, podrá apartarnos de él.

 

José Luis Sicre

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DOMINGO  18  (A) – Fray Marcos

(Is 55,1-) Gastáis dinero en lo que no alimenta y salario en lo que no harta

(Rom 8,35-39) Nada ni nadie podrá apartarnos del amor de Dios».

(Mt 14,13-21) «Dadles vosotros de comer…»

 

Lo que me salva no es comer el pan sino darme a los demás. Si no me aproximo al que me necesita, me estoy alejando del Dios de Jesús.

Seis veces se narra en los evangelios este episodio. Jesús da de comer a una multitud en despoblado. Es seguro que algo muy parecido, pasó en realidad y probablemente más de una vez. Pero lo que pasó no tiene ninguna importancia, porque se trata de un relato simbólico. Lo importante es lo que nos quieren decir al contarnos esta historia. Las circunstancias de tiempo y lugar son datos teológicos, que nos tienen que acercar, no a un conocimiento discursivo y racional sino a una profunda vivencia religiosa. 

Con los conocimientos exegéticos que hoy tenemos, no podemos seguir entendiendo este relato como multiplicación milagrosa de unos panes y peces. Es más, entendido como un milagro material y puntual, nos quedamos sin el verdadero mensaje del evangelio. Podíamos decir que es una parábola en acción. También hace falta “oídos” y “ojos” bien abiertos para entenderla. El punto de inflexión del relato está en las palabras de Jesús: dadles vosotros de comer. Jesús Sabía que eso era imposible. Parece ser que no entraba en los planes del grupo preocuparse de las necesidades materiales de los demás.

No podemos seguir hablando de un prodigio que Jesús lleva a cabo gracias a un poder divino. Si Dios pudo hacer un milagro para saciar el hambre de los que llevaban un día sin comer, con mucha más razón tendría que hacerlo para librar hoy de la muerte a millones de personas que están muriendo de hambre en el mundo. Tampoco podemos utilizar este relato como un argumento para demostrar la divinidad de Jesús. El sentido de la vida de Jesús salta hecho añicos cuando suponemos que era un ser humano, pero con el comodín de la divinidad guardado en la chistera y que podía utilizar a capricho.

No se dice que los panes y los peces se multiplicaran. Realmente fue un verdadero “milagro”, que un grupo tan numeroso de personas compartiera todo lo que tienen hasta conseguir que nadie quedara con hambre. En aquel tiempo no se podía repostar por el camino, todo el que salía de casa iba provisto de alimento para todo ese tiempo. Los apóstoles tenían cinco panes y dos peces; seguramente, después de haber comido ese día. Estamos ante un ejemplo de respuesta a la generosidad que Jesús predicaba y practicaba.

Con frecuencia, en la Biblia se hace referencia a los tiempos mesiánicos como banquete. El mismo Jesús se dejaba invitar por las personas importantes. Él mismo organizaba comidas con los marginados; esa era una de las maneras de manifestarles su aprecio y cercanía. La más importante ceremonia de nuestro culto cristiano está estructurada como una comida. Que todo un día de seguimiento haya terminado con una comida no nos debe extrañar. Lo verdaderamente importante es que en esa comida todo el que tenía algo que aportar, colaboró, y el que no tenía nada, se sintió acogido fraternalmente.

Si tenemos “ojos” y “oídos” abiertos, en el mismo relato podemos hallar las claves para una correcta interpretación. Los discípulos se dan cuenta del problema y actúan con toda lógica. Como tantas veces decimos o pensamos nosotros, se dijeron: es su problema, ellos tienen que solucionárselo. Jesús rompe con esta lógica y les propone una solución mucho menos sensata: “dadles vosotros de comer”. Él sabía que no tenían pan para tantas personas. Aquí empieza la necesidad de entenderlo de otra manera. No se trata de solucionar el problema desde fuera sino de provocar la generosidad y el compartir.

Recordar algunos datos nos ayudará a comprender el relato más ajustadamente. Junto al lago, los alimentos básicos de la gente, eran el pan y los peces. Los libros de la Ley eran cinco; y dos el resto de la Escritura: Profetas y Escritos. El número siete (5+2) es símbolo de plenitud. También el número de los que comieron (cien grupos de cincuenta) es simbólico. Los doce cestos aluden a las doce tribus. Es el pan compartido el que debe alimentar al nuevo pueblo de Dios. La mirada al cielo, el recostarse en la hierba… Ya tenemos los elementos que nos permites interpretar el relato, más allá de la letra.

El verdadero sentido del texto está en otra parte. La dinámica normal de la vida nos dice que el “pan” indispensable para la vida, tenemos que conseguirlo con dinero; porque alguien lo acapara y no lo deja llegar a su destino más que cumpliendo unas condiciones que el que lo retiene impone: el “precio”. Lo que hace Jesús es librar el pan de ese acaparamiento injusto. La mirada al cielo y la bendición son el reconocimiento de que Dios es el único dueño y que a Él hay que agradecer el don. Liberado del acaparamiento, el pan, que significa  la vida, llega a todos sin tener que pagar un precio por él.

Jesús, nos dice el relato, primero siente compasión de la gente, y después invita a compartir. Jesús no pidió a Dios que solucionara el problema, sino que se lo pidió a sus discípulos. Aunque en su esquema mental no encontraron solución, lo cierto es que, todo lo que tenían, lo pusieron a disposición de todos. Esta actitud desencadena el prodigio: La generosidad se contagia y produce el “milagro”. Cuando se deja de acaparar los bienes, llegan a todos. Cuando lo que se acapara son los bienes imprescindibles para la vida, lo que se está provocando es la muerte. Los hombres no deben actuar de manera egoísta.

Curiosamente hoy son la primera y la segunda lectura las que nos empujan hacia una interpretación espiritual del evangelio. Los interrogantes planteados en las dos primeras lecturas podrían se un buen punto de partida para la reflexión de este domingo. La primera nos advierte que la comida material, por sí misma, ni alimenta ni da hartura espiritual. Solo cuando se escucha a Dios, cuando se imita a Dios se alimenta la verdadera Vida. En la segunda lectura nos indica Pablo, donde está lo verdaderamente importante para cualquier ser humano: el amor que Dios nos tiene y se manifestó en Jesús.

Después de un día con Jesús, el pueblo fue capaz de compartir lo poco que tenían: unos pedazos de pan duro, y peces resecos. Ese es el verdadero mensaje. Nosotros, después de años junto a Jesús, ¿qué somos capaces de compartir? No debemos hacer distinción entre el pan material y el alimento espiritual. Solo cuando compartimos el pan material, estamos alimentándonos del pan espiritual. En el relato no hay manera de separar el nivel espiritual y el material. La compasión y el compartir son la clave de toda identificación con Jesús. Es inútil insistir porque es el tema de todo el evangelio

No olvidemos que la eucaristía comenzó como una comida en que todos los alimentos se compartían. Cada vez que se comparte el pan, se comparte la Vida y se hace presente a Dios que es Vida-Amor. No hay otra manera de identificarnos con Dios y de acercar a Dios a los demás. La eucaristía es memoria de esta actitud de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo presente a Dios que es don total. El pan que verdaderamente alimenta, no es el pan que se come, sino el pan que se da. El primer objetivo de compartir, no es saciar la necesidad de otro, sino manifestar la Unidad entre todos.